Revolutionary Road

“Look at us.
We're just like everyone else.
We've bought into the same, ridiculous delusion”

El principio de autorrealización es complejo, y varía en cada persona, muchos no sabemos la ruta a seguir, para encontrarnos con la felicidad.
Para otros, la felicidad es seguir normas socialmente aceptables, y muy pocos apuestan a favor de algo diferente, en esta eterna búsqueda.
Todo esto genera un aura, a manera de coraza, de puras mentiras, que al igual que drogas, solo amortiguan la angustia que genera enfrentar la realidad:
Una casa y familia ideal, un buen puesto en el trabajo, y un matrimonio que, a vista de todos, es perfecto.
¿Son motivos suficientes para ser feliz?
¿Quién no ha pensado alguna vez, en mandarlo todo a la mierda, y largarse dejando atrás alquileres, hipotecas, trabajos, y otras cadenas, para empezar de cero, en otro rincón del mundo?
¿Quién se atreve realmente, a dar ese paso?
La felicidad es una locura, que nos negamos a vivir…
“If being crazy means living life as if it matters, then I don't mind being completely insane”
Revolutionary Road es una película dramática, dirigida en el año 2008, por Sam Mendes
Protagonizada por Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Kathy Bates, Michael Shannon, Kathryn Hahn, David Harbour, Dylan Baker, Richard Easton, Zoe Kazan, Jay O. Sanders, Max Casella, Ty Simpkins, entre otros.
El guión es de Justin Haythe, basado en la novela “Revolutionary Road” de Richard Yates, publicada en 1961.
La revista Time, incluyó la novela, en su lista de “las 100 mejores novelas escritas en inglés”, entre 1923 y 2005.
“Revolutionary Road”, es la primera novela del autor estadounidense, Richard Yates, la cual despliega en ella, lo que irán siendo sus temas recurrentes, a lo largo de su corta e intensa, pero comercialmente, poca afortunada carrera literaria:
Esperanzas rotas, matrimonios infelices, vidas familiares asfixiantes, la soledad, las tramas impuestas por la sociedad, todo ello, conformando una obra de 8 novelas, y 2 colecciones de relatos, que crearon alrededor de la figura de Yates, la de un escritor de escritores que, con el paso del tiempo, y ahora gracias a Sam Mendes, se ha revalorizado, como uno de los mejores autores norteamericanos, de la segunda mitad del siglo XX.
En su novela, Yates da una visión dura y sin concesiones de la infelicidad, que puede encontrarse bajo la aparente comodidad de una vida bien organizada, utilizando para ello, un acercamiento minucioso e hiriente hacia la pareja, sin alabar a ninguno de ellos, pero tampoco, atacándolos indiscriminadamente.
Hay algo de observador en su historia, entrando de lleno en ella, pero sin llegar a juzgar, dejando que los personajes y sus vivencias, se desarrollen libremente, sin enfatizar o apuntar elemento alguno.
Una tragedia personal, que viene alentada por las convenciones sociales, por las apariencias, por la materialización de los sentimientos.
Ese mismo año, de 1961, John Frankenheimer, mostró su interés por dirigir la adaptación a la gran pantalla, pero la falta de financiación, truncó el proyecto.
Yates terminó por vender los derechos en 1967, pero tuvieron que pasar 4 décadas para que un estudio DreamWorks, en colaboración con la BBC, se atreviera a rodar la película.
Mendes va directo a las bases que crearon EEUU:
A las aspiraciones, a las esperanzas vacías, a la hipocresía de una sociedad, de unas personas que tratan de esconder sus frustraciones, de disimular su fracaso, de mantener los demonios escondidos, etc.
Como en la mayoría de las películas dirigidas por Sam Mendes, el director se sumerge en la profunda psique de la pareja protagonista, trazando paralelismos entre la pasión y la ira, la vida social y la intimidad, y dejando al descubierto, las miserias y egoísmos de seres que, antes de ser amantes, son individuos.
