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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

sábado, 8 de julio de 2017

La Victoire en Chantant

“Le film qui se déroule sur un batteur différent”

Francia tuvo varias posesiones coloniales, en varias formas, desde comienzos del siglo XVII, hasta los años 1960.
En su punto más alto, entre 1919 y 1939, El Segundo Imperio Colonial francés, se extendía por más de 12,898.000 km² de tierra; incluyendo la Francia metropolitana, el área total de tierra bajo soberanía francesa, alcanzaba 13 millones de km² en los años 20 y 30, lo cual es el 8,7% del área terrestre del mundo.
La historia primitiva de Costa de Marfil, en particular, es virtualmente desconocida, aunque se cree que existió ahí una cultura neolítica.
Francia, hizo su primer contacto con Costa de Marfil en 1637, cuando llegaron misioneros a Assinie, cerca de la frontera de La Costa de Oro, hoy Ghana.
Los primeros contactos estaban limitados a unos pocos misioneros a causa de la inhóspita línea costera, y el miedo de los colonos hacia los habitantes; y a finales del siglo XVIII, se inició el colonialismo francés, con la conversión al catolicismo de los principales líderes tribales, aunque no se convirtió en propiedad oficial de Francia, hasta 1893.
Hasta el periodo siguiente a La Segunda Guerra Mundial, los asuntos gubernamentales en África Occidental Francesa, eran administrados desde París.
La política francesa en África Occidental, se reflejó principalmente en su filosofía de “asociación”, queriendo decir que todos los africanos en Costa de Marfil, eran oficialmente “sujetos” franceses sin derechos a representación en África, o en Francia.
En el cine, hay grandes películas sobre el colonialismo, como “La Batalla de Argel” o el mismo “Lawrence de Arabia”, que muestran las complicadas relaciones entre colonos y nativos, y la lucha de los nativos por la libertad.
Y luego hay comedias como que te hacen preguntar:
¿Cómo los colonos se sublevaron y tomaron el poder?
“Nous ne devrions pas nous attendre à des miracles, et ce n'est pas ce que je m'attends de vous”
La Victoire en Chantant es una comedia bélica marfileña, del año 1976, dirigida por Jean-Jacques Annaud.
Protagonizada por Jean Carmet, Jean Dufilho, Catherine Rouvel, Jacques Spiesser, Maurice Barrier, Peter Berling, entre otros.
El guión es de Jean-Jacques Annaud y Georges Conchon.
El título, “La Victoire en Chantant”, puede ser traducido como “El Canto de La Victoria”, y es la primera frase del himno francés “Chant du Départ”, escrito por Étienne Nicolas Méhul y Marie-Joseph Chénier, en el año 1794, durante La Revolución Francesa, siendo el himno del Primer Imperio Francés, en oposición a “La Marseillaise”, que aún continúa en el repertorio del ejército de dicho país, siendo apodada como “la gemela de La Marseillaise”
En un tono de comedia, Annaud expone una escena del colonialismo, y a la vez satiriza los movimientos bélicos entre vecinos por causa de anacrónicos nacionalismos.
Una verdadera clase sobre lo que hicieron mal los Imperios; al tiempo que es una visión ácida de la situación de las colonias a comienzos de siglo pasado, ejemplificada con el estallido de La Primera Guerra Mundial; pero fijándose en la entonces colonia alemana de Camerún.
La Victoire en Chantant, adopta un fuerte punto de vista antimilitarista, y es digna de ser ridiculizada por el lado francés, aún más duramente que sus homólogos alemanes.
Por tanto, es una acusación mordaz al colonialismo francés en África, y es deliberadamente desigual en su representación de los franceses como un grupo de idiotas, borrachos, cobardes e hipócritas, aparentemente incapaces de manejar sus propias vidas, y mucho menos un Imperio.
Curiosamente, La Victoire en Chantant es una coproducción entre Francia, Costa de Marfil y Alemania, hablada en francés.
