Les Parapluies de Cherbourg

“Françoise.
Elle est beaucoup comme toi.
Voulez-vous la voir?”
(Françoise.
Ella es muy parecida a ti.
¿Quieres verla?)

Jacques Demy, fue un cineasta francés, uno de los más destacados representantes de La Nouvelle Vague; y dentro de este movimiento, su obra es bastante inusual, ya que no se interesó demasiado por la experimentación formal, como Alain Resnais, ni por la agitación política, como Jean-Luc Godard.
Entre sus obras, hay musicales, género en el que alcanzó éxito internacional, sobre todo con la película Les Parapluies de Cherbourg, “cuentos de hadas” y homenajes a La Edad Dorada de Hollywood; pero su mundo tiene ciertas similitudes con el de otro gran cineasta de La Nouvelle Vague:
François Truffaut.
Mientras otros realizadores del género francés, o nueva ola francesa, realizaban filmes en blanco y negro, más naturalistas, experimentales, o lejos de la inquietud política de, por ejemplo, Jean Luc Godard; Jacques Demy filma, en rabioso y saturado color, la primera película de la historia del cine completamente cantada, y a modo de ópera; siendo la narrativa, lo esencial de una historia bastante conocida, no por ello tremendamente arrolladora.
“Guy reviendra”
(Guy volverá)
Les Parapluies de Cherbourg es un musical francés, del año 1964, escrito y dirigido por Jacques Demy.
Protagonizado por Catherine Deneuve, Anne Vernon, Nino Castelnuovo, Ellen Farner, Jean Champion, Marc Michel, Mireille Perrey, entre otros.
Les Parapluies de Cherbourg es la 2ª película en una informal “trilogía romántica” de Demy, que comparten algunos de los mismos actores, personajes y aspecto general, que inicia con “Lola” (1961) y termina con “Les Demoiselles de Rochefort” (1967); y es la primera de las 2 películas realizadas por Demy, totalmente cantada; pues la 2ª fue “Une Chambre en Ville” (1982)
El realizador Jacques Demy, se empeñó en hacer este musical a todo color, donde la belleza del ambiente se corresponde con la música en una historia de amor; y aquí incursiona en un género que transita por una delgada línea donde se separa el arte un poco ingenuo o naif, del tono melodramático.
Les Parapluies de Cherbourg introduce en el cine, la inmensa novedad de hacer los diálogos “cantados”, por lo que fue la primera experiencia en el cine de esta especie de “ópera popular”
Su diferencia con el gran musical de Hollywood, es que aquí no hay presencia del baile o de la coreografía, que hicieron los grandes clásicos.
La música, fue compuesta por Michel Legrand, usando voces sin impostación, bajo una narración dividida en 3 partes:
La Partida, La Ausencia y El Retorno.
Si bien se le juzga por lacrimógena y sentimental, es la historia de un primer amor, y de separación con situaciones domésticas y diálogos comunes, y un agridulce final; pero está tan exquisitamente concebida y dirigida, que adquirió con el tiempo categoría de película de culto.
La historia se corresponde con un tema universal:
La juventud y el amor, las angustias del amor, la separación, el olvido, y cómo la vida cambia las relaciones sentimentales.
Todo versa sobre el amor, el verdadero, el incondicional, el anhelado, el esperado, el filial, el maternal; sobre la forma en la que la vida se transforma, cambiando el panorama original por una serie de tribulaciones que nos aquejan y, por último, sobre la manera en la que afrontamos todos los obstáculos, modificando la manera en la que vivimos, transformándonos a nosotros mismos.
Hay que decir, que cuando Demy presentó su idea a su productor, éste la rechazó y en El Festival Internacional de Cine de Cannes de 1962, no hubo ningún comprador que le interesara el proyecto; pero, paradojas de la vida, resultó se la ganadora de 3 premios en dicho Festival, en 1964:
La Palme d’Or, El Premio OCIC, y El Gran Premio Técnico.
Y muy curiosamente, fue candidata a 5 Premios Oscar, en 2 años diferentes:
1964 y 1965, como mejor película de habla no inglesa, obteniendo el premio, el largometraje “Ieri, Oggi, Domani” de Vittorio de Sica, en 1964.