Mendes asfixia con delicadeza, a los 2 protagonistas, para reflejar una situación que no sólo tuvo que sufrir la llamada “clase media estadounidense de los años 50”, sino que es perfectamente extrapolable a la actualidad; “El American Way Of Life” no es algo que hayamos importado, es un reflejo de la sociedad que hemos elegido, y que empezó a ser algo nuestro, desde el triste momento en que se erigió como paradigma de la felicidad.
Revolutionary Road obtuvo 3 Nominaciones a los Oscar:
Mejor actor de reparto (Michael Shannon), dirección artística, y vestuario.
De acuerdo con las reglas de La Academia, un actor recibe una sola candidatura por cada categoría, y debido a la diferencia en las normas entre Los Globos de Oro y los premios de La Academia, el papel de Kate Winslet en “The Reader” fue considerado como protagonista de uno en La Academia, mientras que en Los Globo de Oro, se consideraba un papel de reparto.
Así que, con la actuación de Winslet en “The Reader” al haber sido nominada como mejor actriz en 2008 por la Academia, su interpretación en “Revolutionary Road” no obtuvo nominación.
La acción se sitúa en 1955, cuando los jóvenes estadounidenses que participaron en La Segunda Guerra Mundial, ya han cambiado los uniformes de soldado, por los de oficinistas a tiempo completo.
Estos chicos, rondan ahora la treintena, y tienen un trabajo estable, una casa con jardín, y un coche en el garaje.
Sin embargo, bajo esa apariencia de prosperidad, hay un vacío existencial que les carcome por dentro.
Puede que ahora dispongan de la seguridad de la que carecían durante la guerra; pero, a cambio, sus sueños de juventud, se han visto marchitados por la rutina.
Han renunciado a buscar la felicidad, porque les da miedo caminar sin paraguas.
La trama, se centra en las esperanzas y aspiraciones de Frank Wheeler (Leonardo DiCaprio) y April Wheeler (Kate Winslet), típicos habitantes de un suburbio en Connecticut, que se ven muy diferentes a sus vecinos y amigos.
April es una aspirante a actriz, lúcida y bella, que se inspira en los sueños de su marido cuando era joven, para anhelar mudarse a París, y adoptar un estilo de vida bohemio y sibarita; mientras que Frank, es un hombre un poco neurótico, con un insulso empleo como vendedor telefónico, que superando los 30 años de edad, se pregunta si su vida podría ser distinta.
Ambos se aman, pero cuando se mudan a una reluciente casa en la estereotipada calle Revolutionary, el vínculo matrimonial se resquebraja lentamente, en un círculo vicioso de discusiones, amargas riñas, e infidelidad.
Unos primeros “flashbacks” nos presenta a la pareja.
Nos muestran el día en que se conocieron.
Eran jóvenes, felices, llenos de sueños…
Quizás, Mendes nos quería mostrar “el antes”, para que entendiéramos mejor “el después”, porque son los únicos momentos en los que podremos ver a la pareja feliz.
Revolutionary Road arranca con el estreno de una obra de teatro, en la que April es la protagonista.
El fracaso de la función, será algo más que otro sueño roto, será el detonante de lo que vendrá.
En el camino de regreso a casa, April y Frank mantienen una fuerte discusión, ya no habrá vuelta atrás.
Ella ya no puede con una vida que nunca ha sentido como propia, que se ajusta a ella, como un traje a medida, pero que no le pertenece.
Toda la infelicidad y tristeza que lleva dentro, se instala en ella, irremediablemente.
París se cuela en Revolutionary Road, en un guiño a la mítica frase de “Casablanca” (1942), como el lugar donde empezar una nueva vida, y construir nuevos sueños.
Revolutionary Road habla sobre cómo “El Sueño Americano” atrapa a sus personajes, les marca el camino a seguir, y les impide escapar de su inevitable destino, con mayor énfasis en las mujeres, en plena revolución sexual y social que les embargaban los años de transición entre los 50 y los 60.
