The Lighthouse

“There is enchantment in the light”

En las ciencias sociales, las consecuencias no intencionadas, a veces consecuencias no anticipadas o consecuencias imprevistas, son aquellos resultados que no son los previstos por una acción intencional.
El término, fue popularizado en el siglo XX por el sociólogo estadounidense Robert K. Merton; y se pueden agrupar en 3 tipos:
El beneficio inesperado, como un beneficio positivo, también conocido como suerte, casualidad o ganancia inesperada; el inconveniente inesperado, que se produce de un perjuicio; y el resultado perverso, que es un efecto contrario a lo que se pretendía originalmente, y se da cuando una solución prevista, empeora.
Similar a “La Ley de Murphy”, las consecuencias no intencionadas se usan comúnmente como una advertencia irónica o humorística, contra la creencia arrogante de que los humanos pueden controlar completamente el mundo que los rodea.
En la mitología griega, Prometeo es El Titán amigo de los mortales, honrado principalmente por robar el fuego de los dioses, y darlo a los hombres para su uso; siendo por ello castigado por Zeus; y como introductor del fuego e inventor del sacrificio, Prometeo es considerado como “el protector de la civilización humana”
En el diálogo de Platón, “Protágoras”, donde el tema es la naturaleza de la virtud; Protágoras afirma que los dioses crearon a los humanos y a todos los demás animales, pero a Prometeo le dio “la previsión”, y a su hermano Epimeteo, “la idea de último momento”; siéndoles otorgados atributos definitorios a cada uno, pero Prometeo verificaría el trabajo de su hermano.
Así, mientras Prometeo se caracteriza por ser ingenioso e inteligente; Epimeteo se representa como un tonto.
Sin embargo, a este último se le atribuye haber traído al mundo, nuestro conocimiento de la dependencia mutuamente descrita fenomenológicamente en términos de compartir, cuidar, conocer y vivir y amar.
El mito cuenta que después de que los dioses hayan moldeado a los hombres y otras criaturas vivientes con una mezcla de arcilla y fuego, los 2 hermanos:
Prometeo y Epimeteo están llamados a completar la tarea, y distribuir entre las criaturas recién nacidas, todo tipo de cualidades naturales.
Epimeteo se pone a trabajar pero, siendo imprudente, distribuye todos los dones de la naturaleza entre los animales, dejando a los hombres desnudos y desprotegidos, incapaces de defenderse y sobrevivir en un mundo hostil.
Prometeo luego roba el fuego del poder creativo del taller de Atenea y Hefesto, y se lo da a la humanidad.
Como dato, en la mitografía, a Prometeo se le ha relacionado con Logi de la mitología nórdica, quien análogamente es un gigante más que un dios, y está asociado con el fuego; pero igual es castigado a ser encadenado a una roca y atormentado por un águila, el emblema de Zeus, para comer su hígado, que luego volvería a crecer durante la noche para ser comido nuevamente al día siguiente.
En la antigua Grecia, a menudo se pensaba que el hígado era el asiento de las emociones humanas…
Y como también se recoge en la mitología griega, El Sol fue lo que mató a Ícaro.
En la vida real, un faro es una atracción irresistible, que imita al fuego sagrado de los dioses y al Sol mismo, que tanto fue robado por Prometeo, como invitó a volar a Ícaro cada vez más alto, hasta fundirle súbitamente las alas, y precipitarlo mortalmente al vacío.
En la tradición clásica occidental, Prometeo se convirtió en una figura que representaba el esfuerzo humano, particularmente la búsqueda del conocimiento científico, y el riesgo de extralimitarse o consecuencias no deseadas.
En particular, él fue considerado en La Era Romántica como la personificación del genio solitario, cuyos esfuerzos para mejorar la existencia humana, también podrían resultar en una tragedia.
Mary Shelley, por ejemplo, le dio a “The Modern Prometheus” como el subtítulo de su novela “Frankenstein” (1818); pero no solo ella, la historia de Prometeo ha inspirado a muchos autores a lo largo de la historia, para referirse a la osadía de los hombres de hacer o poseer las cosas divinas, y los románticos vieron en él, un prototipo del “demon” o del “genio natural”
“Keeping secrets, are you?”
The Lighthouse es una película de suspense, del año 2019, dirigido por Robert Eggers.
Protagonizado por Willem Dafoe, Robert Pattinson, Valeriia Kalaman, entre otros.
El guión es de Robert y Max Eggers; basados libremente en un hecho de la vida real de 1801, llamado “The Smalls Lighthouse Tragedy”, en la que 2 fareros galeses quedaron atrapados en su estación del faro durante una tormenta.
Este caso en la costa de Gales, fue uno de los más comentados durante años.
El faro se construyó en 1775, a unos 30km de tierra firme, en un islote que básicamente era una roca en medio del mar.
El faro sigue existiendo hoy en día, aunque en una versión mucho más moderna. La historia cuenta que Thomas Howell y Thomas Griffith, eran cuidadores del faro, y a menudo discutían, por lo que, cuando Griffith murió en un extraño accidente, Howell temió que pudiera ser sospechoso de asesinato si tiraba el cuerpo al mar.
Cuando el cuerpo comenzó a descomponerse, Howell construyó un ataúd improvisado para el cadáver, y lo amarró a un estante exterior.
Sin embargo, los fuertes vientos hicieron volar el ataúd, y el brazo del cuerpo cayó a la vista de la ventana de la cabaña, y causó que el viento lo atrapara de tal manera que pareciera que estaba haciendo señas.
Trabajando solo y con el cadáver en descomposición de su antiguo colega a la vista, Howell logró mantener la lámpara del faro encendida.
Cuando Howell finalmente fue relevado del faro, se dijo que el efecto que la situación había tenido en él, era tan extrema, que algunos de sus amigos no lo reconocieron.
Como resultado, los equipos de faros se cambiaron a listas de 3 hombres, que continuaron hasta la automatización de los faros británicos en la década de 1980.
Otras influencias para la historia de la película, fueron los clásicos literarios marítimos de Herman Melville y Robert Louis Stevenson; y relatos extraños sobrenaturales de H.P. Lovecraft y Algernon Blackwood.
