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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

jueves, 4 de mayo de 2017

地獄門 (Gate Of Hell)

“今夜外に一歩踏み出すと、私はあなたの頭を払うでしょう”
(¡Si das un paso afuera de esta noche, te cortaré la cabeza!)

Desde que el cine se popularizó, un tema recurrente en Japón, fue el de los samuráis.
Si bien, en sus comienzos, el tema se abordaba de una forma más dramática, después de La Segunda Guerra Mundial, se transformaron en películas de acción, con personajes más oscuros y violentos, donde los directores se enfocaron en presentar guerreros cicatrizados, psicológica o físicamente.
Pero fue en la década de 1920, que marca la aparición de uno de los principales géneros del cine japonés:
Los 時代劇 時代劇 o “jidaigeki”, llamadas “películas de época”, fue un género que ha sido ampliamente explotado en la filmografía japonesa, y cuya acción transcurre en épocas anteriores al período Meiji, de 1868 a 1912.
Algunos, sin embargo, se establecen mucho antes, en el último período Heian, que significa “paz y tranquilidad” en japonés, como escenario popular.
Los jidaigeki, muestran las vidas de los samuráis, agricultores, artesanos y comerciantes de su tiempo.
Otros muestran las aventuras de las personas que vagan de un lugar a otro; y otra forma de categorizar el jidaigeki, es de acuerdo con el estatus social de los personajes principales.
Si el papel principal es el samurái o el plebeyo, en los jidaigeki, por lo general, alcanzan un clímax en una lucha de espadas inmensa, justo antes del final.
El personaje principal siempre gana, ya sea usando una espada o un “jutte” o el dispositivo que la policía usaba para atrapar, y a veces para doblar o romper, la espada de un oponente.
Las películas jidaigeki, son a veces referidas como películas del チャンバラ o “chambara”, llamado “cine de samuráis”, onomatopeya del sonido de 2 espadas al chocar, y “barabara”; la de la carne al ser despedazada; que es el nombre específico con el que se conoce a éste género, que es el equivalente al péplum, o cine de capa y espada occidental; aunque el chambara es más exactamente un subgénero del jidaigeki.
El término jidaigeki, hace referencia entonces, al cine que narra una historia que sucede en un periodo histórico, mientras que chambara se utiliza para definir exclusivamente al cine de acción con samuráis.
El jidaigeki, específicamente se basa en un conjunto establecido de convenciones dramáticas, incluyendo el uso de maquillaje, diálogo, coletillas, y trama especializada.
La década de los 50, aparte de ser uno de los períodos más prósperos del cine japonés, es considerado por muchos como su “Edad de Oro”
“今日は犠牲の生涯の最初の日です”
(Hoy es el primer día de una vida de sacrificio)
地獄門 (Gate Of Hell) es un drama japonés, del año 1953, dirigido por Teinosuke Kinugasa.
Protagonizado por Machiko Kyō, Kazuo Hasegawa, Isao Yamagata, Yataro Kurokawa, Kōtarō Bandō, Jun Tazaki, Koreya Senda, Masao Shimizu, entre otros.
El guión es de Teinosuke Kinugasa, Kan Kikuchi y Masaichi Nagata, basados en una obra teatral escrita por Kan Kikuchi, donde el drama se desarrolla tal cual se estuviese viendo sobre un escenario; narra una historia de amor obsesivo, en la que destaca la puesta en escena, inspirada en el teatro tradicional japonés, y el uso del color.
地獄門 (Gate Of Hell) es un filme de incuestionable hermosura y elegancia.
Realizado en 1953, la trama se desarrolla en la edad media japonesa, época en la que el país asiático se encontraba dividido entre muchos territorios que estaban en constante guerra.
Sin embargo, contrario a otros filmes contemporáneos que giraban en torno a la figura del samurái, 地獄門 (Gate Of Hell) no es una cinta de acción, sino un drama amoroso, que raya en lo melodramático; siendo una de las primeras películas niponas, con una presencia importante en los principales festivales de cine del mundo, cosechando importantes galardones a nivel internacional:
Obtuvo el premio Oscar a La Mejor Película Extranjera, y al Mejor Vestuario; y La Palme d’Or en El Festival Internacional de Cine de Cannes.
地獄門 (Gate Of Hell), fue la 2ª cinta japonesa que obtuvo, 8 años después de su creación, el premio Oscar a La Mejor Película Extranjera tras “羅生門” (Rashōmon – 1950) que ya lo había logrado.
