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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

martes, 26 de septiembre de 2017

The Beguiled

“Innocent, until betrayed”

La represión, es un concepto central del psicoanálisis, que designa el mecanismo o proceso psíquico del cual se sirve un sujeto para rechazar representaciones, ideas, pensamientos, recuerdos o deseos, y mantenerlos en el inconsciente.
De acuerdo con la teoría de Sigmund Freud, los contenidos rechazados, lejos de ser destruidos u olvidados definitivamente por la represión, al hallarse ligados a la pulsión, mantienen su efectividad psíquica desde el inconsciente.
Por tanto, lo reprimido constituye para Freud, el componente central del inconsciente; y como él mismo decía:
“Lo reprimido se sintomatiza”
Para Freud, la represión opera porque la satisfacción directa de la moción pulsional, que en realidad está destinada a causar placer, podría causar displacer por entrar en disonancia con las exigencias provenientes de otras estructuras psíquicas, o que llegan directamente desde el medio exterior.
En un sentido estricto, se trata del mecanismo típico de la neurosis histérica; pero en sentido lato, es un proceso que ocurre en todos los seres humanos, dado que constituye originariamente el proceso clave y fundacional del inconsciente.
“It's seems the enemy... it's not what we believed”
The Beguiled es un drama de suspense del año 2017, escrito y dirigido por Sofia Coppola.
Protagonizado por Colin Farrell, Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fanning, Oona Laurence, Angourie Rice, Addison Riecke, Wayne Pére, Emma Howard, Matt Story, Rod J. Pierce, entre otros.
Basado en la novela originalmente publicada como “A Painted Devil” (1966) de Thomas Cullinan; es un drama de época centrado en La Guerra Civil estadounidense, y remake del filme homónimo de 1971, dirigido por Don Siegel; en el que un soldado herido, irrumpe la tranquilidad de una escuela para señoritas.
Pero Sofia Coppola declaró, que este no es un remake de la película de 1971, sino una adaptación de la misma novela de Thomas Cullinan en la que se basa; y ha expresado, a instancias de la diseñadora de producción, Anne Rose, que se quedó contemplando las formas de actualizar la película.
Específicamente, ella se interesó en mostrar la historia desde el punto de vista de las mujeres, en contraposición a la del hombre.
El material, llegó así a Coppola en un momento en que ella quiso hacer una película más optimista que “The Bling Ring” (2013), indicando que ella quiso “limpiarse” de lo que en sus términos era “un mundo pegajoso y feo”
The Beguiled se rodó en 26 días, en el Madewood Plantation House, cerca de Napoleonville, Louisiana, EEUU, para las filmaciones exteriores; mientras que los interiores se rodaron en el interior de la casa de la actriz Jennifer Coolidge, en New Orleans.
Su estrena tuvo lugar en El Festival Internacional de Cine de Cannes, el 24 de mayo de 2017, y fue seleccionado para competir por Palme d'Or en su sección principal de competencia; donde Coppola ganó el premio de Mejor Director, convirtiéndose en la 2ª mujer en hacerlo, 56 años después de que la primera directora femenina lo ganara.
La acción está ambientada en Virginia, EEUU; en 1964, estamos ante las fases finales de La Guerra Civil, con el ejército de La Unión avanzando por el estado sureño, en dirección a la capital, Richmond.
John McBurney (Colin Farrell), es un cabo del ejército yanqui, que intentando huir de la guerra, con una herida bastante fea en la pierna, escapa al bosque para salvar su vida.
Ahí conoce a Amy (Oona Laurence), una niña que mientras pasa la guerra, vive en la escuela de Miss Martha Farnsworth (Nicole Kidman), junto con su maestra Edwina Morrow (Kirsten Dunst) y otras precoces niñas que están muy aburridas.
Estando tan mal el cabo John, Amy decide hacer lo más cristiano, y llevarlo a la escuela, para curarlo y ayudarlo a sobrevivir; pero un hombre y un uno del bando contrario, es algo muy peligroso; pero las mujeres de esta escuela, deciden ayudarlo a recuperarse, mientras, con el tiempo, ellas lo conocen y todas, literalmente todas, comienzan a sentir deseos y sentimientos muy profundos por John.
