También La Lluvia

“España conquistó El Nuevo Mundo por el oro; 500 años después, el agua es el oro, nada ha cambiado...”

El Descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón, capítulo ilustre en nuestros libros de historia, no fue un acontecimiento del que convenga vanagloriarse…
Muy probablemente pocos saben que Hatuey fue un cacique taíno, proveniente de La Isla de Quisqueya; conocido por el título histórico honorífico de “Primer Rebelde de América”, que luego de escapar de los españoles de la isla que actualmente comparten República Dominicana y Haití, se dirige a lo que hoy es Cuba, y en el poblado oriental de Baracoa, organiza a los indígenas para enfrentarse a las tropas del conquistador Diego Velázquez.
Corría el año 1511, cuando Hatuey exhorta a sus hermanos, a que arrojen el oro al mar, porque ese es “el Dios de los españoles”, a que se resistan al saqueo de sus tierras, y al aniquilamiento de su pueblo.
Superados tecnológicamente por las tropas españolas, Hatuey fue finalmente apresado y quemado en la hoguera, dónde dirá que “prefiere ir al infierno, antes que compartir el cielo con esos cristianos”
Nada ha cambiado desde entonces, pues el oro ha sido convertido en otro bien, muy apreciado:
El agua.
El acceso al agua potable y al saneamiento básico en América Latina es insuficiente, y además, su calidad es inadecuada; eso resulta en impactos negativos en la salud pública.
La capacidad financiera limitada de los organismos encargados de proveer estos servicios, y la institucionalidad débil del sector, son factores que limitan las posibilidades de mejorar el acceso y la calidad de agua potable y saneamiento en el continente.
No es raro que enfrentamientos entorno al agua hayan ocurrido en América.
“La Guerra del Agua”, es el nombre con el que se conoce el conflicto sucedido en el año 2000, en la ciudad boliviana de Cochabamba; que se desencadenó a partir de la privatización del servicio de agua municipal, que cayó en manos de un consorcio de empresas extranjeras, en parte, gracias a la intervención del Banco Mundial y El FMI.
En septiembre de 1999, impulsada por El Banco Mundial, la multinacional, Bechtel, firmó un contrato con Hugo Banzer, presidente y antiguo dictador de Bolivia, para privatizar el servicio de suministro de agua a Cochabamba.
Más de la mitad de esos capitales, eran de origen estadounidense y español…
Poco después, surgieron quejas sobre el aumento de las tarifas del agua, como el servicio del que se carecía hacía varios años en la ciudad; las mismas se habían elevado en más de un 50%
Todas estas acciones, culminaron en las protestas de “La Guerra del Agua” de 2000; y cuando las tarifas aumentaron en un 300%, el conflicto se agravó:
Muchas personas se vieron obligadas a retirar a sus hijos de las escuelas, o a dejar de visitar médicos, como consecuencia de los precios del agua, y se declaró La Ley Marcial, y la policía boliviana mató al menos a una persona:
Víctor Hugo Daza, de 17 años; e hirió a 170 participantes en las protestas.
En medio del colapso de la economía nacional, y el aumento de los disturbios, el gobierno de Bolivia rescindió el contrato con Bechtel.
Y es que además de la increíble apropiación del agua, la ley regulatoria indicaba que la población debía adquirir una licencia para recoger el agua de la lluvia…
Así, en 2001, la empresa de ingeniería Bechtel, inició un proceso legal contra el gobierno de Bolivia, reclamando indemnizaciones por daños por valor de $25 millones.
Bechtel argumentó, que el contrato únicamente le permitía administrar el sistema de aguas, que era un servicio deteriorado, y que había sido el gobierno local, quien había subido los precios del agua.
La batalla legal atrajo la atención de los movimientos anticapitalista y anticorrupción; y para cuando explotaron las revueltas en Cochabamba, el conflicto ya se había convertido en un símbolo del saqueo de los recursos naturales en Sudamérica, pero también, estaba destinado a transformarse en un ejemplo de la resistencia popular.
Posteriormente, en el entierro de Víctor Hugo Daza, al día siguiente, Óscar Olivera asciende al balcón, y proclama la victoria del movimiento social, frente a una muchedumbre agotada.
