Maria Callas: Débuts à Paris

“Maria Callas chante ce soir…”

Se conoce como “Ordre National de La Légion d'Honneur” a la más conocida e importante de las distinciones francesas, que fue establecida por El Emperador Napoleón I de Francia, en 1804; que tenía como primer objetivo, la reestructuración del cuerpo social de Francia, fracturado por La Revolución de 1789.
El nombre de “Legión”, se tomó de La Roma Antigua, en la que “las legiones constituían la elite de los ejércitos romanos”
La Orden se concede a hombres y mujeres, ya sean franceses o extranjeros, por méritos extraordinarios realizados dentro del ámbito civil o militar en ese país.
En el transcurso de la historia, el prestigio de La Legión de Honor siguió creciendo, y en 1914, cuando estalla La Primera Guerra Mundial, La Orden cuenta con 50 mil “legionarios”
Los terribles combates de La Gran Guerra, y los actos de heroísmo de los soldados, tienen como consecuencia, un crecimiento de los miembros de La Legión de Honor, muchas veces lesionados o inválidos a consecuencia de las heridas recibidas en combate.
Tal es así, que se hace necesario en 1921, la creación de La Société d’Entraide des Membres de La Légion d’Honneur (SEMLH) por El General Dubail, para reafirmar y desarrollar la solidaridad entre los legionarios, y socorrer a los más necesitados, inválidos o lesionados.
Con el tiempo, La SEMLH se consolida y amplía sus actividades.
Hoy en día cuenta con más de 60 mil miembros, y está presente tanto en Francia como en numerosos países del mundo, con sus secciones locales, agrupando en una misma fraternidad, legionarios extranjeros y franceses.
El carácter de La Legión de Honor, es meramente honorífico, por lo que su concesión no va acompañada de una compensación económica, o de cualquier otro tipo.
La Medalla consta de 2 caras:
En una aparece el rostro de una mujer de perfil, la efigie que representa a La República; y en la otra, 2 banderas tricolor francesas cruzadas.
En la actualidad, El Gran Maestre de La Orden, es El Presidente de La República Francesa.
Las medallas tienen 5 categorías, que en orden ascendente, son:
Legión de Honor /Chevalier; Oficial de La Legión de Honor /Officier; Comandante/Commandeur; Gran Oficial de La Legión de Honor/Grand Officier; y Gran Cruz de La Legión de Honor/Grand-Croix.
La Gran Cancillería de La Legión de Honor, encargada de gestionar la entrega de la distinción, está liderada por El Gran Canciller; y entre otras atribuciones, su deber es nombrar como Gran Maestre de la institución, a cada nuevo Presidente de La República; por tanto, François Hollande recibió estos poderes durante una ceremonia celebrada el 15 de mayo de 2012.
Hasta el año 2000, solamente 61 personas han sido distinguidas con La Gran Cruz.
Progresivamente, La Orden de La Legión de Honor, se abre y se moderniza; y toma en cuenta a los miembros de todas las categorías socio-profesionales, y particularmente, a los héroes de los grandes descubrimientos de las últimas décadas; pero numerosas también fueron las condecoraciones otorgadas a lo largo del tiempo, a símbolos y entidades que se distinguieron, y se consideraron merecedores de La Legión de Honor por su heroísmo o su sacrificio.
La Legión de Honor, entre sus diversas actividades y eventos para recaudar fondos para fines alturitas, están los conciertos con asistencia de grandes personalidades.
“Casta Diva, che inargenti queste sacre antiche piante, a noi volgi il bel sembiante senza nube e senza vel...”
Maria Callas: Débuts à Paris es un documental musical, del año 1958, dirigido por Roger Benamou.
Protagonizado por Maria Callas, Tito Gobbi, Jean Paul Hurteau, Albert Lance, Jacques Mars, Louis Rialland, Georges Sebastian, entre otros.
