Misery

“I'm your number one fan”

¿Por qué nos sentimos tan atraídos por la personalidad, la fama o algún rasgo de alguna celebridad?
¿Qué impulsa a una persona a seguir, con mayor o menor intensidad, el trabajo o las andanzas de algún famoso?
Y, sobre todo:
¿En qué momento deja de ser una afición sana para pasar a ser una obsesión?
El fenómeno "fan" siempre ha sido algo digno de estudio.
Y si a este curioso comportamiento se le adhiere un estado mental perturbado, como pudiera ser la locura, enajenación mental o cualquier estado mental que deje incapaz al cerebro para discernir correctamente lo real de lo imaginario, lo correcto de lo incorrecto...
Este fenómeno adquiere unos matices tan interesantes como terroríficos.
Particularmente, encuentro más aterrador a una persona parcialmente demente que a una completamente desequilibrada.
Es más impredecible.
El fanatismo es una pasión exacerbada, desmedida y tenaz, particularmente hacia una causa religiosa o política, o hacia un pasatiempo o hobby.
Consta de una apasionada e incondicional adhesión a una causa, un entusiasmo desmedido y monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado, algunas veces indiscriminado y violento.
La palabra “fan” es una abreviatura del término inglés “fanatic” que a su vez, procede del vocablo latino “fanaticus”.
Ésta última significa “frenético o inspirado por Dios”.
“Fan” es un término mucho más suave que “fanático”, pero a veces estas dos acepciones puede cruzarse y la línea que las separa queda demasiado difuminada, llevando a algunas personas a realizar ciertas acciones que hacen dudar de su cordura.
El fanatismo puede referirse a cualquier creencia afín a una persona o grupo.
En casos extremos en los cuales el fanatismo supera la racionalidad, puede llegar a extremos peligrosos, como matar a seres humanos o encarcelarlos, y puede incluir como síntoma el deseo incondicional de imponer una creencia, considerada buena para el fanático o para un grupo de los mismos.
En síntesis, los rasgos que caracterizan al fanatismo son los siguientes:
Dogmatismo: fe en una serie de verdades que no se cuestionan ni razonan y cuya justificación lo es por su propia naturaleza o con relación a alguna autoridad.
Carencia de espíritu crítico: no se admite la libre discusión acerca de las propias verdades, ni su crítica racional.
Maniqueísmo: las diferencias son consideradas de manera radical; no se admiten los matices.
Además, la diversidad humana suele encerrarse en dos categorías: buenos y malos.
Odio a la diferencia: desprecio y rechazo de lo que escapa a unos determinados modelos y etiquetas.
Autoritarismo: afán de imponer las propias creencias y de forzar a que todo el mundo se adscriba a la misma.
Según Juan Sardá Frouchtmann en su escrito “Una historia diferente del fenómeno fan”, las principales razones para explicar este proceder social son tres:
La cultura de masas, la adolescencia y la femineidad, aunque afirma que sólo el primero es completamente cierto.
Según Sardá, los fans como tal, empiezan a surgir en los años 50, cuando Elvis y su música trascienden la barrera de la música como diversión y se convierte en la voz de la juventud que transmite los anhelos de ésta, al mismo tiempo que las chicas jóvenes tapizan sus cuartos y se desmayan al ver actuar al Rey del Rock.
Pero no es hasta los 60, cuando ese germen se estabiliza y se masifica.
Sardá afirma que esto se debe a un periodo de estabilidad política y social, una vez superada la Segunda Guerra Mundial.
Los jóvenes sufren un cambio de mentalidad que les lleva a dejar la militancia por la adoración a estrellas de rock.
En otras palabras, los cambios y avances producidos en Occidente, hacen que los jóvenes prefieran vivir su vida a formar familias y tener los trabajos estables que tenían sus padres en la veintena.
Y para eso, nada mejor que fijarse en grupos de música o actores.
La necesidad de seguir a un mito se institucionaliza de forma definida en los 80.
El “merchandising” sólo apuntala lo que las discográficas han estado explotando desde hace unos veinte años, lo que entre otras cosas, le hace perder su carácter de revolucionario y le hace convencional por completo.
Y a estas alturas, claro, ya no sólo hablamos de chicas adolescentes que gritan y se desmayan.
