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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

viernes, 12 de mayo de 2017

L'Enfant

“Où est-il?”

Como diría Marx:
“Las personas se han convertido en cosas.
Hasta que se aprende a querer, a sentir y a sufrir”
Desde que un hombre sabe que va a ser padre, a veces unos meses después, disminuyen en su sangre los niveles de la hormona testosterona, un esteroide que incita a la agresividad y a la competición, mientras que aumenta la hormona estradiol, la que fomenta el comportamiento maternal en las mujeres.
Otras hormonas típicamente “femeninas”, en el hombre también existen, pero en trazas mínimas; aumentan ligeramente en el varón al final del embarazo:
La prolactina, la que produce leche en la mujer; la oxitocina, que provoca las contracciones de parto, pero que también segregan hombres y mujeres cuando hacen el amor; y los glucocorticoides, responsables de un tipo de estrés o estado de alerta…
La mayor oleada de hormonas “cariñosas”, estradiol y oxitocina, se produce en el contacto con el recién nacido.
Durante muchos años, el nivel de ambas, se mantiene más elevado que en los hombres que no han sido padres.
La consecuencia de estos cambios, es el comportamiento amoroso y protector hacia los hijos, el aumento de la sensibilidad, una mayor tendencia a “colaborar”...
Pero, como la conducta humana no es tan instintiva como la de los animales, este instinto sólo surge cuando el hombre lo deja aflorar.
La Real Academia de La Lengua Española, se refiere al “instinto” como:
“Móvil atribuido a un acto, sentimiento, que obedece a una razón profunda, sin que se percate de ello quien lo realiza o siente”
Está por demás decir, que los seres humanos, a pesar del camino evolutivo que hemos llevado desde hace siglos, seguimos moviéndonos por instintos; es decir, por esos impulsos que generan acciones o sentimientos sin que se tenga una conciencia lógica de lo que realizamos; sin embargo, estos instintos, mal manejados, pueden llevarnos a tomar decisiones que nos cambian la vida para siempre.
“Nous pouvons en avoir une autre”
L'Enfant es un drama belga, del año 2005, dirigido por Jean-Pierre & Luc Dardenne.
Protagonizado por Jérémie Renier, Déborah François, Jérémie Segard, Fabrizio Rongione, entre otros.
Su argumento, de temática social, gira en torno a la marginalidad, a la venta de un bebé, y a los cambios que se producen en su padre, a raíz de este hecho; y hace una reflexión no moralista, en cualquier caso, sobre cierto tipo de personajes a la deriva, el desencanto juvenil, el “peterpanismo”, y las responsabilidades vitales no asumidas.
Las primeras ideas para lo que luego se convertiría en el guión de L'Enfant, surgieron mientras los hermanos Dardenne rodaban su largometraje anterior, “Le Fils” (2002)
Estaban en Seraing, en la Rue du Molinay, y durante todo el día vieron una chica joven empujando un cochecito con un recién nacido dentro…
No parecía dirigirse a ningún sitio en particular, solo iba de un lado a otro.
Más tarde, pensaron a menudo en esa chica, el cochecito, el niño, y el personaje que faltaba:
El padre.
La ausencia de esa figura, se convirtió en algo importante en la historia por desarrollar.
L'Enfant se grabó durante un periodo de 12 semanas en la ciudad belga de Seraing y Lieja, en Bélgica.
Debido a que los hechos relatados transcurren en pocos días, fueron necesarios más de 20 bebés para conseguir que el niño que iba a aparecer luego en pantalla, mantuviera la misma edad y peso durante todo el metraje; por lo que se utilizaron 23, aunque sólo 15 figuran en los créditos; y en las escenas más peligrosas, fueron sustituidos por un bebé falso.
L'Enfant ganó La Palme d’Or del Festival Internacional de Cine de Cannes.
Como dato, Jean-Pierre y Luc Dardenne, ya habían recibido este premio por “Rosetta” en 1999, por lo que entraban así, en el reducido grupo de cineastas que han logrado 2 veces el preciado galardón.
