ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives)

“สวรรค์ไม่มีอะไรที่นั่น”
(El cielo está sobrevalorado.
No hay nada allí)

El Dr. Richard Alpert, también conocido como “Baba Ram Dass”, es un maestro espiritual contemporáneo que escribió en 1971 el afamado libro “Be Here Now”; y en una conferencia sobre hinduismo llegó a decir:
“Estamos siendo entrenados a través de nuestras encarnaciones:
Entrenados para buscar el amor, entrenados para buscar la luz, entrenados para ver la gracia en el sufrimiento…”
Y se dice que en la última conversación entre Siddhartha y Govinda, el primero exponía las reflexiones a las que le había conducido su retiro:
“El tiempo no es real y delimitable; la existencia es el incesante flujo de agua de un río.
La medición del tiempo sirve como fin organizativo; aunque sólo tengamos ojos, oído y tacto para el presente y para una pequeña porción de pasado y futuro, toda la eternidad reside en nosotros.
El mundo había de ser contemplado con amor; porque todo es unidad.
Esta pequeña piedra también es existencia, como lo soy yo”
A lo que Govinda besa en la frente a Siddhartha, y ve en él miles de rostros:
“Destrucción y nacimiento constante.
Una gran cantidad de seres amándose, renaciendo en la eternidad, hijos del mismo padre”
Siddhartha sonrió con la sonrisa de los seres perfectos.
De esa manera, una cierta libertad y falta de apego a las personas, los lugares, las cosas y las ideas, llega con la aceptación de la reencarnación.
Esto es ilustrado por la historia, sobre un aspirante hindú que estaba aprendiendo el “headstand”, aquel acto de equilibrar la cabeza y las manos con los pies en el aire... y lo intentó algunas veces, pero perdió el equilibrio y cayó.
Luego, se dio por vencido y dijo:
“Siempre puedo aprender a hacerlo la próxima vez que vaya por aquí”
Por su parte, en el nuevo cine contemporáneo tailandés, se pueden encontrar 2 vertientes debidamente desarrolladas que buscan:
Deliberadamente hacer un cine visualmente distinto e independiente, en el que la libertad creativa va de la mano con la juventud de sus realizadores y sus búsquedas personales; y el otro cine está inspirado en llenar las salas comerciales con historias más cercanas a occidente, con géneros tan disímiles como el terror, la comedia, el drama y la acción, pero sin perder ese calor y sabor intrínsecamente localista.
“ใส่ความมหัศจรรย์ของชีวิตที่ผ่านมาของพวกเขา”
(Entra a la magia de sus vidas pasadas)
ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) es una película tailandesa de fantasía, del año 2010, escrita y dirigida por Apichatpong Weerasethakul.
Protagonizada por Thanapat Saisaymar, Jenjira Pongpas, Sakda Kaewbuadee, Natthakarn Aphaiwong, Jeerasak Kulhong, Kanokporn Thongaram, Samud Kugasang, Wallapa Mongkolprasert, Sumit Suebsee, Vien Pimdee, entre otros.
El guión está inspirado por el libro “A Man Who Can Recall Past Lives” de Phra Sripariyattiweti, del monasterio forestal de Sang Arun, en Khon Kaen; y publicado en 23 de agosto de 1983; un monje que en verdad podía recordar sus encarnaciones anteriores después de un alto grado de meditación.
Todo ello está íntimamente relacionado con el sincretismo cultural y religioso del budismo, religión mística de por sí, y por ende, mitificada “ad-nauseaum” para el espectador occidental, lo que le brinda a esta película un primer velo de exotismo deslumbrante.
Apichatpong “Joe” Weerasethakul, es un director, productor y guionista de cine independiente tailandés; que también tiene una práctica de artes visuales que desarrolla en paralelo a su carrera en el cine; es un cineasta que ha mostrado gran interés en el pasado, por lo que ha realizado varias películas basadas en historias personales, culturales y políticas; y contó que un hombre llamado “Boonmee” se acercó a Phra Sripariyattiweti, el abad de un templo budista en su ciudad natal, diciendo que podía recordar claramente sus vidas anteriores mientras meditaba.
El abad, impresionado por la habilidad de Boonmee, decidió publicar un libro en 1983; y cuando Apichatpong lo leyó, Boonmee ya había muerto.