Los hombres han entrado de lleno.
La necesidad de identificarse con alguien es innata, y en los fans, más que un modelo, se ha convertido en una forma de ser.
Y, como dice Sardá, uno de los mejores ejemplos son los trekkies, fans de Star Trek, que llegan a aprender el idioma ficticio Klingon para charlar entre ellos.
Ropa, cortes de pelo y formas de comunicación se convierten en sus señales de identidad, y la adolescencia, periodo de cambio y dudas, se convierte en el momento perfecto para experimentar el fenómeno fan en toda su plenitud, puesto que es la fase en la que se buscan modelos a seguir que orienten a la persona cuando no sabe muy bien qué rumbo tomar.
El problema viene cuando se toma demasiado en serio y se convierte en patología.
El problema de verdad viene cuando eso se transforma en el “Celebrity Worship Syndrome” o culto al famoso.
En su variante más grave puede derivar en psicopatías y puede llevar al fan a cometer actos delictivos.
Los casos más célebres pueden ser el de Mark David Chapman, que asesinó a John Lennon, o el Yolanda Saldívar, presidenta del club de fans de Selena Quintanilla quién acabó con la vida de la joven cantante.
La América profunda retratada en Misery, es en realidad el marco perfecto, para desarrollar el drama, que se está por venir, en el hogar de la fan Nº1.
Misery es un filme que pone los pelos de punta a cualquiera, por su intensidad y escalofriante dramatismo, por las características del relato que hacen de la cinta una propuesta angustiante sin altibajos, por la situación claustrofóbica y sofocante que vive nuestro protagonista, por la atmósfera insana e inquietante que respiramos durante gran parte del desarrollo del filme, por ello estamos frente a una gran película que combina el drama con el terror psicológico.
¿Cómo definir esta película?
¿A qué género pertenece?
Yo lo tengo claro, esta es una película de terror.
Aquí no hay vampiros ni hombres lobos, no hay seres malignos, payasos asesinos, plagas ni gente con extraños poderes, como podría esperarse de la adaptación de una novela de terror de Stephen King, y tampoco esperéis toneladas de sangre y tripas al aire porque no las hay.
Aquí hay “gente común, gente corriente”
Lo que se nos muestra es algo que a mí particularmente me provoca más miedo que todo eso que he mencionado, algo que puede parecer “normal” y luego resulta absolutamente terrorífico.
“Hay una justicia más alta que la de los hombres, y yo apelo a ella”
Misery es un filme estadounidense de 1990, dirigido por Rob Reiner, está protagonizado por una ENORME Kathy Bates, James Caan, Frances Sternhagen, Richard Farnsworth, Lauren Bacall y Graham Jarvis.
También el actor J. T. Walsh tiene un cameo como jefe de policía del Estado de Colorado y el propio director (Reiner) tiene una pequeña aparición como piloto del helicóptero.
El maravilloso guión es obra de William Goldman.
Goldman quiso ser fiel al libro pero se procedió a cambiar ciertos pasajes de la novela, como cuando Annie le cortaba las piernas a Paul con un hacha.
El director y los productores pensaron que eso iba a ser demasiado fuerte en pantalla y acordaron dejarlo aparcado, aunque casi en el último momento el director Rob Reiner decidió realizar la escena pero cambiando el hacha y la amputación de los pies por la famosa y terrorífica escena de la maza que todos conocemos.
Tanto el guionista, William Goldman, como el autor, Stephen King, quedaron encantados con el cambio y los espectadores quedamos completamente en shock.
Misery está basado en la novela homónima de 1987 escrita por Stephen King.
Según contó en su momento Stephen King, escribió el libro Misery basándose en una experiencia propia que, sin alcanzar el grado de terror que sufre su personaje, Paul Sheldon, si le proporcionó a él y a su esposa un buen susto.
Un sujeto que se confesó fan suyo irrumpió en la intimidad de su hogar, y asustó a la esposa de King, Tabitha, diciendo que tenía una bomba y que estaba dispuesto a hacerla explotar con tal de morir junto a su adorado escritor.
Por suerte la cosa no pasó a mayores y sólo quedó en un gran susto, pero motivó que la imaginativa mente de King se pusiera a trabajar en la que es una de sus mejores novelas.