Maria Callas fue, por supuesto, una de las cantantes más importantes, aunque también controvertidas en algunos aspectos, de la segunda mitad del siglo XX, e incluso del propio siglo.
Su nombre, está asociado en la memoria colectiva a Aristóteles Onassis, el gran amor de su vida.
Nacida en Estados Unidos, es considerada la cantante de ópera más eminente; que fue capaz de revivir el bel canto en su corta pero importante carrera, y fue llamada, “La Divina” como antes lo fue la célebre Claudia Muzio, por su extraordinario talento vocal y actoral.
En vida, Maria Callas fue una leyenda:
Desde su muerte a los 53 años, el 16 de septiembre de 1977, ella vive en la memoria del público en general, más allá del círculo de fanáticos de la ópera.
La Callas era real en el escenario, como ninguna otra cantante:
“Comparada con ella, la mayoría de cantantes eran tan solo agradables al oído, pero era como si ellos estuvieran desconectados de la realidad”, recuerda Renata Scotto.
Callas nos hablaba en el presente; por lo que no necesitamos decir nada más al respecto.
Aún hoy, genera controversia su peculiar voz, de registro amplio, y que unida a su dominio de la técnica, le permitió cantar roles desde soprano ligera, a los dramáticos, incluso de mezzo, y alternar entre personajes de coloratura ágil y dramáticos pesados, con éxito.
También es recordada por rescatar diversos personajes de la ópera, en su esencia dramática y expresiva, incluso del olvido.
Pero su voz no era la más bella de los instrumentos; y tampoco era fea.
No importa si gusta o no su voz, o la tasa de su técnica altamente o no, que sonaba a veces como si hubiera pausas entre los registros; la calidad de su arte y las habilidades interpretativas, son innegables.
Tenía una excelente musicalidad, y claramente sentía y entendía cada palabra que cantaba, y lo que su personaje estaba pasando.
Y cuando se trata de actuar y cantar, Callas era incomparable, como cuentan quienes tuvieron la dicha de verla en vivo, y en lo pocos registros suyos que se conservan; como este concierto de 1958, de 107 minutos de duración, representa un documento histórico y perfecto para apreciar el talento de La Divina, que por sí solo es notable, pero aún más importante, porque este fue su tardío debut en París.
Y es que para ese año, La Divina ya era conocida por ser “temperamental”
Maria provocó titulares de escándalo, en una representación de Norma, en la ópera de Roma, el 2 de enero de 1958, en honor del Presidente de Italia, Giovanni Gronchi, y su esposa.
Desgraciadamente, esa noche Maria contrajo un resfriado, y se informó al teatro, de que se le debían sustituir, pero La Scala se negaba a hacerlo.
Por tanto, Maria, contra las órdenes de los médicos, salió a escena, pero tuvo claro desde la primera nota, que su voz estaba en mala condición.
Al final del I Acto, media audiencia no se mostraba satisfecha...
Por lo que Maria huyó rápidamente por una puerta trasera, y anunció que lo había hecho, porque no estaba a la altura del público milanés.
Al avisar al teatro de su situación vocal, el teatro había respondido:
“Nessuno può sostituire La Callas”, es decir, “Nadie puede sustituir a La Callas”
Lo que enfureció al público milanés.
El público estaba rabioso, pero Maria fue excusada cuando recibió la llamada de la señora Gronchi, quien le aseguró que ni ella ni su marido se habían ofendido.
Y 3 meses después, Maria cantaría junto al joven tenor canario Alfredo Kraus en Lisboa, en una de las representaciones más aclamadas de La Traviata, de Verdi.
Esta función, dirigida por Franco Ghione, el 27 de marzo de 1958, es considerada, pese a su sonido precario, como la mejor grabación de esta ópera; de hecho, se ha venido descubriendo fragmentos filmados de esas funciones.
Ese mismo año, su arte llegó a distintos lugares del mundo:
Chicago, Berlín, Viena, Filadelfia, Washington, Dallas, Colonia, Edimburgo.