Por otra parte, L'Enfant fue elegida por Bélgica, como candidata a mejor película extranjera en los Premios Oscar, pero no consiguió superar la preselección, y figurar entre las nominadas.
El Chicago Sun-Times publicó sobre ella:
“Esta es una película en la que Dios no interviene, y los directores no juegan a ser Dios.
Hace que las soluciones al final de otras películas, parezcan un juego de niños”
La acción sigue a Bruno (Jérémie Renier) de 20 años, y Sonia (Déborah François) de 18, una joven pareja que vive en los suburbios de una ciudad belga.
Sus ingresos se reducen a un subsidio que percibe ella, y Bruno vive de pedir limosna a los automovilistas que se detienen en los semáforos, y de los pequeños robos que les hace cometer a 2 menores, como Steve (Jérémie Segard)
Bruno está al margen del sistema, es inquieto, nervioso, miente, siempre se está yendo… y siempre está pidiendo dinero prestado.
En esta precaria situación, Sonia da a luz a Jimmy, hijo de ambos.
Su inmaduro y despreocupado padre, muestra escaso interés por el niño, hasta que recibe una oferta económica por su venta en el mercado negro.
Después de venderlo, Sonia se pone muy mal, y va a parar al hospital; el padre no se había dado cuenta de eso, hasta que, al visitarla, ella lo demanda por haberlo vendido.
Bruno decide recuperarlo, y devuelve el dinero, pero luego de unos días, lo visitan unos hombres que le exigen el pago de una gran cantidad de dinero, que él les debe; acude a Sonia para reiniciar la relación, pero ella lo rechaza.
Bruno recibe luego una golpiza de los hombres, quienes le exigen que pague…
Desesperado, Bruno sigue cometiendo delitos, hasta que es acorralado.
En el ambiguo final, surge la posibilidad de redención.
L'Enfant explica unos hechos inquietantes.
Ofrece un retrato minucioso, realista, crudo y veraz de unos jóvenes con precaria formación, falto de apoyo familiar, escasos recursos económicos, insuficientes habilidades, y de un nivel de socialización, integración social, ínfima.
Enfrentados a la vida sin ideales, les preocupa sólo la supervivencia, y el día a día.
Bruno no trabaja, pero desarrolla una intensa actividad en planear, seguir y ejecutar hurtos, sustracciones y pequeños robos.
Para él, todo lo que tiene a su alcance, es una mercancía con precio de venta:
Las cámaras fotográficas, las cadenas de oro, las pulseras de plata, que forman su botín diario.
También, las pertenencias personales, como el sombrero y el cochecito del bebé.
Mucho más allá, el propio bebé, que pese a ser su hijo, no suscita en él las reacciones instintivas propias de la paternidad:
Protección y defensa a toda costa, apoyo sin límites, orgullo paternal, etc.
El problema no se plantea como un caso aislado, sino como un problema más amplio, que demanda atención pública e intervenciones institucionales de carácter educativo y formativo.
No bastan las medidas punitivas; por lo que no es correcto culpabilizar sólo al joven delincuente.
Más allá de su responsabilidad, el problema que se denuncia, hunde raíces en la miseria, la marginación, los problemas sociales, y la deficiente integración social de muchos de los jóvenes que han crecido en los barrios periféricos de las grandes urbes.
El caso de Bruno, contrasta con el de Sonia:
Juiciosa, que ve en el bebé algo que da sentido y trascendencia a su vida, satisface su afectividad, y colma sus instintos maternales.
Es destacable la escena de la pelea a tortazos de Bruno y Sonia…
Muy pocos personajes, les bastan a los escritores y directores para situar un drama por momentos asfixiante y estremecedor, donde hay niños en el centro de la escena.
Y donde queda expuesta la incapacidad o la imposibilidad de los adultos jóvenes, como en este caso, para equilibrar la vida del grupo familiar.
L'Enfant sigue las pinceladas del cine de los Dardenne:
Personajes urbanos al borde de una encrucijada moral dura, que se ven envueltos en ella por la injusticia social, por su situación de exclusión social…
Personajes que suelen encontrar en toda la oscuridad, un resquicio de luz y redención final.
Personajes que actúan, más que hablan.
