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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

martes, 18 de abril de 2017

Death Proof

“I'm afraid you're gonna have to start getting scared... immediately!”

Un “grindhouse” es un término de inglés estadounidense, que se puede traducir como “cine casero hecho pedazos” para un cine que principalmente muestra películas de explotación; donde sus temas son por lo general de violencia, terror, sexo, temas bizarros o ilógicos, con el detalle que suelen ser de bajo presupuesto.
Los “grindhouses” fueron muy populares en los '70, eran cines a menudo al aire libre, en los que pasaban películas de serie B, de muy bajo presupuesto, y altas dosis de mujeres macizas y sangre.
Las películas que compraban estos cines, salían tan baratas, que eran proyectadas una y otra vez, hasta el punto de rallarse o, incluso, quemarse, por lo que podían llegar a perderse escenas completas; así que no se preocupen cuando vean que algo no les cuadra...
No importaba, nadie en su sano juicio buscaba un argumento que seguir, o una historia coherente.
Por otra parte, era caldo de cultivo de los actores dobles o especialista, que eran aquellos que sustituían a un actor en las escenas que este último no puede, o no desea realizar, debido a ciertos motivos, principalmente económicos si algo le sucedía...
Por lo que existen distintos tipos de dobles:
El más común es el de acción, para escenas de riesgo; de desnudos para cuando el actor no tiene el cuerpo que desea el director, o el actor no desea mostrar el suyo; “fotodobles” con cuerpo, y a veces caras similares para poder filmar planos lejanos sin que el actor deba estar presente; y de habilidades complejas como tocar instrumentos musicales o bailar.
¿Qué pasaría si este doble de riesgo, se convierte en psicópata, a sabiendas que no le importaría salir lastimado?
“A crash course in revenge”
Death Proof es una película de terror y acción, del año 2007, escrita y dirigida por Quentin Tarantino.
Protagonizada por Kurt Russell, Rosario Dawson, Vanessa Ferlito, Zoë Bell, Sydney Tamiia Poitier, Rose McGowan, Tracie Thoms, Mary Elizabeth Winstead, Jordan Ladd, Marcy Harriell, Michael Parks, Eli Roth, Omar Doom, Marley Shelton, Quentin Tarantino, James Parks, entre otros.
Death Proof, es el 2º segmento de “Grindhouse”, una función doble, seguida de “Planet Terror” de Robert Rodríguez; un proyecto conjunto, a modo de homenaje a aquellas dobles sesiones que hace ya bastantes se proyectaban en salas de mala muerte o autocines, y en los que el público asistía a 2 proyecciones repletas de caspa, casquería, serie Z, y todos los calificativos terminados en “-plotation” que se pasen por la cabeza.
En particular, Death Proof, es el trabajo de un director que se esfuerza por hacer algo original, mientras permanece fiel a las películas que le influenciaron.
Tarantino declaró, que se le ocurrió la idea de Death Proof, cuando estaba hablando con un amigo sobre la compra de un coche...
Tarantino quería comprar un Volvo, porque “no quería morir en un accidente de auto como el de “Pulp Fiction” (1994)
En lo que respecta a la seguridad del coche, su amigo le había dicho:
“Bueno, usted podría tomar cualquier coche, y dárselo a un equipo de especialistas, y por $10.000 o $ 15.000, le hacen un test “a prueba de muerte” por usted”
La frase “a prueba de muerte”, se le había pegado a Tarantino después de eso...
El nombre original de esta película, sin embargo era otro, y aparece por sólo unos pocos fotogramas, y es “Quentin Tarantino's Thunder Bolt”
El guión, se centra en un psicópata especialista de riesgo, que asalta chicas jóvenes, antes de asesinarlas con su coche “a prueba de muerte”; y es a la vez, un tributo a los “muscle cars” y los géneros “exploitation” y “slasher” de los años 1970.