Como dato, Annaud rodó la película en Costa de Marfil, luego un país muy pro-francés; por lo que se negó a mostrar a nadie el guión, y fingió que estaba filmando un tipo muy diferente de película…
En el acto del estreno de gala en Abidjan, cuando los funcionarios franceses se dieron cuenta de que todo el filme era una parodia de las políticas coloniales francesas, se marcharon, mucha más la vergüenza de los marfileños, que eran tan inconscientes de lo que Annaud había estado haciendo.
No obstante, obtuvo el Premios Oscar a La Mejor Película de Habla No Inglesa, siendo éste, fue el primer filme ganador de la categoría, después de que se cambiaran las reglas, requiriendo que todos los miembros de La Academia que quisieran votar, tuvieran que probar que habían asistido a las proyecciones de las 5 nominadas.
Jean-Jacques Annaud afirmó, que “nunca vio ese Premio Oscar”
Es decir, Arthur Cohn, uno de los productores de la película, que a buscar el premio, no queriendo que Jean-Jacques Annaud llegara, porque los estadounidenses pensarían que era negro…
Eso dice...
Como otra parábola sobre el colonialismo, tras ganar El Oscar, La Victoire en Chantant se reestrena con el título, “Noir et Blancs en Coleur” o más internacionalmente como “Black and White in Color”, y vuelve a pasar inadvertida; es más, no experimentó más éxito.
Sí bien es cierto, es bastante notable que una película con atractivo internacional pudiera ser financiada y filmada en un lugar como Costa de Marfil; tenemos esto.
Pero un premio a La Mejor Película Extranjera, en un momento en que muchos cines de Alemania, Francia e Italia especialmente, estaban produciendo un producto bastante impresionante, esto parece un simbolismo.
La acción inicia tras varios meses esperando órdenes, las tropas francesas de las colonias africanas, se verán obligadas a enfrentarse con las tropas alemanas.
Para aumentar sus efectivos, los franceses empiezan a reclutar soldados entre los nativos, proveyéndolos de rifles y uniformes.
Los colonos blancos de la ciudad, se componen en su mayor parte de:
Los comerciantes al por mayor, Los Rechampots:
Paul (Jacques Dufilho), Jacques (Claude Legros) y Maryvonne (Dora Doll)
Los sacerdotes católicos:
Simon (Jacques Monnet) y Jean de la Croix (Peter Berling), sexualmente frustrados; junto a Barthélémy (Mahus Beugre Boignan)
Bosselet (Jean Carmet) es un sargento permanentemente borracho; el geógrafo Hubert Fresnoy (Jacques Spiesser); y 2 mujeres más:
Marinette (Catherine Rouvel) y Charlotte (Natou Koly)
Es a través de un paquete enviado a Hubert, que los ciudadanos descubren que Francia ha estado en guerra con Alemania durante un poco más de un mes, y en un fervor patriótico, deciden asumir el asentamiento cercano en Togoland alemán.
Para hacer esto, sin embargo, deberá cooperar la población negra; inclusive los conversos católicos negros:
Caprice (Maurice Barrier) y Assomption (Benjamin Memel Atchory) que se sacuden la cabeza en incredulidad; murmurando a sí mismos:
“ugh, gente blanca”
Además de su agria crítica antibélica que pone contra el paredón el sinsentido de muchas guerras, La Victoire en Chantant pone en ridículo el patrioterismo de hojalata, como un retrato de la vida en las colonias, idealizada por algunos, pero que en realidad se acercaba mucho más a esto, da una brutal revisión a la opresión del sistema colonial, donde vemos con que desprecio son tratados los negros.
El tramo del reclutamiento es muy significativo y aleccionador, de cómo funcionaban las cosas.
Tampoco queda en muy buen lugar La Iglesia y su estrambótico modo de evangelizar, botón de muestra es la escena en que les dicen, con una bicicleta, que ellos no se caen de ella por su religión, pero que si ellos se suben, se caerán por su paganismo… hilarante.
Algunos críticos profesionales deliran con La Victoire en Chantant, pero algunos la odian.
