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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Lilting

“沒有什麼更可憐的母親誰對她的兒子的注意力爭奪”
(No hay nada más patético para una madre que competir por la atención de su hijo)

¿Qué amor es más puro, el que nace en las entrañas, o el que nace en el corazón?
¿Qué dolor es más punzante, qué dolor es más legítimo…?
Desde lo general, las grandes ciudades son por definición, alienantes.
Millones de personas que hacen lo posible por ignorarse unos a otros, recreándose en una soledad y un aislamiento que dicen odiar, pero que no evitan romper de ninguna forma.
En muchos casos, a ese afán por la soledad, se unen las barreras culturales e idiomáticas que sufre aquél que abandona su país por otro que nada tiene que ver con lo que siempre ha conocido.
Sea por necesidad económica, por amor, por salvar la vida, o por cualquier otro motivo, aquél que abandona su antiguo mundo por uno nuevo, está aún más aislado.
A pesar del multiculturalismo del que hace estandarte, Londres es en ese sentido, uno de los mayores ejemplos de ese aislamiento, a veces voluntario, a veces irremediable, sino que lo diga el clima...
A lo específico, las personas mueren, pero el dolor perdura.
Hay cabos que quedan por atarse, hay heridas que deben suturarse a fuego lento, dando tiempo al corazón, e intentando recuperar la calma.
Lo peor de todo es el desconocimiento y los cabos que quedan por atar, cuando una persona se marcha de nuestras vidas; esa es quizás la peor parte, las respuestas que se quedan en el aire, ante preguntas que nadie jamás va a poder responder, o quizás sí.
¿Qué es lo que queda cuando aún quedan cosas por resolver?
Cuando sólo queda esa culpa de no haber actuado de otra forma, o ese vacío por no habernos despedido de esa persona...
Compartir esos sentimientos, entender el mismo dolor, sea en el idioma que sea, es lo que ayuda a deshacer el nudo, a destensar la cuerda, y a encontrar confort y paz.
“If you think about it, we're constantly coming out to people; so, really, you should be good at it”
Lilting es un drama del año 2014, escrito y dirigido por Hong Khaou.
Protagonizado por Ben Whishaw, Cheng Pei-Pei, Andrew Leung, Peter Bowles, Naomi Christie, Morven Christie, entre otros.
“Lilting” se puede traducir al español como “flotando”, “cantando rítmicamente” o “melodioso”, y es el título de una película de temática gay británica, y es el debut cinematográfico del cineasta londinense de origen camboyano, Hong Khaou.
Un relato sincero, filmado de manera inteligente, con un presupuesto muy pequeño; del que se ha dicho, se ha inspirado visualmente en la famosa cinta de Wong Kar-wai, titulada “花樣年華” (In The Mood For Love – 2000)
Delicada y sin prisas, casi hasta el exceso, aunque también inquietantemente sexy, e incluso a veces graciosa, la acción sigue a Junn (Cheng Pei-Pei), una mujer china, que está sola, y a pesar de que lleva 29 años viviendo en Londres, nunca quiso aprender inglés, o adaptarse a una cultura que consideraba ajena; por lo que vive en un geriátrico; y acaba de perder a su hijo, Kai (Andrew Leung) en un accidente.
Richard (Ben Whishaw) es un joven chef, que mantenía una relación con Kai, y con quien compartió su vida los últimos 4 años, a espaldas de Junn, e intentará acercarse a ella para no abandonarla durante su duelo.
Pero hay varias barreras en su relación, sobre todo culturales:
No hablan el mismo idioma, y además, la madre no sabía que su hijo era homosexual.
La muerte de Kai, hará que Richard trate de superar su dolor para ayudar a Junn, ya que sabe lo dependiente que ella era de Kai, pero la mujer lo culpa porque cree que él ocupaba el espacio que Kai debía destinar para ella.
Cuando Richard decide preocuparse por Junn, necesitará de una intérprete, y contrata a Vann (Naomi Christie), que será inicialmente escogida para que Junn pueda relacionarse con Alan (Peter Bowles), otro de los habitantes del asilo, y por el que siente una atracción; terminará también siendo decisiva y trascendental para que Richard y Junn puedan conocerse.
Frente a este panorama, Richard se esfuerza en generar un acercamiento con la persona que probablemente más entienda el valor de lo que él acaba de perder.
Lilting es un film intercultural, que pone de manifiesto la dificultad de ciertas sociedades asiáticas como la china, etnia de Kai, para aceptar la homosexualidad.
