War Dogs

“What do you know about war?”

Durante La Guerra Fría, el mundo estuvo inmerso en una carrera de armamentística; millones de armas eran almacenadas en secreto en Europa del Este, a punto para una guerra con el bloque occidental.
Cuándo La Guerra Fría acabó, y la amenaza inmediata de violencia desapareció, los traficantes de armas empezaron mover estas cantidades ingentes de armamento; y se formó un “mercado gris”, donde los gobiernos legítimos podían adquirir armas a compradores sancionados de forma ilegal.
Se cree que El Pentágono accedió a este nuevo mercado de suministros, para armar las milicias en Irak y Afganistán.
El problema era que no podía entrar a este mercado negro directamente, sino a través de intermediarios “sucios”, como una compañía llamada AEY Inc.; pero primero un dato:
La industria armamentística, es un negocio global que abarca la fabricación de armas, de tecnología y equipos militares.
Incluye la industria comercial dedicada a la investigación, desarrollo, producción y servicio de material equipos e instalaciones militares.
Las empresas productoras de armas, también conocidas como “contratistas de defensa” o “de la industria militar”, producen armas principalmente para las fuerzas armadas de los estados.
Departamentos de gobierno, también operan en la industria de las armas, la compra y venta de armas, municiones y otros artículos militares.
Los productos incluyen armas de fuego, municiones, misiles, aviones militares, vehículos militares, barcos, sistemas electrónicos, entre otros.
La industria de armas, también lleva a cabo proyectos de investigación y desarrollo.
Se estima que cada año se producen más de $1,5 billones en gastos militares en todo el mundo, un 2,7% del PIB mundial; lo que representa un descenso de 1990, cuando los gastos militares hicieron un 4% del PIB mundial.
Parte va a la adquisición de equipo y servicios militares de la industria militar.
Las ventas de armas totales de las 100 empresas productoras más grandes del mundo, ascendieron a un estimado de $315 mil millones en 2006.
En 2004, más de $30 mil millones se gastaron en el comercio internacional de armas, una cifra que excluye las ventas interiores de armas.
El comercio de armas, también ha sido uno de los sectores afectados por la crisis del crédito, con un valor total de la transacción en el mercado de reducir a la mitad de $32.9 billones a $14.3 billones en 2008.
Muchos países industrializados, tienen una industria nacional de armas para abastecer su propia las fuerzas militares.
Algunos países también tienen un comercio nacional legal o ilegal sustancial de armas, para su uso por los ciudadanos.
El comercio ilegal de armas pequeñas, es frecuente en muchos países y regiones afectados por la inestabilidad política.
¿Cómo es posible que 2 jóvenes de la calle, se hayan hecho con un contrato del Pentágono de $300 millones?
David Mordechai Packouz, es un ex-traficante de armas, inventor, y ex- masajista.
Mientras su socio, Efraim Diveroli, es un empresario estadounidense-canadiense, dedicado anteriormente al comercio de armas.
Con 14 años, Diveroli se puso a trabajar para su tío, quién tuvo una empresa de suministros para La Policía en el distrito Sur-Central de Los Ángeles.
Diveroli regresó a su casa en marzo de 2001, a la edad de 16 años; después de una disputa con su tío, y le dijo a su padre, que quería abrir una empresa especializada en el comercio de armas, municiones, y los contratos de defensa con El Gobierno de Estados Unidos.
Convenció a su padre para que le vendiese una empresa fantasma:
AEY Inc., cuyas siglas son sus iniciales, y las de sus hermanos.
Su padre la había incorporado como un pequeño negocio de imprenta, sin actividad.
Diveroli mostró una predilección por la venta de armas, y rápidamente se hizo un nombre en la industria.
Su corta edad, y aparente talento, hizo los medios de comunicación locales lo nombraran “niño prodigio” del comercio de armas; pero también luchó con la adicción a las drogas, y también fue etiquetado como un “porrero traficante de armas” por los medios de comunicación.
Su compañía, AEY Inc., era un contratista de armas importante para El Departamento de Defensa de EEUU.
Diveroli empezó trabajar, siendo un adolescente en un apartamento de una sola habitación en Miami.
Equipado con nada más que su ordenador portátil, trató de entrar en la industria, sentado en el sofá.