Los manifestantes declararon, que no se contentarían hasta que la Ley 2029 fuese anulada; y para conseguir esto, y tener el quórum necesario en El Parlamento, el Gobierno incluso, alquiló aeroplanos para llevar a los legisladores de nuevo a la capital; y en una sesión especial, el 11 de abril de 2000, La Ley fue anulada.
El poder del cine, como herramienta de denuncia política, con capacidad para elaborar y transmitir a un público amplio, con un discurso de un sentido ideológico determinado, siempre ha sido muy elevado, y nada digno de desdeñar.
“El dinero lo es todo”
También La Lluvia es una película española, de drama, dirigida por Icíar Bollaín en 2010.
Protagonizada por Luis Tosar, Gael García Bernal, Karra Elejalde, Juan Carlos Aduviri, Raúl Arévalo, Cassandra Ciangherotti, Carlos Santos, Dani Currás, Vicente Romero, entre otros.
El guión es de Paul Laverty, y se inspira en los acontecimientos ocurridos en 1999, en Cochabamba, una de las principales ciudades del altiplano boliviano, que enfrentó al pueblo contra Turani, el candidato que retuvo el agua de la ciudad; y que en abril de 2000, estalla la llamada “Guerra del Agua”, por la que el presidente boliviano declara El Estado de Emergencia.
Después de las protestas, la revuelta es un éxito:
El servicio de agua en la ciudad, privatizada hace unos meses, vuelve a ser de dominio público.
Sobre la película, la directora afirmó:
“No es una película intimista, pero sí creo que es de personajes, y en eso se parece mucho a las anteriores mías, pero más grande, con una parte de época, y otra del presente en la que narra acontecimientos sociales que pasaron en Bolivia, pero al final, es una historia en torno a 2 personas, sobre todo de una que hace un viaje personal de madurez, de compromiso personal”
Rodada en Bolivia, en la selva del Chapare y en la ciudad de Cochabamba, También La Lluvia es una gran producción que ha contado 4.000 extras en total, de ellos, cerca de 300 indígenas, un equipo de 130 personas, y más de 70 localizaciones, casi todas ellas en exteriores; siendo preseleccionada para representar a España en Los Premio Oscar, junto a “Lope” y “Celda 211” que al final, ésta fue la elegida.
También La Lluvia, es una película dramática, que habla de “La Guerra del Agua”, la amistad, y también de la conciencia; en una feroz crítica al Imperialismo, ya sea en nombre de La Iglesia, y su símbolo, la cruz; o en nombre del capital y su símbolo, el dólar; y se construye a partir de varios niveles de la narración:
Con 2 cineastas que se encuentran inmersos en el rodaje una película de época, en una ciudad de Bolivia; además la directora Icíar Bollaín, mete una parte a modo de documental...
Estamos en Cochabamba, Bolivia, en el año 2000:
Costa (Luis Tosar), es un descreído productor de cine; y  Sebastián (Gael García Bernal), es un joven e idealista realizador, que trabajan juntos en un proyecto ambicioso, y se van a rodar en Bolivia.
La cinta que van a filmar, tratará sobre la llegada de los españoles a América, poniendo el acento en la brutalidad de su empresa, y en el coraje de varios miembros de La Iglesia, que se enfrentaron con palabras a las espadas y las cadenas, ellos eran:
Fray Bartolomé de Las Casas (Carlos Santos) y Fraile Montesino (Raúl Arévalo)
Mientras que Sebastián, el director, pretende desmitificar al personaje, presentándolo como un hombre ambicioso y sin escrúpulos; a Costa, el productor, sólo le importa ajustar la película al modesto presupuesto del que disponen; precisamente por eso elige Bolivia, por ser uno de los países más baratos, y con mayor población indígena de Hispanoamérica.
Pero Costa y Sebastián, no pueden imaginar que en Bolivia, donde han decidido instalar su “Santo Domingo” cinematográfico, les espera un desafío que les hará tambalearse hasta lo más profundo.
Tan pronto como estalla “La Guerra del Agua” en abril de 2000; las convicciones de uno, y el desapego del otro, comienzan a resquebrajarse, obligándoles a hacer un viaje emocional en sentidos opuestos.
Por otro lado, tenemos a Daniel (Juan Carlos Aduviri), un sindicalista indígena, aunque nunca se define como tal, definitivamente aparece “racializado”
Éste, en la película que montan Costa y Sebastián, interpreta el papel de un cabecilla indio taíno, Hatuey, que se rebela contra la opresión española; a la vez que encabeza las luchas por las revueltas del agua en Cochabamba.