Ese fue el año en el que otro musical mítico, se alzaba con 8 premios de La Academia, la obra maestra “My Fair Lady” de George Cukor, edición en la que competía el musical de Disney, “Mary Poppins” de Robert Stevenson.
Al año siguiente, aquí la curiosidad, Les Parapluies de Cherbourg volvió a estar presente en la edición de los premios Oscar, esta vez compitiendo como:
Mejor guión original, banda sonora, banda sonora adaptada, y canción.
No obtuvo ningún galardón; pues ese año, la edición perteneció a otro de los grandes musicales de la historia:
“The Sound Of Music” de Robert Wise.
Hoy, Les Parapluies de Cherbourg es la película favorita del escritor y director Damien Chazelle, director de “Whiplash” (2014) y “La La Land” (2016), filme que augura llevarse bastantes reconocimientos en la temporada de premios de lo mejor del 2016.
Les Parapluies de Cherbourg también contó con adaptaciones teatrales en New York, París y Los Ángeles en 1979, Londres en 1980, Tokio en 1983, y Dinamarca en 2014.
Rodada íntegramente en la ciudad que lleva el título, Cherbourg, ciudad costera de Normandía; la acción tiene lugar en la villa portuaria, entre noviembre de 1957 y junio de 1959, con un epílogo en La Nochebuena de 1963.
Geneviève Emery (Catherine Deneuve), es una joven de 17 años que vive con su madre, Madame Emery (Anne Vernon), y trabaja en la tienda de paraguas de su madre, llamada “Les Parapluies de Cherbourg”
Ella está enamorada de Guy Foucher (Nino Castelnuovo), un joven mecánico de 20 años, que vive con su madrina, Élise (Mireille Perrey), esto sugiere que él es un huérfano, y su tía lo recogió.
Con él, Geneviève piensa casarse, a pesar de la oposición de su madre (Anne Vernon), que considera a Geneviève demasiado joven, y a Guy demasiado pobre.
Para pagar una deuda, la madre se ve obligada a vender un collar a un rico joyero, cuyo hijo, Roland Cassard (Marc Michel), se enamora de Geneviève desde el primer momento.
Mientras tanto, Guy tendrá que ausentarse 2 años, para ir a Argelia a hacer el servicio militar.
El tiempo que comparten juntos, Geneviève y Guy, les marcará de por vida, el nombre de un niño, será ejemplo de ello...
El paso del tiempo pesa en la pareja, el miedo a tener que hacer frente a una vida en solitario, hace mella en los protagonistas, y las dudas les llevan a tomar decisiones algo precipitadas.
Un devenir que conduce a las personas por caminos de circularidad, en medio de los cuales se dan encuentros, separaciones y pérdidas definitivas, que tienen lugar por la propia naturaleza azarosa y casual de la existencia humana.
La historia de Geneviève y Guy, parece estar condenada desde el principio:
¿Su final será feliz?
Les Parapluies de Cherbourg, es una de las obras claves, no solo de su director Jacques Demy, o del cine Francés, sino de la expresión artística en general; y es tal vez, el mejor musical romántico, y una de las historias de amor más conmovedoras de todos los tiempos, a la vez que es una de las películas visualmente más hermosas de la historia.
Aunado a esto, hay que recordar que la película fue realizada en los 60, como hija de su tiempo, en donde una explosión de color se estaba suscitando en diversos filmes, además, varios movimientos cinematográficos se llevaban a cabo alrededor del mundo, y los convencionalismos y reglas previas, estaban comenzando a ser fuertemente cuestionados.
Su metraje es justo, pero deja con ganas de más...
No porque no esté bien concluida, sino porque una vez que caemos en el hechizo, no queremos que termine.
Pero no todo es color de rosa, pues Les Parapluies de Cherbourg es una suerte de denuncia, bien que al filo de lo cursi, contra la fragilidad de los sueños, los caprichos del azar, las fantasías que sólo tienen como base lo espontáneo, lo que escapa a las planificaciones medidas… todo ello con aires de puerto, de inocencia, del sentido trágico de la guerra que viven 2 jóvenes que se aman como sólo los jóvenes saben hacerlo.
“C'est juste un autre parfum”
(Es sólo otro perfume)
Jacques Demy, fue un nombre clave del cine francés, y uno de los grandes renovadores del género musical.
