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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

jueves, 16 de marzo de 2017

Duel

“Fear is the driving force”

Según la leyenda colonial británica, los fieles al dios Krishna, avatar de Visnú, solían lanzarse en El Festival Ragha Iatra en Puri, una ciudad en el este de la India, a orillas del golfo de Bengala; bajo las ruedas de un enorme carro que transportaba su imagen, donde encontraban una muerte instantánea, y la felicidad eterna en la otra vida.
Como Yaganatha, significado de “señor del ‘universo”, es uno de los nombres sánscritos de Krishna, los ingleses empezaron a confundir la parte por el todo, y acabaron usando el término “Juggernaut”, para referirse a cualquier construcción móvil, de fuerza irrefrenable y cruel.
En el ámbito de las ciencias sociales, se utiliza a menudo como metáfora de la modernidad.
El sociólogo Anthony Giddens, relata “El Rito del Juggernaut”, como una procesión en la que la figura adorada, era transportada gracias a troncos que hacían su trayectoria difícilmente predecible, lo que propiciaba accidentes mortales, y la posibilidad de que se saliera completamente del camino.
Este relato sirve a Giddens y a otros sociólogos, para explicar un sistema económico y social insuficientemente controlado, y siempre en riesgo de volverse contra quienes lo veneran.
“I'd like to report a truck driver who's been endangering my life”
Duel es una película de suspense y terror, del año 1971, dirigida por Steven Spielberg.
Protagonizada por Dennis Weaver, Cary Loftin, Tim Herbert, Lou Frizzell, Jacqueline Scott, Eddie Firestone, Lucille Benson, Gene Dynarski, entre otros.
El guión es de Richard Matheson, a partir de su novela corta homónima.
El origen de la misma, se sitúa el 22 de noviembre de 1963, el mismo día del asesinato de John F. Kennedy.
Esa mañana, Matheson y su amigo Jerry Sohl, habían ido a jugar al golf en su club de costumbre; y cuando regresaban a casa, tuvieron un enfrentamiento con un camionero, y éste decidió perseguirles durante el resto del camino.
A partir de ese incidente, Matheson concibió una modesta trama, en la que un vendedor, en viaje de negocios, sufre el acoso de un camionero, tras haber tenido una pequeña trifulca de carretera.
El documento publicado en Playboy, se quedó amontonado en las oficinas del estudio Universal, pero un día fue descubierto por Nona Tyson, la secretaria de Steven Spielberg, entonces de 23 años, y decidió llevárselo con las siguientes palabras:
“Tendrías que dirigir esto.
Eres tú, es tu estilo”
Por entonces, Spielberg tenía la nariz tan hundida en las páginas de una novela de Peter Benchley, que ya había olvidado hasta su propio nombre.
Sidney Sheinberg, su mentor en Universal, el hombre que le ofreció su primer contrato como director para televisión, le pidió que se olvidase por completo de todas esas subtramas sobre la mafia, los asuntos extramatrimoniales, y los detalles cotidianos de un pequeño pueblo costero…
Nunca iban a funcionar en un guión.
Sheinberg pensaba, que la película debía simplificar al máximo, y concentrarse en la elocuente ferocidad de un leviatán enfrentado a un hombre común.
Su consejo adquirió la forma de, probablemente, la frase más decisiva en la carrera de Steven Spielberg:
“¿Por qué no hacemos simplemente Duel, con un tiburón?”
Fue el propio Spielberg, el que convenció a Universal de hacer realidad el inquietante guión que había escrito Richard Matheson, mítico novelista y guionista, a partir de su propia historia corta.
A pesar de su relativa inexperiencia, de contar con un presupuesto bastante limitado, de $450.000 aproximadamente; y de tener menos de 2 semanas disponibles de rodaje, sabía que podía sacarle provecho a ese material tan particular.
Y vaya si lo hizo.
El director, por su parte, veía la película de la siguiente forma:
“Yo la veía como una gran historia sobre el acoso.
