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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

We choose to go to The Moon

“We choose to go to the Moon in this decade and do the other things, not because they are easy, but because they are hard”

Los cohetes han interesado a científicos y aficionados desde hace siglos, tanto como objetivos científicos como militares.
La Carrera Espacial, fue una competencia entre Estados Unidos y La Unión Soviética que duró aproximadamente desde 1957 a 1975; y supuso el esfuerzo paralelo entre ambos países, de explorar el espacio exterior con satélites artificiales, de enviar humanos al espacio, y de posar a un ser humano en La Luna.
Aunque sus raíces están en las primeras tecnologías de cohetes y en las tensiones internacionales que siguieron a La Segunda Guerra Mundial, La Carrera Espacial comenzó de hecho, tras el lanzamiento soviético del Sputnik 1, el 4 de octubre de 1957.
El término “Carrera Espacial” se originó como analogía de la carrera armamentística; y se convirtió en una parte importante de la rivalidad cultural y tecnológica entre La URSS y Estados Unidos durante La Guerra Fría; que llegó a abarcar otros campos, como un enfrentamiento político, económico, social, militar, informativo, científico y deportivo, iniciado al finalizar La Segunda Guerra Mundial, entre el llamado “Bloque Occidental”, occidental/capitalista, liderado por Estados Unidos; y “El Bloque del Este”, oriental/comunista, liderado por La Unión Soviética.
Si bien estos enfrentamientos no llegaron a desencadenar una guerra mundial, la entidad y la gravedad de los conflictos económicos, políticos e ideológicos, que se comprometieron, marcaron significativamente gran parte de la historia de la segunda mitad del siglo XX.
Así, las 2 superpotencias ciertamente deseaban implantar su modelo de gobierno en todo el planeta; por lo que La Carrera Espacial se puede definir como una subdivisión del conflicto no declarado entre ambos países pero en el ámbito espacial.
Entre 1957 y 1975, y como consecuencia de la rivalidad surgida dentro del esquema de La Guerra Fría, ambos países iniciaron una carrera en la búsqueda de hitos históricos que se justificaron por razones tanto de seguridad nacional, como por razones ideológicas asociadas a la superioridad tecnológica.
La tecnología espacial, se convirtió entonces en una arena particularmente importante en este conflicto, tanto por sus potenciales aplicaciones militares, como por sus efectos psicológicos sobre la moral de la población.
El equipamiento a bordo de satélites, por ejemplo, podía espiar a otros países, con cámaras de fotos y señales de radar, mientras que los logros espaciales servían de propaganda política, para demostrar la capacidad científica, y el potencial militar de un país.
Los mismos cohetes lanzadores que podían poner en órbita un satélite, a un hombre o alcanzar algún punto de La Luna, podían enviar una bomba atómica a una ciudad enemiga cualquiera, en misiles militares que tenían el nombre de ICBM.
Gran parte del desarrollo tecnológico requerido para el viaje espacial, se aplicaba igualmente a los cohetes de guerra como los misiles balísticos intercontinentales.
Por tanto, la investigación espacial tenía un doble propósito:
Podía servir a fines pacíficos, pero también podía contribuir en alcanzar objetivos militares.
Las 2 superpotencias trabajaron para ganarse una ventaja en la investigación espacial, sin saber quién daría el gran salto primero, y qué adelantos tendrían en el futuro.
Habían sentado las bases para una carrera hacia el espacio, y tan solo esperaban el disparo de salida, con el desarrollo de la tecnología al límite en la segunda mitad del siglo pasado, con la construcción de satélites cada vez más grandes y pesados, naves orbitales, y cohetes más grandes, pesados, y con mayor capacidad de carga.
El 4 de octubre de 1957, La URSS lanzó con éxito el Sputnik 1, el primer satélite artificial en alcanzar la órbita, y comenzó La Carrera Espacial.
Por sus implicaciones militares y económicas, el Sputnik causó miedo y provocó debate político en Estados Unidos; al mismo tiempo, el lanzamiento del Sputnik se percibió en La Unión Soviética, como una señal importante de las capacidades científicas e ingenieriles de la nación.
Así mismo, los primeros hitos en La Carrera Espacial, los alcanzaron los soviéticos:
En noviembre de ese mismo año, lanzan el Sputnik II y, dentro de la nave, el primer ser vivo sale al espacio:
Una perra Kudriavka, de nombre Laika, que murió a las 7 horas de salir de la atmósfera; y el siguiente hito, también sería obra de los soviéticos, al conseguir lanzar en 1961, la nave Vostok 1, tripulada por Yuri Gagarin, el primer ser humano en ir al espacio, y regresar sano y salvo.
En respuesta al Sputnik, Estados Unidos emplearía un enorme esfuerzo para recuperar la supremacía tecnológica, incluyendo la modernización de los planes de estudio con la esperanza de producir más técnicos y científicos aeroespaciales.
Esta reacción, se conoce hoy en día como “Crisis del Sputnik”
El 29 de julio de 1958, El Presidente Dwight Eisenhower, firmó el National Aeronautics and Space Act de 1958, fundando la National Aeronautics and Space Administration (NASA)
Cuando comenzó sus operaciones el 1° de octubre de 1958, La NASA consistía principalmente en 4 laboratorios, y unos 8.000 trabajadores de la agencia de investigación aeronáutica del gobierno, el National Advisory Committee for Aeronautics (NACA), que ya tenía 46 años de antigüedad.
Aunque su predecesor, El NACA, trabajaba con un presupuesto de $5 millones, el presupuesto de La NASA aumentó rápidamente a $5.000 millones por año, incluyendo las grandes sumas de subcontratas al sector privado.
Todo mejoró con la llegada de John Fitzgerald Kennedy, como 35° Presidente de los Estados Unidos.
Durante su gobierno, tuvo lugar La Invasión de Bahía de Cochinos, La Crisis de Los Misiles de Cuba, la construcción del Muro de Berlín, la consolidación del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, así como las primeras acciones estadounidenses en La Guerra de Vietnam, y el inicio de La Carrera Espacial.
El público estadounidense, inicialmente desanimado y asustado con el Sputnik, quedó cautivado por los proyectos estadounidenses que siguieron…
Los escolares seguían la sucesión de lanzamientos, y la construcción de réplicas de cohetes, se convirtió en una afición popular.
El Presidente Kennedy pronunció discursos para animar a la gente a apoyar el programa espacial, y para intentar superar el escepticismo de los muchos que pensaban que todos esos millones de dólares estarían mejor empleados en la construcción de armas probadas y existentes, o en la lucha contra la pobreza…
En noviembre de 1960, John F. Kennedy fue elegido Presidente, después de una campaña que prometió la superioridad estadounidense sobre La Unión Soviética en los campos de la exploración del espacio, y de la defensa militar.
Hasta su elección, Kennedy había estado hablando en contra de la “brecha de misiles” que él y muchos otros senadores sentían, se había formado entre los soviéticos y ellos mismos, debido a la inacción del Presidente Eisenhower.
Más allá del poder militar, Kennedy utilizó la tecnología aeroespacial como un símbolo de prestigio nacional, comprometiéndose a hacer de Estados Unidos, no “primero, sino primero y primero sí, pero primero”
A pesar de la retórica de Kennedy, la decisión sobre el estado del programa Apolo, tuvo cabida una vez que él se hizo Presidente.
Él sabía poco sobre los detalles técnicos del programa espacial, y fue pospuesto por el compromiso financiero masivo requerido por un aterrizaje tripulado a La Luna.
Cuando el recién nombrado administrador de La NASA, James E. Webb, pidió un aumento del 30% del presupuesto para su agencia, Kennedy apoyó una aceleración del programa de refuerzo de La NASA, pero aplazó una decisión sobre el tema.
El 12 de abril de 1961, cuando el cosmonauta soviético, Yuri Gagarin, se convirtió en la primera persona en volar en el espacio, reforzando los temores estadounidenses de quedarse atrás en una competencia tecnológica con La Unión Soviética; en una reunión del Comité de Ciencia y Astronáutica de La Cámara de Representantes de Estados Unidos, un día después del viaje de Gagarin, muchos congresistas prometieron su apoyo a un programa de choque, destinado a asegurar que Estados Unidos se pusiera al día.
Kennedy, fue circunspecto en su respuesta en las noticias, negándose a comprometerse con la respuesta de Estados Unidos hacia los soviéticos.
