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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Dr. Mabuse, der Spieler

“Dieser Mann, der Feind, den ich verfolge, ich weiß nicht, wer er ist.
Ich weiß nur, dass er existiert”
(Este hombre, el enemigo al que persigo, no sé quién es.
Solo sé que él existe)

Los genios criminales no nacen con James Bond en los 60; provienen de antigua data, entre finales del siglo XIX, y principios del siglo XX.
Sin ir más lejos, el profesor Moriarty, archienemigo de Sherlock Holmes en las novelas de Sir Arthur Conan Doyle, es un antiguo antecesor fácilmente reconocible; y entre la literatura de principios de siglo, puede encontrarse a Fu Manchú y a Fantômas; particularmente con estos 2 personajes, se iría moldeando el perfil del cerebro criminal moderno, uso de la tecnología más avanzada para obtener sus fines, ansias de dominar el mundo, despiadados métodos para concretar sus planes, inteligencia superior a la normal, etc.
El Doctor Mabuse, de quien nunca sabremos su nombre completo, es un personaje ficticio, creado por el escritor luxemburgués, Norbert Jacques, cuyo título original de la novela era “Dr. Mabuse, der Spieler” (1921), que, siendo desconocida por aquel entonces, pasó a ser un número uno de ventas, a raíz de la película homónima dirigida por Fritz Lang.
Toda su obra, la ha escrito en idioma alemán; y esta trata sobre el trasfondo de la Alemania de la post guerra, la época de La República de Weimar, la extrema pobreza y la hiperinflación; pues Jacques concibe la posibilidad del surgimiento de un genio criminal, cuyo poder se basa en la hipnosis y el control de los seres humanos.
Por su parte, los hermanos Ullstein, dueños del Berliner, entraron en tratativas con el estudio alemán UFA, para llevar el personaje al cine.
En la UFA trabajaban Fritz Lang y Thea von Harbou, quienes pronto terminarían atados al proyecto.
Sin embargo, Mabuse parece ser un personaje ficticio, lleno de carisma, y que va íntimamente unido a la mitología europea del siglo XX; es un  hombre enigmático, de naturaleza despiadada, que odia y desprecia a la humanidad, con poderes sobrenaturales para la hipnosis y la manipulación psicológica de sus víctimas.
Le devora una ambición desmedida por dominar, someter, controlar y eliminar los estorbos, pasando por encima y asesinando a quien oponga resistencia, o a los que catalogan como demasiado insignificantes para merecer la vida.
El doctor Mabuse posee grandes habilidades para el disfraz, al igual que Fantômas, personaje literario protagonista, archivillano, y mente criminal creado en la misma época en Francia, por Pierre Souvestre y Marcel Allain; además de ser una de sus propiedades más acusadas, la telepatía y la hipnosis, conocida por emplear la transferencia corporal, la mayoría de las veces a través de la posesión demoníaca, pero a veces utilizando tecnologías de objetos como la televisión o las máquinas fonográficas para construir una sociedad del crimen.
Pero Mabuse, rara vez comete sus crímenes en persona, en cambio opera principalmente a través de una red de agentes que promulgan sus planes.
Al contrario que otros seres de ficción como Fu Manchú, que cometen sus crímenes mediante una red de colaboradores y agentes, Mabuse actúa en persona, ayudado por criminales que le siguen debido a un conjunto de deseos, temores, hipnosis, carisma, manipulación, etc., hasta inocentes chantajeados o hipnotizados para cooperar, estafadores manipulados tan exitosamente que no se dan cuenta de que están haciendo exactamente lo que Mabuse planeó para ellos.
Él es un hombre brillante, por ejemplo, puede controlar mentalmente a alguien, aun estando de espaldas…
Allí reside el elemento fantástico de la trama; pero las explicaciones sobre las motivaciones de Mabuse son muy vagas.
Sabemos que se cree un ser superior, y que disfruta de jugar con las mentes de los más débiles; también sabemos que acapara enormes fortunas de dinero con el juego, pero desconocemos su propósito.
Quizás ocurra en filmes posteriores, pero al menos en esta primera película, no es un genio criminal en el sentido megalómano de controlar o destruir el mundo.
Funciona más como un mafioso con poderes telepáticos, que como una amenaza pública, o como un anarquista.
En todo caso, sus motivaciones son narcisistas:
Controlar débiles y explotarlos, y demostrar su superioridad.
Pero no existe un ansia de poder sobre multitudes, sino que sus motivos son más modestos.
Una de las características de los actos criminales de Mabuse, es la minuciosidad de los planes, alguna vez llegan a ser con puntualidad de una décima de segundo.
Su plan último, consiste en hacerse los amos y señores del mundo, e instaurar su régimen de terror, sirviéndose de sus vasallos, los cuales han de obedecerle incondicionalmente, a lo que contribuye el don persuasivo y coaccionador del líder.
El objetivo final, es borrar de la faz de La Tierra a todos los disidentes y los que no entran en la categoría de raza superior.
El líder jamás establece relaciones de igualdad.
A su alrededor, todas las personas sin excepción, están muy abajo en la jerarquía; por lo que sus secuaces son herramientas prescindibles, que usa como medios para conseguir sus fines.
Cuando dejan de serle útiles, fallan o se rebelan, se deshace de ellos.
Tampoco tiene facultades para amar…
Lo más que siente, es deseo de posesión, el capricho morboso de hacer suyas las voluntades, de rendir por la fuerza, o por su implacable poder para convertir a los demás en peleles.
Cuando desea a una mujer, por ejemplo, la consigue a cualquier precio, y su máxima satisfacción íntima, es arrastrarla por el fango, pero no saboreará la plenitud hasta que ella ame el fango que traga, hasta que adore la mano que la estrangula.
Para el monstruo, tiene que ser algo similar a una sensación orgásmica ver, cómo ella cae en lo más bajo por él, cómo besa la mano de su torturador y asesino.
Ya tiene a su autómata perfecta, a su seguidora más leal.
Al tirano, le atraen los retos, claro; las misiones fáciles, no lo seducen.
Planifica los cometidos más retorcidos y enrevesados, sólo por placer, por puro juego, para probar su inteligencia, y para despistar a la policía, burlándose de las autoridades.
Le gusta abatir una voluntad fuerte, una inteligencia aguda, o una valentía firme.
Se regocija por dentro, cuando alguien le planta cara, pero no por respeto hacia su adversario, sino porque su vanidad se alimenta vorazmente cuando lo derrota.