Para Robert Eggers, The Lighthouse comenzó con la creación de un “look book”, que detalla y destila la estética de la película a través de obras de literatura, música, documentación histórica, incluidas fotografías de la vida de los marineros de Nueva Inglaterra en la década de 1890; así como también pinturas de Andrew Wyeth, un realista de principios del siglo XX, que pintó la tierra y la gente de las zonas rurales de Pensilvania y Maine; y pintores simbolistas como Arnold Boecklin, Jean Delville, entre otros, cuyos temas alegóricos y míticos inspiraron algunas de las imágenes fantásticas de la película.
Pero fue en 2012, que el hermano de Robert Eggers, Max, tuvo la idea de una historia de fantasmas contemporánea, ambientada en un faro; y después de años de intentar hacer que “The Witch” (2015), el primer largometraje de Robert se hiciera; fracasando, él recurrió a su hermano Max para trabajar en esa historia de fantasmas, pero decidió que tenía que ser una pieza de época, después de descubrir la tragedia de los 2 fareros galeses en 1801.
Pero The Lighthouse quedó en segundo plano, una vez que “The Witch” finalmente fue financiado, y comenzó a filmarse en 2014.
Y cuando se le pidió que describiera The Lighthouse, el director/escritor, Robert Eggers, siempre usó la misma elección de palabras en cada entrevista:
“Nada bueno puede suceder cuando 2 hombres están atrapados solos en un falo gigante”
Puro terror psicológico.
La película se rodó en 35 días, en el año 2018, en Cape Forchu, Yarmouth; y Halifax, Nueva Escocia, en Canadá.
Ambientada a finales del siglo XIX, cuenta la historia de 2 fareros que trabajan juntos en una misteriosa isla perdida de Nueva Inglaterra, una isla perdida en el medio de la nada, en la que la única luz que brilla y quema, es la del faro; pues la del Sol no pasó jamás por esas playas… y tampoco pasará.
Ellos son:
Ephraim Winslow (Robert Pattinson) y Thomas Wake (Willem Dafoe)
Wake es el veterano de la dupla, del tipo de esos viejos marineros alcohólicos que parecen tener toda la sabiduría y la locura de los años de soledad, lluvia y viento encima; y a él le preocupa un par de cosas solamente:
Poder beber copiosamente para olvidarse del horrible lugar en el que está quién sabe hace cuánto tiempo entre idas y venidas; y que nadie más que él se acerque a la luz del faro.
Queda claro de entrada, que con esa luz, el hombre tiene una relación muy, muy especial…
Mientras que Winslow es el novato de la dupla, que viene de otro universo, y debuta en esto de cuidar faros.
Él es serio y aplicado; hace el trabajo duro, obedece, habla poco y no bebe, al menos al principio, y solo quiere ganar dinero para seguir con lo suyo; pero pronto comienza a obsesionarse con cosas extrañas que parecen estar sucediendo en el lugar... o en sus pesadillas, con gaviotas que parecen perseguirlo, o con una bella sirena que lo llama desde el mar.
Además, está la luz del faro, a la que quiere llegar, pero Thomas se lo impide cruentamente.
Durante 4 semanas, ambos deberán mantener el faro iluminado, y conservar las instalaciones; pero la soledad, el aislamiento y las diferencias personales harán que esta misión termine en un absoluto estado de psicosis y autodestrucción.
Además, tendrá lugar la influencia de las leyendas urbanas que sacaran la neurosis llegando a la paranoia, haciendo brotar lo peor de la naturaleza humana.
El filme es un estudio social de la vida del hombre, sin la mujer, y cómo en un micromundo masculino, la naturaleza competitiva, destructora y supremacista desatará la tragedia. 
Todo lo que ocurre a posteriori, “delirium tremens” inclusive, se queda corto ante el peso del trabajo técnico, realizado con la cámara y con el brillante sonido.
Sin olvidarnos del trabajo actoral, cuya contención da paso a la locura, a la alegoría y a la metáfora; donde lo visual y el montaje rompe cualquier linealidad, y opta por seguir los parajes del subconsciente, donde ninguna realidad, es más real que otra.
Así, The Lighthouse te atrapa con un inmenso Willem Dafoe, que literalmente se come la pantalla; y Robert Pattinson, cuyos trabajos previos no hacen justicia a su talento.
Ambos te obligan a quedarte atrapado con ellos en su isla, un verdadero hechizo al espectador; que te empuja a abrir su propia Caja de Pandora, con un imperioso deseo de saber más y más conforme avanzan los minutos; porque The Lighthouse es lo mejor del cine de terror que he visto en los últimos años, con pinceladas de grandes clásicos del género, devuelve los recuerdos de unas olas acompasando el lento barco que transportaba a “Nosferatu” sediento de sangre; de aquella hacha a manos de Jack Torrance, absolutamente psicopatizado; de pájaros aposentados en cables de teléfono, despertando otra vez la pesadilla de Hitchcock; de aquel plano de escalera que atormentaba a un envejecido George Scott; o incluso de un obsesivo MacLachlan, dentro de un armario enloquecido por una bata de terciopelo azul…
Pero ante todo, nuevamente el apartado técnico es lo más impresionante:
Un formato televisivo anacrónico (4:3), con el imponente blanco y negro, y el aura de atemporalidad del conjunto, pueden engañar nuestros sentidos creándonos la sensación de estar viendo una película clásica.
En el fondo, el filme nos dice que La Luz y La Oscuridad conviven, y no pueden vivir separadas, como los personajes de esta historia.
“How long have we been on this rock?
Five weeks?
Two Days?
Help me to recollect”
El director, Robert Eggers, no es un cineasta de películas de terror convencional; más bien se podría decir que no es un especialista en el género, sino uno que utiliza algunas de sus formas y modos para contar historias dramáticas con cierto origen mitológico, clásico.
Son historias del pasado, que indagan en figuras y temores básicos, como:
La bruja del bosque, un faro en el fin del mundo… y a partir de allí marcha por terrenos insospechados.
Y ahora que se habla tanto del nuevo “terror de autor”, hay que decir que Eggers es uno de sus mejores cultores; y en The Lighthouse, su 2ª película tras la aplaudida “The Witch” (2015), vuelve a apostar por una época pasada; en esta ocasión, situando la acción a finales del siglo XIX; pero conforme avanza la trama, nos damos cuenta de que lo que busca hacer el director, es un despiadado, sucio y terrenal estudio sobre los límites del hombre, la masculinidad y la locura.
