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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Der Zauberberg

“Es ist Liebe, nicht Vernunft, die stärker ist als der Tod”
(Es amor, no razón, que es más fuerte que la muerte)

La novela de formación o novela de aprendizaje, es un género literario que retrata la transición de la niñez a la vida adulta.
El término alemán original, “Bildungsroman”, significa literalmente “novela de formación” o “novela de educación”, y fue acuñado por el filólogo Johann Carl Simon Morgenstern, en 1819.
La temática de este tipo de novela, es la evolución y el desarrollo físico, moral, psicológico y social de un personaje, generalmente desde su infancia hasta la madurez; y en esa evolución se suelen diferenciar 3 etapas:
La primera es el aprendizaje de juventud, “Jugendlehre”; la segunda son los años de peregrinación o “Wanderjahre”; y por último, el perfeccionamiento o “Läuterung”
Convencionalmente se considera que el género surge dentro de la corriente del Romanticismo alemán con “Der Zauberberg”, traducida como “La Montaña Mágica”; una novela de Thomas Mann que se publicó en 1924, considerada la novela más importante de su autor, y un clásico de la literatura en lengua alemana del siglo XX, que ha sido traducido a numerosos idiomas.
Thomas Mann, fue un escritor alemán nacionalizado estadounidense, considerado uno de los escritores europeos más importantes de su generación, y es recordado por el profundo análisis crítico que desarrolló en torno al alma europea y alemana en la primera mitad del siglo XX.
Para ello, tomó como referencias principales a La Biblia y las ideas de Goethe, Freud, Nietzsche y Schopenhauer.
Thomas Mann comenzó a escribir esta novela en 1912, a raíz de una visita a su esposa, Katharina “Katia” Hedwig Pringsheim en El Sanatorio Wald de Davos, en el que se encontraba internada; y la concibió inicialmente como una novela corta, que fuese “la contrapartida humorística” de “Der Tod in Venedig” o “La Muerte en Venecia”, que había publicado en 1912, como una especie de drama satírico; pero el proyecto fue creciendo con el tiempo, hasta convertirse en una obra mucho más extensa; no obstante, el trabajo de Mann en la obra fue interrumpido por el estallido de La Primera Guerra Mundial; y lo retomó en 1920, aunque de forma discontinua.
Es importante tener en cuenta, que durante el proceso de creación de la novela, las opiniones políticas de Mann sufrieron una importante transformación.
Al estallar La Primera Guerra Mundial, apoyó explícitamente la causa belicista y el nacionalismo alemán con varias publicaciones; y publicó finalmente la novela, en 2 volúmenes, en otoño de 1924
La obra narra la estancia de su protagonista principal, el joven Hans Castorp, en un sanatorio de los Alpes suizos al que inicialmente había llegado únicamente como visitante.
Durante un tiempo considerable de 7 años, Hans pondrá en oposición a la medicina y su particular punto de vista sobre la fisiología humana, se enamorará y trabará relación con multitud de interesantes personajes, cada uno con su particular forma de ser, e ideología política.
A través de todo ello, Mann hace un repaso de la civilización europea contemporánea; cuya acción transcurre en un sanatorio de tuberculosos en Zauberberg, que recientemente ha sido noticia por su cierre definitivo, donde coinciden 2 primos de caracteres muy distintos.
Más que en los sucesos, el conocimiento con Clawdia Chauchat, o con una pareja de peculiares y enfrentados pensadores, los pequeños conflictos generados por la convivencia entre personajes de muy distinta procedencia, el goteo constante de fallecimientos, etc.; el interés de la novela reside en la perfecta reproducción de la vida interior, afectiva e intelectual, de la amplia galería de personajes que despliega Mann ante los ojos del lector, todos ellos perfectamente individualizados e interesantes por sí mismos.
A partir de ahí, las reflexiones sobre temas muy diversos que van desde la política hasta la estética, pasando por la naturaleza del tiempo, aportan una visión panorámica de la Europa de la época, con una profundidad realmente extraordinaria en la literatura de todos los tiempos.
Según declaraciones del propio Mann, el personaje de Castorp es una especie de “buscador del Grial”; es un personaje cuya principal característica es la avidez de conocimiento; y su personalidad es muy influenciable:
Ludovico Settembrini y Leo Naphta se disputan su alma como hacían Dios y El Diablo con el hombre en La Edad Media.
Castorp procede de la burguesía de Hamburgo, al igual que Mann procedía de una familia de comerciantes de Lübeck.
El medio social del que procede, determina en gran medida su actitud ante la vida, y hace que inicialmente se muestre hostil a las ideologías de signo radical, expuestas por Naphta o Settembrini.
Para Settembrini, él es un niño mimado por la vida; y Clawdia Chauchat lo considera un “joli bourgeois à la petite tache humide”
La elección del nombre por parte de Mann, no es casual:
Hans es uno de los nombres más usuales en Alemania, por lo que puede servir para representar al alemán típico.
Muchos cuentos populares alemanes, están protagonizados por un personaje con ese nombre; y se ha mencionado también, dado que Hans es la versión abreviada de Johannes, en español, “Juan”, que el nombre puede aludir también a San Juan Bautista, precursor de Cristo, o a San Juan Evangelista, autor del Cuarto Evangelio y del Apocalipsis.
Ludovico Settembrini, es uno de los personajes fundamentales de la novela:
Ejerce de mentor paternal de Castorp, y representa en cierto modo el sistema de valores de la burguesía, así como la afirmación vitalista del trabajo, la actividad creativa, y el progreso de la humanidad.
En este sentido, advierte a Castorp contra la atmósfera mórbida del sanatorio, y en particular, contra su atracción hacia la enfermiza Clawdia Chauchat, y le insta a llevar una vida activa en el mundo de “allá abajo”
El personaje de Settembrini está igualmente vinculado a la tradición humanística, y a los valores de la democracia y La Ilustración, con especial énfasis en la tolerancia y en los derechos humanos; pues se dedica a componer una “Enciclopedia del Sufrimiento”; y su pensamiento, no obstante, no está exento de contradicciones:
Él es defensor de la guerra cuando ésta tiene una causa nacionalista, se considera un patriota italiano, y es enemigo declarado del Imperio Austrohúngaro.
Su función de ilustrador, o, mejor aún, de iluminador de Castorp, se pone de relieve simbólicamente en algunos momentos.
