Palmeras en La Nieve

“Ten cuidado no vayas a encontrar lo que estás buscando”

Guinea Ecuatorial, fue una colonia de España conocida como “Guinea Española”, y posteriormente pasó a convertirse en una provincia española, que obtuvo su independencia el 12 de octubre de 1968.
Como dato, junto con España, que tiene parte de su territorio en África, Guinea Ecuatorial es el único país de África, cuyo idioma oficial es el español, de acuerdo con su Constitución; y lo domina el 87,7% de la población, según El Instituto Cervantes.
Tanto el territorio insular, como el continental, fueron unidos en 1926 como la colonia de Guinea Española.
Para esta época, terminan de disolverse las estructuras previas tradicionales de los reinos tribales, consolidándose la administración de corte europeo, importada por los españoles.
Sin embargo, España carecía de la riqueza y el interés necesarios para desarrollar una infraestructura económica importante durante la primera mitad del siglo XX.
No obstante, España desarrolló grandes plantaciones de cacao en la isla de Bioko, con miles de peones importados de la vecina Nigeria.
Hasta 1956, las islas de Fernando Poo y Annobón, formaron parte del territorio de Guinea Española; y el 21 de agosto de ese año, dichos territorios fueron organizados con el nombre de “Provincia del Golfo de Guinea”
Durante este periodo, empiezan a surgir tímidamente los primeros movimientos independentistas en el país, como el liderado por Acacio Mañé Ela; y por la ley de 30 de julio de 1959, adoptaron oficialmente la denominación de “Región Ecuatorial Española”, y se organizó en 2 provincias:
Fernando Poo y Río Muni.
“La vida es un tornado; paz, furia y de nuevo paz”
Palmeras en La Nieve es un drama español, del año 2015, dirigido por Fernando González Molina.
Protagonizado por Mario Casas, Adriana Ugarte, Macarena García, Alain Hernández, Berta Vázquez, Emilio Gutiérrez Caba, Celso Bugallo, Laia Costa, Fernando Cayo, Ramón Agirre, entre otros.
El guión es de Sergio G. Sánchez, basado en la primera novela de María Luz Gabás Ariño, “Palmeras en La Nieve”, publicada en 2012; que ha sido traducida al italiano, catalán, holandés, polaco, y portugués.
Posiblemente, el éxito de esta, su primera novela, se debe a que toca un tema poco tratado en literatura, como es el pasado colonial más reciente de España en África, a través de unos emigrantes que viajan a la isla Fernando Poo, que fue una colonia y, posteriormente, provincia española en África, entre los años 1959 y 1968.
La novela en la actualidad, cuenta con más de 500.000 ejemplares vendidos, y está inspirada en las experiencias de miles de colonos españoles, que llegaron allí atraídos por las perspectivas de un futuro mejor.
Es el caso de cientos de jóvenes del valle de Benasque, entre ellos los abuelos y el padre de la autora, que decidieron emigrar a tierras más cálidas, para trabajar en las plantaciones de cacao, dejando atrás la nieve y el frío de sus pueblos montañosos.
Más de 600.000 lectores, con 26 ediciones normales y 16 de bolsillo, apuntalan su éxito.
Y es que Gabás, tardó en darle forma 5 años, y casi otros 4, ha costado llevarla hasta las salas de cine; porque transformar más de 700 páginas en lenguaje cinematográfico resulta una labor ingente, complicada, casi imposible, y estos cineastas han logrado, de manera meritoria, 163 minutos de tensión e interés, sin tiempos muertos, que terminan por enganchar al espectador.
De hecho, Palmeras en La Nieve es la película española de mayor presupuesto en los últimos años en castellano, con 10 millones de euros.
“Palmeras en La Nieve es una historia de una familia, pero no solo eso...
Es la historia del viaje de 2 hermanos a Guinea, para descubrir un mundo ajeno a su pequeño pueblo del Pirineo; pero también es una historia de secretos que marcan para siempre; y una película colonial, sobre el impacto emocional que produce transitar los paisajes africanos”, cuenta el director.