Además, solo otra película nipona “乱” (Ran – 1985) también de Akira Kurosawa, que ha sido premiada con el premio Oscar al Mejor Diseño de Vestuario.
Su influencia llega hasta nuestros días, tanto que Martin Scorsese la considera una de los 10 mejores largometrajes a color, en la historia del cine, y el diseño de producción, ciertamente es maravilloso, ya que por ello fue aclamada internacionalmente, por su innovador uso del color.
Y es que por primera vez, los enormes ojos europeos y americanos, se fijaban en el bucólico uso del color del cine nipón, repleto de contrastes, de colores vivos, mezclados hasta la exageración.
Un brusco salto al cine en color, como si se abandonase con rabia el blanco y negro, o como un niño que por primera vez pinta con sus lápices de colores.
Sin embargo, no todo el mundo quedó cegado ante tal explosión, el prestigioso crítico francés, André Bazin, sostenía que lo que sostenía la película, era la poca experiencia del público occidental, en el visionado de películas japonesas.
En parte no le falta razón, ya que 地獄門 (Gate Of Hell) seguramente se encuentra un paso por detrás en el uso del color de las mejores producciones de Kurosawa, o su representación de la mujer no llega hasta la altura de la de Kenji Mizoguchi, pero:
¿Quién podría imitar a estos 2 genios?
Quizá lo de Bazin, no sea más que el querer ir a contracorriente en una época en la que el cine japonés se ponía de moda.
地獄門 (Gate Of Hell) fue la primera película japonesa a color, rodada por los estudios Daiei, y la primera en estrenarse fuera de Japón.
Además, hoy día sigue siendo uno de los pocos trabajos de Teinosuke Kinugasa, a los que los aficionados al cine tenemos acceso.
地獄門 (Gate Of Hell) cuenta una historia de amor, honor y guerra en el año 1160, durante La Rebelión Heiji en Japón.
El amor de una mujer con su marido, se ve amenazado por un guerrero, cuando este se enamora de ella, e intenta todo lo posible para separarles.
El honor, no solo del guerrero ante su maestro y amo, cuando la traición está cerca, sino de cómo este honor es frágil, ante la impotencia del hombre, y ante la belleza de la mujer.
Y la guerra, no solo física, si no psicológica, que cada uno de los personajes tendrá que luchar para mantener la sanidad ante las acciones de los demás.
Así, durante las terribles luchas entre clanes que se sucedieron en el Japón del siglo XII, Morito Endo (Kazuo Hasegawa), un valiente samurái, es premiado por su valor en la batalla con un deseo.
Éste exige a su señor, que le sea concedida la mano de la joven, Lady Kesa (Machiko Kyō)
Su señor accede a la petición, ignorando que Kesa ya está casada con otro samurái, Wataru Watanabe (Isao Yamagata)
Por lo que Morito intenta por todos los medios, convencer a Kesa para que abandone a su marido y le corresponda, aunque ésta permanece fiel al compromiso con su esposo.
A pesar de todo, Morito está obsesionado, y no cede en sus pretensiones…
Sin importarle el inevitable enfrentamiento con el marido, tratará de conseguir por todos los medios el amor de Kesa; y para lograrlo, no dudará en emplear incluso la violencia.
El samurái enamorado, inyectado de amor y odio, ciego y equivocado, asesina con odio exacerbado a su amor, en un acto sublime de ella, entregar su vida, que es la contraposición del egoísmo enloquecido de él frente a la bondad infinita de ella; un ejemplo maravilloso de amor incondicional, que Morito entiende que Kesa ha sacrificado a sí misma, porque ella estaba decidida a salvar la vida de Wataru y su honor.
地獄門 (Gate Of Hell) es la aportación de su director a una generación completamente irrepetible de realizadores japoneses; y también habla de un alegato al perdón, al arrepentimiento, y a la inutilidad de la violencia y el poder del amor.
Durante la historia, se exploran conceptos como:
El amor no correspondido, el orgullo y la rectitud moral, y se pone énfasis en las tradiciones y códigos de conducta, así como en un cierto conflicto de clases, provocado por la pertenencia de Morito a un estrato social más bajo que el de Lady Kesa.