Se trata de personas infelices, con vidas acomodadas, pero vacías, y que se ven forzados a engañarse a sí mismos, y aparentar, para poder seguir adelante, siendo tachados de locos, aquéllos que se salgan de lo establecido.
Mendes plasma el desánimo de sus principales caracteres, con eje en el insatisfecho e inconformista personaje femenino, interpretado por Kate Winslet, mujer marcada por la desorientación en una vida monótona, la falta de comunicación, y unas ansias urgentes de felicidad, e independencia.
April, la esposa de Frank, toma conciencia de que su matrimonio está encallado, y decide girar el rumbo 180 grados:
Volver a los días alegres, en los que ambos fantaseaban con viajar a París, y ser libres.
Sin saber qué iban a comer, ni dónde iban a dormir, pero con la absoluta certeza de que, teniéndose el uno al otro, no les hacía falta nada más.
Por eso, le propone a Frank, retomar ese viejo sueño, y emigrar a Europa con sus 2 hijos.
Una oportunidad para empezar de nuevo.
Frank, que recibe la propuesta, el día de su 30° cumpleaños, y justo después de haberse acostado con su secretaria, recobra la vitalidad perdida, y acepta.
Pero escapar de la realidad prefabricada en la que viven, será más difícil de lo que imaginan.
April es una mujer que se casó ilusionada, y muy enamorada de un hombre que prometía, y merecía la pena; tenía puestas en él, muchas esperanzas, y sus ilusiones fueron asumidas y apoyadas, por un marido que parecía querer cambiar también; pero que finalmente sucumbió al conformismo producido por la seguridad de una vida, más o menos acomodada, pero insípida, y con la que la relación se deterioraba irremediablemente.
En la mujer, hay también un egoísmo descarado, aunque sus motivaciones sean legítimas y nobles, porque siente y cree, que lo que hace es lo mejor.
Yo creo que es egoísta, porque quiere convencer a su marido para que cambie su vida por ella, y que la cambie totalmente, y esto lo hace pura, y simplemente porque la que vive no le gusta, y porque cree que pueden aspirar a algo mucho mejor, a algo que les haga alcanzar la felicidad, en este caso, hay mucho de ilusión quimérica; el riesgo a intentarlo, podría traer consecuencias dramáticas, pero a ella parece no importarle.
La mujer es una inconformista, cuyo idealismo la hace ser una insatisfecha existencial.
Por otro lado tenemos al hombre, Leonardo DiCaprio, cínico y vanidoso, pero que parece tener los pies más asentados en tierra firme, aunque por un momento parezca que va a acompañar a su esposa en su sueño.
Tiene claroscuros morales muy interesantes, y es de análisis complejo; en ocasiones, su personalidad un tanto gris, no capta simpatías, pero el sentimiento hacia su esposa, es auténtico:
Él la quiere, lo único es que llega un momento en el que el conflicto entre la realidad y las ilusiones, hace que fije su postura, aunque ella se sienta defraudada; pero esto no lo hace sólo por él, lo hace también por su esposa, porque cree firmemente, que es el mejor camino, aunque ella crea también, firmemente, que el mejor camino sería irse a París, y cambiar de vida.
 ¿Y cuándo empieza la crisis?
Cuando Kate Winslet descubre, que su marido es todo lo contrario a lo que ella creía, cuando la relación comienza a deteriorarse, irremediablemente.
No podía ser de otra manera, y así sucede en la mayoría de los casos, pero, aunque siempre hay que contar con esto, no deja de ser dura y desgarradora, una situación que produce tanta amargura en la pareja, como en cualquier pareja.
¿Quién sería mejor de los 2?
Ella con sus ilusiones, su egoísmo disfrazado, y el que se sintiera tan especial como para poder hacer y vivir como quisiera, como creía de su marido al principio, algo que se podría tomar perfectamente como presunción, y más viendo cómo  le va al principio de Revolutionary Road, en la representación de la obra de teatro; o él:
Vacío en cuanto a un proyecto de vida satisfactorio, pero más realista, que quiere mantener la relación con su esposa, no por mantener la apariencias, sino porque la quiere realmente.