“Es también el relato de una serie de personajes que tuvieron que vivir durante décadas, alejados de sus familias, de su país, y que crearon entre ellos, vínculos que se mantuvieron después, durante décadas.
Pero también una película sobre el final de una era, y probablemente una de las historias de amor más bellas que he leído desde hace mucho.
En los tiempos que corren, historias como esta, son necesarias.
Porque son historias que nos recuerdan que nada es imposible, que hay que luchar por lo que uno cree, por lo que uno quiere, por muy difícil que sea”, concluyó.
Palmeras en La Nieve, cuenta con más de 500 planos con efectos digitales, y con sonido Dolby Atmos.
Pablo Alborán, junto al compositor Lucas Vidal, autor de la banda sonora original de la película, compone e interpreta la canción especialmente creada para la película.
El rodaje tuvo lugar en Gran Canaria, Colombia y Huesca, empleando más de 70 actores, más de 200 técnicos, y más de 2.000 extras.
Como dato, los personajes utilizan varios idiomas:
Castellano, patués, bubi, y pichi.
Palmeras en La Nieve obtuvo 2 Premios Goya:
Mejor Dirección Artística y Mejor Canción Original, por el tema “Palmeras en La Nieve” de Lucas Vidal y Pablo Alborán; y fue nominado a:
Mejor diseño de producción, maquillaje y peluquería; y diseño de vestuario.
La obra es una historia tan épica como intimista, que tiende puentes entre 2 tiempos, 2 culturas y 2 generaciones:
En el año 2003, el descubrimiento accidental de una carta olvidada durante años, empuja a Clarence (Adriana Ugarte), a viajar desde las montañas de Huesca a Bioko, para visitar la tierra en la que su padre Jacobo (Alain Hernández), y su tío Kilian (Mario Casas), pasaron la mayor parte de su juventud:
La isla de Fernando Poo.
En las entrañas de un territorio tan exuberante y seductor, como peligroso, Clarence desentierra el secreto de una historia de amor prohibido, enmascarado en turbulentas circunstancias históricas, cuyas consecuencias alcanzarán el presente.
Hechos que ocurrieron en 1953, cuando Kilian abandona la montaña oscense, para emprender con su hermano, un viaje a Fernando Poo, una antigua colonia española en Guinea Ecuatorial.
Allí les espera su padre, en la finca Sampaka, donde cultiva uno de los mejores cacaos del mundo.
En la colonia, descubrirán que la vida social es más placentera que en la encorsetada y gris España, vivirán los contrastes entre colonos y nativos, y conocerán el significado de la amistad, la pasión, el amor, y el odio.
Con esta historia, se da forma a un film que funciona como drama nostálgico, romántico y familiar, que está dividido en 2 partes entrelazadas y separadas por 40 años, logrando con ello, un buen melodrama que es profundo, y cautivará a los más sensibles que se dejen atrapar por la belleza de sus imágenes, sonidos e interpretaciones.
“A veces el viaje más largo, es la distancia entre 2 personas.
A veces, solo a veces, las palmeras crecen en la nieve”
Palmeras en La Nieve, es un homenaje al cine, a su facultad de contar historias, un homenaje al amor, a la vida, y al sufrimiento de ésta.
Es la recuperación de estos sucesos que pertenecen al pasado, y que a veces nuestra cultura se obceca en olvidar.
Es un canto a la memoria histórica, que tanta vergüenza y malestar nos puede causar.
Un grito ahogado en medio de una gran nevada, o bajo el terrible sol abrasador africano.
Películas sobre la época colonial española en África, apenas existen en el cine español.
Una etapa histórica, casi desconocida, y que otros países con tradición colonial más contemporánea, como son los casos del Reino Unido y Francia, si han logrado exponer.
Y Palmeras en La Nieve es un excelente y ensoñador retrato de La Guinea Colonial de mediados del siglo XX; que nunca deja de dar la impresión de que, aunque larguísima en metraje, casi 3 horas, se ha quedado algo corta, como si su recipiente ideal fuera un serial televisivo.
En cuanto a la parte técnica, merece la pena destacar que su fotografía es evocadora de cada época y lugar, dando lugar a una labor lumínica bien repleta de detalles inspiradores, que consiguen un trabajo artístico espléndido, y que gusta ver.