En un tono casi “shakespeariano”, y con un cuidadísimo uso de la fonética, la pronunciación, interpretaciones e intención; Pattinson y Defoe se dejan cuerpo y alma en cada secuencia de la película, un trabajo durísimo, un ejercicio físico a la altura de los grandes actores teatrales, que es llevado al cine con meticulosidad, pulcritud, y sin olvidarse nunca de que esto es una película.
Habrán silencios, repeticiones y aliteraciones que permiten que el espectador se traslade a esa isla, y a ese ambiente hostil, en un sentido tanto meteorológico como emocional, se deje arrastrar a un estado casi onírico cuando empiezan a aparecer pequeños elementos propios del cine fantástico, pero siempre desde un punto de vista mitológico, y utilizando “las leyendas del mar” como las sirenas o el Davy Jones, que son una forma sublime de entender el terror al que día a día se enfrentan los marineros:
Por un lado, el dulce y temido canto del híbrido, representando la líbido y el mal fario que supone llevar a una mujer a bordo; y Davy Jones, como lo traicionera que puede llegar a ser el mar.
Así pues, Eggers desarrolla un ejercicio de personajes con ecos “bergmanianos” acerca de la dualidad de la personalidad, o el yo y el ego que diría Freud; donde el hombre se enfrenta a sí mismo, a sus fantasmas y a su pasado, reencontrándose con sus orígenes antropológicos, y sobre todo, tratando de sobrevivir a lo que parece ser el lugar más remoto de La Tierra, si es que ese lugar existe.
Con los temas habituales del cine de género, también el director crea su propio mundo para aproximarse a la locura; y una vez más, como en su anterior película, la idea de ese país naciente, se deja leer entre líneas, en esta ocasión a través de 2 generaciones, 2 culturas y 2 mundos que no pueden vivir ni juntos, ni separados pero que siempre estarán unidos por las leyendas y tradiciones que dieron forma a la civilización occidental.
La acción sigue al leñador retirado, Ephraim Winslow, cuando es enviado en un bote para realizar un trabajo por contrato como farero o “wickie” durante 4 semanas en una isla con un anciano flatulento llamado Thomas Wake.
El primer día del trabajo, Winslow nota que hay un agujero en su catre, y mientras cava en él, encuentra una pequeña figura de madera de una sirena, y la mete en su chaqueta.
Él percibe a Wake como un tipo extraño y supersticioso, que sube a la cima del faro por la noche, y se desnuda.
Mientras que Winslow decide ignorarlo, se siente atraído hacia el océano; tanto que llega a ver tocones de árboles flotantes en el agua junto con una imagen horrible de una sirena en las profundidades.
Pero luego se entera que es un sueño, y se despierta.
En el transcurso de su estadía, a Winslow se le asignan los trabajos más exigentes:
Reposta la luz, agita el suministro de petróleo, llevando pesados contenedores de gasolina, y desechando las letrinas; y a medida que avanzan las semanas, siente cada vez más curiosidad por la obsesión de Wake con la luz del faro.
De hecho, constantemente se encuentra con una extraña gaviota que busca molestarlo a cada paso.
Wake ve esto, y anima a Winslow en la cena, a olvidarse del asunto porque es mala suerte matar una gaviota.
Las semanas continúan, y Winslow se retira constantemente a la cabina de suministros para masturbarse con la figura de la sirena y, como un reloj, ve a Wake desnudo en el nivel superior del faro.
Una noche, durante la cena, los 2 hombres deciden conocerse; y finalmente se presentan por su nombre real, y discuten sobre el farero anterior:
Wake dice que su anterior guardián falleció poco después de perder la cordura; mientras que Winslow le cuenta a Wake, cómo solía trabajar en el norte, pero decidió cambiar de profesión.
Wake le pregunta si estaba huyendo de algo que hizo en el continente, lo que Winslow rápidamente ignora.
Mientras que Winslow le pregunta a Wake, por qué matar a una gaviota es un mal presagio, y él explica que las gaviotas son recipientes para las almas de los marineros muertos.
El día antes de que Winslow regrese a tierra firme, se da cuenta de un atasco importante en el suministro de petrolero, y va a ver de qué se trata el alboroto:
Abre la cámara para ver a una gaviota moribunda atrapada dentro; mientras otra gaviota que ha estado atormentando a Winslow durante el último mes, vuela al suministro de petrolero y lo ataca; a lo que Winslow agarra a la gaviota y la golpea violentamente contra una roca, matándola.
Esa tarde, los vientos finalmente se detienen, y Wake se vuelve paranoico porque una tormenta está destinada a atacar la isla; por tanto, propone que los 2 ahoguen sus penas en alcohol, antes de que llegue el ferry en la mañana.
Ambos suben por las ventanas, y comienza la tormenta; a medida que avanza la noche y los 2 se emborrachan, Winslow pide subir al nivel superior del faro, lo que lleva a una discusión entre él y Wake.
A la mañana siguiente, el ferry no se ve por ningún lado… y Winslow decide continuar con su rutina matutina; sin embargo, esto se ve interrumpido por una misteriosa figura que aparece en la orilla…
Winslow se acerca al cuerpo que parece ser una mujer desnuda, hasta que mira hacia abajo, y se da cuenta de que en realidad es una sirena (Valeriia Kalaman)
Él corre de regreso a la cabaña, para contarle a Wake, declarando que las raciones fueron impactadas por la tormenta; y Wake le informa a Winslow, que enterraron una reserva secreta de raciones al lado del faro que necesitarán conseguir.
Los 2 desentierran la caja gigante, pero se revela que solo tiene más alcohol.
Wake dice que el ferry probablemente tomará más tiempo en llegar, debido a la tormenta.
Pasan las noches, y los 2 se acercan a medida que beben más… pero una noche en la habitación, Winslow, en un estupor borracho acosa a Wake, y critica sus habilidades culinarias; lo que lleva a Wake a maldecir verbalmente a Winslow, pidiéndole a Neptuno que lo mate en un largo soliloquio.
Los días de la tormenta continúan, y Winslow lentamente comienza a beber solo, y pierde la compostura y su concepto del tiempo; a lo que se escabulle hasta el nivel superior del faro, pero no puede entrar sin una llave.