Durante el metraje, vemos la fragilidad de todos los personajes, de todos los niños que pueblan cada fotograma… siempre estamos en tensión, porque sentimos que en cualquier momento les puede pasar algo terrible en un mundo despiadado y frío, donde sólo se tienen a ellos mismos…
Nos espera un final duro, pero quizá esperanzador…
“Seuls les enfoirés travaillent”
Los Dardenne crearon cada uno de estos trabajos en su región nativa de Bélgica meridional y francófona, con un pequeño presupuesto, haciendo un uso prominente de las cámaras de mano, y recurriendo a los servicios de artistas no profesionales o desconocidos.
Cada uno, ha tratado la vida de la clase obrera o detalles particulares de esa vida, el impacto del trabajo, o la falta de trabajo, las relaciones entre generaciones, con indudable seriedad y preocupación.
Todas las películas de Dardenne, se refieren a cuestiones morales planteadas por crisis en la vida de sus personajes centrales; y saben contar las cosas que hay detrás de los seres anónimos, sobre todo las de aquellos que se encuentran desubicados, perdidos o abandonados en las selvas urbanas; acechados siempre por el peligro de la exclusión, al proceder de situaciones traumáticas:
Divorcios, muertes inasumibles… ínfimos colectivos sociales, como drogas, inmigrantes, sin recursos.
No son peores que los demás, nos dicen los realizadores belgas, solo son gente con problemas que buscan soluciones.
Los hermanos, en un refinado estilo en que hacen suyo el “menos es más”, se limitan a enfrentar a la sociedad, esta supuesta e hipócrita sociedad europea del bienestar, con la realidad que la circunda.
Ahí también están los fallos, las víctimas, las circunstancias; dejan de hablar, dicen, y actuar en consecuencia; no es tan difícil, ellos son pajarillos asustados y están esperando...
L'Enfant nos relata, casi a tiempo real, la aventura de una pareja de jóvenes que tienen un bebé, y el novio decide venderlo por su cuenta, a una pareja por medio de una organización de tráfico de niños.
Pero la cosa no sale como quisiera, y se desencadena una situación realmente tensa.
La manera de rodar en este trabajo, es sencilla, cámara en mano y sin cortes, podemos decir que cada escena corresponde a un plano secuencia, una manera rápida de filmar, que si no se hace bien, es más que probable que termine en catástrofe.
Por ello la historia transcurre prácticamente en su totalidad por las calles de un pueblo, o barrio francés, pues no se especifica; y sitúa al espectador directamente en medio, en una ciudad industrial en descomposición, en una región que fue uno de los lugares de nacimiento del capitalismo moderno, con apartamentos siniestros, carreteras ruidosas, tiendas, bares, comisarías, no hay duda de la autenticidad de los detalles.
Ambientada en invierno, y con una fotografía realista de cielos nublados y calles frías, los 2 autores nos meten de lleno en una historia, que desde el minuto uno ya te ha enganchado, y que a pesar de no tener cambios de plano ni originalidad en su mensaje visual, es suficientemente eficaz, como para no dejar que apartes la mirada de la pantalla.
Abundancia de planos cortos y cercanos a la mirada del espectador, frecuentemente acompañando a los mismos personajes, y permitiendo que éstos se expresen con su cuerpo y sus movimientos, más que con las palabras.
Silencios por delante de los diálogos, para unos dramas sociales que encierran tristeza y desesperanza, crítica social e inquietud moral, pero todo ello tratado desde la distancia, porque los Dardenne se niegan a marcar pautas al espectador, que es quien debe continuar la historia.
La crueldad de la historia y su crudeza, está ligeramente compensada con lo ingenuo de sus personajes, adolescentes que ya no lo son tanto, y que aún ríen y juegan a pesar de las circunstancias que les rodean.
Otro elemento notable, es el uso del fuera de campo como recurso para acentuar la tensión del relato, que tiene un momento especialmente logrado, cuando Bruno lleva a cabo el negocio éticamente reprobable.
Este mismo recurso, podría ser aplicado al título del film, pues el niño del relato, no es el hijo de la pareja, sino Bruno, un ser con una nula moralidad, pero al mismo tiempo, inocente de sus acciones, tal cual, un niño exento de reglas y tabúes.
