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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

lunes, 10 de julio de 2017

Razorback

“It has two states of being... dangerous or dead”

En Australia, recién en 1971 se permitió el rating R, “para mayores de 18, sin contenido erótico/muy violento explícito”; algo que les permitió a los directores australianos realizar películas de acción y terror dentro de estas reglas.
Como la ola aspirante no era para nada acaudalada, estas producciones se empezaron a realizar en el desierto, y generalmente se centraron en los géneros de horror y acción, dando lugar al famoso subgénero “ozploitation”
El sexo, los desnudos a la menor provocación, la violencia extrema, el racismo, el horror “gore”, lo sucio, la vulgaridad urbana, la misoginia, el sarcasmo y la parodia descarnada, entre otros, son elementos recurrentes en la historia del cine de explotación australiano, donde se aprovecha todo, para mostrar elementos sensacionalistas del cine de género.
Por lo general, su temática es el terror que se aprovechaba de escenas explícitas y violentas.
La corriente se desarrolló en Australia entre los años 70, y fines de los 80; pues en los años 60, vieron surgir un enorme movimiento mundial de liberación juvenil.
Australia también fue parte de estas transformaciones sociales:
El feminismo y el pacifismo, tuvieron un auge considerable, y junto con ellos entraron en apogeo la liberación sexual y el consumo de drogas.
Es este contexto el que sirve de inspiración para el “ozploitation”
En realidad, hasta hace poco este subgénero se llamaba “aussieploitation” pero luego cambió a “ozploitation” a partir del documental del director Mark Bagley:
“Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story Of Ozploitation! (2008)”
Además, Quentin Tarantino acuñó la frase “aussiesploitation”, que el director Mark Hartley luego redujo a “ozploitation”
Dicha tendencia surge paralelamente al cine de la llamada “Nueva Ola” australiana, que incluía filmes de arte, como los de Peter Weir, Bruce Beresford, o Fred Schepisi.
Dado su carácter independiente, los contenidos de las películas de explotación australianas, son altamente tóxicos y subversivos.
Un escenario obligatorio, fue el “Outback”, que es el interior remoto y semiárido de Australia, las regiones más alejadas de los centros urbanos que el “bush”
Las pocas partes fértiles, se utilizan para granjas de ganado, vacuno u ovino; aparte de esta actividad, el turismo y la minería son las principales actividades económicas en esta vasta área alejada del mar.
Pero el “Outback” está lleno de una muy importante fauna, bien adaptada, aunque gran parte de ella no puede ser inmediatamente visible para el observador casual.
Muchos animales, como los canguros rojos y los dingos, se esconden en los arbustos para descansar y mantenerse frescos durante el calor del día.
Los cerdos salvajes, por ejemplo, son animales importados que degradan el medio ambiente, por lo que se gasta tiempo y dinero para erradicarlos en un intento de ayudar a proteger los frágiles pastizales.
¿Qué mejor manera de dirigirse al “Outback” que en una campaña para eliminar a un gran jabalí asesino?
“There's something about blasting the shit out of a razorback that brightens up my whole day”
Razorback es una película de terror australiana, del año 1984, dirigida por Russell Mulcahy.
Protagonizada por Gregory Harrison, Arkie Whiteley, Bill Kerr, Chris Haywood, David Argue, Judy Morris, John Ewart, John Howard, Don Smith, Mervyn Drake, Redmond Phillips, Alan Becher, Peter Schwarz, Beth Child, Rick Kennedy, entre otros.
El guión es de Everett De Roche, basado en la novela homónima de 1984, de Peter Brennan.
Russell Mulcahy, fue el director de una producción australiana que demuestra que a los australianos hay que darles de comer aparte…
El paisaje, los personajes, los vehículos...
Todo parece salir de una película de ciencia ficción post-apocalíptica, pero resulta ser el típico presente australiano.
Algunos comentaristas, han escrito que Razorback puede haber sido inspirado por la muerte de Azaria Chamberlain, en 1980, cuya madre fue acusada de asesinato después de un dingo arrebató al bebé...