Empezó a navegar en Federal Business Opportunities (FedBizOpps), un sitio web del gobierno federal, donde se publican contratos y licitaciones oficiales; y empezó a pujar en contratos pequeños con la ayuda financiera de Ralph Merrill, que había trabajado para su tío.
Con 18 años, Diveroli se había en convertido en un millonario, llegando a competir con empresas grandes como Northrop Grumman, Lockheed y BAE Sistemas.
En las palabras de la revista Rolling Stone, Diveroli tuvo “un apetito para riesgo y una ambición que lo devoraba todo”
Packouz, de 23 años, se unió a su socio, Efraim Diveroli, en la empresa de armas AEY Inc., en 2005.
A finales de 2006, habían conseguido 149 contratos por valor de unos $10,5 millones, conseguidos explorando Internet en busca de contratos con el gobierno, y mediante el contacto con los traficantes de armas del extranjero.
Después de ir aumentando el tamaño de sus operaciones de forma constante, y de tener un historial exitoso, la compañía AEY Inc., obtuvo un contrato del Pentágono por de $298 millones para proporcionar armas y municiones a las fuerzas aliadas en Afganistán.
Para cumplir los contratos de gobierno de los EEUU, Diveroli tuvo que tratar con vendedores de armas de dudosa procedencia, diplomáticos corruptos y mercenarios; y se encontró negociando con ministros de defensa extranjeros, asistiendo a reuniones en embajadas, y atendiendo llamadas de oficiales de alto rango del ejército estadounidense.
A principios de 2007, el contrato de 100 millones de cartuchos para el fusil AK-47, millones de cartuchos para fusiles de francotirador Dragunov, y cohetes para la aviación, se concretó.
La munición que AEY Inc., había conseguido en Albania, para cumplir el contrato, había venido originalmente de China, violando la cláusula del contrato con el Ejército de Estados Unidos, que prohíbe las municiones de China, debido a un embargo de Estados Unidos en la industria militar de ese país.
La munición de 42 años de antigüedad, venía en cajas que se desmoronaban...
AEY Inc., volvió a embalar la munición china, lo que para el gobierno de Estados Unidos constituye fraude.
La cuestión de la munición china, se convirtió en el punto de atención de perturbaciones legales y logísticas durante meses, entre El Ejército de Estados Unidos y El Departamento de Justicia de los Estados Unidos; y AEY Inc., recibió mucha atención de los medios, sobre todo debido a la edad de los jóvenes de Miami Beach:
Traficantes de armas, y con inclinación por la marihuana, se ganaron el epíteto de “los porreros traficantes de armas” o “los colegas”
A raíz de la publicidad, El Ejército de Estados Unidos empezó una revisión de sus procedimientos de contratación; y se les acusó de varias docenas de cargos de fraude, y finalmente fueron declarados culpables por un delito de conspiración.
El gobierno de EEUU, suspendió a AEY Inc., por incumplir su contrato al intentar suministrar munición de baja calidad de 42 años de antigüedad, de origen chino en cajas destrozadas que había intentado volver a embalar.
Violando así el embargo de armas contra China.
Inclusive, El Comité de La Cámara de Estados Unidos de Supervisión y Reforma del Gobierno, dictaminó que la munición era “inservible”; y que AEY había incumplido numerosos contratos anteriores, incluyendo el envío de cascos inseguros, y la falta de entrega de 10.000 pistolas Beretta a Irak.
Antes de su arresto por el delito de conspiración, Diveroli fue detenido en 2006 por golpear a un aparcacoches; y ambos judíos, Diveroli y David Packouz, fueron condenados por fraude.
Una compañía de Diveroli, Ammoworks, continuó vendiendo armas, mientras él esperaba el juicio por conspiración.
A finales de agosto de 2008, se declaró culpable de un cargo de conspiración, y fue sentenciado a 4 años en prisión, el 4 de enero de 2011.
También fue condenado por posesión de armas, estando bajo fianza, y le fue reducida la condena por colaborar en la investigación del caso.
Su anterior socio, David Packouz, fue condenado a 7 meses de arresto domiciliario.
“Hustling their way to the American Dream”
War Dogs es una comedia del año 2016, dirigida por Todd Phillips.
