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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

domingo, 8 de octubre de 2017

The Onion Field

“That's the onions.
It makes your eyes water”

El Nuevo Periodismo o “Non fiction novel”, es el resultado de un entramado de textos que interactúan hasta tejer un género literario nuevo, apoyado además en discursos retóricos judiciales.
Cada tipo de discurso, aporta al definitivo, una de sus características constituyentes; así, el género periodístico aporta la investigación, la fidelidad a la realidad en la narración de los hechos; la literatura aporta la ficción que inevitablemente tiene que aportar el autor para completar lo que no sabe; la retórica aporta la transmisión de los diálogos judiciales que tienen lugar en las distintas vistas y entrevistas con especialistas, policías, médicos, testigos, etc.
El discurso cinematográfico legó a la recepción de “In Cold Blood” (1965) del escritor Truman Capote, la crudeza y sobriedad en la descripción de personas y de ambientes, con muy evidentes influencias del discurso procedente de la novela negra.
Al mismo tiempo, todos y cada uno de los textos que confluyen en “In Cold Blood” y en “The Onion Field” (1973) novela de Joseph Aloysius Wambaugh, Jr., tienen en común el interés por la historia, por el descubrimiento de los hechos.
En este aspecto, el discurso periodístico se eleva por encima de los demás, pero no podemos olvidar el papel del discurso literario, tejido a partir de varios tipos de discurso, de entre los que sobresalen el novelesco, el policiaco y el negro; ni del discurso retórico, tan importante en la parte final de la narración, tanto la literaria como la cinematográfica.
Todos confluyen en el interés por la búsqueda de la verdad y por la indagación en la mente de los criminales.
Por su parte, Joseph Wambaugh, demuestra su genialidad precisamente en la creación de un tejido nuevo, un género nuevo, un discurso nuevo, que sin embargo se hace de otros, con las mejores fibras de los discursos que necesita para ofrecer a la literatura, al periodismo y a la cinematografía, una de las obras más impactantes del siglo XX.
“What happened in the onion field is true.
But the real crime is what happened after”
The Onion Field es un drama de suspense del año 1979, dirigido por Harold Becker.
Protagonizado por John Savage, James Woods, Franklyn Seales, Ted Danson, Ronny Cox, David Huffman, Christopher Lloyd, Dianne Hull, Priscilla Pointer, Richard Herd, Richard Venture, Lee Weaver, entre otros.
El guión es de Joseph Aloysius Wambaugh, Jr., basado en su libro homónimo de 1973; a su vez, basado en el verdadero crimen llamado “El Campo de Cebollas”
Su historia comienza con la juventud de los delincuentes, y describe el camino que les lleva a un callejón sin salida de Los Ángeles.
Ese día, se cruzan con 2 agentes cuando van a atracar una tienda, y la tragedia se pone en marcha; luego relata los arrestos, el juicio, y el final.
Antes de ser escritor, Wambaugh había sido un sargento del Departamento de Policía de Los Ángeles, lo que lo llevó a atestiguar algunos de los hechos que relata en el libro; uno que sigue la estela de “In Cold Blood” (1965) de Truman Capote, y su apuesta por la realidad como un motivo narrativo más interesante que la ficción.
El propio Capote alabaría esta obra, por considerarla un peldaño más a la hora de engrandecer la “novela factual”
Leyendo a Wambaugh, puedes sentir incertidumbre en la sala de vistas del Palacio de Justicia de Los Ángeles; olfatear el sudor que huele a miedo en un campo de cebollas; sentir el calor de un camino perdido en el desierto de Nevada, donde los futuros asesinos hacen prácticas de tiro contra un coche abandonado, o escuchar los insultos de los policías que acaban de detener al asesino de un compañero.
La producción de la película fue financiada por el director Harold Becker, el guionista Joseph Wambaugh, y muchos de los amigos de Wambaugh, que les permitió tener un control creativo total; siendo rodada en los escenarios naturales donde sucedieron los hechos:
En Valencia, Los Ángeles, Maricopa y Taft en California.
El secuestro de los agentes, Karl Hettinger e Ian Campbell, fue filmado en la ubicación exacta de Carlos y Gower, donde el verdadero delito ocurrió en marzo de 1963.