No solo el camión era un acosador, sino todos en la autopista:
La gente de la gasolinera, los de la lavandería, los clientes de la cafetería, e incluso su esposa... la camarera era la única persona amable de toda la película.
Era una semana terrible para este hombre; tendría que encontrar la forma de sobrevivir a la peor semana de toda su vida.
Esa era mi actitud para hacer la película.
Ese era el tono que intentaba lograr”
Duel trataba de una historia sencilla, que contenía elementos francamente aterradores, y eso es lo que deseaba aprovechar el director en su plasmación visual.
La propuesta era más que un duelo.
Nos hablaba de una preocupación común, que puede invadirnos en cualquier momento.
Simplemente vas de viaje, tratas de no meterte con nadie, y solo conducir, pero cometes un error sin importancia, y te encuentras de repente, en una lucha por salvar tu vida.
Esta apelación a un miedo interno ante una situación rocambolesca, pero posible, dotó al film de mucha más repercusión de la esperada.
Realizada en un principio para la televisión, su brillantez estética e intrigante pulso narrativo, consiguieron que esta primera y barata obra de un jovencísimo Steven Spielberg, fuera exhibida en la pantalla grande.
Duel, se rodó a lo largo de 16 calurosos días en La Autopista 14, a unos 40km de Los Angeles.
Convertida hoy casi en un film de culto, el telefilme de 16mm, fue emitido por la ABC, el 13 de noviembre de 1971, y la televisión misma se convirtió en una herramienta expendedora de parábolas sobre la inevitabilidad de la muerte en horario de máxima audiencia.
Mientras en el cine, se proyectó en 35mm, en 1973, con la duración ampliada desde 74 minutos, a 90 minutos.
Duel es una revisión actualizada del mito de David y Goliat, en nuestros tiempos; y sigue a David Mann (Dennis Weaver), un común hombre de negocios, y de familia de clase media, cuando sale de su casa, y viaja con su coche, un Plymouth Valiant, por una zona desértica y aislada, al sur de los Estados Unidos, cerca de la frontera con México.
Cuando en una carretera de doble vía, adelanta a un viejo y oxidado camión cisterna que parece contener inflamables; el chófer (Cary Loftin) de este parece molestarse, y lo vuelve a adelantar… no solo no lo deja rebasarlo, y cuando el conductor del camión le hace señas para rebasarlo, casi le provoca un accidente con un vehículo en contra.
David, no se imagina que el conductor se lo tomará como una ofensa personal.
A partir de ese momento, el diabólico camionero, someterá a David a una persecución mortal.
Lo que aparenta ser un juego malintencionado, realizado por el camionero al que nunca verá su rostro, se va convirtiendo en una vorágine de locura desquiciada, trastocada en un enfrentamiento a vida o muerte, entre David y el camión, el hecho de que el camión está conducido por una persona, se torna irrelevante; así, a lo largo de kilómetros y kilómetros de carreteras solitarias, empezará el juego del gato y el ratón.
Finalmente, el camión y el protagonista, al límite de sus posibilidades de cordura, se ven enfrentados en una carretera cerrada en unos acantilados.
El final es sorprendente...
En sí, Duel no es más que un intento de “exploitation” para aprovechar el furor del momento que eran las “Car Operas”, que comenzarían con las persecuciones de “Bullit” (1968) y “Diamons Are Forever” (1971), que se transformarían en un género propio con “Vanishing Point” (1971, la obra maestra del género; y la independiente “Gone in 60 Seconds” (1974), y que terminarían por degenerarse con aventuras como “Smokey and the Bandit” (1977) y toda la producción del “auteur” de Hal Needham.
Lo único que hace Duel, es convertir la persecución, usualmente el momento de acción de cualquier filme, en su tema exclusivo, y desarrollarlo en un escenario minimalista, como es El Desierto de California.