De esa manera, la idea original para esta producción, era en un principio adaptar el libro para hacer una película biográfica sobre Boonmee; si bien esta idea fue rápidamente abandonada para dar sitio a una película más personal, sí se utilizó la estructura del libro, así como su contenido e inspiración; y tanto la historia como la producción, se inspiraron en antiguos programas de televisión e historietas tailandeses, que habitualmente tenían argumentos sencillos y estaban llenos de elementos sobrenaturales
Pero mientras la historia de Boonmee, una persona real que podía recordar sus vidas pasadas, y que falleció hace más de 20 años, fascinó al realizador; su película no es una adaptación del libro; más bien, el director tomó la inspiración y la mezcló con sus propios recuerdos; por tanto, la película es tanto sobre Apichatpong como sobre Boonmee; y es que la película es en parte autobiográfica ya que, como Boonmee, el padre de Apichatpong Weerasethakul, también murió de insuficiencia renal.
La película fue una coproducción entre la compañía de Apichatpong, Kick the Machine; las alemanas, The Match Factory y Geissendörfer Film- und Fernsehproduktion; la británica Illuminations Films; la francesa Anna Sanders Films; y la española Eddie Saeta; y para su desarrollo recibió 3.5 millones de Baht como ayuda del Ministerio Real de Cultura Tailandés.
ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) obtuvo La Palme d’Or del Festival Internacional de Cine de Cannes, sorprendiendo a la mayoría de los críticos del mundo; y por ello se convirtió en la primera película asiática en ganarlo desde 1997; y Apichatpong Weerasethakul se convirtió en el primer director tailandés en recibir este premio:
“Cuando gané, era un momento muy oscuro para Tailandia, por lo que se aceptaron buenas noticias como esta.
Se convirtió en una diversión emocional para las personas, pero también para el gobierno”
Y contrariamente a los menosprecios del Ministro, la película fue un éxito comercial, siendo seleccionada como la presentación de Tailandia a la categoría de Película de Lengua Extranjera de Los Premios de La Academia, aunque no alcanzó los 5 finalistas.
Por otra parte, el dibujante Chris Ware, creó el póster para el estreno en EEUU.
El rodaje tuvo lugar entre octubre de 2009 y febrero de 2010, dependiendo en gran medida de las condiciones climatológicas, tanto en Bangkok como en Tailandia del Nordeste, Isan; y la grabación se llevó a cabo en película de 16mm por motivos de presupuesto, y para dar a la obra una imagen similar a la usada en el cine clásico tailandés del pasado, ya que la película trata sobre las tradiciones moribundas; y de esa manera nos sitúa en un recóndito lugar del noreste de Tailandia, una zona muy rural, y donde tradicionalmente hubo muchos conflictos armados.
La historia se centra en los últimos días de la vida del personaje que da nombre a la película:
El tío Boonmee (Thanapat Saisaymar), que sufre una insuficiencia renal aguda, y decide acabar sus días entre los suyos en el campo.
Junto a su familia, incluyendo el fantasma de Huay (Natthakarn Aphaiwong) su difunta esposa, y el fantasma de su perdido hijo, Boonsong (Jeerasak Kulhong) que regresa en una forma no-humana; lo toman bajo sus alas.
Mientras medita sobre los motivos de su enfermedad, Boonmee atraviesa la jungla con su familia hasta llegar a una cueva en la cima de una colina, el lugar donde vino por primera vez al mundo
ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) es una película por la que se han rasgado las vestiduras los que creen alcanzar con en ella el “Nirvana” fílmico; pues la prensa internacional, deslumbrada por el casi desconocido cine tailandés, ven un compilado de escenas sin sentido, que muy a pesar del título de la película, el tío Boonmee no describe ninguna de sus vidas pasadas.
Y es que el director es conocido a menudo como un hombre “misterioso” que hace películas “misteriosas”, en parte como una referencia lúdica al título de su primer largometraje “ดอกฟ้าในมือมาร” (Mysterious Object At Noon – 2000), pues ha venido realizando películas que obligan al público a mirarlas de forma diferente; por lo que para observar una película de Apichatpong, los espectadores deben abandonar su comprensión básica de la estructura narrativa, lógica, lo que es real/irreal, lo que es pasado/presente y cuándo es humano/animal/espíritu, pero también se cuestiona si el público logra percibir el mensaje, con demasiadas referencias culturales e históricas muy propias y particulares, que impregnan el trabajo del director.
A ello, el cineasta respondió que no entiende que busca:
“Una película tiene su propia vida.
Es como una persona.
Tiene un cierto carisma y una cierta longitud de onda.
O tiene la misma longitud de onda o no.
Para mí, mi deber es para expresar mi longitud de onda...
Es mi memoria, pero al mismo tiempo, espero que esté lo suficientemente abierta como para desencadenar tus propias experiencias”
Eso hace que ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) sea una muestra de “open cinema”, un cine abierto a todo tipo de interpretaciones, con ideas difusas y con una marea de símbolos y sucesos de la que el espectador puede sacar los elementos que considere relevantes para construir sus propios significados acerca del largometraje.
