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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

domingo, 5 de marzo de 2017

Roma, Città Aperta

“La sua vita è dedicata alla lotta contro la società, la religione.
Lui è un ateo... il tuo nemico...”

En tiempo de guerra, ante la inminencia de la conquista de una ciudad, las autoridades civiles y militares, pueden declarar que la ciudad se rendirá sin combate, declarándola “ciudad abierta” y confiando en que, de este modo, se evitarán ataques inútiles contra la población civil, y no se pondrá en grave riesgo el patrimonio histórico-artístico.
Ante el avance del ejército aliado, y las protestas de la población civil ante los bombardeos aéreos estadounidenses, Roma fue declarada “ciudad abierta” por las autoridades alemanas, el 14 de marzo de 1943.
Pero para las circunstancias que definían la existencia de Roma en 1945, seguramente fueron las peores de su historia, o al menos fueron las más deplorables de su historia contemporánea, y por extensión, a una Italia quebrada de norte a sur.
La Resistenza Italiana o “Partigiana”, fue un movimiento armado de oposición al fascismo y a las tropas de ocupación nazis, instaladas en Italia durante La Segunda Guerra Mundial.
La Resistencia, desarrolló una guerra de guerrillas tras el Armisticio de Cassibile, el 8 de septiembre de 1943, cuando Italia fue invadida por La Alemania Nazi, y finalizó en abril de 1945, con la rendición de las tropas alemanas.
Se calcula que más de 300.000 personas participaron en la lucha armada de La Resistencia, de las cuales, unas 35.000 fueron mujeres.
Todos ellos se opusieron política y militarmente a la ocupación nazi, y a La República Social Italiana (RSI), fundada por Benito Mussolini.
“Saremo tutti morire... senza speranza...”
Roma, Città Aperta es un drama bélico italiano, dirigido por Roberto Rossellini, en el año 1945.
Protagonizado por Aldo Fabrizi, Anna Magnani, Marcello Pagliero, Maria Michi, Harry Feist, Vito Annichiarico, Francesco Grandjacquet, Giovanna Galletti, Carla Rovere, entre otros.
El guión es de Federico Fellini, Sergio Amidei y Roberto Rossellini; basados en una historia de Sergio Amidei y Alberto Consiglio.
El director, Roberto Rossellini, comenzó a trabajar en el guión, en agosto de 1944, a solo 2 meses de terminar la ocupación alemana en Italia, con la colaboración de Federico Fellini y de Sergio Amidei.
Según sus propias palabras, “estaba movido por una fuerte necesidad de narrar los acontecimientos recientes”, y literalmente salió a la calle a buscar historias; por tanto, Roma, Città Aperta se inspira en la historia verídica del sacerdote Luigi Morosini, torturado y muerto por los nazis, por ayudar a La Resistencia; así como por Pina de Teresa Gullace, una mujer romana, asesinada en una calle, el 3 de marzo de 1944; y Manfredi de Cesare Negarville, un partidario que Amidei había ocultado en su casa durante la guerra.
Roma, Città Aperta comenzó a rodarse en enero de 1945, tanto en estudios como en locaciones de la ciudad devastada de Roma, siendo esto último, algo que caracterizaría al neorrealismo.
También, sería característico el empleo de actores extraprofesionales, de los actores, solo eran de la profesión:
Anna Magnani y Aldo Fabrizi; y junto con “Ladri di Biciclette” (1948), Roma, Città Aperta es considerada la obra maestra del neorrealismo italiano.
Con un realismo sincero, abrumador, y con un sentido apasionado de la fortaleza humana; el efecto total es una sensación de experiencia real, lograda gracias a las interpretaciones, el guión, y la dirección.
El inolvidable Roberto Rossellini, inició aquí, lo que sería su particular “Trilogía de La Guerra”, que lo conforma junto a:
“Paisà” (1946) y “Germania Anno Zero” (1948), trabajo con el que se volvería parte indeleble de la historia del cine, y uno de los directores del cine italiano más importantes de toda la historia.
La pobreza y la riqueza, el egoísmo y la caridad, la infancia y la vejez, o la inmoralidad y el martirio heroico, son algunos dilemas que Rossellini trata con dulzura y dureza; donde se presenta una situación trágica, pero nunca irremediable; siempre abierta a la esperanza.
Este drama social, es una abierta denuncia al Régimen Nazi, desnudando su ideología de superioridad aria, incluso sugiriendo diferencias de criterio entre sus altos oficiales.