A mediados de dicho año, Maria Callas representa en el Covent Garden de Londres, con La Traviata; y cerró ese especial año, con este recital en directo, celebrando su debut en La Ópera Garnier de París, el 19 de diciembre, que fue transmitido a más de una docena de países en Europa, y que inició su relación entrañable con la ciudad, donde terminaría sus días.
En total, La Callas cantó 47 personajes, incluyendo Smaragda en O Protomastoras de Kalomiris, en 1943, su único papel en una ópera contemporánea.
Y de las 15 óperas más representadas por ella, solo 4 extractos se presentaron en este famoso Débuts à Paris, que en orden, corresponden a:
El primer puesto, Norma con 89 funciones dadas entre 1948 y 1965; el 3° puesto es Tosca con 51 funciones dadas entre 1942 y 1965; y el 9° puesto a Il Trovatore con 20 funciones dadas entre 1950 y 1956.
Los restantes 32 personajes, recibieron menos de 10 funciones cada uno; como lo fue Il Barbiere di Siviglia, con tan solo 5 presentaciones.
Para esa época, de 1958, Callas ya había hecho de Norma su “firma personal vocal”
Norma, siendo la Norma arquetípica, triunfó como tal durante toda su carrera; y se destacó como la más prominente, la Norma junto a Del Monaco y Simionato, en La Scala, en 1955.
Mientras que Tosca era más para presentar su dramatismo, siendo la referencia absoluta, la sesión de grabación con Victor de Sabata, en 1953; inclusive, en vivo, hay una famosa versión con Dmitri Mitropoulos, en el Metropolitan Opera de New York, en 1956.
Con Il Trovatore, Callas ya tenía una grabación célebre con Herbert von Karajan, realizada en 1956.
Por otro lado, ya había grabado la obra maestra de Rossini, Il Barbiere di Siviglia, con Alceo Galiera en 1957.
Ciertamente, diversas grabaciones en estudio o funciones en vivo, son consideradas por críticos y el público, como versiones definitivas, o la mejor hasta la actualidad… o en todo caso, reconocidas ampliamente como “legendarias”
Y de sus máximas creaciones, solo Norma y Tosca, seguidas en menor grado, por Il Trovatore, e Il Barbiere di Siviglia, fueron usadas casi exclusivamente para material de concierto, como este, y no como ópera completa.
Así las cosas, Maria Callas: Débuts à Paris, también llamada “La Grande Nuit de L'Opéra, en su totalidad es una delicia visceral sobre un alto nivel artístico, y puede ser justamente recomendada para su inclusión en la librería cinematográfica de todos los devotos de Callas, y del drama musical en general.
Aspectos varios, hay que decir que el programa costó 3 mil francos, unos $500 al 2016; y los lugares se vendieron en 20 mil francos, unos $3.250 al 2016.
Todo lo recaudado, fue en beneficio de las obras de La legión de Honor y a La Sociedad de Ayuda de Londres.
Hay que señalar, que no hubo invitados, ni se dieron concesiones a la prensa, todos y cada uno de los presentes, pagaron su entrada en beneficio de La Legión de Honor.
El programa consistió en una obertura a cargo de La Orquesta del Teatro Nacional de La Ópera de Paris, dirigida por Georges Sebastian, y 2 partes para lucimiento de La Divina, con un intermedio:
La primera parte está compuesta por arias y escenas de ópera; y la última parte es una representación, escenificada de una ópera.
Posteriormente, en el año 2001, salió un DVD editado de este concierto, con el nombre de “La Callas... Toujours – París 1958” cuya imagen fue tratada y reconvertida de 4:3 a 16:9 en HD, el sonido remasterizado a 1080i en estéreo/5.1 surround, y muchos de los detalles omitidos, como la introducción y la narración del evento.
En definitiva, Maria Callas: Débuts à Paris, es la última fase de la carrera de Callas, que tuvo un declive posterior, hasta 1964, año de su retiro, y que hizo un “revival” en los 70s, bastante penoso.