Aunque vinculado en un principio a los jóvenes realizadores de La Nouvelle Vague, la obra de Demy terminó siendo tan singular y difícilmente clasificable, que siguió un camino propio y absolutamente personal.
Su original planteamiento de un “cine cantado”, que sustituye los diálogos por canciones, y su exquisito sentido de la dirección artística, le sitúan fuera de cualquier moda o tendencia del cine.
Aficionado al cine desde la infancia, Jacques Demy nutre su obra, de aquellas obras que le han marcado:
Robert Bresson, Jean Cocteau, Max Ophüls, son parte de estas figuras de proyección, al igual que los grandes directores de los musicales de Hollywood.
Además, el artificio de la reproducción que determina toda la puesta en escena de Demy, es el tema central del musical de Hollywood.
Todos los elementos de esta película, están puestos para provocar la melancolía:
Cherbourg, es una ciudad lluviosa con marineros de paso, amores, desamores, separación por la guerra, lo que podía haber sido y no fue… con un final que te deja tocado.
Ya desde sus propios títulos de crédito, hasta ese plano final en la que en medio de una noche gélida y triste, se aleja el eco del amor perdido de los 2 protagonistas, y es ahí que el hechizo y la magia de Demy, se ofrece al ojo, al oído y al sentimiento del espectador, con una hondura tal, que cualquier atisbo de virtuosismo cinematográfico, en ningún momento queda por encima del sustrato dramático y la emotividad que desprenden todos sus fotogramas.
La acción, transcurre en un puerto marítimo en el norte de Francia, donde abundan las lluvias, los días grises y el frío; una ciudad en donde las cosas suceden, el trajín del día a día no termina, la gente vive tranquilamente, y se resguarda de la lluvia bajo sus paraguas.
Es en este lugar en donde se desarrolla una impresionante historia de amor entre 2 seres comunes:
Guy, un joven y apasionado mecánico; y Geneviève, una chica que atiende un negocio de paraguas.
La trama se divide en 3 partes, y escenas cronológicas terminadas por estaciones y años; así como la premisa de las deudas y el servicio militar, condicionarán la idílica relación de la pareja protagonista.
Le Départ/La Partida:
La viuda Madame Emery, y su hija Geneviève, sobreviven vendiendo paraguas en su colorida tienda del puerto de Cherbourg.
Geneviève está enamorada de Guy, un mecánico quien a poco de conocerla, debe partir al servicio militar en La Guerra de Argelia.
Desesperados, se juran amor eterno, y, entre lágrimas, prometen esperar a su reencuentro… y cuando se es joven, 2 años es una eternidad.
L'Absence/La Ausencia:
Geneviève está sola, los colores se vuelven chillones, y amenazan con ahogar la esperanza de la joven; porque cuando te mueres de amor, la enfermedad te debilita con la rapidez del fuego que te quemaba al principio, cuando reinaba la felicidad, y para variar, ha quedado embarazada de Guy.
Su madre, la insta a casarse con Roland, un rico joyero que está enamorado de ella, y deseoso de casarse, aun sabiendo que espera un hijo de otro hombre.
Así se casan y se mudan a París.
Le Retour/El Regreso:
Guy regresa; está triste, melancólico, amargado, y el paso del tiempo se ha detenido sobre su persona.
Cada rincón, cada bar, cada estación de tren, le recuerda a su amada.
Ha sido herido en la guerra, trabaja brevemente en el taller mecánico, y al saber del abandono de su amada, se casa con Madeleine (Ellen Farner), la dulce enfermera que cuidaba a la tía que lo crio y que, a diferencia de Geneviève, lo esperó los 2 años que estuvo destacado en Argelia.
Pero la tía muere, y, con la herencia, Guy compra una estación de servicio.
En la última escena, años después, es Navidad, y Guy está felizmente casado, tiene un hijo llamado François; y atiende a la rica Geneviève que llega sin saberlo, en su flamante automóvil a la estación de servicio.
Ese breve encuentro, será el último:
La niña que acompaña a Geneviève, es obviamente la hija de Guy, se llama Françoise...
Pero sin hacérselo saber a Guy, ella se marchará, y cada uno seguirá su vida…
El final, se nos antoja irremediablemente triste.