“มันเป็นตัวตนทั้งหมดของฉันทั้งหมดกลิ้งอยู่เหนือฉัน”
(Fueron todas mis identidades, todas rodando sobre mí)
Trabajando fuera de los límites estrictos del sistema de estudio cinematográfico tailandés, el director “Joe” Weerasethakul, ha dirigido varias funciones y docenas de cortometrajes; y los temas reflejados en sus películas, frecuentemente discutidos en entrevistas, y censurados en su país, incluyen los sueños, la naturaleza, la sexualidad, incluyendo su propia homosexualidad; y las percepciones occidentales de Tailandia y Asia; por lo que sus películas muestran una preferencia por estructuras narrativas no convencionales, como colocar títulos/créditos en el medio de una película; y para trabajar con no actores.
Los cinéfilos, cariñosamente se refieren a él como “Joe”, un apodo que él, como muchos con nombres tailandeses largamente similares, ha adoptado por conveniencia; y ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) es la última parte de un proyecto multiplataforma llamado “Primitive”, que nos acerca a la región de Tailandia del nordeste, y en esta película, más concretamente a Nabua, la provincia de Nakhon Phanom, junto a la frontera laosiana.
Anteriormente, el director ya había desarrollado un vídeo instalación de 7 partes y 2 cortometrajes en relación a esta película, todos estrenados en 2009; y nos acerca a temas introducidos por la memoria, como la transformación y la extinción, además trata los conocidos enfrentamientos entre los simpatizantes comunistas de Nabua y el ejército tailandés en 1965, que terminaron de manera sangrienta.
A pesar de ello, el director ha remarcado que “recoge los ecos de otros trabajos del proyecto de videoinstalación “Primitive”, que es acerca de Isan y su brutal historia.
Pero no estoy haciendo una película política, es más como un diario personal”
De esa manera, Apichatpong Weerasethakul mezcla en sus videos una amplia gama de referencias, pensamiento budista y cultura popular; y trabaja la memoria como una materia fluida, atormentada por los problemas y el deseo que nos habita a todos; y más allá del aspecto visual de sus obras, a menudo él expone una visión crítica de la sociedad tailandesa de hoy.
En la forma, en sus películas, Weerasethakul apenas respeta una secuencia cronológica de acción, por ejemplo, la trama se repite desde el centro de la película en un contexto completamente cambiada de la sociedad humana en la selva tropical en “สัตว์ประหลาด” (Tropical Malady – 2004); un antiguo hospital a otro muy moderno en “แสงศตวรรษ” (Syndromes and a Century – 2006)
Y de hecho, encontramos en su trabajo un diseño binario, en el que están montados en 2 partes que responden casi simétricamente; porque sus obras comienzan a partir de una historia evocando un diario banal para cambiar a medio camino en una imaginería poética, onírica y mitológica.
Y es que el cineasta cultiva el gusto por el misterio y la lentitud en un estilo contemplativo inclasificable, que a menudo confronta lo moderno con lo arcaico; y en realidad ilustra la parte irracional del deseo, las vidas múltiples del hombre y el viaje de las almas; además, el cineasta deja, en sus trabajos, un gran lugar para la naturaleza, y se siente también por la imagen como por el sonido; por ejemplo, podemos notar que el ruido provocado por la naturaleza al comienzo de “สัตว์ประหลาด” (Tropical Malady – 2004), donde oscurece la voz de los actores, una costumbre puesta en primer plano; y en este caso en particular, ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) explora el tema de la reencarnación
Boonmee está muriendo de una enfermedad renal, y ha regresado a su propiedad en Isan, donde su cuñada Jen (Jenjira Pongpas), su sobrino Tong (Sakda Kaewbuadee) y un trabajador birmano lo están cuidando.
Por un tiempo, él tiene la fuerza para cuidar sus árboles de tamarindo y la cosecha de miel, pero pronto él es incapaz de hacer eso.
Una noche, la familia se sorprende con la visita de la esposa muerta de Boonmee, Huay, y luego se les unirá el hijo, Boonsong, que tomó la forma aterradora de un fantasma de mono, pues sus ojos rojos brillan en la oscuridad.
Estos encuentros misteriosos, subrayan la idea de que el tío Boonmee ha tomado forma en sus vidas pasadas como un búfalo de la selva, y como un bagre que tiene relaciones sexuales con una Princesa…
También puede haber sido La Princesa que, en una de las escenas más mágicas de la película, llora mientras está de pie frente a una cascada.
¡Qué impresionante imagen de sueño!
Y de acuerdo con la experiencia agonizante del tío Boonmee, se lamenta de que su karma estará determinado por la muerte de algunos comunistas y el exterminio de algunos bichos en su patrimonio.