El hombre y el destino, frente a frente, cada uno con su esencia en todo sentido, una lucha contra el destino mismo, lo irracional, lo impredecible, lo anónimo, la fuerza superior, el capricho, con un cautivante tránsito por las emociones, sorpresa, desesperación, e inteligencia.
¿Qué haríamos nosotros ante una situación parecida?
“The Killer's Weapon:
A 40 Ton Truck”
Hubo un tiempo, en el que Steven Spielberg, ahora todopoderoso director y empresario, Rey Midas de Hollywood, no era más que un tímido y prometedor joven, que había dejado la universidad, para trabajar en televisión.
Corría el año 1968, y los tradicionales grandes estudios, no vivían tiempos muy felices.
Pero fue la división televisiva de uno de ellos, Universal, la que se decidió a contratar a ese estudiante que daba vueltas por sus pasillos.
Los directivos de la compañía, vieron el interesante corto que había rodado Spielberg ese año, “Amblin”, y se decidieron a ofrecerle un contrato.
Spielberg aceptó, y empezó a trabajar en varias series y telefilmes.
Su buena trayectoria, no empezó a ser realmente relevante hasta 1971, año en el que, debido a la confianza del estudio, y a la insistencia del muchacho por rodar un largometraje, dirigió una producción para la cadena ABC, que acabó dando la vuelta al mundo, y colocando en la industria, a ese oriundo de Cincinnati.
Duel fue una de las primeras películas dirigidas por Steven Spielberg, y es una de sus obras más valoradas, por haber sido rodada con un presupuesto mínimo, y conseguir desarrollar la historia y el clima de tensión con pocos personajes, tomas muy acertadas y audaces; y básicamente, la fuente generadora de suspense, es el perfil psicológico del protagonista, y el actuar del camionero.
Y consiguió un pulso narrativo y un tono épico, pocas veces visto en televisión hasta la fecha.
Tuvo tanto éxito, que meses después de su estreno en televisión, los productores facilitaron el rodaje de más secuencias para ampliar su metraje, con el fin de exhibirla en salas cinematográficas.
Con la duración ampliada, consiguió un éxito mayor de público, y al ser exhibida en algunos festivales de Europa, contribuyó a forjar la imagen de narrador y original cineasta que ha acompañado a Spielberg hasta la actualidad.
Sólo en apariencia, Steven Spielberg se aleja de la corriente de terror imperante en la época, el “American Gothic”, pero nada más lejos de la realidad:
Duel es una intensa aventura, en la que una criatura diabólica, ese camión oxidado, cargado con sustancias inflamables, como combustible de los infiernos; y con unas fauces donde muestra las matrículas de sus víctimas; vaga por las polvorientas carreteras rurales de EEUU, como un depredador al acecho de algún infortunado al que mandar al averno.
Este planteamiento, es una vuelta de tuerca al “American Gothic”, destilado en forma de “thriller”, y transversalmente mezclado con una “road movie”
Así vemos a un hombre de mediana edad, llamado David Mann, que se encuentra realizando un viaje en coche por trabajo.
De repente, y tras un simple adelantamiento, empieza a ser perseguido por un gran camión cisterna...
La persecución por carretera, va subiendo de intensidad, y acaba convirtiéndose en una caza sin límites.
Este cerrado marco narrativo, es el que permitió al guionista arrinconar al lector de su novela:
Coloca a un hombre que puede ser cualquiera, el apellido del protagonista, “Mann” ya da alguna pista; frente a una situación cotidiana, que se ve alterada de forma totalmente inesperada; y que puede producirse en cualquier persona que tenga automóvil.
Es decir, el descarado objetivo de Duel, es llevar al extremo el mecanismo de identificación cinematográfica, con el protagonista.
La persecución se sucede en la carretera, con apenas diálogos, y el principal mérito de Spielberg, consistió en lograr mantener esa tensa sensación durante 90 minutos, sin que la clásica intriga que había creado Matheson, se viese resentida.