Pero también versa sobre la necesidad de redención que tiene Richard, y la necesidad de que la madre entienda que su hijo había vivido estos años un romance pleno de amor y felicidad.
La historia pareciera a “ya conocida” pero no lo es desde la forma en que se enfrenta al relato, cuya narrativa aborda temas muy humanos, emociones muy fuertes como el amor, la muerte, la soledad, la vejez, el choque de culturas, y el idioma; pero sobre todo desde la comprensión y la empatía.
Como no hay un deseo por parte de la realización de hacer algo extravagante, que se salga de la naturalidad, sino más bien de cuidar la comprensión de la historia y de introducir al espectador en ella, pues se consigue el efecto de atracción y de implicación.
Las historias de siempre, se pueden contar como se han contado siempre, y solo se necesita una gran sensibilidad y un sentido cinematográfico para que sean creíbles, gusten al espectador, y hagan la diferencia.
Todo lo demás, la iluminación, la fotografía, la música, y en particular la ambientación, están cuidados para que sean parte de la misma historia, sin quitarle protagonismo.
Hacía ratos que mientras miraba una película, no me encogía por la profundidad en la muestra de sentimientos tan puros y reales, con grandes actores, sobre todo Ben Whishaw y Cheng Pei-Pei, en cuyas miradas bastan para sacar el sentimiento interno sin decir palabras, y eso señores, es actuación; desde una dirección muy teatral, con buenas escenas intimistas de las complejidades humanas tan universales, que no necesitan de nacionalidades ni etiquetas.
“通過大量的哭泣,我學會了內容,我不會總是快樂,安全的在我的孤獨,希望我能夠應付
聖誕節每年都會非常孤獨
令人難以置信的孤獨感”
(A través de mucho llorar, he comprendido que no siempre seré feliz, segura de mi soledad, con la esperanza de que seré capaz de hacerle frente.
Cada año, el día de Navidad me siento muy sola.
Una increíble sensación de soledad)
Estamos ante una ópera prima que difumina de manera inteligente la visión que tenemos de las relaciones humanas, y dibuja una fatalidad paradójicamente estimulante.
El director, Hong Khaou, de nacionalidad británica, y de ascendencia chino-camboyana, apuesta por un reto complicado:
Comunicar a 2 británicos, uno de origen y otro nacionalizado, sin que ninguno de los 2 conozca la lengua del otro.
Al impecable y estremecedor guión, se le unen unas interpretaciones llenas de carisma y personalidad; todo ello aderezado a su vez, con una excelente fotografía; la cámara del talentoso Khaou, capta con igual delicadeza los sentimientos y los reproches en un magnífico retrato de interiores, tanto de los espacios, como de los personajes.
Siendo sensible, pausada, los adjetivos perfectos para esta trama que destila trabajo bien hecho, y meticulosidad en las cuestiones abordadas.
Y es que el tratamiento dado al tema de la homosexualidad, goza de la misma delicadeza que los restantes temas, como:
La vejez, el dolor por la pérdida, o el choque cultural, que son colocados al mismo nivel que el anterior, y se les dota a todos ellos de un toque minimalista, digno de los grandes maestros.
Para empezar, el realizador narra una historia centrada en la psicología y las emociones de sus personajes, de ahí que la reducción de la anécdota a unos pocos espacios interiores, y la presencia en escena de prácticamente solo 5 actores, y nunca los 5 a la vez, son opciones discursivas tan adecuadas como sencillas para poner de manifiesto el foco de interés del relato.
Por otro lado, el guión, obra del propio realizador, si bien no es un alarde de originalidad, evoca a otros filmes asiáticos de temática; rezuma sutileza y naturalidad, al transmitir la soledad de 2 personas ante la muerte de un ser querido:
De un lado, Junn que ha perdido a su único hijo; y del otro, Richard, amante de Kai.
Puesto que se trata de una película sobre el dolor y la ausencia, los peligros de caer en lo melodramático para implicar al espectador, eran muy altos; pero Khaou los evita conscientemente, acercándose a la intimidad de sus protagonistas, con una mirada contenida y generalmente extrínseca, donde son sus actos y gestos, de ahí, por ejemplo, la preponderancia del primer plano o el plano detalle, los que revelan su estado anímico.
La historia va avanzando, aunque no es lineal, ya que de vez en cuando hay unas escenas en donde se vuelve al pasado para conocer más detalles importantes que expliquen mejor las relaciones actuales entre los personajes.
