Flight

“I drank the night before the flight”

El Vuelo 261 de Alaska Airlines, un avión McDonnell Douglas MD-83, sufrió un grave accidente, el 31 de enero del año 2000, en el Océano Pacífico, a 4,3 Km al norte de la isla Anacapa, California, EEUU.
Los McDonnell Douglas MD-80, son una serie aviones de pasajeros de corto y medio alcance, desarrollados por la empresa McDonnell Douglas.
McDonnell Douglas, fue una gran constructora estadounidense, y contratista de defensa de aviones y misiles, que fabricó una gran cantidad de aviones famosos, tanto civiles como militares; y que ahora forma parte de Boeing, desde 1997.
Los aviones, fueron desarrollados a partir del Douglas DC-9 específicamente, para alcanzar las necesidades de operadores de rutas de corto y medio alcance, que requerían un avión de mayor capacidad.
Los pilotos, 3 tripulantes de cabina, y 83 pasajeros a bordo, fallecieron cuando el MD-83 cayó al mar.
Fue el número más alto de fallecidos, jamás visto en un accidente aéreo, que implique un MD-80.
Este vuelo, era internacional, y cubría la ruta Aeropuerto Internacional Lic. Gustavo Díaz Ordaz de Puerto Vallarta, México - Aeropuerto Internacional Seattle - Tacoma, de Seattle, con escala en el Aeropuerto Internacional de San Francisco, en San Francisco, California, EEUU.
La investigación posterior de La Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB), determinó que un mantenimiento deficiente, dio lugar a un desgaste excesivo, y a fallas catastróficas del sistema de control de vuelo, crítico durante el vuelo.
La causa probable, fue la pérdida de control de cabeceo del avión, producto de la falla en el vuelo de la rosca de la tuerca ACME del vástago del estabilizador horizontal.
El fracaso de la rosca, se debió a un desgaste excesivo, y a la lubricación insuficiente del engranaje del elevador.
El avión, fabricado en 1992, tenía más de 26.000 horas de vuelo, al momento del accidente.
Todos los pasajeros y tripulación, fallecieron cuando el avión cayó al mar, y se destruyó con el impacto.
De los 88 ocupantes del vuelo 261:
50 volaban con destino a Seattle.
47 pasajeros, y los 3 tripulantes de cabina, estaban en este grupo.
36 pasajeros y los pilotos, se dirigían a San Francisco.
1 era de nacionalidad mexicana; 1 era de nacionalidad británica; y 86, eran estadounidenses.
Entre los 88 pasajeros, estaban 12 empleados de Alaska Airlines y Horizon Air, lo que llevó a un duelo de parte de la aerolínea, por los fallecidos en este accidente.
Alaska Airlines declaró, que durante días, en viajes más largos, era común que los empleados ocuparan puestos que de lo contrario quedarían vacíos.
Ramos de flores llegaron a la sede de la aerolínea en Seattle - Tacoma, Washington, al día siguiente.
Con un sónar de barrido lateral, vehículos de control remoto, y un barco pesquero de arrastre, los rescatistas recuperaron alrededor de 85% del fuselaje del MD-83, incluyendo la cola y las alas del avión.
Al mismo tiempo, se recuperaron los motores y las cajas negras del avión.
Todos los restos, se llevaron a Port Hueneme, California, para su análisis y registro.
Más tarde, durante las audiencias públicas del accidente, la solicitud del piloto para no sobrevolar zonas pobladas, fue elogiada por La Junta Nacional de Seguridad del Transporte.
Este incidente, junto con el accidente previo del avión de ValuJet, que se estrelló en 1996, condujo a una supervisión más estrecha de las operaciones de mantenimiento de las aerolíneas, por parte de la FAA.
“I choose to drink!
And I blame myself!
I am happy to!
And you know why?
Because I choose to drink!
I got an ex-wife and a son I never talk to!
And you know why?
Because I choose to drink!”