En Razorback, De Roche mezcla suficientes elementos para hacer la historia propia:
El cerdo salvaje, de latín “fera”, o “bestia salvaje”; es un cerdo (Sus scrofa) que vive en la naturaleza, pero que ha descendido de individuos domesticados escapados tanto en el mundo antiguo como en el nuevo.
“Razorback”, que significa literalmente, “espalda de cuchilla” y el término “cerdo salvaje”, son coloquialismos americanos, aplicados libremente a cualquier tipo de cerdo doméstico salvaje, jabalí o híbrido en América del Norte.
El término también ha aparecido en Australia, para describir cerdos salvajes allí.
La introducción deliberada de cerdos, en zonas previamente libres de cerdos, parece haber sido común.
Tan recientemente como principios de los años 70, los cerdos fueron introducidos a La Isla de Babel, de la costa del este de La Isla de Flinders; y fueron erradicados por personal del Departamento de Agricultura con asistencia local.
Sin embargo, los cerdos que son omnívoros, devoran cualquier cadáver dejado cerca del arbusto o en la tierra.
Así las cosas, Razorback se considera un “ozploitation” o “cine de explotación australiana” que explotaron la moda de “la naturaleza se venga”
Lo que lo distingue a Razorback del resto de filmes, es que intenta armar una fórmula propia, en vez del remanido “el alcalde quiere que oculten los asesinatos de un animal salvaje gigante, que sólo cree el sheriff local, para así salvar la temporada de turismo local”, y le agrega una gran cuota de mística a la australiana.
Las locaciones seleccionadas para filmar, se hicieron mayormente en la pequeña ciudad aislada de Broken Hill, en la zona oeste de New South Wales, y algunas pocas en Sydney; el rodaje del film comenzó en junio de 1983; y nos ilustra un poco sobre el tipo de cine que se practicó en aquellos años en las tierras de los canguros, practicando un terror directo, sanguíneo, que por momentos acaricia el “gore”, y también por momentos, un inusitado surrealismo en su horror.
La acción inicia cuando una especie de cerdo salvaje, aterroriza y asesina gente en una aislada ciudad del interior de Australia.
La primera víctima resulta ser un niño, y después, Beth Winters (Judy Morris) una periodista de Nueva York, que quiso investigar el caso.
Jake Cullen (Bill Kerr), un cazador local, sospecha que Beth ha sido víctima de un gigantesco jabalí, el mismo que matara a su nieto hace unos años.
El marido de Beth, Carl Winters (Gregory Harrison), quiere averiguar la verdad, pero los habitantes de la zona no se muestran muy amistosos, como los 2 pervertidos hermanos:
Benny (Chris Haywood) y Dicko Baker (David Argue)
Y sólo contará con la ayuda de Jake Cullen, y Sarah Cameron (Arkie Whiteley), para encontrar a la bestia.
Razorback es la lucha del humano contra un sobrenatural y monstruoso ser, que no se llega a mostrar del todo, pero cuyo terror y acciones sanguinarias suplen esa ausencia; con su terror frontal, sin adornos, salvo algún sorpresivo pero apreciable momento cargado de surreal pesadilla; nos introduce en el terror que infunde un ser imposible, una criatura inimaginable, un jabalí, que ciertamente es animal de temer, pero cuyas descomunales medidas y sobrenaturales dimensiones, lo vuelven un animal formidable, una bestia incontrolable, cuyo salvajismo y bravura lo convierten en implacable asesino.
Ambientado y engalanado con toda la fauna propia de esas tierras, que incluyen los infaltables canguros, wallabies, camélidos, y por supuesto, los jabalíes, Razorback es más bien una propuesta modesta, de bajo presupuesto, pero consigue su cometido.
Es terror directo, puro y duro, sin innecesarios ornamentos, se va directo a lo que importa, a la sangre, al horror, plasmando constantemente imágenes de hemoglobina, de carne, de cuerpos de cerdos despellejados, constantes imágenes del matadero, con los cual se consigue el “gore”; y para los amantes del cine clase B, Razorback es una muy buena propuesta como película de terror.