“L'Opéra Italien a Paris”
Durante su exitosa carrera, Maria Callas adquirió gran reconocimiento, tanto por su presencia escénica y dotes actorales, como por su talento vocal, a pesar de ello, apenas existen grabaciones audiovisuales de sus actuaciones.
Para 1958, Maria Meneghini Callas, casada entonces con su manager, Giovanni Battista Meneghini, ya era famosa:
Desde su debut internacional en La Arena de Verona; era una leyenda en EEUU, México, Brasil y Argentina, así como en Inglaterra y Alemania, inclusive, físicamente hermosa desde hace unos años por su pérdida de peso.
Y el 19 de diciembre de 1958, Callas hizo su gran debut en Francia, en La Ópera de París, durante La Gala de La Legión de Honor, en presencia del Presidente de La República, René Coty.
La televisión estaba ahí, y este documental es una prueba de la supremacía de Maria Callas en Europa y entre la élite francesa, que por primera vez la escuchará cantar.
Para este debut, o cualquier interpretación suya, fue un triunfo.
Callas está en buena forma y con buena voz aquí, tiene un repertorio muy exigente para cantar, no suena grave, y ofrece el estado de ánimo contrastante de las arias y los conjuntos brillantes.
Sin embargo, en la parte del registro técnico, el concierto parece tener ocasiones en las que la imagen y el sonido pueden mostrar los defectos de la época, y el tiempo, pero está excepcionalmente montado y filmado; y una vez que tenemos en cuenta que la tecnología no era tan avanzada como lo es ahora comparativamente, cualquier cosa que se muestre como “técnicamente defectuoso”, puede ser ignorado como el hecho que se escucha el “teleprompter”, y en el silencio sepulcral, el sonido de la tos y los aplausos, inevitables entre los asistentes; pero sobre todo, nada obstaculiza el alto rendimiento en sí.
El Coro del Teatro Nacional de La Ópera de Paris, canta bellamente, y captura la esencia de la música que están interpretando; particularmente bueno es el “Miserere” de Il Trovatore.
Mientras El Maestro, Georges Sebastian, mantiene muy bien las cosas, moviéndose rápidamente, mientras sigue transmitiendo el drama, y acomodando a los cantantes en cada una de sus partes.
Esta obra es indiscutiblemente importante para la historia musical, pues ofrece imágenes filmadas durante ese debut en París de La Divina Maria Callas, en una lluviosa noche del viernes, donde, dentro del Palacio Garnier, más tarde Teatro Nacional de La Ópera de París; el coro y la orquesta residentes, son bien manejados y ejecutados por Sebastian, apropiadamente, por lo que en consideración a la importancia de un evento que provocó un veredicto crítico de brillantez, atribuida a la mejor soprano dramática de la segunda mitad del siglo XX, sobre la que ha crecido una industria estética, desde su muerte prematura, disponiendo de una gran cantidad de pensamiento contradictorio para cada opinión considerada.
Esta noche titulada “La Grande Nuit de L'Opéra”, estuvo llena de emoción, desde que vemos llegar a los distintos dignatarios, incluyendo:
René Coty, Presidente de Francia, en su último acto oficial, mientas es recibido en La Plaza de La Ópera de La Academia de Música del Palacio Garnier, por:
Michel Debré, Guardia de Recursos; Mr. Guillaumat, Ministro de La Armada; Mr. Berthoin, Ministro de Educación Nacional; El General Catrou, Gran Canciller de La Legión de Honor; El Médico General, Mr. Villois, Presidente de La Legión de Honor; Mr. Hirsh, Administrador General del Teatro Lírico; Mr. Longui, Director del Teatro de La Ópera; y Mr. Chavan-Delmas, Presidente de La Asamblea Nacional.