Uno de los tópicos más importantes, es que en Revolutionary Road, se identifica claramente, que los personajes antes mencionados, pierden totalmente su individualidad .
La rutina y la monotonía, los hace presos de una relación de pareja, donde surgen las infidelidades, primero por parte de Frank.
April en cambio, vive obsesionada porque ambos retomen aquellos sueños y planes que tenían antes de casarse, y que aparentemente, desaparecieron con el hastío del trabajo de ama de casa, y con el trabajo de vendedor de su esposo.
La realidad es que, esos sueños, ya no forman parte del matrimonio, sus responsabilidades son distintas, y sus posibilidades también.
¿Es eso, madurar?
Revolutionary Road es sincera, dolorosa, y llevada a cabo con incontestable oficio.
Mendes vuelve a demostrar su saber hacer, a la hora de poner en pantalla, sueños rotos, y crisis emocionales.
La demostración del desencanto estadounidense, pocas veces se ha revelado tan eficiente, como en manos del británico, explicitada ahora, en un joven y soñador matrimonio, que pronto se ve renunciando a sus esperanzas, para confinarse a una vida bajo los parámetros de una clase social, que les dicta, desde el primero hasta el último de los pasos vitales a seguir, estrechamente vigilados por sus “modélicos” vecinos.
La “revolución” ante esta realidad, tiene un coste que los protagonistas se plantean lidiar, dejando atrás su aburrida existencia, para iniciar una vida completamente distinta en Europa.
Sin embargo, el coste de la no culminación de sus propósitos, tiene un efecto más devastador, desde el momento en el que April no puede resignarse al papel asignado de ama de casa, y madre de los hijos de Frank; quien no se atreve a abandonar la seguridad de un empleo, estable pero deshumanizado, para descubrir qué le hubiera gustado en verdad hacer con su vida.
Las 2 escenas finales, nos muestran:
Por un lado, como algunos evitamos la realidad, porque queremos vivir en nuestra propia mentira:
“No quiero volver oír hablar de los Wheeler”; y otros, con la mirada del final, que se dan cuenta de lo vacías y ficticias que han sido sus vidas.
La gran elaboración de esa gran escena final, resume todo lo mostrado anteriormente.
La última escena, cuando enfocan al marido de la vecina… es una conclusión/reflexión brutal sobre el matrimonio.
El viejo, ha llegado a viejo, porque encontró su propia manera de sobrellevar el hastío de su relación, plasmado en una cosa tan sencilla, como quitar el volumen al audífono.
Podemos leer en su mirada, esa pregunta que tarde o temprano todos nos haremos, si no nos la hemos hecho ya:
¿Cómo diablos he llegado yo hasta aquí?
¿Qué ha sido de mi vida, de mis sueños?
Fundido a negro y fin.
Quizás, Revolutionary Road haya sido el “bulevar de los sueños rotos”, pero los sueños no acaban ahí...
El mal sueño ha terminado, pero algo en nuestro interior, insiste persistentemente, en ese interrogante:
¿Qué habría hecho yo en su lugar?
Aunque quizá ésta haya que buscarla más allá de sus imágenes e, incluso, en el propio silencio al que Mendes hace referencia al final, como quizás, la única vía de escape.
“A man gets only a couple of chances in life.
If he doesn't grab'em by the balls, it won't take long for he's sitting around wondering why he got to be second rate”
Revolutionary Road es el 4° film del director y dramaturgo británico, Sam Mendes; en la cual, vuelve a analizar la sociedad de EEUU, en esta ocasión, personificada en un matrimonio joven de clase media, una pareja perfecta en los años 50, muy guapos y educados, con 2 hijos pequeños, y una casita en un barrio residencial, lejos de la gran ciudad.
