Acerca de mí

Mi foto

Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

sábado, 14 de octubre de 2017

Polytechnique

“Alea iacta est”
(La suerte está echada)

El feminismo es un conjunto heterogéneo de movimientos políticos, culturales, económicos y sociales, que tienen como, objetivo la liberación de las mujeres y la reivindicación de sus derechos, así como cuestionar la dominación y la violencia de los varones sobre las mujeres, y la asignación de roles sociales según el género.
La influencia del feminismo, ha conseguido cambios en ámbitos como el voto femenino, la igualdad ante la ley, o los derechos reproductivos, entre muchos otros.
En su vertiente intelectual, la teoría feminista también ha influenciado la teoría crítica, dando lugar a los estudios de género, así como a subdisciplinas de ciencias sociales y de estudios de las ciencias naturales.
Por su parte, el feminicidio es el crimen contra las mujeres por razones de género; es un acto que no responde a una coyuntura ni actores específicos, pues se desarrolla tanto en tiempos de paz como en tiempos de conflicto armado, y las mujeres víctimas no poseen un perfil único de rango de edad ni de condición socioeconómica; sin embargo, existe mayor incidencia de la violencia en mujeres en edad reproductiva.
Los autores de los crímenes, tampoco responden a una especificidad, ya que estos actos pueden ser realizados por personas con quienes la víctima mantiene un vínculo afectivo, amical o social, siendo también realizado por personas conocidas, como vecinos, compañeros de trabajo y de estudio; de igual forma que por desconocidos para la víctima.
Asimismo, puede ser perpetrado de manera individual o colectiva, e incluso por mafias organizadas.
La Masacre de La Escuela Politécnica de Montreal fue un acto terrorista que ocurrió el 6 de diciembre de 1989, de 5:10 a 5:30pm en La Escuela Politécnica de Montreal, Quebec, en Canadá; una escuela de ingeniería afiliada a la Université de Montréal, donde Marc Lépine, de 25 años de edad, armado legalmente con un rifle semi-automático y con un cuchillo de caza, disparó contra 28 personas, matando a 14 de ellas, todas mujeres, e hiriendo a las otras 14, antes de suicidarse.
Nacido con el nombre de Gamil Rodrigue Liass Gharbi, fue el hijo de una francocanadiense, y de padre argelino.
Su padre era abusivo y despreciativo de las mujeres, creía que solo tenían la intención de servir a los hombres; siendo negligente hacia sus hijos, particularmente con Gamil, que desalentó cualquier ternura.
Gamil cambió su nombre a Marc Lépine, a la edad de 14 años, dando como razón, su odio hacia su padre.
Él era considerado brillante, pero retraído, y teniendo dificultades con las relaciones entre iguales y familiares.
Así, la inestabilidad y la violencia marcaron a la familia, tanto que se mudaba de domicilio con frecuencia, y gran parte de la primera infancia de Lépine, la pasaba entre Costa Rica y Puerto Rico, donde su padre trabajaba para una compañía suiza de fondos mutuos.
Lépine, nunca más volvió a ver a su padre, y en el futuro se negó a discutirlo con otros.
De hecho, era dueño de un rifle de aire cuando era un adolescente, y solía disparar palomas cerca de su casa con un amigo; desarrollando un interés en La Segunda Guerra Mundial, y una admiración hacia Adolf Hitler; y disfrutaba de películas de acción y terror.
Lépine, solicitó unirse a Las Fuerzas canadienses como cadete oficial en septiembre de 1981, a la edad de 17 años, pero fue rechazado durante el proceso de entrevista.
Más tarde le dijo a un amigo, que era debido a las dificultades para aceptar la autoridad, y en su carta de suicidio, notó que había sido encontrado como “antisocial”
Una declaración oficial del ejército después de la masacre, declaró que había sido “entrevistado, evaluado y determinado que no era apto”
En 1982, Marc comenzó un programa de ciencias en una universidad, pasando a un programa más técnico después de 1 año; siendo visto como nervioso, hiperactivo e inmaduro por sus colegas.
Él desarrolló una atracción hacia otro empleado, pero era demasiado tímido para actuar en base a sus sentimientos.
En 1986, abandonó el curso en su último mandato, y posteriormente fue despedido de su trabajo en un hospital debido a su mala actitud.
Comenzó un curso de programación de computadora en 1988, y nuevamente lo abandonó antes de su finalización.
Lépine solicitó 2 veces la admisión a la École Polytechnique, y fue admitido con la condición de que completara 2 cursos obligatorios, incluido uno en química de solución.
En 1987, Lépine fue despedido de su trabajo en el hospital por conducta agresiva, así como por falta de respeto a los superiores, y descuido en su trabajo.
Estaba enfurecido por su despido, y en ese momento describió un plan para cometer un asesinato, y luego suicidarse.
Sus amigos notaron que era impredecible, que se enfurecía cuando estaba frustrado; y durante mucho tiempo se había quejado de que las mujeres trabajaban en trabajos no tradicionales.
Habló con los hombres acerca de su antipatía hacia las feministas, mujeres profesionales y mujeres en ocupaciones tradicionalmente masculinas, como la fuerza policial, afirmando que las mujeres deberían permanecer en el hogar, cuidando a sus familias.
Lépine, volvió a aplicar a la École Polytechnique en 1989; sin embargo, su solicitud fue rechazada, porque carecía de cursos obligatorios.