Por ello viaja a la cueva de una colina que será el lugar de descanso final para él; pues él siente que también fue el lugar donde comenzó su primera vida.
De esa manera, tras un prólogo desconcertante, pero que nos hace pensar que estamos ante un relato lleno de poesía, en la película se suceden secuencias de la vida cotidiana de esta gente sencilla, diálogos insustanciales pero que con su tono documental y la naturalidad de los actores, algunos no profesionales, hacen que estemos ante un interesante fresco de la vida de estos personajes.
Todo dará un giro cuando hagan aparición un par de personajes fantasmales, mujer e hijo del tío Boonmee.
En este punto se intuye que la película irá por los derroteros del realismo mágico, “a la oriental” claro, y hay ciertos momentos de humor propiciados por el aspecto de uno de los personajes, cosa que ameniza esta parte.
Así, la estructura del filme la crea el propio tío Boonmee en su cabeza:
La memoria es, por tanto, “una especie de máquina del tiempo” que permite viajar entre realidades.
De ahí que la película se traslade sin aviso previo a esas vidas pasadas, a las que se hace referencia en el título, durante períodos de sueño que, como es habitual, y no puede evocar con exactitud:
“Nací aquí en una vida que no recuerdo.
Sólo sé que nací aquí”
El humo es simbólico, invoca al recuerdo, a otra realidad anterior, como inicio de un sueño; siempre con la transmigración de fondo:
“No sé si fui un ser humano o un animal.
Una mujer o un hombre”
Y si la noche está relacionada con el pasado, el día con el presente y el futuro; y en ambos se habla de la situación política y social reciente del país:
Guerra, comunismo, inmigración, vida rural/crecimiento de la ciudad.
Cuando Boonmee se desplaza en sueños al futuro, parece una continuación de conversaciones previas:
“Éste es el resultado, la enfermedad, de mi karma…
Maté a demasiados comunistas…
Y he matado a muchos insectos en mi granja”
Política y transmigración, y para todos los que creen en la reencarnación, o para otros que están dispuestos a entretener la idea para contemplar sus implicaciones, esta película ayuda a ver todas las múltiples maneras en que podemos estar en relación con todo lo demás.
Algo así se insinúa en la secuencia final que trata del budismo y la política tailandesa.
Por otra parte, la puesta en escena pausada, de encuadres sobrios, planos largos, interpretaciones naturales y diálogos cortos que dan la sensación de estar ante un filme documental, que retrata maravillosamente, como estampa de almanaque, la región noreste de Isan, paradisiaco valle que enmarca los primeros encuentros con los personajes; por lo que estamos ante un filme “art house” cuidadosamente planeado para gustar en festivales, pues eso se “huele” desde el primer fotograma, y es perfectamente válido tanto para su director, Apichatpong Weerasethakul, como para cualquier realizador capaz de sostener una cámara con un estilo propio.
Pero de ahí a que una larga secuencia inicial que sigue el camino de un toro por el bosque sin mayor sentido, hasta terminar con la súbita presencia de un ente oscuro de ojos rojos por mirada… es difícil de digerir para el espectador común.
Pero atención, que ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) no engaña desde la primera aparición de ese mono-fantasma, el escenario queda establecido:
Entramos en un nuevo territorio.
Su respiración, entre la espesura de la jungla, nos invita a acompañarle, nos introduce en una nueva dimensión, y a partir de aquí no queda otro remedio que plegarse a los deseos del filme, dejarse llevar, ser poseído gustosamente por esas 2 luces rojas amenazantes, esos ojos turbadores que nos llaman desde la sombra, en una mezcla extraña entre terror, misterio, atracción y fascinación, que es lo que nos mueve a entrar; y “Joe” abre una gama de posibilidades para lo que está pasando, explicaciones de algún tipo, por las que los recién llegados a su cine un tanto desconcertante, estarán debidamente agradecidos.
Pues no necesitas creer en la transmigración de las almas, solo para creer que él y sus personajes lo hacen, lo cual es fácil de confiar:
Un búfalo cautivo, que puede o no ser una encarnación previa de Boonmee, se libera en el primer plano para vagar en un bosque, su piel oscura se vuelve plateada en el crepúsculo…
Se cuenta un episodio de una Princesa en una cascada, entristecida por el reflejo de su yo más joven, y físicamente consolada, si esa es la palabra, por un bagre parlanchín:
“No soy un fantasma, soy un bagre”
Y es difícil imaginar que 2 personas tengan exactamente la misma respuesta a las tácticas peculiares del filme, que es parte de lo que lo hace especial:
En el espectro desde el aburrimiento exasperado hasta el éxtasis total, todos tienen su propio lugar.