“Le Dieu des blancs donne la force”
La Victoire en Chantant es la ópera prima del ecléctico realizador galo, Jea-Jacques Annaud, una divertida sátira antibelicista, centrada en el África colonial en los comienzos de La Gran Guerra.
La puesta en escena resulta muy realista, con una ambientación con la que se respira el calor ecuatorial, a lo que ayuda el escenario real de Costa de Marfil, y donde se suceden situaciones de gran humor ácido.
El largometraje se desarrolla en un contexto geográfico muy concreto y determinante:
En la colonia francesa de Fort Coulais, situada en una zona fronteriza del África ecuatorial, más concretamente, en las fronteras actuales de Camerún y Gabón.
La historia comienza el 6 de enero de 1915, unos meses después del estallido de La Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, la lejanía de la contienda, hace de la experiencia bélica, algo muy distinto, pero que a su vez refleja algunos aspectos de dicho periodo, y le sirve al director como pretexto para analizar el mundo colonial, y su papel en la contienda.
La acción se sitúa en un Fuerte francés, Coulais, con nativos viviendo en él, con un bar, una tienda y el puesto militar, con un reducido número de colonos galos, comerciantes, soldados, misioneros y mujeres.
Cerca de ellos, hay otro enclave militar, este es alemán, y no tienen problemas entre ellos, pues se llevan de modo amistoso, y la vida transcurre tranquilamente, sin sobresaltos, hasta que llegan noticias a Coulais, de que en Europa se ha desatado una Gran Guerra entre Francia e Inglaterra, contra Alemania y El Imperio Austro-Húngaro, por lo que se desata una locura patriotera.
Allí, el correo todavía no ha llegado, por lo que desconocen lo que está sucediendo en el resto del mundo, y siguen comerciando ambos bandos entre sí...
El problema surge cuando llegan las noticias:
En ese momento, los franceses que habitan El Fuerte:
2 oficiales, 2 curas, 3 civiles y 2 mujeres, decidirán crear un pequeño escuadrón, con la idea de atacar por sorpresa al destacamento alemán, también de reducido número.
Desgraciadamente para ellos, la inexperiencia de los 2 oficiales, y la ineptitud del resto, les crearán más de un quebradero de cabeza.
Aquí sobresale la ideología que destapa la hipocresía de mandar a los negros nativos al combate, y a la muerte segura, en un combate sin sentido entre amigos, que es lo que son los alemanes y los franceses afincados en las colonias, ya que se ven obligados a colaborar para mantener su dominio.
La gracia de todo, está en el sarcasmo presente durante todo el metraje.
Los blancos tratan a los negros como animales, salvo los 2 oficiales, buenísimo lo del reclutamiento “voluntario”
Por su parte, los nativos, están hartos de los blancos, y aprovechan cualquier ocasión para insultarles o, incluso, estafarles.
Algunos de los civiles franceses son tan patéticos, que no se podrá evitar alguna que otra carcajada.
En La Victoire en Chantant hay críticas para todos:
Empezando por el papel de La Iglesia, que intenta educar en su costumbre a los nativos, y que vive en un estado de señorío, compensando su presencia lejos del hogar; y por supuesto, para la estupidez chauvinista, que no hace más que embravecerse hasta que los jefes militares dicen basta.
Annaud, retrata diversos aspectos del periodo, centrándose en la sociedad y en la mentalidad del mundo colonial africano, todo ello endulzado con un divertido tono satírico, que aporta un sabor cómico a este drama bélico.
El primer aspecto tratado por el film, se encauza en una serie de escenas que hacen una comparativa entre la colonia francesa y la alemana.
A través de las conversaciones de los nativos, se aprecian 2 de los principales arquetipos culturales de ambas nacionalidades:
El estoicismo alemán, y el republicanismo francés.
Y estas 2 mentalidades, no solo son propias de los europeos, sino también de los nativos que están a su servicio, lo cuales se ven contagiados por el carácter y la mentalidad occidental.
Por otro lado, al inicio también aparece la figura del misionero, representada por varios religiosos europeos, que tratan de evangelizar a los nativos de la zona.