Lo mejor de semejante recurso, que además aleja Lilting de un realismo a ultranza, es que Khaou lo inserta dentro de la narración, sin ningún tipo de marca formal, hecho que propicia que, durante unos instantes, el espectador no sepa distinguir el presente del pasado y, lo que es todavía más importante, a menudo confunda un recuerdo, con un deseo, o un “sueño despierto”
Con ello, Khaou dota al relato de un envoltorio etéreo, levemente onírico, donde la atmósfera y las texturas adquieren tanto protagonismo como los personajes.
Y más allá del idioma, la gran barrera es que Junn no sabía que su hijo era homosexual, por lo que la mujer no entiende porque Richard, que para ella era “solo un amigo que vivía con Kai”, se esfuerza tanto por mantenerse cerca de ella.
La culpa que ambos sienten, los llevará a ridículos enfrentamientos en que traen de vuelta a Kai, e inconscientemente tratan de ser el centro de atención para una persona que ya no está entre ellos, y que al partir, los ha dejado devastados de distintas maneras, con deudas simbólicas que deberían ser pagadas, pero el miedo y los prejuicios no permiten enfrentar.
En puridad, de esta manera se enfatiza, sin aspavientos ni extravagante experimentación visual, la temática subyacente, que no es tanto el dolor o aquello que nos une bajo nuestras superficiales diferencias, sino la memoria:
Esa facultad de la mente capaz de almacenar sucesos de nuestro pasado, que por tanto nos define como individuos en el presente, pero también de seleccionarlo y de embellecerlo según nuestras preferencias conscientes o inconscientes.
Y es que, como el propio cine, la memoria nos trasporta a otro mundo sin hacernos olvidar de nosotros mismos.
Por otro lado, cabe resaltar el excelente planteamiento dado a la estructura de la historia, puesto que, pese a los continuos retrocesos en el tiempo, no se rompe en ningún momento la continuidad de la misma.
Probablemente sabedor de ello, el director introduce pasajes en los que Junn y Richard recuerdan a Kai, y momentos pasados con él.
En el dolor de la culpa que atenaza a los 2, que se sienten parcialmente responsables de la pérdida, y de la conciencia de culpa que podía tener Kai por ingresar a su madre en una residencia de ancianos al morir el padre.
Sin duda, otro de los aciertos es focalizar su atención en Junn, y en su evolución emocional:
La mujer, que buscaba consuelo a su pérdida en Alan, un compañero de la residencia de ancianos donde ahora vive, y culpaba a Richard de todos sus males, descubre que nada podrá alterar la imagen de Kai que atesora en su corazón, por mucho que se arroje nueva luz sobre ella, y que no necesita mayor consuelo que ese.
De esta manera, Lilting logra evitar el final de rigor en este tipo de dramas intimistas, y resuelve el conflicto entre Junn y Richard, en coherencia absoluta con todo lo apuntado argumental y temáticamente hablando.
No en vano, su escena de reconciliación, se produce sin mediación de Vann, la traductora contratada por Richard; cada cual en su idioma, sintetiza aquello que les sigue atormentado tras la desaparición de Kai.
La intérprete aporta un relato importante, ya que a través de ella y sus conversaciones con ambos, nos vamos enterando de la historia previa a la muerte de Kai, y los esfuerzos que madre e hijo hicieron por mantenerse cerca.
De hecho, Lilting alcanza notable profundidad cuando ambos protagonistas, Richard y Junn se hablan y se miran a la cara, sin necesidad de intérprete.
En el dolor de ambos por la pérdida de un ser querido, no hace falta interpretación, es sentimiento puro a flor de piel, lo que viene a demostrar que no era necesario tanto énfasis en utilizar intérpretes, bastaba con mirarse y hablarse desde el corazón.
Cabe hacer notar que el cine británico sabe tratar el tema de la homosexualidad con exquisito buen gusto, muchas veces desde la perspectiva de la no aceptación por los demás.
Y Khaou juega con ese miedo del hijo fallecido, a revelar la verdad a su madre, miedo que se transmite a Richard, sobre cómo hacer saber a la mujer, la verdadera relación entre los 2 jóvenes, ése es el “mcguffin”, y sin embargo no es lo relevante, lo relevante de la historia es la soledad, la soledad repentina a la que se ven confinados ambos, el amante y la madre del ausente, una ausencia sorpresiva, dolorosa, fulminante, en la que ambos podrán reprocharse que si hubieran dicho o hecho otra cosa, el accidente se hubiera evitado.