El último carrete de la historia, recordándonos con una sacudida que estamos en el presente cuando un monje se despierta para revisar su teléfono móvil, nos hace trabajar más duro:
Es un paso demasiado lejos, rompiendo el hechizo hipno-poético que “Joe” misteriosamente ha logrado; y hasta entonces, los sonidos de la jungla y las minucias silenciosas de su película, arrulladora y como una manta, permiten un estado de receptividad enloquecido; y es posible que no estés seguro si lo has visto o soñado…
Una escena desconcertante, es cuando la muerta observa las fotos de su propio funeral, imagen poderosísima que viene a revelar esta obsesión omnipresente en el filme, esta necesidad de captura de todo lo amado, para que perdure por siempre jamás, que no es otra cosa que fotografiar para ver más allá…
Fotografiar para alcanzar la inmortalidad.
Así es como aparecen los recuerdos, se hacen presentes y palpables; y con los recuerdos llegan los fantasmas, seres suspendidos en una temporalidad indefinida, que siempre estuvieron presentes, pero que ahora son de carne y hueso porque aún necesitamos abrazarlos.
Vida y muerte son capaces así de convivir sin estridencias:
“Ya no tengo noción del tiempo”
Es la tradición y la modernidad, que a los espíritus de los muertos se les ofrece comida y bebida, se sientan a la mesa, en un acto de pura cotidianeidad; y de la interacción entre unos y otros, se desprende un particular sentido del humor, extranjeros los unos de los otros, pero todos en la misma mesa; y llegado un punto, tras la muerte de Boonmee, la película empieza a caminar hacia un territorio menos ambiguo, más plausible, más terrenal, por decirlo de alguna manera:
La vuelta al mundo real es inevitable.
La sensación es la misma que la que se produce al salir de una sala de cine, un despertar amargo; y así, poco a poco conseguimos desvelarnos para de nuevo enfrentarnos a lo que nos espera fuera:
Los fantasmas desaparecen y la memoria pervive en forma de fotos, recuerdos, sensaciones o películas, qué más da.
Pero en ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) hay 3 temas íntimamente ligados:
La pérdida de la sacralidad que rodea las tradiciones tailandesas, una transformación en la relación con la naturaleza tan característica de quienes creen en la transmigración del alma, y una desvalorización de lo propio en una sociedad que se está occidentalizando cada día más.
La pérdida de la sacralidad, está impregnada en todo el largometraje, e incluso podría argumentarse que la parte cómica de la película, con el mono-hombre que ha surgido de una espiritualidad de un humano que se ha encontrado con la naturaleza, que se ha hecho intencionalmente para que el espectador en vez de admirar al personaje, se ría de él.
Pero tal vez donde se vea más claro es en una de las escenas finales, cuando un personaje que quiere ser monje, entra a escondidas al cuarto de su mamá, se quita su túnica, se baña y se pone una camiseta, unos jeans y tenis, y sale a comer.
El agua con el que se baña, remueve su pasado, su religión, su pueblo, y lo prepara para estar inmerso en otra realidad, la que está afuera del templo, donde la gente se come sus hamburguesas al lado de gasolineras donde paran carros cada minuto.
Y al ser Tailandia un país eminentemente budista, se puede inferir que la relación de sus habitantes con la naturaleza, tiene ciertas características, pues al creer en la transmigración del alma, los otros seres vivos, sean animales o vegetales, dejan de ser inferiores al ser humano:
¿Podré estar matando a un ser querido si mato un grillo por diversión?
Y se forma una relación no únicamente de respeto a ellos, sino una relación que los considera otros sujetos más.
Los seres humanos no son más que unos más de los seres vivos en la naturaleza, al punto que un pez puede aparearse con una mujer, y un hombre puede terminar convirtiéndose sin problema en un híbrido entre humano y simio, que con la misma facilidad con que se pasea entre las ramas de los árboles visita a su tío humano para ver cómo va todo...
La película muestra, cómo con la modernidad, esta relación cambia, y se ve perfectamente ejemplificado cuando Boonmee está muriendo, y sueña con el futuro.
Una serie de fotografías nos muestra al hombre-mono siendo atrapado por unos soldados, unos jóvenes con camisetas Levi’s tirándole piedras al ser, y los soldados tomándose fotos con él; es la última atracción, un hombre-mono con un lazo al cuello.
Los seres vivos de la naturaleza, dejan de estar al mismo nivel de los humanos y se vuelven inferiores, se pueden dominar y manejar a voluntad, así como se domina al principio de la película a la vaca que trata de escapar sólo para reencontrarse con su dueño, listo a apresarla de nuevo.