En 1991 la película fue galardonada con el Premio Óscar, en su única nominación, a la mejor actriz principal Kathy Bates.
Es meritoria la dirección del neoyorquino Rob Reiner, nos transporta a una situación emocional y psicológicamente inestable, donde el escritor Paul Sheldon, magníficamente interpretado por James Caan, debe convivir con una fanática psicópata que poco a poco va transformando su vida en una espeluznante pesadilla.
Allí, en esa casa de las afueras, se dan cita una serie de elementos opuestos: una mente prodigiosa y otra insana, el amor y el odio a límites patológicos, la inventiva y la destrucción, el afán por la libertad versus el deseo de enclaustrar y cercenar, las esperanzas de sobrevivir y la malicia de matar llegado el caso.
Como se puede vislumbrar, un filme rico en alternativas emocionantes, tanto desde el entretenimiento en sí como desde el trasfondo psicológico que emerge de la convivencia de estos dos personajes.
Monumental Kathy Bates como psicópata fanatizada por el deseo de "apropiarse" de su ídolo máximo, una enfermera que posee un pasado turbio y que ha hecho de las suyas para poseer una vasta cantidad de víctimas en su haber.
Un trabajo loable, que le ha reportado merecidos premios cinematográficos dentro de un género donde no es fácil obtener dicho reconocimiento.
Impactante filme de principio a fin, que posee como elemento terrorífico a una simple mujer, no obstante es quizás el más creíble de todos los miedos que el género pudo haber dado.
Una experiencia que te desequilibra al lograr la empatía necesaria de situarse en la impotencia de quien no ha hecho nada pero tiene que sufrir el peor de los castigos: estar encerrado entre cuatro paredes en el medio de la nada con alguien que te ama tanto hasta el límite de matarte si no le correspondes.
En el desenlace, la máquina de escribir es el objeto con que se libera de forma violenta de su "fan número uno".
La propia máquina, de manera metafórica, es el instrumento que libera al novelista del acoso de su secuestradora.
La estructura narrativa del film es inteligente y por momentos brillante.
Rob Reiner consigue una filmación muy efectiva que se apoya principalmente en unos esplendidos primeros planos sobre Kathy Bates.
La fotografía de Barry Sonnenfeld resulta aceptable en líneas generales.
Buen trabajo de los actores, en general, y absolutamente fantástico trabajo de Kathy Bates y James Caan.
La música excelente, de la mano de Marc Shaiman.
De la música, decir que en mi modesta opinión está genial, acompañando apropiada y adecuadamente cada escena y, encima, en un momento dado suena el “Concierto para piano Nº 1”, de Tchaikovsky, que es una de mis piezas favoritas de música clásica.
En Misery pueden descubrirse distintos guiños.
Por ejemplo, en la tienda donde ella compra el papel se puede ver la caja del vídeo "When Harry met Sally", filme también dirigido por Rob Reiner.
Y en otra escena se menciona a un hombre que se volvió loco en un hotel cercano, en una clara referencia a otra obra de Stephen King, "The Shining".
La máquina de escribir de la marca Royal que utiliza Paul Sheldon es la misma que utilizaba Stephen King cuando era niño y que le regaló su madre cuando cumplió 11 años.
Resulta increíble que con apenas exteriores y muy pocos secundarios, Misery es un “tour de force” de los dos protagonistas.
James Caan está estupendo, perfecto, impecable, consiguiendo que te creas sin atisbos de duda su personaje, lo que le ocurre y la angustia que sufre.
Pero es que Kathy Bates está absolutamente GENIAL.
El American Film Institute incluyó a Annie Wilkes (interpretada por Bates) en su lista 100 villanos del cine, situándose Wilkes en el puesto número 17.
Aquí su perfil.
Nombre real:
Anne Marie Wilkes Berryman Dugan
Origen:
Nació en Bakersfield (California) y se graduó de la Escuela de enfermería en la Universidad de Los Ángeles en 1972.
Después de varios años de trabajar en hospitales de todo el país, se instaló en una parte remota de Colorado.
Su marido Frank Dugan la abandona.
Sus propiedades son:
La Casa: Lugar donde se desarrollan los hechos, es una enorme casa de dos pisos con unas grandes escaleras, una sala de estudio (lugar donde Sheldon escribe el Retorno de Misery).