El 20 de abril del corriente, Kennedy envió un memorándum al Vicepresidente Lyndon B. Johnson, pidiéndole que examinara el estado del programa espacial de Estados Unidos, y en programas que podrían ofrecer a La NASA, la oportunidad de ponerse al día.
Johnson respondió aproximadamente una semana más tarde, concluyendo que “no estamos haciendo el máximo esfuerzo, ni obteniendo los resultados necesarios, si este país va a alcanzar una posición de liderazgo”
Su nota concluyó, que un aterrizaje lunar tripulado, era suficiente muestra a futuro, y que era probable que los Estados Unidos lo lograría primero; y expresó la motivación de los esfuerzos estadounidenses de la siguiente manera:
“A los ojos del mundo, el primero en el espacio significa el primero, punto; el segundo en el espacio, significa el segundo en todo”
Por su parte, el tercer administrador de La NASA, James E. Webb, que sirvió de 1961 a 1968, y nombrado por Kennedy, con el fin de implementar el programa Apolo para lograr la meta de Kennedy, de llevar un hombre a La Luna en 1970, dirigió una reestructuración importante de la gestión, y facilitó la expansión, estableciendo el Manned Spacecraft Houston “Johnson” Center, y las operaciones de lanzamiento del Center “Kennedy” de Florida.
Y la primera vez que Kennedy declaró el objetivo de llevar a un hombre a La Luna, fue en una Sesión Conjunta del Congreso y El Senado, con El Vicepresidente Lyndon B. Johnson, y El Presidente de La Cámara, Sam Rayburn sentado detrás de él; celebrada el 25 de mayo de 1961.
En esa ocasión dijo:
“Primero, creo que esta nación debe asumir como meta, el lograr que un hombre vaya a La Luna, y regrese a salvo a La Tierra, antes del fin de esta década.
Ningún otro proyecto individual será tan impresionante para la humanidad, ni más importante que los viajes de largo alcance al espacio; y ninguno será tan difícil y costoso de conseguir”
Esto ocurrió, 20 días después del primer vuelo espacial tripulado de Estados Unidos, “Freedom 7”, donde Kennedy propuso el aterrizaje tripulado:
“Ahora es el momento de dar pasos más largos, el tiempo para una gran nueva empresa estadounidense, tiempo para que esta nación asuma un papel claramente líder en el logro espacial, que de muchas maneras pueda sostener la llave de nuestro futuro en La Tierra”
El objetivo de Kennedy en 1961, de un alunizaje antes de 1970, requería de una expansión de las operaciones de lanzamiento hacia Merritt Island.
Así las cosas, La NASA comenzó la adquisición de terreno en 1962, comprando el título de 340 kilómetros cuadrados, y negociando con el estado de Florida por unos adicionales 230 kilómetros cuadrados.
Los edificios más grandes en el Área Industrial del KEC, fueron diseñados por el arquitecto, Charles Luckman; y el 1° de julio de 1962, el sitio fue nombrado “Centro de Operaciones de Lanzamiento”, adquiriendo el mismo estatus que otros centros de La NASA.
Y es que Kennedy deseaba con ansiedad que Estados Unidos liderara La Carrera Espacial; Sergei Jrushchov dice que Kennedy se aproximó 2 veces a su padre, Nikita, para que realizaran una empresa en conjunto para explorar el espacio; y para junio de 1961, y en el otoño de 1963, por primera vez La Unión Soviética estaba mucho más adelantada en términos de tecnología espacial que EEUU.
El 12 de septiembre de 1962, en el Estadio Rice, de La Universidad en Houston, Texas, acogió un discurso en el que El Presidente John F. Kennedy desafió a los estadounidenses, a cumplir su objetivo, fijado el año anterior, de enviar a un hombre a La Luna a finales de la década.
En el discurso, utilizó una referencia al fútbol de la Universidad de Rice, para ayudar a enmarcar su retórica:
“Pero, ¿por qué, dicen algunos, La Luna?
¿Por qué elegirla como nuestro objetivo?
Y podrían también preguntar perfectamente:
¿Por qué escalar la montaña más alta?
¿Por qué hace 35 años sobrevolamos El Atlántico?
¿Por qué Rice juega en Texas?
Hemos decidido ir a La Luna.
Elegimos ir a La Luna en esta década y hacer lo demás, no porque sean metas fáciles, sino porque son difíciles, porque ese desafío servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades, porque ese desafío es un desafío que estamos dispuestos a aceptar, uno que no queremos posponer, y uno que intentaremos ganar, al igual que los otros”
Los comentarios de Kennedy, implicaban que Rice tenía una historia de pérdidas en Texas; sin embargo, los 2 equipos de fútbol se habían dividido 5-5 en sus anteriores 10 juegos, y empataron el mes siguiente.
Por otro lado, los comentarios de Kennedy acerca de Rice-Texas, podrían haber sido tan prospectivos como sus declaraciones sobre ir a La Luna:
Desde 1963, Rice ha anotado sólo 2-42 contra Texas, incluyendo 28 derrotas consecutivas entre 1966 y 1993, y 12 desde 1995 hasta el presente.
No resulta complicado imaginar, cómo estas palabras que todavía hoy consiguen estremecer, pusieron en su día la piel de gallina a todos los que tuvieron la suerte de escuchar al Presidente Kennedy en Texas, en 1962.
En el momento en el que pronunció este discurso, sus palabras debieron de sonar como extraídas de un relato de ciencia ficción, recordemos que, en aquellos tiempos, con La Carrera Espacial en pleno auge, lo máximo que se había logrado era que un hombre, el ruso Yuri Gagarin, completara una órbita alrededor de nuestro planeta.
Sin embargo, la combinación mágica de un propósito emocionante, y una comunicación excepcional, logró coordinar y alinear todos los esfuerzos de un país en pro de una meta que, como recordamos con cariño, asombró al mundo en 1969.
“But why, some say, the Moon?
Why choose this as our goal?
And they may well ask, why climb the highest mountain?”
We choose to go to The Moon es un cortometraje documental del año 1962, dirigido por La Organización de La Universidad Rice.
Protagonizado por John F. Kennedy, Kenneth Pitzer, Lyndon B. Johnson, Price Daniel, Albert Richard Thomas, Alexander Wiley, George Paul Miller, James E. Webb, David E. Bell, entre otros.
El poder de seducción de las palabras, el cuidado discursivo del poder, el carisma sumado al talento, y enmarcado en el cuidado del qué y cómo se lo dice, no es nada nuevo; pero sí lo fueron los íconos del siglo XX que hicieron historia gracias la elocuencia de sus discursos, y a la amplificación de los escenarios mediáticos, como John Fitzgerald Kennedy.
Y es que detrás de cada gran discurso, definitivamente hay un cuidadoso trabajo, y como afirman los estudiosos del análisis del discurso:
“Detrás de todo gran Presidente, hay un gran escritor”, aunque en las esferas del poder sean estrategias cuidadosamente guardadas; porque el poder del discurso y los discursos del poder, configuran los universos simbólicos de nuestras cotidianidades y la memoria colectiva sobre la que erigimos nuestros mitos, al grado de definir los legados políticos que serán recurrentes a lo largo del tiempo, más allá de la paradoja de la fugacidad, la elocuencia o el magnetismo de las palabras.
El llamado “Discurso en La Universidad Rice en el esfuerzo nacional de viajar al espacio”, mejor conocido informalmente como “El Discurso: Elegimos Ir a La Luna”, de 18 minutos, fue dado por El Presidente de los EEUU, John F. Kennedy a una muchedumbre reunida en el estadio del Rice University, en Houston, Texas, el 12 de septiembre de 1962; siendo quizás, uno de los discursos más inspiradores y unificadores de todos los tiempos.
La grabación completa de 35 minutos, presenta imágenes sin editar del discurso del Presidente; donde observamos momentos curiosos, como el paso de las nubes que ensombrecen el escenario, y los efectos del sol y el calor; así como un lapso de humor, como cuando JFK se dispone a sentarse, pero tras la presentación inicial y canto del Himno Nacional, un sacerdote se dispone a orar en el podio, y la situación embarazosa, le arranca una sonrisa nerviosa; así como la fascinación que se tiene de él, por parte de la prensa y los fotógrafos.
El discurso, forma parte de una serie de visitas a las instalaciones espaciales el día anterior, y el mismo día, que incluyeron:
La plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral en Florida; El Centro de Vuelo Espacial Marshall en Huntsville, Alabama; El Centro de Naves Espaciales Tripuladas en Houston, Texas.