Como Death Proof es un homenaje a las viejas películas de bajo presupuesto de los años 70 y 80, encontraremos muchos errores deliberados por el realizador, para dar un auténtico sentir “Grindhouse”
Como dato, Death Proof  está considerada hoy como la película “exploitation”; al igual que “Reservoir Dogs” es su película de atracos, “Pulp Fiction” de “cine negro”; “Kill Bill” la de “artes marciales”, “Jackie Brown” es “blaxploitation”, etc.
Son filmes de ambientación temática.
La acción sigue a “Stuntman” Mike McKay (Kurt Russell), un retirado doble de acción en películas de Hollywood, especializado en escenas peligrosas con coches.
Posee un look retro de los años 70, tiene una cicatriz que cruza verticalmente su cara en la parte izquierda, y conduce un “muscle car”
Encontramos a 3 amigas:
Arlene/Butterfly (Vanessa Ferlito), Shanna (Jordan Ladd) y Jungle Julia Lucai (Sydney Tamiia Poitier), que conducen a Colorado St. Austin, Texas, para celebrar el cumpleaños de Jungle Julia, sin darse cuenta que están siendo acechadas...
Mientras toman una copa en el Bar Taco Güero, Jungle Julia confiesa que esa mañana ofreció por la radio un baile con Arlene, al que la llamará “Butterfly”, le comprara una bebida, y le recitara un fragmento de un poema.
Durante la noche, las chicas se encontrarán con Pam (Rose McGowan), una enemiga de la infancia de Jungle Julia, mientras ésta es estudiada por “Stuntman” Mike.
El objetivo será, matarlas.
En general, la primera parte trata del encuentro entre las chicas y “Stuntman” Mike; mientras la segunda parte, tiene lugar 14 meses después, cuando Mike encuentra otro grupo de chicas, y está dispuesto a perseguirlas, para conseguir sus fines.
Pero Mike no tendrá la misma suerte con este grupo de chicas…
Ellas son:
Abernathy Ross (Rosario Dawson), Kim Mathis (Tracie Thoms), Lee Montgomery (Mary Elizabeth Winstead), y la doble de riesgo, Zoë Bell.
El nexo que une ambas historias, es Mike, el especialista.
La muerte que lleva tras de sí, su fetichismo, sus modos seductores envueltos en riesgo… es un canalla de la velocidad, dispuesto a gozar a costa de la vida de “inocentes” chicas que ansían el vértigo de la aventura.
Poco más que un divertimento visceral y calentorro, que combina el homenaje al cine de Russ Meyer, con la revisión del terror “slasher” de los años 70, y por supuesto, unos diseños siempre a la altura; Death Proof entra en la lógica del cine de Tarantino:
Un psicópata extravagante, y unos ángeles vengadores femeninos, se van a ver las caras en una de las mejores persecuciones de coches que se han rodado últimamente.
Aquí están plenamente justificados las exageraciones, y el no tomarse en serio lo que se está rodando, pues ese es el espíritu de este “grindhouse”
“This car is 100% death proof.
Only to get the benefit of it, honey, you really need to be sitting in my seat”
La aportación que Quentin Tarantino ha querido hacer para homenajear los programas dobles de cine, experimento llamado “Grindhouse”, nombre que recibían esas sesiones, no podía pasar desapercibida:
Cortes, fallos en el sonido, imágenes defectuosas, dan al film ese regusto añejo que tanto Tarantino como Robert Rodríguez con “Planet Terror”, querían ofrecer.
En particular, Death Proof se puede ver 2 maneras:
Como una disparatada apuesta por la acción sin medias tintas; o como una suculenta muestra de buen oficio a la hora de rodar.
En lo personal, me quedo con la magistral lección de dirección, montaje y diseño puestos al servicio de una, en aparente simple historia que se duplica para diversión morbosa del público.