La identidad de Mabuse, a menudo cambia; un Dr. Mabuse puede ser derrotado y enviado a un asilo, la cárcel o la tumba, solo para que aparezca un nuevo Dr. Mabuse.
El reemplazo, invariablemente tiene los mismos métodos, los mismos poderes de hipnosis, y el mismo genio criminal.
Incluso hay sugerencias en algunas entregas de la serie, que el verdadero Mabuse es una especie de espíritu que posee una serie de anfitriones.
Así pues, el autor que dio fama a las aventuras del Doctor Mabuse, fue el director de cine austriaco, Fritz Lang, en 3 películas rodadas para la UFA.
Después de los grandes éxitos de la novela y la película, el escritor pasó casi una década antes de que se hiciera algo más con el personaje.
Jacques, había estado trabajando en una secuela de la novela, llamada Mabuse's Colony, en la que Mabuse murió, y un grupo de sus devotos están comenzando una colonia en la isla, sobre la base de los principios descritos por el manifiesto de Mabuse.
Sin embargo, la novela estaba inacabada…
Después de conversaciones con Lang y Thea von Harbou, Jacques accedió a suspender la novela, y la continuación se convirtió en la película de 1933, “Das Testament des Dr. Mabuse”, en la que el Mabuse de 1920, todavía interpretado por Rudolf Klein-Rogge, es un recluso enloquecido, que vive en un asilo, pero desde hace algún tiempo ha estado escribiendo obsesivamente planes meticulosos para el crimen y el terrorismo, planes que están siendo realizados por una pandilla de delincuentes fuera del asilo, quienes reciben sus órdenes de una persona que se identificó con ellos solo como el Dr. Mabuse.
La trilogía de Mabuse de Fritz Lang, la compone entonces:
“Dr. Mabuse, der Spieler - Ein Bild der Zeit” (1922), “Das Testament des Dr. Mabuse” (1932), y “Die Tausend Augen des Dr. Mabuse” (1960)
En total, la serie consta de 10 entregas, colocándose como una de las franquicias más extensas y repletas de influencias para el cine que se vendría más tarde; por lo que posteriormente hubo multitud de versiones filmográficas sobre las aventuras de este personaje en otros países europeos; y a diferencia de las cintas de Hollywood de gánsteres de los años 30, donde el mafioso es un marginal que quiere enriquecerse al mismo tiempo que vengarse del Estado y las instituciones comerciales que son responsables de su condición, por La Gran Depresión económica del 29; Mabuse es un burgués, que tiene la arrogancia de un “Padrino” como Tony Montana de Scarface, pero que desprecia a la humanidad desde su palco de intelectual.
En ese sentido, un psicópata mucho más parecido a Hannibal Lecter, que a Hitler; porque Mabuse es el retrato premonitorio de la maldad en esencia, sin contrapesos morales o éticos, que pocos años después accedería al poder en Alemania, y obligó al propio Lang a huir en 1933.
“Das ist Staatsanwalt von Wenk!
Dr. Mabuse, ich bitte Sie, keinen Widerstand gegen die staatlichen Behörden zu leisten und sich zu stellen”
(¡Este es El Fiscal von Wenk!
Dr. Mabuse, le pido que no ofrezca resistencia contra las autoridades estatales y que se entregue)
Dr. Mabuse, der Spieler es un drama de suspense, del año 1922, dirigido por Fritz Lang.
Protagonizado por Rudolf Klein-Rogge, Alfred Abel, Aud Egede Nissen, Bernhard Goetzke, Paul Richter, Gertrude Welcker, entre otros.
El guión es de Fritz Lang y Thea von Harbou, quien tradujo la novela a la pantalla; siendo un rotundo éxito, y al tiempo, la UFA insistiría en que Lang retome el personaje; pero este fue el primer film de la serie que Fritz Lang dedicó a Mabuse, una película muda, que será seguida por las secuelas sonoras:
“Das Testament des Dr. Mabuse” (1932) y “Die Tausend Augen des Dr. Mabuse” (1960)
Escrito como una metáfora anti nazi, Lang terminaría escapando de Alemania con los rollos del film bajo el brazo; mientras Thea von Harbou quedaría en tierras germanas, siempre fiel al régimen nacionalsocialista.
Dr. Mabuse, der Spieler, tiene una duración aproximada de 4 horas, y para facilitar su exhibición, fue dividida en 2 partes, lanzadas originalmente con 1 mes de diferencia:
“Der große Spieler: Ein Bild der Zeit” o “El Gran Jugador: Una Imagen del Tiempo”; donde el criminal sería apresado e internado en un manicomio, aunque seguiría manejando los hilos de la institución e intentando dominar al mundo; e “Inferno: Ein Spiel von Menschen unserer Zeit” o “Infierno: Un Juego para La Gente de Nuestra Época, que sigue un esquema similar a los seriales de los años 30 y 40, con diálogos muy rápidos, esquemas diabólicos, e imaginación delirante al tope.
Aquí, Mabuse se vale de todo tipo de tecnología moderna:
Cámaras ocultas de TV, rifles de dardos, bóvedas selladas electrónicamente, y de sus clásicos trucos, la hipnosis y la telepatía.
Esta separación en 2 del filme, corresponde más a una costumbre de la época y a una necesidad por metraje, que realmente a una necesidad argumental.
Cabe destacar también, el montaje lineal y seguido, que es dividido en varios actos, como si de una obra de teatro se tratase.
En las 2 partes se mezclan la acción policiaca, el drama, el amor, y todo ello con muy pocos textos sobre la pantalla negra, muchísimas escenas en las que los personajes no hablan, interpretan con expresiones crueles y atormentadas, no es necesario que hablen; cámaras quietas que captan cantidad de cosas, planos pegados a la cara sin chocar, etc.
En Dr. Mabuse, der Spieler, todos los personajes sufren excepto el chiflado del Dr.
El título, “Dr. Mabuse, der Spieler”, utiliza 3 significados del alemán “Der Spieler”, que puede significar:
Jugador, titiritero o actor.
El personaje del Dr. Mabuse, que se disfraza a sí mismo, manipula personas, y es un jugador notorio, encarna todos los sentidos de la palabra; por tanto, “El Jugador” podría ser una traducción más apropiada del título.
Lang, crea un criminal sin escrúpulos, una especie de mago de marionetas, que mueve a la sociedad a su antojo, utiliza para ello, todos los medios posibles, y no repara en consecuencias.
Todas estas cualidades, caracterizan a un personaje con un carácter fuerte y decidido, conferido por un desequilibrio mental, que será finalmente la perdición del doctor.
Como curiosidad, fue durante la producción de esta película, que Lang y von Harbou comenzaron su aventura que finalmente resultaría en su matrimonio.