Mientras mira hacia la luz, comienza a tener visiones de tentáculos moviéndose dentro.
De esa manera, Wake comienza a manipular psicológicamente a Winslow, hasta que revela que su nombre en realidad no es Ephraim Winslow; y que en realidad asesinó a un leñador con ese nombre, y asumió su identidad.
Wake acusa a Winslow de “derramar sus frijoles”, y más tarde, Winslow borracho, rompe la figura de la sirena por la mitad.
Nuevamente, Winslow tiene otra visión de él sacando una jaula de langosta de las profundidades del mar, que contiene la cabeza cortada del farero anterior.
Finalmente, Winslow no puede aguantar más, y trata de matar a Wake mientras duerme para robar la llave que lleva al faro.
Esto no tiene éxito, a lo que Winslow intenta irse, empuja el bote salvavidas fuera de la cabina, Wake lo ve y usa un hacha para destruir el bote.
Wake persigue a Winslow hasta la cabaña, pero por dentro, Wake continúa con más manipulación psicológica, alegando que en realidad fue Winslow quien persiguió a Wake por la isla con el hacha.
Tras una cantidad de tiempo no revelada más tarde, los 2 tienen otra fiesta de borrachos juntos, hasta que la tormenta se vuelve tan poderosa que las olas rompen a través de las ventanas y destruyen la cabaña.
A la mañana siguiente, los 2 se despiertan en una cabaña inundada y destruida.
Winslow, por su parte, decide leer el diario de Wake, y descubre que Wake ha decidido no pagarle por sus servicios una vez que el ferry llegue, lo que lleva a otra discusión.
Wake, finalmente revela que sabe que Winslow mató a la gaviota, y trajo malos presagios a la isla; a lo que Winslow lo ataca, y comienza a imaginarlo como personas diferentes:
Primero como el verdadero Efraín Winslow, luego como la sirena, luego como el propio Poseidón.
Envuelto en tentáculos imaginarios, Winslow vence a Wake en sumisión; luego ata un collar alrededor del cuello de Wake, y lo obliga a caminar y actuar como un perro.
Luego lo lleva al agujero donde guardaban la caja de alcohol, y lo cubre con tierra hasta que se desmaya; a lo que Winslow aprovecha esta oportunidad para robarle la llave, y corre de vuelta a la cabaña para encontrar el gabinete.
Pero Wake, en un ataque de ira, irrumpe en la cabaña con el hacha, y golpea a Winslow en el hombro.
No obstante, Winslow logra dominar a Wake, y lo mata; para posteriormente llegar al nivel superior del faro, y finalmente ver lo que hay dentro de la luz.
Siendo dominado por el brillo, Winslow comienza a reírse maniacamente, hasta que resbala y cae por las escaleras hasta golpear el suelo.
La historia termina con una toma final de Winslow, acostado y desnudo en las rocas, con gaviotas picoteando sus entrañas.
La premisa de The Lighthouse es simple, y parte de las consecuencias de encerrar a 2 hombres en un lugar recóndito, desprovistos de cualquier contacto con el exterior, durante un período de tiempo prolongado.
Así, el director Robert Eggers examina las relaciones y emociones de estos 2 hombres, cuyo vínculo, marcado por constantes retos de dominación y masculinidad, irá involucionando de lo lacónico a lo ridículo, de lo apático a lo grotesco; aunque en ese tránsito hacia el esperpento, surgirán como pequeños refugios afectivos, largas noches al abrigo de una botella, compartiendo el calor de su licor y la frialdad de su cristal, abrazados a ella en una suerte de religión sintoísta; mientras Thomas Wake, el farero más experimentado en el desamparo y la soledad, contagia de corrupción la mente y el alma a su nuevo ayudante:
Ephraim Winslow.
Wake es mayor que Winslow, y es el jefe de la operación; él, como Prometeo, se asegura que todas las tareas diarias, como limpiar y reparar, sean hechas por Winslow; y siempre está recordándole, quién está a cargo.
De hecho, Thomas se refiere a Ephraim en términos diminutos como “muchacho”
Mientras que Ephraim trabaja y sufre todo el día, desarrolla una rivalidad con una gaviota, y se ve obligado a escuchar los cuentos de Thomas durante la cena, antes de que su jefe llegue a la luz del faro, de la que Ephraim ha sido negado.
Y no solo comienza a obsesionarse con lo que sucede exactamente en la cima del faro, sino que tiene visiones cada vez más aterradoras entre episodios de auto gratificación, y trabajo agotador.
The Lighthouse, que ya está en el territorio experimental desde su escena de apertura, se vuelve cada vez más surrealista, lo que nos permite preguntarnos, cuál de estos tipos se volverá loco primero, y cuáles serán las repercusiones.
Y es que aquí no encontramos ni rastro de la calidez ni de los colores pastel de las representaciones renacentistas de Ícaro y Dédalo; donde sus protagonistas son más bien como 2 polillas ennegrecidas en una oscuridad hostil y asfixiante; en un insalubre y húmedo ambiente, del cual solo se salva una luz inalcanzable.
Una luz plena, divina, pura, hasta orgásmica, que representa como ninguna otra el deseo, el máximo anhelo posible, permitido para uno, negado para otro.
Así, Robert Eggers busca sumergir al espectador de lleno en el pesado mundo de la farolería; y es por ello que ya desde los instantes iniciales, mucho antes de cualquier explicación o historia introductoria, se toma su tiempo para cargar nuestros hombros con todas las penas de la profesión, sin apenas una línea de diálogo.
Tan solo cuando se tienen las manos entumecidas de cargar carbón, la espalda dolorida de las mil y una reparaciones, o los pies destrozados por la constante humedad; entonces y solo entonces se va a desencadenar la tormenta cinematográfica real:
Ásperos diálogos marinos, inquietantes visiones, y una tensión en constante ascenso; todo ello tiene mito, y tiene mística gracias al extraordinario trabajo de investigación de Eggers, que todo rezuma autenticidad:
Los soliloquios, los gestos, la jerga, que el lugar de grabación sea de hecho real y no por ordenador, como el viento, la lluvia sean realmente sentidos y escuchados... porque este es un filme con textura:
Sientes todo a tu alrededor, el alcohol cutre, el aceite, el carbón, los gases, el fuego crepitando, la sal, las olas, la oscuridad, la locura, el silencio, el desmadre...
