Dancer In The Dark

“They say it’s the last song.
They don’t know us, you see it’s only the last song if we let it be”

A pesar de la enorme variedad en cuanto a nacionalidades, temáticas o procesos, el cine musical representa una época llena de atavismos, donde sólo se exhiben los aspectos positivos y las aspiraciones de la mayor parte de las personas.
Finales felices y desarrollos empalagosos han sido la constante desde su inicio en los treinta hasta los más recientes intentos.
No es casual que tantas personan aborrezcan el cine musical.
Uno puede ver una película musical y parece que ha visto todas.
El musical fue el más poderoso e hipnótico de los géneros clásicos precisamente por su capacidad de borrar, en forma suave o violenta, la línea entre lo que la gente quería:
Amor, dinero, poder…
Y lo que de verdad necesitaba:
Trabajo, estabilidad, comprensión…
Su influencia sólo vino a desvanecerse cuando esta tensión fundamental comenzó a trasladarse a géneros más explícitos como el cine de acción, el filme de rock o la pornografía.
“I listen to my heart”
El Dogma 95, Dogme 95 en danés, fue un movimiento fílmico vanguardista desarrollado en 1995 por los directores daneses Lars von Trier y Thomas Vinterberg, quienes crearon la "Manifestación del Dogma 95" y el "Voto de Castidad"
Esos fueron reglas para hacer cine basado en valores tradicionales de historia, actuación y tema, y excluyendo el uso de elaborado efectos especiales o tecnología.
El objetivo del colectivo Dogma es purificar el cine rechazando costosos y espectaculares efectos especiales, modificaciones de post-producción y otros trucos técnicos, por tanto, los cineastas se concentraron en la historia y la interpretación de los actores.
Ellos creen que este enfoque puede atraer mejor a la audiencia, ya que no están alienados o distraídos por la sobreproducción.
Con este fin, Lars von Trier y Thomas Vinterberg produjeron diez reglas que cualquier película Dogma deben cumplir.
Estas normas, conocidas como el "Voto de Castidad," son los siguientes:
Los rodajes tienen que llevarse a cabo en lugares naturales.
No se puede decorar ni crear un "set"
Si un artículo u objeto es necesario para el desarrollo de la historia, se debe buscar una localización donde estén los objetos necesarios.
El sonido no puede ser mezclado separadamente de las imágenes o viceversa, la música no debe ser usada, a menos que esta sea grabada en el mismo lugar donde la escena está siendo rodada.
Se rodará cámara en mano.
Cualquier movimiento o inmovilidad debido a la mano está permitido.
La película no debe tener lugar donde esté la cámara, el rodaje debe tener lugar donde la película tiene lugar.
La película tiene que ser en colores.
Luz especial o artificial no está permitida, si la luz no alcanza para rodar una determinada escena, ésta debe ser eliminada o, en rigor, se le puede enchufar un foco simple a la cámara.
Se prohíben los efectos ópticos y los filtros.
La película no puede tener una acción o desarrollo superficial, no puede haber armas ni pueden ocurrir crímenes en la historia.
Se prohíbe la alineación temporal o espacial, esto es para corroborar que la película tiene lugar aquí y ahora.
No se aceptan películas de género.
El formato de la película debe ser de 35 mm.
El director no debe aparecer en los títulos de crédito.
Las normas anteriores han sido tanto eludidas y rotas desde la primera película Dogma que se produjo, una paradoja…
Más tarde, se unieron los daneses Kristian Levring y Soren Kragh-Jacobsen, formando el Colectivo Dogma 95 o los Hermanos Dogma.
El movimiento cayó en 2005 luego de considerar que ciertas reglas en el “Voto de Castidad” se mantenían imprecisas.
“In a musical, nothing dreadful ever happens”
Dancer In The Dark es una ENORME película danesa de 2000 dirigida por Lars von Trier, coproducción en la que participaron países como Dinamarca, Alemania,
Países Bajos, Italia, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Suecia, Finlandia, Islandia y Noruega.
Dancer In The Dark cuenta con las actuaciones de la cantante islandesa Björk Guðmundsdóttir, Catherine Deneuve, David Morse, Peter Stormare, Jean-Marc Barr, Joel Grey, Udo Kier, Vincent Paterson, Cara Seymour, Vladica Kostic, Siobhan Fallon, Zeljko Ivanek y Jens Albinus.