Aunque von Harbou estaba casada con el actor que de Mabuse, Rudolf Klein-Rogge en ese momento, su separación fue amistosa, y no creó ningún problema para la película.
El filme se desarrolla en época de profunda crisis Alemana:
Destrucción material, pobreza absoluta, altísima inflación, escasez de alimentos… donde, las bajas inclinaciones, brotan a todos los niveles como consecuencia de estos efectos heredados de La Primera Guerra Mundial, y lo cual sería uno de los temas básicos de La Escuela Expresionista en la que el sufrimiento ocupa siempre un espacio protagónico.
De hecho, se abrió en Alemania una época de profunda desesperación, de histeria, de cinismo, de vicio desbocado, la pobreza más desgarradora iba de la mano de la riqueza más ostentosa; y en Berlín se acuñó la palabra “Raffke”, que aludía a la acumulación de dinero.
La atmósfera de los años 20, tenía así una predisposición por la sugestión, el espiritismo y las emociones fuertes.
Terminada la guerra, la gente de buena alcurnia optó por el desenfreno.
Y El Dr. Mabuse era una especie de Lucifer que quiere acabar con todos ellos.
Sus subordinados le temen por creerle una encarnación del mal.
La historia sigue pues al Dr. Mabuse (Rudolf Klein-Rogge) y su organización de criminales, que están en el proceso de completar su último golpe:
Un robo de información que permitirá a Mabuse, obtener grandes ganancias en la bolsa de valores.
Después, Mabuse se disfraza, y asiste al espectáculo de “Folies Bergères”, donde Cara Carozza (Aud Egede-Nissen), la principal atracción del espectáculo, le pasa información sobre la próxima víctima prevista de Mabuse:
El joven millonario, Edgar Hull (Paul Richter)
Mabuse, luego utiliza la manipulación psíquica para atraer a Hull a un juego de cartas donde pierde mucho dinero.
Cuando el comisionado de policía, Norbert von Wenk (Bernhard Goetzke) comienza una investigación sobre este misterioso aluvión de crímenes, tiene poco que hacer, y necesita encontrar a alguien que pueda ayudarlo; porque El Doctor Mabuse es un villano que no se siente atraído por los bienes materiales, sino por el placer que le proporciona jugar con el destino de los hombres.
La fuerza de Mabuse, se basa en buena medida en sus poderes hipnóticos, y muy vagamente, en las teorías freudianas del subconsciente, de forma que controla la mente de sus víctimas, enamorando a las mujeres, y manipulando a los hombres en provecho propio.
La historia está fragmentada en 2:
I. Der große Spieler: Ein Bild der Zeit:
El Doctor Mabuse es un genio del crimen que se sirve de sus poderes hipnóticos; y roba un importarte contrato comercial entre Holanda y Suiza, que le sirve para hacer bajar las cotizaciones de La Bolsa, y apoderarse de una enorme fortuna.
Después sigue con su especialidad:
Participa en partidas de cartas clandestinas, en las que gana al resto de jugadores, hipnotizándoles.
El joven Edgard Hull, una de sus víctimas, pide ayuda al Fiscal von Wenck, que inicia las investigaciones.
Mabuse, no duda en obligar a su amante, Cara, a que seduzca a Hull...
Durante una redada en un casino clandestino, Hull es asesinado, y Cara detenida por la policía.
Mabuse, por su parte, asiste a una fiesta en casa de Los Condes Told, hipnotiza a su anfitrión para que haga trampas, y secuestra a su esposa.
II. Inferno: Ein Spiel von Menschen unserer Zeit:
Cara, instigada por uno de los hombres de Mabuse, se suicida en la celda tomando un frasco de veneno.
El Conde Graf Told (Alfred Abel), pide ayuda a Wenck, y comete el error de llamar a Mabuse, cuya tapadera social es la de un psicoanalista, para que le trate medicamente, pero Told va enloqueciendo mientras Wenck estrecha el círculo en torno a Mabuse y su banda.
Told, que no sabe nada del verdadero paradero de su esposa, se suicida al creer que le encerrarán en un manicomio.
Mabuse consigue escapar del asalto a su mansión por el ejército, y la policía.
Spoerri (Robert Forster-Larrinaga), uno de sus hombres, le confiesa a Wenck que puede estar escondido en el tugurio donde falsifican moneda.
Cuando irrumpen en el lugar, Mabuse es un ser enloquecido, consecuencia de los fantasmas de sus víctimas.
Las 2 partes del film, aunque orgánicamente sólidas, difieren:
En la primera parte, Mabuse se maneja a su antojo, domina a placer, las personas son marionetas movidos sus hilos por él; y en la segunda parte, la paranoia de Mabuse se acrecienta, su temor a ser descubierto, le hace ir acabando con su gente, asimismo entra en juego una de las constantes en las obras escritas entre Lang y von Harbou, de cómo la obsesión amorosa, la lujuria, y la pasión, pueden ser el peor enemigo para la sed de poder; de cómo aquello que amas te esclaviza y puede romper tus ansias de individualidad egoísta-narcisista.
Con impecable ritmo, un sentido del relato ágil, el gusto por los detalles y la elegante puesta en escena, Lang compone un entretenidísimo relato de los bajos fondos con numerosas peripecias y acontecimientos a la que se añade la implacable persecución del fiscal von Wenk al estilo del cine negro; y combina drama, fantasía y cine puramente policíaco, en el que, pese a lo que se diga, la huella del expresionismo es muy menor:
“¿El expresionismo?
Me parece un juego”, dirá uno de sus personajes.
De hecho la película, como buena parte de la cinematografía del primer tercio del siglo XX, es mucho más heredera de una narrativa victoriana al estilo Sherlock Holmes.
Y la segunda parte es menos narrativa que la primera, y se centra más en el melodrama y en la progresiva debilidad de Mabuse, preso por primera vez de sentimientos lo que acabará por destruirle.
En definitiva, es un deslumbrante clásico del cine mudo, de uno de los directores más grandes e influyentes de la historia; que constituyó uno de los éxitos más importantes de su filmografía, lo que le otorgó carta blanca para realizar las superproducciones:
“Die Nibelungen” (1924) y “Metropolis” (1927); uno de los films alemanes más exportables de la época, que definió de forma más disimulada el estado latente de la Alemania de entreguerras.
Por su parte, Rudolf Klein-Rogge, el excelente actor encargado de dar vida a Mabuse, dijo del personaje:
“Es el revelador de una Europa en desintegración, provista de todos los conocimientos, y de todos los descubrimientos peligrosos de la civilización producidos por su continente.