En marzo de 1989, abandonó el curso de informática, aunque obtuvo buenos resultados en el curso CEGEP, obteniendo el 100% en su examen final.
En abril de 1989, se reunió con un funcionario de admisiones de la universidad, y se quejó de cómo las mujeres se estaban apoderando del mercado laboral de los hombres.
Así las cosas, la masacre parecía haber sido planificada por varios meses, si no más.
En agosto de 1989, Lépine recogió una solicitud de certificado de adquisición de armas de fuego y, a mediados de octubre, recibió su permiso.
El 21 de noviembre de 1989, Lépine compró un rifle semiautomático, Ruger Mini-14, en una tienda local de artículos deportivos; y entre octubre y diciembre de 1989, Lépine fue visto al menos 7 veces en la École Polytechnique; y 4 días antes del tiroteo, llevó a su madre un regalo, aunque pasaron varias semanas antes de su cumpleaños; también llevó una nota y 2 bolsas de pertenencias, que no fueron descubiertas hasta mucho después del tiroteo.
Lépine, siempre había sido muy puntual al pagar su renta, pero no lo había hecho en diciembre de 1989…
Después de varios meses de planificación, Lépine ingresó a la École Polytechnique de Montréal, la tarde del 6 de diciembre de 1989.
Entró en un aula del segundo piso, alrededor de las 5:10pm, donde separó a los hombres y mujeres; y luego ordenó a los aproximadamente 50 hombres que se fueran.
Nadie se movió al principio, creyendo que era una broma, hasta que disparó al techo.
Hablando en francés, preguntó a las mujeres restantes, si sabían por qué estaban allí, y cuando un estudiante respondió “no”, él respondió:
“Estoy luchando contra el feminismo”
Una de los estudiantes, Nathalie Provost, dijo:
“Mira, sólo somos mujeres que estudian ingeniería, no necesariamente feministas listas para marchar en las calles para gritar estamos en contra de los hombres, sólo los estudiantes decididos llevan una vida normal”
Lépine respondió:
“Ustedes son mujeres, ustedes serán ingenieras.
Ustedes son todo un grupo de feministas.
Odio a las feministas”
Luego abrió fuego contra ellas, de izquierda a derecha, matando a 6, e hiriendo a otras 3, incluida Provost.
Antes de salir de la habitación, escribió la palabra mierda 2 veces en un proyecto estudiantil.
Lépine continuó en el pasillo del segundo piso, e hirió a 3 estudiantes antes de entrar a otra habitación donde intentó disparar 2 veces a una estudiante.
Su arma no pudo disparar, así que entró en la escalera de emergencia donde lo vieron recargar su arma.
Regresó a la habitación que acababa de dejar, pero los estudiantes habían cerrado la puerta; Lépine no pudo desbloquearlo con 3 disparos en la puerta.
Mientras avanzaba por el pasillo, disparó contra otros, hiriendo a una, antes de dirigirse a la oficina de servicios financieros donde disparó y mató a una mujer a través de la ventana de la puerta que acababa de cerrar.
Luego, bajó a la cafetería del primer piso, donde se reunían alrededor de 100 personas.
La multitud se dispersó después de que él le disparó a una mujer de pie, cerca de las cocinas, e hirió a otra estudiante.
Al entrar en un área de almacenamiento, al final de la cafetería, Lépine disparó y mató a 2 mujeres más que se esconden allí.
Le dijo a una estudiante que saliera de debajo de una mesa; lo cual hizo y no fue fusilada.
Lépine luego subió por una escalera mecánica hasta el tercer piso, donde disparó e hirió a una mujer y 2 estudiantes varones en el pasillo.
Ingresó a otra aula, y les dijo a los 3 estudiantes que hacían una presentación, que se fueran; disparando e hiriendo a Maryse Leclair, que estaba parada en la plataforma baja, al frente del aula.
Disparó a los estudiantes en la primera fila, y luego mató a 2 mujeres que intentaban escapar de la habitación, mientras otros estudiantes se zambullían debajo de sus escritorios.
Lépine se dirigió hacia algunas de las alumnas, hiriendo a 3 y matando a otra.
Cambió la carga de su arma, y se movió al frente de la clase, disparando en todas direcciones.
En este punto, una malherida, Leclair, pidió ayuda; a lo que Lépine desenvainó su cuchillo de caza, y la apuñaló 3 veces, matándola.
Se quitó la gorra, se apuntó con el rifle exclamando:
“Ah, mierda”; y luego se suicidó disparándose en la cabeza, 20 minutos después de haber comenzado su ataque.
Alrededor de 60 cartuchos permanecieron en las cajas que llevaba consigo.
Para entonces había matado a 14 mujeres en total:
12 estudiantes de ingeniería, 1 estudiante de enfermería y 1 empleada de la universidad; e hirió a otras 14 personas, incluidos 4 hombres.
Después de informarse sobre los hechos, a los periodistas afuera del Politécnico, el director de relaciones públicas de la policía de Montreal, Pierre Leclair, ingresó al edificio, y encontró el cuerpo apuñalado de su hija, Maryse.
Posteriormente, el evento se describió como un tipo de suicidio “pseudo-comando”, de tipo “pseudo-comunidad”, en el cual, el autor se dirige a un grupo específico, generalmente en un lugar público, y con la intención de morir en “un acto de gloria”
Posteriormente se encontró una carta de 3 páginas en el bolsillo de su chaqueta.