En esta lucha por un amor no correspondido, el espectador es testigo de la maestría de una fotografía llena de color y vida, de interpretaciones en un constante “in crescendo” en la medida que se complica la trama, de la música de koto, un instrumento tradicional japonés, como un reflejo del estado emocional de la cortesana, y sobre todo, del choque de fuerzas entre el amor obsesivo del guerrero, y el amor compasivo del matrimonio, amenazado por un destino trágico, que los llevará a “la puerta del infierno”
Desgraciadamente, 地獄門 (Gate Of Hell) ha sido olvidada, a pesar de estar reconocida con 2 premios de La Academia de Hollywood y el máximo galardón de Cannes; y puede ser que sea por el desgaste de las copias existentes, que le han quitado el color, debido a paso del tiempo, y a la calidad del negativo. Afortunadamente, la compañía Criterion, ha logrado encontrar una copia restaurada, en donde los colores están más vivos que nunca, y en donde se puede disfrutar de esta maravillosa película, a como debe ser vista; a como rezaba el cartel original del filme:
“La película más bella del mundo”, y desde luego que puedo decir que es en verdad preciosa.
“兄弟、裏切り者にしてはいけない
これはあなたじゃない”
(Hermano, por favor, no seas traidor.
Este no eres tú)
En los años de 1950, se rodaron los filmes jidaigeki más famosos ambientados en el periodo Heian, como 地獄門 (Gate Of Hell) y “羅生門” (Rashōmon - 1950) de Akira Kurosawa.
En concreto, 地獄門 (Gate Of Hell) comienza en La Era Eiryaku, en 1160, y continúa al menos durante los primeros meses de La Era Oho en 1161.
La guerra de la introducción, es La Rebelión de Heiji, en la que Nobuyori (Masao Shimizu) y sus aliados, se enfrentaron al Emperador Go-Shirakawa.
Este último no llega a aparecer en la película, siendo El General Kiyomori (Koreya Senda), una especie de shogun por aquel entonces, la máxima autoridad de la que tenemos constancia.
Ello convierte a 地獄門 (Gate Of Hell), en uno de más hermosos dramas feudales de la historia del cine japonés.
Rodada en formato panorámico, y con unos colores cargados de esplendorosa luminosidad, narra una historia de pura obsesión amorosa, en un Japón feudal, corrompido y azotado por las luchas constantes de clanes.
Y es que la historia da para un ambiente oscuro, gótico y triste, pero Teinosuke Kinugasa, decide filmarla a color, y con Eastmancolor, que no es cualquier cosa.
Según ciertos datos, 地獄門 (Gate Of Hell) fue la primera cinta colorizada, exportada por Japón, mas no la primera en color, y aunque la fotografía es impecable en la labor de resaltar los atuendos de los personajes, resulta relativamente extraño, cuando nos topamos con la trama del fondo, ya que es en su estado más simple, una tragedia casi Shakespeariana.
Estamos durante el asedio al Palacio de Sanji, cuando el soldado Morito, ayuda a escapar de una muerte segura a Lady Kesa, la cortesana que se hace pasar por Princesa, para desviar la atención de su señora.
Tras la supresión de la revuelta, Morito solicita al Emperador, que le conceda la mano de la muchacha, descubriendo en ese momento, que ya está casada con otro hombre llamado Wataru.
No contento con la negativa, seguirá luchando por ella, sin pensar en las consecuencias.
Lo más interesante, al menos en la primera mitad de la cinta, es la evolución de éste samurái, que lo vemos al inicio bonachón, valiente, casi carismático, un hombre “bueno”
Pero esa personalidad cambia completamente por la codicia y los celos a una mujer, y se vuelve terco, orgulloso, y obcecado.
El samurái protagonista, encarnado por el habitual de Kinugasa, Kazuo Hasegawa, se enamora perdidamente al terminar una guerra civil, de una mujer ya casada, la gran Machiko Kyō, a la que pide en matrimonio a su superior como premio por su lealtad.
Como este amor es imposible, su superior le pide que le haga otra petición, y que la olvide…
Pero el samurái cae en una espiral de autodestrucción y obsesión imparable, que destroza su prometedora vida, y la de muchos de los que le rodean.
Él representa el amor egoísta; y ella, aunque le rechaza, el amor entregado y el sacrificio.
Así pues, 地獄門 (Gate Of Hell) es un retrato del fanatismo encarnado en este samurái; hombre de ideas fijas y absolutas, capaz de morir y matar por ellas; que encuentra en el amor, el motivo perfecto para descargar su ira, arrogancia y estupidez.
En el lado opuesto, está el marido de la protagonista; éste es un samurái también, pero de mejor situación social, y de carácter completamente distinto:
Wataru Watanabe es racional, comprensivo, juicioso y bondadoso.