El problema es que allí son confederados sureños, de los que McBurney es teóricamente enemigo.
Tras una cura traumática, el soldado reposa en una sala de la casa que antes servía como aula de música.
Allí, el soldado se recupera, pero acaba conquistando el corazón de algunas de las mujeres, heridas metafóricamente por una guerra interminable.
La mala noticia, es que todo termina muy mal, para estas mujeres que tienen deseos reprimidos.
Aunque lo genial de este punto de partida, es que a pesar de que pueda parecer lo contrario, es precisamente el macho alfa quien está a merced del harén que lo rodea, y no al revés, desembocando así, en un retrato lleno de contrastes, tan sutilmente gótico, como definitivamente retorcido, e incluso inspiradamente cómico que ante todo, castra y demuele el patriarcado.
Y podría parecer algo distante a los signos de identidad de la directora, pero guarda relación con algunas de las oscilantes constantes que recorren su filmografía:
La descripción de las particularidades del mundo femenino, con mujeres y sus angustias, su soledad e insatisfacción; como cuando constituyen un grupo:
El lazo que se crea entre ellas, las rivalidades, la manera en que se complementan y también se repelen; y permite a Sofia Coppola, explorar de nuevo un universo en el que se desenvuelve con maestría, el retrato femenino, una vez más múltiple, en el que unos personajes que permanecen algo aislados, recorren un periodo de tránsito, buscando respuestas en un difuso espacio físico y temporal.
Supuestos que remiten a las estupendas “The Virgin Suicides” (1999) y “Lost in Traslation” (2003), o la muy personal “Somewhere” (2010), todas comparten el mismo sentir íntimo de la directora.
“You're our most unwelcome visitor, and we do not propose to entertain you”
El universo de la cineasta Sofia Coppola, inventó aquello de “lo indie y melancólico puede ser muy comercial”, y bien representa su nuevo trabajo, The Beguiled, cumpliendo con todas las expectativas; partiendo de una sobria y exquisita puesta en escena, plasma el texto original de Cullinan desde una perspectiva puramente femenina, relegando la masculinidad a la condición de elemento trastocador de un microcosmos matriarcal, que no dudará en castrar cuando se vea en peligro.
De nuevo, Coppola se sumerge en un microcosmo femenino muy particular:
La especial relación que el soldado establecerá con las niñas y maestras del colegio, creará un clima de tensión, en el que los celos, las dudas, el amor y la venganza, serán los grandes protagonistas.
The Beguiled arranca en lo profundo del bosque, como si fuera un “cuento de hadas”, cuando una de las niñas del internado Farnsworth, anda buscando setas para la comida, mientras a lo lejos resuenan los cañonazos repartidos entre unionistas y confederados.
Allí cerca encuentra malherido al cabo McBurney, al pie de un árbol.
Amy (Oona Laurence), ayuda al soldado a desplazarse hacia la escuela de señoritas en la que vive:
Una mansión sureña, la histórica Madewood Plantation House que permanece aislada del contexto de beligerancia masculina en el que se encuentra inmersa el resto de la nación.
Allí residen Miss Martha, directora de la institución; Edwina, una profesora; y las internas:
Alicia (Elle Fanning), Emily (Emma Howard) y Marie (Addison Riecke)
Todas ellas pertenecientes a distintos grupos de edad:
En madurez, juventud, adolescencia y niñez; y todas ellas, de un modo u otro, afectadas por la presencia del enemigo de chaqueta azul.
McBurney, mercenario huido del campo de batalla, se sentirá en la escuela Farnsworth, como Odiseo en la Ogigia de Calipso:
Agasajado por la hospitalidad femenina.
Sin embargo, sus juegos de seducción con unas y otras, que responden fundamentalmente al deseo de quedarse en el lugar para evitar volver a la guerra; liberarán algo más que las hormonas de sus anfitrionas… desembocando en momentos de tensión y violencia.
Claro que durante el tiempo en el que John va mejorando en la casa, las chicas se van interesando en él, más y más:
La dueña, la maestra y la mayor de las alumnas, lo hacen de manera sexual, reprimiendo, o no, sus deseos por él.