La carta nunca se hizo pública oficialmente, pero se filtró en noviembre de 1990, a Francine Pelletier, y se publicó en el periódico La Presse.
En su carta de suicidio, Lépine reclamó motivos políticos, culpando a las feministas por arruinar su vida.
Se consideró racional, y expresó su admiración por Denis Lortie, quien había atacado La Asamblea Nacional de Quebec, en 1984, por motivos políticos, matando a 3 empleados del gobierno de Quebec.
La carta también contenía una lista de 19 mujeres de Quebec a las que Lépine aparentemente deseaba matar debido a su feminismo.
La lista incluía a la propia Pelletier, así como a un líder sindical, a un político, a una personalidad de televisión, y a 6 oficiales de la policía que habían acudido a la atención de Lépine, ya que estaban juntos en un equipo de voleibol.
Otra carta, escrita a un amigo, le da una explicación de la masacre, siendo encontrada siguiendo las pistas dejadas en el departamento de Lépine.
Además, se encontró una maleta de juegos de computadora y hardware.
Los gobiernos de Quebec y Montreal, declararon 3 días de luto.
Un funeral conjunto para 9 de las mujeres, se celebró en La Basílica de Notre Dame, el 11 de diciembre de 1989, y contó con la asistencia del Gobernador General, Jeanne Sauvé; El Primer Ministro, Brian Mulroney; El Primer Ministro de Quebec, Robert Bourassa; y El Alcalde de Montreal, Jean Doré, junto con miles de otros dolientes.
Además, algunos suicidios fueron reportados más tarde, cometidos entre los estudiantes que estuvieron presentes en el momento de la masacre.
Al menos 2 estudiantes dejaron notas que confirman que se suicidaron debido a la angustia causada por la masacre…
Marc Lépine, fue enterrado en el Cimetière Notre-Dame-des-Neiges en Montreal, a pocas cuadras de donde cometió la masacre.
Sus acciones se han atribuido de manera diversa a diagnósticos psiquiátricos, como el trastorno de la personalidad, la psicosis o el trastorno del apego, o factores sociales como la pobreza, el aislamiento, la impotencia y la violencia en los medios de comunicación.
La masacre es considerada por los criminólogos, como un ejemplo de crimen de odio contra las mujeres; y por feministas y funcionarios del gobierno, como un ataque misógino, y un ejemplo del problema más amplio de la violencia contra las mujeres.
Los dramas acontecidos y relacionados con las víctimas de homicidios de jóvenes, han provisto a los cineastas de suficiente material dramático para contar una historia; pero siempre la realidad va a superar la ficción.
Y el tiempo tarda en sanar.
“Casus belli”
(Motivo de guerra)
Polytechnique es un drama de terror, del año 2009, dirigido por Denis Villeneuve.
Protagonizado por Maxim Gaudette, Sébastien Huberdeau, Karine Vanasse, Nathalie Girard, Marina Eva, Jonathan Dubsky, Marie-Évelyne Baribeau, Evelyne Brochu, Mireille Brullemans, Pierre-Yves Cardinal, entre otros.
El guión es de Jacques Davidts, basado en hechos reales.
El director, Denis Villeneuve, se erige como un genio de la síntesis, ofreciendo una pieza fílmica reflexiva hasta límites insospechados, siempre teniendo en cuenta la inteligencia del espectador, y también sin ponérselo fácil, aun partiendo de un hecho verídico.
Son 77 minutos de puro cine, en los que el director canadiense maneja con habilidad un tema tan espinoso como el feminismo mal entendido, la violencia presente en la sociedad, y las consecuencias de un acto perfectamente condenable desde varias perspectivas.
Ambientada en Montreal, Quebec; y basada en la masacre de la École Polytechnique, el 6 de diciembre de 1989, justo 10 años antes de la perpetrada en el Instituto Columbine, y con prácticamente con los mismos patrones; basándose en el testimonio de algunos sobrevivientes, y centrándose en 2 personajes que cuentan, cómo este hecho les marcó para siempre.
Karine Vanasse, que interpretó a Valérie, ayudó a producir Polytechnique, y quiso hacer una película sobre la masacre durante años.
Ella ayudó a asegurar al director Denis Villeneuve para la película, que en ese momento fue respetado por hacer “Maelström” (2000)
A pesar de la sensibilidad al incidente en Quebec, Villeneuve afirmó que no era demasiado pronto para una película, y que había una conversación importante...
Vanasse, investigó hablando con las familias de mujeres asesinadas, una de las mujeres sobrevivientes le contó que ella le dijo a Lépine, que “las estudiantes no eran feministas”, a lo que Vanasse explica:
“Una de las mujeres que estuvieron allí, me contó que era la primera vez en su vida, que tenía que enfrentar su feminidad”
Se produjeron 2 versiones de la película, una en inglés y otra en francés.
El director esperaba que la película entrara en el mercado inglés-canadiense, al igual que en Estados Unidos; y dijo que el tema era un desafío para el elenco y el equipo.
Por su parte, la École Polytechnique de Montréal, objetó que la película se rodara en su terreno, o dentro de los edificios, por lo que fue rodada en Cégep de Maisonneuve, Collège Ahuntsic, Griffintown y Westmount.