Mabuse se rebela conscientemente para abrir una brecha en la uniformidad moral de su época, más que para desear un provecho material.
Quiere ser motor, creador de la destrucción.
En una palabra, desea lo que en nuestra época ha pasado del individuo a la colectividad:
El poder.
Es un romántico del mal.
Pero de hecho, no es un verdadero romántico”, dijo.
“Es gibt keine Liebe.
Es gibt nur Verlangen!
Es gibt kein Glück.
Es gibt nur den Willen zur Macht!”
(No hay amor.
¡Solo hay deseo!
No hay felicidad.
¡Solo existe la voluntad de poder!)
Admirada por medio mundo, calificada de obra maestra, y asumida como uno de los grandes modelos de villanos cinematográficos de todos los tiempos; estamos ante una de las obras más influyentes de la historia del expresionismo alemán y del cine de suspenso en general.
Dr. Mabuse, der Spieler es lo mejor que se puede encontrar en esta etapa del cine mudo, de principios de los 20; una película que lo tiene todo, y logra enganchar de una forma en la que no llegas a darte cuenta de la duración que tiene.
Esta es la mejor creación de la historia, que se sucede desde 1895, cuando los hermanos franceses que inventaron el cine, El Séptimo Arte, ese que tantas maravillas hizo ver a nuestros ojos, originalidad, innovación y auténticos maestros detrás de las cámaras, que son parte de la rica historia que hay en este arte que tanto amamos.
El Séptimo Arte se desarrolló, y fue mejorando más y más, gracias a otro grande como George Méliès, un revolucionario no solo del cine de ciencia ficción, sino también del cine en general.
En esta mejoría, tuvo mucho que ver La República Federal de Alemania, que fue fundamental para el crecimiento, sobre todo cuando se da el movimiento del expresionismo alemán en el cine, que se inicia por 1920, con el clásico “Das Cabinet des Dr. Caligari” (1920) de Robert Wiene, un nombre importante en la industria de ese momento.
El cine, ya era mundialmente popular, aún más gracias a los filmes del divertido Charles Chaplin, que alimentaba el género humorístico; pero volviendo al expresionismo alemán, surgían más nombres similares en importancia, o más que el de Robert Wiene, que probaban suerte en lo que era el futuro de la industria buena, Alemania, por lo que podemos mencionar a:
Georg Wilhelm Pabst de La República Checa; Paul Wegener de Polonia; Friedrich Murnau de Alemania; y Fritz Lang de Austria, entre otros tantos que son los que brindaron la mayor parte de la influencia del género fantástico.
Entonces, el expresionismo alemán, fue el mejor movimiento que pudo atravesar el cine fantástico de terror y suspenso, con la creación del oscuro y terrorífico personaje Caligari, influencio a unos cuantos artistas, entre ellos, al escritor novelista, Norbert Jacques, que de su mente creó al Doctor Mabuse con clara influencia de Caligari; una novela que salió a la venta en 1921, y recibió poca aprobación, pero con motivo del estreno de la adaptación cinematográfica, se movilizo bastante, algo habitual a lo que sucede normalmente ahora, y rápidamente se transformó en “best seller”
Jacques, era un francés nacionalizado alemán, que comenzó a publicar la novela de manera serial en un diario berlinés, y pronto se convirtió en un suceso; tanto que vendió los derechos de su libro a Fritz Lang, un voluntario de La Primera Guerra Mundial en el ejército austrohúngaro, que había iniciado su carrera como director en Alemania, hace un tiempo atrás, en 1919.
Entra el matrimonio de Fritz Lang y Thea von Harbou, destacados director y guionista respectivamente de la cinematografía alemana, pusieron manos a la obra para adaptarla.
El resultado es este monstruo de 3 horas y media; 4 horas y media en el metraje más completo que se ha reconstruido, que obtuvo gran repercusión a pesar de lo monumental de su duración; el guión delinea brillantemente al protagonista, así como la decadencia moral e infelicidad nihilista de la aristocracia, en un film que intenta reflejar la decadencia de La República de Weimar de Alemania, que nació tras perder La Gran Guerra, un mundo partido en 2, donde convivían la opulencia de una aristocracia marchita, con sus vicios, clubs nocturnos, la prostitución, las drogas, su infelicidad existencial, con la pobreza más pusilánime, provocando constantes revueltas obreras, exponiendo un clima de tensión e incertidumbre, sin referentes morales, un universo envuelto en el nihilismo, donde un gran criminal puede sacar beneficio.
Una cinta en la que se critica la codicia del capitalismo, reflejado en el espléndido tramo de todo lo referente a como Mabuse juega con el temor de los inversores en su beneficio, precursor de lo que pasará en 1929 con El Crack, arremete asimismo contra la fatuidad de las clases altas, de una aristocracia débil, que tras su velo de lujo y bacanales hedonistas, se esconde una enorme nada, navegando sin rumbo por un mar de frivolidad, quedando una clase pudiente distorsionada por la corrupción moral y las más bajas pasiones.
Lang pronosticaba con Dr. Mabuse, der Spieler, en 1922, la llegada de tiempos nefastos para Alemania.
Lo hacía presentando a un personaje malévolo:
El psicoanalista que da el título a la película, que disfrutaba jugando con las personas, mientras utilizaba sus poderes mentales para dominar sus voluntades y someterlas a su causa criminal, o para apropiarse de sus bienes.
Es obvio que Doctor Mabuse es fruto de su tiempo; y no resulta muy alejado el escenario que aprovecha para desarrollar su poder, el mismo que explotara Hitler, en un país en caos económico y político, un campo fértil para sembrar un plan de poder, el dominio de las mentes superiores sobre una población desesperada.
Alemania se apropiaba peligrosamente así de un sentimiento imperialista y prepotente, y de un rencor que iba creciendo soterradamente, creando tensiones y rupturas con los vecinos.
Tras el final de La Primera Guerra Mundial, y el duro castigo al que el país germánico fue sometido, sumado a la grave crisis económica y la vulnerabilidad que hacía presa en una población empobrecida, descontenta y resentida con los Aliados, se sembraron las minas de efecto retardado y gradual que habrían de explotar en el nazismo.
No tenía más que hacer acto de presencia el Führer idóneo en un marco ya preparado para su ascenso.
El hipnotizador de masas, el encantador de serpientes, con un don extraordinariamente desarrollado para decir a los frágiles lo que quieren oír, para regalarles el oído con promesas de prosperidad, de “limpieza” social, de potencia nacional; y ganarse millones de devotos para expandir sus planes, aniquilar a los enemigos, y apoderarse del planeta.