Es la perspectiva de un hombre, cuando es puesto a prueba por una fuerza mortal e inescrutable de la naturaleza.
“I thought you might know what happened”
A comienzos de los 80, el periodista y escritor estadounidense, Peter Brennan, quién luego se haría conocido posteriormente por ser el creador pionero de numerosos programas sensacionalistas de televisión del género “reality” en los 80 y 90 en Estados Unidos, publicó una novela llamada “Razorback”, nombre que remite a los cerdos feroces y salvajes.
El título les llamó la atención a los hermanos gemelos, productores de cine y televisión, Hal y Jim McElroy, que tenían su productora llamada:
McElroy & McElroy, para llevarla al cine.
Rápidamente se asociaron con Western Film Productions, y la compañía UAA Film Limited, sigla de United American and Australasian Films, una productora australiana que financió varias películas durante esa década, aprovechando las facilidades impositivas que otorgó el gobierno del país en esa época.
En 1981, el gobierno local amplió los incentivos fiscales hasta un 150% del presupuesto, traído como inversión de riesgo a aquél país, para todo aquél privado local, asociado a empresas internacionales que quisieran invertir en producciones de cine y televisión durante 2 años, una vez que el proyecto se comenzara.
¡Qué mejor oportunidad!
El guión de Razorback, fue escrito por el estadounidense, Everett De Roche, quién ya hacía varios años que residía en Australia como guionista, a quién Hal McElroy inicialmente le entregó una copia del manuscrito del libro de Brennan, con algunas notas suyas en lápiz, para que tuviera en cuenta al momento de escribir el borrador.
Como dato, ambos eran grandes fanáticos del film “JAWS” (1975), y fue una fuente de inspiración como narrativa cinematográfica.
De Roche, hizo su propia investigación, y se contactó con cazadores de cerdos donde vio que la trama podía ser viable.
Una vez que se terminó de escribir el guión, los productores convocaron en agosto de 1982, a Russell Mulcahy, que en aquél entonces era un director respetado de videoclips musicales para bandas como:
Ultravox, Duran Duran, y el cantante Elton John, entre otros, donde curiosamente, de estos 2 últimos se escuchan temas como parte del “soundtrack” de Razorback.
La reputación de Mulcahy en el mundo de la música, como un gran director en esa área desde comienzos de la década, fue suficiente para ponerse al frente de su primer largometraje en su propio país.
Con Razorback, el director brindó una bizarra historia de terror, que tiene como protagonista a un jabalí enorme que mata gente.
Cuando nos referimos al monstruo, cabe aclarar que nos referimos al jabalí de marras, ya que en el argumento hay un par de personajes, cazadores para más datos, a los que tal calificativo les viene como anillo al dedo.
Además de éstos, hay un anciano sediento de venganza hacia el jabalí que mató a su nieto, una defensora de los animales, un marido que busca respuestas, y algún otro personaje.
El concepto es desopilante, porque el jabalí es un animal que no solía trabajarse en estas historias, y eso es lo más divertido de esta propuesta.
Todo es mostrado con una extraña belleza visual, pocas veces visto en films de este estilo, en donde el talento de Mulcahy triunfa por encima de las limitaciones de la producción.
Con un par de reflectores y un gran director de fotografía, Mulcahy transforma al desierto australiano, en un lugar infernal, que no parece pertenecer a este planeta.
A esto se suma un manejo muy escueto de la visión del animal, que no es más que un muñeco enorme y estático, al que disfrazan sus limitaciones con una edición cuidada, y dejando las cosas libradas a la imaginación.
Y contrariamente a lo que uno podría suponer, esa escasa visión del monstruo de turno, no es insatisfactoria.
Mulcahy es muy generoso mostrando las secuelas de su devastador paso, o haciendo uso intensivo de planos rápidos durante sus ataques, que son salvajes y sangrientos.