John, en tanto, dándose cuenta de la situación, empieza a tratar de manipularlas a su manera.
Es claro que tanto él como ellas están, literalmente, ardiendo de deseo.
En realidad, las 7 se transforman, sin importar su edad, para impresionar al Cabo John McBurney; y es que él lo nota, y tampoco se queda quieto, por lo que va estableciendo una estrategia de conquista y control de cada una, buscando sus favores, sexuales inclusive, y no ser entregado a los soldados del sur.
El juego, entonces, está planteado.
En apenas 92 minutos, Coppola irá jugando con estos intercambios:
Las chicas lo miran provocativamente, se empiezan a vestir de manera más elegante, y se acercan cada vez más a él.
Martha le dice a John, que apenas esté curado, lo dejará ir, y él empieza a tratar de manipular el asunto para poder quedarse.
Él es un tipo que viene de pelear en la batalla y, en medio de una casa cómoda y rodeado de chicas que lo desean, es evidente que no tiene ningunas ganas de irse.
Las que entrarán en conflicto entre sí, son las chicas, cuyos planes para con John, se chocan también.
Esta es una complicada y enredada trama de amor, deseos, lujurias, miedos e ira; pero la verdad, es extraña, y sin ese elemento esencial de seducción, y más bien es una trama complicada en la que intervienen muchas mujeres, y muchos egos; pero vale principalmente por los detalles técnicos:
El vestuario, atención al uso del color en las mujeres que realzan aspectos de su personalidad:
Para los trajes, la diseñadora Stacey Battat, vio que el personaje de Kirsten Dunst, un ser romántico, y diseñó su vestuario con mangas decoradas billowy, faldas diáfanas, y más joyas que las otras chicas.
Ella le dio al personaje de Nicole Kidman, un cuello alto, un chaleco y un tono económico general, para retratar la autoridad; y añadió volantes a los trajes del personaje de Elle Fanning, que según Battat, “realmente acentúa su coraje”
También algunos detalles de vestuario y peluquería, como el mechón rubio que se le escapa a Elle Fanning de la cabeza, estupenda representación de su carácter; o como se juega con cómo cada una de ellas viste según la ocasión.
El vestuario es casi un personaje más, y eso me parece muy interesante.
Es una historia ambientada en un entorno rural, y en el pasado, como la presente, es uno de los mejores pretextos que puede encontrarse a día de hoy para renunciar a la tan extendida adquisición digital, y volver, o continuar usando el celuloide de 35mm.
En este sentido, el film destaca además por varios motivos:
El primero de ellos, es que está rodado en una relación de aspecto algo inusual a día de hoy, como lo es el 1.66:1.
Parece ser que la justificación de Coppola sería que pretendía hacer que el film fuera más claustrofóbico, puesto que casi en su integridad, transcurre en el interior de una casa de la que no pueden salir debido al conflicto en su exterior.
El segundo, además, porque The Beguiled está rodada haciendo uso de lentes “vintage”, tan de moda para reducir la nitidez de los sensores digitales, y tratar de obtener un aspecto más cinematográfico, en el sentido del celuloide tradicional, en formatos HD, pero que aquí está combinada con el propio celuloide, lo que produce un aspecto aún más suave, y aún menos contrastado, en una fotografía exquisita, con una iluminación espectacular, donde la luz se filtra en la oscuridad de los personajes.
Estos exteriores, están rodados haciendo un gran uso de la luz disponible, esperando o empleando los momentos del día en que la luz natural ofrece bellos efectos a modo de amaneceres o atardeceres, aunque es seguro que el director de fotografía, el francés Philippe Le Sourd, introduce algún contraluz que imita la luz del Sol y, quién sabe, es probable que también varias de las tomas que muestran rayos de Sol a través de humo o neblina en planos generales de la casa en la que transcurre la acción, también hagan uso de grandes aparatos de iluminación cinematográfica en los exteriores, para producir esos estupendos haces que vemos en pantalla.
Sin embargo, resulta interesante sobre todo el tratamiento de los interiores.
Los nocturnos son muy buenos, ya que en una época anterior a la luz eléctrica, los personajes utilizan velas para iluminar las estancias, e incluso para moverse con las mismas.