Y técnicamente, The Lighthouse es soberbio:
Rodado en un blanco y negro espectacular, el visceral estilo visual, que nos retrotrae hasta la época del expresionismo alemán, es una imagen pesada y de alto contraste, muy expresiva.
La película tiene una relación de aspecto de 1.19:1, un cuadro casi cuadrado, que fue utilizado en los primeros años de sonido por cineastas como Fritz Lang; y se elige el formato, porque “los espacios en esta película deben sentirse confinados.
La idea de la pantalla panorámica, solo surgió en la década de 1950; por lo que queríamos llevar a las personas más allá de eso”, dijo el director.
Y dado que la película está ambientada en 1890, se filmó en una película Double-X 5222, en blanco y negro de 35mm, todo mientras aumentaba la cámara Panavision Millennium XL2 con lentes Baltar antiguas desde 1918 hasta 1938.
Esto hace que la relación de aspecto aproximadamente 1.19:1, que es prácticamente cuadrado; y para mejorar la imagen y hacer que se parezca a un filme antiguo, un filtro cian personalizado, hecho por Schneider Filters, emula la apariencia de la película ortocromática de finales del siglo XIX.
Pero debido a que fue filmado en blanco y negro de Double-X, requiere mucha más luz para obtener exposición, por lo que tuvieron que usar entre 15 y 20 veces más luz en el set para ver realmente algo en la película.
De hecho, el equipo colocó bombillas halógenas parpadeantes de 500 a 800 vatios en lámparas de queroseno de período correcto, que estaban a solo unos metros de las caras de los actores, lo que resultó en que el set fuera cegadoramente brillante, y los actores apenas podían verse.
Debido a esto, el equipo a menudo usa gafas de sol.
Por otro lado, el equipo de cámara se descomponía constantemente debido a las condiciones climáticas miserables, y porque se estaban utilizando 3 equipos de cámara diferentes de 3 períodos de tiempo diferentes.
Por ello, se cuenta que Robert Pattinson tuvo que caminar hacia el océano unas 25 veces, porque la lente de la cámara se empañaba en esa escena.
Además, todos los edificios que aparecen en la pantalla, se hicieron especialmente para la película:
El complejo del faro, era en realidad 2 conjuntos:
Para las tomas exteriores, se construyó una torre de faro de 70 pies a gran escala que podía soportar vientos de 120 kilómetros en el cabo Forchu, en Nueva Escocia, Canadá, un afloramiento único de roca volcánica; mientras que el esqueleto del faro se cubrió con madera contrachapada, luego se envolvió en una lámina delgada que se asemeja a la cara de ladrillo, y se derribó una vez que terminó el rodaje,
Algunos de los interiores también se filmaron allí, pero la mayoría se construyó dentro de salas de sonido y almacenes fuera de Halifax.
En la fase de escritura del guión, quedó claro que sería demasiado estrecho para maniobrar la cámara dentro de la torre del faro; por lo que la lente del faro de Fresnel, fabricada para la película, fue una reproducción funcional e históricamente precisa, que, a través de su intensa capacidad de reflexión, permite que la luz sea visible durante 16 millas.
Robert Eggers, y el director de fotografía, Jarin Blaschke, lo descubrieron durante un viaje de investigación al norte de California; visitaron Point Cabrillo, el sitio de un faro que data de 1909, con una lente Fresnel en funcionamiento.
De hecho, solo hay un equipo, Dan Spinella, Lens Preservationist y Kurt Fosburg, US Coast Guard Guardist, que fabrican las lentes hoy en día; por lo que el equipo trabajó con el diseñador de producción, Craig Lathrop, quien los dirigió para crear la lente de estilo que había imaginado.
Si bien parece haber sido filmado por Bergman, por el uso de la cámara, los encuadres, las sombras y la iluminación; es simplemente arrollador, sin olvidar la banda sonora, aunque se empeñe demasiado en crear una atmósfera que ya de por sí es enrarecida; todo ello está muy bien utilizado para darle a los actores unos personajes increíbles.
Vale decir que el elenco y el equipo, filmaron en condiciones climáticas extremas:
Temperaturas heladas, agua fría del Atlántico, vientos intensos, nieve, lluvia y ninguna flora protectora en el terreno de Forchu, los mantuvieron expuestos a los elementos durante todo el rodaje.
Al menos 3 ciclones Nor'easters pasaron a través del Cabo Forchu durante varias etapas de la producción; y gran parte de la película se filmó con elementos climáticos reales, por lo que la mayoría de las veces no se necesitaban máquinas de lluvia y viento.
Eggers afirmó que “las cosas más locas y dramáticas se filmaron de verdad”
Para el diseño del sonido, es fundamental un cuerno de niebla, por lo que el diseñador de sonido, Damian Volpe, recurrió a J.J. Jamieson, un artesano en Shetland, Escocia, que hace tutoriales de YouTube sobre el funcionamiento y el mantenimiento de los cuernos de niebla, para grabaciones de un cuerno de niebla con precisión de época.
Utilizando las muestras de Jamieson, Volpe manipuló el sonido, y creó una sirena de niebla que era siniestra, memorable y única para la película.
Del apartado actoral, tanto Willem Dafoe como Robert Pattinson están a la altura de un “tour de forcé” pocas veces visto en el cine reciente, y creo que justamente, este es el año de Willem Dafoe, en una actuación fabulosa, sobre todo gracias a esos largos monólogos en primer plano, que inquietan al tiempo de la luz en su mirada y su cabeza con tanto pelo recuerda al mítico Hombre Lobo; y un redescubrimiento soberbio de Robert Pattinson, que por primera vez, un director aprovecha el “estrabismo” de su mirada y también su físico, y hace que cada seguimiento suyo sea de terror, de inquietud y de una tremenda carga de curiosidad.
Ambos darán la lucha contra lo racional e irracional, contra sí mismos y contra lo inexplicable.
Se cuenta que, antes de que comenzara la filmación, Dafoe y Pattinson ensayaron con Robert Eggers durante una semana en un hotel en Halifax.