Villeneuve rodó la película en blanco y negro, para evitar la presencia de sangre en la pantalla; y fue proyectada para los familiares de las víctimas, antes de ser estrenada comercialmente, dándole su aprobación y bendición.
La acción sigue a Valérie (Karine Vanasse) y Jean-François (Sébastien Huberdeau), 2 estudiantes cuya vida dio un vuelco, cuando un hombre entró en la escuela con la idea de asesinar al mayor número de mujeres posible.
Durante una clase en una escuela de ingeniería, el asesino (Maxim Gaudette), ingresa al aula con un rifle.
Él ordena que los hombres se vayan, y las mujeres se queden.
Lo cual cumplen después de que él tira al techo para demostrar que es en serio; y les dice a las mujeres, que odia a las feministas.
Aunque las mujeres niegan ser feministas, les dispara, matando a algunas e hiriendo a otras.
Luego se mueve a través de los pasillos, la cafetería y otra aula, específicamente apuntado a las mujeres para matarlas.
Una vez terminado, se dispara con su propia arma.
Uno de los estudiantes masculinos, es Jean-François, a quien se le ordenó abandonar el salón de clases…
Él no se limita a huir, cuando regresa para tratar de detener al asesino y/o para ayudar a las víctimas.
Valérie y Stéphanie (Évelyne Brochu), son 2 mujeres en el aula, que se hacen las muertas, pensando que el asesino ha regresado… y Stephanie muere por sus heridas…
Algún tiempo después de la masacre, Jean-François, sintiéndose culpable por cumplir con la orden de abandonar el aula, y abandonar a las mujeres, se suicida con intoxicación por monóxido de carbono.
Mientras Valérie, portando “El Anillo de Hierro”, el anillo profesional de ingenieros canadienses, descubre que está embarazada, y planea decirle a su hijo potencial, que sea amoroso; o a su hija potencial, que el mundo le pertenece.
La historia ha quedado como evidencia de la locura y el peligro de la posesión de armas, así como el odio hacia las mujeres; tanto que los crímenes de índole machista, tuvieron una gran repercusión en el control de las armas en Canadá.
Esta es una película profunda sobre las emociones y pensamientos, con un desencadenante trágico y claro, tiene una trama sencilla, pero con momentos complejos, no apta para todo tipo de público, que sin embargo, llama a reflexionar.
“Désoler pour cette trop compendieuse lettre”
Al que no le quede aún claro, que el cine de Denis Villeneuve da más importancia a los personajes femeninos que a los masculinos, debería ver la que es una de sus mejores, sino la mejor, película:
Polytechnique, que Villeneuve rueda en su país natal, recreando los terribles hechos acaecidos en un centro universitario de Montreal, en la mañana del 6 de diciembre de 1989; y si no engancha al espectador en los 2 primeros minutos, ya no lo hará después:
Una fotocopiadora, una mujer sacando fotocopias, un ambiente de instituto, y de repente, el horror en forma de disparo inesperado, la secuencia se ensordece, el silencio se adueña de la función, y el espectador entra en una especie de “shock”, con innumerables ramificaciones morales, algunas de ellas de lo más espinosas.
Ese día, un joven de 25 años, armado con un rifle semiautomático, entró en la Escuela Politécnica de la ciudad, y comenzó a disparar a toda cuanta mujer se cruzaba a su paso, causando finalmente la muerte de 14 estudiantes.
Y es que el asesino había decidido poner en su punto de mira en las mujeres, al no considerarlas dignas de cursar los estudios que allí se impartían, ni de ejercer las profesiones para las que el centro preparaba a sus alumnos varones.
Este evento y sus secuelas, se muestran desde la perspectiva de 3 personas:
El primero, es el tirador mismo, quien culpó a los problemas de su vida por lo que él consideraba “feministas”
Este evento fue la culminación de un plan de 7 años, que tenía un final autodefinido.
El segundo, es una estudiante de ingeniería mecánica, que tiene una entrevista para su pasantía de ensueño, trabajando en un proyecto aeroespacial.
El proceso de entrevista en sí mismo, fue inquietante para ella en el estereotipo del entrevistador, que no creía que las mujeres pudieran trabajar en el negocio, y todavía tienen aspiraciones de tener una familia…
Y el tercero es Jean-François, el amigo y compañero de ingeniería mecánica de Valérie, que fue una de las pocas que pudieron ayudar a las mujeres heridas.
Polytechnique, expone las diferentes formas que hay de afrontar un trauma de estas características.
Los 2 estudiantes sufren una desazón que marca sus vidas, pero lo llevan de un modo completamente diferente:
Mientras que la chica, a duras penas, trata de seguir con su vida; el chico no consigue superarlo…
A pesar de la tristeza que acompaña en todo momento al filme, finalmente, Villeneuve otorga un canto al optimismo en el discurso final de la joven sobreviviente, redactando una carta a la madre del asesino.
Una situación algo trillada y sentimental, pero que ayuda a generar una sensación de esperanza, en un relato marcado por el dolor, con la moraleja de que para superar un suceso de estas magnitudes, hay que mirar hacia adelante, por muy complicado que parezca.
La película, está dedicada lógicamente a las víctimas y a sus familiares, y también a los supervivientes, en cuyos testimonios se basa buena parte del guión.
La dirección es excelente, pues relata muy bien hechos conocidos, por lo que la línea narrativa va con un inicio inesperado, al uso del “flashback” para mostrar el trasfondo de los personajes principales, manteniendo el relato principal desde distintos puntos de vista y perspectivas, de acuerdo a cada personaje.