Todo ello, tratado con una franqueza pasmosa; los actos heroicos son mostrados con igual crudeza que los innobles, como explicaba Rossellini:
“Los actos nobles y los sucesos transcendentales, ocurren de la misma manera y producen la misma impresión que los sucesos corrientes de la vida cotidiana.
Por esta razón, trato de mostrarlos todos de la misma forma”
Como dato curioso, Rossellini trabajaba para una cinematográfica italiana que se dedicaba a la propaganda del fascismo.
Él utilizaba los trozos sobrantes de película para rodar clandestinamente filmes tan maravillosos como éste, que en mitad del horror y la barbarie, recordemos que fue rodada en 1945, a punto de finalizar La Segunda Guerra Mundial, abogaban por la libertad y la esperanza.
Roma, Città Aperta estuvo nominada al Oscar al mejor guión, y obtuvo La Palme d’Or del Festival Internacional de Cine de Cannes.
La acción se desarrolla en Roma, tras ser declarada “ciudad abierta” y desmilitarizada, siendo ocupada por fuerzas del ejército nazi, y permaneció sometida durante 9 meses, hasta su liberación; los hechos ocurren en los últimos años de la ocupación, entre 1943 y 1944; y se entretejen las historias de varias personas relacionadas con La Resistencia.
El Padre, Don Pietro Pellegrini (Aldo Fabrizi), protege a los partisanos y, entre otros, da asilo a un ingeniero comunista:
Giorgio Manfredi, alias Luigi Ferraris (Marcello Pagliero), que es el líder del Comité Nacional de Liberación.
Pina (Anna Magnani), una mujer de pueblo, es viuda con un niño, y embarazada, está de novia con Francesco (Francesco Grandjacquet), un tipógrafo que lucha en la resistencia.
Cuando la policía lo arresta, Pina corre desesperadamente tras el camión que se lo lleva, pero cae asesinada por una ráfaga de ametralladora ante los ojos de su hijo.
Poco después, también El Padre Pietro y el ingeniero, éste traicionado por su ex amante drogadicta, son arrestados…
Manfredi muere por las atroces torturas que le infligen los alemanes para que revele el nombre de sus compañeros de resistencia; mientras El Padre Pietro corre la misma suerte:
Lo fusilan en presencia de los niños de la parroquia, entre los cuales se encuentra el hijo huérfano de Pina.
Roma, Città Aperta es un cine distinto, que perseguía mostrar la realidad tal como era, sin ornamentos, sin elementos endulzadores, o que alivianen la cruda realidad.
Así, Rossellini, acababa de crear uno de los movimientos cinematográficos más importantes de la historia; y sentó los pilares de la corriente, al mostrar los escenarios tal cuales eran; con un presupuesto mínimo, el director debió recurrir a todo su ingenio para aprovechar sus escasos recursos y verse obligado a aprovechar al máximo la luz natural, trabajar en las calles mismas de Roma, sin elaborados escenarios; logrando una reconstrucción emocionante y creíble de las atmósferas de opresión, abusos, impunidad, torturas, muerte y lucha, que se vivieron entonces.
Es una obra conmovedora, que evidencia el absoluto sinsentido de los conflictos bélicos, y el peligro que entraña la sed de poder y alimentar el insaciable ego del ser humano.
“Noi tedeschi semplicemente si rifiutano di credere che le persone vogliono essere liberi”
El Neorrealismo Italiano, fue un movimiento cinematográfico que surgió en Italia durante la primera mitad del siglo XX, como una reacción a la posguerra.
Tuvo como objetivo, mostrar condiciones sociales más auténticas y humanas, alejándose del estilo histórico y musical que impuso el fascismo.
Los autores, utilizaban frecuentemente a actores no profesionales; y el término fue acuñado por el crítico Umberto Barbaro, siendo la primera película de este género, Roma, Città Aperta, de Roberto Rossellini; una descomunal obra de arte, surgida sobre las cenizas y heridas de una población, un país y un continente devastados.
No es exagerado asegurar, que las calles de La Ciudad Eterna, alumbraron una nueva era del cine; y con ella, Rossellini realiza una auténtica obra maestra sobre la supervivencia y la lucha por la libertad.
Con narrativa típicamente hollywoodiense, pero rodada con un estilo documental, Rossellini atrapa en los fotogramas de Roma, Città Aperta, la atmósfera y el estremecimiento de la lucha de La Resistencia, formada por gente corriente, contra el fascismo.