A esto se suma algunos detalles sobrenaturales, y hasta apocalípticos, el jabalí gigante como signo de una nueva generación de criaturas, mucho más agresivas contra el hombre, que han aparecido en busca de venganza por sus continuas cacerías; la extinción de razas locales a manos de la nueva criatura, que las depreda sin piedad; el paso del animal, acompañado con fuertes vientos y cambios climáticos, como si fuera una especie de demonio local, que condimentan muy bien al relato.
La trama gira en torno a uno de estos bichos que, por razones desconocidas, está totalmente sacado, y aterroriza a los habitantes de un pueblo rural de Australia.
Si bien, Razorback no es un film demasiado sangriento, a diferencia de otras propuestas australianas, la historia está plagada de acción.
Esto es desopilante, porque tiene explosiones, tiroteos y persecuciones de autos, en una historia que tiene como protagonista a un jabalí que mata gente.
Es al tiempo, una “monster movie” atípica, en la que el monstruo, un jabalí anormalmente grande y agresivo, parece más bien una abstracción mítica e irreal, generada por el propio entorno, en lugar de un ser tangible y real.
Un espejismo, una figura legendaria en la que sólo parecen creer los locos…
En este sentido, el  personaje que interpreta Bill Keer, ayuda a aplicar una luz fantástica sobre toda la peripecia, que acaba siendo otro paseo por los dominios del instinto y la barbarie, de la mano de un protagonista que deberá dejar atrás la cosmopolita y bulliciosa New York, máximo ejemplo de modernidad y civilización, para adentrarse en los terrenos de la Australia más profunda, salvaje, desértica y desquiciada.
Pues bien, este uso del paisaje como herramienta de presión psicológica, vuelve a ser importante.
En un determinado momento de la narración, el protagonista acabará, por circunstancias extrañas que difícilmente aguantan un examen racional, he ahí lo más reprochable; aislado en medio de la nada, perdido en una desnuda extensión de terreno baldío, y acechado por bestias que se amparan en la oscuridad.
Más allá de la amenaza real, de orden animal que pueda poner en peligro su vida, lo que destaca de esta secuencia, es la propia violencia que ejerce tan sobrenatural paisaje en su mente, ya un tanto deteriorada, distorsionándole su visión de la realidad, y llevándole al límite de sus fuerzas.
El principio de locura, se corresponderá con una manifestación de esteticismo onírico muy típica de De Roche.
Lo importante de esta escena, es su insistencia a la hora de señalar al verdadero protagonista de la película:
El paisaje australiano, siempre tan extraño y fascinante, tan peligroso y tan lleno de signos misteriosos y amenazadores.
Razorback ofrece pues, una caída desde la normalidad, la gran ciudad; a la anormalidad, la Australia más rural y abandonada; que implica la tergiversación o derrumbamiento de unos determinados códigos morales, en pos de una supervivencia marcada por el instinto y la sinrazón.
Si uno hace memoria, resulta difícil encontrar una sola película australiana en la que no exista algún personaje tronado, o en vías de serlo.
¿Será que vivir cabeza abajo, termina nublándote la mente?
¿Será esa geografía y fauna, tan decididamente extrañas?
Sea como sea, Everett De Roche, siempre ha permanecido fiel a este componente, llenando sus películas de terror de secundarios excéntricos, protagonistas enfrentados a crisis psicológicas agudas y, de fondo, el gran paisaje australiano, árido y surrealistamente abstracto, contribuyendo a enrarecerlo todo.
Es esto, el efecto paisaje, con sus ramalazos de belleza y paranoia, lo más reseñable de una cinta de serie B, tan entretenida como irregularmente narrada, pues los personajes principales no interesan demasiado, y sus reacciones son a menudo difícilmente justificables; pero con el suficiente poderío y sensualidad visual, como para mantener al espectador seducido e intrigado ante la cualidad mágica de tan insólito territorio.
En segundo plano, una bestia parda que, pese a aparecer poco, garantiza el cupo de violencia, misticismo y peligro, que uno exigiría a cualquier “monster movie”
Suficiente para hacer de esta pequeña pieza de terror artesanal, una cita más que apetecible para todo cazador de cine “aussie” que se precie; y por más pelotuda que pueda sonar esta propuesta, la verdad es que Mulcahy hizo un muy buen trabajo de realización.