Sam Mendes la dirige para la reflexión, dentro de lo habitual, algo tan cotidiano, que quizá no siempre se le da la importancia que debiera, ya que sólo sucede y atrae consigo, terribles consecuencias, que finalmente ocurre tras las puertas de muchos matrimonios.
Parejas abatidas en su vejez, vecinos que se intercambian en secreto sus parejas, o que lo harían con gusto, lo cual dicen en una sola mirada; mujeres que lloran sin razón aparente, y un loco del barrio que es, precisamente, el más cuerdo de todos sus habitantes, un impresionante Michael Shannon, un secundario de lujo en un papel de lujo; el mejor desde mi punto de vista; dan fe del hastío, del aburrimiento, y de la falta de expectativas emocionales y vitales, que ha creado todo un modo de vida y, sobre todo, del hecho de que “El Maravilloso Sueño Americano” ha fracasado una vez más.
Revolutionary Road, es una historia sobre la decepción dentro del matrimonio, y la vida misma; y adapta el tema con cierto brío, dentro de cada escena bien planeada, según sus diálogos y sus silencios, así como su tensión vivificante, cruda, y sin artimaña sensiblera.
La adaptación a la pantalla de la novela homónima de Richard Yates, es correcta, consigue caracterizar la sociedad de EEUU de la década de los años 50.
Una sociedad muy conservadora hasta entonces, lejos todavía de los movimientos culturales que revolucionarían la sociedad en los años 60.
De ahí que nadie esté de acuerdo con la decisión de April, excepto John, el hijo desequilibrado mental de sus caseros; pues dicen que los niños y los borrachos, son los únicos que siempre dicen la verdad.
En el caso de Revolutionary Road, se puede decir que son los locos, porque John es el único que ve la verdad, la realidad del matrimonio, y como la verdad duele, este personaje será esencial, al provocar la secuencia de mayor tensión dramática.
Advirtiendo pues, de que estamos ante una película difícil de digerir, Revolutionary Road es igualmente un “tête à tête” interpretativo de primer nivel, entre 2 de los mejores actores de su generación.
La puesta en escena, denota una profesionalidad tan exquisita, como artesanal, y la trama está narrada con grata templanza, intensificándose de forma regular, con la interacción de la pareja protagonista.
Planos largos de profundas y largas conversaciones, o de momentos de reflexión de sus protagonistas, presentados directamente sin condimentos, ni música, y sin elementos estéticos que distraigan al espectador, de la concepción del estado psicológico del personaje.
La pareja, es un cóctel emocional, sumamente atractivo, y por lo mismo, es algo mórbido, aunque me temo que no han llegado a dar lo mejor dentro del margen de lo previsible, y lo tópico.
Superior Kate Winslet, que ese mismo año, se llevó el Oscar por “The Reader”, pero sin desmerecer a un Leonardo DiCaprio desaforado.
Tanto DiCaprio como Winslet, están sencillamente espectaculares.
Su química en pantalla, es patente en todo momento, y ambos nos logran transmitir sus sentimientos, ya sean sus alegrías, que son pocas en este caso, sus tristezas, sus rencores, sus reproches....
DiCaprio comenta:
“Me encantó el hecho de que la relación, estuviera descrita con tanto realismo.
Puede que hoy parezca una historia casi extranjera, porque los años 50 son muy convencionales, un mundo en el que los hombres trabajan, y las mujeres se quedan en casa, cocinando y ocupándose de las tareas domésticas.
Es un interesante análisis psicológico, de una relación de 2 personas, esforzándose para que todo funcione”
Además declaró:
“¿Qué habría sucedido si, luego del naufragio del “Titanic”, Rose y Jack se hubieran casado, formado una familia, y desenamorado paulatinamente, el uno del otro?
Pues de eso trata Revolutionary Road”
Que curiosamente viene a ser, la primera vez que DiCaprio actúa como padre en una película.
Curioso además, el asunto de los cigarros, más allá del patrocinio de tabacaleras, es un excelente detalle de época:
Son los años 50, donde la moral es diferente.