La historia, en clave de melodrama, plantea la eterna lucha entre el bien y el mal, entre la clase trabajadora, pobre, esforzada y sufriente; en contraposición a aquellos que venden sus almas por el dinero, el lujo o los falsos ideales.
Así, al final de La Segunda Guerra Mundial, con la ciudad de Roma aún ocupada por los nazis, el idealista líder de la resistencia, el comunista Giorgio Manfredi, es perseguido por La Gestapo, y se reúne con su grupo en un apartamento prestado por un simpatizante, el tipógrafo, Francesco, al que piden ayuda para llevar dinero, provisiones y otros enseres al campo de batalla.
Francesco, mantiene relaciones con su vecina, Pina, una viuda que lleva adelante a su pobre familia, y que además espera un hijo de Francesco.
El sacerdote católico, Pietro Pellegrini (Aldo Fabrizi), es amigo de todos ellos, quiere casar a Francesco con Pina.
Pero la temible Gestapo sólo piensa en arrestar a Manfredi, miembro del Comité Nacional de Liberación; por lo que Pina ofrece refugio en su casa a Manfredi, y a alguno de sus compañeros; pero, tras una denuncia de Marina Maria (Maria Michi), una vecina que tiempo atrás fue una antigua amante de Giorgio, son descubiertos, y los alemanes rodean la casa en la que se esconde el líder de la resistencia y sus camaradas.
Algunos consiguen escapar por los tejados, pero Manfredi es apresado...
Roma, Città Aperta, se erige en un canto a la gente común, a su valor y capacidad de unión frente a las injusticias, a su integridad ante las peores circunstancias, a su solidaridad, a su oposición al avasallamiento, a su sacrificio por causas justas, a la búsqueda de la libertad, un brillante tributo a los héroes anónimos, a la esperanza en la rebelde condición humana, arremete contra los fascismos, contra el racismo, contra la deslealtad, contra la traición, contra el despotismo, contra la tortura, contra la drogadicción.
Alaba la capacidad de entendimiento entre los que piensan diferentes, en este caso entre comunistas y católicos, representado esto en Pina, notoria creyente y en Francesco, comunista acérrimo, ello por el bien de un bien común, algo que en la post-guerra italiana no sucedió, con guerras intestinas.
Esto, el realizador lo hace radiografiando a personas que transpiran humanidad, veracidad, con aristas, con matices, con grietas, grises, complejos, un collage de situaciones equilibradas que se mezclan de modo fluido para hacernos tocar la fibra sensible, esto sin sensiblerías baratas, sin regodearse en escenas dramáticas, muestra las motivaciones de los personajes de modo entendible en su ambiguo mundo interior, con diálogos que transpiran autenticidad, componiendo secuencias que permanecerán indelebles en la retina del espectador, con un “in crescendo” dramático sofocante.
Nos expone Rossellini, cómo la sociedad romana se rebeló en todas sus capas, los hombres valientes en acciones de sabotaje, los más pasivos con un una imprenta como arma de propaganda antinazi, las mujeres con su resistencia, La Iglesia con un sacerdote dispuesto a hacer lo correcto, aunque en ello le vaya la vida, incluso los niños son parte de esta imparable maquinaria, todos ellos forman parte de esta cadena imparable hacia la meta de la libertad.
Frente a esto, el nazismo, reflejado en El Mayor Bergmann (Harry Feist), sibilino, desconfiado, sutil, amanerado, artero, torturador, no dudará en hacer todo lo necesario y más, para exterminar a La Resistencia, ello con la ayuda de una espía lesbiana, que utilizara el sexo, e incluso las drogas como recurso para sus aviesos fines, el enfrentamiento clásico entre el bien y el mal, pero mostrado como nunca hasta entonces, con tridimensionalidad, donde no predominan el blanco y negro, son los grises los que mandan.
Técnicamente, Roma, Città Aperta se rodó sin sonido, y fue posteriormente doblada; pues no había dinero para grabar el sonido en directo; pero el resultado es más que digno; pues se realizó en precarias condiciones, con celuloide de baja calidad, equipo técnico de segunda mano, pobreza de medios.
La obligación de rodar en exteriores por la escasez de estudios, la fotografía grisácea originada por la ausencia de grupos eléctricos, el carácter sumario de los cortes, practicados con dificultad, y a veces improvisadamente, dan al filme la apariencia de un vigoroso testimonio.
