Gilda

"Los hombres se acuestan con Gilda y se despiertan conmigo"

"Nunca hubo una mujer como Gilda".
Se trata de una genuina historia de cine negro, narrada con una tremenda fuerza.
Película “escándalo” de los años cuarenta, su visionado podía costar hasta la ex-comunión.
Gilda supuso el lanzamiento al estrellato de Rita Hayworth y por supuesto de Glenn Ford, en su época, la película resultó un auténtico escándalo tanto por lo que representaba Gilda, una mujer extremadamente sensual, atractiva y libertina, como por el insinuante striptease que protagoniza y que culmina con la bofetada más famosa de toda la historia del cine.
Hollywood ha tenido muchas caras bonitas, pero pocas tienen aquella sensualidad y vitalidad, que Rita le logra aportar al personaje de Gilda, por eso no me sorprende que haya transcendido tanto.
Rita Hayworth, el Tango y Buenos Aires en su época de esplendor.
Esta combinación es más que explosiva, la pasión, la sensualidad y el deseo, se encuentran impregnadas en todas las parte de este film.
Rita Hayworth bailando tango o tocando la guitarra, es un deleite para los ojos.
Gilda es Rita: un guante, una canción y el bofetón propinado por el gran Glenn Ford hicieron el resto.
Más allá de su valor estrictamente artístico, este drama pasional se convirtió en un icono de la historia del cine.
La década de los cuarenta alumbró películas mucho mejores, pero el simbolismo y estética de Gilda la convirtieron, todavía hoy, en una obra imprescindible.
Como buen cine negro, la historia es narrada por un hombre de poco dinero y escasos escrúpulos, Johnny Farrell (Glenn Ford).
Aunque para él la suerte existe siempre que sea él mismo quien se la cree al hacer trampa, pasa de ser un apostador escurridizo con pocas esperanzas de vida, a convertirse en la mano derecha del intimidante Ballin Mundson (George Macready), el poderoso dueño de un Casino ilegal en Buenos Aires, Argentina.
Mundson es dueño del casino junto a otros negocios tan turbios como McGuffinescos.
“Las apuestas y las mujeres no se mezclan” condiciona muy serio el jefe a su nuevo empleado, con prospecto además de nuevo amigo.
Sólo quiero el dinero y sobre todo su confianza, le contesta convencido nuestro (anti) héroe.
Antes que puedas soltar una carcajada ante la bomba atómica que va a explotar en cualquier minuto, el jefe ya está abriendo la puerta de su dormitorio en su palacio en Buenos Aires y presentándole, ingenuo y sinceramente feliz, su nueva y bella esposa a nuestro protagonista.
La cara de Johnny es de absoluta idolatría –un reflejo de la audiencia masculina- y al mismo tiempo, de odio.
Gilda (Hayworth), la esposa del turbio magnate, no hace muchos esfuerzos por disimular su impresión, su pasión y su odio, hacia el hombre que recién está conociendo.
¿O quizás no es así?
Mientras Gilda como Johnny niegan inútilmente conocerse previamente frente a Ballin Mundson, en la ausencia de éste nos van revelando a nosotros, los bendecidos espectadores/voyeuristas, poco a poco cual es la historia que une y separa a este par de tramposos, cínicos, vengativos y apasionados.
Mientras el casino es visitado por hombres peligrosos que quieren eliminar al dueño, Johnny lucha por mantener las lealtades al hombre que le salvó la vida en la calle.
Pero sabemos que es casi inútil, desde el momento que éste último abrió la puerta del dormitorio de Gilda, el triángulo se ha construido y desde entonces las apuestas ya no están en las mesas del casino, sino en quien se muere más rápido: el suspicaz y peligroso magnate o el desgraciado Johnny.
Gilda es un amor maldito, una guerra llena de batallas sobre el poder, el deseo y el control, tan hirientes como inolvidables.
Gilda es una película dramática estadounidense en blanco y negro y estrenada en 1946.
Fue dirigida por Charles Vidor y protagonizada por Rita Hayworth y Glenn Ford en los papeles principales.
La fotografía, de Rudolph Maté, exalta la belleza de la protagonista con primerísimos planos e iluminación que recuerdan los que William H. Daniels dedicó a Greta Garbo.
Es magnífico el movimiento de la cámara, que hace uso de recursos novedosos y efectistas (encuadre desde el suelo en la escena inicial) y de una sobresaliente iluminación.
De su banda sonora destacan las canciones “Amado mío” y “Put the Blame on Mame” de Anita Ellis.
Gilda es una película en la que se perciben secretos, en una historia que enmascara, es ambigua y cerca a los personajes en un turbio retrato de relaciones personales.
Aunque sea solo para dejarse enamorar por nuestra hispánica más bella, sensual y sexual de todos los tiempos.
Gilda está llena de esa turbiedad, oscuridad incluso y tensión durante toda la historia hasta que al final vemos un poco de luz entre los personajes.
Es curioso porque nunca se nos aclara qué fue lo qué pasó entre esos dos personajes en el pasado, aunque sí podemos intuirlo por diversos detalles.
Glenn Ford, su papel es aceptable, sí está eclipsado por Gilda, personaje más fascinante, complejo e interesante que el suyo de jugador profesional, y en algunos momentos, además, exhibe un comportamiento de machista recalcitrante, aunque bueno, es la época.