La soledad en la vejez, como circunstancia insuperable, y la actuación de un extraño para intentar paliar ese vacío vertiginoso, un extraño que sabe que tiene tiempo para rehacerse en el futuro, mientras esa vieja madre ha agotado su tiempo, y sólo puede vivir del pasado y del recuerdo; es desolador y real, palpable y eventual.
En realidad, Lilting redunda en la banalidad de las palabras para expresar realmente los sentimientos, y eso es irónico.
Así lo constatan, por ejemplo, su mismo título “canturrear”; el hecho de que Junn nunca haya querido aprender inglés, a pesar de llevar media vida en Londres, y dominar 6 idiomas; o el CD continuamente prometido por Kai a su madre, con su canción favorita de juventud, etc.
Por ello se trata de un filme en el que los silencios, los ademanes, los sonidos, la música, o las miradas, son tan importantes, o más, que los diálogos, dado que muestran una verdad subyacente y oculta.
Técnicamente, Hong Khaou ofrece aquí una visión sobre el duelo y las diferencias, en este caso, culturales y generacionales, de un aliento contenido y austero, que rezuma sensibilidad, mesura y buen gusto.
Gracias a su ritmo pausado, al estatismo de los encuadres, y al empleo de una fotografía suave y cálida, los espacios terminan por ejercer una función pictórica, simbólica, entre los que destaca el cuarto de Junn, que pasa de encarnar su extrañamiento del entorno hasta convertirse en su hogar.
Pero hay momentos de silencio, en donde tienen importancia las miradas de los personajes, y otras veces hay unos diálogos incisivos, donde el idioma es parte fundamental.
Los pocos momentos cómicos, se producen durante la traducción del chino al inglés, y viceversa, con algunas ocultaciones por parte de Vann…
Y es, entre muchas otras cosas, un elogio a la intimidad, a los pequeños momentos de proximidad entre seres queridos.
Un elogio, no obstante, que no se conforma con sencillamente presentar esta complicidad entre madre e hijo; una intimidad que se encuentra en todas partes:
Está en la relación que Junn mantiene con su compañero de residencia, un anciano británico a quien abraza sin apenas conocer, y escucha sin comprender.
Está en la relación sentimental que Kai mantiene con Richard, a escondidas de su madre, por miedo a que esta no apruebe su inclinación sexual.
Y está también en la relación entre Richard y Junn, surgida casi por obligación cuando Kai muere prematuramente.
Desde este momento, son 2 personas unidas por el luto, y separadas por convicciones culturales y por ocultamientos; hecho acertadamente simbolizado mediante su incapacidad de entenderse en un mismo idioma, y respetar la privacidad del fallecido.
Será el añoro hacia una misma persona, lo que les unirá en este duro proceso de superación.
Pero la de Richard y Junn, es una intimidad muy distinta.
En primer lugar, porque todas sus conversaciones se dan gracias a la intervención de una intérprete.
En segundo, porque Richard no deja de ser el causante del distanciamiento entre Junn y Kai:
Primero se instaló en su apartamento, mandándola a ella de rebote a una residencia; y más tarde, insistió en quedarse con las cenizas de su difunto hijo, y sin saber que era su amante de 4 años.
A ojos de Junn, Richard no es más que el arrebatador del único ser querido que le quedaba; el ladrón de su intimidad.
De ahí que la complicidad que nace entre dichos personajes, resulte tan sugerente:
Ambos se encuentran en la misma situación, solo para Junn, Richard no hace más que adentrarse en el terreno al que ella fue desterrada tiempo atrás... por el mismo Richard.
Es decir, no contento con interponerse en la relación entre ella y Kai, ahora se propone romper la privacidad de su luto.
Por eso es conmovedor descubrir, cómo ambos personajes van forjando entre ellos una nueva intimidad.
Algo que se da gracias al hecho de encontrar, a través de sus conversaciones, una pequeña prolongación de 2 relaciones:
La que cada uno tuvo con Kai.
Son 2 relaciones distintas, pero con rasgos comunes:
Ambas fueron con la misma persona, estuvieron plagadas de intimidad, y acabaron prematuramente.
Si se le puede achacar algo, es la innecesaria repetición de una escena, la inicial; un parón en la parte central, después del giro en la historia.
Es una de las secuencias cuando Kai y Junn conversan en la pequeña habitación de la residencia.