En todo caso, el hijo de la pareja, sin ser el centro del relato, empuja con su presencia a ambos, hacia uno u otro lado.
Bruno, es un joven que precisamente se maneja por instintos.
Dueño de una vida desinteresada y desinhibida, vive en las calles sin más ambiciones que tener dinero para pasar el día.
Su novia acaba de dar a luz; una joven igual que él, sin mayor ambición en la vida que estar con Bruno.
El joven, ni siquiera sabe que su novia había tenido al bebé, y a ella no le importa llevar al niño recién nacido en motocicleta por las frías calles, con tal de encontrarse con Bruno.
El “cariño” que se prodigan ambos, es salvaje.
No hay pies ni cabeza en esta relación; los 2 jóvenes que, pudiendo comerse al mundo, terminan siendo devorados por éste.
Bruno roba y vende lo robado.
Da la impresión de que no puede llegar más bajo, hasta vende a Jimmy, su propio hijo.
Da miedo la frialdad con la que lo hace:
No medita, no analiza, tampoco titubea; su deseo es tener el dinero.
Lógicamente, esta acción tiene consecuencias más allá de las que uno pueda prever, y tal vez más allá de las que uno puede soportar como espectador.
Ellos son seres sin pasado y sin futuro, que viven en la inmediatez que lleva consigo la falta de trabajo, la soledad y la escasa cultura.
No son gente privilegiada, ni que busquen prosperar:
Les basta con subsistir, con resolver el problema del momento, sin plantearse otras coyunturas.
En ese terreno, la moral no tiene sitio, porque la misma sociedad les ha quitado gran parte de su responsabilidad, y su conciencia se ha cauterizado, porque les ha empujado a defenderse como pueden entre tanta precariedad.
Luchan por escapar de la soledad, anhelan, y buscan una difícil felicidad... para acabar contentándose con lo que tienen.
Uno se pregunta entonces:
¿A qué niño se refiere el título… porque en la película, todos sus protagonistas son niños?
Unos tienen 20 años, otros 18, otros 14… y luego está el bebé.
Y todos tienen algo en común:
Viven una situación de exclusión social, y por ello son vulnerables.
Como niños, tratan de sobrevivir en los suburbios, en espacios inhóspitos.
Pero un error puede ser el principio de una caída, una tragedia sin fin, o la posibilidad de un principio… porque se encuentran sin colchones en los que caer, sin manos tendidas, sin un círculo protector.
Ésta es la historia de Bruno y Sonia.
Nos muestra el momento en que su vida de juego y supervivencia diaria, a través del juego se relacionan y resisten; y da un giro cuando ella da a luz al hijo de ambos.
Sonia, enseguida se encariña con el bebé, y trata de aprender a ser madre, e incorporarlo a los juegos de pareja.
Bruno no siente todavía nada, hacia algo que desconoce:
El bebé y la paternidad.
Bruno se mueve por instintos, un personaje carente de malicia, irresponsable y aniñado.
Muchas veces te desconcierta, no sabes si es que el tipo es tonto, o se hace, es una actitud bastante incoherente con los otros aspectos de su personalidad que se desarrollan en la historia.
Vive el día a día; y para sobrevivir, se monta la teoría de que es mejor vivir el presente a base de trapicheos con su pandilla, 2 niños.
Que es mejor conseguir lo que él cree que es dinero fácil, para ir sobreviviendo el presente.
Se ríe de buscar trabajo, prefiere vivir al margen… es más una defensa, porque probablemente sí buscara entrar, le supondría encontrarse muchas puertas cerradas y sufrimientos.
Quizás Bruno no tendría tan fácil encontrar un trabajo…
Bruno aprende que todo se paga con dinero.
Todo tiene un precio… incluso ese bebé al que mira como un objeto extraño por el que aún no puede sentir afecto alguno.
Y así, Bruno es capaz de hacer un acto despreciable… pero porque lo incorpora al juego de la supervivencia del día a día, del todo tiene un precio.
Y porque de alguna manera teme perder el único vínculo emocional que le compensa seguir cuidando, para dar sentido a su vida:
Sonia.