Flight es una película dramática estadounidense, del año 2012, dirigida por Robert Zemeckis.
Protagonizada por Denzel Washington, Kelly Reilly, Don Cheadle, Bruce Greenwood, John Goodman, James Badge Dale, Melissa Leo, Nadine Velázquez, Brian Geraghty, Dane Davenport, Tamara Tunie, Garcelle Beauvais, Alex Frost, Kwesi Boakye, E. Roger Mitchell, entre otros.
El guion es de John Gatins, y más que un vuelo, Flight es una película donde las drogas, el alcohol, y el tabaco, forman la trama; por tanto que nadie espere una película de catástrofes aéreas, si bien hay un accidente aéreo, más bien se centra en el trauma posterior.
Flight es recomendad, pese a haber varias películas que tratan el tema del alcoholismo y las drogas, está me ha resultado interesante; un film atractivo de ver, con dosis de acción, intriga, e incluso humor, en un momento dado.
El guionista, explicó en una entrevista del 2012, con el diario Los Angeles Times, que la dramática caída del avión, fue inspirada en el accidente del 31 de enero de 2000, del vuelo 261 de Alaska Airlines, que fue causado por la rotura de un tornillo del estabilizador horizontal de la cola de un MD-83, y en el que brevemente, los pilotos intentaron recuperarse de la pérdida de control de vuelo, volando al revés.
El accidente, no tuvo ningún sobreviviente.
Pero aunque el punto de partida pueda ser ese, la historia que Zemeckis pone en imágenes, se aparta totalmente de las producciones centradas en catástrofes de esta índole, al contrario, se opta por centrarse en las consecuencias personales del piloto tras el incidente, siento entonces, un drama intimista, vestido de superproducción.
Flight es desde “Cast Away” (2000), la primera película en 12 años, que no es dirigida en animación en captura de movimiento por Zemeckis.
En cuanto a la producción, Flight comenzó el 12 de octubre en Atlanta, y se prolongó durante 48 días.
Durante el rodaje, se precisó de varios consejeros técnicos, y de un piloto al que se le consultaban los problemas mecánicos de volar un avión, además de otro consejero de la NTSB, entre otros asesores.
La cámara empleada para la filmación, fue la RED EPIC, cuyo pequeño tamaño fue muy útil, para moverse en el interior de la estrecha cabina.
Flight obtuvo 2 nominaciones al premio Oscar:
Mejor actor (Denzel Washington), y guión original.
Flight inicia una mañana otoñal, cuando el vuelo SouthJet 227, despega de Orlando, Florida EEUU, iniciando lo que debería haber sido un trayecto rutinario.
El Capitán William "Whip" Whitaker, Sr. (Denzel Washington) está al mando del Jackson-Ridgefield 88, junto a su joven y formal copiloto, y su primer oficial, Ken Evans (Brian Geraghty), que es el polo opuesto de Whip, en todos los sentidos.
El vuelo, no tarda en toparse con turbulencias mucho más violentas de lo esperado, según se adentran en una fuerte tormenta.
No resulta un problema para Whip, que dirige el avión a un claro, para el alivio de los 96 pasajeros, y 6 miembros del equipo de abordo, sin embargo, lo hace de una manera poco convencional, y muy chocante.
Es justo entonces, cuando las cosas se tuercen de verdad.
De forma abrupta, los pilotos se encuentran con una serie de fallos mecánicos inexplicables, haciendo que el avión se mueva como una montaña rusa.
Según se van multiplicando estas complicaciones, haciendo que el avión caiga en espiral, y aparentemente fuera del control de los pilotos, Whip decide que la única manera de mantener la altura, es hacer una maniobra acrobática con el avión de 50 toneladas, de manera que pueda deslizarse sin motores, hasta que consiga enderezar el avión, y aterrizar.
Al cabo de unos minutos, sin haber llegado al aeropuerto, volando a unos escasos metros del suelo, Whip ve un claro cercano, junto a una iglesia, donde puede intentar aterrizar.