A su entrada, El Presidente de Francia es recibido por la fanfarria de la ópera Aida de Verdi, ejecutada por La Guardia Oficial, mientras asciende por La Gran Escalera; mientras que la cámara se filtra a través del interior del hermoso teatro, mostrando a los otros notables, reconocidos entre ellos:
Charles Chaplin, Juliette Gréco, Brigitte Bardot, Jean Cocteau, y Los Windsor.
La música, por supuesto, es magnífica.
Las selecciones programadas para el concierto, representan lo mejor de la ópera jamás escrito, y algunos de ellos, podrían ser reconocibles, incluso para aquellos que no están familiarizados en la ópera como otros, por ejemplo “Casta Diva” se ha utilizado para los anuncios, y Rossini será familiar para los entusiastas de “Looney Tunes”
Todo el repertorio del programa, está organizado de una manera que cada pieza contrasta con la anterior.
Así tenemos a los intérpretes:
Maria Callas, soprano; Tito Gobbi, barítono; Albert Lance, tenor; Louis Rialland, tenor; Jean Paul Hurteau, bajo; y Jacques Mars, bajo.
Todos ellos con La Orquesta y Coro del Teatro Nacional de La Ópera de París, conducidos por George Sebastian.
Después de una emocionante interpretación orquestal del himno nacional francés, “La Marseillaise”, Sebastián lidera sus acusaciones instrumentales en una animada lectura de la obertura de la ópera La Forza del Destino de Giuseppe Verdi, durante la cual, el trabajo de la cámara es excepcional, mientras observamos a los solistas, y también escaneamos la partitura.
Entonces, la aparición de la cual todos los asistentes han estado esperando:
La entrada de Maria Callas, bellamente vestida de carmesí, dice el narrador; pues la película es en blanco y negro; adornada con diamantes, pendientes y collar; todos los cuales, muy probable y ostensiblemente regaladas por el intoxicante Aristóteles Onassis, que estuvo atento entre la audiencia, y que pronto deseó ser presentado.
La Callas desciende como diosa, de un escenario de 2 plantas; y Paris le da la bienvenida, de manera inmensamente entusiasta.
Las primeras 4 arias del programa, provienen de óperas clásicas y belcantista; y veristas:
1. De Vincenzo Bellini, Norma:
Acto I: “Sediziose voci…”, “Casta Diva”, “Fine al rito…”, y “Ah! bello a me ritorna”
A Norma se le considera un ejemplo de la mayor altura de la tradición belcantista; y “Casta Diva” fue una de las arias más conocidas en el siglo XIX, y continúa siendo una de las más populares del repertorio lírico, así como “piedra de toque” para las sopranos dramáticas de coloratura.
El Acto I, en la ópera tiene lugar en un bosquecillo, y en el cuadro I vemos a un coro de druidas que anuncian que Norma viene…
Ella, por su amor secreto por el romano Pollione, pide la paz.
Pero ella no sabe que él se ha cansado de la envejecida Norma, y que se ha enamorado de Adalgisa; por lo que se dispone a cortar muérdago a la luz de La Luna, con la cavatina “Casta Diva2
Comenzando con “Sediziose Voci” junto al bajo Jacques Mars; en un número bien actuado y cantado por ambos, junto al coro.
A esto le sucede la reconocida especialidad de Callas, el aria “Casta Diva”, nuevamente con coro, al mostrar su superior experiencia dramática, que es gratificada con sendos aplausos, como resultado de su sublime ejecución.
El último par de este conjunto de Norma, proporciona material que demuestra su sólido dominio de la emoción, certificado aquí, por 3 llamadas de cortina.
2. De Giuseppe Verdi, Il Trovatore:
Acto IV: “Vanne…”, “D'amor sull'ali rosee”, y “Miserere”
El Acto IV de esta ópera, es llamado “El Castigo”, y tiene lugar en la escena 1, frente a una celda del castillo:
La heroína, Leonora, intenta liberar a su amante, Manrico, que ha sido capturado por El Conde de Luna, en el aria “D'amor sull'ali rosee”, es decir:
“En las alas rosadas del amor”, y termina con el coro, a dúo con el “Miserere”, diciendo:
“Señor, apiádate de este alma…”
Aquí el coro y el tenor Albert Lance, ayudan a mostrar los bellísimos, melancólicos y patéticos acentos que transmite Leonora, donde vemos a La Callas en un “spotlight” directo, en penumbras, sola en el escenario, donde la vemos actuar a través de sus gestos.