Protagonizada por Miles Teller, Jonah Hill, Ana de Armas, Bradley Cooper, Jeff Pierre, Shaun Toub, Barry Livingston, Kevin Pollak, Brenda Koo, JB Blanc, Trevor Keveloh, Roman Mitichyan, Mehdi Merali, Ashley Spillers, Aaron Lustig, Said Faraj, Ashli Haynes, entre otros.
El guión es de Todd Phillips, Jason Smilovic y Stephen Chin, basado en un artículo de la revista Rolling Stone, escrito por Guy Lawson.
Posteriormente, Lawson escribió un libro titulado “Arms and the Dudes”, detallando la historia.
El actor, Jonah Hill, ha confesado que intentó hacerse con los derechos del artículo original de la revista Rolling Stone, pero entonces descubrió que Todd Phillips ya los tenía.
Por eso contactó con él, y le dijo que le encantaría interpretar a Efraim.
El cineasta, Todd Phillips, ha confesado que le gusta “hacer películas sobre malas decisiones.
Y War Dogs es la historia definitiva sobre 2 tipos tomando una mala decisión clave en sus vidas”
Y nos muestra el mundillo de las pymes, y como cumplir “El Sueño Americano” a costa de una empresa tan lucrativa, como es la guerra.
Vemos el lado dulce de lo que significa ganar dinero, como también su lado más duro, y los peligros que conlleva estar siempre al borde de la ilegalidad; y con el mensaje de que cualquiera puede hacerse millonario, pero aunque la actividad no sea completamente legal, siempre actúa de forma recta, ya que si andas intentando cagar a la gente, a la que menos esperas te puedes hundir.
Como en el caso de “The Wolf of Wall Street” (2013), da la impresión que War Dogs festeja más, que condena a la dupla.
Y algo de eso hay, ya que en una industria de robos billonarios de guante blanco, los engaños de estos amigos de la yeshivá de Miami, metidos en medio de una guerra absurda y ridícula, son casi un detalle de color.
Durante la producción en Miami, se usó el código “AK-47”, como nombre secreto para referirse a la película, que originalmente estaba titulada como “Arms and the Dudes”, después del artículo en el que se basó.
Hay que admitirle el ramalazo de comedia, aunque lo cierto es que tiene más intenciones de fábula moral contra el negocio de la guerra.
El diseño del cartel, es una parodia del cartel icónico de “Scarface” (1983) de Brian De Palma, que se refiere mucho, a través de la película, por los caracteres principales.
War Dogs ha sido calificada como “R” por su fuerte lenguaje, por el uso de drogas, y por tener bastantes referencias sexuales.
Toda la acción realizada en Albania, se rodó realmente en Rumania, incluso el idioma de los trabajadores en el almacén, es rumano; pero también tuvo lugar en localizaciones de Los Ángeles, Miami, y Burbank.
La acción es narrada en voz “en off”, y sigue a Efraim Diveroli (Jonah Hill) y David Mordechai Packouz (Miles Teller), 2 ambiciosos veinteañeros de la costa de Florida, que se dedican a comerciar con armas para ganar grandes sumas de dinero.
Durante La Guerra de Irak, los 2 amigos aprovechan una brecha poco conocida en el sistema, que permite a las pequeñas empresas, pujar por contratos con el ejército de Estados Unidos.
Así es como, empezando con negocios insignificantes, poco a poco logran vivir lujosamente en Miami Beach.
Pronto, ellos crecerán, y también sus contratos.
La idea inicial, es agarrar los contratos que licita el ejército, que son demasiado pequeños para los grandes proveedores, sin embargo, la posibilidad de ganar un contrato, llevara la ambición de ambos demasiado lejos, sobreestimando su suerte.
En el invierno de 2007, la pareja de jóvenes logra un importante contrato armamentístico de $300 millones, cuando El Pentágono les encarga la compleja y multimillonaria tarea de suministrar armas a los aliados del ejército afgano; un acuerdo que los pone en negocio con gente muy sospechosa, incluyendo al Gobierno de los Estados Unidos.
De esta forma, aterrizan en un mundo peligroso y sombrío.
Pronto las cosas se complican para ellos y, cuando todo se tuerce de verdad, se quedan atrapados en una zona de alto riesgo, sin posibilidad de volver a casa.