A 140 millas por hora, invierte el avión, y consigue aterrizar.
El impacto es brutal, pero Whip, increíble e ingeniosamente, consigue aterrizar de manera lo suficientemente segura, como para salvar a todos los pasajeros, excepto a 6.
Por su aterrizaje milagroso, los medios declaran a Whip un héroe.
Pero hay una serie de preguntas no resueltas.
El motivo del accidente, no está totalmente claro para sus superiores y, en particular, para el NTSB.
A pesar de que Whip está seguro de que de no hallarse él a los mandos, el avión hubiera chocado, y todos los pasajeros hubieran muerto.
Cuando se pone en marcha la investigación, para determinar las causas de la avería, se averigua que El Capitán tenía exceso de alcohol en la sangre, y que puede ir a la cárcel, si se demuestra que piloteó el avión, en estado de embriaguez.
Los investigadores de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte determinaron, que la causa probable de este accidente, fue la fatiga de un tornillo del estabilizador horizontal, debido a un desgaste excesivo, y a un mal mantenimiento.
Así pues, Flight nos narra la dura historia de una persona alcohólica, que es incapaz de dejar a un lado sus adicciones.
De hecho, trabaja como piloto y, a pesar de haberse emborrachado la noche anterior a tomar los mandos de un avión, consigue evitar que éste se estrelle, a causa de una inoportuna avería.
Sin duda, dichas secuencias son las que más apreciará el gran público, puesto que poseen una increíble tensión, y nos mantienen pegados a nuestras butacas.
Luego, es cuando Flight profundiza en el tema de la negación, por parte de un individuo de que tiene un grave problema, añadiéndose al relato, la trama de otra persona, a la que le sucede algo parecido pero que, tras tocar fondo, consigue reconducir su vida.
Con una investigación sobre su cabeza, Whip deberá encauzar su vida, por el buen camino, algo que le será muy difícil de realizar, a pesar de contar con el apoyo de su abogado, que hará cosas ilegales por protegerle, o Nicole Maggen (Kelly Reilly), una mujer ex adicta, que conoció en el hospital, fascinante su primer encuentro en las escaleras de servicio del hospital, junto a Gaunt (James Bagde Dale), y cuya presencia sirve para subrayar el carácter solitario de Whip, incapaz de conectar emocionalmente con alguien.
En ningún momento, juzga Zemeckis las acciones de su, a ratos mezquino personaje central, y tampoco le viste de gloria.
Pero le redime en lo que parece un acto de cobardía final.
Me refiero al momento en el que Whip debe recurrir a su compañero de juergas, y suministrados de sustancias por doquier, Harling Mays (John Goodman)
En dicho instante, y en el que le sigue inmediatamente, se ponen todas las cartas sobre la mesa, la más sangrante ironía se apodera del relato, llamando a cada cosa lo que es, y en lugar de aprovecharlo, en lugar de terminal por todo lo alto, este se vuelve peligrosamente moralizante, en el que no faltan sospechosas menciones a Dios…
Una final demasiado blando y aleccionador, que estropea las posibilidades más oscuras, de un relato en el que cualquiera puede verse identificado.
“This essay, the essay that I have to write, it's called, “The Most Fascinating Person That I've Never Met”
Flight básicamente, es un vistazo honesto y realista, a una enfermedad tan común, como el ser alcohólico; el viaje en descenso de un intratable, drogadicto, mentiroso, arrogante, y sinvergüenza.
Un tipo, sin embargo, que cae muy bien, porque es sumamente incorrecto y humano.
Un anti-héroe de lucidez incuestionable, y lleno de sombras y recovecos.
Zemeckis elabora un buen análisis de este tipo, y deja que sea el personaje central, quién mantenga nuestra atención, a través de sus acciones y pensamientos, anhelos, y sufrimientos.
El mensaje real de Flight, es el drama humano del personaje, sus problemas, adicciones, y modo de enfocarlos:
Ahí es donde reside el alma de Flight.