En todas las arias, Maria Callas no solo canta, actúa, representa también lo que está cantando.
3. De Gioachino Rossini, Il Barbiere di Siviglia:
Acto I: “Una voce poco fa”
La historia nos centra en la segunda escena, en La Casa del Doctor Bartolo.
La escena comienza con la cavatina de Rosina, “Una voce poco fa” es decir, “Una vocecita hace poco”
Esta aria fue originalmente escrita en la tonalidad de Mi mayor, para una voz de mezzosoprano, pero a veces se traspone un semitono hasta Fa, para que lo interpreten sopranos de coloratura, dándoles la oportunidad de cantar cadencias extras, ligeramente tradicionales, a veces llegando a res agudos o incluso fas.
La emocionante Rosina de Callas, es perfectamente interpretada por la orquesta, después de lo cual, Callas demuestra ser superior a los requisitos de coloratura formal del aria de esta ópera.
Hay que destacar, que Callas la interpreta de una forma poco convencional, y no solo por ser soprano dramática de coloratura, sino en el artificio y el color, el uso del ornamento, los juegos de artificios, son de un despliegue inusual, nunca antes visto.
Hasta aquí, concluye la primera parte, que obligó a La Divina a salir en más de una ocasión, para calmar el reclamo del público que la ovacionó extasiado.
Tras un intermedio, tenemos la segunda parte del programa:
4. De Giacomo Puccini, Tosca:
Acto II, completo y representado.
Aquí, Tosca es una mujer, cuya vida transcurre entre el arte y su amante Mario Cavaradossi.
Ella es sofisticada, con cierto aire de frivolidad, y totalmente ajena a los acontecimientos políticos.
Uno de los aspectos centrales de esta obra, es la evolución que va sufriendo este personaje frágil, que envuelto en situaciones extremas, jamás imaginadas, alcanza el carácter de una verdadera heroína trágica.
El Acto II tiene lugar en El Palacio Farnese, en Las Oficinas de Scarpia.
La mayor parte de este acto, gira alrededor de la confrontación dramática entre Scarpia y Tosca; y se trata de un desarrollo sumamente violento, que incluye la escena de tortura de Mario, la extorsión de Tosca, y culmina con el asesinato de Scarpia.
Aquí abunda el estilo conversacional, especialmente durante la escena de tortura, lo que acentúa el realismo de la acción dramática.
Y en el medio de esta violencia, la acción se detiene por un momento, y Tosca canta el célebre aria “Vissi d’Arte”, donde se desarrolla el tema de Tosca ya presentado en el primer acto.
En esta aria, Tosca expresa su desconcierto, respecto del momento que está viviendo, sin comprender los motivos por los cuales, el destino la llevó a esa situación extrema.
El último segmento de Maria Callas: Débuts à Paris, es dado pues, a una actuación completa, con traje y decorados de la Tosca de Puccini.
Aquí, Callas canta e interactúa con, entre otros, el barítono Tito Gobbi como El Barón Scarpia.
Gobbi, fue un partido dramático incondicional para Callas, con una actuación de primera, desarrollando gran química entre ambos.
Para Callas, “Vissi d'Arte”, fue un pilar a lo largo de su carrera, y aquí es interrumpida temporalmente, debido a la reacción entusiasta de la audiencia, sin afectar el desempeño del resto de la obra; pues ella está increíblemente convincente, tanto musical y dramáticamente.