Toda la película se ha rodado con el único afán de divertir y saciar el hambre de violencia, eso se refleja en la infinita cantidad de detalles, tanto en su acabado visual, con esos cortes bruscos de montaje, desenfoque, etc. como en los momentos cumbres de accidentes y persecución.
La trama consta de 2 actos, separados por un interludio cómico-policial.
Para ponernos en situación, ha resultado ser la particular versión “tarantinesca” de “Los Ángeles de Charlie”, y el último fotograma me da la razón.
El malo, es esta vez un recuperado más que aceptablemente Kurt Russell, que hace el papel de un actor doble de riesgo, “stuntman” y, para más INRI, psicópata.
Tarantino dividirá así 2 historias:
En la primera, dilataba las conversaciones, y comenzaba a generar una tensión ambiental a través de sus ya míticas conversaciones; en la segunda llegaba la acción, cuyo motor no podía ser otro que la venganza:
Chicas en minifaldas, coches, carreras a muerte, un entrañable sádico interpretado por Kurt Russell, y un estilo tras la cámara impresionante.
En la primera parte, “Stuntman” Mike, aparece de entre las sombras, como un asesino en serie a la manera clásica, un psicópata de carretera, que asesina jóvenes damiselas, usando como arma, no un hacha ni un puñal, sino su coche “a prueba de muerte”, que le permite estrellarse contra sus víctimas, mientras él sale ileso.
Esta primera mitad, resulta bastante típica, e incluso queda enmarcada dentro de la propuesta estética original:
Rayones intencionales en la cinta, cortes abruptos e imagen granulosa típica de los años 70.
Tarantino emplea la primera parte, para enseñarnos las mañas del asesino psicópata, y para que nos quede claro que es malo, malísimo.
El asesino psicópata, elige a un grupo de 4 jóvenes bellas, que se disponen a irse de juerga un fin de semana, pero antes pasan una noche de música, baile, alcohol, drogas, y unas dilatadas conversaciones.
La película, posteriormente a la matanza detallada y explícita, da un salto temporal de 14 meses, a la par que espacial:
Pasamos de Austin, Texas, ciudad caracterizada por su industria musical, tal como el personaje de Jungla Julia mostraba por su condición de disc-jockey, y productora de grupos musicales, además de ocasional modelo publicitaria con éxito, reclamo que encendió la brasa homicida en Mike; a Lebanon, Tennessee:
Estado natal de Quentin Tarantino.
En el Texas Chili Bar, espacio cerrado, donde ha transcurrido el 80% del metraje de la primera parte del filme, la música ocupaba un lugar protagónico.
Los constantes planos de detalle dedicados al jukebox que presidía el local, era un nuevo guiño a los enaltecidos años 70.
En esta segunda parte, simétrica a la anterior, las nuevas y jóvenes protagonistas, pertenecen o pululan alrededor del mundo del cine, hecho este que será determinante para su salvación; y presupone, no así para la modelo...
Los diálogos banales, siguen presidiendo y ocupando la mayor parte del tiempo, diálogos que se recrean en las aventuras amorosas de alguna de ellas.
Pero la calidad de la cinta mejora, ya no se ven rayones, pero se utilizan otras técnicas, como el blanco y negro.
Aquí, 2 de las 4 chicas, son unas “fanáticas del motor”, siendo su profesión, la misma que la del lobo-pirata-cazador que las va a acechar:
Especialistas de riesgos de coches.
Este conocimiento compartido, culto a lo automovilístico, será su tabla de salvación.
Sin embargo, el director da la vuelta de tuerca al género “slasher”, y convierte su película en la otra cara de la moneda “sexplotativa”:
La del feminismo entendido como el mayor fetiche masculino, aquel subgénero que popularizó Russ Meyer, y en el que las mujeres macizas repartían su justo castigo a los hombres, sin por eso dejar de ser hermosas.