La frialdad con la que ambos se tratan, nos sugiere una sensación de conformismo y resignación respecto a sus vidas actuales, actitud que procuran enmascarar bajo el semblante de 2 rostros endurecidos por las circunstancias que les han caído en suerte.
A tal efecto, contribuyen decisivamente los fenómenos naturales y el vestuario presentados en la escena:
La acción tiene lugar de noche, en mitad de una nevada, y, mientras que Guy viste un mono de trabajo, Geneviève luce un vestido muy elegante, que marca la diferencia social que los separa.
La escena de cierre, desborda resignación, aceptación de que no es posible volver a comenzar, y la fuerza con la que separan a las personas las diferencias de posición social.
Y es que la vida da muchas vueltas y, en este caso, el profundo amor que envuelve a la pareja, se ve truncado por una lejana guerra que los obliga a separarse.
El tiempo y la distancia, hará lo suyo, y poco a poco todo se irá transformando a su alrededor.
La paleta de colores profundos y brillantes, irá tomando diversos matices, recordándonos que cada momento tiene una cualidad y características propias.
Todo el metraje es casi una experiencia sinestésica, en donde las emociones se perciben por el oído, a través de la música; y los ojos, por los colores.
Lo que cambian los personajes en este período de tiempo, es considerable:
Dejan de ser esos jóvenes del principio, para convertirse en adultos con responsabilidades; y los vemos evolucionar, somos testigos de su crecimiento tanto físico como a nivel de personalidad.
Las fantasías amorosas, las explosiones de jovialidad, son dejadas de lado al igual que sucede con todos nosotros a medida que envejecemos, dejando paso a la mirada racional de las cosas:
Amor entre los protagonistas; represión de la madre de Geneviève al enterarse de la relación; desilusión de Guy con Geneviève; todos son temas abordados en una película que va más allá de ser un simple musical, o un drama romántico.
Son cuestiones como el matrimonio no deseado, la prostitución, o la propia mención de La Guerra de Argelia; y sin ser un título que incida en una vertiente realista, no es menos cierto que todos estos rasgos se integran a la perfección dentro de una película que, de la forma más arrebatadora, expresa un torrente de sentimientos, confesiones, renuncias, y vivencias sentidas con el alma y que, definidos a través de la fórmula elegida, la de ser un film “en canto”, llevaron a que el riesgo inicialmente fuera mayor.
Sin embargo, tras su estreno, el público pudo vivir, e incluso conmoverse ante un modo de hacer cine que combinaba los elementos estéticos propios del cine de los 60, una propuesta singular; entremezclados con un romanticismo que siempre ha sido el elemento más noble del melodrama cinematográfico.
Aquí, Jacques Demy subvierte en Les Parapluies de Cherbourg, la rígida compartimentación en géneros, produciendo un drama musical en el que todos los diálogos son cantados, lo cual es también extremadamente inusual en el género; y muestra también el característico estilo visual del cineasta:
Mientras que “Lola” (1960) tenía una fotografía en blanco y negro, más acorde con los postulados de La Nouvelle Vague, a cargo del habitual director de fotografía de Godard, Raoul Coutar; Les Parapluies de Cherbourg está rodada en un saturado súper color, que destaca el impacto visual de cada detalle:
Las corbatas, el papel de pared, o incluso el cabello rubio de Catherine Deneuve.
Y atención a los grupos de colores de Cherbourg:
El amor, su vitalidad y la felicidad misma, se representa con brillantes amarillos, rosas y turquesas; y las despedidas en olivos y cafés; hasta que al final, el reencuentro se tiñe de lluvia, negro y gris.
Los colores, son personajes disfrazados de emociones visuales que se meten en nuestras venas, a través de los ojos; cada lugar y cada cosa cobra vida, y tiene un peso narrativo y dramático.
La música, va acompañándonos en todo este recorrido, dándole una voz a ambos enamorados, y al mundo que los rodea.
Todo el apartado técnico es magistral, mediante el uso del seguimiento, reconocimiento, cámara en mano, “avanti”, rotación, primeros planos, detalles y generales que dan dinamismo al film.