Su admirado maestro, Carducci, ha escrito incluso un himno a Lucifer, otro “portador de la luz”, al que llama “la forza vindice della ragione”
Él mismo gusta de compararse con Prometeo, el personaje de la mitología griega que llevó el fuego, y, con él, la iluminación al género humano.
Su antagonista, Naphta, considera despectivamente a Settembrini un “Zivilisationsliterat” o “literato de la civilización”, como una caricatura de un cierto tipo de escritor francófilo, de ideología liberal.
Pero a medida que Mann fue desarrollando la novela, el personaje fue encarnando los valores de la democrática República de Weimar, a los que Mann se adhirió después de reconciliarse con su hermano en 1922.
Por este motivo se piensa que en gran medida, las ideas expresadas por Settembrini, son las del propio autor, especialmente en los últimos capítulos de la novela.
Además, la apariencia externa de Settembrini, está inspirada en la del compositor Ruggiero Leoncavallo, creador de la ópera “I Pagliacci”
Por otro lado, existió realmente un personaje llamado Luigi Settembrini, que fue un escritor y patriota italiano que participó activamente en la unificación de Italia.
Por su parte, Leo Naphta es un judío converso al catolicismo que ha ingresado en la orden jesuita, y que se restablece en Davos, por causa de su enfermedad pulmonar.
Es el antagonista de Settembrini, con el que se disputa la atención de Castorp; y simboliza los extremismos de ambos lados que existían en La República de Weimar, y que terminarían conduciendo a la implantación de un sistema totalitario.
Su pensamiento, nostálgico del orden medieval, mezcla elementos muy heterogéneos que proceden de ideologías como el anarquismo, el comunismo y el fascismo; maneja con enorme habilidad la dialéctica y la retórica, y es un sofista consumado.
Naphta se disputa con Settembrini, la educación de Castorp; y durante algún tiempo, Castorp parece dudar entre uno y otro, pero finalmente termina por decantarse por Settembrini.
Está claro que el personaje de Naphta no estaba previsto en el primer proyecto de la novela, sino que se incorporó posteriormente.
Como posibles modelos del personaje, se ha citado a Georg Lukács, León Trotski, e incluso Friedrich Nietzsche.
Es destacable el hecho de que el autor eligiese a un judío como personaje que defiende tesis totalitarias.
Clawdia Chauchat, es el único personaje femenino verdaderamente relevante de la obra, y encarna en la novela la atracción erótica.
El amor que Castorp siente por ella, no es la menos importante de las razones por las que termina prolongando su estancia en el sanatorio, y renunciando, por tanto, a la vida de “allá abajo”
Ella es el símbolo del deseo sensual que arrebata al héroe masculino sus energías positivas, por lo que sus modelos literarios pueden encontrarse tanto en la maga Circe de “La Odisea” como en las ninfas del Venusberg del “Tannhäuser” wagneriano.
Además de ser brevemente la amante de Castorp, tiene también relaciones con otros 2 personajes:
El médico jefe, doctor Hofrat Behrens; y Mynheer Peeperkorn.
Sus rasgos asiáticos son muy acentuados:
Para Settembrini, es una peligrosa encarnación de la lasitud asiática que aparta al occidental Castorp de su destino como hombre de acción.
Mientras a Castorp le recuerda a un antiguo compañero de escuela del que estuvo enamorado, Pribislav Hippe; de hecho, continúa viendo en ella a Hippe a lo largo de toda la novela.
El apellido francés de Clawdia, “Chauchat”, recuerda la expresión “chaud chat” o “gato cálido”
Behrens, de quien se insinúa que ha sido su amante durante un tiempo, la llama, en conversación con Castorp, “nuestra gatita”; y el narrador se refiere en varias ocasiones a sus “andares felinos”
El nombre puede estar relacionado también con el inglés “claw” o “garra”
Mann parece haberse basado para crear este personaje, en una enferma que conoció en el sanatorio en el que se encontraba internada su esposa, llamada Clawelia.
El personaje de Pieter Peeperkorn, que aparece sólo hacia el final de la novela, y cuya presencia en la misma es relativamente breve, es una de las figuras más sorprendentes de “Der Zauberberg”
Su personalidad fascina a Castorp, aunque Settembrini no ve en él más que “un viejo estúpido”
En cuanto a su apariencia física, el personaje está inspirado en Gerhart Hauptmann; y representa la capacidad de sentir y de gozar intensamente de la vida, en contraposición con el intelectualismo de Naphta y Settembrini; y ha sido considerado “una mezcla de Cristo y de Dionisio”
En uno de los pocos momentos en que es capaz de articular un discurso coherente, pues siempre deja a medias sus comentarios, expone así su visión de la vida:
“Nuestros sentimientos son la fuerza viril que despierta a la vida.
La vida duerme.
Quiere ser despertada para desposarse en la embriaguez con el divino sentimiento.
Porque el sentimiento, joven, es divino.
El hombre es divino en la medida en que es capaz de sentir.
Es el sentimiento de Dios.
Dios le ha creado para sentir a través de él.
El hombre no es más que el órgano mediante el cual, Dios se desposa con la vida, despierta y embriagada”
Pero su personalidad dionisíaca, no está exenta de rasgos caricaturescos; en cierto modo, su opuesto es el apolíneo Joachim Ziemßen; que los 2 terminan por morir en circunstancias poco agraciadas:
El primero por culpa de la enfermedad, y el segundo suicidándose, en tanto que el Castorp, equidistante de ambos, les sobrevive.
Joachim Ziemßen, es el primo de Castorp, al que éste acude a visitar al sanatorio, así como su principal amigo y confidente.
Aunque están estrechamente unidos, hasta el punto de que el médico jefe, Behrens, les da el sobrenombre de “Dioscuros”, existen muchas diferencias entre ellos:
Ziemßen encarna los valores militares, especialmente el sentido del deber, en tanto que Castorp es un civil, lo que para él supone no estar obligado a someterse a esta idea del deber.
Estas diferencias se proyectan también en sus muy distintas historias de amor:
Desde el inicio de la novela, Joachim está enamorado de la rusa Marusja, pero, a diferencia de Castorp con Clawdia Chauchat, es incapaz de darle a conocer sus sentimientos.
Mientras que Castorp opta por quedarse en el sanatorio, aun cuando se le considera ya curado; Ziemßen, sin completar su curación, lo abandona para seguir la carrera militar, ya que lo considera su deber.