Por su parte, Gobbi como Scarpia, es un papel muy difícil, y aquí te das cuenta muchas veces, las dimensiones complejas que tiene el personaje, por lo que Gobbi cumple, tanto con la autoridad y frialdad, casi como un depredador en su interacción con Callas; hasta con un poco de sutileza sexual, pero todo ello cantado con gran musicalidad, en un buen tono, siempre potente.
Como dato curioso, en Tosca, Albert Lance canta su parte en francés, y de muy mala manera, se nota que no tiene química con La Callas.
Pero en su participación al cantar la parte de Manrico, en Il Trovatore, con el “Miserere”; él se oye muy bien, hay química vocal, apasionado en el anhelo de enfrentar la muerte, y eso que está cantando “desde una torre de la cárcel”, es decir, aquí tras el escenario.
Mientras Jacques Mars, que canta la parte de Oroveso en la escena inicial de Norma, lo hace con nobleza y resonancia, su mezcla e interacción con Callas, es fuerte; pero no tan fascinante como la asociación entre Callas y Gobbi, que es algo verdaderamente especial.
Como dato, “el tenor de La Callas”, Giuseppe Di Stefano, desde su Traviata en La Scala, dijo que no volvería a cantar con ella; por lo que no extrañamos su ausencia.
Aparte de la música, y el Scarpia de Gobbi, lo que realmente hace de este concierto memorable, es La Divina misma.
Ella se ve increíble, elegante, y está en su mejor momento, siendo este concierto, el primero que vemos de ella, y el primer registro de una escena operística en vivo, con ella actuando y cantando en buena voz.
Como siempre, su musicalidad es impecable, e incluso cuando está ligeramente restringida en el movimiento, todavía logra traer los estados de ánimo y las emociones de la música, de una manera que no muchos han hecho tan bien como ella.
Sus interpretaciones de “Casta Diva” y “D'amor sull’ali rosee” son inquietantes y emocionantes; “Una Voce Poco Fa” es brillante y deliciosa, con la agilidad para una voz tan dramática, es notable; sin desviar la vista del final:
“El beso de Tosca”
Y es que ese día se encontraba entre los asistentes, Aristóteles Onassis, quien se acercaría para felicitarla en su camerino; pero esa es otra historia…
En definitiva, este concierto, Maria Callas: Débuts à Paris, representa el legado de Maria Callas, en su mejor momento, de los pocos registros fílmicos en vivo de sus presentaciones, pues para el concierto de Hamburgo de 1959, estaba resfriada; y para el de 1962, su voz había cambiado completamente.
Mientras que su presentación de 1962, en Covent Garden, más bien fue una invitación como parte de un evento; y la representación completa del II Acto de Tosca, de 1964, filmado por Franco Zeffirelli en Covent Garden, que lamentablemente no fue grabada completamente, representa su “canto de cisne”
“Io sono docile, son rispettosa, sono obbediente, dolce, amorosa; mi lascio reggere, mi fo guidar.
Ma se mi toccano dov'è il mio debole sarò una vipera e cento trappole prima di cedere farò giocar”
Para 2012, la más alta distinción de Francia, desde su instauración en 1802, por Napoleón Bonaparte, La Legión de Honor, ha sufrido un simbólico revés, después de que el ex Senador, Henri Torre, rechazara la meritoria insignia, al considerar que actualmente se le entrega “a cualquiera.
Los incorrectos y los deshonestos, deberían estar excluidos”, sentenció para justificar su decisión Torre, de 78 años; y se refirió específicamente, a los nombramientos de personas implicadas en asuntos de corrupción, como en el escándalo relacionado con la multimillonaria Liliane Bettencourt, o “El Caso Karachi”
El primero, se refiere a Patrice de Maistre, gestor de la fortuna de la anciana heredera del imperio de cosméticos, L'Oreal, alrededor de la cual, se investiga una supuesta trama política-financiera, que ha salpicado a miembros del gobierno, como el ex Ministro de Presupuesto, Eric Woerth.