Escritor, Joseph Wambaugh dijo al respecto:
“Me aseguré que estuvieran los policías que estaban de servicio la noche en que Hettinger y Campbell fueron secuestrados, para verificar con ellos, cómo lo estábamos representando”
Hasta se llegó a utilizar un tribunal de La Corte Superior del Condado de Los Ángeles para las escenas del juicio, dicho jurado fue llevado al campo de cebolla en Valencia, para inspeccionarlo como si fuera una réplica de la escena del crimen.
Además, los coches usados en la escena, entre los policías y los ladrones, eran los coches reales del caso.
La acción inicia en Hollywood, el sábado 9 de marzo de 1963.
Los detectives de la policía de Los Ángeles, James Campbell (Ted Danson) de 31 años, y Francis Hettinger (John Savage) de 28; patrullan las calles de Hollywood, y  paran a una pareja de sospechosos:
Gregory Ulas “Greg” Powell (James Woods) de 30 años, un sanguinario tipejo que se cree un maestro del crimen; y Jimmy Lee “Youngblood” Smith (Franklyn Seales) de 32, un mestizo entreverado que acaba de salir de la cárcel, y que pese a no estar hecho de la misma pasta que Gregory, se deja llevar por este, y se convierte en su colega de fechorías.
En la escena, en un momento de despiste, uno de ellos saca una pistola, y desarma a los policías; a continuación son conducidos a un lejano campo de cebollas, donde uno de ellos es brutalmente asesinado, mientras que el otro consigue escapar.
El testimonio de Karl Hettinger, lleva a la detención de los 2 hombres, que son juzgados, y se acusan recíprocamente del asesinato del Sargento Campbell; siendo condenados por homicidio en primer grado.
Mientras languidecen en el corredor de la muerte, Powell y Smith aprenden cómo explotar el sistema legal, y después de una serie de apelaciones, sus penas se reducen a cadena perpetua, después de una decisión judicial que elimina las ejecuciones en California.
Mientras tanto, la condición física y el estado emocional de Hettinger se deterioran lentamente, ya que su incapacidad para actuar con mayor agresividad en la noche del incidente, es cuestionada por los que están en la autoridad, y sus compañeros oficiales.
Atormentado por la culpa y el remordimiento, Karl experimenta pesadillas, impotencia, pérdida de peso, cleptomanía, y pensamientos de suicidio.
The Onion Field está narrada de forma pausada, y tomándose su tiempo para describir de forma magnífica a los personajes, atrapando al espectador.
Quizás también influya el conocer la historia real, ya sabemos que inevitablemente policías y ladrones van a acabar convergiendo trágicamente en el campo de cebollas del título; y haciéndote sentir la angustia ante el que sabemos, inevitable final.
The Onion Field se clasifica entre los mejores filmes de delincuencia de la década de 1970; y que pone a la película entre las más impresionantes producidas, tanto que hoy está considerada entre los cinéfilos, como una obra de culto.
“Jumpin' Jesus!”
The Onion Field es un filme de factura perfecta, con una dirección de actores admirable, arropada por una música excelente, y con una fotografía de claroscuros cuidadísima, consigue enfrentarnos con un montón de fantasmas de EEUU, y que también de patrimonio universal, que es tanto como decir de los seres humanos.
Si el cine es acción, este film es cine puro, un largometraje dirigido por el debutante Harold Becker, reflexiona acerca del mal humano, la reinserción, y las entrañas del sistema de justicia de EEUU.
Además explora los efectos psicológicos que pueden quedar tras sufrir acontecimientos como los que se narran, y el juzgamiento desde todos los puntos de vista posibles.
En la noche del 9 de marzo de 1963, los oficiales del LAPD, Ian Campbell y Karl Hettinger, ambos ex Marines, estaban montados, secuestrados por un par de sospechosos tras un arresto fallido con pistola, en un auto robado sin marcar.
Los delincuentes, Gregory Ulas Powell y Jimmy Lee Smith, alias “Jimmy Youngblood”, habían cometido recientemente una serie de robos, y cada uno tenía una pistola metida en los pantalones.
El conductor, al llegar a un campo de cebollas, cerca de Bakersfield, apuntó a Campbell, quien calmadamente le dijo a su compañero:
“Él tiene una pistola en mi espalda”
Campbell fue baleado fatalmente, mientras Hettinger fue capaz de escapar, corriendo casi 4 millas hasta llegar a una granja y pedir ayuda.
El asesinato ocurrió principalmente, porque Powell asumió que el secuestro de los oficiales solos, ya constituía un delito capital bajo la ley del estado “Little Lindbergh”
Sin embargo, la interpretación de Powell era incorrecta:
Bajo la ley de “Little Lindbergh”, el secuestro se convirtió en un crimen capital, sólo si la víctima moría o si se pedía un rescate.