El joven director, tenía que ponerse al servicio del planteamiento original, y servirse de él, para aprovechar sus virtudes y esconder sus limitaciones narrativas.
A nivel técnico, esto se hizo intentando proponer primero una buena variedad de tipos de plano y ángulos de cámara.
Tanto dentro del coche de David, como en la carretera; la diversificación de perspectivas, cumple el objetivo de alimentar esa sensación de que el peligro puede llegar desde cualquier sitio, acechando por el retrovisor.
El buen trabajo de planificación, se completó con el recurso contrario; utilizar algunos planos concretos de forma recurrente.
Spielberg combinó los primeros planos de David, recurso que ya estaba perfeccionando en su etapa televisiva anterior, con los planos generales de ambiente que tan bien utilizaban los directores que admiraba, John Ford y Howard Hawks, principalmente.
Un contraste que le da mucho más significado y presencia a los 2 tipos de plano.
El uso del montaje paralelo, típico de las persecuciones, se dosifica a merced de los estados de ánimo de David, característica que también ayuda a sostener la incertidumbre en el espectador.
Pero Duel, tenía varios niveles de lectura:
Podía ser un producto de buen entretenimiento, pero también había quienes vieron una película inteligente, llena de suspense, e incluso plagada de referencias existencialistas.
Steven Spielberg dice que muchos críticos de cine europeos encontraron conceptos abstractos en la película, como la lucha de clases en Estados Unidos, pero él mismo la considera un “High Noon” (1952) sobre ruedas.
Recordemos que también estamos en plena Guerra Fría, con la lucha entre capitalismo y comunismo, mostrados en el sedán y el camión respectivamente; así como el sutil tema ecológico de la contaminación ambiental.
También podemos ver una acusación en contra de la mecanización de la vida, tanto por las máquinas como por estructura de clases sociales.
El tema de roles de género, también adquiere significado en la búsqueda de Mann para demostrar su virilidad.
Como automóviles, Spielberg veía al “monstruo de humo, óxido y metal” como un enemigo sin rostro ni motivaciones, un agente al servicio de algo mucho mayor que cualquier pequeño humano que se atreviera a desafiarlo.
Un camión cisterna Peterbilt 281, con motor de Detroit, es todo lo que necesitó para establecer su primer contacto con el existencialismo.
Llega un momento en que no se sabe quién es quién… acaso un transformación de Mann en una bestia, batallando contra sí mismo, y los remordimientos de su crisis matrimonial…
Dónde termina el hombre, y dónde empieza la máquina, es clave para entender el final, pero no nos adelantemos.
El conductor del camión que persigue al protagonista, no es otro que la representación mental del compañero de trabajo que intentó seducir a su mujer, y contra el que no la defendió, como le reprocha ella en la llamada de teléfono al principio.
Es a partir de esa llamada, que el camión le persigue obsesivamente, durante todo el viaje, como el sentimiento de culpa por “no haberse portado como un hombre”, amenazando su matrimonio, e incluso el amor de sus hijos.
Es éste el “duelo” al que se refiere el título original, más significativo que la absurda traducción al español.
Por ello, puede decirse que más que una terrorífica “road movie” es el relato de un pequeño drama familiar:
En la llamada telefónica que Mann realiza a su mujer desde la gasolinera.
Ella le reclama que se acobardó y defraudó tanto a su mujer como a sus hijos.
Mann lo tiene muy presente en la cabeza, y por ello decide enfrentarse al camión.
Debe vencer sus miedos, y quitarse ese sentimiento de culpa.
Debe demostrarse a sí mismo, que no es ningún cobarde; la decisión de seguir adelante, ahora es cuestión de ego, de hombría y masculinidad.
De hecho, durante el camino, Mann escucha en la radio, cuando un oyente cuenta sus mismos problemas, es decir, que su mujer es quien lleva los pantalones; y que culmina en un viaje pesadillesco.