Ligado a todo esto está una desvalorización de lo propio, de lo tailandés, en una sociedad que se está occidentalizando cada día más, entrando cada vez más en el sistema capitalista.
Es por eso que, en un fragmento de la película que parece no tener mucho que ver con el resto, una Princesa tailandesa se ve blanca al ver su reflejo en el agua, y entrega todas sus pertenencias al pez que allí habita para ser transformada en esa figura.
El simbolismo de las imágenes:
Los peces en la cueva, la cueva misma como “vientre donde nació el protagonista la primera vez”; la fuerza visual de las mismas, en el cuento incluido de La Princesa que busca la belleza que no tiene en su falso reflejo en el lago; el poder que emana de la jungla… todo está inmerso en el mundo rural, mágico y ancestral; y los últimos minutos suponen el regreso a la aparente civilización urbana, a la occidentalización, a la música pop, a la pérdida de ese mundo mágico que se oculta en la espesura y en la noche del mundo rural; porque Nabua es un pueblo que tiene una historia preocupante:
Debido a la proximidad a Laos, fue el punto de entrada del comunismo a Tailandia; donde los militares establecieron un campamento en la región en los años 60, y se embarcaron en una brutal represión contra el comunismo.
Muchas personas fueron asesinadas, y un número desconocido desapareció en la jungla.
Una sensación de miedo impregnó la región, además del avance rápido a la época contemporánea, y un país dividido por el faccionalismo político y la violencia.
Por ello, Apichatpong recordó una mañana cuando se despertó con una sensación de falta de libertad en Tailandia:
“Hay muchas cosas que no podemos decir o hacer.
Y comencé, como muchas personas durante ese tiempo, a educarnos a nosotros mismos...” y se dio cuenta del ciclo del mal que continúa.
“Hay una sensación de desesperanza viviendo en Tailandia”, dijo Apichatpong.
Esa comprensión despertó el interés del cineasta en la muerte y la reencarnación.
Según él, ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) es en primer lugar acerca de “objetos y personas que se transforman o cruzan”
Uno de los temas centrales es la transformación, y posible extinción del propio cine; por lo que la película consiste en 6 rollos de película, cada uno de ellos con un estilo de grabación diferente; y en palabras del director, entre los estilos podemos encontrar “cine antiguo con actuaciones rígidas acompañado por una puesta en escena clásica, estilo documental, disfraces y drama y mi estilo de película cuando ves largas tomas con animales y gente conduciendo”
Y explicó:
“Cuando haces una película sobre recuerdos y muerte, te das cuenta de que el cine está también enfrentándose a la muerte.
Esta es una de las últimas películas grabadas analógicamente, pues en estos días todo el mundo graba digitalmente; por lo que este es mi pequeño lamento”
Pero uno se puede llegar a preguntar:
¿Cómo tomar en serio a quien pretende ser “artísticamente-contemplativo-y-filosófico” a través de un actor mutado, sólo porque éste se mueve en cámara lenta, no parpadea y habla en monosílabos?
¿Debe decirme algo “trascendental”, que un pez gato folle a una doncella en un lago?
¿Es el búfalo fugitivo, realmente el tío Boonmee?
¿Es la cueva una metáfora, o simplemente una cueva?
¿Película de fantasmas, comedia dramática familiar, parábola política de la situación política de Tailandia?
¿Pero quién de aquí habría visto esta película si no hubiera ganado lo que ha ganado?
“A veces no necesitas entender todo para apreciar una cierta belleza.
Y creo que la película funciona de la misma manera.
Es como tocar la mente de alguien.
El patrón de pensamiento es bastante aleatorio, saltando aquí y allá como un mono”, dijo Weerasethakul, que prefiere no explicar nada sobre la película:
“Esto es cine abierto.
Tengo mi propia opinión, pero a veces eso arruina la imaginación del público.
Puedo decir, en resumen, es una película sobre un moribundo.
Habla sobre la muerte y al mismo tiempo la vida y los sueños, y también el recuerdo de cómo creció con este paisaje”
De esa manera, los límites se disuelven entre los vivos y los muertos, el pasado y el presente, el hombre y la naturaleza, lo extraño y lo cotidiano.
Y “Joe” entiende el cine en su radicalidad de arte de la duración, en su capacidad de reproducir, en cada plano, la naturaleza del instante:
El misterio, la incertidumbre, la amenaza de lo que es inminente, y que toma cuerpo en el cambio de plano, en la entrada del enigma, y que él aprovecha para crear ese presente que en el cine puede proyectarse con una linealidad visual, mientras que nos hace recorrer muchos tiempos a nivel del relato.