A Bruno le ofrecen dinero por el bebé para adopciones clandestinas, y con una frialdad infantil que asusta, lleva a cabo el intercambio; sin ser consciente de las consecuencias.
Pero este retrato trágico, es atemperado por los Dardenne a partir de un punto de vista alejado de la sensiblería, y con escasa verbalización.
Mostrando constantemente una vía de escape en el seguimiento minucioso del recorrido de la pareja, ya sea Bruno empujando un cochecito y atravesando las calles atestadas de vehículos; o contestando obsesivamente el celular y organizando sus fechorías en compañía de jóvenes compinches.
O esos momentos, en que Bruno y Sonia juegan a perseguirse y trenzarse a golpes en un parque desierto...
Un destello de dicha en medio del infierno.
Entonces aparece un elemento clave:
A falta de diálogos y de dramatismo teatral, sólo queda la fuerza de la expresión de los cuerpos, lo que podríamos llamar “la fisicidad de los personajes”, que nos atrae, y que es marcado por la cámara a través de acercamientos a los rostros y gestos corporales, este es un recurso logrado.
El mérito corresponde a la dirección, pero también a la fuerza de los 2 actores protagónicos.
Y así empieza la caída al infierno y a la oscuridad de Bruno, pero que a la vez será un camino de redención, y la madurez.
De recuperación de las riendas, aunque de la manera más dolorosa posible.
Porque Bruno es un niño que aprende a base de puñetazos emocionales.
En ese camino, va tomando conciencia de lo que ha hecho… y finalmente, después de muchas vicisitudes, termina llorando de dolor en los brazos de Sonia, que ha sido la persona que le ha hecho reaccionar, y el miedo a perder la única relación estable que ha cultivado; y pregunta por su bebé, porque ya le importa…
Los hermanos Dardenne, en L'Enfant, se vuelcan en Bruno, un personaje que podría resultar odioso, pero que sin embargo consiguen que nos pongamos en su piel, que empaticemos con él, que le acompañemos en su duro camino, y nos creamos su redención final… y en esto tiene mucho que ver el actor que lo lleva a cabo:
Jérémie Renier, uno de los actores fetiche de los hermanos Dardenne, que logra humanizar todos los personajes que toca, a pesar de que atraviesan duras situaciones morales, personales y sociales.
Bruno crea un plano más flexible, en el cual se va deteriorando.
Su manera de vivir en el mundo, esquivando todo tipo de responsabilidad, incluyendo la de ser padre, sin manual de instrucciones, a la diferencia de los teléfonos móviles…
Un rol menos enredado de lo que podía haber imaginado, y del cual le faltarán realidad y simbolismo que permitan su comprensión.
Por un lado Bruno, personaje interpretado por Jérémie Renier con total sosería e inexpresividad intencional, por mucho que se ponga a llorar en algunas escenas; choca directamente con Sonia, interpretada mucho más acertadamente por Déborah François, la cual sí parece tomarse en serio la historia.
Lamentablemente, L'Enfant se centra más en el personaje masculino, con lo que ella está más desaprovechada en el relato.
Y es que las películas de los Dardenne, no son obras artísticas “satisfactorias”, a pesar de la corriente febril, dramáticamente poco convincente, y extrañamente inmóvil.
Por otra parte, su atención obsesiva a lo particular, a expensas del contexto social e histórico, proporciona en última instancia un cuadro distorsionado de la vida contemporánea.
Desvía la atención de las estructuras responsables del sufrimiento humano, y crea la impresión, por inadvertencia o no, de que la culpa de los males sociales, está al menos en parte con sus víctimas.
Después de ver Bruno, el afecto profundo de Sonia, por el bebé, su asombro por su respuesta a su venta del niño, simplemente no es creíble...
¿Qué esperaba?
O, alternativamente, si es tan bruto o tan alejado del sentimiento humano…
¿Por qué experimenta una transformación tan indolora?
La conversión no es convincente desde todos los puntos de vista...
El despido de Sonia de la pantalla, es demasiado fácil.
¿Tendría más cosas que decir al respecto?