Hoy en día, el secuestro en California, donde hay daño corporal cercano a la muerte, es castigable ya sea con prisión de 25 años a la vida, o por cadena perpetua, sin la posibilidad de libertad condicional.
Así, tenemos un buen “thriller” de corte judicial, con una conseguida atmosfera “vérité” en la primera parte del metraje, que se convierte en un fresco del sistema judicial de la época; y un drama psicológico en su segunda mitad, en la que por una parte tenemos al policía superviviente que ha quedado evidentemente trastornado; y por la otra, los 2 delincuentes tratando de evitar la cámara de gas, aprovechando mil y un recovecos legales.
Técnicamente, The Onion Field tiene una estructura narrativa clarísima, típica del cine negro, pero con otros condimentos.
Un prólogo, en el que se nos presentan los personajes fundamentales:
Los policías, Karl Hettinger e Ian Campbell, junto a los futuros asesinos, Greg Powell y Jimmy Smith.
Los 4 caracterizados por un elemento común:
Se trata de seres humanos frustrados, que han deseado algo en su vida, y no lo han conseguido.
Una primera parte, la mejor del film, donde ocurren el secuestro y asesinato de uno de los policías por los malhechores, la captura de éstos y, finalmente el entierro de Ian Campbell.
Y una segunda parte, más tediosa, que contiene los diversos juicios, las transformaciones de Karl, Greg y Jimmy, en aquellos seres que habían soñado, precisamente por una paradójica aplicación de la ley; y un epílogo que insiste en esta transformación, junto al recuerdo emocionado de Ian, el policía aficionado a la gaita escocesa, sombra de honradez y lealtad que domina toda la película.
La primera parte tiene que ver con la sociedad de EEUU, desde 1963, año del crimen, hasta los 80, cuando los criminales serán puestos en libertad provisional, puesto que el film se basa en hechos reales.
Esta sociedad, engendra frustrados que, tanto en el campo de la policía como en el delito, viven soñando situaciones perdidas, y ejerciendo necesariamente su rol social con una cierta resignación:
Karl, deseó ser agricultor; Ian, médico; Greg dedicarse a la familia; y Jimmy vegetar sin complicaciones.
La vida, sin embargo, y el contexto, les convertirán en 2 policías y 2 delincuentes que se encontrarán un día cualquiera en una situación límite.
Y los 4 serán víctimas de algo que nunca quisieron.
El trallazo de Wambaugh, guionista y autor de la novela que inspiró la película, es muy duro sobre un grupo humano al que solemos admirar por las facilidades que ofrece al individuo en el campo de las realizaciones personales, cuando la realidad es que los destroza.
Destrozo parecido aquí bajo la forma de muerte, asesinato, o neurosis.
No se es lo que quiere ser...
Se es aquello que inesperadamente nos sobreviene.
Y entonces surge el interrogante sutil:
¿Qué sentido tiene estar con el “bien”, o estar con el “mal”, si al fin, las consecuencias son igualmente destructoras?
No hay buenos y malos en The Onion Field, sino sencillamente, hombres sujetos a circunstancias determinantes, porque la sociedad trastocó sus ideales por imposiciones desdeñables.
Nada sobre “El Sueño Americano”
Mientras la segunda parte atañe a la legislación y justicia de EEUU:
No es casual que una torcida interpretación de la ley Lindbergh, produzca en el asesinato; la ley conocida tras el asesinato del hijo del aviador Charles Lindbergh; el secuestro pasó de ser delito local, a delito federal.
Mientras que una recta aplicación de La 5ª Enmienda de La Constitución, salve a los asesinos de la muerte.
La Enmienda dice:
“Nadie estará obligado a responder de un delito castigado con la pena capital o con otra infamante, si un gran jurado no lo denuncia o acusa, a excepción de los casos que se presenten en las fuerzas de mar o tierra, o en la milicia nacional cuando se encuentre en servicio efectivo en tiempo de guerra o peligro público; tampoco se pondrá a persona alguna 2 veces en peligro de perder la vida o algún miembro con motivo del mismo delito; ni se le forzará a declarar contra sí misma en ningún juicio criminal; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni se ocupará su propiedad privada para uso público sin una justa indemnización”
La ley, está perfectamente estructurada, pero da pie a una absoluta arbitrariedad.