En Rice, Kennedy habló a una audiencia de 35,000 personas, en el Estadio de Fútbol Americano de La Universidad; y confirmó el anuncio hecho al Congreso el 25 de mayo de 1961; y abrió su discurso dirigiéndose a varias personalidades presentes, como:
Kenneth Pitzer, Presidente de La Universidad Rice; Lyndon B. Johnson, Vicepresidente de los Estados Unidos; Price Daniel, Gobernador de Texas; Albert Richard Thomas, Representante de Texas; Alexander Wile, Senador de Wisconsin; George Paul Miller, Representante de California; James E. Webb, Administrador de La NASA; y David E. Bell, Director de La Oficina de Presupuesto.
El discurso siguió siendo famoso bajo el nombre de “Elegimos Ir a La Luna” por el siguiente pasaje, marcado por las figuras retóricas de la anáfora y el polisíndeto:
“Elegimos ir a La Luna.
Elegimos ir a La Luna en esta década, y hacer las otras cosas, no porque son fáciles, sino porque son difíciles, porque esa meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades que estamos dispuestos a aceptar, uno que no estamos dispuestos a aplazar, y uno que pretendemos ganar, y los demás, también”
Siendo parte de uno de los discursos anteriores de Kennedy, destinados a persuadir al pueblo estadounidense para que apoyara el programa Apolo, “el esfuerzo nacional para desembarcar a un hombre en La Luna”
El texto del discurso, fue escrito por El Asesor Especial, y el escritor de discursos del Presidente, Theodore Sorensen; que, entonces también joven abogado, acompañó la carrera del Presidente desde los años 50 cuando asumió la senaduría, aunque a lo largo de su vida, fue conocido y estigmatizado como “el escritor fantasma que hizo brillar al Presidente”
Pese a ello, Sorensen fue considerado también como un estratega y un asesor de gran lucidez intelectual y pertinencia política, capaz de traducir discursivamente las coordenadas del Presidente Kennedy, y con sobrada confianza como para frenar aquello que creía impertinente.
Y es que el rol de Sorensen, precisamente era el de conocer en detalle los puntos de vista, y el pensamiento de John Fitzgerald Kennedy, al grado de escribirle los mejores discursos con las frases y las palabras precisas para consagrarlo como uno de los más extraordinarios representantes de La Casa Blanca.
Así, un año más tarde de estos hechos, Kennedy propuso a los soviéticos, dentro de La ONU, una colaboración en el campo de la exploración espacial, en lugar de la competencia.
La URSS, acumulando éxitos en el espacio, no dio seguimiento.
Por lo que los planes iniciales del Programa Apolo, se vieron modificados con este anuncio del presidente John F. Kennedy de enviar, y depositar un hombre en La Luna, y traerlo de vuelta a salvo, antes de que finalizara la década.
Este objetivo se alcanzó el 20 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong y Edwin Buzz Aldrin, a bordo del Apolo 11, alunizaron en “El Mar de La Tranquilidad”; pero Kennedy no lo vería, pues sería asesinado en 1963.
Si pensamos un poco en la tecnología, que existía en 1962 cuando se pronunció este discurso, nos haremos una idea de la magnitud y del riesgo que contenía dicho proyecto. 
Por dar algún dato, en el discurso comenta que “el cohete estará compuesto de materiales que todavía no se habían inventado”…
Desde el punto de vista de la gestión de proyectos, siempre que se analizan las claves de éxitos o de fracasos, se olvidan casi siempre todas las relacionadas con lo intangible; y precisamente estas son las más importantes, y las que realmente marcan la diferencia.
Ahora sabemos que aquel discurso fue el primer gran ejemplo de lo que hoy llamamos una visión “moonshot” o “de llevar una nave al espacio”, dado por un estadista de una talla muy superior a los pobres hombres asustados, mezquinos, inseguros, que escuchamos hoy en las tribunas políticas de medio mundo, que sólo piensan en su sillón, en su presente, y en sus carteras, incapaces de tener la generosidad de admitir su incompetencia, su ser un fraude, su incapacidad por liderar nada.
Gracias a este sueño, EEUU ha liderado la tecnología desde entonces y compartiéndola con el mundo, sino vean La Estación Espacial Internacional, al tiempo que demostró:
La grandeza de un pueblo, y de una empresa, es proporcional a las promesas de sus líderes, y de su marca, a su capacidad de ver lejos, y grande; por lo que necesitamos urgentemente a líderes en Gobiernos y Empresas que estén a la altura de lo que podemos conseguir hoy con los medios tecnológicos a nuestro alcance.
Hoy, cuando un tercio del planeta tenemos en el bolsillo aparatos 1000 veces más potentes que el mejor ordenador del que disponía La NASA en 1969.
No hay excusas posibles:
Sólo tenemos que soñar en grande.
“There is no strife, no prejudice, no national conflict in outer space as yet”
Pocos discursos serán tan recordados, como el de JFK en la Universidad de Rice, el 12 de septiembre de 1962.
Cuando él se convirtió en Presidente, durante enero de 1961, muchos estadounidenses percibieron que Estados Unidos estaba perdiendo La Carrera Espacial con La URSS, que había lanzado con éxito el primer satélite artificial, el Sputnik 1, casi 4 años antes.
La percepción aumentó, cuando en abril de 1961, el cosmonauta ruso, Yuri Gagarin, se convirtió en el primer hombre en el espacio, antes de que los Estados Unidos pudieran lanzar su primer astronauta, en El Proyecto Mercurio.
Convencido de la necesidad política de realizar un logro que demuestre decisivamente la superioridad espacial de Estados Unidos, y después de consultar con La NASA, para identificar tal logro, Kennedy se presentó ante El Congreso, el 25 de mayo de 1961, y propuso que “esta nación se comprometa como meta, antes de que termine esta década, de aterrizar a un hombre en La Luna, y devolverlo con seguridad a La Tierra”
El objetivo de Kennedy, dio una misión específica al Programa Apolo de La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio; que fue un programa espacial tripulado, desarrollado por Estados Unidos en la década de 1960, en el marco de La Carrera Espacial con La Unión Soviética durante La Guerra Fría.
El proyecto comenzó en julio de 1960, cuando la agencia espacial estadounidense, NASA, anunció el programa, como continuación de las misiones Mercury, que tendría como objetivo, el sobrevuelo tripulado de nuestro satélite, para localizar una zona apropiada con vistas a un eventual alunizaje de astronautas, que cumpliría así el viejo sueño del “viaje a La Luna por parte del ser humano”
Esto requirió la expansión del Grupo de Tarea Espacial de La NASA en un Centro de Aeronaves Tripuladas; y Houston, Texas fue elegido como el sitio, y la Humble Oil and Refining Company, donó la tierra durante 1961, con la Universidad de Rice como un intermediario.
Kennedy se aprovechó de la construcción de 1962 de la instalación, para pronunciar un discurso sobre “el esfuerzo espacial de la nación”
El 12 de septiembre El Presidente habló en el estadio, al ser las 10 am.
En sus primeras palabras, se refirió al Dr. KS Pitzer, Presidente de la Universidad; al Vicepresidente Lyndon B. Johnson; al Gobernador Price Daniel de Texas; al Representante Albert Thomas de Texas; al Senador Alexander Wiley de Wisconsin; al Representante George P. Miller de California; James E. Webb, Administrador de La NASA; y David E. Bell, Director de la Oficina de Presupuesto; diciendo:
“Presidente Pitzer, Sr. Vicepresidente, Gobernador, congresista Thomas, senador Wile y congresista Miller, Sr. Webb, Sr. Bell, científicos, distinguidos invitados, damas y caballeros:
Agradezco que su Presidente me haya nombrado profesor visitante honorífico, y les aseguro que mi primera ponencia será muy breve.
Estoy encantado de estar aquí y, en particular, de estar aquí en esta ocasión.
Nos reunimos hoy en una facultad que destaca por su conocimiento, en una ciudad que destaca por su progreso, en un estado que destaca por su fuerza, y son 3 cualidades que necesitamos en este momento de cambio y desafío, en una década de esperanza y temor, en una era de conocimiento e ignorancia.
Cuanto más aumenta nuestro conocimiento, mayor se revela nuestra ignorancia.
A pesar del hecho asombroso de que la mayoría de los científicos que el mundo ha conocido jamás están vivos y trabajan en nuestros días, a pesar de que el número de científicos de esta Nación se duplica cada 12 años siguiendo una tasa de crecimiento que triplica con creces la de nuestra población en su conjunto, a pesar de ello, las vastas extensiones de lo desconocido, las preguntas sin responder y las tareas que aún están sin terminar siguen superando con creces nuestra comprensión colectiva.