Un personaje que ha de enfrentarse a sus adicciones, y ha de aprender a reconocer, asumir, y responsabilizarse de sus actos, poniéndose, cara a cara consigo mismo, y aprendiendo a ser honesto también, para poder serlo con los demás, asumiendo cualquier consecuencia que pueda acarrearle.
Como trasfondo, y tras una secuencia de accidente de avión trepidante, y genialmente rodada, tenemos la investigación del suceso con abogados, compañías de seguros, sindicatos, en el protagonista señalado por el público como un héroe, logrando un aterrizaje milagroso, pero en el ojo del huracán por unos análisis de sangre, que dan positivo en las sustancias consumidas.
Así, Zemeckis no arriesga más de lo necesario, un genuino “American Court Room Drama” con todos los elementos necesarios para triunfar, especialmente, un potente conflicto dramático, que admita toda clase de reflexiones sobre el que apoyarse, un elemento indispensable para que el espectador se sienta partícipe de lo que dentro de una producción comercial sería, un pasatiempo de calidad superior.
John Gatins pasó mucho tiempo con consejeros técnicos, y pilotos navales, escuchando sus experiencias.
En las preguntas que surgieron de esos contactos, y sus relatos, surgió la inspiración para un libreto, que tardaría en fraguarse, 12 años antes de ser llevado a la gran pantalla:
“Whip es un hombre que, por su propia mano, se ve en una posición comprometida, pero pilota de manera milagrosa, y se gana el derecho de controlar su propio destino”, explica el guionista.
“Queremos invitar al público, al mundo de Whip, para que sean “el tribunal” y que le vean luchar con las fuerzas que intentan aclararle, por un lado, y hacer de él un héroe, por otro.
¿En base a qué le juzgamos?
¿Por su increíble habilidad como piloto, o por sus demonios personales?” señaló.
Denzel Washington, actor-estrella, capaz de llenar la pantalla con su sola presencia, y que dibuja un personaje bastante más humano, complejo, e imperfecto, del que nos tiene acostumbrados, alejado de ese héroe moral de una sola pieza que, ya sea de pie o sentado, es imparable a la hora de salvar la situación, sin perder la sonrisa por el camino.
Aunque incapaz de levantar verdadera pasión, salvo a lo largo y ancho de sus primeros 20 minutos, los cuales culminan evidentemente, con el realista y angustioso accidente aéreo, que le otorga el fundamento a Flight, o durante las 3 escenas, en las que asoma un divertido John Goodman, de los que más y mejor sabe aprovechar sus, por lo general, demasiado escuetos minutos en pantalla; Flight es un filme plenamente satisfactorio.
Como dato, Washington y Brian Geraghty, tomaron lecciones de manejo, y de cómo controlar un simulador de avión, con pilotos profesionales.
Tanto que Washington pidió ser entrenado como un piloto de verdad, para lo cual, se le puso en contacto, con un instructor de vuelo, y pasó muchas horas trabajando con un simulador:
“Es lo que usan los pilotos para practicar, y fue de gran ayuda.
Sé que tengo un trabajo fantástico”, dice el actor.
Las actrices Tamara Tunie (Margaret Thomason), Nadine Velazquez (Katerina Marquez), para interpretar sus papeles, conocieron y se rodearon de aeromozas profesionales, tomando, y aprendiendo sus costumbres y trabajo.
Incluso, las actrices realizaron un curso rápido de aeromozas, para perfeccionar sus personajes.
El papel de John Goodman, puede gustar o no, pero aporta un toque de humor poco frecuente, en films dramáticos.
En el guión original, no estaba incluida la última escena, muy criticada, en la que (Justin Martin), Will Whitaker Jr., hijo de Whitaker, lo visita en la cárcel, así como tampoco, las secuencias en la que Whitaker acompaña a Nicole a la conferencia de alcohólicos anónimos.
Ambas escenas, fueron incluidas posteriormente.