Su decisión tiene un final trágico, ya que, a pesar de sus éxitos en el ejército, debe regresar al Sanatorio Berghof, y muere poco después.
Ziemßen destaca por la serena aceptación de su destino, que le granjea la admiración del resto de los personajes de la obra.
Las características de su personalidad son su determinación y su capacidad de aceptar el destino.
El personaje del Doctor Behrens, es el médico jefe del Sanatorio Internacional Berghof, está basado en el Dr. Friedrich Jessen, que trató a Katia, la esposa de Mann, durante su estancia en el Sanatorio Wald, y que diagnosticó un problema de pulmón a Mann durante su visita al sanatorio.
El personaje de la novela, es un hombre alto, huesudo, de cabello blanco, y ojos azules; un rasgo de su físico que le llama la atención a Castorp, es el color azul de sus mejillas.
Tiene el título de “consejero áulico”; y su esposa falleció de tuberculosis varios años atrás.
Es aficionado a la pintura; y algunos pacientes plantean la duda de si las largas estancias en el sanatorio que prescribe Behrens, no están motivadas, más que por causas médicas, por su propio interés económico.
Bromeando, Settembrini llama a Behrens “Radamante” el primer día que Castorp pasa en el sanatorio, y así es llamado en numerosas ocasiones a lo largo de la obra.
La figura del Doctor Edhin Krokovski, subordinado de Behrens, está inspirado en otro personaje real, Georg Groddeck, psicoanalista célebre por sus estudios de las enfermedades psicosomáticas, que impartía, en el sanatorio Marienhöhe de Baden-Baden, conferencias acerca de la relación entre el amor y la enfermedad con ideas muy semejantes a las que el doctor Krokovski expone en “Der Zauberberg”
Krokovski practica el psicoanálisis con varios internos, entre ellos, el propio Castorp, y hacia el final de la novela muestra un gran interés por el mundo de lo paranormal, llevando a cabo sesiones de espiritismo.
Un dato llamativo, es que viste siempre de negro.
La enfermera jefe, es Adriatica von Mylendonk, cuyo nombre tiene resonancias medievales, como señala Settembrini; y forma parte del personal del sanatorio también una camarera enana, llamada Emerencia.
Entre los huéspedes del sanatorio, algunos tienen una mayor relevancia, como la estúpida y pretenciosa Karoline Stöhr; Ferdinand Wehsal, enamorado platónico de Madame Chauchat por el que Castorp siente cierto desprecio; Marusja, la joven rusa a la que Ziemßen ama en secreto; el señor Albin, un enfermo incurable que habla a menudo de suicidarse, pero que sobrevive a muchos otros huéspedes; Ellen Brand, la joven danesa con aptitudes paranormales; la señorita Engelhart, compañera de mesa de Castorp, que se convierte en su confidente acerca de la relación de éste con Clawdia Chauchat; el ruso, Anton Karlovich Ferge, que se restablece sorprendentemente tras haber estado a las puertas de la muerte; la institutriz inglesa Miss Robinson; y muchos otros.
“Der Zauberberg” es en cierto sentido, una parodia del “Bildungsroman” o la novela de aprendizaje clásico alemán.
Al igual que los protagonistas de este género, Hans Castorp abandona la casa paterna y se encuentra, en El Sanatorio, con el arte, la política y el amor.
Sobre todo, a través de las conversaciones con sus mentores, Settembrini y Naphta, llega a conocer una serie de ideologías distintas.
Sin embargo, al contrario que en el “Bildungsroman” clásico, la educación en “Der Zauberberg” no convierte a Hans Castorp en un burgués diligente y seguro de sí mismo.
El proceso de desarrollo desemboca más bien en el vacío, en la tormenta de acero de La Primera Guerra Mundial, en el que toda individualidad se disuelve.
Sin embargo, en muchos personajes, como por ejemplo en Pieter Peeperkorn, también se han introducido elementos grotescos muy concretos, como su desmesurado apetito o su afición por el alcohol.
La obra, ha sido calificada de novela filosófica, porque, aunque se ajusta al molde genérico del “Bildungsroman”, introduce reflexiones sobre los temas más variados, tanto a cargo del narrador como de los personajes, especialmente Naphta y Settembrini, los encargados de la educación del protagonista.
Entre estos temas ocupa un lugar preponderante el del tiempo, hasta el punto de que el propio autor la calificó de “novela del tiempo” o “Zeitroman”, pero también se dedican muchas páginas a discutir sobre la enfermedad, la muerte, la estética o la política.
También la novela ha sido vista como un vasto fresco del decadente modo de vida de la burguesía europea en los años anteriores a La Primera Guerra Mundial.
La relación de la novela y su título, son múltiples y a diversos niveles:
“La Montaña Mágica” como lugar en donde desaparecen los raptados, es un motivo de la literatura alemana por lo menos desde “El Flautista de Hamelín”
En el relato “Das Marmorbild” o “La Estatua de Mármol” de Joseph von Eichendorff, se advierte desde el principio contra La Montaña Mágica, a la que se atrae a los jóvenes, y de donde nadie ha vuelto.
La historia misma, trata explícitamente el tema de la seducción de la decadencia en forma de la ruina de un castillo situada en una altura, en la que los sentidos, tanto el de la realidad como el del tiempo se confunden.
El escenario de los sucesos en la novela de Mann, El Sanatorio Berghof, se encuentra en la montaña no sólo de forma geográfica, sino que representa, al igual que una montaña real, un mundo herméticamente cerrado en sí mismo.
Este además, representa la antítesis del hogar de Castorp, la sobria, comercial y, en el caso de Joachim Ziemßen, mortal “tierra llana”
En la grotesca escena del carnaval, durante la que Castorp declara su amor a Madame Chauchat, El Sanatorio se convierte en “La Noche de Walpurgis”, y la montaña se convierte en el “Blocksberg”, donde, en la primera parte del “Fausto” de Goethe, se encuentran brujas y magos para celebrar una fiesta obscena e infernal.
Además, El Sanatorio recuerda al “Venusberg” o “Monte de Venus”, un tema conocido de la literatura alemana, entre otros, de la ópera de Richard Wagner, “Tannhäuser”, una especie de paraíso infernal, un lugar de lujuria y desenfreno.
Allí transcurre el tiempo de otra forma:
El visitante cree haber pasado sólo unas horas, pero, si consigue salir, han pasado 7 años…
También para Castorp se convierten las 3 semanas iniciales en El Sanatorio, en 7 años.