Será un viaje capaz de atravesar todas las potencialidades del ser, pues de un plano al siguiente, un personaje puede ser el mismo, ser otro, ser él mismo pero en otro tiempo de cronología desconocida…
Una máquina, en fin, capaz de hacernos remontar a lo desconocido de la existencia; capaz de entender que para descodificar el futuro, es necesario iluminar el pasado; y también el pasado fílmico, su carácter fantasmagórico, ilusorio e infantil.
Y es en este sentido que podemos hablar de la película y del cine de Weerasethakul, como “un cine contemplativo”; en el sentido no sólo de espera ante la inminencia de algo que desconocemos, sino en la creencia firme en que contemplando un árbol, un buey, El Sol entre las ramas, o la niebla deslizarse entre los contornos de una montaña, podemos llegar a contactar con todo lo que de enigmático hay en el universo.
Aunque el problema en realidad es que, independientemente del origen de las criaturas fantásticas de la película, éstas no tienen el suficiente atractivo, poesía o carisma para que nos resulten fascinantes.
A esta “fallida magia”, no le ayuda una estructura dispersa, con retazos sueltos de los sucesos y pensamientos de Boonmee y compañía, ni un ritmo tedioso que con otras bases hubiese sido soportable.
Y es que lo que nos interesaría de la historia de Boonmee, Weerasethakul lo pasa por alto; y hubiese sido interesante una muerte del personaje más emotiva, en esa secuencia se procede con total frialdad; ver otras de sus “vidas pasadas”, conocer un poco más de la vida de sus familiares, ya sean los vivos o los muertos o entender la situación política de la región.
No hay nada de eso en la película, sólo el ánimo de hacer algo hipnótico, algo que el director no consigue a pesar de contar con una parte visual muy bella, pero totalmente desaprovechada.
¿Falta poesía en esos personajes mágicos, falta empatía?
¿Falta poder centrarse en puntos de interés…?
Apichatpong Weerasethakul partía de buenas ideas, quizás, pero sin duda su ejecución no es la esperada por el espectador.
¿Estamos ante el clásico caso de cineasta que sólo hace cine para él mismo y para cuantos “elegidos”?
No todos adoran la lógica del mono saltarín de Weerasethakul; y junto a la adulación crítica, sus películas son frecuentemente acusadas de ser intencionalmente confusas, impenetrables, inútiles y aburridas; de hecho, un crítico la rebautizó como “Uncle bong hit”
Pero Weerasethakul no se molesta en lo más mínimo:
“Siempre digo que una película debe tener personalidad.
Y como una persona, si es muy popular, me sentiría muy desconfiado.
Quizás mi buena película no sea tu buena película... muy subjetivo, pero si hago una película que divide a la audiencia, siento que es un cierto nivel de éxito.
La película debería dividir a las personas”
El peligro con Weerasethakul, es que el público se mantiene al otro lado de la brecha con los críticos que adoran, y es poco probable que ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) le dé una carrera a “Harry Potter” por su dinero en la taquilla del Reino Unido, pero en términos más generales, ya es hora de que alguien lo altere.
Incluso el dicho de Godard, de que “una película debería tener un comienzo, un medio y un final, pero no necesariamente en ese orden”, tiene ahora medio siglo de antigüedad.
Con las películas de Weerasethakul, que disuelven límites, la sola idea de comienzos y fines narrativos se vuelve redundante.
No está arruinándose demasiado revelar que el filme termina con 2 conjuntos de los mismos personajes en una habitación, como si los universos paralelos hubieran colisionado accidentalmente, o el tiempo se hubiera dividido en 2.
Además, estos son personajes que han aparecido en sus películas anteriores:
¿Un florecimiento autorreferencial que arroja una luz diferente sobre sus otras obras?
Como cualquier buen cineasta de vanguardia, él ignora las reglas, y encuentra nuevas posibilidades, y en los próximos años, sus métodos sin duda serán absorbidos por la corriente principal, y las generaciones futuras se preguntan, cómo no pudimos entender lo que él estaba haciendo.
“Para mí, la realización de películas todavía es joven.
Todavía tiene espacio para crecer, y ahora todavía está unido a otros tipos de arte, como la literatura o el teatro.
No estoy diciendo que estoy tratando de crear un estilo revolucionario, pero cada película tiene su propio lenguaje:
La película te dice cómo quiere que se lo digan.
Pero tendemos a mantenernos en muy pocos modos de expresión”, dijo el director.