A medida que se agudizan las protestas, la participación de Daniel en ellas, genera un problema para los cineastas, quienes buscan garantizar el respaldo económico estadounidense, que es necesario para la realización del filme.
Paradójicamente, el capital responsable de la privatización del agua, en la realidad, aunque este aspecto no es tocado por Bollaín; tiene la misma procedencia.
Puestos en claro, También La Lluvia es una película, dentro de otra película:
Se narra el rodaje de un filme de época, en torno al mito de Cristóbal Colón, al que muchos pintan como “un hombre obsesionado por el oro, cazador de esclavos y represor de etnias”
500 años después del Descubrimiento de América, palos y piedras se enfrentan de nuevo al acero y la pólvora de un ejército moderno; pero esta vez, no se lucha por el oro, sino por el más imprescindible de los elementos vitales:
El agua.
Así la película corre el peligro de ser inviable por este mismo contexto social que la rodea.
En ese sentido, las preocupaciones económicas que rodean la película, pueden leerse desde una perspectiva neo-colonialista; sumado a lo anterior, la revolución taína que es la escena cumbre de la película sobre La Conquista, fracasa.
Lo contrario ocurre con “La Guerra del Agua”, en el contexto presente que plantea También La Lluvia, que sí consiguió sus demandas, y puso en crisis el segundo gobierno de Hugo Banzer en la realidad.
Dicho esto, nos podemos preguntar:
¿Qué imagen del “indígena” rebelde diseña la película de Sebastián; y cuáles son los condicionamientos de dicha representación?
¿Cómo dialoga la ficción, con el contexto que la rodea?
También La Lluvia muestra una historia del pasado, que se repite en el presente, sin duda, con algunos paralelismos y similitudes cuando la codicia atropella a personas que sólo saben sobrevivir.
Pero por debajo, encontramos otras historias íntimas y personales, como la de un Costa/productor, que abandonó a su hijo hace tiempo, y al que se ofrece la ocasión de redimirse interiormente.
La de un Antón/Colón (Karra Elejalde), que ahoga sus penas familiares en alcohol; o la de un Daniel, que lucha en la selva y en el asfalto, para que ni el oro ni el agua hundan a los suyos en la indigencia.
Así, También La Lluvia consigue mostrar las carencias de la población, sobre todo indígena, y nos hace entender la problemática del agua, y la trascendencia que tiene como medio de vida para ellos; nos ofrece pinceladas de la idiosincrasia del boliviano, de su forma de pensar, de ver la vida, y de reaccionar ante las adversidades.
Nos acerca también a Bolivia, a la grandeza de su naturaleza salvaje y casi virgen, lo que nos hace reflexionar sobre lo pequeños que somos ante la inmensidad de esta.
Cada escena, tiene una doble lectura, cada personaje es una metáfora, y cada situación, es aleccionadora.
“Muchos quieren cambiar el mundo… pocos quieren cambiarse a sí mismos”
Si exceptuamos el periodo de La Guerra Civil, el cine español apenas ha abordado la historia del propio país, algo realmente incomprensible, pues ésta es tan rica en acontecimientos, tan llena de luces y sombras, y de personajes fascinantes, que constituye una fuente de inspiración casi infinita.
Uno de los episodios más controvertidos de su historia, es El Descubrimiento y Colonización de América.
La celebración del “Quinto Centenario”, hace 2 décadas, podría haberse aprovechado para reflexionar acerca de los errores del pasado, que aún perviven en los descendientes de los nativos originarios de aquellas tierras.
En vez de eso, el discurso oficial, tan solo incidió en el presunto encuentro entre 2 mundos, y en la riqueza cultural que éste produjo.
Un drama de la sociedad latinoamericana actual, no muy distante del vivido hace 500 años, plasma perfectamente, el paralelismo entre ambas épocas, y la forma de explotación de los indígenas; y por ello cuenta 3 historias en una:
El rodaje de una película en Bolivia, sobre El Descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492; “La Guerra del Agua” en Cochabamba en el año 2000, con la privatización del suministro de agua en esta ciudad; y la 3ª historia, de Bolivia concedida a una multinacional y a su representante local, “Aguas de Bolivia”, y lo que ocurrió durante La Conquista.