Los hombres no deben ser mantenidos, y se puede fumar donde sea, hasta en los salones de clase.
Es un reflejo de una cultura patriarcal, e hipócrita.
La muerte del bebe, es la muerte del personaje, ya que nos revela que April ha cedido, al igual que hacemos muchos ante la sociedad.
Es la muerte de la individualidad.
Y no podemos olvidarnos del reparto:
Michael Shannon, quien obtuvo la nominación al Oscar, como mejor actor de reparto, por un papel breve pero contundente:
El del supuesto loco que, en realidad, es el único que canta las verdades, que da un punto de fuga a la historia, tampoco es que sea decisivo, ya que lo único que hace, es acelerar el final que todos esperábamos.
Es como si el enfermo mental, fuese un “gurú espiritual” que trata de ayudarlos; muy secundario, pero de gran calado, una especie de conciencia social, capaz de deshacerse de todos los convencionalismos, y espetar a la cara, las miserias de cada uno.
Su introducción en la historia, es mostrar que el común, ve dicho plan como una locura, y el “loco” como algo normal.
De esta forma, ese “vacío desesperanzado” en el que vive la mayoría  de gente, es entendido únicamente por un “loco”
Cabe preguntarse:
¿Cuál es la locura:
Hacer lo que se quiere, o hacer lo que toda la gente hace?
John Givins Jr., es visto como un maniático, pero es la persona más natural y real que presenta todo el metraje.
Fuera de él, vemos como todas las personas viven sus vidas, actuando hacia los demás; cada persona es un espejismo de otra, sin darse cuenta que es lo que quieren en la vida, y Frank Wheeler, es el vivo ejemplo de ello; vive sin un propósito concreto.
Y qué bien encarnan David Harbour (Shep Campbell) y Kathryn Hahn (Milly Campbell) a la pareja amiga de los Wheeler:
La que sólo se pregunta:
¿Qué será de ellos, cuando ven que otros intentan caminar por la vía revolucionaria?
Los secundarios, no logran dotar de mayor densidad al conflicto, son caracteres funcionales, apagados, quizá para acentuar la rutina de sus vidas, que no aceran los rutinarios conflictos matrimoniales y existenciales, en donde cabe la insanidad, la infidelidad, el aborto, o el desencanto, con sueños rotos.
A resaltar, una meritoria fotografía, y ello a pesar de que se abusa de los colores cálidos o grisáceos para, en determinados momentos, dejar constancia del estado de ánimo de los personajes; y unos diálogos cuidados e inteligentes.
Sam Mendes, se distingue por ser un director con un estilo teatral; y Revolutionary Road es una prueba de ello.
La casa de los Wheelers, el lugar de trabajo de Frank, y el restaurante donde almuerza con sus amigos, son escenarios que parecieran ser sacados de una obra de teatro.
A propósito de él, se ha criticado muy duramente, su tan característica obsesión esteticista.
Por el contrario, creo que precisamente ahí reside uno de los grandes aciertos de Revolutionary Road.
Al fin y al cabo, Revolutionary Road nos habla de una sociedad de fachada impecable, pero podrida por dentro.
El minucioso trato de los colores, así como el de las luces y las sombras, da como resultado, una colección de imágenes preciosas, que combinadas con la dura temática, refuerzan el mensaje crítico de Revolutionary Road.
Un excelente uso de la imagen, digno de uno de los directores cinematográficos en activo, más inteligentes.
Y poco hay que reprocharle:
Por una parte, la ausencia casi total, de la figura de los hijos, que entre riña y riña de sus progenitores, pasan casi inadvertidos.
Lástima, porque con más presencia suya, de buen seguro hubiera aumentado la carga dramática de la historia.
También, se hubiera agradecido una visión más contrastada, con respecto al matrimonio, como confirma la genial última escena, donde no hay pareja que se salve de la horca.
Un discurso pues, demasiado destructivo, que nos habla de muchas enfermedades, pero de ninguna curación.