La historia nos muestra, como el fanatismo es sinónimo de muerte; la vida es duda, indecisión, caos y desorden; si alguien pretende encontrar orden, afirmaciones rotundas, absolutos y totalidades, a su paso dejará desolación y dolor, tanto para él como para los demás.
El amor como sacrificio y generosidad representado por la mujer frente a su negación, como imposición y egoísmo, representado por el samurái enloquecido.
De clara inspiración kabuki, 地獄門 (Gate Of Hell) es una tragedia de desamor, que alcanza unas cotas de dramatismo patético, y de posterior violencia que muchos han comparado con las obras trágicas shakesperianas.
En lo técnico, la estupenda habilidad narrativa del director, es evidente e innegable.
Comienza la historia en el clímax de una batalla, descendiendo rápidamente la intensidad, para plantear el triángulo amoroso que mueve la trama, y desde ahí, vuelve a acelerar el ritmo hasta el inevitable final.
Si bien, a nivel visual, la cinta presenta una factura irreprochable, el resultado no es ni de lejos tan digno de elogio a nivel narrativo.
La sencillez esquemática de su historia, se convierte en un doble filo que hace predecible el desarrollo de la trama, sin crear un contrapunto de sutileza que hubiera ayudado bastante a mantener el interés en la narración de una manera más uniforme.
En este aspecto, hay que destacar la escena final, en la que el diálogo excesivamente explícito, afecta de manera drástica a la inmersión emocional.
A pesar de eso, se mantiene una regularidad y solidez de conjunto, bastante meritorias en su desarrollo.
Tal vez, el gran logro a este nivel, se encuentre en el cambio de enfoque que se crea a lo largo de la historia.
Para resaltar la pérdida de identificación con el personaje de Morito en su progreso, la cinta gradualmente otorga más protagonismo a Kesa, quien pasa a acaparar el punto de vista de la narración, como víctima del conflicto creado por su pretendiente, mientras observamos a Morito de forma cada vez más alejada, casi como una figura amenazante, y poco definida.
Aunque algo carente de sutileza, este mecanismo narrativo termina resultando tremendamente efectivo, y conduce con gran precisión las emociones de la historia.
No ayuda tampoco, a la consideración global de la cinta, un esfuerzo interpretativo notable, pero con tendencias demasiado frecuente al exceso teatral, en especial de un Kazuo Hasegawa, que funciona a la perfección en las escenas más medidas de su personaje, pero que no resulta demasiado convincente al retratar su descenso a la locura.
Bastante mejor parada queda Machiko Kyō, en un papel a priori, más templado, pero de gran carga dramática e intensidad, que va creciendo a lo largo de la cinta, y que transmite muy bien en la recta final, la desesperación de su personaje por el acoso al que le somete Morito, y la imposibilidad de solucionarlo por una vía racional.
En cualquier caso, estos reproches no deberían minar los grandes hallazgos artísticos de地獄門 (Gate Of Hell), así como su elocuencia en el argumento y presentación de temas que hacen de ella, un testimonio inmejorable de los conflictos morales y emocionales surgidos en la sociedad feudal japonesa.
Porque 地獄門 (Gate Of Hell) no está tan lejos, está ahí al lado, donde no hace mucho pasábamos con desidia, y mal encarados hacíamos mofa de sus tristes moradores.
Y esa estancia, curiosamente va a ser residencia de los intérpretes, una residencia no esperada, pero que los atrae con una fuerza enorme, desacostumbrada.
El amor, puede ser compendio de fuerzas opuestas, hirientes, y esa realidad que muestra la película, es innegable.
Toda fuerza en contra, no hará sino agravar lo que ha de asentarse en calma, con la quietud de un río de arena que ufano mira la tarde.
Juega su director también con una historia de Ronin, que intentan matar al Emperador, con luchas, caballos, muertes enmarcadas con gran belleza, para ir cerrando, poco a poco, delicadamente, toda la historia en un trío de pasiones que no encuentran salida.
Los bellos kimonos de Machiko Kyō, deslumbrantes y secretos, paran el tiempo de la película, para contarnos una sensualidad imaginada y brutal.
Un Kinugasa aún más despiadado, teniendo en cuenta que no hay formas reconocibles en su narrativa, acostumbrados como estamos a beber en taza con nombre, y esto hace aún más daño.
La dificultad en su comprensión, lucha con la abrasiva presencia de un dolor ausente, que nos incomoda e incita.
地獄門 (Gate Of Hell) tiene un personaje principal visual, el color.