Lo interesante de Gilda es que no es un personaje al que le cuadren los estereotipos: ni heroína, ni villana, ni femme fatale, ni víctima, sino más bien todo y nada al mismo tiempo.
Hayworth la interpreta con una espontaneidad, simpatía y carisma legendarios, y por ello el personaje es un auténtico icono.
Y ese es el problema de los iconos, porque todos los que consiguieron ese éxito instantáneo se encuentran con el problema de que en el futuro les es imposible competir consigo mismos.
Rita nunca pudo escapar de la sombra de Gilda, del mismo modo que Bela Lugosi nunca escapó de Drácula (se aplicaría lo mismo a muchos otros actores/actrices), y ello condicionó mucho su carrera.
Aunque en "The Lady From Shanghai", "The Lady In Question", "The Loves Of Carmen" o "Fire Down Below" ofreció buenas interpretaciones, siempre bajo la sombra de Gilda, que la abocó a musicales y cine negro.
Glorioso encasillamiento, podría decirse.
Gilda no solo nos maravilla a los hombres por su erotismo y su belleza, sino que siempre ha gustado mucho a las mujeres debido a su actitud llena de libertad.
Encarna la figura de la mujer que no se resigna: lucha con furor, rabia y fuerza, hasta la provocación y el escándalo, contra el hombre que la ha herido y quiere someterla.
La batalla de géneros se erige en clave del relato y en la base de su interés y grandeza.
¡Nunca hubo una mujer como Margarita Carmen Cansino a.k.a Rita Hayworth!
“¡Nunca hubo una mujer como Gilda!” éste era el eslogan con el que se promocionó la película en 1946.
¡Y qué mujer! añado yo.
Porque Gilda (Rita Hayworth) rebosa tanta belleza, que difícilmente puede encontrarse otra a su mismo nivel.
En aquella oscura época de postguerra no hubo hombre que no soñara con ella y mujer que no la admirase o intentara emular.
El francés Jean-Louis fue el encargado del diseño de los inolvidables vestidos de Rita Hayworth, algunos de los cuales se han convertido en auténticos iconos de la moda, por ejemplo el icónico vestido negro de satén que lleva cuando canta “Put the blame on Mame” en la escena del striptease.
El famoso baile de Rita, al son de “Put he Blame on Mame”, fue el responsable de la desmesurada repercusión que tuvo esta película.
Supuestamente, la forma en que se desprende de los largos guantes que cubren sus brazos era excesivamente atrevida para la época; sin embargo, lo que resulta verdaderamente turbador es la invitación que hace al público a colaborar en su striptease, argumentando su falta de maña con las cremalleras.
La simbología de los guantes en la mentalidad freudiana (son símbolos del deseo sexual), unida al malévolo rumor que decía que en otros países Rita Hayworth hacía un desnudo integral, dieron a esta escena las suficientes cantidades de morbo como para que permaneciera en la retina de los espectadores como una de las más eróticas del cine.
A todo esto hay que sumarle el título de la canción, que traducido significa: “Échale la culpa a Mame”.
La tal Mame era una actriz y cantante francesa famosa por quitarse la ropa al final de cada actuación.
La célebre canción está por tanto, muy pensada para esa escena de la película.
Los números musicales han pasado a la historia del cine; al igual que la leyenda que circuló en su momento de que una copia de esta película está enterrada entre las nieves del monte Everest, para su conservación para la posteridad.
Por otro lado, el bailecito de "Amado mío" esta filmado para la eternidad.
Y, en fin, la sonora bofetada posterior que le propina un severo Glenn Ford es muy célebre.
Se cuenta que realmente, Ford la hirió de verdad, así de demuestra, la intensidad que se ve en pantalla.
Viendo Gilda, me he acordado mucho de Casablanca, tiene cosas bastante similares, pero a pesar de algunas numerosas coincidencias, parece una película totalmente distinta.
Ya partiendo del hecho de que Ilsa Lund y Gilda son completamente diferentes, a pesar de que las dos estuvieron siempre enamoradas de un solo hombre, sus personalidades no tienen punto de comparación.
Gilda destila también aparte de un deseo mordiente, un erotismo y una sexualidad latente.
No es de extrañar por tanto que asustara a los sectores más conservadores de la sociedad.
También se ha apuntado la hipótesis de una homosexualidad velada entre Ballin y Farrell, sobre todo por las palabras del primero cuando declara:
"tú y mi bastón sois los dos únicos amigos que tengo".
Cuando regresa casado con Gilda, Farrell apunta resentido que creía que sólo eran ellos dos, sin nadie más.
Este apunte anecdótico no tiene ninguna trascendencia para el análisis de la película y no hay más que recordar la cantidad de filmes en los que se ha creído detectar cierta homosexualidad.
No creo que sea el caso de esta, porque todo el empeño de Johnny Farrell se basa en ser indiferente a los ataques de la mujer que ama.
En fin, estamos delante de un producto que más que un film es un cóctel de emociones fuertes, toda una montaña rusa de la que uno no va a querer bajarse.

“I hate you so much I would destroy myself to take you down with me”



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