También, Demy acierta en la manera de seguir y mostrar el movimiento de los personajes, consiguiendo algún momento para recordar, como en el plano en el que se ve a la pareja de amantes que se mueve como flotando en el aire, montados encima de la plataforma del “travelling”, por lo que no puedo dejar pasar la fotografía, a cargo de Jean Rabier, las imágenes que reciben nuestros ojos son hermosas, y cada fotograma es deslumbrante.
La fotografía en color, es brillante y vívida:
Azul, amarillo, rojo, rosado...
Si el color rosa va unido a la joven enamorada; el color azul irá unido a Guy y a todos los elementos relacionados con el mecánico.
La intensidad que tiene la paleta de colores que inunda la pantalla constantemente, es tan grandiosa, que dañarían ojos débiles.
El vestuario es asombroso, y como este va de la mano con lo antes mencionado, lo hace brillar aún más.
Unos vestuarios elegantes y distinguidos por un lado, y humildes por otro, marcando claramente la diferencia de clases sociales en un trabajo que, junto con los vistosos decorados, te transportan “in situ”
La decoración, está muy trabajada a nivel cromático, de manera que el uso del color, por irreales que resulten sus tonalidades, tenga un significado expresivo en cada escena.
Abundan los colores vivos en las escenas alegres, y los colores oscuros en las escenas tristes, como por ejemplo, la despedida en la estación de tren, y su intensidad está muy mesurada.
Así, la ropa, los muebles y el papel pintado de las paredes de las habitaciones, son un verdadero espectáculo pictórico, deudor de los cuadros de Matisse.
En ello, hallamos pues una ruptura voluntaria con la realidad, y una intencionada artificiosidad colorista, con la que Demy subraya su voluntad de estilo.
Y el conjunto está unido por una orquesta de ritmos sencillos pero sinceros, y melodías que impregnan continuamente una historia de eventos que duran al menos 5 años.
Demy usa escenarios de estudio, con una explosión de colores fuertes y la moda de esa década, además de escenarios y situaciones domésticas y estereotipadas, por ejemplo, la tienda de paraguas, es una invención del director, ya que no existían tiendas destinadas a ello...
Por encima de estos rasgos, la arriesgada propuesta del realizador, ofrece por un lado, un arraigo asombroso con las mejores virtudes del melodrama cinematográfico, esa ya antes señalada intención de buscar apelar a la sensibilidad más extrema del espectador, marcando una evolución con propuestas precedentes de “cine ópera”, poniendo en la práctica un deslumbrante ejercicio de “mise en scène”, que además, se basa en una historia sencilla, simple, aparentemente reiterada, pero que en el fondo no es más que la actualización de la eterna historia consustancial al ser humano, de la infelicidad de las relaciones afectivas y amorosas.
La aparente simetría que insinúa Demy es interesante:
Ambas parejas lograron casarse y tener hijos, y deja poco margen para la felicidad.
El lazo de sangre entre Geneviève y Guy, que representa la niña, ha sido sacrificado para favorecer una perspectiva económica que algunos todavía identifican con la noción de progreso.
Todos los caminos, conducen al mismo desenlace:
El amor sacrificado por el dinero.
Una aproximación posible al mundo filmado por Demy, nos invita a considerar la desaparición de una concepción del amor ligada a valores absolutos:
Lo insobornable, lo desmesurado, lo incorrupto, explorada en los clásicos musicales de final feliz.
Los tiempos modernos, parece sugerir Demy, no son propicios para la supremacía del amor.
Vivimos en un mundo donde las aspiraciones materiales, la búsqueda del “confort”, a veces equívocamente asociado al gastado adagio de “la vida digna”, marcan el compás de las relaciones humanas.
Y tenemos las oposiciones:
Cherbourg/París; provincia/capital; clase media/aristocracia; dependencia laboral/independencia económica; sacrificio/progreso, todo ello marca todo el metraje.
Demy, utiliza el lenguaje de una fábula romántica en clave musical, para plantear la crudeza de la sociedad capitalista:
Al final, Geneviève llega a la gasolinera de Guy, a bordo de un confortable automóvil, luciendo un abrigo costoso, y sentimos que la joven idealista, sentimental y segura, se ha convertido en una mujer práctica, convencional, previsible, insegura y parca como un diamante.
Geneviève ha sido deglutida por el sistema al que decidió ingresar siguiendo ya no, solamente la obstinación de su madre, sino su propio deseo de “Cenicienta” que encontró el zapato justo en las manos de un joyero.