Nadie puede entender del todo la distancia que hemos recorrido y la velocidad a la que hemos llegado hasta aquí, pero a modo de ejemplo, si les parece, vamos a condensar los 50.000 años de la historia registrada del ser humano en un período de tan solo medio siglo.
Siguiendo este ejemplo, sabemos muy poco sobre los primeros 40 años, salvo que al final de ellos los hombres avanzados habían aprendido a usar las pieles de los animales para cubrirse.
Después, hará unos 10 años que salimos de las cavernas y empezamos a construir otros tipos de refugios.
Tan solo hace 5 años el hombre aprendió a escribir y a usar un carro con ruedas.
La cristiandad no empezó hasta hace menos de 2 años.
La imprenta se inventó este año y hace menos de 2 meses de los 50 años que abarca esta historia humana, la máquina de vapor proporcionó una nueva fuente de energía.
Newton exploró el significado de la gravedad.
El mes pasado empezamos a tener luz eléctrica, teléfono, automóviles y aviones.
Hasta la semana pasada no desarrollamos la penicilina, la televisión y la energía nuclear, y ahora, si la nueva nave espacial estadounidense consigue llegar a Venus, habremos alcanzado las estrellas literalmente antes de la media noche de hoy.
Es un ritmo que nos deja sin aliento y que no puede por menos que crear nuevos males a la vez que disipa los antiguos:
Nueva ignorancia, nuevos problemas, nuevos peligros.
Sin duda, las vistas que se abren al espacio prometen costes elevados y grandes penurias, así como enormes recompensas.
Así pues, no es sorprendente que algunos de nosotros prefieran quedarse como estamos un poco más y descansar, esperar.
Pero esta ciudad de Houston, este estado de Texas, este país de los Estados Unidos no se ha construido entre gente que espera y descansa y desea mirar hacia atrás.
Este país lo han conquistado los que avanzaron, y así es como se conquista el espacio.
William Bradford, hablando en 1630 de la fundación de la colonia de la bahía de Plymouth, afirmó que “todas las acciones grandes y honorables van acompañadas de grandes dificultades, y que ambas deben emprenderse y superarse con valentía responsable”
Si esta historia resumida de nuestro progreso nos enseña algo es que el hombre, en su búsqueda del conocimiento y el progreso, está decidido y no se deja disuadir.
La exploración del espacio va a continuar, participemos en ella o no, y es una de las grandes aventuras de todos los tiempos.
Ninguna nación que espera ser líder de otras naciones puede plantearse quedarse atrás en La Carrera Espacial.
Aquellos que nos han precedido se han asegurado de que este país se situara a la cabeza de las revoluciones industriales, a la cabeza de los inventos modernos y a la cabeza de la energía nuclear, y esta generación no tiene intención de zozobrar en la estela de la era espacial que se avecina.
Nuestra intención es ser parte de ella.
Nuestra intención es encabezarla.
Porque la mirada del mundo está puesta ahora en el espacio, en La Luna y los planetas que están más allá, y hemos jurado que no lo gobernará una bandera de conquista hostil, sino un estandarte de libertad y paz.
Hemos jurado que el espacio no se llenará de armas de destrucción masiva, sino de instrumentos de conocimiento y entendimiento.
Sin embargo, solamente podemos cumplir los compromisos de esta Nación si somos los primeros y, por consiguiente, es nuestra intención ser los primeros.
En resumen, nuestro liderazgo en ciencia e industria, nuestras esperanzas de paz y seguridad, nuestras obligaciones hacia nosotros mismos y hacia los demás, exigen que todos nosotros hagamos este esfuerzo, resolvamos estos misterios, y los resolvamos para bien de todos los hombres de buena voluntad, y nos convirtamos en la nación mundial líder en la exploración espacial.
Nos hacemos a la mar en este nuevo océano porque existen nuevos conocimientos que obtener y nuevos derechos que ganar, que deben ganarse y utilizarse para el progreso de todos los pueblos.
Porque la ciencia espacial, al igual que la ciencia nuclear y toda la tecnología, carece de conciencia propia.
Que se convierta en una fuerza de bien o de mal depende del hombre, y solamente si los Estados Unidos ocupan una posición predominante podremos ayudar a decidir si este nuevo océano va a ser un mar de paz o un nuevo y terrorífico escenario de guerra.
No digo que debamos o vayamos a luchar desprotegidos contra el uso indebido y hostil del espacio, de la misma forma que no luchamos desprotegidos contra el uso hostil de la tierra o el mar; lo que sí digo es que el espacio se puede explorar y controlar sin alimentar la llama de la guerra, sin repetir los errores que el hombre ha cometido al extender su mandato sobre este planeta nuestro.
Por el momento, no existe ningún tipo de contienda, ningún prejuicio, ningún conflicto nacional en el espacio exterior.
Sus peligros son hostiles para todos nosotros.
Su conquista se merece lo mejor de toda la humanidad y la oportunidad que nos ofrece de cooperar pacíficamente podría no volver a presentarse.
Pero, preguntan algunos:
¿Por qué La Luna?
¿Por qué elegimos esta meta?
Y de la misma forma podrían preguntar:
¿Por qué escalamos la montaña más alta?
O, hace 35 años:
¿Por qué cruzamos el Atlántico en avioneta?
¿Por qué un equipo pequeño como Rice consigue jugar en igualdad de condiciones contra el de Texas, uno de los más importantes?
Hemos decidido ir a La Luna.
Hemos decidido ir a La Luna en esta década, y también afrontar los otros desafíos, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles, porque esta meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y aptitudes, porque es un desafío que estamos dispuestos a aceptar, que no estamos dispuestos a posponer, y que tenemos toda la intención de ganar, también a los demás.
Por estos motivos, considero la decisión del año pasado de subir el listón de nuestros esfuerzos espaciales una de las más importantes que se adoptarán durante mi ejercicio en el despacho presidencial.
Durante las últimas 24 horas, hemos sido testigos de la creación de las instalaciones destinadas a la exploración más importante y compleja de la historia del hombre.
Hemos sentido temblar el suelo y estallar el aire con las pruebas de un cohete acelerador Saturn C-1, varias veces más potente que el Atlas que lanzó a John Glenn, que genera una potencia equivalente a la de 10.000 automóviles con el acelerador pisado a fondo.
Hemos visto la planta donde 5 motores F-1, cada uno de ellos tan potente como los 8 motores del Saturn combinados, se ensamblarán para construir el misil Saturn avanzado, en un nuevo edificio que se construirá en Cabo Cañaveral con una altura equivalente a una estructura de 48 plantas, con la anchura de una manzana de casas, y con una longitud que duplica la de este campo.
En los últimos 19 meses, al menos 45 satélites han orbitado alrededor de La Tierra.
Aproximadamente, 40 de ellos estaban “hechos en los Estados Unidos de América”
También eran mucho más sofisticados y han aportado muchos más conocimientos a las personas del mundo que los de La Unión Soviética.
La nave espacial Mariner que está ya de camino a Venus es el instrumento más sofisticado de la historia de la ciencia espacial.
La precisión de este lanzamiento es comparable a disparar un misil desde Cabo Cañaveral y hacer que aterrice en este estadio entre las líneas de 40 yardas.
Los satélites Transit, ayudan a nuestros barcos en alta mar a seguir un rumbo más seguro.
Los satélites Tiros, nos han proporcionado alertas sin precedentes sobre huracanes y tormentas, y harán lo mismo con los incendios forestales y los icebergs.
Hemos sufrido fracasos, pero también los demás, aunque no los admitan.
Y posiblemente sean menos públicos.
No podemos negar que estamos por detrás, y seguiremos estándolo un tiempo, en cuanto a los vuelos tripulados.
Pero no es nuestra intención quedarnos atrás y, en esta década, nos vamos a poner al día y vamos a seguir avanzando.
El crecimiento de nuestra ciencia y educación se enriquecerán gracias a los nuevos conocimientos de nuestro universo y nuestro entorno, con las nuevas técnicas de aprendizaje, cartografía y observación, con nuevas herramientas y computadoras para la industria, la medicina, el hogar y, también, la escuela.
Las instituciones técnicas, como Rice, cosecharán los frutos de todos estos logros.
Y, por último, el esfuerzo espacial en sí, aunque todavía en pañales, ya ha creado gran cantidad de nuevas empresas, y cientos de miles de nuevos puestos de trabajo.
La industria espacial y los sectores relacionados están generando nuevas demandas de inversión y personal cualificado.