Mientras que a Dafoe le encantaba ensayar, dada su amplia experiencia en el teatro; Pattinson no quería presentarse y soltar demasiado de antemano, prefiriendo saltar a la escena a ciegas; y encontró que el proceso de ensayo era frustrante e incómodo, que se utilizaba para reaccionar impulsivamente frente a la cámara, y tomar conciencia de sí mismo al pensar demasiado en la escena de antemano.
Su método es que si logra ciertas cosas en el ensayo, más tarde arruinará la espontaneidad frente a la cámara.
El director agradeció, sin embargo, que los 2 trabajaran de manera tan diferente y declaró:
“Tienen esta increíble química eléctrica en la pantalla, pero fue química a través de la tensión.
Eso no podría haber sido mejor para la película”
Pattinson y Dafoe, declararon que apenas se hablaban en el set, y estaban demasiado exhaustos para pasar el rato juntos después de un día de rodaje, porque el rodaje era muy exigente físicamente debido a las condiciones climáticas miserables.
Y mientras Pattinson se hospedaba en un hotel normal con el resto del equipo de filmación durante tomas; Dafoe vivía en una pequeña cabaña de pescadores en soledad.
En el set, por otro lado, Pattinson solía comer solo y volver a su tráiler en los descansos de filmación; mientras que Dafoe se quedaba con el equipo de producción; pero ambos declararon que se querían mucho tan pronto como tuvieron su primera conversación real unos meses más tarde.
Como dato interesante de ver el filme en idioma original, el acento de Dafoe es la jerga de los pescadores y marineros del Atlántico de la época; mientras que las líneas del personaje de Pattinson, se basan en un dialecto agrícola muy específico de Maine.
El director/escritor, Robert Eggers, fue muy preciso sobre los acentos y la entrega de líneas; por ejemplo, dio instrucciones para “decir la segunda oración de su tercera línea un 75% más rápido”
Para inspirarse en el diálogo, los hermanos Eggers leyeron las obras de Melville, Stevenson y más, consultando jerga del siglo XIX, y diccionarios náuticos para una jerga concisa.
Por ello, el personaje de Dafoe es propenso a articular soliloquios al estilo de Shakespeare y Milton; y para el diálogo naturalista, los Eggers recurrieron a las obras de Sarah Orne Jewett, una poetisa y novelista con sede en Maine, mejor conocida por sus obras ambientadas en la costa este, incluidos “Tales of New England” y “Strangers and Wayfarers”, ambos publicados en 1890; y como investigación para su propio trabajo, Jewett entrevistó a antiguos marineros y granjeros, a menudo escribiendo en su dialecto.
Por otra parte, Robert Pattinson tenía un enfoque inusual para psiquizarse antes de escenas emocionales extremas; a lo que Robert Eggers dijo:
“A veces se golpeaba tanto en la cara; o se metía los dedos por la garganta para morderse, cosas así”
Particularmente en la escena en la que ambos personajes están borrachos, y Dafoe yace en el pecho de Pattinson, “él se estaba metiendo los dedos por la garganta, antes de la toma.
Willem me miró como si diciendo…
“Si Rob se vomita yo...”
Como dato, el vello facial de Pattinson y Dafoe es real, pero Pattinson tuvo que teñirse el bigote de un color oscuro, porque era naturalmente rubio oscuro; mientras que los dientes malos de Dafoe, eran prótesis.
Otro dato de interés, es que no se dañó a las gaviotas mientras se filmaba esta película.
Se usaron gaviotas de goma para una tremenda escena en particular... mientras que las otras gaviotas eran 3 gaviotas reales de rescate, entrenadas del Reino Unido, llamadas Lady, Tramp y Johnny.
Otras gaviotas que se veían volando a la distancia, vivían en esa área, y siempre estaban alrededor mientras disparaban, para el enojo del equipo, porque las gaviotas se dieron cuenta rápidamente de usarlas como fuente de alimento.
Sobre los efectos especiales, el diseño de los genitales de la sirena, se basan en labias de tiburón; y los labios de sirena, se construyeron completamente de silicona.
Eggers, sobre la historia de fondo dijo:
“La sirena en la copa Starbucks, que tiene 2 colas, se basa en un diseño de sirena temprano:
Las sirenas medievales y renacentistas, tenían genitales para animar la fantasía masculina.
No es de extrañar que en La Era Victoriana, se le quitara la vagina a la sirena, y las hicieron impenetrables.
De modo que la silueta de sirena de una sola cola, se ha convertido en el arquetipo de sirena hoy.
Pero aún teníamos que descubrir, cómo las sirenas pueden copular y crear más sirenas.
Entonces, estudiamos los genitales de los tiburones”
Un curiosidad, por coincidencia, esta es la 3ª película en la que el personaje de Robert Pattinson tiene una escena de masturbación, después de “Little Ashes” (2008) y “Damsel” (2018); al tiempo que la primera escena que filmaron, fue precisamente la escena de la masturbación; mientras que la escena del enterramiento de Willem Dafoe, fue filmada el día 2.
Según Robert Eggers, la película tenía la intención de incluir “una imagen muy juvenil de un faro que se mueve como un pene erecto, y un corte de fósforo a un pene erecto real, perteneciente a Pattinson; pero los productores exigieron que se cortara, por propósitos de calificación”
Entre líneas, uno puede tener todo tipo de teorías:
Desde una cinta que habla de la debilidad del hombre ante la mujer, de la deconstrucción personal de un hombre esquizofrénico, del miedo y la incapacidad de enfrentarse a tu estrato y condición social, y la incapacidad para salir de él, o de la búsqueda de lo imposible, materializado en la forma del faro a través de un viaje con ciertas referencias a la cultura griega y varios mitos que encuentran en esta obra un nuevo sentido; al tiempo que traerá a la palestra temas “freudianos” interesantes, que conciernen al aislamiento y la sexualidad inclusive, y muchísimo simbolismo más allá del falo que es el faro...
Y es que los faros costeros son el ingrediente perfecto para toda clase de historias de terror y misterio; de hecho, las leyendas que hay detrás de muchos de estos faros, son mitológicas; y por algún motivo, Gran Bretaña tiene muchas de estas oscuras historias llenas de fantasmas, espectros, apariciones y tragedias que se han llevado muchas vidas; y como en cualquier leyenda o historia de fantasmas, suele haber un suceso real detrás que lo inició todo.