El progreso de Guy, en cambio, tiene un límite dado por su modesta pero genuina ambición provinciana.
Así, Les Parapluies de Cherbourg explora la frustración de una relación sentimental motivada por la inconstancia y la ambición de ascender en la escala social.
Toda historia de amor, narrada con mayor o menor fortuna, la puesta a prueba de los sentimientos en una sociedad que desconfía cada vez más de las epopeyas románticas; y suele pensarse el amor, al menos en las sociedades modernas, de 2 maneras:
Como un fin práctico para “sentar cabeza”, es decir, fundar una sólida estructura familiar, y encontrar sosiego en la paz del hogar tradicional; o como un medio para la superación económica y la obtención de un mejor posicionamiento social.
Recordemos la época de nuestros ancestros, cuando se convenían los matrimonios entre familias socialmente afines, que estrechaban, mediante la unión marital, vínculos económicos.
Cambiaron los métodos, ya no son necesarios esos procedimientos, porque sus ventajas fueron asimiladas por las sociedades modernas, domesticadas, debidamente condicionadas por los prejuicios de clases, donde todo progreso es una antonomasia del beneficio económico.
Por otra parte, el conflicto en sí, La Guerra de Argelia, rara vez se menciona:
El largo período de servicio militar de Guy; una emboscada contra una patrulla francesa; un ataque con granadas...
Se trata principalmente de las consecuencias de la guerra en la vida cotidiana que se cuentan:
La separación de una pareja, o el impacto en un joven, la confía en el futuro; y al regresar del frente, amargado y desilusionado; siendo una de las pocas películas francesas que han hablado del conflicto, y una manera muy atrevida para el cine francés.
Y llegamos al tema musical, que comúnmente refleja esperanza y ensoñación, es un canto a la vida y al amor; y la obra de Demy es más una muestra de que fenómenos sociales como el clasismo y la guerra, son capaces de destrozar los vínculos más amorosos del mundo.
Peor aún, refleja que el ser humano es capaz de conformarse con la vida que le ha correspondido vivir, aún a pesar de que su cuerpo y su mente deseen otras cosas.
La metáfora con los paraguas, resulta entonces muy atinada.
En una ciudad como Cherbourg, cada quien debe decidir cómo vivir su vida; de ahí los colores de los paraguas.
Cuando llueve, puedes correr para llegar a tu destino, quedarte en casa, y evitar mojarte, o salir con un paraguas para  cubrirte, y seguir adelante.
La manera en la que cada quien es dueño de sus actos, es algo tan personal como un paraguas; por ello los hay de muchos colores, formas y tamaños.
Esto Demy lo deja muy claro, y contundente en su secuencia inicial, en donde no sólo se condensa esta metáfora, sino que además nos muestra el estilo visual de la obra que catapultó a la fama, a la joven Catherine Deneuve, que entonces contaba con 20 años de edad, y que fue doblada por la cantante Danielle Licari.
Una bellísima Catherine Deneuve, demostraba su calidad como actriz con su aire angelical y su genuina belleza juvenil, conduce el filme y le imprime un tono sentimental; tanto que se adueña de cada momento en el que aparece en pantalla, y a pesar del gran trabajo de Nino Castelnuovo, es imposible no centrar nuestra atención en ella.
Comienza siendo tan angelical, y concluye convertida en una mujer tan madura, que es casi increíble ese cambio, esa transformación que no presenciamos, pero que de seguro no le resultó nada fácil.
Mientras que Guy también cambia, y la interpretación de Castelnuovo es maravillosa, un actor italiano que apenas hablaba francés.
Sus sentimientos y devoción hacia Geneviève, no están en tela de juicio, y podemos ver ese amor que le tiene, con solo mirarlo a los ojos, y observar su comportamiento cuando la tiene cerca.
Juntos, forman una de las parejas en pantalla más memorables de la historia del cine; es tal la química entre ellos, que logran transmitir todo ese amor adolescente, joven, con cada mirada y con cada gesto, con cada paso y con cada palabra recitada/cantada.