Nada es suficiente para el monstruo, lo único que lo aplaca, es el poder.
Hitler, que ya tenía la locura y la predisposición, se apropió de toda aquella mitología del déspota y detectó, con su implacable instinto, los puntos flacos de la nación, para situarse en la cima de una de las maquinarias ideológicas más destructivas; y en el espejo, Mabuse, un supervillano, mente criminal privilegiada, un adelantado a su tiempo que sabe jugar con los aprensiones de la sociedad, sabe anticiparse a las reacciones de la gente, es un bróker, un psiquiatra, un mentalista, un tahúr, un falsificador, un hipnotizador, es todo eso y más, en lo que hay gente que ha querido ver una alegoría del superhombre nietzscheano, mente preclara muy superior mentalmente al resto de la humanidad.
No es raro que Mabuse haya sido comparado como a una reminiscencia del Hitler que estaba por llegar:
Los 2 son tipos carismáticos, que pretenden sacar beneficio del caos, de los miedos, de la decadencia, de la pobreza, de las miserias humanas, de la corrupción moral, su afán, aunque nunca se especifica, no parece estar en obtener riquezas, más bien desea manipular a la gente, a la sociedad, a las instituciones, ser una especie de poder en la sombra, o al menos eso intuyo, similar a Hitler, que no es ser millonario lo que anhela, desea obtener el máximo poder posible, aunque en su camino aplaste vidas.
Mabuse, bien analizado, no es un villano tan amoral, sus víctimas son los especuladores de la bolsa, o la aristocracia decadente, solo comienza a matar indiscriminadamente cuando ve en peligro su vida, y además demuestra sentimientos de amor, de hecho, esto es lo que al final le hace vulnerable.
La situación que Lang había pronosticado con Doctor Mabuse, se hizo realidad cuando en 1933 quiso estrenar la continuación, pero los nazis ya estaban en el poder.
El Doctor Goebbels, esta vez era un doctor real, prohibió su distribución, pero le ofreció a Lang un importante cargo dentro de la industria cinematográfica.
Después de que el director le confesara que tenía familia judía, El Ministro de Propaganda le respondió:
“Nosotros decidiremos quienes son o no son judíos”
Ese mismo día, con lo puesto, Fritz Lang huyó del país.
En 1960, Lang rodaría el film final de la trilogía, su canto del cisne, pues Lang se retiraría del cine, y fallecería en 1976.
En Dr. Mabuse, der Spieler, estamos en Alemania en los tiempos de la post guerra del primer conflicto mundial.
En la situación precaria en que vive la nación alemana, el juego clandestino se ha convertido en la principal fuente de entretenimiento para las clases acomodadas; pero súbitamente, una serie de hombres ricos han perdido gran parte de su fortuna en las mesas de juego, aunque siempre los sospechosos resultan diferentes.
El Fiscal Wenk, se ha comprometido a investigar, y cree que en realidad se trata de una sola persona, la que utiliza distintos disfraces.
Y las sospechas de Wenk no están erradas:
El siniestro Dr. Mabuse, ha montado una organización criminal que se alimenta financieramente de las estafas en los juegos de naipes.
Para ello, Mabuse utiliza el poder de la hipnosis, dominando a los individuos débiles para que hagan su voluntad.
Pero la irrupción de Wenk, junto con su aliada, La Condesa Told, pondrán en peligro la operación de Mabuse, y muy pronto, el cerebro criminal buscará desquitarse de sus perseguidores.
Esta definición del genio del crimen hipnotizador, psicoanalista, jugador y mago de los disfraces, es acertado, pero sólo en parte; porque a pesar del bloque final de “Inferno”, concretamente a partir del momento en que se manifiesta el deseo amoroso de Mabuse hacia Lucy Told, Lang potencia los elementos más desesperanzados y ocasionalmente trágicos del personaje:
Es obvio que El Dr. Mabuse ilustra, sin radiografiar en profundidad porque prefiere el apunte y el boceto al retrato terminado, éste ya no tiene misterio, el posible nacimiento de un ideario totalitario, el nazismo, en una sociedad desencajada y sin rumbo, una sociedad en la que las clases altas buscan afanosamente evasión en casas de juego clandestinas y las clases más humildes malviven entre callejuelas tortuosas sin posibilidad de cambio.
“Soy un estado dentro de otro estado, con el que siempre he luchado”, dirá Mabuse hacia el final.
En contrapartida, tenemos al Fiscal Wenk, que es un personaje medianamente interesante.
El filme, amenaza convertir la historia en un duelo de ingenios entre él y Mabuse, pero a mitad de camino, decide dejar al héroe en un rol bastante pasivo.
Mientras que al principio, Wenk recrea los mismos métodos de Mabuse:
Se disfraza, olfatea los posibles escenarios de los crímenes y las potenciales víctimas; después pierde protagonismo a manos de otros papeles poco interesantes como es Cara Carozza, y La Condesa Told.
Sinceramente, uno esperaba muchísimo más de La Condesa, pero termina por ser un elemento decorativo para que, al final, Mabuse se transforme en un villano típico de cine mudo con rehén femenina de turno.
Además, el personaje de La Condesa Told entra dentro de las diletantes sociales de von Harbou, que siempre vio a la clase alta como un parásito que vive en el ocio; calificándola como una niña rica que tiene tristeza, una mujer totalmente apática con todos y con el mundo que la rodea, que vive en el aburrimiento, y que se presta a colaborar con Wenk, no por causas morales sino por matar el tiempo.
Una de las muchas genialidades de Dr. Mabuse, der Spieler, es que todos los mendigos que trabajan falsificando dinero, son ciegos.
¿Qué nos querría decir Lang, acaso que la pobre gente de la época participaban en los siniestros planes sin querer ver lo que sucedía?
Puede ser que así fuera…
Por otro lado, Lang expone la debilidad mental de los ciudadanos de las clases sociales más privilegiadas, sirviéndose de inolvidables decorados:
Los lujosos casinos ilegales, las mansiones donde la Jet Set juega clandestinamente, donde hacen espiritismo o celebra bacanales, o simplemente se aburre.
Esta decadencia es aprovechada por Mabuse, que se erige gigantesco sobre la ciudad, no sólo ante la pasividad de todos, si no también ante su complicidad al admirarle, la impresionante secuencia de la representación teatral, así lo confirma.