La justicia, en consecuencia, es víctima de una legislación que puede provocar la muerte de policías, y salvar la vida de los asesinos.
Estamos pues, ante una feria de vanidades, ante el imperio de la casualidad.
Y todo ello tiene unas resonancias personales tremendas:
Mientras Greg, en la cárcel, se convertirá en un reputado experto en derecho, inclusive su aspecto externo cambia; Karl será sometido a juicios continuos, siendo víctima de un insoportable sentido de culpabilidad, por la muerte de su compañero, y concluye en una neurosis que derivará en cleptomanía, conllevándolo a la expulsión del cuerpo policial.
Y es aquí, en el caso de Karl, donde todo lo dicho alcanza una verificación más absoluta, precisamente al expulsarle, puede comenzar a dedicarse a la jardinería, y en una bucólica secuencia final, le dejamos abrazado a su esposa, sumergidos ambos en las aguas del lago...
La tercera parte final, es radicalmente existencial.
Si todo lo anterior es cierto, la vida es un acontecimiento aleatorio, que oscila entre el azar y la necesidad, sin que nosotros tengamos lugar a la responsabilidad.
Estamos, pues, ante una llamada al escepticismo más acusado, porque nuestros montajes individuales, cuando creemos salvadas nuestras opciones, no sirven para nada, aparece la circunstancia inesperada.
Y todo se va al garete.
Todo es un devenir incontenible.
Pero ese devenir es el que pone las cosas en su sitio, aunque sea a costa de gaiteros como Ian.
Su presencia, el sonido de la gaita, es la nota de nostalgia y de probable esperanza en la consistencia de una sociedad que, a pesar de los pesares, seguirá sobreviviendo a sus propias aberraciones.
Si los ojos obsesivos de Greg llegan a ponerse nerviosos, y la mirada huidiza de Karl nos causa piedad, es preciso afirmar que lo más importante del film de Becker, es su realización.
Toda la dilatada secuencia del secuestro y asesinato, con una música percutante de Eumir Deodato, y una magistral fotografía de Charles Rosher Jr., crea un universo tenso y desolado, en el silencio de ese campo de cebollas, aislado y solitario, en un discurso cinematográfico pleno, como un directo golpe al mentón, donde se llega a crear un ambiente en el que el absurdo puede tener lugar, remontado los mejores instantes del cine negro.
Esa secuencia es el cheque en blanco que el director entrega al espectador.
Del reparto, este fue el primer largometraje de Ted Danson, en el que se luce en su breve papel, la angustia que vemos, siente en sus últimas escenas, traspasan la pantalla.
Pero es James Woods el que se convierte en la estrella de la función, en base a los matices que aporta a su desagradable personaje.
Como dato, Woods no se reunió con Greg Powell para prepararse para su papel.
E hizo con su pesadillesca interpretación de un rufián de poca monta, pero de mucho, demasiado cuidado, llenando la pantalla con sólo su enjuto y diabólico continente; un papel que Frank Sinatra o Richard Widmark podrían haber incorporado en el pasado:
Un psicópata con tendencias homosexuales, sin escrúpulos, impredecible, carismático e incluso divertido, que tiene un sentido de la familia muy especial.
Esa imagen fascinante, no obstante, debe hacer ahora lugar a la de John Savage, en un personaje que vive con el fantasma de una experiencia traumática, el absurdo y despiadado asesinato de su compañero detective, es también lo que define al infortunado policía que Savage encarna en The Onion Field.
Una mutilación que se exhibe como más rigurosamente espiritual o simbólica.
Impagables las escenas del secuestro, la escena del bebé y la cuna…
Pero también están notables:
Franklyn Seales como Jimmy Smith; y Ronny Cox como Pierce Brooks, el detective encargado del caso; y una breve aparición de Christopher Lloyd, como un preso del corredor de la muerte, experto en leyes.
Por su parte, Joseph Wambaugh, autor de “The Onion Field”, entrevistó a Greg Powell mientras estaba en prisión.
Según Wambaugh, Powell tenía solamente una queja sobre el libro:
“Que él pensó que era físicamente más atractivo que lo que él lo representó”
Wambaugh, también confirmó que uno de los abogados de Powell, lo demandó porque Powell habría sido liberado de prisión, si no hubiera sido por el libro o su adaptación cinematográfica.
Joseph Wambaugh, también habló  de Karl Hettinger después de escribir tanto el libro como la película:
“Karl me importó terriblemente, pero yo lo exploté.