Esta ciudad y este estado, así como esta región, se beneficiarán en gran medida de este crecimiento.
Lo que un día fue el destacamento más avanzado en la antigua frontera del Oeste, va a ser el destacamento más avanzado en la nueva frontera de la ciencia y el espacio.
Houston, su ciudad de Houston, con su Centro de Naves Espaciales Tripuladas, se va a convertir en el epicentro de una gran comunidad de ciencia e ingeniería.
Durante los próximos 5 años, La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio espera duplicar el número de científicos e ingenieros en esta área, aumentar su presupuesto destinado a salarios y gastos hasta los $60 millones anuales; invertir unos $200 millones en instalaciones de plantas y laboratorios; y dirigir o contratar nuevos esfuerzos espaciales por valor de $1.000 millones desde este Centro de esta ciudad.
No cabe duda de que todo esto cuesta muchísimo dinero.
El presupuesto espacial de este año triplica el de enero de 1961, y es mayor que el presupuesto espacial de los 8 años anteriores combinados.
Este presupuesto asciende actualmente a $5.400 millones anuales; se trata de una suma asombrosa, aunque algo inferior a la que pagamos por los cigarrillos y los puros cada año.
Los gastos espaciales pronto aumentarán algo más, de 40 centavos por persona y semana a más de 50 centavos semanales por cada hombre, mujer y niño de los Estados Unidos, porque le hemos otorgado a este programa la máxima prioridad nacional, aunque soy consciente de que se trata, en cierta medida, de un acto de fe y visión, porque no sabemos qué beneficios nos aguardan.
Sin embargo, si les digo, conciudadanos míos, que vamos a enviar a La Luna, a unos 384.400km de la estación de control de Houston, un cohete gigantesco que mide más de 90m de alto, la longitud de este campo de fútbol americano, fabricado con nuevas aleaciones de metales, algunas de ellas todavía sin inventar, capaz de soportar temperaturas y tensiones que multiplican varias veces las que se han experimentado hasta ahora, con piezas ensambladas entre sí con una precisión superior a la del reloj de pulsera más perfecto, que llevará en su interior todo el equipamiento necesario para propulsión, orientación, control, comunicaciones, alimentación y supervivencia, en una misión sin ensayar, a un cuerpo celestial desconocido, y lo devolveremos sano y salvo a La Tierra, tras volver a entrar en la atmósfera a velocidades superiores a los 40.000 km por hora, provocando un calor cuya temperatura es más o menos la mitad que la del Sol, casi tanto calor como el que hace hoy aquí, y que lo haremos, y lo haremos bien, y lo haremos los primeros antes de que termine esta década… entonces tenemos que ser osados.
Yo soy el que hace todo el trabajo, así que ustedes solo tienen que quedarse tan frescos durante un minuto.
Sin embargo, estoy convencido de que lo vamos a conseguir, y de que debemos pagar lo que es preciso pagar.
No creo que tengamos que dilapidar el dinero, pero sí que tenemos que realizar esta labor.
Y se va a conseguir en la década de los 60.
Se va a conseguir mientras algunos de ustedes siguen asistiendo a clases en esta facultad y esta universidad.
Se va a conseguir durante el mandato de algunas personas que están sentadas aquí, en esta plataforma.
Pero se va a conseguir.
Y se va a conseguir antes de que termine esta década.
Estoy encantado de que esta universidad tome parte en la empresa de llevar a un hombre a La Luna, integrada en el enorme esfuerzo nacional de los Estados Unidos de América.
Hace muchos años, preguntaron al gran explorador británico, George Mallory, que murió en El Monte Everest, por qué quería escalarlo.
Contestó:
“Porque está ahí”
Pues bien, el espacio está ahí, y lo vamos a escalar, y La Luna y los planetas están ahí, y las nuevas esperanzas de conocimiento y paz están ahí.
Así pues, al iniciar esta singladura pedimos la bendición de Dios para la aventura más peligrosa, arriesgada y titánica en que se ha embarcado el ser humano jamás.
Muchas gracias”
Analizando las palabras, en el discurso, Kennedy utilizó 3 estrategias:
Una caracterización del espacio como frontera de vanguardia; una articulación del tiempo que ubica el esfuerzo en un momento histórico de urgencia y plausibilidad; y una estrategia final acumulativa, que invita a los miembros de la audiencia, a vivir su patrimonio pionero por ir a La Luna.
Al dirigirse al mundo, en la Universidad de Rice, declaró el deseo estadounidense de hacer lo que nunca se había hecho antes, explorar el espacio y ser el primero en hacerlo, con el espíritu pionero que había dominado el folclore de EEUU desde la fundación del país.
Esto permitió a Kennedy, hacer referencia a su discurso inaugural, cuando declaró al mundo:
“Juntos exploremos las estrellas”
Por lo que Kennedy condensa verbalmente la historia de la humanidad a 50 años, en la que “sólo la semana pasada desarrollamos penicilina, televisión y energía nuclear, y ahora si la nueva nave estadounidense logra alcanzar a Venus, habremos llegado literalmente a las estrellas antes de la medianoche de hoy”
Con esta metáfora extendida, Kennedy trató de imbuir un sentido de urgencia y cambio en su audiencia.
Más prominentemente, la frase “Elegimos Ir a La Luna” en el discurso de Rice, se repite 3 veces consecutivas, seguida de una explicación que culmina en su declaración, de que el desafío del espacio es “uno que estamos dispuestos a aceptar, uno que no están dispuestos a posponer, y uno que tenemos la intención de ganar”
Considerando la línea antes de preguntar retóricamente a la audiencia, por qué optan por competir en tareas que los desafían, Kennedy destacó aquí la naturaleza de la decisión de ir al espacio como una opción, una opción que el pueblo estadounidense ha elegido seguir.
En lugar de afirmar que es esencial, hizo hincapié en los beneficios que tal esfuerzo podría proporcionar, uniendo la nación y el aspecto competitivo de la misma.
Como Kennedy le dijo al Congreso antes:
“Todo lo que la humanidad debe emprender, los hombres libres deben compartir plenamente”
Estas fueron palabras que enfatizaron las libertades de los estadounidenses, de elegir su destino, en lugar de elegir para ellos, y combinado con el uso general de Kennedy de los dispositivos retóricos en el discurso de la Universidad de Rice, estas famosas palabras, son particularmente aptas como una declaración que inició La Carrera Espacial de EEUU.
En conjunto, Kennedy fue capaz de describir una noción romántica de espacio en el discurso de la Universidad de Rice, con el que todos los ciudadanos de los Estados Unidos, e incluso el mundo podría participar, aumentando enormemente el número de ciudadanos supuestamente interesados en la exploración espacial.
Comenzó hablando sobre el espacio como la nueva frontera para toda la humanidad, inculcando el sueño dentro de la audiencia.
A continuación condensó la historia humana, para demostrar que dentro de un período muy breve de tiempo, el viaje espacial será posible, informando a la audiencia que su sueño es alcanzable.
Por último, utiliza el “yo” plural personal, para representar a todas las personas del mundo, que supuestamente explorarán el espacio juntos, pero también involucra a la multitud.
La idea es “elevar la vista” de los oyentes, hacerlos pensar en cosas inalcanzables, y luego decirles que las podemos conseguir, como lo hizo JFK en sus discursos, donde señalaba que “nosotros elegimos ir a La Luna” y a poco, el hombre la pisaba evidentemente, ante el asombro de todo el mundo.
El discurso de Kennedy total, se puede dividir en 4 partes principales y puntos, cada uno de los cuales, desempeña un papel significativo en la construcción general de su mensaje:
Comienza hablando con los distintos invitados distinguidos y los miembros de la audiencia a la que está haciendo su discurso.
Él continúa expresando su gratitud por la oportunidad que se le ha dado para hablar, y se refiere a la prominencia de la Universidad de Rice, como un centro de aprendizaje y conocimiento.
Tal introducción es meramente una formalidad, pero establece una relación significativa entre la audiencia y él mismo.
Al establecer inmediatamente esa conexión, Kennedy ha hecho que el público sea más susceptible a aceptar el contenido con el que seguirá.
Su declaración de la Universidad de Rice, como “una universidad conocida por el conocimiento”, establece además la premisa subyacente de su discurso, el de una nueva era para la exploración, el aprendizaje y el descubrimiento.
Aunque Kennedy no delinea expresamente los puntos principales o la tesis de su discurso en esta introducción, él nunca apoya a la audiencia para lo que está por venir...