Recogidos en un mismo plano, cruzan miradas fugaces, interactúan sin llegar a tocarse.
Puede palparse en el aire cierto distanciamiento... ¿espiritual/físico literalmente?
También cierta proximidad…
Una especie de afecto plagado de contradicciones; acaso propias de las relaciones entre madre e hijo.
Su conversación es banal pero sentida, ligera a la vez que profunda.
También hay espacio para las recriminaciones y algunas confidencias.
Se trata de una pequeña secuencia, que plasma diversas facetas del acto de sinceramiento que una madre tiene con su hijo, ya adulto.
Pocas veces, una escena tan sencilla, ha proyectado tanta intimidad.
Pocas veces, una secuencia tan corta, nos ha situado tan cerca de 2 personajes.
Y sobre todo, pocas veces, la conclusión de una secuencia, tiene lugar de forma tan sutil y estremecedora.
Además, el director sabe conectarnos con el mundo interior de los personajes a través de un sonido hueco, que nos impregna de las emociones de sus almas.
Una especie de elogio del pesimismo, que lleva hasta las últimas consecuencias los efectos de la incomunicación y la negación de la diferencia.
Porque Lilting también nos habla de la no aceptación de la homosexualidad por prejuicios culturales, y como esa ceguera puede atraer tanta infelicidad.
En este sentido, no hay escena que describa mejor el ánimo, que las de amor entre Richard y Kai, una entrañable pareja que vive su relación marcada por la incomprensión de la madre de Kai, pero muy profunda, real e intensa entre ellos, bastante sincera y honesta.
Eso nos lleva al trabajo interpretativo de cada uno de los actores, que se crece a medida que va avanzando el relato, ya que al fin y al cabo, es una cinta de personajes y de situaciones humanas.
Pero lo que consiguen por momentos Cheng Pei-Pei, como la madre desolada por la pérdida de su hijo; y Ben Whishaw como el ex novio de Kai; es algo único y maravilloso, lleno de elogios.
La extraordinaria interpretación de Whishaw, en cuyo rostro y ojos carga la expresión exacta de la pena; consigue retratar en Richard, a alguien que a pesar de su tristeza, se niega a dejar de ser optimista, que desea sacar algo positivo de su tragedia; alguien con un sentido de la humanidad y la decencia tan grande que es casi una rara avis en nuestro mundo actual.
El actor británico, ya tiene experiencia en proyectos de gran presupuesto, aunque en papeles secundarios, y en este caso, borda su personaje de Richard, que expresa mucho sin exagerar, al mejor nivel protagónico.
Lo mismo podemos decir de la actuación de la veterana actriz china, que lleva más de 50 años trabajando.
En ambos casos, su simple mirada y su llanto, expresan mucho más que algunas otras actuaciones en grandes proyectos dramáticos, y con unos personajes exagerados.
Enorme Pei-Pei, consigue recrear su personaje sin caer en la tentación de los estereotipos.
En sus manos, Junn es alguien cuyo sentimiento de desarraigo la ha convertido en una persona desconfiada, y de difícil trato, que prefiere ocultar bajo una capa de hielo, su bondad, su sentido del humor y generosidad, por miedo a ser herida.
Su propio hijo, a pesar de su intenso vínculo, fue incapaz de traspasar esa capa para hacerle ver la realidad de su sexualidad, una barrera tan compleja o más que la del idioma para alguien de su generación y trasfondo.
Y frente a ellos, Naomi Christie, aporta el elemento de unión; es la persona que conoce ambas culturas y ambos idiomas, la bisagra que articula la relación, y cuya habilidad resulta fundamental para mantener la historia a flote.
No es fácil ejercer de nexo entre 2 trabajos tan poderosos, como los de Whishaw y Cheng, y Christie consigue pasar la prueba con nota.
A través de las conversaciones a 3 bandas, entre Richard, Junn y Vann, Lilting se convierte en una historia de barreras rotas.
Barreras de idioma, pero también generacionales y culturales, de sexualidad y vergüenza, de desconfianza y remordimientos.
Barreras rotas no tanto por las palabras, aunque la “creatividad” de Vann a la hora de traducir ayuda a salvar más de una situación; como por los gestos y los impulsos, y por la voluntad de romper el aislamiento.