En esta relación, europeo-africano, se pueden apreciar todos los rasgos de la mentalidad colonialista y eurocéntrica.
La cultura nativa es despreciada y presentada como fruto de la involución propia del mundo africano, mostrando uno rasgos racistas y supremacistas que marcaron el mundo colonial desde sus inicios.
A través de esta relación con los nativos, Annaud presenta pues un proceso histórico central para este escenario histórico, la aculturación.
Los valores occidentales se presentaban así, como superiores y más elevados:
Se deshecha la lengua autóctona, imponiendo el francés; la fe cristiana era defendida como la fuente de la fuerza y determinación occidental, y los avances tecnológicos, como demostraciones físicas de dicha superioridad.
La cultura local y sus creencias, quedaban así desprestigiadas y minusvaloradas, impulsando el proceso de aculturación.
Esta visión eurocéntrica del mundo, se basaba en la firme creencia de que la civilización occidental era cultural y físicamente superior, y que el progreso y la industrialización, eran los pilares de esta supremacía política, militar y económica.
Volviendo a la figura del misionero, nos damos cuenta del papel fundamental que tiene en este proceso, ya que la visión paternalista de La Iglesia, del fenómeno colonial, implicaba que estos se veían con el deber y la responsabilidad de extender los frutos del progreso europeo, de llevar la civilización y su fe a los rincones que aún se mantenían en la barbarie.
Uno de los temas fundamentales de La Victoire en Chantant, es el análisis de las relaciones sociales desarrolladas por los europeos en el mundo colonial.
Estas reflexiones se ponen en evidencia a través de los personajes principales que muestran cada uno diversos aspectos de dicha sociedad:
Por un lado tenemos al grueso de la población blanca, que se muestra mezquina y racista, y que protagoniza diversas escenas que nos muestran su egoísmo y prepotencia.
Los abusos contra los nativos, son normalizados, y el tedio y la miseria forman el sustrato psicológico sobre el que se fundamentan tales conductas, que en muchos casos se manifiestan asociadas al alcoholismo y el sexo.
Al igual que nos muestran otras obras basadas en el mundo colonial, la experiencia imperialista se relaciona con la decadencia y la soledad de una población desconectada de su cultura y su geografía, una situación que ahonda en ese sentimiento de superioridad y mezquindad que terminaba por cristalizarse en un amor/odio por las colonias.
En contraposición a estos arquetipos de la cultura racista y eurocéntrica, se sitúa el personaje de Hubert Fresnoy, el cual muestra su admiración y respeto por la cultura nativa, y se muestra contrario a las teorías supuestamente científicas de la superioridad genética y racial de los blancos.
Hace referencia además, a las teorías eugenésicas que defienden que la forma de la estructura craneal, es un baremo evolutivo que muestra la superioridad de las razas occidentales, y que puede ser estudiado en relación a las conductas criminales.
Y no solo eso, sino que admite que en algunos aspectos, los nativos son más inteligentes, y merecen el bello calificativo de “Hombres”
Además, en un primer momento y desdeñando los sentimientos nacionalistas de sus compatriotas, se muestra contrario a atacar a los alemanes, pues considera que la guerra es en sí misma inmoral, ganándose con ello las reprimendas patrióticas de sus compañeros.
Se presenta así un mundo dividido entre blancos y negros, que desarrollan relaciones de dominación, y que marcan una línea clara de separación entre ambos mundos y culturas.
Pero es que además, en el film de Annaud se pude apreciar también las jerarquías internas de la sociedad local, a través de las conversaciones que Fresnoy tiene con los poblados nativos, cuando el francés intenta reclutar nuevos combatientes de entre estas poblaciones, y que ponen en evidencia la violenta relación entre africanos, de los poblados y cazadores de las llanuras.
Otro de los temas fundamentales, es sin duda el del nacionalismo y su relación con otras corrientes políticas.