Como Le Sourd no recurre al forzado, generalmente las velas muestran un buen tono dorado, y no aparecen quemadas como en otros films.
Pero a pesar que las escenas de velas están muy bien resueltas, las que verdaderamente tienen un interés y personalidad que las hace diferentes, son las diurnas, ya que Le Sourd adopta una filosofía realista, según la cual, respeta las fuentes de luz natural de cada estancia:
Las ventanas, cubiertas con gruesas cortinas blancas o grises sobre las que proyecta HMIs y/o Maxi-Brutos desde el exterior; sin incluir relleno desde dentro, o haciendo que este sea muy leve, y vagamente perceptible.
Quizás se le puede echar en cara un exceso de preciosismo en los exteriores, debido al uso, y quizás abuso de teleobjetivos para encuadrar a los personajes, dejando que los fondos se desintegren por emplear las lentes a máxima apertura, o incluso quizás en algún instante sea demasiado obvio, que emplea luz adicional en las secuencias con velas.
Pero por lo general, The Beguiled muestra en términos estéticos, un nivel muy alto, hasta el punto que puede que sea el aspecto del film que mejor funcione, utilizando para ello el celuloide, y un conjunto de técnicas, como el subrevelado, y ópticas que, lejos de resultar una evocación nostálgica, realmente demuestran ser muy adecuadas para esta historia y su marco histórico.
Y se le podría achacar nuevamente, que se trata de un trabajo demasiado limpio y preciosista, para un contexto que requiere suciedad, calor y la plasmación de ese olor que desprenden los instintos más primarios.
La guerra, aparece como algo presente, pero distante, se podían haber estirado un poco más en los efectos digitales a la hora de crear los humos de las batallas e incendios, flojos, pero eso aquí no es lo importante; porque el ambiente en el interior de la casa, aparece como opresivo.
Como dato, la escena de esponja con Nicole Kidman y Colin Farrell, en donde se advierte que hubo algún manoseo de parte de Kidman, a Farrell; requirió varias tomas, ya que la luz de la tarde infligió la cinematografía.
Cuando la escena terminó, Kidman había esponjado a Farrell durante casi 2 horas...
The Beguiled también tiene una edición correcta, que directamente va al grano, y en solo 90 minutos, nos cuenta una aventura al estilo “Blanca Nieves y Los 7 Enanos” pero al revés; donde la doncella es un “caballero” seductor, y los enanos son 7 mujeres, en una gran variedad de edades, que van desde niñas inocentes, hasta jovencitas que pasan la pubertad, con todo lo que eso conlleva, y mujeres maduras que buscan la compañía de un hombre, para sentirse amadas… acompañadas… seguras…
También destaco la música con piezas arregladas del “Magnificat” de Monteverdi; y una gran dirección de Sofia Coppola, donde una vez más se luce en el manejo de los planos, las sugerencias, y la elipsis, que recuerda “Picnic at Hanging Rock” (1975) para crear una atmósfera, la gran ganadora, con miradas, niebla, silencio, susurros, conversaciones nocturnas, canciones distantes...
Sabes lo que está pasando, pero no se te lo dice directamente.
Eso es toda una lección de lenguaje cinematográfico, que Coppola narra con fluidez, marca adecuadamente los tiempos, y compone unos encuadres tan bellos como sugerentes.
Aunque la directora retrata acertadamente las relaciones femeninas de jerarquía y competitividad, no es capaz de insuflarles la pasión que se les presupone, tal vez porque si lo hace, caería en un mecanismo machista.
Así como tampoco logra sacar al encantador de serpientes que Colin Farrell lleva dentro, por lo que su personaje es visto desde el punto de vista femenino, no masculino.
Así, Coppola narra los acontecimientos con serenidad y buen gusto, hasta el excesivamente brusco giro argumental que convierte a la historia en un “thriller” psicológico sobre la guerra de sexos en su tramo final.
Es entonces cuando el idílico matriarcado se muestra mucho más amoral de lo que en principio indicaban sus estrictos códigos éticos, religiosos, y de conducta.
Aquí hay mucha tensión sexual sin mostrar siquiera un pecho femenino, todo muy pudoroso como lo era en esa época, donde reinan las miradas, los dobles sentidos, y las señales mal interpretadas.