Utilicé el dinero como arma para contar la historia, le ofrecí dinero para su familia, no podía negárselo, porque yo pensaba que la historia era más importante que Karl Hettinger, más importante que yo, que era una historia tan importante, que habría hecho casi cualquier cosa para escribirla”
Sin embargo, en la realidad, nunca se ha determinado si Gregory Powell o Jimmy Lee Smith, dispararon los 4 disparos que mataron a Ian Campbell.
Wambaugh, como veterano de los LAPD que investigó meticulosamente el incidente, ha declarado que cree que fue Smith.
Entonces, en el fondo:
¿Debemos censurar ese aire de “aleatoriedad” que desprende el film como atentado a la libertad humana?
Tal vez...
La mayoría de las cosas nos vienen dadas, y nosotros lo más que podemos es salirles al encuentro.
Vivir, probablemente sea reaccionar cada día a las sorpresas del tiempo.
Unas sorpresas que van haciendo de cada uno de nosotros, lo que somos.
Y esto significa que jamás existen grandes héroes, sino por el contrario, personas situadas en el momento preferible, en el momento justo.
La libertad, se mueve a duras penas, entre el azar y la necesidad.
Por último decir que, la melodía de la gaita que el detective Campbell toca en las celdas, al inicio, es el “Piobaireachd” o lamento clásico, “Cha till MacCruimein” que significa:
“MacCrimmon nunca volverá” y que según la leyenda, no verificable, fue compuesta alrededor de 1745, por el flautista personal del Jefe del Clan MacLeod, Donald Ban MacCrimmon, que tenía una premonición de su propia muerte en la batalla:
En enero del año siguiente, durante La Segunda Rebelión Jacobita, hubo una escaramuza menor conocida como “Rout of Moy”, donde el único hombre asesinado, era un gaitero con los MacLeod, que estaban sirviendo con las fuerzas de Hanoverian, es decir, del gobierno.
Toda una alegoría.
“Don't waste bullets!”
Tras los hechos reales en El  Campo de Cebollas, Greg Powell fue arrestado la noche del asesinato, después de haber sido visto manejando un vehículo robado por los oficiales de Patrulla de Carreteras de California.
Al día siguiente, Jimmy Smith fue detenido también.
El principal investigador de LAPD en el caso, fue el sargento Pierce Brooks.
Ambos sospechosos, fueron condenados por asesinato, y condenados a muerte; pero en última instancia recibieron sentencias de cadena perpetua.
Para cada uno, la sentencia de primera instancia siguió un segundo juicio y varias apelaciones.
Sus sentencias de muerte, finalmente fueron absueltas cuando La Corte Suprema de California, dictaminó en el caso “California v. Anderson” (1972), que la pena de muerte en California, “era un castigo cruel e inusual”
En 1967, Powell intentó sin éxito, escapar de la prisión estatal de San Quentin con otros 3 presos; y en 1968, intentó contrabandear armas en la cárcel del condado de Los Ángeles; y en 1969, intentó escapar de su cuarto de rehabilitación.
Powell tuvo una apelación para lograr la libertad condicional, el 13 de junio de 1982.
En abril de 1982, tras la liberación de la cárcel del cómplice de Powell, Jimmy Lee Smith; Valerie Campbell, hija del agente asesinado, Ian Campbell, se puso en contacto con John Mancino, fundador de Citizens for Truth, una organización que recientemente había dirigido un exitoso esfuerzo para rescindir la fecha de libertad condicional del asesino condenado, Sirhan Sirhan, asesino del candidato presidencial, Robert F. Kennedy.
Mancino redactó una petición, para que se rescindiera la liberación programada de Powell, y con la ayuda de Valerie Campbell, se recolectaron 31.500 firmas en 3 semanas y media; las cuales fueron presentadas al Consejo de Prisiones de California, junto con varios miles de cartas.
La junta de libertad condicional, celebró una audiencia, y finalmente rescindió la fecha de liberación de Powell.
El grupo Citizens for Truth, prevaleció tanto en La Corte de Apelaciones como en La Corte Suprema de California, lo que llevó a Powell a pasar el resto de su vida en prisión.
De hecho, a Powell le negaron la libertad condicional en 11 veces; y en una audiencia del Consejo de Libertad Condicional, el 27 de enero de 2010, a Powell le fue negado la libertad condicional.