Lo Mejor de Flight, son los primeros 20 minutos, o lo que es lo mismo, hasta que se produce el accidente.
Tiene escenas brillantes, como la del avión a punto de estrellarse, o esa donde se emborracha la noche antes de su presentación, inclusive, la que da sus declaraciones, y luego su testimonio…
Una escena que me pareció totalmente ridícula; es la mañana del juicio, en el hotel, cuando encuentran a Denzel borracho, y su abogado Hugh Lang (Don Cheadle), y el del sindicato de pilotos Charlie Anderson (Bruce Greenwood), llaman a su colega camello, para que a través de unos tiritos de coca, desaparezca momentáneamente el aspecto de embriaguez...
El problema de Flight, no es esa escena, ni el uso de la coca, que efectivamente, es así.
El problema es que, tal y como presentan al personaje de Denzel, es un tipo que le gustan los excesos, un juerguista, no tiene ningún problema de alcoholismo, al menos no en primera instancia.
La sensación que queda, aparte de que está tratado en forma de manual, es que nunca te lo llegas a creer.
Da la sensación, que el personaje se vuelve alcohólico, porque lo han dicho que lo es, nada más.
Y todo resulta demasiado forzado.
El hecho de que se le reconozca, que solo él hubiera podido salvar a tanta gente, pues distintos pilotos hacen simulaciones en las mismas condiciones del vuelo, y ninguno consigue salvar a los pasajeros; pasa a ser irrelevante, porque lo que importa son los muertos por los que habrá que indemnizar a las familias, y nadie está dispuesto:
El dueño de la aerolínea, un ricachón, gordo, y sin escrúpulos, no quiere soltar un duro; el sindicato de pilotos no quiere que su imagen se vea dañada...
Todos, únicamente quieren un cabeza de turco, para cerrar un episodio que no les quita el sueño, pero si les molesta.
Los que le rodeaban, esos que ahora le miran con ojos acusadores; ese día estaban aquejados de una grave ceguera moral:
El copiloto, quien después le reprocha que el aliento le apestaba a ginebra, antes de iniciar el vuelo, calla, y no denuncia la situación, ni le exige que no pilote en esas condiciones.
Todas las azafatas, incluida la jefa, conocían su predisposición a volar con unas copas de más, y sin haber dormido, y, lejos de poner en sobre aviso a la compañía, le servían sonrientes el café y las aspirinas.
Igualmente, el representante del sindicato, ese viejo amigo, conocía su afición por la bebida, y jamás hizo nada en defensa de los cientos de personas, que cada día ponían sus vidas en manos de un jodido borracho.
Todos lo sabían, nadie hacía nada y, cuando ocurre la tragedia, todos se erigen en jueces y verdugos, de un hombre que basa su débil defensa, en que “ese día” fue “un día más, igual que los otros, para la tripulación”
Y a ese mismo hombre, castigado y abandonado por todos, en la vista, que no juzgo en teoría, se le exige que ejerza de dedo acusador, y ratifique que quien bebió durante el vuelo, fue una de las azafatas, que no logró salir con vida.
Es entonces, cuando ya no puede más, y confiesa.
Pero lejos de considerar que confiesa su alcoholismo, en un gesto noble de sacrificio y arrepentimiento, yo lo entendí como una consecuencia del desconcierto que le invade, y el no querer seguir las reglas de un juego, que el resto de la sociedad le obliga a aceptar, si quiere salir indemne.
Su confesión, es un grito:
“¡Basta ya!
Estaba borracho, sí; no había dormido, sí.
Pero ese no fue el motivo, de que el avión se estrellará.
Yo no maté a 6 personas, salve a 96”, mientras el resto de los culpables calla, y miran al suelo….
Pero si hubo una escena, que requería una especial planificación logística y técnica, y es aquella en la que Whitaker hace una maniobra suicida, que invierte el avión 180º para poder así recuperar algo de control.