Es una historia de resistencia y compromisos, de ficción y de realidad, que une la lucha por el oro del siglo XVI, después del Descubrimiento de América, con la lucha por el agua, “yaku” en la lengua quechua, 500 años después, en Bolivia.
La historia se repite, pues los explotadores siguen siendo los mismos…
Lo que llama la atención, es el acercamiento al problema de la injusticia social desde 3 perspectivas diferentes:
Tenemos por un lado, la explotación de los indios por parte de Colón, y el resto de colonizadores.
Además vemos la injustica a la que se ven sometidos los habitantes de Cochabamba, ante sus autoridades, y la empresa que quiere privatizar el agua.
Finalmente, todos somos testigos del trato injusto y del salario irrisorio que sufren los extras por parte de los responsables de la película.
Son 3 situaciones de injusticia, donde los planos se confunden y entremezclan.
Como dato, También La Lluvia tiene una dedicatoria al historiador y activista estadounidense, Howard Zinn, que falleció en enero de 2010.
Ciertamente, el planteamiento de Icíar Bollaín es original, con 2 protagonistas que aunque gozan de una inquebrantable amistad, tienen planteamientos antagónicos a la hora de abordar la película:
El director quiere ser respetuoso con la historia, y presentar a los representantes de La Corona de Castilla, como a unos cínicos imperialistas que solo ambicionan tomar el oro de aquellas tierras, y reducir a sus habitantes a la esclavitud, en nombre de la religión cristiana.
En este caso, el paralelismo con el imperialismo en los hechos de Cochabamba, son evidentes en él.
Por su parte, al productor solo le interesa rentabilizar la película, y se muestra encantado ante las posibilidades económicas que le ofrece el rodaje en tierras de lo que él considera “El Tercer Mundo”
Pero, muy curiosamente, la actitud del productor al principio de la historia, ofrece muchos paralelismos a la de los primeros conquistadores/imperialistas:
Su visión de los bolivianos, es la de unos seres pusilánimes, a los que se les puede explotar sin decoro, como extras de su película.
De hecho, se regodea de placer, cuando piensa que su trabajo solamente le cuesta $2 diarios…
Su visión del mundo va a cambiar drásticamente, cuando comience a conocer más en profundidad las circunstancias vitales de uno de sus extras, Daniel, que a la postre va a resultar ser un líder en las justas reivindicaciones que los indígenas reclaman al gobierno boliviano.
Que no solo es indígena, sino que es estudiado, pues sabe inglés…
La crítica a la narrativa colonial, funciona en la película, haciendo hincapié en los intereses económicos detrás del proyecto de los cineastas, que los coloca en la posición de “los nuevos opresores económicos”
Ello no les permite calibrar el poder de los movimientos populares en el entorno social que rodea la filmación.
No hacerlo, vuelve complicado construir un retrato histórico sobre el “otro”
Es por eso que Daniel y los habitantes cochabambinos, se resisten a encajar en el rol pasivo que en la ficción y en la realidad, han diseñado para ellos.
El tratamiento a la ficción histórica, es muy tópico con un dibujo banal de conquistador sanguinario, enfrentado al mito del buen salvaje; y el conflicto social de lucha por una situación justa, ante un proceso de explotación, que nos lleva al paralelismo previamente reseñado; es tratado de forma elemental con alguna dosis de efectismo, lo que mengua su resonancia emocional.
El vuelo del helicóptero con la cruz, la interactuación en el ensayo de los actores con el servicio doméstico del hotel, la negativa de las indias a introducir sus hijos en el río al no entender la ficción de la película… es impactante, digámoslo todo.
A su vez, el tratamiento del poder, está llevado de modo sobresaliente, mostrando la crueldad de la policía, el elitismo trasnochado de una forma demagógica y tiránica de hacer política, siempre con ese discurso de contraposición entre modernidad y atraso, como bien dice El Alcalde de Cochabamba, que trata de justificar su política discriminatoria y asesina, basada en el individualismo extremista, base moral de lo que se entiende como Capitalismo; y la explotación de los más bajos instintos, avivados por una mentalidad alimentada por la creación de prejuicios racistas.
Los mejores momentos de la película, ocurren en el primer tercio, cuando observamos el irónico paralelismo entre la invasión española, encabezada por Cristóbal Colón, y la pacífica del equipo de cine, 5 siglos más tarde.