De hecho, para el propósito de este discurso, tal opción era quizás para el mejor; permite que la construcción y culminación final de su tesis sea mucho más emocionante e inesperada, y por tanto más profunda.
El primer punto en el que habla Kennedy en el cuerpo de su discurso, es el ritmo vertiginoso en el que la tecnología, el conocimiento y el descubrimiento han evolucionado.
Condensa 50.000 años de la historia humana en un medio siglo alegórico, declarando que “hace 10 años, bajo este estándar, el hombre salió de sus cuevas…
Hace sólo 5 años, el hombre aprendió a escribir, y menos de 2 meses hace tiempo, se desarrolló el motor de vapor.
Por tanto, si la nave espacial estadounidense llega pronto a Venus, y los astronautas estadounidenses aterrizan en La Luna, habremos literalmente alcanzado las estrellas antes de la medianoche de hoy”
Esta es una analogía increíblemente poderosa, que indudablemente excitó al público sentado ante Kennedy.
Les demostró que vivían en un momento de rápido desarrollo, rápido cambio y rápido avance.
Pensar que la humanidad sólo había salido de su cueva “hace 10 años”, y por “la medianoche de hoy”, sería llegar a las estrellas.
Kennedy, sin duda reconoció que estaba hablando con una audiencia de científicos, ingenieros y estudiantes, que entendían la profundidad de un avance tan vertiginoso.
Al abrir el cuerpo de su discurso con este punto, Kennedy está preparando a la audiencia para las audaces ambiciones que pronto declarará.
El cambio está sucediendo, y el cambio está sucediendo rápidamente; es inevitable que el hombre alcance las estrellas.
Si es para “pasar a medianoche de hoy”, como Kennedy creyó que será, entonces sería Estados Unidos quien dirija ese esfuerzo.
Transforma sin fisuras esta alegoría en su segundo punto principal, que es que “la exploración del espacio seguirá adelante, tanto si nos unimos a ella como si no”
La exploración espacial es, una vez más, una inevitabilidad.
Sin embargo, continúa afirmando que los Estados Unidos han jurado no ver nunca el espacio lleno de armas de destrucción masiva, sino con “instrumentos de conocimiento y entendimiento”
Conectando este punto con una declaración anterior, que “ninguna nación que espera ser el líder de otras naciones, puede esperar quedarse atrás en la carrera por el espacio”, politiza e ideológicamente enmarca el esfuerzo estadounidense de la exploración espacial.
Si Estados Unidos no conduce la aventura al espacio, de acuerdo con Kennedy, no verá realizado los ideales que defendemos como nación.
Si “nuestras esperanzas para la paz y la seguridad” y “nuestras obligaciones para con nosotros mismos, así como con los demás”, deben permanecer firmes, debemos “convertirnos en la nación líder en el mundo de la actividad espacial”
Debemos tener en cuenta el contexto y las circunstancias del discurso pronunciado en el apogeo de La Guerra Fría:
Estados Unidos estaba encerrado en una intensa lucha, no sólo de geopolítica, sino de ideología.
La libertad estaba siendo amenazada por La Unión Soviética; y Kennedy reconoció acertadamente, que ningún estadounidense que vivía en este momento, pudiera estar en desacuerdo con la premisa de que la libertad estadounidense sería asegurada por la supremacía de La Unión Soviética.
Como tal, su conexión de los esfuerzos estadounidenses en el espacio, y la necesidad del liderazgo estadounidense en el espacio, con la lucha ideológica en la que Estados Unidos estaba involucrado, apoya firmemente sus puntos venideros.
Si debemos aterrizar en La Luna para preservar un mundo pacífico y libre, entonces aterrizar en La Luna es una necesidad absoluta.
Tal encuadre ideológico, especialmente en el contexto de La Guerra Fría, eludió y deslegitimó cualquier crítica contra la exploración espacial de EEUU.
El siguiente punto de Kennedy, sin embargo, aborda algunas de esas críticas y preocupaciones potenciales, y culmina en su tesis final.
La exploración espacial es dura y costosa.
Los peligros del espacio “son hostiles a todos nosotros”
Será una prueba definitiva de la habilidad, la experiencia y el talento de los Estados Unidos.
Ante todo esto, tal vez el reto es demasiado insuperable, demasiado peligroso para perseguir.
Sin embargo, Kennedy pregunta retóricamente a la audiencia:
“¿Por qué escalamos la montaña más alta?
¿Por qué volar el Atlántico?”
Inyectando un poco de humor en el discurso, que resonó con su público particular:
“¿Por qué Rice juega contra Texas?”
No es porque es fácil, no es porque es rápidamente alcanzable, sino porque es un reto.
“Vamos a La Luna en esta década”, dice Kennedy “no porque sea fácil, sino porque es difícil... porque la meta organiza y mide lo mejor de la energía y habilidad de los estadounidenses”
Con esto, Kennedy ha establecido que los Estados Unidos lograrán un aterrizaje en La Luna.
Sin embargo, esto no es sólo un reclamo, este es un desafío.
Kennedy está desafiando a su audiencia y al público estadounidense, a asistir a la ocasión, demostrar lo mejor de sus habilidades, y reforzar el liderazgo estadounidense como un poder innovador.
El espíritu de EEUU, la premisa de lo que nos hace estadounidenses, es nuestra capacidad de aceptar con valentía desafíos y conquistarlos.
Kennedy está, pues, enmarcando este desafío alrededor del carácter estadounidense:
¿Si nosotros como nación no podemos lograr lo que estamos por lograr, entonces no somos coherentes?
Una vez más, en el contexto de La Guerra Fría, este desafío era muy atractivo.
El fracaso en llegar a La Luna, no sería sólo un fracaso en términos tecnológicos o científicos, sería un fracaso por parte del pueblo estadounidense, el espíritu estadounidense, y la premisa de los Estados Unidos de América.
Este desafío, de hecho, todavía resuena hasta el día de hoy.
Habiendo pasado por una acumulación que demostró a su público la importancia política, científica e ideológica de la exploración espacial, y llegar a su tesis sobre la necesidad de un aterrizaje lunar, Kennedy finalmente se dirige a su último punto.
Pasa la última parte de su discurso, discutiendo los pasos que Estados Unidos y su administración ya han tomado para lograr ese objetivo final.
Señala las instalaciones que se han abierto para apoyar un esfuerzo en la exploración espacial, los cohetes Saturno que se están desarrollando actualmente y, coincidentemente, que eventualmente llevaría a los astronautas estadounidenses a La Luna, los satélites que EEUU ya puso en órbita, y la plétora de trabajos altamente pagados y altamente calificados que la industria espacial ya ha creado.
Kennedy, al parecer, pasa por el esfuerzo de describir todo esto por 2 razones principales:
El primero, es ganar más apoyo para su ambicioso objetivo:
¿Qué validez tendría un aterrizaje en La Luna antes de la década, si nada se ha hecho para apoyar tal meta?
Al demostrar al público que ya se están adoptando medidas, es más probable que apoyen la continuación de ese esfuerzo.
El segundo propósito principal de este esfuerzo, se revela en las declaraciones que continúa con que la exploración del espacio va a ser un esfuerzo costoso y peligroso.
Afirma que el presupuesto estadounidense para el espacio, va a aumentar dramáticamente, y como tal, el estadounidense promedio va a necesitar pagar más y más por los esfuerzos de exploración espacial.
Como estamos muy familiarizados con nuestro entorno político contemporáneo, decir a la gente que van a dar más al Estado a través de impuestos, especialmente por algo que no es directo ni tangible en el impacto de su vida cotidiana, es una acción impopular.
Por tanto, Kennedy necesitaba demostrar al público a dónde iba ese dinero, y demostrar que apoyaba la creación de empleos de alta calificación y tecnología espacial, capaz de apoyar la vigilancia y la actividad de monitoreo del tiempo en La Tierra.
Como tal, vemos a Kennedy ser el político arquetípico en la parte de su discurso; le dice al público estadounidense, que tendrá que pagar más en impuestos, pero que pagar esos impuestos será en última instancia en su interés.
Habiendo completado el cuerpo de su discurso, Kennedy comienza así sus observaciones finales.
Él dice de nuevo, que piensa que los aterrizajes de La Luna deben ser hechos, y que serán “hechos mientras algunos de ustedes todavía están aquí en la escuela... durante el mandato de algunas de las personas que se sientan aquí en esta plataforma”
Kennedy está conectando de manera tangible su meta con las vidas y experiencias de las personas que escuchan el discurso, haciendo que esa meta resuene más fuertemente con ellos.