Esto se deja ver en numerosas escenas, en las que los franceses enarbolan los sentimientos patrióticos en su lucha contra los alemanes, satirizado a través del uso constante y automático de “La Marsellesa”
Sin embargo, este sentimiento es tachado de hipócrita y ambiguo, cuando se presentan a los colonos como meros espectadores del conflicto, utilizando a los nativos como peones en una batalla sin gloria ni épica.
Es sin duda una caricatura de los sentimientos de los europeos, con respecto a conceptos como guerra y nación, ambos muy presentes en los discursos belicistas y patrióticos del momento.
Ante la inminente guerra entre estados, los sentimientos nacionalistas fueron posibilitando la legitimación de la misma, y posibilitaron los enormes procesos de movilización que La Gran Guerra requería.
Así, la construcción de la cultura nacional, que se venía desarrollando desde antes de La Revolución Francesa, y se desarrolló enormemente en el siglo XIX, encontró su punto álgido con la llegada del siglo XX.
Las luchas de intereses, provocadas por la carrera capitalista, en pos de la conquista del poder económico, que condujo a los estados a un nivel de enfrentamiento expansionista, que dinamitó las relaciones pacíficas, y favoreció la mundialización de la guerra.
Frente a estos discursos belicistas y nacionalistas, no faltaron las veces discordantes.
Varios autores fueron fervientes defensores de la paz, y trataron de minimizar los conflictos que se sucedían, y desde los movimientos socialistas, el internacionalismo y la conciencia de clase, representaban una resistencia ideológica a la guerra.
Un ejemplo de estos intentos por frenar la escalada belicista, es la llamada “Conferencia de Zimmerwald” en Suiza, realizada en septiembre de 1915, y que reunió a un gran número de socialistas que criticaban el carácter imperialista de la guerra, y que trataron de lanzar un mensaje internacionalista, que se puede resumir en una frase:
“Ni la guerra entre los pueblos, ni las paz entre las clases”
Sin embargo, estos autores y movimientos, sobre todo en Alemania, Francia y Rusia, serán silenciados por el estruendo del movimiento de masas en que se había convertido el nacionalismo, y que tuvo partidarios incluso dentro del movimiento obrero.
La cultura nacional, amparada y promovida por los estados, terminó sepultando cualquier resistencia ideológica, con la única excepción quizás, del movimiento obrero ruso, con Lenin a la cabeza, actor principal de La Conferencia de Zimmerwald, y germen de la revolución en que desembocaría La Primera Guerra Mundial y La Revolución Rusa.
Este aspecto, el del enfrentamiento entre internacionalismo y nacionalismo, como visiones antagónicas de la guerra, se deja ver en la película de Annaud, a través del personaje de Fresnoy; y queda de manifiesto cuando, en la escena final, tanto el joven francés, como el oficial del puesto alemán, reunidos ya después del fin de la contienda, reconocen haber sido socialistas, presentando la cuestión con sumo pesar, pues la guerra ha terminado por destruir sus ambiciones sociales y políticas, en beneficio de la búsqueda de la paz, a cualquier precio.
Son por tanto, un claro ejemplo de la disyuntiva que surgió en el seno de las ideas revolucionarias y socialistas.
Otro tema que se entrevé, es el fenómeno de las trincheras, un aspecto de la guerra moderna que tuvo su punto álgido en esta contienda, y que aquí también hace acto de presencia, cuando Fresnoy comienza, una vez reestructurada la fuerza francesa, a atacar el puesto alemán.
También hay que reseñar un par de situaciones que se pueden en la parte final del film:
El fin de La Gran Guerra y los efectos de la paz.
Cuando los franceses se encontraban a punto de doblegar a los alemanes, aparecen las tropas inglesas para decir:
“En Londres, los aliados decidieron, porque sí, entregar este territorio a su graciosa Majestad.
Y por eso venimos a tomar posesión de ella”
De esta manera, el territorio francés, permanecía intacto, y era el territorio anteriormente controlado por alemanes, lo que pasa a manos inglesas.
Todo esto no es más que la consecuencia del fin de la guerra, es decir, de los acuerdos de paz firmados en Europa, que terminaron con todo El Imperio Colonial Alemán, que fue repartido principalmente entre Francia e Inglaterra.