Dancer In The Dark es la tercera parte de la trilogía fílmica “Golden Heart Trilogy” de von Trier en la que se incluyen “Breaking The Waves” (1996) e “Idioterne” (1998); todas son historias de heroínas que se mantienen inocentes pese a sus acciones.
La banda sonora de Dancer In The Dark, luego editada en el álbum “Selmasongs”, fue creada en su totalidad por Björk.
Dancer In The Dark se estrenó en el 53er Festival Internacional de Cine de Cannes, en donde fue admirada y discutida por la crítica.
Obtuvo la Palme d’Or y el galardón correspondiente a la Mejor Actriz.
La canción "I've Seen It All" fue candidata al Oscar a la mejor canción.
Cabe señalar que en la presentación de la ceremonia del Oscar, Björk llevó su famoso vestido de cisne.
Hay que armarse de muy buena voluntad a la hora de mirar Dancer In The Dark.
No es para cualquier espectador, hay saber pasar las dos horas y veinte que dura, de ritmo oscilante, con altibajos en la intensidad emocional que brinda.
Dancer In The Dark es de ese estilo de películas que emociona y gusta hasta el hartazgo o la terminas sufriendo y mal.
Dancer In The Dark se trata de una visión musical increíblemente deprimente, dramática y desgarrada que contrasta con el optimismo mostrado en los setenta años previos.
Dancer In The Dark no muestra una historia triste ni melancólica, sino que nos cuenta la melancolía y la tristeza en su estado puro y lírico.
von Trier tiene la capacidad para no pasar desapercibido al menos con sus propuestas, y Dancer In The Dark es una obra excéntrica por naturaleza, que puede llegar a puntos muy fuertes y profundos de la sensibilidad del ser humano o caer en el regocijo de la seudo alegría del musical que transmite y sirve de catarsis de penas.
Dancer In The Dark posee algunas características que chocan inmediatamente con los principios del director, cuyos dogmas han exigido eliminar las acciones secundarias, entre ellas, paradójicamente, la música.
Pero en esta ocasión, la convierte en el recurso idóneo para encumbrar el absurdo y separar infinitamente los polos que son la esperanza y la realidad de todo los días.
Vistos superficialmente, las coreografías, canciones, representaciones y anhelos utilizados son ridículos pero, a mayor profundidad, son poesía en movimiento, poesía maldita tal vez.
Dancer In The Dark se trata, en suma, de un relato crudo que utiliza los intermedios y la parafernalia musical para disfrazar puerilmente la barbarie que impregna cualquier resquicio.
Dancer In The Dark se desarrolla en Estados Unidos en el año 1964.
Selma Ježková (Björk) es una inmigrante checa que se muda a aquel país con su hijo Gene Jezek.
Además, Selma padece una enfermedad hereditaria degenerativa que le está ocasionando una rápida ceguera progresiva.
Por este motivo Selma ahorra centavo a centavo en una lata que guarda en su cocina para pagar una operación que evite que su hijo sufra el mismo destino.
Selma participa en la obra teatral “The Sound Of Music” donde comienza a quedarse ciega.
Cuando su vida es aburrida y miserable, comienza a tener alucinaciones donde ve a la gente en números teatrales bailables.
La vida de Selma comienza a ser una auténtica ruina; uno de sus supuestos amigos la traiciona, le ocurren cosas malas en parte por culpa de sus alucinaciones y otra por su enfermedad irreparable.
Sin embargo nos damos cuenta que Selma está rodeada de mucho amor.
La única distracción que ella se permite es su pasión por los musicales.
Ella encuentra música y ritmo en los sonidos cotidianos y en su imaginación los transforma en canciones en las que ella es una artista que canta y baila.
Los musicales representan para Selma esa vida absolutamente feliz, despreocupada e inalcanzable a la que ella sabe que no puede aspirar.
Dancer In The Dark trata de como la verdad se transforma en mentira sin piedad y de la honestidad de las personas castigada por la sociedad.
“I just wanted to hold a little baby”
Selma es la abnegación, el sacrificio voluntario e inconfeso, provocado por un terrible sentimiento de culpa que no puede soportar:
Ella quiso tener a su hijo Gene pese a saber que este acabará quedándose ciego con el paso del tiempo, debido a un problema en los ojos que también le afecta a ella.