De hecho, continúa diciendo que está encantado de que la universidad esté “desempeñando un papel” en esa meta, conectando aún más a su audiencia con el tema de su discurso.
Finalmente concluye recordando la declaración del explorador británico, George Mallory, que escaló El Monte Everest.
Cuando se le preguntó por qué quería escalarla, dijo, “porque está ahí”
Kennedy no aborda directamente el punto, pero al decir esto, él está aludiendo a una premisa inicial del discurso, que la exploración y la conquista del desafío es parte del espíritu humano.
Y, como tal, la conquista del desafío de aterrizar en La Luna, es parte del espíritu de EEUU.
“El espacio está ahí, y vamos a conquistarlo... nuevas esperanzas para el conocimiento y la paz están ahí... la mayor aventura en la que el hombre se ha embarcado”
Así es como Kennedy termina su discurso, y es una conclusión convincente.
Es una suma concisa de sus varios puntos y premisas, que encaja en una frase que se basa en la compulsión natural de la audiencia para la aventura.
El espacio está ahí, y debe ser conquistado, Estados Unidos lo hará para preservar la paz y buscar el conocimiento, y será la mayor aventura en la que el hombre, y menos aún los Estados Unidos, se ha comprometido.
Éste es un esbozo del contenido y la estructura del discurso de Kennedy.
Intensamente tejió una narración, primero tocante a la tendencia humana a la exploración y a la rápida velocidad con la que se estaba desarrollando, luego abordando la importancia del espacio exterior para el futuro de la humanidad, y finalmente exponiendo lo que Estados Unidos debe hacer, y está haciendo para lograr ese objetivo.
Sus argumentos están firmemente apoyados, no sólo en el entramado ideológico y político, sino también en las tendencias humanas básicas para el descubrimiento y el conocimiento.
Reconociendo su audiencia inmediata como científicos, profesores y estudiantes, aunque reconoce que se dirige al público estadounidense en general, combina el lenguaje técnico y el detalle científico específico con declaraciones amplias y retóricamente florecidas, pero fácilmente comprensibles.
El tono general, es para excitar a los científicos por las implicaciones científicas de la exploración espacial, excitar al público estadounidense por la gran aventura que se avecina, y excitar a los políticos que deben legislar para la exploración espacial por las implicaciones geopolíticas e ideológicas de tal esfuerzo.
En última instancia, la naturaleza persuasiva de su contenido es clara; los Estados Unidos irá a La Luna, antes de que la década termine, y de hecho aterrizó a un hombre en La Luna.
Hasta el día de hoy, el discurso de Kennedy es señalado como el comienzo de ese gran esfuerzo.
Claramente entonces, en términos de contenido, el discurso fue un éxito rotundo.
Sin embargo, un discurso no es sólo acerca del contenido; si esto fuera, sólo se debe haber publicado como un artículo de opinión o como un artículo.
Más bien, un discurso es también significativo en su entrega, la manera en que se presenta.
Lo que de otro modo podría ser un discurso increíblemente conmovedor o persuasivo, podría caer completamente corto si se presenta de una manera no persuasiva.
Sin embargo, nuevamente, Kennedy tiene éxito en su presentación.
Conocido ya como un orador persuasivo y elocuente, Kennedy utiliza plenamente las habilidades de hablar en público que tiene a lo largo de la extensión de su discurso.
Habla con una verdadera pasión, como si él mismo reconociera y verdaderamente creyera en la importancia del esfuerzo que estaba exponiendo al público estadounidense.
De hecho, tal vez esta es la parte más significativa de su entrega, y a su vez de todo el discurso.
Así, la noción de aterrizar a un hombre en La Luna, era absurda antes de 1960.
De hecho, los Estados Unidos, en el momento de su discurso, sólo habían estado enviando hombres a la órbita durante menos de 5 años.
Para disipar el absurdo de la meta, para hacerla creíble, para hacerla parecer remotamente posible al estadounidense medio, Kennedy necesitaba hablar con exuberancia y pasión.
Necesitaba energizar al público estadounidense.
Observando el discurso, y escuchando su entrega, esa pasión y energía se expresa claramente.
Hay otros puntos donde su entrega tiene éxito.
Entre los puntos, naturalmente se detiene y rompe, para permitir que el significado de sus palabras sea digerido y considerado por la audiencia.
Su voz se eleva durante las partes más significativas y convincentes del discurso, sobre todo durante su entrega de “elegimos ir a La Luna”
Él está haciendo demandas y metas intrépidas, y él las está apoyando por una manera audaz, clara y propia.
Él permite al público reírse de sus pocas bromas, e incluso hace una pausa para reírse...
Hacerlo, transmite una sensación de humildad y humanidad, personificando el carácter de Presidente, que de otro modo podría parecer lejano al estadounidense medio que lo escucha.
Al humanizarse de esta manera, está, de nuevo, haciendo una verdadera conexión con su oyente.
Él se hace más fácil de creer, y su mensaje es, por tanto, más resonante, con metas más alcanzables.
Por otra parte, Kennedy hace uso aceptable del espacio que se le ha proporcionado, permaneciendo en su podio; sin embargo, cambiando de posición.
Aunque gran parte del discurso se gasta mirando el periódico, él mira hacia arriba, y se dirige al oyente de la audiencia durante las partes más significativas, y durante los puntos que quiere llegar.
Él emplea sus manos y brazos en un grado mínimo, pero sin embargo los utiliza de una manera similar, para golpear puntos importantes.
De hecho, el empleo de la postura de su cuerpo y los movimientos de sus manos, parecen estar en cadencia con el ascenso, la caída y el flujo de su voz.
Al hacer esto, casi hace que la conexión entre el cuerpo y la voz, entre el contenido y la presencia, parecen sin problemas.
Todo esto añade a la presencia autoritaria que tiene en el podio, una presencia que se necesita para hacer afirmaciones y objetivos tan audaces como los de que habló.
Todo ello hace de este discurso de Kennedy, uno de los más emocionantes, el más profundo y el más exitoso de los discursos.
Y es que Kennedy se paró ante una audiencia temerosa de la dominación soviética en el espacio, y declaró objetivos que, para muchos, pueden haber parecido extravagantes o imposibles.
El hecho de que esos objetivos fueron alcanzados completamente, en el lapso de tiempo que Kennedy quería que se logren, va a mostrar lo poderoso, lo resonante y lo persuasivo que debió haber sido realmente para el público sentado antes de ese podio.
Siendo este, un ejemplo clásico de persuasión poderosa, de hablar en público exitosamente, y es claramente demostrativo de las cosas notables que un discurso bueno, fuerte, bien construido, y bien entregado es capaz de hacer.
“We help decide whether this new ocean will be a sea of peace or a new terrifying theater of war”
Los enormes gastos y la burocracia necesarios para organizar una exploración espacial con éxito, llevaron a la creación de agencias espaciales en EEUU y La URSS, por lo que ambos países desarrollaron programas dedicados únicamente a los requisitos científicos e industriales de estos desafíos, con altos niveles de seguridad, y muchos eran considerados “secretos”
En la segunda aproximación de Kennedy a Sergei Jrushchov, el ruso se vio persuadido de los beneficios que acarrearía compartir los costos, y porque la tecnología estadounidense estaba más adelantada.
Los EEUU, lanzaron un satélite a la órbita geoestacionaria, y Kennedy solicitó al Congreso, que aprobara un presupuesto de más de $25 mil millones para el Programa Apolo, cuyas ventajas incluían:
Beneficios económicos en varios estados clave para la próxima legislatura; cerrar la “brecha de misiles”, reclamada por Kennedy durante las elecciones de 1960 mediante un uso doble de la tecnología; y beneficios técnicos y científicos derivados.
En una conversación con el director de La NASA, James E. Webb, Kennedy dijo:
“Todo lo que hagamos debería estar realmente vinculado a llegar a La Luna antes que los rusos... de otra manera no deberíamos gastar todo ese dinero, porque no estoy interesado en el espacio...
La única justificación para el coste, es porque esperamos ganarle a La URSS, para demostrar que en lugar de estar por detrás de ellos por un par de años, gracias a Dios, les hemos adelantado”
Kennedy y Johnson, consiguieron cambiar la opinión pública:
Jrushchov acordó trabajar en conjunto en el otoño de 1963, pero Kennedy fue asesinado antes de que tal acuerdo pudiese ser formalizado...