Este es el caso de Camerún…
Por otro lado, en La Victoire en Chantant, la paz trae consigo escenas muy interesantes, al menos para la mentalidad africana, que cuando ve que, después de los enfrentamientos, los colonos franceses y alemanes vuelven a tratarse como si nada hubiese ocurrido, se dan cuenta de que han sido ellos quienes han sostenido y arriesgado la vida en esta guerra, mientras que los europeos se mantenían a una distancia prudencial y cómoda.
Se suceden así una serie de escenas en las que los nativos muestran el profundo desprecio que sienten ante esta situación tan mezquina.
No es raro que La Victoire en Chantant sea leída como un claro ejemplo del cine bélico, y de carácter histórico-político.
A través de un lenguaje cómico y satírico, Annaud muestra aspectos cruciales de la coyuntura histórica en la que ambienta su obra, proporcionando un abundante material para el análisis histórico, y demostrando la utilidad de dicha manifestación cinematográfica.
Es sin duda, una de las grandes obras de La Gran Guerra, pues con un estilo cuidado y detallista, trata de abordar temas de vital importancia como fueron los nacionalismos, la sociedad colonial, el papel de La Iglesia, la guerra moderna, y los efectos de la paz.
Se trata sin duda, de una obra valiosa, tanto en el plano técnico como contextual, que nos permite acercarnos de forma amena y divertida, a un periodo histórico que marcaría el porvenir del siglo XX.
Y no solo eso, sino que se aventura a plantear cuestiones ideológicas, como son la idea de progreso, el eurocentrismo, el racismo, en definitiva, los sentimientos de superioridad occidental que permitieron la asimilación y legitimación de la dominación colonial.
Estamos por tanto, ante uno de las principales obras que trataron de retratar este tipo de cuestiones, unas temáticas que fueron altamente desarrolladas a partir de la segunda mitad del siglo XX, con el apogeo del cine, y más concretamente, del cine histórico.
Por supuesto, además de la actuación bastante decente de la mayoría del reparto; pero si alguna vez hubo un personaje que mejor ejemplifica los objetivos de la película, sería Jacques Dufilho como Jacques Rechampot.
Siendo el más franco y vano de los colonos blancos, es también el más egoísta, llegando a enterrar latas de sardinas y otros suministros para que su ejército reclutado no los tome.
Con un bigote espeso y enojado, ojos feroces, y rebosante de arrogancia, el hombre contra los elementos superpone una tesis del absurdo; como el pastoreo de gatos o mear con confianza en el viento.
Si bien los actores no son muy famosos a nivel internacional, algunos son dignos de elogio por el desparpajo, como:
Jean Carmet, Jacques Spiesser, Catherine Rouvel, pero no hay un personaje agradable en toda la película, ni en blancos ni en negros.
Una de mis secuencias favoritas, es cuando todos los colonos franceses van a un picnic, para ver a los nativos cargar contra la fortaleza alemana…
Los franceses se sientan a la sombra, bebiendo vino y comiendo, y comentando la batalla como si estuvieran hablando de deportes…
Entonces escuchan el sonido de las ametralladoras, y se dan cuenta de que las cosas no son tan fáciles como esperaban.
Al parecer, estos colonialistas están completamente lavados el cerebro por su propia propaganda pro-guerra, nacionalista, que no se dan cuenta de lo fea que es la guerra en realidad, y están en un rudo despertar, cuando encuentran la verdad.
La Victoire de Chantant es una película maravillosamente sardónica, divertida sobre la arrogancia, el patriotismo y el racismo, y sorprendentemente suave.
Aquellos que creen que la gloria puede venir sin un precio abrupto, que creen que la guerra es una gran aventura, siempre y cuando se experimente a distancia, que creen que los blancos son intrínsecamente superiores, todos toman su parte del ridículo.
“Los hombres blancos, son más fuertes que los negros...”, grita un sacerdote, “¡Porque tienen un dios mejor!”