Y por último, la presencia/ausencia del personaje muerto, Kai, en Andrew Leung, novio del protagonista e hijo de la anciana, marcan el progreso dramático de esta película que nos habla de 2 temas que fusiona:
El dolor del amante que no consiguió que su pareja viviera libremente, pues no se atrevió a salir del armario con su madre; y la incomunicación de una persona mayor, la madre, aislada en una sociedad de la que no conoce, ni siquiera, el idioma.
Son personajes secundarios, los que tienen una gran importancia, aunque su actuación no tiene la carga dramática de Whishaw y Cheng.
Así pues, estamos ante una delicada y penetrante reflexión sobre la añoranza, sobre las cicatrices que nos deja perder a nuestro amor, nuestra pareja, marido o esposa, nuestros hijos o padres, nuestros seres más queridos.
Y el sentimiento de culpa que nos asola cuando sabemos que deberíamos haber actuado de otra forma, y entonces queda algo pendiente que expiar, porque no podemos despedirnos y soltarnos del pasado que nos atrapa en sus garras voraces hasta anularnos.
Además hay un retrato sobre lo que significa cambiar de país y de cultura, ya sea como refugiado político o económico, y de las diferentes formas que hay de adaptarse a la nueva sociedad que nos acoge y cobija.
Podemos abrazar lo nuevo, o podemos no soltar lo viejo, que aunque abandonado y dejado atrás, no nos hemos sabido ni querido desligar de ello.
También, Lilting refleja la dificultad y uso del idioma, la necesidad de erigir, fomentar, y mantener una barrera que nos proteja de lo que rechazamos a través de la palabra, negándonos a entender lo que no queremos saber, negándonos a aprender para así ser por siempre dependientes, o para encadenarse a los demás y exigir su ayuda y asistencia.
La dificultad de dar y entregar, es el escollo básico de la existencia.
Preferimos vivir atados, y tener siervos emocionales para no valernos por nosotros mismos, ni hacernos responsables.
Destacar la banda sonora, en claro recuerdo de un mundo pasado, quizás más feliz o no, pero en todo caso, con toda una vida por delante, esa que una vez llegada la vejez, no es posible imaginar, y lo que quedan son recuerdos, en este caso, cada vez más dolorosos, cada vez más aisladores, en los que una canción puede permitir una sonrisa, aunque sea tarde.
Entre ellas, “Ye Lai Xiang” de Xiang Lan Li; « Don't Blame Me” de Timi Yuro; y “Sway” (Yao Yao Bai Bai) de Yi Min.
“You love this dick”
Ahora es algo sencillo acceder a películas que antes se veían encerradas en una coraza cultural infranqueable.
Se podría afirmar, que Ang Lee entre otros, son los máximos exponentes que a día de hoy sobrevuelan los temas que en cualquier lugar del globo carecen de superficialidad, y además, son capaces de entremezclar tesituras personales entre las principales culturas, y hacer de eso un género más que únicamente un tema.
Rompiendo ese candado sociocultural, nos llega cada día con más frecuencia productos como el de Hong Khaou, y Lilting; un vehículo de emociones, un vía abierta para entender lo complejas que pueden ser las relaciones humanas, y lo fácil que es mantenerse aislado de todo y todos, cuando el dolor embarga, cuando la vida nos trata a palos, cuando la memoria y el pasado nos atormentan.
Utilizando como excusa a la muerte, para descubrirnos lo que realmente significa el amor, que no conoce de sexos, edad o religión, y que cuando es verdadero, incluso traspasa las barreras del idioma, Lilting, tal y como su traducción al español indica, es cándida, melodiosa y conmovedora.
Sus silencios están llenos de mensajes que sus personajes no necesitan decir con palabras, porque la conexión que hay entre ellos, sencillamente no las necesita.
Una historia sencilla, realista y desoladora, sobre los prejuicios sociales y religiosos, la soledad y el amor, sobre 2 personas que no tienen nada en común, sólo aquello que sintieron por alguien que ya no está, y que ahora sólo vive en sus recuerdos.
Pues ese amor que es tu vida, es toda tu felicidad, y eso lo es todo.

“在這一天,一切都站穩了起來,連樹都停止了沙沙作響,但是我還在移動,我想移動,但是我沒有什麼可以去的,無處可去
我皮膚下面的疤痕突然出現,我感到害怕
害怕孤獨”
(En este día, todo se ha detenido, incluso los árboles han dejado de susurrar, pero todavía estoy moviéndome, quiero moverme, pero no tengo nada para moverme, y no hay dónde ir.
Las cicatrices bajo mi piel, repentinamente surgen, y me asusto.
Asustada de estar sola)



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