La producción de la primera parte del Dr. Mabuse, comenzó mientras que la novela en la que está basada, todavía se estaba serializando; por lo que se hizo una serie de cambios importantes de la versión del libro:
En el libro, los personajes se involucran en soliloquios constantes que no se habrían adaptado bien al cine, especialmente una película muda que habría requerido muchos intertítulos para hacerlo funcionar.
La película también eliminó una subtrama en la que las acciones de Mabuse parecen estar motivadas por el deseo de crear su propio país dentro de América del Sur…
El historiador cinematográfico, David Kalat, señala que al eliminar la referencia a la motivación de Mabuse, Lang comienza a deshumanizar al personaje, lo que ayudó a que el personaje se convirtiera en una franquicia.
Pero Kalat también señala que esto elimina la ironía del hecho de que Mabuse era visto por muchos espectadores como una representación de aspectos de Adolf Hitler, y que muchos nazis, en realidad, huyeron a Sudamérica después de La Segunda Guerra Mundial.
Por tanto, Doctor Mabuse posee una primera parte más gráfica y trepidante; mientras que la segunda opta por concentrarse en la evolución de los sentimientos de los personajes, apareciendo entonces los rasgos trágicos que tiñen de furtiva humanidad a la historia.
Cara, asume su muerte por amor a Mabuse; éste se enamora de La Condesa Told y la retiene, aunque reconoce sus equivocaciones; y El Conde, el personaje más extraño, se va volviendo loco, víctima del miedo, la soledad, el alcohol y los fantasmas que le inculca Mabuse, afrontando finalmente el suicidio como Cara.
Su aparición en la calle lluviosa mirando hacia la ventana de Wenck, poco después de que Mabuse le humille en su propia casa y secuestre a su esposa, es uno de los momentos más bellos y terribles de esta historia de jugadores, infiernos y máscaras.
El Dr. Mabuse, trata también del expresionismo como forma, sirviéndose de sus contrastes de luces y sombras, apartándose de su concepto escenográfico, los decorados de los barrios bajos tienen algo de exacerbado realismo; el mobiliario de la casa de Los Told, es de estética casi futurista; el decorado del Petit Casino, es mágico e ilusorio; y poniendo en boca del mismísimo Mabuse, una posible definición sobre esta corriente artística, definición hecha por un Lang que nunca se consideró expresionista; El Conde Told le pregunta:
“¿Qué opina del expresionismo?”, y el criminal le contesta:
“El expresionismo es un juego.
¿Por qué no?
Hoy en día, todo es un juego”
Para dotar de mayor fuerza al relato, el genial cineasta se vale del expresionismo; y aquí es necesario hacer un inciso:
Lang, nunca admitió su pertenencia a este movimiento, sin embargo, prácticamente toda su obra se caracteriza por elementos expresionistas.
Llegados a este punto, creo que lo mejor es hacer caso a nuestros sentidos, y no a la ironía del director.
Si vemos el decorado del Petit Casino, del asador Schramm o de la mansión de los Told, sobre todo este último, observaremos elementos cubistas, cactus que parecen tomar vida, no es casual que Mabuse se sitúe al lado de dichas plantas mientras proyecta su fuerza mental; o sillas de formas puntiagudas y suelos decorados en sierra, todo de acuerdo a la angustiosa situación que allí se vive; si vemos los callejones de los barrios bajos; si observamos las luces y sombras de la cárcel, algunas de ellas están pintadas… si nos atenemos a todo esto, no tenemos más remedio que incluir a Fritz Lang entre los directores expresionistas; acaso el mejor de todos ellos.
Además, El Doctor Mabuse es, aparte de las películas más narrativas en el sentido clásico del término, la primera propuesta que Lang más decididamente arrolladora e innovadora, que sabe oscilar entre los diversos géneros:
El policíaco, el fantástico o el melodrama, consiguiendo un estilo propio que la convierte en la más preciada muestra del período mudo del autor.
Lang, da rienda suelta a su gusto por las sobreimpresiones manejadas como leve puntuación como auténtico desencadenante de las reacciones de los personajes:
El rostro de Mabuse apareciendo sobre el plano general de la lonja de La Bolsa vacía y desordenada tras la crisis; la partida de cartas de Told con los fantasmas de su imaginación; la palabra “Melior”, un barranco al que se dirige el hipnotizado Wenck en su automóvil, martilleando las imágenes de la frenética carrera hacia la muerte; la caravana árabe que aparece ilusoriamente en el teatro donde Mabuse hace sus demostraciones de sugestión de masas…
Lang, también sugestiona al público mediante los trucos de la técnica cinematográfica, y las aterradoras visiones que tiene Mabuse de todas sus víctimas en la secuencia final.
También manifiesta su atracción por el delirio:
En las primeras imágenes del film, Mabuse le pregunta molesto a su secuaz Spoerri, una especie de mayordomo de apariencia malsana, que luce unas enormes ojeras perpetuas, si ha vuelto a tomar cocaína, a lo que le contesta que si le despide, se volará la cabeza; en el tiroteo final, Spoerri sólo disparará después de esnifar cocaína; los hombres que cuentan y guardan el dinero falsificado por Mabuse, son un grupo de ciegos.
Y por las imprevistas rupturas de tono, para presentar la ascensión social de Emil Schramm, personaje que no tiene peso específico en la acción, al menos en los montajes existentes, Lang se molesta en insertar varios planos de su pasado como vendedor ambulante, funcionario, artesano y finalmente propietario de varios garitos de juego en medio de una secuencia entre Hull y Wenck.
También, El Doctor Mabuse, asume por vez primera en el cine de Lang, un punto de vista metódicamente documental:
Las acciones de la banda de Mabuse, el robo en el tren, el atentado con bomba en la oficina de Wenck, la muerte de uno de sus miembros arrestados por la policía; y sobre todo el asalto final a la casa de Mabuse, construido escénicamente a partir de los recortes de diario que Lang guardaba del caso Fort Chavrol, respiran esa cuidada sensación de veracidad que no deja de resultar enigmática en una película que se nutre de la hipnosis, la sugestión, y el enmascaramiento.
Mabuse se disfraza para sus apariciones, Wenck no duda en hacer lo mismo para localizarlo, es decir, la fantasía.
En el film, nos hablan de la psiquiatría, muy de moda en aquellos años, y la pone en entredicho por lo cerca que está esta profesión de la manipulación artera, de cómo esta se puede convertir en un poder sobre las personas para manejar voluntades, aunque aquí cruzan la línea hacia la fantasía de manipulación cuasi-telepática, puede entenderse como una exageración, para realmente entender el poder de esta rama médica.
Otros elementos a la película que no estaban en la novela, son una de las habilidades clave de Mabuse, el de falsificador, pero en la novela nunca participó en esto.