Durante todo el tramo en el que se produce la matanza, y con el que ya Villeneuve demostraba mano para el manejo de la tensión, por momentos parece que estamos ante un film de suspense, sobre todo, cuando todo es narrado desde la perspectiva de uno de los protagonistas masculinos.
Como dato, se recurre al silencio para todo:
A la primera de las 9 víctimas encerradas en una de las aulas, uno de los instantes más terroríficos del cine que no pertenece al género de terror, la interrumpe con una ráfaga de disparos, cuando aquélla proclama que no es feminista.
El silencio utilizado como arma…
Más tarde, 2 de las supervivientes en dicha aula, deben permanecer calladas haciéndose las muertas, pensando que el asesino ha vuelto a por ellas, instante de mayor terror aún…
El silencio como salvación.
Polytechnique puede que recuerde a la obra maestra, y ganadora de La Palme d’Or en El Festival Internacional de Cine de Cannes, “Elephant” (2003) de Gus Van Sant, sin embargo, esta película es más profunda si cabe, en lo inexplicable de la violencia al descubierto.
Villeneuve utiliza un marcado aire documental, colocando la cámara con ángulos distintos durante la misma secuencia, para mostrar la perspectiva de cada uno de los estudiantes durante el suceso, igual que Van Sant.
También, comparten una puesta en escena similar, para mostrar el caminar de los personajes en los pasillos.
No es la única coincidencia con el excelente filme de Van Sant; el ritmo también es deliberadamente tranquilo, aunque el autor canadiense lo presenta con mayor minimalismo, si cabe; gracias a la escasa presencia de diálogos para desarrollar las pequeñas historias que convergen.
Sin necesidad de hacer una presentación de los personajes, el director consigue darnos pequeñas anotaciones de su carácter, mostrando acciones de su vida cotidiana.
Para ello, sin olvidarse del triste suceso en la parte central, dedica buena parte del tiempo a lo que ocurrió antes y después de la masacre.
Polytechnique, era una declaración sobre la decencia que era más poderosa que el salvajismo, y se benefició de una mirada racional sobre una cuestión extrema.
Algo tan ridículo, pero que está detrás de tantos actos violentos, como la misoginia, se eleva a la categoría de obsesión en la cabeza del protagonista.
Y aquí, Denis Villeneuve apunta a otras direcciones en un formato diferente, así como el uso de un impoluto blanco y negro, que da más dramatismo a las escenas, junto a la granulosa textura de la imagen, logra un efecto “indie” años 90, muy meritorio, y que le sienta como un guante a la historia.
Polytechnique involucra a cualquier espectador, porque le traslada a un suceso universal, que puede sucederle a cualquiera en un espacio público, aunque este tipo de acontecimientos, lógicamente, acostumbra a repetirse con más asiduidad en lugares donde se puede acceder a las armas con mayor facilidad.
El asunto de la misoginia está presente en todo momento en la fragmentada narración, hay varios saltos en el tiempo, pero siempre está expuesto sin pretender incidir en la relación con la masacre, donde 1 de los 3 protagonistas es una estudiante de ingeniería, que está luchando para vencer las cortapisas con las cuales se encuentra en una profesión dominada mayoritariamente por hombres, y sale indignada por las preguntas en la entrevista de trabajo.
Una conexión que solo se hallaba en la mente de un enajenado personaje, para quien, cualquier mujer que estudia en ese centro, era una activista feminista.
Un individuo que lleva sus fobias hasta las últimas consecuencias, siguiendo la execrable tradición de este tipo de personajes, de hacer “algo grande” cuando han decidido dejar de pertenecer al mundo; en lugar de acometer un suicidio silencioso.
Destaca el excepcional tratamiento de la tensión en la parte central del filme, aunque el espectador sepa de antemano, más si es un asiduo de las noticias, nunca olvidará este hecho luctuoso; cómo va a acabar la historia, dotando de una inquietud profunda a la narración cada vez que el estudiante que busca desesperadamente auxiliar a las víctimas, abre una puerta.
El sonido de los disparos y su eco, permanecen en la memoria por mucho tiempo, y las imágenes perturban sobremanera, aunque estén expuestas con la sutileza y el buen gusto; amparada reiterativamente, en el uso de un excelso blanco y negro, acompañado de la portentosa puesta en escena habitual en el director canadiense, con sus delicados movimientos de cámara flotante, innovadoras tomas, y talentosos juegos de luces, para incidir más que nunca en el realismo, pero con un atractivo enfoque onírico y lírico.
Como suele suceder en estos casos, la elección del blanco y negro otorga a la narración una atmósfera más desasosegante, a la vez que tranquilizadora, por la ausencia del rojo de la sangre, aunque no deja de resultar inquietante la exposición de los charcos de sangre oscura, mezclada con el reflejo brillante del suelo blanco.
También, hay una pequeña licencia visual muy atractiva, utilizada de forma simbólica, que une el charco de sangre del asesino con el de una víctima.
Imágenes que al ser muy desgarradoras y terroríficas, no se recrea en ellas, ni en el morbo de los disparos, sino que todo lo monta de manera respetuosa, como un tributo a las víctimas de la sinrazón, una que cegó para siempre el futuro de muchas mujeres. 