Viene la respuesta bien ensayada…
Por supuesto, en su propio idioma, uno de los nativos dice a otro, mientras el sargento blanco tira un insecto:
“¿No te dije que los hombres blancos atraen moscas?”
En una escena rápida, un nativo que había estado mirando a La Meca, y rezando rápidamente, desaparece en su choza, y reaparece usando una cruz justo cuando llegan los sacerdotes...
Otra parte favorita, es cuando los nativos están viajando y cantando, mientras llevan a los sacerdotes perezosos a lo largo de su viaje...
Las traducciones de las letras de esas canciones son divertidas, teniendo en cuenta que los pomposos sacerdotes, no tienen idea de lo que están cantando, y piensan que es bastante pintoresco.
Las estúpidas consignas y el patriotismo, así como la estupidez resultante del asalto, es una gran mini-versión de la verdadera guerra de vuelta en Europa.
El paralelo, es realmente bastante inteligente:
Los alemanes se encuentran mejor parados.
Eso es evidente desde el principio, cuando su bandera agita vibrantemente en el viento, en contraposición a la francesa, que permanece inmóvil.
Los alemanes están mejor equipados y entrenados; mientras que los franceses van arrogantemente a la guerra, sin preparación.
Es muy obvio quién es el objetivo de esta película...
¡Francia!
Pero al final, esto es una acusación contra cualquier país que haya tenido colonias en África, ya sea Francia, España o Portugal.
Todo está aquí:
El rencor por la cultura de los nativos, el proselitismo cristiano, la asunción de la superioridad europea.
Pero los colonos son tan tontos que se preguntan, cómo podrían haber conquistado cualquier cosa en primer lugar, y la respuesta es clara:
No tiene nada que ver con la inteligencia o la superioridad racial, sólo la buena y vieja fuerza en el número y las armas.
En última instancia, pierden la batalla, debido a los elementos impredecibles:
El ejército británico victorioso, vuelve a tomar el control, y el estratega se entera de que tiene mucho en común con el oficial alemán.
Le podemos achacar a La Victoire de Chantant, muchas cosas, como que es históricamente bastante verificable, pero ordinaria.
El ritmo es lento, los personajes no están especialmente dibujados, y la conspiración, en su mayoría, una serie de desventuras militares y malentendidos, no es nada inteligente.
Funciona bastante bien, pero no me dio ni una bofetada en las rodillas, ni asintió con la cabeza en reconocimiento a su habilidad cinematográfica.
Si Hollywood hubiese hecho algo parecido, habríamos esperado un mayor nivel de creatividad.
Aquí hay momentos inesperados de simple entretenimiento, gracias a alguna comedia anticuada, pero incluso esto se ejecuta sin mostrar una habilidad inusual por parte de los productores.
Todo se las arregla para mantenerse unidos lo suficientemente bien, y mover la historia a lo largo, la cinematografía de los lugares de África se ve bien, pero no hay nada aquí que es lo suficientemente especial para elevar el proyecto por encima del ámbito de lo meramente bueno, y darle un premio tan prestigioso, como que parece deshonesto...
La intención del guión puede ser original e ingeniosa; pero se desarrolla con torpeza, con lentitud, a trompicones, con momentos muy dramáticos, y momentos cómicos, pero siempre manteniendo una distancia y frialdad que hubieran sido encomiables si se hubiera sabido desenvolver como un buen ritmo y agilidad.
Al ser una ópera prima, esto se disculpa, pero es una lástima, pues la idea pudo haber conseguido una obra maestra.
Si Annaud la hubiera desarrollado en su madurez, quizás el resultado sería muy distinto.
Así las cosas, colocar La Victoire de Chantant a la par con “La Batalla para Argel” o toda la tranquilidad en El Frente Occidental, es muy pedante.
Esto pudo haber sido una de las últimas reliquias del colonialismo en África, antes de que los cineastas africanos reivindicaran el género como propios, e interpretaran a los nativos como seres humanos verdaderos, algo que diferente a los peones tristes y abusados por los protagonistas europeos.