El papel de Mabuse en la falsificación de dinero, se suma al subtexto social y a los temas de la película.
La apertura de la película, un “tour de forcé” de 20 minutos que introduce el mito de Mabuse, tampoco estaba en la novela.
La introducción comienza con Mabuse barajando un mazo de fotos como naipes, que determinarán, qué disfraz usará ese día, y culminará con Mabuse manipulando un choque bursátil.
Kalat remonta la inspiración para esta secuencia al “Fantômas II de Louis Feuillade: Juve contre Fantômas” (1912) y el final de la segunda parte, también es exclusivo de la película; que incorpora una serie de efectos especiales, como animaciones y superposiciones.
Un aspecto que fue animado por el lanzamiento original de la película, fue la escena nocturna de la persecución automovilística, en la que Wenk persigue a Mabuse, que David Kalat llamó, “la ejecución más exitosa de la fotografía nocturna de esa época”
Un tema clave, es la disolución de la sociedad alemana después de La Primera Guerra Mundial; y retrata, exagera las difíciles condiciones durante el período, haciendo que el mundo de la película sea una distopía.
El dinero falsificado sin valor creado por Mabuse, refleja el casi indefendido Deutsche Mark, durante la hiperinflación que resulta de La República de Weimar imprimiendo dinero excesivo para pagar reparaciones de guerra.
Las oscilaciones del mercado de valores, los salones de juego y las condiciones de vida miserables para los pobres representados en la película, también fueron reflejos de las condiciones en Alemania en ese momento.
El personaje del Dr. Mabuse, como no podía ser de otra manera, también se puede ver como una representación del poder del mal, o una psique interna distorsionada.
El erudito de Lang, Paul Jensen, interpretó a Mabuse como “un símbolo para unir todos los factores negativos en Alemania en ese momento”
La película muestra problemas difíciles como el crimen desenfrenado, el dinero sin valor y un mercado de valores volátil, como estar bajo el control de un solo hombre.
Bernd Widdig señala que aunque El Dr. Mabuse no es una película antisemita, los aspectos del personaje de Mabuse, pueden haber reflejado los estereotipos contemporáneos de los judíos, especialmente porque actúa en roles estereotípicamente judíos, como el psicoanalista, el banquero, el vendedor ambulante, y el revolucionario, y consiste en las opiniones sobre los judíos de algunos alemanes contemporáneos, cuyas manipulaciones fueron responsables de los problemas en la sociedad.
Un crítico nazi contemporáneo, escribió que Mabuse es “una figura judía por excelencia que atraviesa el tiempo con el objetivo singular de dominar el mundo, independientemente de las consecuencias para otros, y cuyo descenso a la locura, hizo que sus crímenes quedaran impunes en lo que los nazis describieron como el caso típico del criminal judío”
Por otro lado, Mabuse con su poder hipnótico sobre las masas en la búsqueda del mal, también se ha visto como un presagio de Adolf Hitler...
En la continuación del serial de Dr. Mabuse, el vínculo entre el personaje de Mabuse y los nazis, se fortalece.
Lang declaró, que veía a Mabuse como un Übermensch nietzscheano; y también vio el personaje de Mabuse como un emblema de cierto tipo de acumulador de dinero en la Alemania de Weimar conocido como “Raffke”
El productor del Dr. Mabuse, Erich Pommer, vio la película como una representación del conflicto contemporáneo entre los conservadores liberales y los espartaquistas marxistas en los que el personaje de Mabuse representaba a los espartaquistas.
Otro tema en la película, es la vigilancia, y ver sin ser visto; más es el de ser contra aparente, retratado a través de los disfraces de Mabuse y a través de edificios cuyos interiores parecen inconsistentes con sus exteriores.
Del reparto, las actuaciones están bien, y se destaca Rudolf Klein-Rogge, que sobreactúa salvajemente, pero cuando se disfraza, se transforma de un modo completamente asombroso.
La curiosidad es que Klein-Rogge fue el marido de von Harbou hasta 1921, y después, la volátil guionista se casaría con Lang en 1922, el año de este filme, y seguirían juntos hasta que von Harbou decidiera abrazar el nazismo, mientras Lang huía para EEUU.
Rudolf Klein-Rogge, realiza pues una carismática interpretación, irradiando fuerte determinación, liderazgo, en una actuación propia del histrionismo del cine mudo, que despliega una tremenda gama de sentimientos con su gestualidad y poderosa mirada que atraviesa, creando a uno de los megavillanos de la historia del cine.
Bernhard Goetzke, el antagonista del antihéroe, despliega regitud y marcialidad, pero algo plano en bonhomía.
Alfred Abel interpreta con mucha sobreactuación al infeliz Conde Told; y Aud Egede-Nissen como la fiel Cara Carozza, destila belleza y sensualidad.
Gertrude Welcker, encarna con gran arco de sentimientos encontrados a La Condesa, objeto del deseo del Doctor; pero siendo remarcables las actuaciones de Aud Egede Nissen, Bernhard Goetzke, Paul Richter y Gertrude Welcker.
Para estos, emplea la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones alusivos según el personaje, predominando lo distinguido para marcar la alta clase social, pero también lo humilde según el personaje en una oportuna labor que junto con los decorados, transportan; y destaca principalmente, las caracterizaciones del protagonista en sus continuos cambios camaleónicos.
Como errores, vemos cuando Mabuse ingresa a la guarida de falsificación bajo la apariencia de un marinero borracho, él abre la puerta acanalada, y la abre…
El siguiente disparo, desde el interior del estudio, muestra que el secuaz abre la puerta cerrada para Mabuse...
No poderla abrir desde adentro, sería muy posible.
Como dato, Fritz Lang originalmente quería que la actriz describiera a Venus como completamente desnuda, en la escena del Petit, y cuando se completó la primera toma, no le gustó cómo se veía el vello púbico de la mujer, y le ordenó que se afeitara.
La actriz se negó con indignación, lo que provocó un berrinche en Lang…
Eventualmente, se llegó a un compromiso cuando una pequeña tira de tela cubría el pelo ofensivo.
Esta escena fue previsiblemente eliminada de las versiones de avivamiento que circularon a lo largo de las décadas de 1940, 1950 y 1960, y ha sido recientemente parte de la película en las raras muestras de la copia completa del Dr. Mabuse de los archivos de Fritz Lang.
Los editores soviéticos, por su parte, recortaron las películas de Dr. Mabuse en una película más corta, como “versiones alternativas”, siendo el editor principal, Sergei M. Eisenstein.