Todo este cúmulo de obstáculos, transformó a Roma, Città Aperta, en un testigo único e irrepetible y, como obra de sensacional belleza, marcó las pautas de un estilo absolutamente singular.
En definitiva, porque Rossellini carecía de estudios, de escenarios, de camiones, de buenos equipos de sonido, los italianos continuarán filmando en la calle, rechazarán las iluminaciones artísticas, la foto relamida, rodarán en mudo, para luego sincronizar el sonido.
Es pues, a través de esta forma, que más bien parece una necesidad, cómo los directores italianos se liberan de los escenarios aburguesados, de los famosos “teléfonos blancos”, en alusión a aquella películas de factura estrictamente comercial, y en las cuales, la presencia de un teléfono blanco en alguna escena, vendía la idea de bienestar social, siendo el símbolo del status quo.
Y su falta de cálculo, logró un estilo directo, una intensidad y una eficacia dramática que han hecho de Roma, Città Aperta, un clásico imprescindible.
Para el regidor italiano, el neorrealismo era una posición moral desde la que contemplar el mundo.
La estética, llegaría un paso después.
Poder contemplar, cómo en las condiciones más míseras, más tristes y más duras por la ocupación alemana en Roma, es posible el amor, y es posible creer en el ser humano, es un respiro para el espectador.
Y sobre todo, por la inmediatez con la que está rodada la película.
Era el año 1945, y solo hacía unos meses, que escenas como las mostradas en la cinta, se habían vivido en Prenestina, Tiburtina, las inmediaciones de Piazza Spagna, y otros escenarios romanos del film.
Roma, Città Aperta, era una película necesaria, para no olvidar el clima de terror que había vivido la capital italiana durante La Segunda Guerra Mundial.
Los personajes, son hombres y mujeres de carne y hueso, con los que es inevitable sentirse identificado, donde ve la luz un personaje antológico, representativo del neorrealismo, encarnado en Pina, la mujer recia y resoluta en medio del caos generado por los nazis:
Ella lo acepta, y su determinado espíritu la hace afirmar que jamás cambiaría lugares con su hermana, la actriz que tiene una frívola visión de todo, produciéndose así, una poderosa contraposición, contrastando a la fuerte Pina, con la hermana; y también Marina, ambas preocupadas por el dinero, que escasea, pensando más en el mundo del espectáculo, superficiales mujeres; y Pina las defiende significativamente, diciendo que su hermana no es una mala persona, solamente es muy estúpida.
Pina representa la personalidad del que se adaptó a las situaciones que le tocó vivir, ella no reniega ni se lamenta de su mundo, lo afronta con determinación, su forma de ver la vida, de ver su mundo, es el manifiesto neorrealista, y Anna Magnani nos obsequia una estupenda actuación, prefiere casarse con un sacerdote partisano, antes que un nazi.
Ella es el emblema del que asimila esa durísima realidad, la acepta como suya, la mujer de La Resistencia, la mujer del Neorrealismo, y claro, su único final es la muerte, enalteciendo más a su personaje, corriendo detrás del camión que se lleva a su prometido, soberbia escena con ligeros contrapicados, donde veremos ambas perspectivas:
La de Francesco viendo a su amada desesperada corriendo, y la más importante, la de ella, desde abajo, breves instantes luego de los cuales será eliminada.
La Magnani, legendaria intérprete de tantos dramas neorrealistas, debutó en el cine con pequeños papeles; y a partir de entonces, fue creándose una forma de interpretación basada en su espontaneidad, su temperamento, su propia presencia física en la que el gesto, la mirada, su modo de gesticular, la convirtieron en la estrella idónea para esta historia donde desarrolló con enorme autenticidad y rigor, toda la gama de matices que el personaje ofrecía.
Ella deslumbra por su carisma, fuerte personalidad, sentida encarnación que conmueve, siendo el zenit, su seca y adusta muerte, personaje inspirado en Teresa Gullace, italiana asesinada por soldados nazis, cuando trató hablar con su marido prisionero de los alemanes estando embarazada, inspirando la famosa escena.
Aldo Fabrizi como El Cura, derrocha humanidad, dignidad, y lo hace conmoviendo en su sencillez, su personaje está inspirado en 2 curas reales:
Don Giuseppe Morosini, y Don Pietro Pappagallo, el primero fue torturado y asesinado por los nazis por colaboración con la Resistencia.
Marcello Pagliero, como Manfredi, estupendo como líder antinazi, dota a su rol de orgullo, fortaleza, inspirado el personaje en la figura real del jefe partisano, Celeste Negarvile.