La descripción de los actores y su identificación con los personajes a los que encarnan, las discusiones que genera entre ellos la película que están rodando, la relación con el productor, la monomanía del director, que sólo parece levemente más interesado que Costa en los conflictos de la realidad que les rodea…
Del reparto, sobresale el personaje de Daniel, a cargo de un sorprendente y desconocido Juan Carlos Aduviri.
Aunque el eje de También La Lluvia gira en torno al antagonismo inicial del productor, inmenso Luis Tosar y Gael García Bernal; también es interesante Karra Elejalde, hace una interesante interpretación de un cínico actor veterano que interpreta a Colón, y que en más de una ocasión tiene diálogos que hielan la sangre por su crudeza realidad, en contraposición a Santos y Arévalo.
Pero es el ENORME indio actor, Daniel, que a medida que avanza la trama, se convierte en amistad con Costa, el productor, el cual vivirá un viaje iniciático que le hará cambiar para bien.
Así, los 2 hombres enfrentados al comienzo, Costa y Daniel, son ahora amigos; tanto que al final, el indígena le da un regalo, el bien más preciado de la humanidad, sin el que no hay vida, el agua.
No obstante, en También La Lluvia vemos situaciones algo forzadas o incongruentes, por varias razones:
Algunos personajes, están poco dibujados, como el de Gael García Bernal; y otros están desaprovechados por completo, como el de la chica que quiere rodar el documental “making of…”
No queda claro, por qué la mujer acude a Costa, para que rescate a su hija, la relación con él ha sido mínima, nada le hace pensar que se trate de un buen hombre, tampoco se ha sembrado que Costa tenga poder alguno que pueda facilitarle el rescate de la niña…
Podemos pensar, sin embargo, que lo que motivo a Costa a ayudar a la niña fue un diálogo que tiene con Sebastián:
“Si no ayudo a esta niña, viviré con esto toda la vida”
Por tanto, lo hizo por cargo de conciencia, o por la preocupación de la realidad social que se vivía en el contexto del film.
Para entender mejor el mensaje principal, podemos verlo como en “Avatar” (2009), es que los piratas, los que saquean y roban los recursos de pueblos indígenas, no tienen nada que hacer contra su tremenda fuerza espiritual y humana.
El cambio que se produce en Costa, es similar al de Jake Sully:
Se da cuenta que los indígenas son humanos de verdad, y que los suyos son simplemente unos seres materialistas, equiparables a robots, o a zombies, porque han perdido su alma.
Costa recupera su alma en esta película, y su capacidad humana.
Que el clímax de la historia dependa del rescate de un personaje prácticamente anónimo como la niña, suena algo gratuito, una decisión de guionista colocando a un personaje absolutamente instrumental en una situación crítica.
Si Costa se jugara el cuello por alguien que ha tenido importancia en la historia, el propio Daniel, por ejemplo, creo que hubiera tenido más sentido.
No se nos ha indicado suficientemente, que Costa pueda estar cambiando de parecer, relativizando la importancia de su película, y simpatizando con los problemas de los habitantes de Cochabamba.
Todo sucede muy rápido, tan rápido que parece forzado; y siendo fieles al personaje, el dilema no hubiera tenido fuerza alguna:
Costa hubiera apartado a la boliviana con una sonrisa falsa,  y tal vez unos billetes, y se hubiera subido a la camioneta de producción, para continuar con su película...
Pero bueno, lo de “La Guerra del Agua”, es algo que se va viendo venir progresivamente, y queda bien desarrollado como germina la insurrección y sus motivos, aunque se acaba perdiendo en sus escenas de carga policial y resolución final de todos los problemas, ni cómo se rinde el gobierno, ni si se termina de grabar la película, ni porque no son detenidos…
En otras palabras, todo acaba siendo una simple excusa, para decir lo que se quiere decir, y no para ahondar en los problemas sociales, o de producción cinematográfica que se plantean; que pudo ser muy pero muy interesante.
La manipulación ideológica es clara aquí, pero lo peor es que se hace mediante el viejo y conservador, paradójicamente recurso del llanto fácil, al mostrar las miserias para conmover y concienciar al espectador, el cual, si es un poco despierto, se dará cuenta de dicha maniobra.
¿No es este tipo de cine, en realidad, una manera más de Imperialismo?
Por otro lado, es También La Lluvia un homenaje al mundo del cine y a sus profesionales, descubridores de injusticias por el mundo, y defensores de quienes luchan por la supervivencia.