Hay una habitación en donde el esta cautivo y una más de Annie en donde ella acostumbra ver la televisión.
La Granja: El establo de Annie Wilkes en donde ella mantiene a sus animales, uno de ellos su puerca Misery.
La Casa de la Risa: Lugar mencionado en el libro.
Es una casa en la colina donde Annie va a desahogar sus sentimientos.
Bessie: La camioneta de Wilkes.
Descripción:
King caracteriza Annie Wilkes como una mujer corpulenta, alta, fuerte, astuta, brutal y peligrosa, perturbada que oculta su psicosis tras una cara alegre.
En la novela, con frecuencia se auto lastima a causa de sus fuertes depresiones.
Ella tiene una obsesión enfermiza con las novelas de romance, sobre todo la de Misery de Sheldon.
Ella a menudo tiene dificultades para diferenciar entre estas novelas y la realidad.
Annie piensa que todo el mundo la está persiguiendo y con frecuencia tiene ataques violentos de forma inesperada en asuntos insignificantes.
Por ejemplo, cuando Sheldon se queja de que el papel que originalmente le compró es propenso a las manchas, le golpea la rodilla todavía en curación (con sus propias manos en la novela y con el paquete de papel en la película).
La gente suele tenerle miedo e incluso evitan acercársele tanto a ella como a su automóvil, la vieja Bessie.
Inclusive la novela menciona el odio que hay entre los vecinos los Roydman y Annie Wilkes.
Debajo de su imagen de pueblerina amable vive una mujer obsesiva y con mucha determinación en obtener lo que desea.
Al ser enfermera conoce muchos métodos para causar dolor físico y doblegar a sus víctimas.
Ella vive a través de Misery, por eso ahora que tiene en sus manos al creador de la misma hará lo imposible por ganarse su amor y para que Misery viva feliz para siempre.
Presenta trastornos maniaco-depresivos y obseso-compulsivos, es todo un caso para la psiquiatría.
Perfil psicológico de Annie Wilkes:
La mujer desquiciada se maneja hábilmente y es capaz de tratar a la víctima con una violencia despiadada propia de una personalidad perversa, destruyendo sus fuerzas físicas y psíquicas.
Para poner en práctica toda su perversión se aprovecha de la situación indefensa de la víctima y lo aísla, prohibiéndole todo contacto con el exterior, lo maneja, lo manipula y lo obliga a hacer su propia voluntad, ya que le hace sentir que su vida no vale nada y que ella tiene todo el poder sobre él, aún para decidir si continua con vida o si debe morir.
Perfil psicológico de Paul Sheldon:
Indefenso, sumido en el aislamiento total, en manos de una psicópata el escritor Paul Sheldon no se da por vencido.
Accede a las órdenes de la enfermera, se somete a su voluntad, pero sólo porque sabe que es lo único que lo mantendrá con vida.
Ella tiene en sus manos todo lo que él necesita: el medicamento capaz de mitigar sus dolores, su libertad o mejor dicho su esclavitud, y su propia vida.
Sagaz, inteligente, a pesar de su odisea no se deja vencer fácilmente.
Observador, va descubriendo detalles e indicios que le descubren la personalidad psicópata de su admiradora/secuestradora.
Número de víctimas:
En Misery vemos que Wilkes rescata a un hombre, después de que se rompe las dos piernas en un accidente de coche, y lo lleva a su casa para "curarlo".
Ahí descubre que se trata de Paul Sheldon, un escritor de novelas de romance protagonizadas por su personaje favorito de la literatura: "Misery Chastain".
Sheldon se da cuenta que Annie Wilkes está enferma psicológicamente a pesar de que ella se muestra amable y servicial, sintiéndose su "fan número 1".
A pesar de eso, Annie no lleva a Paul a ningún hospital y lo incomunica en su granja.
Sheldon encuentra el libro de recuerdos de Annie y se entera de que ella es una asesina en serie.
Mientras se desempeñaba como jefa de enfermeras de la maternidad en un hospital de Colorado varios niños y ancianos a su cuidado murieron en circunstancias misteriosas.
Fue juzgada por sus muertes, pero absuelta por falta de pruebas.