Ante esta situación y ante la extrema inmersión en las angustias y temores del personaje a la que nos conduce Von Trier, Selma se nos presenta como un personaje irreal sumido en una existencia de absoluta crudeza.
El resto de seres que la envuelven poseen la característica de no ser exactamente negativos.
Incluso cuando la tragedia se precipita sobre la vida de Selma, ninguno de los personajes detonantes del drama resultan enjuiciados por el cineasta.
Por el contrario, sus actos están motivados por unos impulsos que escapan a su control, ya sea la desesperación ante la falta de dinero que provoca la paulatina locura de Bill, o la condena de Selma y su posterior ejecución.
Lars von Trier reitera que el hombre nada puede hacer contra su propia condición, que la crueldad queda intrínseca en la naturaleza y que los impulsos de violencia o irracionalidad provocados por el miedo no pueden contrarrestarse por muy lamentables que sean sus consecuencias.
Y es en este punto de vista donde un personaje poseído de la más absoluta inocencia toma su verdadero significado.
El mundo en el que Selma vive no es, en absoluto, el más adecuado a sus características humanas.
Sin embargo, su sola presencia se hace tan necesaria como el aire que respiramos.
Dentro de un concepto estrictamente cristiano, Selma queda expuesta como el ser que llevará a sus espaldas los pecados ajenos, lo absurdo de una sociedad primitiva y de unas instituciones que potencian y defienden la abyección de la pena de muerte.
Pero de este material de derribo emerge una inmensa Björk que vive, no actúa, todo lo que le pasa a Selma.
La entrega de la islandesa duele.
Duele al espectador y ese dolor traspasa la pantalla y llega a nuestro corazón.
La impotencia, la desesperación, la inocencia, el infinito amor de una madre por su hijo, el sacrificio.
von Trier, listo manipulador, vio el potencial de la entregada Björk y lo exprimió hasta sus últimas consecuencias, ésta acabaría diciendo que no volvería a hacer una película en su vida de lo mal que lo pasó.
Catherine Deneuve (Kathy/Cvalda) y los demás actores describieron su actuación más como sentimiento en lugar de interpretación.
“This isn't the last song, there's no violin, the choir is quiet, and no one takes a spin, this is the next to last song, and that's all...”
La belleza de la puesta en escena musical se complementa con las grandes canciones compuestas a cuatro manos por Björk y el propio von Trier, e incluso el básico tratamiento de colores saturados de los números musicales, en contraposición con la ocre realidad, se revela todo un acierto.
Originalmente Dancer In The Dark comienza con una obertura, que es la música de la última canción "The Next To Last Song" para ensamble de metales y percusión, con la pantalla a oscuras.
Esto fue posible en Europa y posteriormente en Latinoamérica, pero la producción sugirió que esa idea no era recomendable en los Estados Unidos, por lo que el director filmó un collage con pinturas del artista expresionista danés Per Kirkeby, el esposo de la productora Vibeke Windeløv, que acompañó la música introductoria.
Dancer In The Dark fue filmada con más de 100 cámaras digitales de modo que los ángulos múltiples de cada escena fueran capturados y filmados.
En el guion original que Lars von Trier había escrito, el personaje de Kathy era una mujer afroamericana, pero cuando Catherine Deneuve se mostró interesada por este proyecto, Lars reescribió su personaje para que fuera una mujer francesa inmigrante.
La fotografía es rústica y borrosa, los trabajos de montaje o postproducción son escasos, pero este minimalismo, falta de profesionalidad dirán los atrevidos, sólo tiene la finalidad de saturar la atmósfera de un realismo descarado, realismo que permite observar las acciones con una intimidad pasmosa, como si los histriones estuvieran justo enfrente de nosotros.
Algunos podrán decir que Lars von Trier exagera en la bondad del personaje femenino, interpretado por la diva de la música alternativa Björk, donde el destino se ensaña desorbitadamente contra los más desposeídos, o que trata de chantajear al espectador con recursos sobrados de cursilería y probablemente todo eso y más sean ciertos.
El argumento no sería diferente a muchos fiascos televisivos o cinematográficos, pero la prodigiosa ejecución de los actores hace que los aspectos fácilmente criticables pasen a segundo plano, a un lugar inadvertido, y uno simplemente contemple absorto el desconsuelo alabando al director por haber realizado el largometraje de esa manera.