War Dogs es una propuesta que cruza intrigas, negocios sucios, muchas referencias, y algunas críticas sobre el momento político que se vivió durante la década pasada; y si hilamos un poco más fino, el humor es sólo una excusa para tratar de analizar el complicado mercado de la guerra, uno de los más rentables en el mundo.
Phillips y sus protagonistas, no la celebran, ni la discuten, para ellos es un negocio, como cualquier otro.
“Everyone's fighting over the same pie and ignoring the crumbs.
I live off crumbs”
La verdadera historia de Efraim Diveroli y David Packouz; y la creación de su compañía AEY Inc., así como la explotación de las lagunas del sistema de armamento militar de EEUU, tiene tintes de increíbles.
Pereciere que dicha historia fue creada directa de la pluma de su guionista y director, Todd Phillips, pero aquí, la realidad supera la ficción.
Es probable que los acontecimientos descritos, sean consistentes con lo que realmente pasó, incluso si asumimos uno que otro personaje que pudiese ser ficticio, o alguna de las situaciones planteadas.
War Dogs, se basa en un caso real, el de 2 jóvenes estadounidenses, absolutamente inexpertos en el negocio del tráfico de armamento, que lograron que El Pentágono les diera $300 millones para armar a las tropas en Afganistán.
Si lo consiguieron, no fue tan solo por su pericia, más bien relativa, sino por los fallos y veleidades de un sistema que permitió que Efraim Diveroli y David Packouz, pudieran pujar en Internet, comprar armamento, viajar a Afganistán, vender armas, a veces caducadas, y convertirse en pocos años, en traficantes de postín.
Solo un artículo publicado en Rolling Stone, pudo acabar con su Imperio, pero eso ya corresponde al desenlace del filme.
Lo interesante de War Dogs es que, sin dejar el tópico de la amistad masculina, tan caro al director Todd Phillips, deja ver una evolución en su trayectoria.
Ya no más las borracheras en Las Vegas, para amanecer al día siguiente sin memoria, y sin un solo dólar…
Con muchas lecciones aprendidas de Scorsese, Phillips esboza una variante de esos cuentos morales, a ritmo de rock and roll, con ribetes fáusticos, y escenografías barrocas; con desbordante ritmo, de sorprendente facilidad en su ejecución y resultado, de avance exitoso, sin freno, que sólo se detiene ante la desproporcionada ambición, recelo y soberbia de quien se cree intocable, por el poder que llega a acumular entre sus manos, y la sencillez de su logro; el codiciado dinero y la desmedida gula que le acompaña, juerga de una vida impensable, sin suficientes horas para abarcar toda su magnitud descontrolada, cuya vertiginosa subida continua, es la droga que les mantiene al límite, siempre enteros, siempre a punto de caer.
El dramatismo de la mayor estafa armamentística, realizada al gobierno de los Estados Unidos por 2 desarmados colegas, caraduras sin escrúpulos, que huelen la oportunidad, y se lanzan de cabeza a por ella, es el meollo de War Dogs:
David Packouz, es un veinteañero que se gana la vida dando masajes terapéuticos a los ricachones de Miami.
A él le sobran ideas, pero le falta suerte, y todo se le complica más, cuando su novia le confiesa que está embarazada…
Ahí es cuando entra en juego Efraim Diveroli, su mejor amigo de la infancia, que llegó a la ciudad para el funeral de un ex compañero.
Diveroli, se dedica al tráfico “legal” de armas, pero anda con ganas de expandir sus horizontes, y lograr algún contrato gubernamental.
Para ello necesita un hombre de confianza, y quien mejor que su camarada Packouz.
Efraim, sabe cómo ganarse a la gente y salir de sus apuros, y David empieza a seguir sus pasos, y pronto, esta nueva sociedad da sus frutos.
El dúo se gana la lotería, cuando logra adjudicarse un contrato multimillonario con el gobierno de EEUU, para abastecer de armas y municiones a las fuerzas aliadas en Afganistán.
El arreglo empieza a desmoronarse y, de a poco, algo que parecía dinero fácil, se convierte en una transacción sumamente peligrosa.