Después de que Johnson se convirtiera en Presidente en 1963, su apoyo continuo permitió el éxito del programa; y en 1965, el 58% de los estadounidenses apoyaban el proyecto Apolo, en contraste con el 33 % de 1963.
Porque llevar a ese primer ser humano en la misión Apolo 11, fue un evento de proporciones titánicas, a grado tal, que tomando en consideración la inflación a través de los años, los EEUU invirtieron el equivalente a $180 mil millones en el proyecto, requiriendo la colaboración de más de 20,000 instituciones públicas y privadas, y empleando directamente a unas 400,000 personas.
Aunque los logros tecnológicos y políticos, conseguidos por el éxito de La Unión Soviética y Estados Unidos proporcionaron mucho orgullo a sus respectivas naciones, el clima ideológico entre estos países, aseguró que La Carrera Espacial continuaría al menos hasta que el primer humano caminara sobre la Luna.
Antes de este logro, hizo falta que naves sin tripular exploraran primero La Luna mediante fotografías, y demostraran su habilidad para alunizar con seguridad.
A principios de 1969, Estados Unidos consiguió fabricar el primer artefacto humano que orbitó sobre La Luna, el Apolo 8, mientras que los soviéticos tenían graves problemas en su programa lunar; no fue hasta el 20 de julio de 1969, casi 6 años después de la muerte de JFK, que el objetivo del Programa Apolo fue alcanzado, y un hombre puso pie en La Luna.
Solo el alunizaje del Apolo 11, la culminación del éxito de La NASA, costó aproximadamente de $20 a $25 mil millones; y Estados Unidos siguió mandando astronautas a La Luna, hasta que la falta de interés y presupuesto, hicieron cancelar el programa.
En 1975, la Misión Conjunta soviético-estadounidense, Apolo-Soyuz, dio por finalizada La Carrera Espacial.
¿Entonces por qué es tan grande este discurso de Kennedy?
Por la sencillez gramatical de la oración “Elegimos ir a La Luna” permite al público reflexionar sobre conceptos importantes, es decir, la elección, y su repetición enfatiza esto.
Kennedy usa pronombres demostrativos, o apuntando, por ejemplo a “Esta década”, “ese objetivo”, para crear un sentido de urgencia; para transmitir lo cerca que está el éxito de los Estados Unidos.
Por su parte, Douglas Brinkley, profesor de historia en la Universidad Rice, escribió sobre el discurso en su 50° aniversario que:
“La oración de Kennedy fue una noticia de primera plana en todo el país.
Los críticos lo vieron como otro discurso de Ted Sorensen, encerrado en la aspiración.
Pero para toda su retórica creciente, el discurso de Rice, estaba basada en el pragmatismo.
Kennedy llamó la atención a los contribuyentes de La NASA, que necesitaba un presupuesto de $5.400 millones; y también hizo un trabajo tremendo de conectar el “moonshot” en Houston, de manera que emocionaron a los locales:
“Nos reunimos en una universidad conocida por el conocimiento, en una ciudad conocida por el progreso, en un estado destacado por su fuerza; y estamos necesitados de los 3”, dijo.
Lo que Kennedy hizo tan brillantemente ese día, fue el marco del “moonshot” como un instrumento para las razones de seguridad de los EEUU”
Tras el magnicidio, El Centro de Operaciones de Lanzamiento de La NASA en Cabo Cañaveral, fue renombrado como “Centro Espacial John F. Kennedy”; que había sido fundado el 1 de julio de 1962.
El nombre del centro espacial en honor a Kennedy, fue dado por su sucesor, Lyndon B. Johnson, bajo la orden ejecutiva 11129; después de que Kennedy muriera en 1963.
La orden de Johnson, unió ambos, El Centro de Operaciones de Lanzamiento (LOC), y La Estación de La Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral, las instalaciones de la Estación No. 1 del Atlantic Missile Range.
Ambas instituciones, una civil y una militar, fueron unificadas por Johnson con el nombre de “Centro Espacial John F. Kennedy”, ocasionando cierta confusión al público, al unirse ambas instituciones; pero el administrador de La NASA, James E. Webb, aclaró esta confusión con una directiva que decía que el nombre del “Centro Espacial Kennedy” solo aplicaba al LOC; mientras que La Fuerza Aérea lanzó una orden general, renombrando el centro militar de lanzamientos, como “Estación de La Fuerza Aérea del Cabo Kennedy”; pero esto fue revertido en 1973.
Desde el fin del programa Apolo de la agencia espacial, NASA, en 1972, El Centro Espacial Kennedy ha sido usado para todas las misiones espaciales tripuladas desde diciembre de 1968.
La tecnología, especialmente la ingeniería aeroespacial y la comunicación electrónica, avanzaron mucho durante este periodo.
Sin embargo, los efectos de La Carrera Espacial se extendieron más allá de la cohetería, la física y la astronomía.
La tecnología de la era espacial, llegó y alcanzó campos tan diversos como la economía familiar y de consumo y los estudios de defoliación forestal, y el esfuerzo por ganar la carrera, cambió la propia manera en que los estudiantes estudiaban la ciencia.
Las preocupaciones estadounidenses sobre su lugar en la carrera al espacio por detrás de Rusia, llevaron a los legisladores y los educadores, a aplicar un mayor énfasis en las matemáticas y la física en las escuelas de EEUU.
El National Defense Education Act, de 1958, aumentó los fondos para conseguir estos objetivos, desde la educación primaria hasta el nivel de posgrado.
En la actualidad, más de 1200 institutos de EEUU, conservan sus planetarios, una situación sin parangón en otro país del mundo, y una consecuencia directa de La Carrera Espacial.
Los científicos, ayudados por este esfuerzo, ayudaron a desarrollar tecnologías de exploración espacial que han tenido aplicaciones adaptadas a áreas que van desde la cocina al atletismo.
Los alimentos desecados y precocinados, la ropa que permanece seca, e incluso las gafas de esquí antiniebla, tienen sus raíces en la ciencia espacial.
Hoy, orbitan La Tierra más de mil satélites artificiales, retransmitiendo comunicaciones alrededor del planeta, y facilitando la medición de datos sobre el clima, la vegetación y los movimientos humanos a los países que los utilizan.
Además, gran parte de la microtecnología que mueve las actividades diarias, desde la medición de la hora a escuchar música, están derivadas de la investigación iniciada con La Carrera Espacial.
Por su parte, La URSS permaneció como líder indiscutible en cohetería, incluso hasta el final de La Guerra Fría; mientras que EEUU se hizo superior en electrónica, medición remota, control de vehículos y control robótico.
Pero las palabras de Kennedy de hace 55 años, todavía tienen el poder de inspirar; y mientras que la retórica de La Guerra Fría del Presidente puede no ser tan efectiva hoy en día, otros pasajes del discurso pueden hacer que los jugos de exploración espacial de la gente, fluyan nuevamente.
La pregunta para hoy es, si las otras razones son suficientes para sostener el apoyo al programa espacial…
Lo único que hizo posible que aquello sucediera en 1969, fue el deseo profundo y verdadero de un hombre, de conseguir alcanzar su sueño, llegar un día a acariciar La Luna, y luchar sin rendirse, como decía Hypatia de Alejandría.
“Lucharía contra las propias estrellas, contra todos los dioses si hacía falta.
Nunca me rendiría, aunque me costase el fuego eterno, la ira de los señores del universo.
¡Jamás!”
Y cuando nos preguntamos:
Por qué el hombre no volvió a pisar La Luna en más de 4 décadas, debemos volver a las declaraciones de Tom Wolffe, con motivo del 40º aniversario del Apolo XI:
“La NASA se quedó sin filósofos el 20 de julio de 1969″
Falta gente que inspire, que motive.
John F. Kennedy, más allá de todas sus ambiciones políticas en plena Guerra Fría, fue uno de ellos.
Mucho han cambiado las cosas desde aquel 12 de septiembre de 1962…
Con los años, y con la desintegración de La URSS, la rivalidad en La Carrera Espacial, ha dado paso a la colaboración internacional.
Los abultados presupuestos destinados a la exploración espacial en aquella época, eran casi ilimitados, y serían impensables en la actualidad; y tras el fin de las misiones Apolo, ningún otro país ha vuelto a La Luna; por lo que Marte se perfila como el nuevo gran objetivo de La NASA; más cuando aseguró El Presidente, Barack Obama:
“EEUU intentará llegar al Planeta Rojo para el año 2030”
Otro visionario.

“We set sail on this new sea because there is new knowledge to be gained, and new rights to be won, and they must be won and used for the progress of all people”



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