La música emotiva, llena de nostalgia el film, gracias a unas melodías dulces e intrigantes según el momento de la película, para añadir cierta tristeza a su trama.
Los planos y movimientos de cámara, consuman una notable labor técnica mediante el uso de los detalles, avanti, retroceso, plano-contraplanos, panorámicos, “travellings”, grúas, seguimiento, cámara en mano, primeros y primerísimos planos, que exprimen lo mejor de las interpretaciones.
Su mayor logro es la de ser una “superproducción”, una película épica a la manera de miles de novelas como las de Isak Dinesen, por citar una referencia más que obvia; Michael Ondaatje, o si ya nos vamos hacia atrás, a Raymond Chandler, y así un larguísimo etcétera, pero sin perder la capacidad de emoción.
La dirección artística emplea para los actores, unos vestuarios y caracterizaciones sugestivos de cada época y lugar, que varían según su personaje, en una tarea bien cuidada en detalles, que logra una deslumbrante labor que junto con los decorados y exteriores te transportan in situ.
Los problemas reales de Guinea, o la situación sanitaria y de pobreza, así como la importancia de los españoles en la zona, o los cambios políticos, se pasan de puntillas, y es una pena, porque son asuntos que podían haberse tratado de otra manera, teniendo en cuenta que dura 163 minutos.
Se han rodado muchas horas, y luego se ha reducido el metraje, y es cuando se corre el riesgo de que su montaje deje situaciones a medias.
Palmeras en La Nieve aborda 3 épocas diferentes, 2 de ellas en Huesca, en la década de los 70; y a inicios del siglo XXI; y la principal, que se desarrolla en el pasado, durante la década de los años 1950.
“La historia de ellos, es mucho más chocante que la de los españoles que iban a Francia, Suiza, Alemania.
Te vas de una dictadura en España, donde no tienes unas libertades que en Guinea sí, todo un paisaje, un clima…
Además te ponen en una situación superior; es muy raro para alguien que sale de un pueblo, ponerle a cargo de 50 hombres a los que, si te apetece, les das un latigazo.
Eso, para esos hombres debía ser muy fuerte, y para las mujeres que les acompañaban también.
Era muy extraño.
Era como a la inversa del resto de inmigrantes”, explica el realizador.
El problema es que no está claro el paso del tiempo entre una escena y otra, sobre todo, las que se desarrollan en África; quizá en el DVD, o en televisión, donde se verá para la Navidad de 2017, se incorporen algunas de las escenas eliminadas, para quien se haya quedado con más ganas.
Así las cosas, Kilian abandona su hogar junto con su hermano, para embarcarse hacia La Guinea Ecuatorial, a una antigua colonia española.
Allí les espera su padre, donde se cultiva uno de los mejores cacaos del mundo.
Ante Kilian se abre, de repente, un mundo nuevo, y muy diferente al conocido hasta el momento.
Con su juventud latente, y su inocencia calmada, tras su mirada tímida, y su porte alicaído, se esconderá una voluntad de hierro, y un corazón enternecido por el amor que se despierta hacia una joven nativa que canta en el río…
La inocencia del muchacho, comienza a verse esculpida por la incipiente maldad, el abuso de las autoridades, una política que enfrente a los hombres de diferente color de piel, y no le permite disfrutar de la hermosura que otorga la tierra en la que se encuentra.
Será difícil para Kilian, encontrar su lugar y, tal vez, nunca llegue a hacerlo.
Por tanto, Bisilia es fundamental, con una belleza fulminante, la actriz otorga credibilidad, ternura y fuerza, a una mujer fuerte que no quiere resignarse al mundo en el que le ha tocado vivir.
Si bien el reparto está encabezado por Mario Casas y Adriana Ugarte, aunque el protagonismo de esta última es casi residual, y la que tiene una mayor importancia es el personaje de Bisilia, interpretada de manera excelente por Berta Vázquez; actriz ucraniana de origen etíope, representa muy bien a los habitantes de Guinea, y tiene varias escenas dramáticas, en donde nos creemos su sufrimiento, que contrasta con la actuación más limitada por parte de su pareja.