Woerth, quien abandonó el ejecutivo ante la media docena de investigaciones judiciales que pesa sobre él, reconoció que había intercedido ante Nicolas Sarkozy, para que De Maistre recibiera La Legión de Honor.
Acusado de abuso de autoridad, complicidad en abuso de confianza, estafa y blanqueo de dinero negro, de Maistre estuvo en libertad, a la espera de juicio, previo pago de una fianza de 2 millones de euros.
Pero conserva la distinción de Caballero de La Legión de Honor, que le fue concedida tras la llegada de Sarkozy al poder, al igual que Nicolas Bazire, íntimo amigo del Presidente francés, e imputado por presunta complicidad y malversación de fondos en “El Caso Karachi”, que versa sobre el pago de comisiones ilegales a Pakistán, en la venta de submarinos galos en los años 90.
Otra de las sonadas polémicas, está relacionada con el decreto que en 2008 firmó Sarkozy, para conceder la distinción automáticamente a los ex Primeros Ministros que hubieran permanecido en el cargo, al menos durante 2 años.
Aquella decisión, le costó su condecoración, a uno de los mayores enemigos políticos de Sarkozy, Dominique de Villepin, al que le faltaron 15 días de servicio para ganarse el derecho a recibir la insignia.
Sin embargo, no todos los nombramientos resultan controvertidos, y en la lista de 829 personas que recibieron tamaña condecoración con la llegada del 2012, se cuentan nombres como La Secretaria Perpetua de La Academia Francesa, Hélène Carrère d'Encausse, o el ex alpinista y ex Secretario de Estado de Deporte y Juventud, Maurice Herzog.
También, entonces fueron recompensados con La Legión de Honor, la actriz Salma Hayek, esposa del Presidente del grupo de productos de lujo, Pinault-Printemps-Redoute (PPR); el francés François-Henri Pinault, y el suegro de la mexicana, François Pinault, de 75 años.
Pero, sin duda, los nombres que más brillan entre los más de 100 mil, que en algún momento fueron condecorados con La Legión de Honor, son aquellos vinculados a la cultura popular o el deporte, como los de directores de cine de la talla de Steven Spielberg, David Lynch, Clint Eastwood, Emir Kusturica, o Alfred Hitchcock; actores como Sean Connery; y productores como Walt Disney.
También, se pueden hacer llamar “Caballeros”, compositores como Georges Bizet o Isaac Albéniz; así como cantantes como:
Joan Baez, Joan Manuel Serrat, Celine Dion, Cesária Evora, o los franceses, Barbara, Johnny Hallyday, y Alain Bashung.
Mientras del mundo del deporte, destacan los pentacampeones del Tour de Francia, Bernard Hinault, Eddy Merckx, Miguel Indurain, y el eterno aspirante, Raymond Poulidor; futbolistas como Zinedine Zidane; y leyendas vivas del mundo del motor, como el 8 veces Campeón del Mundo de Rallys, Sebastian Loeb, y el heptacampeón de Fórmula Uno, Michael Schumacher.
Otros accedieron al honor, a través de la pintura, como Henri Matisse; de la alta costura, como John Galliano; de la filosofía y la sociología, como Gilles Lipovetsky; de la literatura, como Rosa Regàs y Fernando Arrabal; de las finanzas, como el banquero, Antoine Jacob Stern; o de los negocios, como el magnate francés, Arnaud Lagardère; o el ruso Mijaíl Prójorov.
Cualquier nombre de prestigio, que en su profesión haya firmado “méritos extraordinarios”, es susceptible de ser condecorado, como elegido, como demuestran los variopintos casos de la ex rehén colombo-francesa de Las FARC, Ingrid Betancourt; la actriz uruguaya, China Zorrilla; el chef Alain Ducasse; o la directora gerente del FMI, Christine Lagarde.
Irónicamente, Maria Callas nunca recibió La Orden.

“Miserere d'un'alma già vicina alla partenza che non ha ritorno.
Miserere di lei, bontà divina, preda non sia dell'infernal soggiorno”



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