Todo el laburo que contiene, con la fotografía, donde hay tomas espectaculares de los paisajes australianos, es realmente fabuloso, y el director creó muy buenos momentos de suspenso.
Es muy difícil hacer una película con un concepto tan ridículo como este, y Razorback justamente funciona.
El bicho protagonista, es un cruce entre jabalí salvaje y cerdo, que tiene el tamaño de un rinoceronte, o eso dicen, porque nunca se le ve bien en toda la película, y tarda casi una hora en que podamos atisbar algo de él.
La criatura fue diseñada y creada por Bob McCarron, con un equipo de asistentes y técnicos, donde además, él se encargó de todas las tareas de maquillaje; y tuvo la buena idea de no mostrar demasiado al jabalí a lo largo del film, y las secuencias de los ataques, al final se destacan porque no expuso demasiado al bicho asesino.
Se cuenta que un modelo de tamaño completo, totalmente “animatronic” fue construido a un costo de $250.000, y se ve por sólo unos minutos.
El hombre de los efectos, Bob McCarron, diseñó un total de 6 jabalíes para la película, uno de ellos, diseñado para vehículos de carnero.
El rodaje utilizó uno de los primeros lotes de un nuevo material de película rápida, desarrollado por Kodak, que resultó en tiros de alta resolución.
Aunque el monstruoso jabalí actúa como gancho comercial, y constituye la razón de ser de todos los personajes, y de la misma trama, desde un principio queda claro, que a esta película la anima la fascinación que en el espectador despierta tan singular entorno.
También, en parte, porque se maneja un presupuesto discreto, y no pudo permitirse grandes alardes de efectos especiales, teniendo que desviar la atención hacia el poderío del espacio, realzado por la esmerada labor fotográfica de Dean Semler, y por la propia pericia del director, el cuasi-debutante Russell Mulcahy, a la hora de disponer panorámicas y puntos de vista de resultados verdaderamente sugestivos, la introducción, por ejemplo, hace alarde de una planificación precisa y un buen ojo para cuajar atmósferas extrañas y subyugantes.
No estamos, por tanto, ante un prodigio de guión, simple y esquemático, pero sí ante una personal reflexión sobre la animalización del individuo en una tierra que le es ajena, y que está regida por la más genuina y atávica violencia, no sólo representada por el gran jabalí asesino, sino también por esos personajes secundarios:
Los paletos Benny y Dicko Baker, que parecen sacados de un filme de Mad Max, residuos peligrosos y olvidados de la civilización.
Y por supuesto, hay un par de escenas memorables:
Cuando el jabalí se lleva a rastras medio rancho, ya que se devoró a un perro que estaba atado a él, con cadena y todo; o bien, el terrible duelo entre el jabalí y el cazador local en el pozo de agua.
Dentro de todo ese violento ejercicio, resalta con cierta nitidez, la secuencia onírica, la pesadillesca alucinación de Carl en el desierto, en el que ve un enorme esqueleto, atorméntalo, mientras el suelo se abre, se hincha y resquebraja, una maligna presencia lo persigue…
Esos instantes surreales, con la imagen de un esqueleto animal siendo el perseguidor, constituyen lo más distinto del filme, lo más cercano a un esbozo surreal y de alucinante terror, que visualmente da rienda suelta a la imaginación, inteligente recurso que da cierta mayor complejidad al producto final, distintivo del singular terror australiano de aquellos años.
O cuando Jake es acorralado por “la bestia”, en una especia de cobertizo, cerca de un abrevadero lleno de jabalíes:
La puerta se cierra y abre por el viento, en un momento “el bicho” está al otro lado del abrevadero, y se puede ver la diferencia de tamaño con los otros, luego se abre la puerta, y está justamente delante de la caseta… eso es saber inquietar sin necesidad de grandes efectos especiales.
No obstante, varios críticos compararon Razorback, con la clásica película de terror natural “JAWS” (1975)
Ambas películas utilizan su monstruo de efectos especiales con moderación, para construir mejor el suspenso, y ocultar las deficiencias técnicas.