La masacre acaba convirtiéndose incluso en un evento estético, debido a la fuerza de las imágenes, y a la destreza de Villeneuve; pero este esteticismo no resulta vacuo.
Polytechnique, no hace juicios, no ofrece panaceas; muestra la violencia, recrea fielmente el registro histórico, pero no se revuelve.
La brillante lente monocromática de Pierre Gill, minimiza el efecto de la sangre; y se presenta como una obra de arte, invocando pensamientos no expresados de la misma manera que lo hace la abstracción de guerra de Picasso en el Guernica, en una escena de contemplación con Jean-François; y consigue abrirse paso entre la desgracia para respirar humanidad, donde lo peor del caso, es que haya sido real.
De esta manera, el director nos hace meros espectadores de la barbarie, y nos advierte que no tenemos la posibilidad de intervenir.
Por si no terminábamos de ubicarnos, nos ofrece un clima frío y nevado:
La nieve cae inmaculada en el exterior, en contraste con la sangre derramada en el interior, que esta vez no será roja, sino negra, como muchas conciencias...
Frío, congelado, sempiterno, como el crimen que retrata la obra de Villeneuve; un crimen terrible y misógino, a cuyo artífice no se le otorga ni siquiera un nombre, lo cual supone un acto de repudio, más hacia su acción, debido a que puede ser cualquiera, y todos.
Una película sobre un hecho real, pero que por respeto, creó personajes ficticios, donde Villeneuve juega con 3 personalidades distintas, en un lugar lleno de gente, y con algo en común:
Un odio y una situación que en el fondo ninguno quiere.
Uno es el propio asesino, cuyas inquietantes reflexiones abren el film, mientras que las víctimas aparecen representadas por una joven pareja:
Sébastien Huberdeau y Karine Vanasse, son actores cuyos personajes están muy bien desarrollados, son empáticos, dando la talla en todos los registros que contempla vivir una situación de esta naturaleza, tan condenable como aborrecible; mientras que el villano, Maxim Gaudette hace una interpretación comedida y sin aspavientos, pero nos imaginamos la situación del filme tal cual aparecen las imágenes, porque nos transmite ese odio sin decir casi una palabra.
Gaudette, que no tiene nombre propio en la película, queda como un personaje que simboliza lo peor del ser humano:
El Odio.
En los créditos, el nombre del personaje es simplemente “The Killer”, pues el equipo de producción habló del hecho de que no quería que el asesino original tuviera notoriedad, porque muy a menudo, los asesinos hacen gestos de este tipo para ingresar en la historia.
Así, el director se aleja de cualquier intención de introducirse en la psique del asesino, para tratar de hacernos comprender su situación personal, o indagar de manera superficial en los motivos que llevaron a este individuo a perpetrar tan absurdo y sangriento acto; otorgando poca trascendencia al verdugo, y centrándose más en las víctimas.
Un aspecto que no implica que su presencia esté siempre en el ambiente...
El primer tercio de la película, se ajusta casi por completo a la perspectiva del asesino, mostrando su última noche antes del suceso.
Sin embargo, el director prescinde de otorgar la popularidad que buscaba este individuo con su despreciable acción, y lo presenta articulando muy pocas palabras, salvo en el oscuro momento en que pide separar por géneros a las víctimas en el aula, donde empieza la sangría; aunque le escuchemos en una breve voz “en off” al comienzo del relato, colocada con la intención de que nos enteremos, qué decía su nota de suicidio.
Esa renuncia a otorgarle voz, y a verle interaccionando con otros personajes, también repercute en la evidente renuncia de buscar las causas de sus actos.
Sólo al final, el director parece querer dejar algo entreabierta la puerta a la esperanza... pues Villeneuve no condena, sólo muestra, y cuando quiere pronunciarse, lo hace a favor de la mujer, no podía ser de otra forma.
De la mujer luchadora, de la superviviente en un mundo enteramente machista, esa es la cruda realidad.
De ahí esos preciosos planos sobre el triunfo laboral de la superviviente, y que además, establecen un paralelismo, con otra secuencia, sugiriendo que, tras una desgracia, hay 2 opciones:
Rendirse, o seguir luchando, con su iluminado rostro como señal de victoria en este asqueroso mundo.
La frase:
“Si tengo un hijo, le enseñaré a amar.
Si tengo una hija, le enseñaré que el mundo es suyo”, es pronunciada en la citada carta, no como reproche, sino como sentida reflexión a la realidad; un contraste fascinante con la otra carta, la del asesino irracional.
Porque la razón esencial de la violencia fanática, son las víctimas, ese corolario trágico que llena de angustia y amargura, palabras tan hermosas como tolerancia y humanidad; y con bellísimos planos y pulcros “travellings”, Villeneuve clausura el emocional relato, intentando atrapar la luz de la esperanza a pesar de que como confiesa una de las víctimas que logró sobrevivir, y hacer realidad su sueño de ser ingeniera aeronáutica:
“El asesino, que se suicidó, está muerto; y yo estoy viva; él está libre, y yo vivo acorralada”
Una reflexión que Villeneuve nos invita a hacer en uno de los más impactantes planos vistos en una película.
El cenital que hermana con sangre a verdugo y una de sus víctimas...
Si la decisión de filmar en blanco y negro fue por no resaltar la sangre en la película, el contraste entre ambos colores, sirve mejor a las intenciones del director.