Las referencias a cuentos y mitología se encuentran en todo el libro:
Settembrini compara a los doctores Behrens y Krokovski, con los jueces de los muertos Minos y Radamante; y al Sanatorio Berghof, con El Reino de Las Sombras, en el que Hans Castorp está de paso como Ulises.
Más adelante, Settembrini le hace al protagonista una enigmática alusión, en la que se refiere veladamente al mito de Perséfone, también relacionado con el mundo de los muertos de la mitología griega.
Con el sueño de nieve, Thomas Mann retoma la narración mítica de la Nekya, o descenso de Odiseo al Hades, de “La Odisea”
Tras su vuelta del Hades, Hans Castorp es capaz de llegar temporalmente a profundas conclusiones.
Behrens, haciendo un juego de palabras con el apellido del protagonista, compara a los primos con los Dioscuros, Cástor y Pólux.
Settembrini se compara con Prometeo.
La inculta señora Stöhr, es un juego de palabras con “stöhren” o “molestar”; y trae a colación, aunque confundiéndolos, a Sísifo y Tántalo; Settembrini se burla de su error.
Las opíparas comidas para los enfermos, se comparan con el cuento “Tischlein-Deck-Dich”
La búsqueda obsesiva de Madame Chauchat por parte de la señora Engelhart, recuerda a la hija del Rey en Rumpelstiltskin.
Castorp, no sólo tiene nombre de cuento, Hans im Glück, o “Hans con suerte”, sino que comparte con el personaje su alegre inocencia.
Al final pierde, al igual que el personaje del cuento, el sueldo de 7 años.
Finalmente también hay que mencionar en relación a la historia, el tema de los 7 durmientes de Éfeso.
Incluso la venta del termómetro por la superiora, se convierte en un rito iniciático, con el que se admite a Castorp en la comunidad de iniciados que forman los habitantes; de hecho, el nombre de la enfermera jefe, Adriatica von Mylendonk, parece provenir de otro mundo.
“Estimado señor, aquí algunas cosas tienen un aire medieval”, opina Settembrini sobre el asunto.
Como un hilo conductor, la narración se extiende a lo largo de las 7 partes del libro la cifra mágica 7.
Castorp pasa 7 años en el sanatorio; el grotesco carnaval, uno de los puntos culminantes de la novela, ocurre 7 meses después de su llegada.
El 7 también aparece en el número de letras de los apellidos de los primos, en el número de mesas del comedor, así como en el número de la habitación de Castorp, cuyas cifras suman 7
El nombre de Settembrini, contiene la cifra en italiano “sette”
Joachim Ziemßen, muere a las 7
Cuando Mynheer Peeperkorn, en una ceremonia patética, decide suicidarse, hay 7 personas presentes.
La enfermedad y la muerte impregnan toda la novela.
Casi todos los protagonistas sufren, en diversos grados, de tuberculosis, lo que domina el ritmo diario, los pensamientos y las conversaciones:
“Sociedad Medio Pulmón”
También van muriendo pacientes a causa de la enfermedad, como Barbara Hujus, cuya patética muerte es relatada por Ziemßen a Castorp poco después de su llegada al sanatorio, y que se mantiene en la memoria del lector por la lóbrega escena del viático, o el primo Ziemßen, que se despide de la vida como un héroe antiguo.
En las conversaciones con Settembrini y Naphta, se discute el tema de la muerte a un nivel metafísico.
Aparte de las muertes por enfermedad, también hay 2 suicidios:
Peeperkorn y Naphta; antes de que la novela termine finalmente en una guerra asesina:
“La Fiesta Mundial de La Muerte”
Al igual que en otras novelas de la misma época, como “En Busca del Tiempo Perdido” de Marcel Proust, el tiempo constituye uno de los motivos centrales de “Der Zauberberg”; aunque los acontecimientos están narrados en el orden cronológico convencional, a excepción del Capítulo II, en que se vuelve atrás en el tiempo para informar de la vida anterior de Castorp; el ritmo de la narración no es uniforme, sino que va acelerándose progresivamente.
La obra, como era de esperar, está dividida en 7 capítulos, que cubren un período de 7 años:
La estancia de Castorp en el sanatorio.
Sin embargo, los primeros 5 capítulos, alrededor de la mitad de la novela, relatan con una minuciosidad rica en detalles, únicamente el primero de estos 7 años, ya que para el protagonista, es una época interesante y llena de novedades; y, en cambio, los 6 años restantes de permanencia de Castorp en El Sanatorio Internacional Berghof, se condensan en los 2 últimos capítulos de la obra, en los cuales, para el protagonista, la existencia resulta más monótona y rutinaria.
Esta asimetría de la novela en cuanto al tiempo tiene, por tanto, su principal razón en la percepción subjetiva del protagonista.
Ya desde el momento, en que Castorp llega por primera vez al sanatorio, su primo Joachim le advierte de que la percepción del tiempo entre los habitantes de la montaña, es considerablemente distinta de la que impera “allá abajo”
“Der Zauberberg” admite también una lectura política.
En este sentido, su publicación se produjo muy poco tiempo después de un importante viraje en las ideas políticas del autor, hasta entonces defensor del Imperio Alemán, al contrario que su hermano Heinrich, y que sólo desde 1922 se pronunció públicamente como favorable a La República de Weimar.
Así, la democracia occidental, está encarnada en la novela en el personaje de Settembrini, en tanto que Naphta refleja la tentación autoritaria.
Significativamente, ambos se baten en duelo al final de la novela, en vísperas de La Primera Guerra Mundial.
Con frecuencia, se ha interpretado el enfrentamiento, primero verbal y luego armado, entre ambos personajes, como la confrontación entre la democracia liberal y los totalitarismos que dominaría la escena política durante la década de 1930.
El vencedor moral del duelo es Settembrini, y Naphta opta por suicidarse.
Algunos intelectuales marxistas, como Lukács, sin embargo, admiraron “Der Zauberberg”; y consideraba a Mann como el último escritor burgués, y pensaba que su obra era un magnífico testimonio de la “desarticulación de la conciencia europea en manos del Capitalismo”
El personaje que en la novela encarna la atracción erótica, es el de Clawdia Chauchat, de quien Castorp se convierte primero en admirador platónico, y luego en amante.
No obstante, el tema del erotismo se encuentra a lo largo de toda la obra:
También Ziemßen y Wehsal son enamorados platónicos que, a diferencia de Castorp, no se atreven a dirigirse a sus respectivas amadas.