Harry Feist, como villano, aporta sutilidad, arrogancia, sofisticación, elegante, educado, dejando entrever su retorcimiento perverso, excelente en su gestualidad mesurada.
Giovanna Galletti, pletórica como Ingrid, sibilina agente alemana, con artes de serpiente del paraíso, intenta seducir a Marina, tiene una gran química con Harry Feist.
Maria Michi está fenomenal como la patética Marina, manipulable chica que deja entrever un angustioso mundo interior.
Sobre los antagonistas, tenemos al austríaco nazi, a su empleada Ingrid, a la actriz Marina, y a la hermana de Pina, Lauretta (Carla Rovere)
En ellos también se observan matices:
Los 2 primeros son seres malvados que detentan poder, y cuyas caracterizaciones están signadas por dudosa moral.
Ambos se presentan de manera amanerada, lo que sugiere cierta condición homosexual.
Las segundas, Marina y Lauretta, representan la pobreza espiritual, la alineación, la debilidad ante lo material.
Marina es dopada por la malvada Ingrid, su adicción y su dependencia, la lleva a delatar a su novio, Giorgio Manfredi, a cambio de un abrigo de piel, y de gozar de los placeres burgueses que detentan los nazis.
Esto también es manifestación de otro de los preceptos neorrealistas, el referido a la desigualdad social:
Mientras en una estancia torturan a Giorgio, el amante de Marina; en la otra, la actriz dopada y echada sobre la villana Ingrid, comparte de manera autómata, ciertos placeres burgueses.
Sin embargo, Roma, Città Aperta que retrata en cada secuencia el horror de la guerra, tampoco favorece a este grupo malévolo y amoral de personajes; y sugiere que éstos tendrán un final sangriento como el de los ajusticiados y, a diferencia de estos últimos, los villanos no gozarán de ningún tipo de reconocimiento ni de integridad, pues no la poseen.
El resto del elenco, son amateurs, algunos, gente del pueblo mismo, con lo que logra un efecto de realismo inigualable, arriesgado recurso que, bien utilizado, logra un ambiente único.
Rossellini había sentado con esto, las bases del neorrealismo, representa la realidad pura, sin atavíos, con “actores” del pueblo, y, siempre mostrando la realidad de aquellos años, la desesperanza, el dolor, la desesperación y angustia, pero, sobre todo, la realidad; tanto que usó prisioneros de guerra reales alemanes como extras, para un efecto realista añadido.
Y Rossellini va todavía más allá, con la significativa secuencia del oficial nazi que se embriaga, y afirma que se embriaga “todos los días para olvidar lo que ellos son”, destructores por naturaleza, creyendo en una supuesta superioridad, creyéndose ser la raza superior, él afirma que en el momento en que los resistentes soportan una tortura, su fortaleza de espíritu los eleva hasta convertirse en la verdadera raza superior, y su artificial grandeza desaparece, él se avergüenza del irracional hambre de destruir de su raza, generando indignación de sus colegas.
Con esto, Rossellini se adentra en el alma misma de los nazis, a través del más lúcido de los alemanes, los humaniza, por un instante no los ve ya como las máquinas destructoras, sino tibiamente nos invita a tratar de entender su pensamiento y su sentir, verlos como seres humanos, con ideas desaviadas y retorcidas, pero seres humanos al fin, y más importante, que en medio de toda su barbarie y carnicería, son capaces de albergar un cálido halo de sensibilidad humana.
A pesar de que el final de estos personajes es sumamente trágico, pues todos son ajusticiados, Roma, Città Aperta les confiere un carácter especial en su integridad moral.
Son personas de bien, que luchan por un mejor porvenir, que creen en Dios, la solidaridad y la familia.
No ocurre así con el cuerpo de personajes que representa a los fascistas y sus aliados, quienes tampoco escapan de un desalentador final.
Aún hoy, la escena de la muerte de Pina, forma parte del imaginario colectivo.
Otro aspecto destacable, es cómo va mostrando el entramado de relaciones y actividades que se tejen entre los protagonistas, y cómo se van desenvolviendo estas, hacia el trágico final.