Y es que hay muchos elementos de esta película que se mantendrán elusivos y secretos, o sea que a final de cuentas tampoco se entendió… y algunos más afirman que es un filme para despertar nuevos estados de consciencia... lo mejor es seguir el propio consejo del realizador:
“No piensen demasiado”; y dejarse llevar por la cadencia de las secuencias y por la inocencia del acontecimiento; y destacaría muy por encima de todas, la secuencia que protagoniza La Princesa (Wallapa Mongkolprasert) que acaba haciendo un pacto con el dios de una laguna, aunque sólo sea por su belleza lírica y visual.
“เราได้รับมากกว่าความรู้สึกว่าประสบการณ์หนึ่งจะทำให้คุณพุทธะตลอดไป”
(Habíamos superado la sensación de que una experiencia te iba a iluminar para siempre)
Actualmente, muchos niños tailandeses vienen al mundo con algo más que un pan bajo el brazo… se traen los recuerdos de sus vidas pasadas, en una creencia budista arraigada sobre todo en las zonas rurales, donde la reencarnación es la creencia de que, con la muerte, el alma o la mente se separan del cuerpo físico y se asocian después con un nuevo cuerpo físico.
Esta creencia está muy extendida, y son muchas las culturas que afirman la reencarnación:
Los hinduistas y los budistas del sur de Asia; diversas sociedades del este de Asia; numerosas culturas de África, sobre todo de la zona occidental; y muchas religiones de los nativos norteamericanos.
También es distinta la concepción del tiempo que transcurre entre la muerte y la resurrección para las distintas culturas que creen en la reencarnación; y muchos hinduistas y budistas creen que entre la muerte y la reencarnación existe un intervalo de tiempo que puede variar.
La posibilidad de cambio de sexo de una vida a otra, es otro de los detalles que presenta diferencias según la cultura; y este cambio es totalmente viable, e incluso obligatorio, para los budistas de Birmania y Tailandia.
Otra variación entre culturas, se halla en la posibilidad de reencarnación entre humanos y animales; mientras es algo totalmente viable en las religiones budista e hinduista, pero para la mayoría de otras culturas creyentes en la reencarnación, el cambio de persona a animal no se contempla.
Una diferencia especialmente relevante entre los creyentes en la reencarnación, es la referente a las supuestas relaciones entre la conducta llevada en una vida y sus posibles consecuencias en la siguiente; a lo que los budistas prefieren decir “renacer” a “reencarnarse”, ya que no creen en el alma.
De esa manera, la afluencia de casos de niños que alegan recordar sus vidas pasadas en Tailandia, atrajo entre los años 1970 y 1980 a un psiquiatra estadounidense llamado Ian Stevenson, quien recorrió en varias ocasiones el país para catalogar testimonios.
El psiquiatra, que murió en Estados Unidos en 2007, recabó cerca de 3.000 supuestos casos de renacimientos en varios continentes, y dedicó un libro a los casos que había documentado en Tailandia y Birmania, llamado “Twelve Cases in Thailand and Burma”
Stevenson, que con sólo 38 años llegó a ser el responsable del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Virginia, en Estados Unidos; consideraba la reencarnación o renacimiento como “la explicación más plausible” de muchos de los casos que estudió.
En su opinión, muchos problemas fisiológicos tenían su explicación en las vidas pasadas, como la fobia al agua de las personas que, en su vida pasada, murieron ahogadas… pero además el psiquiatra se topó con el escepticismo y el rechazo de muchos de sus colegas, pero su tenacidad y una donación del inventor de la fotocopiadora, Chester Carlson, le permitió crear en 1967, La División de Estudios Perceptivos en la Universidad de Virginia, quizás el primer departamento de parapsicología en el mundo.
y un año antes de su muerte, Stevenson escribió un artículo titulado “Media carrera con lo paranormal”, en la que instó a sus colegas a seguir investigando este campo, sin importar las incomprensiones que precisó también, padecieron en su día científicos como Galileo, Wegener o Jenner.
Finalmente, las distintas creencias en la reencarnación difieren respecto a los valores asociados a las vidas terrestres y a las supuestas existencias incorpóreas que median entre ambas.
La doctrina hinduista y budista, niega la vida porque considera que ésta es sufrimiento inevitable del que sólo se puede huir dejando de renacer.
En cambio, los igbo desean la vida mundana y el objetivo principal entre sus sucesivas existencias, el paso intermedio entre una y otra vida tiene lugar en un limbo anodino, es renacer.
Llama la atención la forma en la que se enfrentan a la muerte en distintas culturas; y sin duda, ลุงบุญมีระลึกชาติ (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives) refleja esa aceptación casi inmediata de la muerte, y la seguridad total de que hay algo después de ella.

“เฉพาะเมื่อฉันรู้ว่าฉันเป็นใครฉันจะรู้ได้อย่างไรว่าเป็นไปได้อย่างไร”
(Solo cuando sepa quién soy sabré lo que es posible)



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