Por otro lado, las alusiones a encuentros eróticos entre internos en el sanatorio son relativamente frecuentes.
A lo largo de la novela, el tema del erotismo es a menudo tratado con ironía.
La declaración de amor que Castorp le hace a Madame Chauchat durante el carnaval, no está exenta de comicidad.
Las prendas de amor que Castorp y Clawdia intercambian cuando ella parte, son sus respectivas radiografías; y Castorp lleva siempre consigo la de Clawdia.
Más adelante, cuando Clawdia regresa acompañada de Peeperkorn, la admiración que ambos sienten por este último, no les impide reanudar su relación amorosa a sus espaldas, formando un curioso triángulo amoroso.
Aparece insinuado el tema de la bisexualidad, en cuanto que Hans Castorp, perdidamente enamorado de la rusa Clawdia Chauchat, busca en ella al mismo tiempo, el recuerdo de un antiguo compañero de escuela, Pribislav Hippe, por el que tuvo una adoración platónica, y al que ella se parece sorprendentemente.
Además, se siente fascinado, otra atracción veladamente homoerótica, por el cosmopolita Peeperkorn.
Cuando Castorp conoce a Clawdia Chauchat, se despierta en él, el recuerdo de su antiguo condiscípulo, Pribislav Hippe:
Primero tiene un extraño sueño, en el que, en el patio de su antiguo colegio, pide prestado un lápiz de modo fálico a Madame Chauchat.
El sueño le causa un extraño desasosiego, hasta que, algunos días después, recuerda la anécdota que lo inspiró:
Cuando tenía 13 años, sintió una particular adoración hacia un compañero de escuela, Pribislav Hippe, cuyos rasgos, especialmente la forma de los ojos, eran muy similares a los de Clawdia Chauchat.
Esta adoración, a la cual Castorp nunca dio un nombre concreto porque “estaba convencido de que algo tan íntimo como aquello debía guardarse de una vez por todas de las definiciones y de las clasificaciones” duró aproximadamente un año, durante el cual, Castorp guardó el secreto ante todo el mundo.
Sólo en una ocasión se atrevió a hablar directamente con Hippe, para pedirle prestado un lápiz, e intercambió con él unas pocas frases.
Esto fue para él, un acontecimiento importantísimo, hasta el punto de que guardó después durante todo un año las virutas del lápiz de Pribislav…
Algunos críticos, desde una lectura psicoanalítica, han querido ver en el lápiz de la historia, un símbolo del pene; y el episodio tiene un claro origen autobiográfico:
La bisexualidad de Thomas Mann es conocida, especialmente gracias al libro de Anthony Heilbut, “Thomas Mann: Eros and Literature” (1996), pero también a otras muchas referencias, y se sabe que muchas de sus obsesiones eróticas se reflejan en su obra.
En este caso, la atracción de Castorp por Pribislav Hippe, tiene muy probablemente su origen en su amor juvenil por un compañero de escuela, Willri Timpe.
No debe pasarse por alto, el posible componente homoerótico de la amistad entre Castorp y Settembrini, de la admiración que Castorp siente por Peeperkorn, o incluso de la tensa relación entre Naphta y Settembrini.
También puede verse una cierta atracción homosexual en el interés que la solterona señorita Engelhart siente por Clawdia Chauchat…
Como conclusión, podríamos decir que es prácticamente imposible expresar en unas líneas, la complejidad intelectual que hay en la novela.
Su extensión y la diversidad de sus ideas, dan para muchos días de debate, y no ofrece una verdad única, simplemente ofrece la verdad de Thomas Mann y su visión sobre un “desencanto con el mundo”, al que el modernismo intenta encontrar una salida; y como es frecuente en la obra de Thomas Mann, la música tiene en la novela un papel muy destacado.
Mann comenta también, cómo en la construcción de la obra utilizó frecuentemente el “leitmotiv” wagneriano “de acuerdo con los aspectos simbólicos de la música”
Desde la ópera “Aida” de Verdi; “El Preludio a la siesta de un fauno” de Debussy; las óperas “Carmen” de Bizet, y “Faust” de Gounod; y “Der Lindenbaum” de Schubert…
Sobre todo este último “lied” de Schubert le parece a Castorp el más perfecto ejemplo del anhelo de muerte romántico; como una alusión a su muerte inminente, al final de la novela, Castorp es presentado tarareando este tema mientras combate en una batalla.
El público recibió calurosamente la novela “Der Zauberberg”; sin embargo, el libro levantó ampollas en algunos contemporáneos que se vieron caricaturizados en el texto.
En círculos literarios profesionales, el libro tuvo un eco positivo; y se puede mencionar a Arthur Schnitzler, quien, a pesar de ser médico, no compartió las críticas de sus colegas contra la novela.
Mientras los nazis vituperaban “Der Zauberberg” como “elogio de la decadencia y difamación del heroísmo militar” que propagaban.
Por otra parte, la obra no aparecía en las listas negras del Ministerio de Propaganda de Goebbels.
En qué medida las obras de Thomas Mann se vieron afectadas por la quema de libros del 10 de mayo de 1933, se sigue discutiendo en la actualidad.
Tras La Segunda Guerra Mundial, Thomas Mann, y por tanto su obra principal, “Der Zauberberg”, fue cada vez más criticado como “autor burgués”; no obstante, se observa un renacer de la obra de Thomas Mann; y después de que la novela fuera considerada durante largo tiempo como “infilmable”, en 1981, el productor de cine, Franz Seitz, Jr., se atrevió a intentarlo bajo la dirección de Hans W. Geißendörfer.
“Toleranz wird zum Verbrechen, wenn sie auf das Böse angewandt wird”
(La tolerancia se convierte en un crimen cuando se aplica al mal)
Der Zauberberg es un drama alemán, del año 1982, escrito y dirigido por Hans W. Geißendörfer.
Protagonizado por Werner Eichhorn, Rod Steiger, Marie-France Pisier, Flavio Bucci, Christoph Eichhorn, Hans Christian Blech, Alexander Radszun, Margot Hielscher, Gudrun Gabriel, Ann Zacharias, Irm Hermann, Kurt Raab, Rolf Zacher, Charles Aznavour, entre otros.