Y es que, desde que se grabó la música, los actores ensayaron 3 meses antes del rodaje, y Demy daba indicaciones de cada escena, tanto a ellos como a los cantantes que los doblaban, y Legrand les marcaba el tono melódico; tiempo suficiente para que ambos lograran traspasar sus sentimientos al espectador.
Siguiendo con el reparto, a diferencia de la madre de Geneviève, Élise acepta la relación de inmediato, y respeta el enlace.
Guy y Élise tienen una vida modesta; sin embargo, cuando Élise muere, deja una herencia suficiente para que Guy abra una estación de servicio, y finalmente se casara con la enfermera.
Un dato de producción dice que al principio, el coche negro que llega al garaje donde trabaja Guy, y que le pide le ayude con los problemas, es en realidad Roland Cassard, y se le puede ver 2 veces más:
Cuando Roland visita la tienda de paraguas, para dar a Madame Emery el dinero por su collar de perlas, y de nuevo, el coche en la boda.
La matrícula es la misma, y se puede ver en esta última escena, y compararla con la primera.
Otro dato es que Roland le dice a la madre de Geneviève, que una vez amó a una mujer llamada “Lola”
Lola, es la película de Demy, del año 1961, en la que Marc Michel interpreta al mismo personaje de Roland.
Estas reapariciones de personajes, son también muy características de la cinematografía de Jacques Demy.
Los niños, en la escena final, tienen conexiones personales con los cineastas:
La hija de Geneviève, Françoise, es interpretada por la hija adoptiva de Jacques Demy y Agnes Varda:
Rosalie Varda-Demy.
Y el hijo de Guy, François, es interpretado por el hijo del compositor Michel Legrand; de hecho, la cantante Christiane Legrand, hermana del compositor, dobló al personaje de la madre de Deneuve.
Otro dato, es que la película fue rodada en Eastmancolor, lo que hizo que con el paso de los años, las cualidades del color se fueran perdiendo...
La mujer del realizador, Agnes Varda, coordinó la restauración de Les Parapluies de Cherbourg, a partir de negativos que se tenían archivados.
Y Rosalie Varda-Demy, fue miembro del equipo del proyecto de restauración de esta película en 2013, al celebrarse los 50 años del estreno.
No obstante, en Les Parapluies de Cherbourg encontramos 2 errores de producción:
En el principio, la película es fijada en 1957, y vemos una imagen en el armario de Guy, en el trabajo, de Marilyn Monroe, que lleva una camisa anaranjada de cuello alto.
La fotografía, fue tomada por George Barris en 1962, durante su última sesión fotográfica.
Y en el acto 1°, la joven pareja va al teatro para ver la ópera “Carmen”...
Pero la pista de sonido que se utiliza en esta escena, definitivamente no es de “Carmen”
Es sólo una pista de música que suena vagamente operística…
A pesar de ello nos quedan todos los encuadres de la pareja, los colores y la música, así como escenas como cuando comienza La Guerra de Argelia, y Guy debe partir, y al poco tiempo, ella descubre que está embarazada...
El reencuentro, años después, es poderoso como desgarrador.
Aunque Les Parapluies de Cherbourg, parece que se aleja del género musical, al que en teoría pertenece, para darle paso a una nueva forma en la que ya no son sólo piezas musicales que acompañan los pensamientos de los personajes, sino que va mucho más allá, haciendo del canto su forma de expresión; es casi una ópera audiovisual moderna, en la que cada personaje tiene un matiz musical y un tema.
Los personajes, en vez de cantar episódicamente textos musicales, recitan con un melodioso encanto, y una sorprendente orquestación, frases de una banalidad digna de telenovela, y no lo tomen a mal…
No creo exagerar al decir que es un clásico del cine francés, el momento clave en que Geneviève pide que le llenen el tanque de gasolina, pero recitando las frases con un sentimiento y una tristeza que ridiculizan hasta la emoción de “The Sound Of Music”
Por último, hay que decir que formalmente, la obra es operística, con la trama avanzada completamente a través del diálogo cantado con música de acompañamiento; es una realidad cantada, sin adornos ni poesía.
La música es la encargada de llevarnos a través de las vidas de Geneviève y Guy; es la encargada de demostrarnos los sentimientos de estos, ya que esta se sucede a su ritmo.
La precisión y eficacia que transmite la partitura, es emocionante, llegándonos a lo más hondo de nuestro ser, con cada sonido.