Para conseguir dicho efecto, se grabó introduciendo la cabina del avión en una plataforma rotativa, llamada “rotisserie rig”
Se filmaron 2 secciones de 14 filas de asientos, con 25 pasajeros por segmento, y se utilizaron dobles de acción, que tuvieron que estar del revés multitud de veces, algunas de ellas, para tomas de hasta 20 minutos.
El caso del Alaska Airlines Flight 261, demuestra que aunque arriesgada la maniobra de poner un avión del revés, intentando mantenerlo en el aire, no es solo un descabellado invento del cine, para dar más emoción a una película.
Zemeckis puso toda la carne en el asador con esta escena, buscando dotarla de la mayor credibilidad posible.
Para ello, no escatimó en medios; pues se construyeron las distintas partes del avión, y se pusieron, literalmente, boca abajo, para conseguir el efecto deseado.
Hubo que hacerlo por segmentos, debido al peso del aparato, y en cortes de 60 segundos.
Ese fue el tiempo máximo recomendado por los especialistas, para que los actores no sufriesen en esa posición.
Los efectos especiales, y la tecnología, hicieron el resto, uniéndolo y consiguiendo la mayor realidad posible, en la sala de proyección.
Y es que nada te atrapa tanto en Flight, como todo el rato del aterrizaje forzoso, lo cual pone las pretensiones muy altas, sobre todo si no sabes realmente de que va a ir la película.
Pese a ello, y pese a su larga duración, el visionado es en todo momento, disfrutable e interesante.
El litigio que centra, es simple, al igual que los dilemas morales que aborda, y aún con eso, y que el final es de esperar, sabe sacarle provecho, y mantener el interés.
Esto comparte metraje con el día a día de un alcohólico, con una dependencia y atracción fatal inevitable por la botella, muy bien plasmada.
Y es curioso, que el accidente aéreo, fue por un problema mecánico que coincidió con ese día que bebió, fue irrelevante incluso, ante su hazaña de volarlo bocabajo.
Se podría decir, que es condenado por una vida de alcohólico, en vez de por pilotar borracho.
El accidente aéreo, expuesto de forma realista en una tensa secuencia, lo mejor, junto al esfuerzo interpretativo de Washington, es simplemente un “macguffin” para rellenar de forma dramática, un sustancial estudio psicológico del personaje, con sonidos de fondo de Marvin Gaye, Rolling Stones, o Red Hot Chili Peppers.
“There's whole lot of people out there whose mothers die and they don't fucking drink”
Flight reproduce una de las maniobras más temerarias de la historia de la aviación comercial.
Muchos espectadores se preguntan, si esa maniobra es una fantasía de los guionistas:
¿Tenían alguna idea de lo que es pilotar un avión?
Pues los hechos sucedieron de verdad; cuando el vuelo 261 de Alaska Airlines, atravesó por la misma situación, el 31 de enero de 2000.
El modelo McDonnell Douglas MD-83, despegó de Puerto Vallarta, México, a la 1:37 pm, del 31 de enero de 2000; tenía 83 pasajeros.
Debía hacer escala en El Aeropuerto Internacional de San Francisco, EEUU, antes de su destino final:
La ciudad de Seattle, Washington, EEUU.
Todo fue bien, hasta que la tripulación del MD-83 se percató de un atasco en el estabilizador horizontal del avión, elemento situado en la cola, y que permite maniobrar para el ascenso o descenso del aparato.
Durante más de una hora, el personal de mantenimiento del vuelo, no fue capaz de determinar las causas de la avería, y todos los intentos por solucionarlo, fueron infructuosos.
Para mantener la estabilidad del avión, los pilotos tenían que tirar de los mandos con fuerza, y contrarrestar la desviación.
Llegado un momento, había que tomar una elección vital:
Aterrizar en el aeropuerto más cercano, en Los Angeles, o finalizar con el trayecto previsto, hasta San Francisco.