El diseño minimalista y saturado de los vestidos, da un impacto visual a la película impresionante.
No solo es bello, sino que nos cuenta más sobre la historia, y nos hipnotiza creando una conversación entre ellos.
Kinugasa busca y encuentra inspiración para los colores en las pinturas y artes gráficas japonesas.
El principio, es un plano de un “emakimono” o rollo con pinturas típico japonés, que no solo nos contextualiza, si no que ya nos introduce estos colores vivos como el oro, morado, verde, rojo y azul, que estarán presentes durante toda la película.
Los colores, son sumamente llamativos, particularmente los tonos rojos y anaranjados; y el nivel de detalle es aceptable, al igual que el contraste, el cual sufre en las escenas nocturnas.
El color, como dije, es esplendoroso, un color como aún no se ha vuelto a ver otro, a pesar de que los cineastas orientales suelen destacarse por su maestría con los colores, así como la composición de todos los planos, el montaje, el orden de la trama, las interpretaciones, las escasas escenas de acción, y el apasionado lirismo que lo envuelve todo.
Como dato, el título, “La Puerta del Infierno”, bien podría considerarse una metáfora, pese a que físicamente aparece en la película, de la situación del samurái Morito, quien por su código de honor, debe luchar por olvidar a Kesa.
Sin embargo, su lealtad se ve ante un gran dilema, ya que su amor es muy grande, y no encuentra la manera de mitigar sus sentimientos hacia ella.
La película se sustenta, además de en su fotografía, principalmente en la actuación, fuertemente marcada por el teatro tradicional kabuki, de sus 2 protagonistas:
Kazuo Hasegawa como Morito, y la gran Machiko Kyō como Lady Kesa, siendo ella una gran estrella de la época, habiendo ya participado en películas de la talla de “羅生門” (Rashōmon – 1950) de Akira Kurosawa; y que posteriormente llegaría a protagonizar junto a Glenn Ford y Marlon Brando, “The Teahouse Of The August Moon” (1956) de Daniel Mann.
Las actuaciones son igualmente teatrales, y elevadas en emociones.
De Morito, contrasta el elevado sentido del honor y la lealtad que demuestra durante la revuelta, oponiéndose a su propio hermano, con la degradación que sufre al perder los papeles por Kesa.
En cambio, Wataru es un personaje único en este cine; tranquilo y sosegado, no se deja dominar por sentimientos tan frecuentes en los samurái, como los celos o la ira.
Respeta profundamente a su adversario, pese a tener un rango inferior al suyo, y confía plenamente en la fidelidad de su esposa.
A destacar la banda sonora de Yasushi Akutagawa.
“一度あなたが彼に仕えたら、彼は永遠にあなたのマスターです
あなたは彼の不在の中で彼をどのように裏切ることができますか?”
(Una vez que le sirves, él es tu maestro para siempre.
¿Cómo puedes traicionarlo en su ausencia?)
地獄門 (Gate Of Hell) es en síntesis, el amor y el honor al más puro estilo shakespeariano, como telón de fondo de una historia de samuráis enfrentados por una mujer, una fórmula que gustó mucho en el Japón de los años 50, que funcionaba bien, pero que otros supieron hacer mejor…
Pese al éxito cosechado en su época, 地獄門 (Gate Of Hell) ha envejecido, sobre todo en la comparación con las películas de otros maestros japoneses, que sí han sabido sacar más pasión a sus obras, siendo más fieles al género, sin desviarse.
Porque la popularidad del jidaigeki, fue menguando aproximadamente a partir de comienzos de los años 60, al mismo tiempo que la del yakuza eiga incrementaba.
Sin embargo, su presencia continua en la pequeña pantalla, de nuevo, muchos de estos dramas televisivos, no tienen como protagonistas a samuráis, y algunos de ellos, se podrían bien describir como “culebrones históricos”
Por su parte, en Hollywood, el creador de Star Wars, George Lucas, ha admitido estar inspirado significativamente por las obras de Akira Kurosawa, y muchos elementos temáticos encontrados en Star Wars, tienen influencia del chambara.
En una entrevista, Lucas mencionó específicamente el hecho de que se familiarizó con el término jidaigeki, mientras estaba en Japón, y asume ampliamente que tomó la inspiración para el término Jedi, a partir de este.
El otro filme “The Last Samurai” (2003), no ha hecho más que confirmar este nuevo interés por el género.

“あなたは何を拒んでいますか?”
(¿Te niegas no importa qué?)



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