En el caso de los faros costeros, el motivo es que se asocia con naufragios, tormentas con mares enfurecidos, y un ambiente muy hostil que puede costar la vida; y algunas veces, la realidad puede ser más terrible que una historia de miedo…
Como edificio, un faro es una torre de señalización luminosa situada en el litoral marítimo, como referencia y aviso costero para navegantes; marcan costas peligrosas, bancos de arena peligrosos, arrecifes, rocas y entradas seguras a los puertos; y están coronados por una lámpara potente que sirve como guía.
Y como elemento de seguridad marítima, el faro ha estado siempre ligado a la navegación humana desde La Antigüedad, para señalar donde se encontraba la tierra.
Por otra parte, la humana, los cuidadores de estos faros, construidos en lugares remotos, no lo tenían fácil:
El trabajo no era complicado, pero las condiciones eran bastante duras; a eso hay que añadirle la soledad que iba incluida en el trabajo.
Era una profesión solitaria, dura, y también peligrosa; y aunque el trabajo en si no era complejo, mucha gente perdió la vida o tuvo problemas psicológicos haciendo el mantenimiento de estos faros.
Y es que en el pasado, los faros costeros eran operados por compañías privadas, y las condiciones de los operarios en los faros, no siempre eran las ideales.
De hecho, muchas veces no había garantías de que fueran relevados a tiempo.
Incluso, si algo malo pasaba, no sabían si serían rescatados en el tiempo estipulado.
Por desgracia, esto solía ser habitual cuando la compañía quebraba, y no había dinero para hacer un rescate de los operarios dejados en el faro.
También estaba el factor de las condiciones meteorológicas…
Por otro lado, al faro generalmente se le asocia, estructural y simbólicamente con la escalera:
Esas largas escaleras en espiral que nos llevan a todo lo alto; como el camino que tenemos que hacer, los peldaños que subimos, simbolizan los avatares por los que pasa nuestra vida; y el faro es, por tanto, una forma de simbolizar la vida cotidiana, el tránsito por este mundo.
Así, la vida se nos aparece siempre cíclica, siempre en movimiento, y dando giros y vueltas; y para llegar a la altura de la torre, a la luz del faro, hemos de ir ascendiendo por los escalones; y acceder al extremo superior del faro, donde está la cabina con la linterna, significa la conquista de la iluminación.
Puede establecerse así, una cierta analogía entre el faro y el ermitaño:
El faro es una estructura solitaria y apartada del mundanal ruido que tiene la función de proteger a la gente con su luz; mientras que el anacoreta, igualmente, es una persona que decide apartarse del mundo.
Por tanto, al ermitaño, al sabio loco y solitario, suele asociársele la lámpara, pero también la lámpara como símbolo de inteligencia.
La luz protectora del faro, se convierte, en el eremita, en sabiduría.
El candil, el farol o la linterna son símbolos de iluminación y claridad de espíritu.
Por ejemplo, el filósofo loco, el cínico Diógenes, que andaba por las calles de Atenas buscando al hombre bueno portando una lámpara, a pleno día.
O el loco que anuncia la muerte de Dios, en el aforismo 125 de “La Gaya Ciencia” de Friedrich Nietzsche, también lleva una lámpara encendida.
El 9° Arcano Mayor del Tarot, es el Eremita; que nos muestra la imagen de un viejo sabio y encorvado, que camina apoyándose en un bastón, y que porta, en su mano derecha, un farol encendido de 6 caras.
Eso sí, el farol está en parte bajo el largo manto que viste el anciano.
La linterna, es símbolo de la luz de la sabiduría, silenciosa e invisible; también es la solitaria búsqueda del iniciado, que se va emancipando de sus miedos y debilidades en pos de un saber superior.
De esa manera, en el faro se produce una mezcla sustancial entre la torre y la luz, una ligazón entre la fuerza, la estabilidad, la seguridad con la inteligencia, la sabiduría y la iluminación; porque el faro simboliza, entonces, la visión superior.
La lejanía se nos acerca, las distancias se acortan, y finalmente la oscuridad se esfuma.
Solo así podemos obtener una visión clara de lo que nos espera, y de lo que tenemos que hacer:
Faro y Destino, son figuras antagonistas, donde el faro encendido disipa las incertidumbres del destino ciego e ineludible.
Por otro lado, las implicaciones subjetivas suscitadas por “lo fálico” son amplias e incluyen la fertilidad, poder generativo, erotismo y poder o acto apotropaico, que aquel que se expresa como mecanismo de defensa mágico o sobrenatural, evidenciado en determinados actos, rituales, objetos o frases formularias, consistente en alejar el mal o protegerse de él, de los malos espíritus, o una acción mágica maligna en particular.
El término, “acto apotropaico” deriva del verbo griego “alejarse”, y se relaciona fundamentalmente con la necesidad psicológica de hallar cierta seguridad ante lo incierto y desconocido, lo que comúnmente se relaciona con lo peligroso y posiblemente dañino.
Es común que en el orden lingüístico e idiomático, esto se refleje haciendo juegos de palabras, circunloquios, perífrasis o eufemismos, a fin de evitar ciertas palabras, especialmente las consideradas tabú.
Para Jacques Lacan, la distinción tajante que el término “falo” implica, se debe a que el interés del psicoanálisis no es el pene como realidad biológica, sino el papel que la representación de este órgano juega en la fantasía, y como significante de la diferencia sexual y de “la falta”
Así, el falo es un significante particularmente importante, en tanto opera en cada uno de los 3 registros:
El simbólico, el imaginario y el real, donde constituye el anclaje de la cadena de significantes, al inaugurar el proceso mismo de significación.
En el discurso inconsciente, entonces, el varón está posicionado como tal, en tanto son vistos como teniendo el falo, mientras que las mujeres, a la vez que no poseen el falo, son falo.
El falo simbólico, es entonces el concepto de “ser hombre” de manera categórica, total.
Cabe en este punto recordar, que estas propuestas lacanainas, son una teorización acerca del discurso subjetivo, no un concepto de valoración sobre los sexos en tanto realidades objetivas.
Y como es de esperar, el aislamiento, definido desde el psicoanálisis, es un mecanismo de defensa, frecuente en la neurosis obsesiva, consistente en aislar un pensamiento o comportamiento eliminando sus conexiones con otros pensamientos, y llegando incluso a una ruptura con la existencia del individuo.