No sólo por la atmósfera fría de Canadá, con la nieve muchas veces presente, sino porque el rojo pasa a ser negro que se funde con otro, en una atrevida unión, que escapa a absurdas razones ideológicas, dejando el debate político por los suelos.
Y cuando creíamos que el film ya nos ha golpeado bastante, Villeneuve, una vez más concluye su film con una secuencia, como siempre en su obra, que invita a continuar trabajando en nuestras mentes.
Ese fantástico “travelling” por el techo del instituto, con la imagen al revés, casi fantasmagórica de las víctimas mortales...
Las lecturas son tantas, y tan válidas como queramos.
Desde la más evidente, este mundo está al revés, hasta la más sugerente, hay que ver este mundo desde otras perspectivas, desde otra altura, desde otro ángulo…
Lo cierto es que es difícil mantener la esperanza, pasar página cuando la vida ha quedado despedazada y cortada.
Una de las paradojas del film, es que Villeneuve intenta que el espectador perciba cierta belleza en medio del caos y la sinrazón.
La otra es que esta es una de esas películas que, por razones más que evidentes, nunca debería haberse rodado.
“Vous êtes des femmes, vous allez devenir des ingénieures.
Vous n'êtes toutes qu'un tas de féministes, je hais les féministes”
Desde el ataque del Politécnico, los canadienses han debatido las interpretaciones de tal acto terrorista, su significado y los motivos de Marc Lépine.
Un psiquiatra policial, que entrevistó a la familia y al séquito de Lépine, y que tuvo acceso a sus cartas, sugirió que podría haber tenido un trastorno de personalidad grave, ya que eligió la estrategia de homicidio/suicidio múltiple, matándose a sí mismo después de matar a otros; que es una característica de este desorden.
El psiquiatra notó la “vulnerabilidad narcisista extrema”, como lo demuestran las fantasías de poder y éxito, combinadas con altos niveles de autocrítica y dificultades para enfrentar el rechazo y el fracaso.
Los sentimientos de impotencia e incompetencia, fueron compensados por una vida imaginaria, violenta y grandiosa.
Otros psiquiatras sugirieron que Lépine era psicótico, había perdido el contacto con la realidad, mientras intentaba borrar los recuerdos de un padre brutal y ausente, al mismo tiempo que se identificaba inconscientemente con una virilidad violenta que domina a las mujeres.
Otras teorías fueron que las experiencias de abuso de Lépine, cuando era niño, habían causado daño cerebral, o lo habían llevado a sentirse víctima cuando enfrentaba pérdidas y rechazos en su vida posterior.
Su madre especuló, que Lépine pudo haber sufrido un trastorno de apego, debido al abuso y la sensación de abandono que había experimentado en su infancia, sobre todo por su padre.
También se preguntó, si Lépine la veía como feminista, y que la masacre podría haber sido un intento inconsciente de vengarse por su abandono, mientras ella proseguía su carrera, y por las burlas de su hermana…
Otros adoptan un enfoque menos individualista.
Muchas feministas y funcionarios gubernamentales, lo ven como una ilustración de la violencia misógina cometida contra las mujeres.
Los criminólogos consideran la masacre, como un ejemplo de crimen de odio o prejuicio contra las mujeres.
Mientras algunos antifeministas buscan rehabilitar a Lépine como héroe de la causa antifeminista…
Otros se preguntaban, si las acciones de Lépine eran el resultado de cambios sociales que habían conducido a un aumento de la pobreza, la impotencia, el aislamiento individual, o el aumento de la violencia en los medios, y en la sociedad.
Consecuentemente, cada día cumplido del aniversario de la masacre, se lo conmemora como El Día Nacional del Recuerdo por Las Víctimas de La Violencia Contra La Mujer; y se trata de una fecha muy marcada, alrededor de la cual, se realizan reflexiones acerca de la violencia contra la mujer.
Las banderas de los edificios federales, incluyendo la Peace Tower en el Parliament Hill, se izan a media asta, y se recomienda a los ciudadanos, realizar un minuto de silencio, y llevar un lazo blanco o púrpura, para crear opinión y acabar con los actos de violencia contra la mujer.
Las víctimas de la masacre silenciadas vilmente en 1989 deben ser recordadas por sus nombres y edades:
Geneviève Bergeron, 21 años; Hélène Colgan, 23; Nathalie Croteau, 23; Barbara Daigneault, 22; Anne-Marie Edward, 21; Maud Haviernick, 29; Barbara Klueznick, 31; Maryse Laganière, 25; Maryse Leclair, 23; Anne-Marie Lemay, 22; Sonia Pelletier, 23; Michèle Richard, 21; Anne St-Arneault, 23; y Annie Turcotte, 21 años.
Lo más absurdo de la masacre de Lépine, fue el efecto perseguido, “dañando a las feministas”, siendo completamente revertido, pues creó 14 mártires que se han convertido en el símbolo de la razón de ser del feminismo; y con estos sacrificios, ha establecido los cimientos de este nuevo movimiento.
Mientras los heridos y los testigos, entre el personal universitario y los estudiantes que sufrieron diversas consecuencias físicas, sociales, existenciales, financieras y psicológicas, incluido el trastorno de estrés postraumático, un número de ellos, se suicidó.
En las cartas de suicidio, de al menos 2 de ellos, la angustia que sufrieron después de la masacre, fue citada como la razón para suicidarse; y 9 años después del evento, los sobrevivientes informaron, que aún estaban afectados por sus experiencias, aunque con el tiempo, algunos de los efectos habían disminuido.