Estas sensaciones, se transmiten, como es habitual en la obra de la cineasta, mediante pequeñas pinceladas, miradas o manos que se rozan, y en unos diálogos que juegan, rodean elegantemente la verdadera naturaleza de aquello que se quiere expresar.
Una comprensión de los personajes que se apoya en la sólida labor de los intérpretes, en especial en la complicidad de una espléndida Kirsten Dunst, y en atractivo Colin Farrell, al que despoja de su lado perverso, para ponerlo como “fruta prohibida”, llena de tentaciones.
No obstante, esa especie de historia de amor, entre Colin Farrell y Kirsten Dunst, que no está claro por qué ocurre, y puede acusarse por falta de desarrollo de personajes.
También, llama la atención la naturaleza del género:
Cómo un hombre desestabiliza una escuela de señoritas, y al revés, las chicas levantan las hormonas del guapísimo Colin Farrell, que vuelve a hacer un gran trabajo como actor; pero que no le da oportunidad de desarrollar plenamente su papel, y sus actitudes y motivaciones quedan un poco en el aire.
Como contrapunto masculino, Farrell está más atractivo que nunca, primero en su primitivismo, con su barba poblada, y luego encantador, totalmente afeitado, con un cambio de registro que le obliga hacer su personaje, que el irlandés logra sacar adelante con una habilidad pasmosa, muy buena su actuación, consiguiendo revolucionar la paz y la monotonía de ese grupo de mujeres solitarias.
Ahí está en el virginal mundo de mujeres que cosen, aprenden francés, y tocan el piano, un mundo que representa el orden, la rigidez, la blancura, atención a los vestidos de todas las mujeres; pero también la falta de libertad y la rigidez.
Su presencia, representa entonces la tentación, el sexo, la aventura, lo prohibido, y también la tempestad que viene a turbar la calma de este mundo de mujeres.
Del reparto femenino, resiento un poco, por el hecho que son muchas mujeres, son 7 personalidades femeninas en diversas etapas, que no llegan a desarrollarse de manera satisfactoria, por lo que se manejan como un grupo homogéneo, como mujeres, porque esta es una historia de mujeres en época de guerra, afrontando necesidades, de mucha supervivencia, de mucha empatía y unión entre sí, para hacer frente a la adversidad.
Están juntas, son un grupo, y así son prácticamente indestructibles.
Se supo que Sofia Coppola tuvo a Nicole Kidman en mente al escribir el guión, y añadió que ver a la actriz llevar el papel a la vida, era incluso más de lo que ella podría haber imaginado:
“Creo que es única, es como mirar a un virtuoso o un atleta increíble, que haríamos una escena, y ella tendría 5 emociones diferentes al mismo tiempo”
También, Elle Fanning da un altísimo nivel, aunque tiene muy poco protagonismo para lo que podría dar de sí su personaje, de rebelde adolescente en una casa en la que no hay nadie de su edad con quien hablar de sus preocupaciones propias de la edad... y ese tipo de cosas; se podría haber indagado en las motivaciones de Kirsten Dunst, donde se habla de que es una chica de ciudad, al contrario que las demás, pero se deja en anécdota, está distante del resto, y claramente desentona, pero:
¿Por qué?
Nunca se profundiza en ello.
Sin embargo, Dunst y Fanning, son 2 chicas de diferentes edades y estilos quienes, de distintas maneras, tratan de encontrar algún tipo de salida, tanto espacial como del encorsetamiento, utilizando a McBurney; o bien, dejándose utilizar por él; porque el deseo aquí, gira sin distinción de sexo ni de edades.
Elle Fanning tiene un papel glorioso, de adolescente, seductora, algo maquiavélica, hace que nos olvidemos de que, antaño, fue “la hermana de…”, para ser hoy un peso pesado de la pantalla; mientras que las jóvenes:
Oona Laurence, Angourie Rice, Addison Riecke, y Emma Howard, bordan meticulosamente cada gesto y cada línea.