El director, Todd Phillips, mantiene la beta zarpada y cómica de sus películas anteriores; y acá se mezclan los excesos, no faltan las drogas, la vida loca y los momentos bizarros, con grandes momentos humorísticos, algo de acción, un poco de drama en el trasfondo bélico de 2005, y bastante sátira sociopolítica, cuando contrastamos la realidad con la liviandad con que se toman las cosas estos muchachos; y transmite muy bien la camaradería y la excitación de la dupla, creando un personaje inolvidable como Efraim, un mafioso judío de Miami, con una gran facilidad de trampear a medio mundo sin que se den cuenta.
Las 2 grandes secuencias de acción y suspenso, en Medio Oriente y Europa del Este, están también muy bien manejadas, lo mismo que la muy directa crítica política al llamado “complejo militar industrial” que se llena de dinero con el negocio de la guerra.
El primer acierto, es la pareja protagónica:
Un juego de contrastes bien definido desde el “casting”, donde la bonhomía de Teller, complementa la malicia vulgar y encantadora de Hill.
Miles Teller, quien sigue tratando de consolidar su carrera, luce ese aire honesto y desprevenido de joven sin suerte, acostumbrado a una rutina de masajista de algunos millonarios de Miami, y con una novia embarazada que espera su primer hijo.
La contraparte es Jonah Hill, quien hace una nueva versión del estafador inescrupuloso, pérfido y subido de peso que le vimos en el filme de Scorsese, robándose la película con su verborragia y desenfreno; dejando que Teller sea el “moderado” de la historia.
La química entre los 2, logra cimentar la primera parte de esta historia, mucho más risueña y banal.
Después, todo giro 180°, la amistad pasa a un segundo plano, y la situación se torna en algo mucho más serio y violento.
El toque femenino, lo pone la actriz hispano-cubana, Ana de Armas, que se limita a lucir su cara bonita, pues su personaje apenas tiene profundidad; incluso el personaje recuerda al de Margot Robbie, ya que ambos directores parecieron centrarse, únicamente, en resaltar su belleza y su preocupación por la ambición desmedida de su marido.
Una especie de faro moral, que uno se pregunta, qué demonios pinta allí...
Nos dicen que ella está llena de escrúpulos en lo referente a la guerra, a continuación lo olvida, y acepta tan ricamente, que su marido se convierta en traficante de armas, ve caer millones de dólares encima suyo, y goza como loca, no la vemos dar palo al agua en toda la historia, tiene una niña y es feliz, y en eso que en un mal traspiés, le vuelven los resquemores, y se va de casa, con un par de ovarios, para otra vez volver como si nada…
Y Bradley Cooper, con muy poco tiempo de metraje como para juzgarlo, es más un cameo extendido.
Por otro lado, War Dogs explora bien esa zona difusa, que va llevando a los personajes a un mundo cada vez más incierto, donde la codicia hace quebrar, uno a uno, los escrúpulos de David y Efraim.
Es la llamada del “éxito americano” con todo lo que conlleva:
Dinero, dinero y más dinero.
Esta cadena, casi surrealista de doblamientos totales ante el dólar, tiene uno de sus clímax en las inhóspitas fronteras de Jordania e Irak.
Phillips, otorga ese tono exaltado, delirante y a la vez irrisorio, a una odisea que poco a poco va a poner en cuestión no solo la moral o la ley, sino la misma amistad.
Así que estos 2 mequetrefes, satisfechos de su inmensa ignorancia y garrulería, se pasan el mundo por las carnes, se ríen de todo, y se cagan en sus muertos, porque... claro, son estadounidenses, y es lo que tiene, son los putos amos del mundo, y nadie les tose, allí donde van, se les abren las puertas, y son recibidos entre aplausos y vítores.
Suben y suben... pero también caen y caen... y amigos, otra vez.
Sin bien, War Dogs no es muy innovadora en estas exploraciones de la ética secuestrada por el mundo de la ambición sin límites, consigue una narración vital y precisa, llena de soltura, y sin pasos en falso; pero la falta de escrúpulos, no es el eje central; en todo caso, se concentra en unas pocas escenas en las que Packouz se enfrenta con su esposa, cuando ya no puede disimular más lo que está haciendo en realidad.