Basado en la novela homónima de Thomas Mann, escrita en la década de 1910, y publicada en 1924, Der Zauberberg se presenta como una novela que intenta dar respuesta a la difícil relación del ser humano con el mundo que le rodea, un universo inabarcable y desconocido:
¿Qué es el tiempo?
¿Qué es la vida?
¿Qué es la muerte?
¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿Adónde vamos?
Preguntas eternas de difícil tarea donde se percibirá el pensamiento de Freud, Schopenhauer, Nietzsche, Goethe… figuras literarias que influyeron sensiblemente en el pensamiento de Thomas Mann; y que con “Der Zauberberg” (1924), alcanzaba la cumbre que lo haría merecedor del Premio Nobel en 1929.
Lo más curioso del caso, es que creemos que Thomas Mann sale bastante airoso, y ello es debido a la perfecta lógica con la que la novela desarrolla sus teorías a través de los debates, lecturas, discursos y reflexiones de sus personajes.
Thomas Mann sabe aprovecharse tanto de la tradición como de los tiempos en que vive, de los avances técnicos, físicos y del desarrollo de la psicología y el estudio de la mente de principios de siglo XX, para dar sentido y respuesta a las inquietudes de Hans Castorp, protagonista de la obra.
La coproducción germano-francesa-italiana del productor de cine de Munich, Franz Seitz, tiene una duración de 2 horas y media en el cine; así como más del doble en la versión de televisión de 3 partes.
El hotel, que fue construido en 1882, y fue la sede principal de la película, se encuentra en Leysin, en el cantón suizo de Vaud, sobre el lago de Ginebra.
Fue renovado entre 1991 y 2008, y desde entonces sirve como El Internado Leysin American School.
La trama sigue esencialmente la de la novela.
En 1907, Hans Castorp (Christoph Eichhorn), un joven de 23 años de edad, hijo del patricio de Hamburgo, recién graduado como ingeniero naval; visita a su primo enfermo de tuberculosis, Joachim Ziemßen (Alexander Radszun), en El Sanatorio Internacional Berghof, en el pueblo suizo de montaña de Davos, en Suiza.
Desde el principio, cuando Castorp es instalado en la habitación 34 donde una mujer falleciera recientemente; sexo, muerte y espiritualidad, van a tener un lugar de gran trascendencia entre los muchos sucesos que veremos transcurrir.
Allí, el joven se pierde cada vez más en el mórbido mundo del lugar pues, como advierte Ziemßen, es ese un lugar donde “se vive con un sentido del tiempo muy diferente al habitual”
Deseando mucho ser considerado un paciente como los demás, Hans logra sus fines, y se queda en el sanatorio durante... 7 años; incluso se enamora de la belleza de la provocativamente hermosa Clawdia Chauchat (Marie-France Pisier); y disfruta de la enfermedad dulce y decadente, aislado de los cambios dramáticos en las llanuras, y aprende de los masones:
Ludovico Settembrini (Flavio Bucci), un humanista secular; y de Leo Naphta (Charles Aznavour), un jesuita totalitario; y pierde cada vez más su forma, su actitud.
Después de todo, aunque no está realmente enfermo, permanece en el aislamiento del misterioso lugar durante 7 años, hasta que él y toda la sociedad de La Montaña Mágica, repentinamente pierden la realidad cuando finalmente es dado de alta en 1914, junto con todos los demás pacientes; es solo para sumergirse en los horrores de La Primera Guerra Mundial.
Der Zauberberg es una elaborada adaptación literaria de diversa calidad, que difumina las grandes hojas intercaladas del libro de la vida de Thomas Mann en favor del ajetreo y el bullicio superficial.
Sin embargo, solo quedan rastros del estudio de las constituciones europeas del alma y los problemas intelectuales en el primer cuarto del siglo XX.
Pero es notable, sobre todo, por la brillante actuación de los actores, y por el alto nivel de artesanía, vestuario, fotografía y dirección artística.
“Lachen ist ein Sonnenstrahl der Seele”
(La risa es un rayo de sol del alma)
Llevar a la pantalla, “Der Zauberberg”, no fue para nada un trabajo simple, sobre todo porque es una novela donde su mayor peso se asienta en los intensos debates de índole moral, filosófica, religiosa y política que se dan entre sus principales personajes, y son estas elucubraciones las que dejarán ajustadamente explicados sus posteriores comportamientos.
En la adaptación cinematográfica, el director se ve abocado a privilegiar la imagen por encima del discurso, y esto limita en forma notable la comprensión de algunas personalidades.
Por otra parte, y en aras de dar un toque novedoso y dinámico que motive la nueva propuesta, se hacen algunos cambios que, para quienes han tenido el privilegio de leer la novela, no suelen ser de fácil aceptación.
Hans W. Geißendörfer, es un director y guionista bastante capacitado para emprender la tarea de adaptar a Mann, y además de haber contado con un alto presupuesto que le permitió un diseño de producción admirable, pudo hacerse con un equipo técnico del más alto profesionalismo, y con un reparto internacional de primera línea.
El resultado fue un filme de 323 minutos, que se pasó por televisión en 3 episodios de poco más de hora y media, con una mediana aceptación por parte de un público que, en su mayoría, no había leído la extensa obra de Thomas Mann, y que quizás encontró la película demasiado delirante y compleja.
¿Y es esto cierto?
En cierta forma sí, porque hay aquí personajes bastante extrovertidos, y toda la trama funciona como una metáfora de la decadente burguesía europea de las primeras décadas del siglo XX.
La manipulación, el fanatismo, la apariencia, las carencias afectivas, y otros rasgos muy característicos de aquella clase social, se van deshilvanando en situaciones de los más variados tonos, dándonos la idea de que es una suerte de hospital medio desquiciado lo que, en definitiva, tenemos como continente y como sociedad.
Para Hans Castorp, alter ego de Thomas Mann, quien viviera una experiencia semejante cuando visitó a su esposa Katia Pringsheim durante su estadía en un hospital, aunque él se negó a quedarse ante la petición de que lo hiciera; El Sanatorio no solo le ofrece una sociedad en micro perfectamente delineada, sino que también pone a su alcance el amor por una bella extranjera… que le da la ocasión de experimentar una sólida amistad con su primo Ziemßen… de también una atracción prohibida por Pribislav Hippe, recuerdo de la real relación de Mann con William Timple; el joven a quien pide en préstamo un lápiz… y hasta le dará la oportunidad de exponer sus progresistas argumentos sobre la relación mente-cuerpo y enfermedad-toma de conciencia, en contraposición a la predominante y estrecha medicina alopática.