Quizás, jugar algo más con la amenaza del jabalí, que a veces no se potencia lo suficiente, a pesar de que me gusta que nunca llegue a ser algo demasiado obvio, hace que su sombra se proyecte en el paisaje, incluso cuando no está.
A menudo notado, fue el estilo de música-vídeo-informado de Russell Mulcahy:
De corte rápido, filtros e iluminación estroboscópica.
El New York Times, atribuyó un “carácter bizarro, casi Dali-esco” a las imágenes.
Sin embargo, la mayoría de los encuestados encontraron el argumento un tanto rotundo y predecible, y hubo quejas sobre las actuaciones... además que hay algunos detalles que opacan el brillo de Razorback:
El juicio del inicio del filme, a Jake Cullen, de quien sospechan que él mismo mató a su nieto, es muy poco convincente, tal vez en alusión al caso Chamberlain.
Hay un par de pésimos villanos, que parecen salidos de Mad Max, incluyendo el coche, que sobreactúan salvajemente, y son sádicos de manera gratuita, y el relato los podría haber omitido olímpicamente.
Gregory Harrison, es terriblemente blando como protagonista, a pesar de su buen ver, y trasluce cero de emociones para lo que debería ser un hombre cegado por la venganza.
El enredo de Harrison con el par de carniceros locos, es algo muy traído de los pelos…
¿Cómo es posible, que un jabalí que logra arrancar la pared de una casa, no sea capaz de atravesar la puertecilla esa de chapa mala del matadero?
Y por último, tal vez, el clímax en la fábrica es un calco del final de “The Terminator” (1984)
Aún con esos detalles, Razorback es un sólido clásico de culto, que bien vale una acalorada recomendación.
Como dato curioso Gregory Harrison, en la vida real, se había criado con cerdos cimarrones en La Isla Santa Catalina, en California, donde nació.
Destacar la banda sonora de Ivan Davies, que aporta algo de tensión en algún momento.
“It was an accident”
Los cineastas australianos, fueron responsables de brindar en aquellos años, verdaderas películas de culto que presentaron enfoques novedosos a la hora de trabajar, principalmente los géneros del terror y la acción, además de establecer técnicas innovadoras de realización, que luego fueron copiadas en Hollywood, usando el horror natural, también conocido como las características de la criatura, como un subgénero de películas de terror, que caracteriza a la naturaleza que corre como destructora, típicamente en forma de animales o plantas, que matan a la gente, o al menos representan una amenaza para ellos.
Si pensamos en películas de terror, donde el mal está representado a través de animales, nos vienen a la cabeza multitud de títulos famosos:
Tiburón, Piraña, Cujo, Los Pájaros, Anaconda, Aracnofobia... más nos olvidamos de esos otros seres que apenas provocan terror, algunos animales domésticos, pero que también protagonizan un buen puñado de cintas de serie B, muchas de ellas prácticamente desconocidas:
Conejos o jabalíes, como el monstruo que causa el pánico en Razorback, que tal vez sea la película de terror animal sobre cerdos, más famosa, aunque también están:
“Daddy's Deadly Darling” (1972), “Evilspeak” (1981), “Pig Hunt” (2008), y “Chaw” (2009)
Y a partir de 1987, los cerdos salvajes se consideraron la plaga de mamíferos más importante de la agricultura australiana.
La producción australiana de películas de terror, se triplicó de menos de 20 películas en la década de 1990, a más de 60 películas entre 2000 y 2008.
Según un investigador, “las fuerzas globales y los modelos emergentes de producción y distribución, están desafiando la estrechez de la política cultural, una estrechez que impone una cultura cinematográfica particular, circunscribe ciertas nociones de valor, y limita la variedad de películas producidas en el país.
Las películas de terror, se han adaptado bien a las limitaciones financieras de la industria cinematográfica australiana, son una estrategia de crecimiento para los productores, y un campo de entrenamiento para los cineastas emergentes”
Y eso que en Australia hay mucho animal raro, todavía digno de la más horrorosa película de terror.

“What's up your hole?
You American shit!”



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