El tema de la amistad traicionada y, sobre todo, la corrupción de un sistema que permite casos tan alucinantes, como los protagonizados por Packouz y Diveroli, el episodio con la munición caducada, y el engaño al empaquetarla de nuevo, se lleva la palma; son los que le interesan realmente a Phillips.
Sin embargo, se le puede achacar que es puro manierismo “scorsesiano”, pero lo que resulta bastante claro, es que no estamos ante un caso de justa y respetable filiación, sino de perezoso y mimético simulacro.
El cómo 2 jóvenes pudieron manipular tanto a su favor, es algo que todavía no se explica…
Va muy profundo en el tema, pero prefiere quedarse en la superficie, donde a veces es más divertido y seguro, pues para llegar a las profundidades, hay que tener agallas, más que balas.
¿Qué sabes de la guerra?
Que necesita de armamento para llevarla a cabo, lo cual supone riqueza de contratos en negocios turbulentos, que no miran procedencia, destino ni interlocutor, sólo las ganancias para ambos lados:
“El dinero se hace entre líneas”, y entre éstas, su redacción es perspicaz y aguda, pero su ojeo no devora con fogosidad, solo informa que no es lo mismo.
War Dogs, no es una estricta comedia sobre el tráfico de armas, aunque tenga varias secuencias resueltas, según los códigos de la actual comedia estadounidense; por el contrario, es un relato bastante contundente sobre las fisuras gigantescas del sistema, que ya de por si dan risa, sin necesidad de ningún gag, el negocio consentido de las armas, la estructura política y económica que permite que 2 auténticos advenedizos papanatas, se conviertan en lucrativos exportadores de armamento al mejor postor y, por extensión, un filme sobre el miedo que no cesa en torno a la posesión indiscriminada de armas en un país donde, quien más quien menos, tiene gusto por el gatillo fácil.
La realidad es que en 2016, Diveroli presentó una demanda contra Warner Bros. Entertainment Inc., contra el director Todd Phillips, el productor Bradley Cooper, y otros; buscando bloquear el estreno.
La demanda de Diveroli contra Warner Bros., afirmó que la base para War Dogs, fue tomada de su auto-publicado memoria “Once A Gun Runner...”
De hecho cuenta que el primer gran negocio de AEY Inc., el de las Berettas, que supuestamente les da el primer gran empujón, en la vida real nunca sucedió, se les acusó de fraude, pero por no cumplir dicho contrato, entre otros.
En la vida real, Efraim estaba obsesionado con la película “Lord of War”, no “Scarface”
Otro dato, incluso, si el re empaquetado de las balas de AK-47 7.62, con las cajas chinas se cambia a las bolsas plásticas, cada bala tendría una información clara de la fábrica y año de la producción, en el sello principal.
Además, Efraim Diveroli, se negó a encontrarse con Jonah Hill, actor que le interpreta en la película; a lo que Hill respondió que está “acostumbrado”, y que “si una persona está agresivamente en contra de que les interprete, eso es probablemente una buena señal”
Según Jonah Hill, el éxito de los jóvenes protagonistas, residía en que “ni ellos mismos fueron capaces de comprender el alcance del trato que estaban haciendo”
El cantante en la casa de retiro en Hilldale, es el verdadero David Packouz, el personaje que interpreta Miles Teller.
El caso es que War Dogs tiene su tono didáctico, enseña lo que es EEUU, con el tema armamentístico; la picaresca y un sistema corrupto por todos lados en el que fue fácil lucrarse si tenías la suficiente jeta como para querer comerte el mundo, y de paso a todo lo que se pusiera por delante.
Y deja a la luz la oscuridad y los negocios turbios que se suceden a las espaldas de los ciudadanos, capitalismo puro y duro.
A pesar de que pueda parecer una película cómica, que es lo que tratan de vender los tráileres, la crítica es feroz, incluso irónica con el sistema, dejando entrever las costuras al país “más poderoso del mundo”
Lo que trata de denunciar, es que mientras el joven de Arkansas es llamado a filas para luchar en una guerra, al otro lado del mundo, en nombre del patriotismo, la libertad, la seguridad y la defensa del estilo de vida estadounidense; hay otros que sacan tajada equipando a los soldados de fusiles de asalto y cascos.
Mientras unos ven patriotismo, otros ven dinero.