Los sobrevivientes masculinos de la masacre, han sido objeto de críticas por no intervenir para detener a Lépine.
En una entrevista inmediatamente después del evento, un reportero le preguntó a uno de los hombres:
¿Por qué abandonaron a las mujeres cuando estaba claro que los objetivos de Lépine, eran mujeres?
René Jalbert, el sargento de armas que persuadió a Denis Lortie a rendirse durante su ataque de 1984, dijo que alguien debería haber intervenido, al menos para distraer a Lépine, pero reconoció que “no se puede esperar que los ciudadanos comunes reaccionen heroicamente en medio del terror”
El columnista de periódicos, Mark Steyn, sugirió que la falta de acción masculina durante la masacre, ilustró una “cultura de pasividad” prevalente entre los hombres en Canadá, lo que permitió el tiroteo de Lépine:
“Sin embargo, la imagen definitoria de la masculinidad canadiense contemporánea, no es Lépine/Gharbi, sino los profesores y los hombres en esa aula, quienes, ordenados para dejar solo al solitario pistolero, lo hicieron dócilmente, y abandonaron a sus compañeras de clase, a su destino fatal, un acto de abdicación que hubiera sido impensable en casi cualquier otra cultura a lo largo de la historia humana”
Los estudiantes y el personal masculino, expresaron sentimientos de remordimiento, por no haber intentado evitar los tiroteos, pero Nathalie Provost, una de las sobrevivientes, dijo que sentía que no se podría haber hecho nada para evitar la tragedia, y que sus compañeros no deberían sentirse culpables.
En respuesta al trágico suceso, muchos canadienses han trabajado arduamente para establecer sitios conmemorativos en todo el país, para garantizar que las personas sean más conscientes del incidente ocurrido, para obligar a la sociedad a reconocer la frecuencia con que se produce la violencia hacia las mujeres, y para apreciar las vidas de las mujeres que fueron asesinadas.
Otras personas dijeron que el ataque se debió al sufrimiento de Lépine en su infancia, o simplemente el acto de un hombre solitario, loco impulsado por diferentes factores sociales.
También, otros han echado las culpas a la violencia que se vive hoy día, y que se ve en los medios de comunicación, el aumento de la pobreza, el aislamiento y el rechazo social, particularmente en los sectores de inmigrantes...
La masacre hizo endurecer las leyes de armas en Canadá, y cambió la táctica policial en respuesta a un tiroteo; de hecho, la masacre del Politécnico se relacionó mínimamente con La Masacre del Dawson College, donde un hombre de ascendencia india, nacido en Montreal, asesinó a una estudiante antes de suicidarse.
La respuesta de la policía a los disparos del Politécnico fue muy criticada por la cantidad de tiempo que le dio a Lépine para llevar a cabo la masacre:
Fueron 20 minutos.
Los primeros oficiales de policía que llegaron a la escena, establecieron un perímetro alrededor del edificio, y esperaron antes de entrar al edificio.
Durante este período, varias mujeres fueron asesinadas...
Los cambios posteriores a los protocolos de respuesta a emergencias, llevaron a elogiar el manejo de los que respondieron las emergencias en el tiroteo de Dawson College, en 2006, en el que una mujer fue asesinada por un tirador.
En ese incidente, se atribuyó a la coordinación entre las agencias de respuesta de emergencia y la pronta intervención, la reducción al mínimo de la pérdida de vidas.
La Masacre de Dawson fue el 4º tiroteo en institutos de educación en Montreal, después de La Masacre de La Escuela Politécnica en 1989; siguiendo el tiroteo por parte de Valery Fabrikant, en la Universidad Concordia en 1992; y de la muerte por tiroteo en una escuela de inmigrantes, en 1997.
Polytechnique es una película de víctimas, todos, porque incluso el asesino también es una víctima de su propia obsesión.
Y claro, salen a relucir todos los elementos que componen el paisaje sangriento de las masacres colegiales de los últimos 30 años; y de tiroteos y atentados terroristas en todo el mundo que involucran civiles.
Pero en 1989, muchas vidas quedaron congeladas en el frío Canadá, no solo las de las mujeres que murieron en el acto, sino las de aquellas personas que fueron condenadas para siempre, a vivir de una manera u otra, semejante demostración de odio.
En 2008, la madre de Lépine, Monique, publicó “Aftermath”, una memoria de su propio viaje a través del dolor y el dolor del incidente.
Ella se quedó en silencio hasta 2006, cuando decidió hablar por primera vez después del tiroteo de Dawson College de ese año.
Para la ceremonia conmemorativa del 25° aniversario de la masacre, en 2014, la ciudad de Montreal confió el aspecto técnico de la ceremonia, a la compañía de producción multimedia, Moment Factory, que instaló 14 reflectores que representan a las 14 víctimas de la masacre en la explanada del Monte Real.
Los haces de luz que giraron hacia el cielo, aparecieron por primera vez poco después de las 5pm, hora en que el ataque había comenzado, 25 años atrás.
Es para no olvidar, porque aquello de “nunca jamás” ha demostrado ser imposible, lamentablemente.

“Si j'ai un garçon, je vais lui apprendre à aimer.
Si j'ai une fille, je lui dirai que le monde est à elle”



No hay comentarios.:

Publicar un comentario