Quizás, las jóvenes alumnas de Martha, con la adolescente Alicia a la cabeza, sean las que más limpias permanecen ante el conflicto, pero sus risas y miradas a un John acicalado para la cena, han marcado el camino para sentirse violentadas cuando ese mismo galán las exige y utiliza sin pena:
El despertar sexual, mancha a todas en su blancura juvenil, y marca un crecimiento en el que todas se sienten comprometidas a guardar el secreto de su vergüenza adulta.
Como dato, el reparto pasó por varias lecciones durante la filmación:
Tenían un profesor de costura, un profesor de baile, tomaron clases de etiqueta, clases de entrenamiento de corsé, y tuvieron que cocinar y comer juntos.
Un historiador de La Guerra Civil, demostró cómo vestir, y sanar heridas, y un sacerdote explicó las oraciones del Libro de Mateo; mientras Sofía Coppola distribuyó un libro de etiqueta “antebellum”, titulado:
“Cómo ser una buena dama sureña”
Durante los ensayos, ese historiador instruyó a Nicole Kidman en procedimientos médicos de la época.
Todo ello provoca un final que bien puede ser tan controvertido o polémico, como poético.
Primeramente, el personaje Hallie, de la novela, fue cortado de la película.
Es una esclava, y la única persona de color en la novela, y en la película de 1971, y un personaje esencial en ambas.
Pero Sofía Coppola explicó, que sentía que la esclavitud era un tema tan importante, y que no quería tratarlo a la ligera, sentía que debía concentrarse en esas mujeres tan aisladas del mundo; y para suplantarla, contrató a la actriz blanca, Kirsten Dunst.
The Guardian dijo que Coppola fue criticada, por participar en “el blanqueo”, a la que la directora dijo que hizo los cambios para no “cepillar un tema tan importante de una manera ligera, y que para las jóvenes chicas que observan mis películas, no era la representación de un personaje afroamericano que quisiera mostrarles”
De hecho, se agradece que no siga la corrección política de Hollywood, que impone a un actor de color en todas las producciones, aunque de un poco de risa el comentario, y el hecho se resuelve en el filme, con que, al inicio, la niña comenta que “los esclavos escaparon”
La sensación que eso provoca, es que no ha querido mojarse con un tema escabroso, y ha decidido dejarlo de lado.
Deja de lado, pues, el tema del racismo, pero también el del incesto, el del lesbianismo, la pederastia, la violación, y algunos más...
Así, Coppola elude los elementos más escabrosos, y solo se queda con el asunto de la seducción; tampoco se moja mucho con el tema de retratar de un modo muy explícito a los personajes, para que el espectador tome sus propias decisiones, no por un intento de hacerle pensar, sino más bien para evitar profundizar en ella misma.
De ese modo, parece procurar eliminar responsabilidades a los diversos personajes, suavizando su perfil, y en el momento final, efectúa un cambio drástico:
Mientras que en el film de Siegel, es Martha, la dueña del internado, quien sugiere el uso de las setas venenosas; aquí es una niña quien hace la propuesta…
Parece que no quería manchar en exceso la imagen del personaje...
¿Acaso hay algo cristiano en todo esto?
Si vemos la llegada del Cabo como si fuera un Mesías para todas las mujeres, donde él sería la “salvación” de lo que ellas viven ahí adentro; pero la competencia entre ellas no tarda en aparecer, y ello nos brinda unas escenas que rodadas por un hombre, lo tacharían de misógino, pero que gracias a la habilidad y al guión de Coppola, muestran la naturaleza femenina con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva.
Como dato, el título del filme se traduce literalmente como “Los Engañados”, pero:
¿Serán ellas o él?
Podemos ver la película representa el consciente e inconsciente del psique humano a través de símbolos.
El Soldado es como el sueño que muestra a cada una lo que su inconsciente añora, desea o teme para con nosotros mismos, pero que no somos conscientes de ello.
El soldado dice que su primera reacción al entrar en batalla, fue la de enterrarse, lo que representa nuestra tendencia a reprimir y enterrar en nuestros adentros lo que sentimos.
Además, es encontrado debajo de un árbol, cuando una estudiante buscaba setas; y es envenenado con setas para matarlo, y que sea, de nuevo, enterrado.
La seta representa la vida, del árbol; y la muerte que da paso a ella.
Mientras las mujeres muestran, como resultado de su interacción con el soldado, sus emociones que hasta entonces eran ignoradas.