Nada que decir del director Lars von Trier, sino que ha conseguido plasmar la angustia y el sufrimiento en algo tan alegre y fugaz como son las obras musicales.
La naturalidad de las imágenes, la maestría para llevar las escenas directamente al corazón, la interpretación y el hacer sentir, dan las claves para determinar que estamos ante una de las grandes obras maestras del los últimos años en el cine postmoderno.
Dancer In The Dark evoluciona al ritmo marcado por Björk que une atrozmente drama y melodía en su tercio final, y que tiene en los acordes de “I’ve Seen It All” y de “107 Steps” las claves para comprender lo que estamos presenciando, el nacimiento de un nuevo ángel al que la cámara acompaña desde su cegada obertura.
Ella, Selma, proyecta en su escenario vital lo que dicta su corazón:
Musicales al ritmo de los ruidos de la vida.
Ella, la vida, responde sin piedad, pero por encima de todos, el único número no imaginado, el último, el cantado acapella por Björk es desgarrador, terrorífico, ese último plano, ascendente, es soberanamente genial.
“There's no more to see...”
Lars von Trier dio rienda suelta a dos de sus temas preferidos:
La virtud de los inocentes, de esa inmigrante un poco lerda que lucha con trabajo duro y espíritu espartano contra la adversidad, con el único objetivo de salvar a su hijo.
Y el furioso antiamericanismo, que yo no comparto del todo, pero que resulta muy interesante por su planteamiento.
von Trier no deja títere con cabeza, se mete con la felicidad a través del consumo, con la doble moral de la familia media en la América profunda, la deshumanización empresarial, el desamparo de los pobres cuando no hay Estado del Bienestar, el sistema judicial que sólo permite la defensa justa del rico, y la pena de muerte, que pone al mismo nivel a asesinos y Estado, y que niega de raíz el principio de reinserción, etc.
Pese a los muchos galardones que obtuvo Dancer In The Dark, no todas las críticas fueron positivas, de hecho, se trata de una película controvertida.
Algunos críticos opinaron que Dancer In The Dark era pretenciosa, pesimista, manipuladora, desordenada e incoherente y criticaron lo melodramático de su argumento, "pornografía de las emociones"
Uno de los aspectos importantes es cómo von Trier utiliza de modo negativo y efectivo los clichés de la Guerra Fría.
Es interesante la manera como reconsidera y reelabora el musical hollywoodense, de una manera extrañamente idealizada, irónica y emocionante, chocante y evidentemente posmoderna.
Pese a todo lo anterior, Dancer In The Dark es considerada por muchos como un film de culto.
En el fondo, Dancer In The Dark es una ironía.
Hemos hablado de realismo cuando Selma, la protagonista, tiene profundas alucinaciones mientras canta y baila en un mundo paralelo o que la trama es un poco inconsistente, pero se hace sólida por la magistral dirección.
Pero más allá de estos detalles, Dancer In The Dark es una parodia del género, representa una sublimación de algo que hasta ese momento no era más que un producto mediocre y cuya calidad artística estaba más que cuestionada.
Lars von Trier reconstruyó el cine musical proyectándolo a lugares donde ignorábamos que podía estar.
En el final, nos quedamos como Selma, nos quedamos en la oscuridad, la oscuridad que la consumió completamente.
Ella es la bailarina en la oscuridad, la bailarina que donó su vida por salvar a su hijo de ese horroroso mundo lóbrego al que ella fue condenada, el mundo lóbrego viene a ser una representación del frío y cruel mundo en el que nosotros nos desenvolvemos, prejuicios, injusticias, discriminación, muerte… y te planteas como espectador si es necesario asistir a tamaño sufrimiento, si es lícito, si es moralmente aceptable.
Pero ves que tú, espectador curtido en mil batallas dramáticas, estás asistiendo a un carrusel de lágrimas incontrolable, y sabes que, aunque lo pases muy mal durante 140 minutos, lo que acabas de ver te ha herido profundamente, te ha desgastado, y te das cuenta de que el calvario ha merecido la pena, que los 107 pasos finales son el camino a la calma absoluta y que cuando acabe, afuera te espera un nuevo mundo.
O tal vez deberías haber salido del cine antes de la última canción y así la película hubiera durado eternamente.

"I've Seen it All"


Comentarios

Entradas populares