Por tanto, tenemos claro el retrato que se hace del personaje:
Un perdedor con una vida rutinaria, que un buen día decidió cruzarse en el camino de un “ente diabólico”, que bien podía ser él mismo, que conducía un camión con una apariencia que casi adelantaba al “JAWS spielbergiano”, para terminar convirtiéndose casi en una especie de versión “road movie” que bordea el surrealismo de “Moby Dick”
Y resulta curioso comprobar, cómo a través del miedo, este hombre, que en su casa no era nadie, acaba afrontando con éxito, un pulso extenuante por su vida.
Esa noche al terminar ese día, seguro que durmió orgulloso de sí mismo, sabedor de que el miedo, en realidad, nos hace más fuertes al enfrentarlo.
Duel, también es una película que repiensa algunos de los códigos del “American Gothic” de manera muy prematura, dada su fecha de producción:
El satanismo y la presencia del asesino implacable y sin rostro, son tópicos que están omnipresentes en el cine de terror de esa época, de mitad de los 60 hasta principio de los 80; que marcó la modernización del cine de horror en Hollywood.
Si uno lo analiza desde ese punto de vista, el duelo entre él y el camión, no deja de ser un “rito de iniciación”, en donde los individuos se transforman en hombres, o en guerreros, a costa de superar una prueba extrema.
A bien, en un Dr. Jekyll & Mr. Hyde.
La decisión de no mostrar en ningún momento la identidad del conductor del camión, es absolutamente paradigmática en este sentido; potencia la insatisfacción y el misterio de estar enfrentándote a un ente desconocido, a un monstruo impenetrable.
La sensación es que, efectivamente, el suspense, piedra angular de los logros de Duel, no te da por suerte ni un respiro.
Las secuencias en las que los coches están aparcados, en las estaciones de servicio, comunican otras sensaciones con respecto a las que están rodadas con el coche en marcha.
El cambio de espacio, de movimiento a estático, aporta nuevos matices al personaje de David, que va haciéndose consciente del problema en el que está metido.
Son situaciones percibidas como absolutamente claves, en las que todos los pequeños detalles cobran una importancia capital.
La escena en la que Mann “para” para a tomar un refrigerio en un bar...
Dentro de este, teóricamente, está el conductor del camión, tensión en estado puro.
Vemos urbanitas atrapados en cafeterías de carretera, calor, sensación de desconfianza y aislamiento, indefensión, asfixia ante lo desconocido en un lugar inherentemente banal y, cómo no, vieja y buena paranoia.
Eso le sucede a cualquiera que se detenga a pensar en ello, mientras consume alimentos es esos “Drive INN”
Por no hablar de la transformación de un objeto inanimado, un juguete capaz de leer el futuro y un camión; en el instrumento del diablo; un juguete de niños, como lo es un camión cisterna, en un arma de matar, propio de los terroristas de ISIS, en una película muy adelantada de su tiempo.
Y es que Spielberg observa, que el temor de lo desconocido, es quizás el mayor temor de todos, y que Duel juega fuertemente a ese miedo.
A lo largo de la historia, el conductor del camión permanece anónimo e invisible, con la excepción de 2 tomas separadas en los que su brazo le indica a Mann del tráfico venidero, y otra toma donde Mann observa las botas de piel de serpiente del conductor.
Sus motivos para perseguir a Mann, nunca se revelan.
Spielberg dice que el efecto de no ver al conductor, hace que el verdadero villano de la película, sea el propio camión, en lugar del conductor.
El tipo del camión, nunca estuvo dispuesto a abandonar la persecución, de hecho, lo espera en la carretera; pero David Mann lo quiere enfrentar cuerpo a cuerpo, tanto que él corre para tratar de bajarlo del tráiler, pero entonces el camión avanza, haciéndole ver, que solo lo enfrentará cuanto se suba a su automóvil, y siga en la misma dirección que él, por supuesto; manejando el “juego”
Del camión, después de una “audición” a 4 grandes camiones Peterbilt, Spielberg eligió el 281, por su antropomórfica apariencia; que la sensación de sugerir un rostro visto de frente.