Pero la enmudecen…
El diálogo también es parte del cine.
Permítanos la sospecha, por lo menos hasta convencido de lo contrario, de que los Dardenne se alejan de enfrentamientos dramáticos, porque son incapaces de hacerlos adecuadamente.
La cuestión sigue abierta, si la película es incluso especialmente comprensivo hacia sus personajes.
L'Enfant, procede de sus iniquidades individuales hacia el horizonte social más amplio; de alguna manera desagradable:
Bruno y los demás, se implican en la decadencia de la ciudad, y no al revés.
No se trata de una película que induce al capitalismo belga por su trato criminal a la generación más joven…
Uno se siente tentado de repetir después de Brecht:
“No me has mostrado la maldad de los pobres, sino la pobreza de los pobres”
No hay razón para ser demasiado duro.
Los hermanos son cineastas, no políticos; no están llevando una tendencia política.
Son capaces de momentos honestos, por lo que sus intenciones son probablemente honorables.
Pero tienen una historia, son criaturas sociales, como todos los demás, y que emerge en su trabajo.
Una vez más, el amor como vehículo redentor y ancla para sobrevivir al naufragio de una sociedad desquiciada y abocada a la soledad, solo mostrada sin dar respuestas a muchísimas preguntas.
No importa demasiado que Bruno sea capaz de vender a su propio hijo, porque con la misma inmediatez y superficialidad, sin libertad, se arrepentirá e intentará enmendarse... para volver a delinquir mañana.
La historia personal de la pareja, no es más que una metáfora de una sociedad del bienestar, que vive el presente, que se ha olvidado de lo moral, y de quienes carecen de lo necesario, material o afectivamente.
Sin discutir sobre la honestidad de la propuesta, sobre la capacidad de recoger un drama social de forma precisa y verosímil, como si de un “Gran Hermano” de la miseria se tratase, el problema que vuelvo a ver en los hermanos Dardenne, es su mínima trama argumental, que ni si quiera se define en el espacio-tiempo, si no que aparece como un retazo en la vida de estos adolescentes, que no se sabe de dónde vienen ni adónde van, pues la película ni lo refleja ni da pistas claras.
Ni tampoco si han tenido oportunidad en el mercado laboral, no se ve que se esfuercen en hacerlo, ni tampoco el nivel educativo, ni familiar…
Si son parias, no lo dicen…
¿Acaso es la continuación de “Rosetta” (1999), cuando esta ha tenido un hijo, pero con otros personajes?
Este empecinamiento por dejar abierta una historia que ya de por sí tiene poco desarrollo, puede parecerle a algunos intelectuales del cine, una metáfora de la inestabilidad de los personajes, pero será siempre cobardía, el no definir una historia, eso es siempre demasiado fácil, un quebradero de cabeza menos a la hora de elaborar un guión.
Asombra lo desarrollados que están algunos recién nacidos con 9 días, y apariencia de 2 meses, y la tremenda recuperación física post parto de una jovencísima primípara, que es capaz de correr, saltar y revolcarse con toda agilidad, sin que le duela, pese o tire nada.
Y sobre el negocio y recuperación del bebé, en tan pocas horas:
Si no me equivoco, todo esto ocurría en un margen de 4 horas.
Y luego lo que se alaba es el estilo hiperrealista de estos señores...
Como dato, no hay banda sonora en esta película, ni siquiera durante los créditos.
La única música que se escucha, es una grabación del “Danubio Azul” de Strauss en un equipo estéreo del coche, que evoca la felicidad maternal de Sonia, y sus sentimientos de cariño.
“Pourquoi fais-tu cette tête ?
Nous allons faire quelque chose, comme...”
La historia de los hermanos Dardenne, juega un papel importante hoy, infelizmente, en dar a los aspectos más débiles de su trabajo, una capa progresiva que en cualquier otra cosa.
Nacidos en Seraing, una ciudad obrera, donde la vida cotidiana giraba alrededor de las sirenas de las acerías y las minas de carbón, los hermanos Dardenne crecieron, y tuvieron que emborracharse en un ambiente con fuertes tradiciones izquierdistas y socialistas.