En una carta fechada 21 de enero de 2010, a los funcionarios estatales de correcciones, el presidente de La Unión Policial de Los Ángeles, Paul Weber, instó a La Junta, a denegar la libertad condicional, llamando a Powell “un asesino vicioso que aún no ha pagado su deuda con la sociedad”
El 18 de octubre de 2011, La Junta de Libertad Condicional del Estado de California, negó la liberación compasiva de Powell, quien había sido diagnosticado con cáncer de próstata terminal.
La Junta declaró, que “Powell no deseaba ser liberado de la cárcel, y era probable que no cooperara si se liberaba”
Gregory Powell murió el 12 de agosto de 2012, en El Centro Médico de California en Vacaville.
Tenía 79 años.
Su muerte ocurrió 2 días después de que una intersección de Hollywood fue dedicada en nombre del oficial, Ian Campbell.
Por su parte, Jimmy Smith fue liberado inicialmente en 1982, pero volvió a la prisión varias veces adicionales, en violaciones de la libertad condicional relacionadas con drogas.
En diciembre de 2006, no informó a su oficial de libertad condicional, y se emitió una orden de detención.
En febrero de 2007, un hombre que coincidía con la descripción de Smith, fue detenido por la policía en el área de Skid Row de Los Ángeles, y finalmente fue identificado como Smith; siendo arrestado, acusado de violar su libertad condicional, y enviado al Centro de Detención de Pitchess en Castaic, California.
El 7 de abril de 2007, mientras estaba en ese centro, murió de un ataque de corazón, aparente, a la edad 76 años.
De acuerdo con Pierce Brooks, el oficial que investigó el crimen, Karl Hettinger sufrió de culpa de superviviente, a causa de la muerte de su compañero Ian Campbell, describiéndolo como un “tremendo complejo de culpa”
Deprimido y encontrándose difícil de funcionar como policía, Hettinger fue transferido a un lugar menos estresante de trabajo, como un conductor para el jefe de policía; y se vio obligado a dimitir del LAPD en 1966, después de ser acusado de robar en tiendas.
Además, Hettinger se vio obligado a visitar las salas de escuadra, y públicamente admitir la culpa de su falta de valor en el campo de cebollas.
Su experiencia inspiró el controvertido “Memorándum de Hettinger”, en el cual, los oficiales serían amonestados por renunciar a sus armas.
Eventualmente, un video de entrenamiento de la policía se hizo con su experiencia, como un ejemplo de lo que no debe hacerse cuando se detiene, y se acerca a un vehículo.
En 1985, Hettinger habló por primera vez sobre el incidente:
“Todavía me siento incómodo, todavía no puedo dormir bien, todavía puedo ver sus caras, quiero detener a Powell, regresar a la calle...
Conozco a este hombre”
Ese mismo año, Hettinger se opuso fuertemente a la petición de libertad condicional para Powell, y dijo:
“Estoy hablando como una víctima, un muy buen amigo mío fue asesinado, y los mismos hombres intentaron asesinarme, pero la pena de muerte no se llevó a cabo.
No creo que sea correcto estar tranquilo demasiado tiempo”
Años más tarde, Karl Hettinger fue elegido para servir como un Supervisor para el condado de Kern, por el gobernador de California, George Deukmejian, donde sirvió múltiples términos consecutivos.
Finamente murió de una enfermedad hepática, en 1994, a la edad de 59 años.
El 10 de agosto de 2012, la intersección de la avenida Carlos, y la calle Gower en Hollywood, el sitio del secuestro de los oficiales, fue nombrada “Ian Campbell Square” en honor del oficial asesinado.
Además, una sección de la autopista sin peaje de Hollywood, la California State Route 101, en Hollywood, desde Hollywood Boulevard hasta Highland Avenue, fue designada como “Ian J. Campbell Memorial Freeway”
Por su parte, Tyler Izen, presidente de La Liga Protectora de La Policía de Los Ángeles, emitió una declaración:
“Gregory Powell fue un asesino a sangre fría, que evitó la pena de muerte, pero no escapará del juicio de Dios.
Mientras el oficial Ian Campbell nunca puede ser traído de vuelta, ni el daño ni la angustia causados por Powell y Smith se desecharon, la justicia fue confirmada cuando La Junta de Libertad Condicional negó la petición de Powell, de liberación compasiva, y aseguró que dejará su último aliento, mientras esté confinado detrás de las barras de la prisión”
A veces, las víctimas pasivas se convierten en fantasmas reales, vivos, de carne y huesos.

“Guilty?
That's just something the Man says in court when your luck runs out”



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