El Peterbilt 281 Tanker, con motor Detroit Diésel de 360cv, y caja de cambios de 12 velocidades + 2 atrás, es de los años 50; fabricado por Peterbilt Motors Company, un fabricante de camiones de medio y gran porte, de la Clase 5 a la Clase 8, cuya central está ubicada en Denton, Texas.
El Peterbilt 281, estuvo en producción de 1954 hasta 1976.
El 281, es un camión pesado, usado para transporte de carga a través de largas distancias, y tirando de remolques de hasta 30 pies de largo.
El camión se ve en la película, tuvo que ser modificado para que pudiera alcanzar velocidades de hasta 90 millas por hora, y el motor, era uno de doble turbo de 350 caballos de fuerza Cummins NTC, con una transmisión principal de 5 velocidades, y una transmisión auxiliar de 3 marchas; sin embargo, las fuentes dicen que el motor utilizado en la película, era Caterpillar, en lugar de la Cummins NTC 350.
Hubo varios camiones para la filmación, todos modificados para ello.
El camión que quedó intacto, fue comprado varias veces; y en la actualidad es propiedad de un coleccionista, y se exhibe en Carolina del Norte.
Tras muchas noches de insomnio, Spielberg vio algo en su parte delantera que le recordaba a un hocico, e incluso modificó los retrovisores para que pareciesen orejas; y le dio un imagen de “estar vivo”, o eso nos parece cada vez que enviste al protagonista.
La decisión de colocarle matrículas de diferentes estados, fue también del director, y es la manera que el camión tiene de comunicarnos que este no es su primer rodeo; y dijo que las múltiples placas de matrículas en el parachoques delantero del camión, sugiere que el conductor del camión es un asesino en serie, que corrió a otros conductores en otros estados, al tiempo que es una forma de pagar impuestos...
La mayor parte de las placas, tienen un MC en ellos, que significa “portador de motor”, y la placa de New México, tiene un HUP que es el “permiso de uso de la carretera”
Cuando Carey Loftin, que interpretó al conductor del camión, jamás visible, preguntó a Steven Spielberg:
¿Cuál era su motivación para atormentar al conductor del coche?
Spielberg le dijo:
“Eres un hijo de puta sucio, podrido, y no eres bueno”
Loftin respondió:
“El contrataste del hombre adecuado”
Por su parte, Mann no entiende porqué a él le ocurre dicha situación, y porqué nadie es capaz de ayudarle.
Es un personaje que se encuentra solo dentro de un paraje inhóspito, y que se encuentra con personas que entienden que tiene un problema grave, pero que ellos no quieren tener ese problema.
Es el refugio de los cobardes, donde uno mira hacia otro lado, ya que mientras uno sea el perseguido, los otros pueden andar libres por la carretera.
Vamos, el valeverguismo en estado puro, un retrato social real importante.
Tanto que no tenemos datos del conductor del camión, que puede ser cualquiera, y nadie en su dimensión fantasiosa; ni siquiera su aspecto físico, todo lo que sabemos de él, es que el camión que conduce es viejo y sucio, según su placa trasera, contiene carga inflamable, que aumenta su grado de peligrosidad al volante.
Sin embargo, de Mann lo sabemos todo, desde su aspecto físico y el de su coche, interior y exterior, hasta sus pensamientos más profundos mientras transcurren los hechos, esto da lugar a un claro posicionamiento a favor de éste último, por parte del público.
El coche de David Mann, era un Plymouth Valiant rojo, de 1970, con la placa de California 149 PCE; en una clara alusión a “PEACE”, o “paz”
El Plymouth Valiant, fue un automóvil producido por Chrysler, de 1960 hasta 1976; y fue presentado al mismo tiempo que los rivales compactos de General Motors y Ford Motor Company.
La versión original para Duel, contó con un modelo 1970, con un 318 motor V-8 y la palabra “Plymouth” escrito en letras de imprenta sobre el capó, mientras la palabra “Valiant” o “Valiente”, del lado del conductor.