En 1960, cuando todavía eran niños, cuando Bélgica experimentó una huelga general, amargamente batida, que sacudió a sociedad en sus fundaciones y tenía repercusiones europeas.
En las últimas décadas, la Valonia, la región francófona del sur de Bélgica, sede de la industria pesada, ha sufrido un grave deterioro económico.
Las recesiones prolongadas en los años 80, provocaron el cierre de fábricas y minas, y el crecimiento del desempleo permanentemente alto, oficialmente 18,6% en noviembre de 2005.
Como en otros lugares, los gobiernos nacionales, que a menudo incluyen al Partido Socialista belga, han respondido con medidas de austeridad y ataques a la red de seguridad social.
Los Dardenne, obviamente tenían entonces convicciones radicales como jóvenes que eran.
A principios de los años 70, se encontraron con el escritor y anarquista, Armand Gatti, con quien colaboraron en el teatro y el video.
Más tarde, hicieron lo propio.
Jean-Pierre Dardenne, explica:
“Rodaríamos huelgas, y mostraríamos las imágenes en las reuniones sindicales...
O entraríamos en proyectos de viviendas de bajos ingresos, y grabábamos en video a personas que habían hecho algo con sus vidas.
Ellos han estado activos en La Resistencia o en El Movimiento Obrero; y los domingos, encontraríamos un lugar en los proyectos, un garaje o un apartamento, y mostraríamos las cintas.
Estábamos tratando de crear vínculos entre personas, a través del video”
A finales de los años 70, comenzaron a hacer documentales para la televisión belga, sobre La Resistencia, en la huelga general de 1960, sobre las condiciones de los trabajadores inmigrantes, y temas similares.
Naturalmente, se vieron afectados por el retroceso de la marea radical de los años 70.
Además, en las décadas siguientes, la globalización, el colapso de La Unión Soviética, y el socialismo existente, el estalinismo; la desintegración de los sindicatos, la desintegración de viejas organizaciones y lealtades, la desaparición de comunidades enteras, el debilitamiento temporal de los sindicatos, la más elemental, “la sensación de compañerismo”, todo esto ha tenido un impacto.
Jean-Pierre Dardenne, dijo hace varios años:
“La clase obrera ya no es la clase obrera.
Ya no está estructurado como lo fue a principios del siglo pasado.
Estamos verdaderamente al final de una Era, de la industria, de lo que hemos conocido durante 100 años.
Tal vez en un sentido inmediato, es porque hemos vivido una buena parte de nuestras vidas dentro de este tiempo que elegimos para filmarlo, y para anclar nuestras historias alrededor de estas personas desclasificadas”
Teniendo en cuenta sus orígenes, y el optimismo que debe haber existido en ciertos sectores sobre la posibilidad de un cambio social en los años 60 y 70, la historia de los Dardenne, es difícil, quizás más que su parte de oportunidades perdidas.
Uno puede sentir cierta simpatía.
Sin embargo, uno no puede permitirse ser sentimental.
Como todos los demás, los hermanos tenían la responsabilidad de trabajar estos complejos problemas a través de las películas.
En cambio, se siente que han permitido que los acontecimientos desgasten sus defensas ideológicas, que llevan consigo sus desilusiones, en la clase obrera, en un cambio radical; semi-conscientemente, e insertan en sus estudios del presente.
Mantienen su orientación en este punto, hacia la difícil situación de la gente común, pero no ven que el contenido de esa orientación ha cambiado dramáticamente.
Pero es este, el elemento que se ha desgastado, que encuentra una respuesta.
Lo que representan los Dardenne, es la manera en que el cine puede ser político hoy, su verdadera originalidad procedente de su negativa a ser cínicos, y luchar contra lo que llaman “la pérdida de confianza en el hombre”
Esto no puede lograrse, haciendo que los personajes sean portavoces de ideas particulares, o representativos de las dificultades y las luchas.
Esta apelación a la conciencia de clase, es una vieja estrategia, y es la falta de tal atractivo en el trabajo de los Dardenne, que los hace tan interesantes.

“Je ne sais pas, il est fini, passer à quelque chose de nouveau”



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