Y es que Mario Casas se carga la película, encorvado, boquiabierto, gangoso, soso, no vocaliza, y en definitiva, no es su papel.
Puede ser un fallo; tras la gran paliza a Kilian, aparece en la playa sin el menor rastro de cicatriz en nariz y frente…
Esas cosas hay que cuidarlas, a la vez que los fusiles del ejército español de la época…
Sin embargo, reconozco el mérito del actor español de hablar en español, inglés y alguna de las lenguas oficiales de Guinea…
No se trata de un mal intérprete, pero el personaje principal de esta historia, demandaba otro perfil.
Por el contrario, su trabajo con el resto del elenco, es digno de ser alabado, destacando Alain Hernández, que compone un Jacobo duro, seco y oscuro.
Hernández realiza un buen papel, muy creíble, evolutivo hacia el salvajismo de quién se cree firmemente superior a los trabajadores negros.
Es la imagen del hombre blanco en su peor faceta, expresión cabal de lo que fue el colonialismo, puro y duro, es el caporal, cuya función es sacar rendimiento a la explotación, el perfecto Caín que debe recurrir a la degradación, el abuso y la supremacía.
Alain Hernández es indispensable.
Es esa parte desagradable de la película, tan necesaria como lo es el contrapeso; pero también es el equilibrio que logra hacer soportable de lo que más tarde se anunciaría como un “pastelón” romántico y previsible.
En general, el hecho de que el comienzo de la película ya te cuente el final de la pareja principal, elimina esa emoción o expectativa de ver qué pasará con ellos al final, porque simplemente ya lo sabes; solo te resignas a esperar a que te muestren el cómo...
No obstante, en el estreno, la autora la defendió diciendo:
“Estoy contenta porque Palmeras en La Nieve merecía esta historia, merece todo lo que le ha pasado.
Por lo que significa para tantísima gente, y en lo que a mí respecta, por el esfuerzo que he metido, que me lo he currado.
Le dediqué 5 años de mi vida, que es mucho, a trabarla bien, a entenderla.
Tengo muy presentes las horas que me encerraba a escribir, dándome ánimos como en un entrenamiento deportivo de alto nivel”, rememora Gabás.
“Política en la mesa, no, por favor”
Concluyo que Palmeras en La Nieve, cumplió con las expectativas del sector más rijoso, y también olvidadizo de aquel tiempo en que España fue Rey de Facto.
Aunque da una visión de los españoles en aquella época, de malvados y poderosos como argumento principal, creo que es un error...
También, hubo muchos misioneros.
Por otro lado, parece que los españoles se quedaron con ese territorio por sus propios logros, y tampoco es así:
Portugal cedió a España este territorio, mediante El Tratado de El Pardo, en 1778.
Y ya desde 1469, era utilizado por negreros Holandeses, ingleses y portugueses.
Sí, que España quiso imponer sus costumbres, entonces nadie sabía lo que significaba el concepto de globalización, hoy hubiéramos aprendido a convivir con unas y otras culturas, o al menos así se entiende hoy día.
Pero no todo fue tan malo:
Se dio trabajo, incorporaron tecnologías, hospitales, colegios, etc.
Hubo muchos profesores titulados, que fueron hasta allí para enseñar su lengua, por interés, sí, pero aportaba conocimientos a un pueblo indígena, que ya había sido maltratado por otros países mucho tiempo atrás.
Hasta que en El Congreso de Berlín, los grandes países, como Inglaterra, Alemania y Francia, se repartieron África.
Creo que la visión histórica que ha dejado Palmeras en La Nieve, no es muy concisa.
La imagen que se quedará, es la de los españoles que fueron a quedarse con lo que no era de ellos, y a violar y maltratar a sus gentes, y eso no fue tan exacto como se ha querido mostrar.
Por otra parte, las producciones más importantes de cacao, fueron con mano de obra extranjera; y en su última etapa, la colonia resurgió fuertemente, los beneficios se quedaban en la tierra, y llegó a ser el territorio africano de más alto nivel de renta y calidad de vida, en fin, muchos datos importantes que han pasado por alto, y producen una falsa imagen.
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