Hubo 3 coches para la filmación.
Steven Spielberg quería que el coche de David Mann fuera rojo, por lo que se destacaría en las amplias tomas de las carreteras del desierto.
El personaje creado por Dennis Weaver, daba el pego como ese hombre común que se ve sometido a una situación indeseable, en la que ve peligrar su vida de forma constante, y ante la cual reacciona con pánico y miedo.
Es una mezcla de timidez extrema y paranoia, en especial en la escena en la cafetería; de hecho, David Mann y la señora Mann, son los únicos personajes de la película con nombres.
Un dato interesante, es que en el momento en que vemos un coche que se parece al de los de la policía de carreteras, al final resulta ser de una compañía de mata-insectos que se llama “Grebleips”, que es el apellido del director a la inversa.
Sobre las nuevas escenas hechas para la pantalla grandes eran:
El cruce del ferrocarril, el autobús escolar, la escena donde David llama a su esposa, y la escena de apertura, donde el coche sale de la casa.
La escena del camión que se va por el acantilado, fue hecha en una toma.
Tenía que ser así, porque no podían permitirse otros camiones con un presupuesto muy bajo; pero es el clímax de la película:
Oímos un rugido monstruoso, como de un animal, pero de manera antinatural, mientras se estrella sobre el acantilado; y vemos el ventilador funcionando, a modo de la respiración pulmonar de la máquina, como unas gotas de diésel cayendo, en clara alusión de la sangre del camión endemoniado.
La escena final, es curiosa:
Mann se avienta de su auto, abriendo la puerta, pero antes de que el camión caiga al precipicio, se ve que la puerta de este, también se abre, dándonos a entender, que el camionero también saltó… y como ya no había forma de seguir el enfrentamiento, entonces, finalmente terminó.
Otras pueden decir que el camionero era el mismo Mann, o que el camión era un ser fantasmal, que logró desmaterializarse a último momento.
En las escenas posteriores, donde se ve la cabina destrozada, nunca vemos algún indicio de que hay un cuerpo adentro, solo fierros retorcidos, ruedas girando y aceite goteando en el volante, nada más.
Eso refuerza lo anteriormente dicho del conductor.
Steven Spielberg agregó esto, como él quiso dar una última sugerencia del sobrenatural al carro, y a su conductor.
Algunos expertos dicen que Duel es una de las películas mejor acabadas.
Otros, que es una película “redonda” desde el principio hasta el desenlace.
Personalmente, me hubiera gustado descargar la tensión de la misma manera, pero con otra forma, como que era el mismo Mann, y su lucha contra sí mismo.
La astucia del enemigo de la que no nos podemos librar en ningún momento, parece disolverse de repente.
También hay paralelismos más que evidentes entre Duel y “JAWS”
Para empezar, ambas utilizan la cámara subjetiva para sumergir al espectador en la historia desde el primer segundo, aunque aquí, ese punto de vista pertenece al héroe, en lugar del villano.
Spielberg comienza en una residencia suburbial, el escenario de su nacimiento como director, y conduce lejos de allí, hacia la gran ciudad, y hacia la autopista; como el mar mismo:
El lienzo más gigantesco sobre el que había podido pintar hasta ahora.
Es una manera de colocarnos en el asiento del copiloto de un Plymouth Valiant rojo, como la persona llena de sangre que flota en el agua, que no llegaremos a abandonar del todo hasta el final.
En cambio, veremos muy pocas tomas desde la cabina del camión… como el tiburón, que le vemos su avance y por partes.
Ni siquiera se nos mostrarán las facciones de su conductor, ¿o tal vez sí?, aunque eso no quiere decir que su personaje no esté exquisitamente definido.
Si nuestro héroe a la fuerza, David Mann, es una prolongación del coche que conduce; entonces también sabemos todo lo necesario sobre su contrincante, con sólo contemplar su vehículo.