La clave de Der Zauberberg se centra en la lucha interna que se produce en Hans Castorp, al intentar compaginar en su estilo de vida y su ideario, 2 formas de ver la vida completamente diferentes, por las que se encuentra atraído:
Por una parte, la de la tradición que procede de La Edad Media, con los valores que conlleva ese mundo antiguo y ordenado.
Y por otra parte, la que surge a partir del Humanismo, La Ilustración y La Revolución Francesa que promovía la libertad y el individualismo.
Estos 2 mundos están representados en 2 personajes claves:
Naphta y Settembrini, un jesuita y un humanista.
A través de Settembrini, Hans se encuentra una realidad que ni siquiera se podía imaginar en el mundo en que nació, una visión diferente de su relación con el universo, algo que le obliga a replantear el código de valores que da sentido a su vida.
Por su parte, Naphta logra dar coherencia filosófica y teórica a los pensamientos originales de Hans Castorp, cuando éste más los ponía en duda.
Hans, asistirá a sus disquisiciones y a sus debates, al tiempo que intenta encajar ambas teorías, una búsqueda de un nuevo estado intelectual que aúne la tradición medieval con el humanismo y la ciencia.
Estos 2 hombres brillantes personificaron, con sus opiniones distantes y ferozmente humanas, la esencia de los miedos y terrores que asolaron al Viejo Continente en los prolegómenos de Las 2 Guerras Mundiales del siglo XX.
Pero por encima de todo, como concepto imprescindible de Der Zauberberg, tenemos al tiempo, que se va desarrollando para presentársenos como un elemento que va más allá del mero aspecto metronómico, para aparecer como algo flexible y moldeable.
De su definición dependen las diferencias entre las 2 ideas presentadas:
El tiempo finito será el que defiende Settembrini, aquel basado en la razón y en los hechos; un tiempo finito significa que la muerte es una parte más de la vida, y que cuando nos morimos, se acaba todo.
“Todo tiene su fin”
Y el tiempo infinito, es el que procede de las ideas de La Edad Media; el tiempo infinito de Dios, la eternidad y la muerte como paso a una nueva vida.
“La muerte no existe”
Este aspecto es refrendado por Naphta.
De esta forma, el tiempo aparece como elemento unificador, y nos lleva a reflexiones tales como:
¿Existe el tiempo si no hay movimiento?
¿Cuál es la relación entre tiempo y espacio?
¿Es el tiempo una forma de controlar a las personas?
¿Qué es la vida y qué es la muerte?
Hans, parece sano, y descubre que no lo está, por lo que debe ingresar y pasa 7 años, el ciclo de la iniciación, en el establecimiento, cambiando cada año de mesa, hasta ocupar las 7 del comedor.
Digamos de paso, que Hans es ingeniero, y sueña con construir navíos, a los que nunca abordará…
Educado para una larga vida de paz, el abrupto final le reserva la muerte en la guerra, una muerte a la que acude, incauto, cantando una canción amorosa de Schubert.
A lo largo de esos años, el enfermo se va afiebrando, y termina recuperando la salud.
Mientras tanto, le propinan una cantidad de lecciones enciclopédicas a cargo de sucesivos maestros, según exige el género de la novela pedagógica.
Una mujer lo ayuda a traducir su original fascinación por un compañerito de escuela, Hippe, en práctica sexual “correcta”, y lo inicia con la lección ya citada.
Hans, hijo de una familia sólidamente burguesa de Hamburgo, empieza por su cuenta a desbaratar la narración, al suprimir su sitio en la línea sucesoria que se ha ido grabando, por generaciones, en una bandeja de plata.
No tendrá hijos, de hecho, ninguno de los personajes del sanatorio los tiene, porque estamos ante un fin de raza, ante la clausura de una civilización, que disimula su agonía en una fiesta lujosa, ansiosa de apetitos, donde la fiebre lleva a la glotonería alimenticia y sexual, donde hay un griterío en que nadie se escucha ni entiende.
La perversión de la novela formativa, sigue con el tema que podríamos denominar de los maestros que se deslegitiman mutuamente.
Lo mismo ocurre en Der Zauberberg:
Settembrini, el intelectual laico y masónico del liberalismo, cosmopolita e internacionalista, concluye proclamando su patriotismo italiano.
Mientras Naphta, el judío convertido en jesuita, pesimista y partidario de un gobierno dictatorial, a la vez socialista y eclesiástico, que castiga la malvada condición humana por medio del terror, remata su doctrina proclamando la República Universal Cristiana, antes de pegarse un tiro en presencia de su contradictor.
El progreso indetenible y la repetición que lo anula, se enfrentan sin conciliarse pero concluyen en lo mismo.
Algo similar ocurre con el doctor Krokovski, que personifica a un psicoanalista que disimula su carácter de confesor por medio de una argumentación científica, en tanto expone la teoría romántica del amor como hermano de la enfermedad y de la muerte; y Peeperkorn, vitalista y dionisíaco, exultante afirmador de la vida como plétora de los sentidos, decide suicidarse.
Como película cumple bien sus desafíos.
Es largo, como el libro, y es discursivo, como el libro, pero también funciona de forma cinemática los decorados, la dirección concienzuda, y la elegante cámara de Michael Ballhaus, especialmente las escenas de exteriores.
El guión del director, resuelve el problema más acuciante de adaptar la novela, de cómo lidiar con los largos monólogos de Settembrini y otros, simplemente reduciéndolos a su esencia.
Sí, queda mucho por hacer, y realmente solo obtenemos una idea de lo que son los personajes locuaces, pero esta parece ser la mejor solución.
Hay mucho en la novela que se presta para un tratamiento de película.
Algunas fuentes nos dicen que no se escatimaron gastos para dar vida al Berghof Sanatorium, y esto ciertamente se muestra en la pantalla; pero el filme adolece de algunos excesos, quizás le sobren unas cuantas situaciones, pero en general, puede sentirse como una atractiva experiencia que motiva sin duda necesarias reflexiones; dejando bien plasmado un período histórico; donde el alma de la novela es el choque de ideas expresado en las incesantes discusiones entre Settembrini, el campeón de los valores ilustrados del humanismo, la democracia, la ciencia; y Naphta, que representa una creencia híper-ascética en la religión, la guerra , revolución, agitación social y el choque de Dios y El Diablo.