Sin embargo, la prensa - quienes la llamaban "la Dama Dragón" - entendieron claramente que ella en realidad era culpable.
Sheldon también se entera de que ella mató a varios pacientes en otros hospitales donde trabajó, pero nadie se dio cuenta porque estaban muy enfermos o habían sufrido lesiones de muerte.
Ella también mató a sus vecinos de la infancia y a su padre Carl Wilkes, su compañera de la universidad y un hombre que una vez se acostó con ella.
En total, casi 70 personas asesinadas por ella.
Sheldon también descubre que Wilkes estuvo casada con un fisioterapeuta llamado Frank Dugan, quien más tarde se divorció de ella, citando que Annie era una cruel enferma mental.
Entre sus víctimas más notables tenemos a:
Paul, Frederick, Alison y Adrián Krenmitz: Los vecinos de Annie Wilkes que ella odiaba.
Cuando tenía 11 años, incendio el departamento donde ellos vivían.
Los primeros 3 eran niños igual que ella y este último el padre de ellos.
Irving Thalman: Un soltero que vivía en otro departamento y que murió accidentalmente en el mismo incendio.
Carl Wilkes: El padre de Annie.
Ella le tendió una trampa al dejar montones de ropa sucia en la escalera haciendo que el resbale y todo parezca un accidente.
Andrea Saint-James: La compañera de cuarto de Annie y que al igual que ella estudiaba medicina.
Annie llevó a cabo el mismo plan que con su padre, sólo que esta vez utilizó un gato para llevarlo a cabo.
Peter Gunn: El gato de Andre Saint-James al que Annie envenenó luego de matarla a ella.
Ernest Gonyar: La primera víctima de Annie en un hospital.
Era un anciano.
Hester Queenie Beaulifant: Una anciana asesinada por Annie en el hospital.
Laura D. Rothberg: Annie asesina a Laura fingiendo que murió por complicaciones de su vejez.
Otros ancianos: Otros que Annie asesinó en los hospitales.
Docenas de recién nacidos: Annie, al ser promovida a jefa de maternidad del hospital, comienza a asesinar recién nacidos, lo que provoca sospechas hacia ella e incluso es detenida, pero liberada por falta de pruebas.
Andrew Pomeroy: Un joven al que Annie asesinó y tiró en la carretera.
Paul Sheldon: Su escritor favorito al que secuestró, lo torturo psicológicamente y le corto una pierna y un dedo.
Único sobreviviente.
Buster: El oficial de la película que al encontrar el paradero de Paul Sheldon, Annie le dispara en el estómago con una escopeta.
Armas utilizadas:
Mazo: Con él, le destruye las piernas a Paul Sheldon.
Escopeta: Con la que le dispara a Buster en la película.
Máquina cortacésped: En el libro la ocupa para terminar con la vida del policía que la investiga (en la película Buster).
Pistola: En la película logra darle un balazo en el hombro a Paul.
En el libro la guarda para matarlo y luego ella suicidarse no sin antes leer "El Retorno de Misery".
Inyecciones: Las utilizaba para dormir a Paul.
Cuchillo eléctrico: En el libro le corta un dedo a Paul con él.
Técnicas de enfermera: Gracias a su experiencia en medicina, logra torturar a Paul con sus inteligentes técnicas, pero también gracias a ellas le salva la vida.
Escenas a destacar...
Pues, en general, todas aquellas en las que se muestra la dualidad de personalidad de Annie Wilkes y la velocidad a la que cambia de humor, ahora dulce-ahora histérica descontrolada, tan pronto amable-tan pronto amenazante.
Pero por mencionar alguna, mencionaré el primer ataque de furia que sufre porque descubre que en la última novela de “Misery” hay palabrotas, lo que sirve para poner sobre aviso a Paul Sheldon, y también a los espectadores, de lo que se nos avecina con esta mujer.
Y el momentito del mazo quedó para la posteridad del horror de los horrores.
Misery es una gran película que retrata las frustraciones del ser humano, la locura y cómo las personas se refugian, tras un libro en este caso, en vez de afrontar sus problemas lo cual causa en ella un efecto demoledor convirtiendo esta inocente frase del principio en la frase más espeluznante jamás oída.

“There is nothing to worry about.
You are going to be just fine.
I am your number one fan”


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