No hay moralina, hay hechos y decisiones personales, a unos nos gustarán más que a otros, pero “siempre nos quedará París”, y si no, quiero tener la capacidad para poder decidir sobre mi vida.
Todo eso era difícil en aquella época, y sigue siéndolo en lo esencial en la nuestra.
¿O no?
Así que Revolutionary Road, es un relato sobre la desilusión, un grito que proclama lo silenciado por tantos y tantos títulos, limitados a perpetuar, estipuladas imágenes idílicas, sobre la familia y la vida residencial.
La forma en la que éste es ejecutado, resulta absolutamente intachable, prácticamente irreprochable, en cualquiera de los frentes en los que se desenvuelve.
Esa crónica de una muerte anunciada.
Ese matrimonio que se va hundiendo por razones contundentes, pero nada evidentes.
Cómo no, la relación se ve manchada por el adulterio, pero eso no es más que la punta del iceberg.
Lo que condena a Frank y a April, es algo más intangible:
La rutina, la mediocridad, los sueños frustrados…
La imposibilidad de cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Pequeñas grandes tragedias, que fácilmente pueden ser escondidas, pero que no por ello, dejan de carcomer el deslumbrante envoltorio con el que se las ha cubierto.
He aquí en definitiva, un drama adulto y clarividente, sobre la lenta descomposición de 2 seres que apuntaban muy alto.
Hay una escena rodada, eliminada, que me parece muy interesante, y es cuando April fallece; Frank regresa a su casa, y encuentra una carta dejada por ella, en la que escribió una nota de despedida, que señala:
“Pase lo que pase, no te culpes.
Te amo Frank”
Todo ello aderezado con la siempre soberbia música de Thomas Newman.
Como dato, “The Petrified Forest” (1936) es una película de Archie Mayo, que aparece en un televisor en y que está protagonizada por Leslie Howard, Bette Davis y Humphrey Bogart; que cuenta la historia de una camarera, que sueña con ir a París para estudiar arte, y cumplir sus sueños, pero que finalmente, por circunstancias de la vida, se queda atrapada, “petrificada”, para el resto de su vida como camarera, en una cafetería, triste y deprimente.
“You want to play house you got to have a job.
You want to play nice house, very sweet house, you got to have a job you don't like”
Sam Mendes, con Revolutionary Road, saca a la luz, los sueños reprimidos que identifican, no sólo a quienes vivieron en los años 50, sino de quienes viven en la sociedad de hoy.
Las apariencias muestran a familias con buena situación económica, y a jóvenes parejas, y niños con un “futuro por delante”, pero:
¿Cuál es este futuro?
¿El que vivimos?
¿El que realmente queremos?
Revolutionary Road es un imagen devastadora de esta vida, que es una ruina... y más ahora.
Pienso en muchas parejas en plena crisis.
Peor para quienes se dieron cuenta antes de tiempo, de que se esposaban a hipotecas que no necesitaban en absoluto.
Que las fantasías vuelan, casi siempre sin intentar siquiera, darles alcance.
El miedo al riesgo, a la derrota, no impide que haga su aparición, siempre con la muerte.
Que la mayoría, esperan sentados.
La historia en sí, supone una crítica no solo a la sociedad de la libertad en la que vivimos, libertad de renunciar a nuestra libertad; sino también a nosotros mismos, a nuestra debilidad, a nuestra cobardía.
Renunciamos a nuestros sueños, con una facilidad pasmosa.
Las grandezas o bajezas del ser humano, no han cambiado, ni lo van a hacer nunca, soñar con otra vida posible, es inherente a su condición, nunca estamos conformes con lo que tenemos.
Revolutionary Road podría estar situada en la actualidad, tranquilamente, y en cualquier parte.
Hay que ser muy valiente, para llevar la vida que uno quiere.

“Hopeless emptiness.
Now you've said it.
Plenty of people are onto the emptiness, but it takes real guts to see the hopelessness”



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