War Dogs cumple uno de sus objetivos que es el de entretener, pero se queda algo corta en su propósito de denuncia social.
Y tenemos a un gobierno de EEUU que todo lo que hace, lo hace legal.
Sí, aprovisiona de armas a países, pero todo es legal y público; siempre arman a policías y ejércitos de países “aliados” como Irak y Afganistán, que se intentan reconstruir tras la salvación militar de los EEUU.
Casualmente, no se menciona que haya tráfico de armas realmente ilegal, que se esquiven aduanas e inspecciones de La OTAN, no se habla de las milicias rebeldes, esas que los EEUU han armado siempre que les ha interesado derrocar un gobierno, ni de que gasten dinero negro en ello.
No, tenemos un protagonista que miente a su esposa sin parar, que estafa a todos los niveles tributarios, que se aprovecha de agujeros legales, y se inventa algunos para sacar dinero, pero que luego vuelve a su vida normal, recibiendo una pena de arresto domiciliario de 7 meses, con su vida ejemplar feliz, rodeado de familia y amigos, todo muy “American Way Of Life”, diferente si no hubiera sido judío…
Termino con una formidable banda sonora, que desliza por otro lado, entre risas y complicidades, una mirada amarga a la guerra como el mejor de los negocios, y al país que no ha dejado de mantenerlo en alza:
Estados Unidos, con canciones icónicas, junto a la partitura de Cliff Martínez, consigue meterte más en la propia historia:
“Sweet Emotion” de Aerosmith, “Red Red Wine” de UB40, “What Is Love?” de Haddaway, “Behind Blue Eyes” de The Who, y esos créditos finales, bañados con la canción “Everybody Knows” del recientemente fallecido, el enorme Leonard Cohen.
“They called guys like us war dogs.
Bottom feeders who make money off of war without ever stepping foot on the battlefield.
It was supposed to be derogatory, but... we kind of liked it”
La historia de los traficantes de armas más infames de los últimos 20 años, es tan curiosa como importante.
El contar lo que les ocurrió, solamente se puede llevar a cabo si tan solo apartamos el realismo absoluto, y nos enfocamos en lo bufonesco de la historia.
Basada en hechos fehacientes, War Dogs expone la vergüenza de una auténtica porquería, cuyas atroces verdades, dichas y cometidas, son un divertimento fugaz y ameno para un espectador que observa el desmadre de existencias, habidas y por haber, y sin paliativos decentes; desmesuradas, excéntricas, volátiles, compulsivas, oportunistas, a-morales, aceleradas, que destruyen con su enriquecimiento, sin remordimiento ni reflexión alguna, sobre ello pues, ellos no disparan, únicamente venden, sólo son el intermediario, no son responsables de lo que haga el comprador con la comprado…
Después de su salida de prisión, Efraim Diveroli fue demandado por su primo, Joseph Wachtel en El Tribunal Estatal de Florida por extorsión.
Mientras David Packouz tiene una hija, Amabelle Jane, nacida en 2007, y vive en Miami, Florida.
Sin embargo, en 2012, Packouz fue detenido en el Motel 82 en Naples, Florida, después de que presuntamente intentara tener relaciones sexuales a cambio de $400 con una agente de incógnito del Condado de Collier, según la policía.
Packouz, fue finalmente declarado culpable de prostitución por un jurado en 2013.
Toda la historia expuesta del tráfico de armas, es aterrador por todas las bizarradas que vemos, y porque un tipo sentado detrás de un portátil, en un país del primer mundo, le da al “enter”, gana montañas de dólares y se carga con esa acción, a miles de personas en un país del Tercer Mundo… y luego se va a la discoteca local para beneficiarse a una prostituta, mientras se coloca con unas rayas de droga…
¿Hay algo más aterrador que eso?
En un mundo con guerras, los beneficios y la ambición, les jugó sucio, y ellos tuvieron que pagar el precio.
Ley Natural, otros llaman Karma…

“I see $17,500.
That's what it costs to outfit one American soldier.
Over 2 million soldiers fought in Iraq and Afghanistan.
It cost the American taxpayer $4.5 billion each year just to pay the air conditioning bills for those wars.
And that's what war is really about.
War is an economy.
Anybody who tells you otherwise is either in on it or stupid”



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