Tras intercambiar información con las torres de control, el avión aterrizaría en Los Angeles, a pesar de las presiones recibidas por la empresa Alaska Airlines, de culminar la ruta prevista.
Mientras tanto, la tripulación del avión, continuaba con su labor, desatascar el estabilizador.
Poco después de las 4.00 pm, durante la  maniobra de desatascamiento, el estabilizador de cola se movió a una posición, en la que puso el morro del avión, en dirección al suelo.
El Alaska Airlines, cayó en picado, perdiendo más de 1.500 metros de altitud.
Los 3 pilotos, tenían un plazo que rondaba los 5 minutos, para salvar las vidas de los 83 pasajeros, y sólo lo podían hacer, tirando con todas sus fuerzas de los mandos, y contrarrestando con sus músculos, la fuerza de la caída.
El avión quedó estable, a unos 7.000 metros de altitud, pero a las 4.19, como recogieron las grabaciones, se escuchó un fuerte sonido, como un golpe.
Se oyen entonces unos clicks, como si estuviera intentando controlar el estabilizador, y es cuando se oye un ruido muy potente, y entonces, el avión sufre una segunda caída.
Esta vez, se convirtió en un bólido.
Los pasajeros veían por las ventanillas, angustiados, como el avión caía irremediablemente al mar.
En una muestra de pericia, el comandante culminó una arriesgada maniobra:
Invertir el avión, y volar boca abajo durante algunos segundos, es decir, con el techo del avión orientado, hacia el suelo.
Era una maniobra desesperada, pero, cayendo a tal velocidad, se podía considerar que tenía alguna posibilidad de enderezar el vuelo.
Sin embargo, la velocidad y el empuje, eran demasiado poderosos como para que esta inversión de vuelo, pudiera ser efectiva.
El MD-83 caía al mar al revés.
Los pasajeros gritaban, mientras el capitán se daba cuenta de que la situación, ya no tenía marcha atrás.
Un impresionante golpe, destrozó el avión.
Todos los pasajeros murieron en ese momento:
88 fallecidos, el número más alto de muertos, jamás visto en un accidente aéreo, en un modelo de la serie MD-80.
El avión se hizo trizas.
Con el radar de barrido lateral, y un barco pesquero de arrastre, los rescatistas encontraron un cuerpo, pero no había rastros de supervivientes.
“Estaremos aquí tanto tiempo, como sea necesario”, dijo El Sargento Chuck Buttel.
Al mismo tiempo, se recuperaron los motores, y las cajas negras del avión.
La investigación posterior de La Junta Nacional de Seguridad del Transporte de EEUU, determinó lo siguiente:
“Desgaste excesivo, y lubricación insuficiente del ensamble del elevador”, estos 2 elementos, fueron los culpables del trágico accidente.
El avión fabricado en 1992, tenía más de 26.000 horas de vuelo.
El mecánico que revisó el MD-83, y aplicó el lubricante al estabilizador, confirmó todo.
Sólo tardó una hora en realizar la tarea, que debería realizar en 4, según el fabricante del avión.
Era imposible, que la lubricación fuera la correcta.
Pero no acabó ahí la negligencia.
La investigación descubrió, que Alaska Airlines utilizaba herramientas que no cumplían con los requisitos del fabricante del avión.
Los instrumentos utilizados, tenían mediciones imprecisas, por lo que deberían haber sido reemplazado por otros.
El informe final, publicó un total de 24 recomendaciones de seguridad, mantenimiento, y supervisión.
Más de la mitad de ellas, estaban directamente relacionadas con la lubricación del estabilizador, un pequeño elemento que mató a 88 personas.
Así pues, Flight es un filme de tono dramático, que se mete de lleno, para mostrarnos los pesares de aquellas personas que son esclavos de sus vicios, que han tomado el control de sus vidas, y que de no cambiar sus conductas, van inevitablemente a la ruina.

“Oh, he's going to jail.
He belongs in jail.
You bet your ass he's going to jail.
The only question is, is he going to die in jail?”



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