De ahí que una manera para romper con el aislamiento, es la masturbación, como guía hacia la realidad tras el orgasmo; de ahí el vacío, la soledad y la angustia.
Otros elementos que presenta The Lighthouse, son las maldiciones, las supersticiones, las confesiones y las borracheras, con bailes casi rituales incluidos, que llegan a la mente a alcanzar un punto de no retorno.
Y se perdona que el filme no sea tan original, como dije, se parece mucho al cine de Bergman o Dreyer, inclusive del mismo Hitchcock; sin olvidar a Kubrick, que al igual que en “The Shining”, el film nos muestra los efectos sobrenaturales o psicológicos de estar aislado en un entorno remoto y peligroso; donde la meta es acabar con la cordura, con el ser fuerte que representa un peligro.
Así, las tormentas son continuas, y las condiciones de vida son dificilísimas, por lo que los 2 únicos habitantes de la isla perderán la noción del tiempo y la cordura; y de esa manera, los intentos de incitar a los espectadores a preguntarse qué se imagina o qué es real, y si los personajes podrían quedar atrapados en un purgatorio literal, no simplemente uno de su propia creación… el problema es que la película gasta demasiado esfuerzo en la última hora, y descuida cada vez más sus temas sobre la identidad masculina a medida que se desarrolla su segunda mitad, a favor de caer en una secuencia tras otra, y sus protagonistas se vuelven locos, más literalmente.
Entonces, cuando finalmente se vuelve a la idea de que la gente de mar se ha visto envuelta en una lucha de poder todo este tiempo, se presenta más como un pensamiento secundario, y no como una gran conclusión; por lo que la escena final se asemeja al del cuento mitológico griego de “Prometeo”, donde las gaviotas pululan sobre el cuerpo de Winslow, picotean su interior mientras yace indefenso sobre las rocas irregulares de la isla.
Con todo, el director logra hacer de su propuesta un filme bastante inquietante, salvo los últimos 30 minutos, que son un disparate, y no se resuelve de manera satisfactoria, eso es algo que el mismo director ha echado a perder en “the Witch” por ejemplo:
Un principio bueno, un desarrollo fabuloso, y un final extraño… tal vez demasiado extraño, porque, tal vez esa es la intención, ya se ha llegado a ese punto de no retorno.
Y es que Robert Eggers todavía tiene problemas para favorecer el estilo sobre la claridad en su trabajo, pero es agradable verlo desarrollar una voz distinta después de solo 2 películas, y encontrar formas de explorar temas sobre género, especialmente la masculinidad, que, aunque defectuosos, son convincentes de todos modos.
Por último, el director dijo sobre la música de la película:
“Estaba buscando una partitura aleatoria, con guiños a la música griega antigua.
Quería quitar el énfasis a las cuerdas y, en cambio, enfocarme en el vidrio y los instrumentos en los que puedes soplar, incluidos los cuernos y las pipas.
Necesitaba sonar como el mar.
Pero me di cuenta de que necesitábamos elementos que también se remontaran a una vieja partitura de película, así que hay un guiño a Bernard Herrmann”
Para ello, el compositor Mark Korven centró la partitura en instrumentos de metal con cierta producción orquestal, incluidos roces de fricción, un efecto logrado al arrastrar un mazo de madera con una bola de goma en su extremo a través de varias superficies, incluyendo madera y vidrio.
Otros instrumentos presentes en la partitura, incluyen una armónica de vidrio, diseñada para reproducir el sonido de la música hecha con copas de vino y dedos mojados, y un teléfono acuático o arpa oceánica, un tazón de acero inoxidable con varillas de bronce alrededor del borde, que emite un sonido vibrante, sonido etéreo cuando se usa con un mazo de fricción.
El resultado es tremendamente inquietante, hipnótico y atmosférico.
“Went mad, he did”
Las posibles causas de las consecuencias no deseadas, incluyen la complejidad inherente del mundo, como partes de un sistema que responde a cambios en el entorno; incentivos perversos, la misma estupidez humana, como la curiosidad; el autoengaño, la falta de explicación de la naturaleza humana u otros sesgos cognitivos o emocionales; y como un subcomponente de la complejidad, en el sentido científico, se aplica la naturaleza caótica del universo, y especialmente su calidad de tener pequeños cambios aparentemente insignificantes con efectos de largo alcance, como por ejemplo, “el efecto mariposa”
Robert K. Merton, enumeró 5 posibles causas de consecuencias imprevistas en 1936:
La ignorancia, lo que hace imposible anticipar todo, lo que lleva a un análisis incompleto.
Los errores en el análisis del problema, o siguiendo hábitos que funcionaron en el pasado, pero que pueden no aplicarse a la situación actual.
Los intereses inmediatos que anulan los intereses a largo plazo.
Los valores básicos que pueden requerir o prohibir ciertas acciones, incluso si el resultado a largo plazo puede ser desfavorable, estas consecuencias a largo plazo, pueden eventualmente causar cambios en los valores básicos.
Y la profecía autodestructiva, o el miedo a alguna consecuencia que impulse a las personas a encontrar soluciones antes de que ocurra el problema, por tanto, la no ocurrencia del problema no se anticipa.
Total, muy a pesar de lo imaginativo de la mitología griega, los académicos coinciden en que los mitos y leyendas, sirven para entender la configuración de la civilización actual.
En el caso específico de “Prometeo y El Fuego”, que bien puede ser “La Caja de Pandora”, puede entenderse como una etapa evolutiva del conocimiento humano, al descubrir el fuego como recurso vital para su sobrevivencia; así, como relato, El Mito de Prometeo puede explicar, cómo los hombres se dieron a la tarea de encontrar otros medios para poder subsistir, de una manera creativa.
Aunque también es cierto que habla de una relación de poder y desobediencia en beneficio de lo más desfavorecidos, que está muy marcada en la historia.
Para muchos, la interpretación de “Prometeo y El Fuego” significa incluso las calamidades a las que debió enfrentarse el hombre, para poder descubrir lo que podía asegurar la continuidad de la vida en contra de las adversidades de la época.
De cualquier modo, El Mito de Prometeo es una forma ilustrativa de observar los acontecimientos que precedieron a la humanidad, tal cual se conoce hoy:
Un relato heroico, que no deja insatisfecho al más exigente de los lectores.

“What?”



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