Dr. Mabuse, der Spieler, es una película que resulta aceptable si se le tiene paciencia, ya que es muy indulgente con los tiempos que maneja.
El villano es muy interesante, y se comporta de manera implacable, e incluso incorpora elementos modernos, propios del serial o de otros villanos más actuales, como la hipnosis y los dispositivos de última tecnología; y si uno lo compara con los mejores villanos de la historia, podría citar a Mabuse, como una de las más fuertes influencias del Joker de Heath Ledger en “The Dark Knight” o en los villanos de Bond.
En algunos momentos del film, uno espera que Klein-Rogge empiece algún discurso del estilo “yo simplemente soy un agente del caos”
El problema es que el mejor personaje está muy dosificado, y queda diluido entre una troupe de caracteres medianamente potables que viven entrando y saliendo de habitaciones, hablando mucho, haciendo pausas eternas, y ejecutando muy poco.
Sin duda, el incuestionable talento de Lang para dotar a la acción de ritmo y dinamismo, hace amena su larga duración.
Su inagotable inventiva visual, con la que consigue obtener grandes resultados a partir de los limitados recursos técnicos de la época, ayudado por su conocimientos de dibujo y arquitectura, visibles en la composición de los planos y en el movimiento de los actores dentro de los mismos; también influye en el resultado final, la excelente fotografía del operador Carl Hoffman, así como los abundantes recursos económicos, de 15 millones de marcos en 1922; una enorme y lujosa escenografía.
Sus decorados pueden hacer las delicias de los aficionados a las corrientes artísticas del siglo recién acabado, por cuanto aúnan el más depurado “art déco”, patente en los numerosos clubes nocturnos, y muy especialmente en la mansión de La Condesa Told, repleta de piezas de arte africano, con las líneas oblicuas propias del expresionismo; movimiento con el que siempre se ha identificado a Lang, por más que éste ha negado repetidamente su adscripción al mismo.
Tras su fachada de lujo y frivolidad, por entre sus alocadas peripecias, se filtra el retrato en escorzo de una sociedad agitada y corrupta, la de la República de Weimar, en las que se mezclan las altas finanzas y los bajos fondos, los burgueses respetables y los asesinos sin escrúpulos, la pasión por el juego y la adición a la cocaína; por lo que es elocuente el subtítulo de la primera parte del film:
“Retrato de una época”
El film de Lang encierra finalmente una parábola moralizante:
El poder absoluto conduce directamente a la locura.
Lang reconocía que Mabuse era “hijo de Nietzsche”, las obras de este filósofo alemán sirvieron, convenientemente retocadas por la propaganda, para legitimar ideológicamente El Tercer Reich.
El problema de Dr. Mabuse, der Spieler, es el trajín diario de los personajes que no resulta tan interesante, y es demasiado extendido.
El comienzo del film es muy bueno, con Mabuse robando un convenio comercial secreto, cuya desaparición hace temblar a la bolsa de valores… jugada que es aprovechada por Mabuse en su propio beneficio.
Pero lamentablemente, el ingenio de esas secuencias termina sepultado por el sopor de la trama central, con escenas demasiado largas.
Los personajes son interesantes, los avances de capítulo de la historia son buenos; pero hay demasiado relleno, o demasiado tiempo dedicado al relleno, que la hacen interminable.
Finalmente, el cine mudo tiene un detalle muy fundamental, al no tener audio de voces, corre con un papel esencial la partitura musical, la orquesta no debe parar de tocar, y aquí suena fenomenal, en general, bien ajustados con los momentos.
La música utilizada, aun siendo un film mudo para acompañar la trama, es clásica y llena de tensión las escenas oportunas, inquietando con sus sonidos insidiosos el film y turbando al público en una acertada labor.
“Wenn Sie Ihren Mann nicht finden können, finden Sie vielleicht Ihre Frau!”
(Si no puedes encontrar a tu hombre, ¡podrías encontrar a su mujer!)
La serie de películas sobre Dr. Mabuse, es absolutamente trascendente en la carrera de Fritz Lang.
Las razones no son sólo cinematográficas.
A su manera, Mabuse refleja las inquietudes políticas del director austríaco, o más específicamente, sus temores sobre el poder.
Además, la trilogía cruza toda la trayectoria fílmica de Lang:
Desde el período mudo hasta el sonoro, desde su partida a Estados Unidos hasta el término definitivo de su carrera.
Y es que Mabuse reunió un perfil único de villano, y por eso no es raro que su figura trascendiera a Lang.
La serie Mabuse, es una parábola sobre el poder en las sombras, pero también es una mirada al mal en su estado puro.
Maldad que Lang sentía como una expresión latente de la época, ya que subtituló su primer Mabuse como “Ein Bild der Zeit”, es decir, “Una visión sobre este tiempo”
El Dr. Mabuse, como película, refleja un micromundo social que se transforma en un buen ejemplo de aquello en lo que estaba la sociedad después de La Primera Guerra Mundial, frente al cansancio, la carencia y el sufrimiento que implicó la guerra, la tendencia fue buscar el desesperadamente el lujo, lo lúdico, el exceso y la superficialidad.
No queremos que nos sigan hablando de miseria y dolor...
Ese deseo de abundancia como aspiración individual, sumado a la intolerancia e indiferencia al dolor ajeno, nos habla de un momento de expansión de límites, con una carga amoral, donde afloran personajes como Dr. Mabuse, un ladrón refinado y un excelente actor; un perfeccionista dedicado a las artes del timo; gran maestro de la ambición en un mundo de los débiles, capaz de poseer vidas y manipular los destinos de quienes están a su alrededor; que encarna con exquisitez y delicadeza a diferentes personajes dentro de él; los escoge con detalle, como si escogiera un papel guiado por el destino; y así cada día es otro diferente a sí mismo.
Su vida es un juego en el cuál sólo él conoce las reglas.
Él es el contenedor de todas las posibilidades.
El juego es su medio y su fin; y como en muchas historias de la época, la ambición traspasa la frontera de lo posible, y comienza a perder el control, a dejar cabos sueltos, a perder su refinamiento... y comienza a hacerse notar, hasta caer en el abismo.
Mabuse se equivoca y pierde la partida, situación habitual para el mundo y el cine del año 1922, pero ya vendrán decenas de ladrones refinados que no harán más que perfeccionar sus pasos hasta aquello que parecía imposible.
Hoy, está lleno de ellos; tanto en el cine como fuera de él; pues para el diablo, todo es de usar y tirar.
Más que nada, las personas.

“TSI-NAN-FU-!”



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