¿Qué queda después de tantos años del estreno?
El delicado sentido del humor y la ironía que compite con el irracional fervor nacionalista, que impide que las personas vean la verdad ante sus ojos, y los sentimientos en sus corazones.
La belleza extraordinaria de las imágenes tomadas de la luz africana saturada.
La terrible tristeza que se siente, como la comedia desciende a la tragedia, y darse cuenta de que esta situación absurda, es terriblemente real, y terriblemente cierta.
Por último, la banda sonora es de Pierre Bachelet, que utilizó la canción del título, interpretada por Georges Thill, en una bella escena de inicio de créditos con fotografías de época, coloreadas.
“L'Afrique est loin d'être l'enfer représentée dans les écrits des colonies.
Là où je m'attendais à rencontrer des bêtes féroces, je ne trouve que des chiens, des vaches, des poulets et le canard occasionnel”
Lo que se ha señalado sobre La Victoire de Chantant, que puede ser de interés, es cuánto más crítica es de los franceses, de lo que es de los alemanes, a pesar de que los alemanes son retratados como “los chicos malos”
Y por supuesto, en la década de 1970, los franceses habían luchado contra los alemanes 2 veces en los últimos 50 años o más, en algunas guerras bastante masivas, por lo que es interesante no vilipendiarlos.
Históricamente, El Imperio Colonial Francés comenzó a hundirse durante La Segunda Guerra Mundial, cuando las diferentes partes de su Imperio fueron ocupadas por potencias extranjeras:
Japón en Indochina; El Reino Unido en Siria, Líbano y Madagascar; Estados Unidos y Reino Unido en Marruecos y Argelia; y Alemania e Italia, en Túnez.
Pero el control fue restablecido gradualmente por Charles de Gaulle...
La Unión Francesa, incluida en La Constitución de 1946, sustituyó al antiguo Imperio Colonial.
Sin embargo, Francia se enfrentó inmediatamente con los inicios del movimiento de descolonización.
Especialmente, Costa de Marfil, oficialmente llamada, La República de Costa de Marfil, en francés, République de Côte d’Ivoire; empezó su independencia en diciembre de 1958, cuando se convirtió en una república autónoma dentro de La Comunidad Francesa, como resultado de un referéndum que trajo el estatus de comunidad a todos los miembros de la antigua federación de África Occidental Francesa, excepto Guinea, la cual había votado contra la asociación.
Costa de Marfil se independizó el 7 de agosto de 1960, y permitió que su membresía comunitaria, caducara; estableciendo la ciudad comercial de Abiyán, como su capital.
Pero recientemente, en noviembre de 2004, aproximadamente 14.000 ciudadanos franceses en Costa de Marfil, abandonaron el país tras días de violencia anti-blanca.
Las tensiones entre Costa de Marfil y Francia, aumentaron después que ataques aéreos marfileños, mataran a 9 pacificadores franceses, y a un trabajador de socorro.
En respuesta, Las Fuerzas Francesas atacaron el aeropuerto de Yamusukro, destruyendo todos los aviones de La Fuerza Aérea Marfileña.
Las violentas protestas surgieron en Abiyán y Yamusukro, y estuvieron marcadas por la violencia entre marfileños y pacificadores franceses.
Miles de extranjeros, especialmente ciudadanos franceses, evacuaron las 2 ciudades.
Estos hechos hacen que La Victoire de Chantant no está fechada, ni lo será nunca.
Mientras los hombres luchen por territorios o por ideales, La Victoire de Chantant estará entre los primeros, como un testamento a la idiotez y mezquindad de la contienda bélica.

“Quant aux colonies, disons à nos amis de ne pas être si sûr de l'infériorité de la race noire.
Vu de près, cette infériorité a moins à voir avec la forme du crâne ou la composition du sang qu'avec la conviction que nous détenons de notre propre supériorité.
Au risque de vous choquer, j'ose dire que, à bien des égards, les indigènes ne sont pas loin de mériter le nom honoré des "hommes”



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