Todos, llevan sus papeles con una mezcla de gracia y sentimiento que conmueve a través de la música.
Todos superan con elevada nota, la dificultad de no caer en el ridículo, pues no es fácil pasarse una película entera, cantando sin parecer bobo, o artificial.
Por ello, el trabajo musical de Michel Legrand, es digno del más grande; su capacidad de llegar hasta lo más profundo de nuestro corazón, es admirable; ya sea buscando un sentimiento de regocijo o tristeza, el objetivo se cumple cada vez que se lo propone, y no dejamos de maravillarnos hasta los instantes finales de la majestuosidad que esas notas conllevan.
Es indiscutible, que la partitura creada por Legrand, está entre las más memorables de la historia del Séptimo Arte.
El tema central, logra remover lo más interno del más duro de todos; es simplemente, perfección y belleza.
El tema es “Je ne pourrai jamais vivre sans toi”, el cual alcanzó celebridad internacional, y estableció la reputación del compositor Michel Legrand en Hollywood, donde más tarde anotó otras películas, ganando 3 Premios Oscar.
En EEUU, 2 de las canciones de Les Parapluies de Cherbourg, se convirtieron en éxitos, y fueron grabadas por muchos artistas:
La principal, bajo el título de “I Will Wait For You” y “Watch What Happens” originalmente “Recit de Cassard”; recibieron nuevas letras en inglés, por el letrista Norman Gimbel; siendo la interpretación clásica de Tony Bennett de la canción del tema central, la agregada a una versión del CD de la banda sonora.
En definitiva, Les Parapluies de Cherbourg no es sólo un experimento, es la prueba irrefutable de que la música es un perfecto motor para contar historias.
“Vous pensez que vous êtes amoureux, mais l'amour est quelque chose de différent.
Vous ne tombez pas juste en amour avec un visage dans la rue”
(Crees que estás enamorada, pero el amor es algo diferente.
Usted no se enamora de una cara en la calle)
Convertida en una película de culto, y en una de las cumbres del cine romántico de todos los tiempos, Les Parapluies de Cherbourg vista hoy, permanece como una experiencia única, capaz todavía de emocionarnos y de tocar las fibras más sensibles y profundas de nuestro corazón.
Probablemente, 50 años después de su realización, parezca un drama un tanto pasado de moda, y hasta un tanto empalagoso y edulcorado…
Creo que no es menos cierto que, pese a sus defectos, Jacques Demy ha logrado técnicamente, una obra fresca, natural, estimulante, con unos movimientos de cámara armónicos, naturales, y un dominio del espacio escénico, una obra que nos sigue conmoviendo, tanto tiempo después.
Porque:
¿Quién nunca tuvo que atravesar una desilusión amorosa?
¿Quién nunca dejó ir algo por causas de fuerza mayor?
¿Quién no recuerda con anhelo aquel primer amor, que parecía lo más bello de nuestras vidas, y que nos daba la sensación de que nada podía estar mal?
La razón por la cual Les Parapluies de Cherbourg nos llega tanto, es porque lo que vemos en pantalla, somos nosotros mismos.
Son jóvenes que viven el uno para el otro, incapaces de vivir el uno sin el otro.
Y es tan increíble la forma en que lo retratan, que es imposible no sentirse identificados con sus vivencias, aunque no nos hayan tocado a nosotros; no empatizar con ellos, y sentir lastima cuando vemos que las cosas no salen como deberían.
Al final de Les Parapluies de Cherbourg, estamos destrozados, enojados con la vida, y desilusionados con el amor...
Jacques Demy, logró no solo un film “en chanté”, sino una de más hermosas y tristes historias de amor y desamor que jamás se han visto en la pantalla, así como una obra maestra absolutamente irrepetible.
Con ella, vivimos El Séptimo Arte, o mejor dicho, El ARTE mismo.

“L'absence est une chose drôle.
Je me sens comme Guy il ya des années.
Je regarde cette photo, et j'oublie à quoi il ressemble vraiment.
Quand je pense à lui, c'est cette photo que je vois”
(La ausencia es algo gracioso.
Siento que Guy se fue hace años.
Miro esta foto, y me olvido de cómo es realmente.
Cuando pienso en él, es esta foto la que veo)



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