Más adelante, Peeperkorn presentará una tercera visión del hombre centrada en, digamos, los valores paganos:
Emocionalismo, naturalismo, no idealismo, y anti intelectualismo.
Quizás, inevitablemente y en detrimento de ella, la película hace caso omiso de todas estas grandes ideas, y lo más lamentable, no logra capturar la ferocidad de las batallas entre Settembrini y Naphta sobre el alma de Hans Castorp.
Esto hace ininteligible la confrontación culminante entre los 2 pedagogos en el campo nevado; y también se descuida por completo importantes temas subordinados, como:
El atractivo de la pasividad oriental simbolizada por la obsesión de Hans con la señora Chauchat y sus ojos “kirguises” o asiáticos; y ejemplificada por la sensación de atemporalidad que siente en el Berghof.
Este es otro tema sobre el cual Settembrini frecuentemente da clases al joven Hans.
De las actuaciones:
Marie-France Pisier como Clawdia Chauchat; Hans Christian Blech como El Dr. Behrens; Flavio Bucci como Dr. Ludovico Settembrini y otros tantos, bien, pero bien dignos de recordar.
Numerosos papeles menores están llenos de detalles finos por artistas excelentes:
El tío James Tienappel, el Dr. Krokowski, el primo Joachim Ziemßen, la devota Fräulein Engelhart, la histérica Marusja, todos vienen a la vida creíblemente.
En papeles importantes, Rod Steiger y Charles Aznavour tampoco inspiran críticas.
Steiger, apodado en alemán, como muchos otros, quizás de forma inesperada, evita exagerar su Mynheer Peeperkorn mientras captura las visiones sobredimensionadas del personaje.
Por último, la exquisita banda sonora de Jürgen Knieper evoca a Mahler, Wagner y Strauss, sin siquiera citarlos, y mejora el estado de ánimo de fin de siglo; en el uso de obras maestras que incluye:
“O Haupt voll Blut und Wunden” de Paul Gerhardt; “Un bel dì, vedremo”, aria de “Madame Butterfly” de Giacomo Puccini, interpretado por Flavio Bucci; “Marcha Nupcial” de Felix Mendelssohn; “Ein Mädchen voller Güte” y “Wenn ich ein Vöglein wär”, tradicionales alemanes; “Es ist ein Ros entsprungen” de Michael Praetorius, interpretado por el coro Schöneberger Sängerknaben; “Marcha Radetzky” de Johann Strauss I; “O Jesulein süss, o Jesulein mild” de Johann Sebastian Bach; “Ombra mai fù” de Georg Friedrich Händel; “Frühlingsstimmen” de Johann Strauss II; “Auf den Bergen wohnt die Freiheit”, canción tradicional bávara, interpretada por Christoph Eichhorn; “Les Anges dans nos campagnes”, canción tradicional francesa; “La Sonata para piano Nº 8” de Ludwig van Beethoven, 2º movimiento, Adagio cantábile; “Morgenblätter” de Johann Strauss II; y finalmente, “Der Lindenbaum” extracto del “Voyage d'hiver” de Franz Schubert.
“Es gibt so viele verschiedene Arten von Dummheit, und Klugheit ist eine der schlimmsten”
(Hay tantos tipos diferentes de estupidez, y la inteligencia es una de las peores)
El influjo de Nietzsche en Thomas Mann es fácilmente detectable a lo largo de toda su obra, especialmente en lo referente a las ideas de Nietzsche sobre la decadencia y las relaciones entre enfermedad y creatividad.
Las 2 primeras contribuirían a remediar la osificación a que había llegado la tradicional civilización de occidente; y de esta manera, la superación a que alude Mann en la introducción de “Der Zauberberg”, y la apertura a un mundo nuevo de posibilidades que se abren ante su protagonista, el joven Hans Castorp, se producen en un contexto, en efecto, de enfermedad, como es un sanatorio de montaña.
Su trabajo, es el registro de una conciencia vitalista abierta a múltiples posibilidades, es decir, que expone muy bien las tensiones inherentes a la más o menos fructífera contemplación de dichas posibilidades.
El individuo puede idear toda clase de objetivos personales, de fines, de esperanzas, de perspectivas, de los cuales saca un impulso para los grandes esfuerzos de su actividad; pero cuando lo impersonal que le rodea, cuando la época misma, a pesar de su agitación, está falta de objetivos y de esperanzas, cuando a la pregunta planteada, consciente o inconscientemente, pero al fin planteada de alguna manera, sobre el sentido supremo más allá de lo personal y de lo incondicionado, de todo esfuerzo y de toda actividad, se responde con el silencio del vacío, este estado de cosas paralizará justamente los esfuerzos de un carácter recto, y esta influencia, más allá del alma y de la moral, se extenderá hasta la parte física y orgánica del individuo.
Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable que rebase la medida de lo que comúnmente se practica, sin que la época pueda dar una contestación satisfactoria a la pregunta:
¿Para qué?
Es preciso un aislamiento y una pureza moral que son raros, y una naturaleza heroica o de vitalidad particularmente robusta.
Hans Castorp, no poseía ni lo uno ni lo otro, no era, por tanto, más que un hombre; un hombre, en uno de sus sentidos más honrosos.
Basta con ver la adaptación al cine de “Der Zauberberg” de 1982, para comprobar hasta qué punto, esos personajes tan elocuentes y habladores, resultan ser destinos de carne y hueso.
Son, como la vida misma, conformación y reformación continua, misterio de la presencia y del día a día, tiempo llamado por la muerte, calor y humedad, eso en lo que estamos, sin poder escindirnos de él, y que podemos apenas nombrar sin definir.
Una “montaña mágica” que es como el atanor del alquimista, que es como el pulmón del tísico, que es como la oquedad materna, que es como el monumento funerario donde una biografía se vuelve nombre, y el tiempo tropieza ante un fallo de la memoria.

“Es ist bemerkenswert, wie ein Mensch seine Gedanken nicht einmal auf die allgemeinste Art zusammenfassen kann, ohne sich selbst völlig zu verraten, ohne sich ganz darauf zu konzentrieren, wie in einer Allegorie die grundlegenden Themen und Probleme seines Lebens darstellend”
(Es notable cómo un hombre no puede resumir sus pensamientos ni siquiera de la manera más general sin traicionarse a sí mismo por completo, sin dedicarse completamente a ello, sin darse cuenta, presentando como alegoría los temas y problemas básicos de su vida)



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