La niña que recogía setas, ve al soldado como su amigo; otra lo ve como alguien con quien desatar el deseo sexual propio de una edad más adolescente; o como un potencial marido con quien rehacer su vida tras La Guerra Civil si eres una persona adulta; pero ellas representan a la persona humana, en sus múltiples variantes conductuales.
Así, el filme es una descripción de la confrontación de la moral tradicional y el deseo, de una mujer hacia otra, de la apariencia conservadora, y el verdadero “yo” de cada una de ellas; y sin duda, lo más interesante de la propuesta, es esa dualidad, y la casi imposibilidad de forjar una opinión sobre si lo masculino es visto como algo agresivo, negativo y coartador de la libertad femenina; o si viene precisamente a liberar a las chicas de un corsé, ya de por sí demasiado rígido.
Imposible también decidir quién tiene razón en el conflicto.
¿Son realmente las mujeres, unas psicópatas que sólo necesitaban una excusa para pasar al Lado Oscuro?
¿Es realmente McBurney, una víctima o un sinvergüenza, seductor y amoral perfectamente consciente de la manipulación psicológica y sexual que ejerce sobre mujeres que, por su educación y circunstancias, no pueden ser sus iguales en el “juego”?
Si Don Siegel sirvió esta historia de un herido “lobo feroz” acogido, y luego devorado por un círculo de “mantis religiosas” como un turbulento sueño erótico, donde crepitaba un subtexto incestuoso, e incluso se sexualizaba a “La Piedad”; Coppola prefiere envasarla al vacío, para que se expanda en su interior el estimulante perfume de la ambigüedad.
En las diferencias que la cineasta mantiene con respecto a la película de 1971, no hay arbitrariedad, sino elecciones firmes, por discutibles que puedan resultar:
Queda claro, por ejemplo, que no le interesan las cuestiones de raza, sino las de género; y que la mirada de indefensión de Colin Farrell, es un buen pretexto para ahorrarse la información que aclararía si estamos ante un diablo mentiroso y manipulador, o ante un superviviente dispuesto a dejarse querer.
La seducción invita a ser leída, como un cuento de hadas malsano, que prefieren resolver en tablas su feroz competición por un Príncipe moribundo.
Son 2 imágenes de carácter simétrico, las que abren y ponen fin al perturbador paso del soldado por el internado:
El plano de una puerta que se cierra, instantes después de que el grupo de mujeres lo haya introducido herido en la casa, y que tiene correspondencia en el plano en el que la verja de la mansión queda definitivamente cerrada.
Tras las relaciones con este extraño, estas mujeres ataviadas con inmaculados vestidos blancos, imperturbables en sus maneras y su serena belleza, parecen dispuestas a hundirse en un lorquiano mar de luto.
O bien las cenas, la primera como bienvenida al círculo familiar, y la última cena, un mismo evento para diferentes fines; a modo de un cuento de horror, donde es mejor no besar al bello durmiente.
Por último, la banda sonora está compuesta por la banda de rock Phoenix; y es curioso el uso de la música, en esta historia, el silencio domina los primeros compases del relato, en los que no hay nada que ocultar, y a medida que crecen los secretos o las medias verdades, las canciones y melodías se van haciendo más presentes, tratando de tapar lo que realmente está pasando, tal vez porque el ruido de las conciencias se vuelve escandaloso.
“You'll find them... easily amused”
Napoleón Bonaparte dijo en su momento:
“Las batallas contra las mujeres, son las únicas que se ganan huyendo”
Y es que el patriarcado que se representa aquí, en realidad no existe.
Lo que quizás muchos no sepan, es que nunca existió realmente.
Con esta sentencia, que algunos encontrarán cuánto menos atrevida, no pretendo negar la obvia realidad histórica de que la mujer ha sido discriminada durante siglos.
Por ejemplo:
La mujer se dedicaba más a permanecer en la casa, y practicaban la recolección no solo de vegetales, sino también de invertebrados y vertebrados pequeños, con su aporte de proteína y grasa.
Mientras los hombres se dedicaban a la recolección de carne, cazando, aunque al principio eran más bien carroñeros, y salían más al exterior en busca de alimento.