En el filme se habla de la conciencia y dudas con que Sebastián se presta a “utilizar” a Daniel, o de los remordimientos de Costa, para abandonar a esa familia indefensa; al fin y al cabo, ellos sólo están haciendo una película, aunque pueda quedar para la eternidad, mientras que lo que intenta Daniel, es subsistir en la vida real.
También La Lluvia, constituye también un ejemplo de cine dentro del cine, pues el espectador puede contemplar el rodaje, o el ensayo de escenas que le trasladan al siglo XVI, cuando los conquistadores trataban con implacable dureza a los pueblos indígenas.
Pero como la realidad y la ficción se mezclan, nos dejan el mensaje de:
Lo importante es no rendirse cuando se comienza una lucha, cueste lo que cueste, aun arriesgando la propia vida.
También, reivindica la reacción histórica de algunos hombres religiosos, como Fray Bartolomé de Las Casas que, como testigo privilegiado de estos abusos, y que intentó contenerlos en su famosa “Brevísima relación de La Destrucción de Las Indias”, apelando a la justicia real en estos términos:
“Siempre es difícil, ojalá hubiera otra forma”
Antonio de Montesinos, y Bartolomé de Las Casas, respondieron en su momento.
También lo hizo el indio Hatuey, incluso Costa, no quedó indiferente al final.
Pero los otros… los otros terminaron huyendo…
Hablamos del colonialismo.
De aquella época en la que el viejo continente se creía con legítimo derecho a poseer el mundo entero... con todas las trágicas consecuencias que esta filosofía implicó sobre todo para los pueblos 'invadidos.
Una época a la que muchos le han dado la espalda, alegando que se trata de agua pasada.
Pero si algo nos ha enseñado la experiencia, es que la historia se repite.
El ser humano, es el único animal que tropieza infinitas veces con la misma ambición.
En otras palabras, han cambiado las formas; ha cambiado el objeto de deseo... pero siguen habiendo colonizadores y colonizados.
Una tesis irrefutable; fácil de poner sobre la mesa, pero muy complicada de exponer con claridad.
En 2006, El Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por La Soberanía de Los Pueblos (MAS), ganó las elecciones, y Juan Evo Morales Ayma, fue elegido como Presidente de La República:
“El agua no puede ser un negocio privado, porque si se convierte en una mercancía, se estaría violando Los Derechos Humanos.
El recurso agua, debe ser un servicio público”
El nuevo Presidente, creó un Ministerio de Agua, y nombró como Primer Ministro de Agua, a un líder de las protestas en El Alto contra Aguas de Illimani.
Nombró como Vice-Ministro de Servicios Básicos, a Luis Sánchez-Gómez Cuquerella, un activista de la lucha contra la privatización en Cochabamba.
Así, el gobierno de Evo Morales, contempla una nueva ley de servicios de agua potable y alcantarillado sanitario, denominada “Agua para La Vida”
Como declaraba El Viceministro Réne Orellana, este nuevo marco jurídico, eliminaría El Sistema de Información Socioambiental de Bolivia (SISAB), y la sustituiría por un regulador desconcentrado.
Se eliminará la tasa de regulación y la figura jurídica de la concesión, y se introducirá una tarifa de electricidad para La Empresa Pública de Municipal de Servicios de Aguas (EPSA), que proveen agua y profundiza los derechos de los registros y licencias.
Y es que Evo Morales ha despertado interés en el mundo, por ser el primer mandatario de origen indígena en la historia de Bolivia, a lo que se suma su propuesta de realizar cambios radicales en las estructuras de variados ámbitos nacionales; también es destacable el que siga siendo al mismo tiempo presidente de Las Federaciones de Productores de Coca…
Luces y sombras…
En definitiva, También La Lluvia nos presenta pensamientos coherentes con la ideología cristiana originaria, que postula que todos los hombres son iguales a los ojos de Dios, que siempre ha sido pervertido a lo largo de la historia, a través de la idea de pertenencia a un pueblo elegido y superior.
Los paralelismos en la actualidad, son evidentes, aunque ahora las colonizaciones no se realizan a través de ejércitos, sino a través de las multinacionales.
Sería necesario adaptar el pensamiento humanista de Bartolomé de Las Casas a las circunstancias actuales, pues la pobreza y la falta de horizontes, son también duras formas de esclavitud.

“Ellos sólo quieren sobrevivir”



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