El conductor es, en más de un sentido, prescindible:
La verdadera personalidad, está en la máquina.
Como haría en “JAWS”, utiliza la sugerencia para producir miedo, el miedo a lo que no se sabe que es, el miedo a lo que no se puede ver, el miedo a lo desconocido, que habita tanto en el mar como en el desierto.
Pero quizá la mayor prueba de la importancia del duro aprendizaje que supuso Duel, la encontremos en uno de los momentos más celebrados de “Jurassic Park” (1994), y está en la imagen en el retrovisor.
Nos queda preguntarnos:
¿Qué pasó con la cita de trabajo?
¿Y por qué Mann no da la vuelta y vuelve a casa, por qué no frenó?
Aquí podemos ver, cómo las emociones más primarias, como el ego y la hombría, puso todo a un segundo plano.
Como dato, algunas de las escenas de Duel se utilizaron más tarde como material de archivo en “The Incredible Hulk: Never Give a Trucker a Even Break” (1978) un episodio de “The Incredible Hulk”
Las escenas obvias usadas, eran el Valiant rojo que golpeaba de golpe en la cerca, y el uso del mismo camión fantasma en la serie la TV.
Insatisfecho con el descubrimiento de que las imágenes de la película fueron recicladas, e incapaces de demandar porque el estudio poseía tanto la película como la serie de Hulk, Steven Spielberg insistió, en que todos sus futuros contratos, tendrían una cláusula diseñada para proteger sus películas.
La película de 2001, “Joy Ride” está fuertemente influenciado por Duel, y contiene muchas referencias directas.
En una escena, un camión modelo similar, amenaza a los protagonistas, pero el conductor se revela e interacciona con los personajes.
Duel es una de las pocas películas de Steven Spielberg, en las que John Williams no hizo la partitura.
Aquí, la banda sonora fue compuesta por Billy Goldenberg, que hace más uso de ambientar, que generar un “leitmotiv”
“Talk about pollution”
¿Por qué Duel atrapa tanto?
Evidentemente es por la forma en que Steven Spielberg plasma la idea.
Como historia, no tiene nada del otro mundo.
Pero como película, mucho.
Y es que Spielberg, no sólo crea tensión, no explicando nada sobre la persecución.
Sino que deja al espectador, que se desespere pensando un porqué, a la vez que ve cómo pasan las secuencias en una situación de carretera con la que, además, nos sentimos identificados, sobre todo, aquel que tiene automóvil, y ve en los camiones, a los “dueños de la carretera”
Así que nos vemos reflejados en ese personaje atemorizado y tímido, que no sabe qué hacer, cuando entra a un bar de carretera a tomarse unas tostadas para intentar que el camión siga su camino…
¿Qué haríamos, si vemos que el camión también se para?
Probablemente, lo que hace David, además de sufrir.
Duel reveló a Spielberg, como un cineasta de altura, y la película trascendió su condición de “TV Movie” llegando a estrenarse en salas de cine de todo el mundo.
No sabía en aquel momento, Richard Matheson, que su relato iba a pasar a la posteridad, por haber inspirado el primer largo de uno de los cineastas más importantes de la historia del cine.
Y en el fondo, más hitchcockniano imposible, es como si nos sucediera a nosotros.
Vamos conduciendo tranquilamente, y de repente un maníaco empieza a desafiarnos, a embestirnos, y a perseguirnos, sin más propósito que llevar a cabo un macabro juego mortal, en el que la finalidad es eliminar al contrario, o dejarse matar.
Morir en alguna curva, en algún precipicio, o siendo arrollado por un tren, o en algún choque contra otros vehículos...
Eso pasa en la realidad, muchas veces por atrevimiento; pues la capacidad para pensar, para reaccionar, la pericia al volante, y el aguante del vehículo, serán las armas con las que contarás.
Esos son los letales riesgos comunes de la carretera.

“There you are, right back in the jungle again”



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