Dicha separación del trabajo, se produjo por el papel primordial que la evolución le otorgó a la hembra, ya que mientras ellas cuidaban, organizaban y decidían sobre la vida de los menores cuando estos no estaban, los demás machos ya adultos, eran llamados por las mujeres a emplear su tiempo en otras tareas, las cuales siempre tuvieron el fin de la supervivencia de todos los miembros.
El sentido de “cabeza” de familia, tampoco existía, y de la educación de los miembros menores, eran encargados a todos los miembros de la comunidad; pero la situación cambió con el desarrollo muscular mayor en los hombres, que comenzaron a interesarse por tener un papel igual de relevante en las decisiones sociales, como lo había tenido la mujer.
Por ese motivo, vieron una posibilidad interesante, la permanencia al lado de la mujer, para de esta forma, participar y contribuir de la misma manera en la organización social.
Dicha fuerza, fue empleada por los hombres en un principio para mejor transporte de los materiales o piezas de caza, no obstante, esto derivó poco a poco en la utilización de la violencia y de la agresividad en todos los aspectos de la vida.
Esto justificaría, porqué el cerebro de los hombres invierte más en reacciones físicas, ya que es un resto atárquico de la evolución humana, como por ejemplo, el apéndice, es decir, en algún momento tuvo su utilidad, pero ya no es útil para ningún fin actualmente, a pesar de permanecer.
Sin embargo, la imposición a la fuerza, fue lo que provocó una amenaza para las mujeres, quienes se vieron obligadas a permitir a los hombres participar en las decisiones que implicaba al grupo.
La fuerza física, permaneció como una característica plenamente masculina en su mayoría, y única del sexo masculino, al igual que la procreación es femenina; algo que provocó la reafirmación entre ellos, por reforzar su propia potencia como seres fuertes.
Las mujeres, se vieron así degradadas a una condición casi subhumana.
Pero si hay que reconocer que las sociedades humanas han sido machistas, en mayor o menor grado, dependiendo de la sociedad y la época histórica concreta, y esa ha sido una realidad injusta y lacerante.
Ahora bien, machismo y patriarcado, no son exactamente la misma cosa.
El machismo es la creencia de que la mujer tiene menos virtudes, y por ende, menos capacidades que el hombre.
Ese pensamiento ha avalado conductas profundamente discriminatorias hacia la mujer.
El patriarcado sería pues, y según la retórica feminista, la estructuración de esa idea, en un sistema socio-político; pero no existe tal estructura.
El patriarcado es una invención política, una manera que el feminismo tiene de reunir a todos sus enemigos en un único símbolo, siguiendo a pies juntos, el primero de los 11 principios del Ministro de Propaganda Nazi, Joseph Goebbels:
“Principio de la simplificación y del enemigo único.
Adoptar una idea única, un único símbolo.
Individualizar al adversario en un único enemigo”
La idea de patriarcado nos dice, básicamente, que en la larga y compleja historia humana, han existido 2 castas:
Una de ellas con privilegios, los hombres, que han dominado a la casta sin privilegios, las mujeres.
Esa idea, una deformación del principio del marxismo, ha calado hondo en la conciencia colectiva de la humanidad, precisamente por su simpleza.
Casualmente se trata de otra idea que Goebbels describe en sus famosos y abyectos principios:
“Principio de la vulgarización.
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida.
Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar.
La capacidad receptiva de las masas es limitada, y su comprensión escasa”
Es un hecho que los seres humanos han sido machistas, como también han sido chovinistas, antisemitas, racistas e intolerantes religiosos.
Es un hecho que la virtud de compartir la infinita abundancia de este mundo, nunca ha sido norma en nosotros; pero también es un hecho que, salvo en casos concretos y localizados, hemos dejado atrás el chovinismo, el antisemitismo, el racismo y la intolerancia religiosa...
¿O no?
Y también el machismo, aunque el feminismo, paradójicamente, se empeñe en resucitarlo una y otra vez para justificar la superflua existencia de las “defensoras de la igualdad”
La lección para el hombre en The Beguiled sería, que no se puede jugar con varias mujeres a la vez, y salir indemne.

“We can show 'em some really Southern hospitality”



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