Y la última escena, en la que se ve cómo los niños, alumnos de Don Pietro, asesinado por la espalda, regresan a casa abrazados de 2 en 2, tras presenciar el fusilamiento del párroco, y Roma al fondo, con El Vaticano, despide el film; un film avanzado para su tiempo, valiente en lo políticamente incorrecto, por mostrar imágenes y temas “tabú” hasta entonces en el cine, como la descarnada secuencia de tortura con un soplete en el cuerpo de un preso; como la prostitución utilizada por nazis como degradación; como las nada disimuladas muestras de lesbianismo como método de “seducir” a confidentes; la utilización de drogas como visión de la bajeza humana; la estremecedora muerte por ametrallamiento de una mujer embarazada; vemos a niños metidos a ser partisanos violentos que utilizan armas; la ejecución en la cabeza en primer plano de un sacerdote ante la impactada mirada de unos niños; todo esto llevó al film, a ser muy polémico y escandaloso para el momento, con problemas de distribución; presentando al tiempo, los íconos italianos más adecuados:
El cura, la mamma, el héroe, etc.
Para los romanos, que por tener dentro al Vaticano como elemento publicitario que los nazis querían tratar con guante blanco, no sufrieron nunca lo que en Varsovia, y tantas otras ciudades; pero “lloraban más”, y con más arte, para hacer famosos sus pesares.
Parece ser, como si Rossellini estuviera tratando de mostrar que fue la ocupación alemana la que dividió e incitó el odio entre los italianos, ya que cualquier alusión al estado de guerra civil que se dio entre ellos es tangencial a lo largo de la película.
En definitiva, en los años 50, Italia ya empezaba a resurgir.
En 1948, llegó al poder La Democracia Cristiana, cancelando la era posbélica del romanticismo antifascista militante.
En los primeros meses del año siguiente, mientras se prepara la nueva ordenación jurídica del cine italiano, hubo un solo film en rodaje en toda Italia.
El nuevo gobierno, comenzó a oponerse ante esta corriente neorrealista, por el efecto que podían causar esos documentos sociales en el extranjero.
En consecuencia, se reforzó la censura, y se idearon sistemas de protección económica a la producción, con el fin de producir un viraje de aquel cine pesimista.
Y comenzaron a aparecer grandes productoras, el cine volvió a hacerse más comercial.
El neorrealismo, empezó a disgregarse, poco a poco perdió fuerza, y fue desapareciendo.
Los directores comenzaron a hacer un cine más personal, así como también surgieron nuevos realizadores que representaron ya, la fase pos neorrealista, como Federico Fellini y Michelangelo Antonioni.
El cine italiano, andaba buscando nuevos caminos y nuevos horizontes expresivos.
Al iniciarse la década del 50, ya tenía un prestigio universal, y era considerado como el más avanzado del mundo.
Por su parte, finalmente, en 1964, el director Roberto Rossellini, proclamó públicamente “la muerte del cine como espectáculo”, y se dedicó realizar películas para cine y televisión, con un marcado carácter histórico, didáctico y cultural.
Un retorno a los orígenes de su carrera.
La banda sonora de Roma, Città Aperta, fue compuesta por Renzo Rossellini, y ofrece una inquietante partitura original; y añade 2 fragmentos de música para piano, de Franz Schubert, y pasajes de acompañamiento de música cubana, angloamericana, y de jazz.
“Non è difficile a morire bene.
La cosa difficile è vivere bene”
Piero Calamandrei, jurista, político, y periodista italiano, considerado como uno de los padres de La Constitución de 1948, dijo en su momento:
“Si queréis ir en peregrinación al lugar donde nació vuestra Constitución, id a las montañas donde cayeron los partisanos, a las cárceles donde fueron presos, a los campos donde les ahorcaron.
Allá donde ha muerto un italiano para recuperar la libertad y la dignidad, id, oh jóvenes, con el pensamiento, porque allí nació nuestra Constitución”
Al final de La Segunda Guerra Mundial, en Italia, La República quiso premiar con la medalla al mérito militar, no sólo a los combatientes individuales que se hubieran distinguido por su heroísmo, sino también a instituciones territoriales, ciudades, municipios, regiones y universidades que se habían opuesto al fascismo, o que habían sufrido especialmente sus consecuencias.
Cuando el curso de los acontecimientos estuvo en jaque, cuando a millones de seres humanos se les roba cualquier posibilidad de paz y de felicidad, quedan muy pocas cosas hermosas que sean capaces de dar fuerzas para resistir:
La esperanza y el amor.
Las únicas cosas que ofrecen un asidero y una luz para alumbrar el devastado trayecto hacia un mañana tambaleante.
¡A luchar!

“Credo che coloro che combattono per la giustizia e la verità passeggiata sul sentiero di Dio e le vie del Signore sono infinite”



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