Y castigo es precisamente lo que se le viene encima a “Stuntman” Mike, quien finalmente halla la horna de su zapato, en sus 3 no tan incautas víctimas; al mejor estilo de “cazador cazado”
Para este momento, Tarantino ya se ha olvidado por completo del corsé formal de su particular experimento:
La cinematografía ahora es perfecta, sin alteraciones ni fallos intencionales, y tiene lugar una de las mejores persecuciones en coche que hemos visto en los últimos tiempos:
El duelo entre “Stuntman” Mike y sus nuevas víctimas, 3 chicas duras, entre las que se encuentran auténticas especialistas de cine, como Zoë Bell.
Este 2º grupo de chicas perseguidas, es de otro perfil.
Sobre todo 2 de ellas, que son especialistas en cine de acción y persecución en coche.
Ellas son chicas guerreras de verdad, y se comportan como tal.
Como en cualquier película de acción de hombres alfa, persiguiéndose unos a otros, y haciéndose burradas sin que pidamos explicación alguna.
Aquí, ellas claman venganza, y no paran hasta convertir al malo malísimo en un fantoche.
Enseguida vemos que el director, pone más énfasis en los personajes femeninos, una parte importante en la película, por todo lo que ocurrirá después, y crea en ellas, “unos perfiles masculinos”, como podemos apreciar en sus comportamientos y vocabularios sucios, que a medida que avance el film, irán en aumento.
Del reparto, Kurt Russel interpreta a “Stuntman” Mike, el psicópata, un personaje de sangre fría, y de pocos sentimientos, que el actor sabe llevar correctamente.
El personaje va entrando poco a poco en el film, junto a su belleza de 4 ruedas, pero cuando entra en acción, desata una rabia desmedida hacia las chicas, en especial, y como queda reflejado, en uno de los mejores momentos del film, el terrible y espectacular accidente que guiará la trama de ahí en adelante.
No hay ninguna explicación, causa u origen para el comportamiento homicida de Mike:
Él es un “killer on the loose”, un psicópata deudor de ciertas extensiones del cine “gore”, pero lo que interesa resaltar, es el instrumento, el arma homicida:
Su vehículo de especialista.
Su coche trucado y preparado para rodar escenas de acción y persecuciones carismáticas, tributo a “Bullit” (1968) y “The French Connection” (1971); deviene una especie de barco pirata, con el que asaltar y asesinar a sus desprevenidas víctimas.
El color negro que lo recubre, emula la bandera negra de los corsarios; nótese que en el capó aparece la insignia de la calavera, y los huesos entrecruzados.
El propio director, se encarga de realizar el comentario del texto a lo acaecido en la primera parte, a través de una secuencia situada en el hospital, donde Mike se repone de sus magulladuras, impunemente, mientras es entrevistado por la policía.
Aquí aparecen los mismos personajes y actores que en “Kill Bill” interpretaban al sheriff y a su hijo, encargados de la investigación de la masacre en la capilla.
La causa de la muerte de las jóvenes, se determina como “homicidio vehicular”; pero para el sheriff, se trata de un “rollo sexual”
Ese es el único modo de que “ese degenerado se corra sexualmente”, y parece ser cierto.
Para Mike, es como tener sexo, y se nota en muchos momentos del filme.
Los minutos finales, no tienen precio, donde vemos al psicópata contra las cuerdas, perseguido por sus víctimas, una larga secuencia, que añade a la película, toda la adrenalina que le faltó al resto, en la que veremos tanto a “Stuntman” como a las chicas, en una desenfrenada y salvaje lucha, carro a carro.
De ahí, la película no tiene más.
Porque Tarantino con lo que quería disfrutar, era con persecuciones de coches trepidantes, y que el espectador esté metido dentro de esas persecuciones con los índices de adrenalina elevados.
Y ahí, Tarantino se recrea en persecuciones de coches míticas en el mundo del cine, y además también, en los diálogos hace referencias a alguna de esas películas.
Para ello, el director y sus técnicos, consiguen para su película, no los ultra coches modernos que existen ahora, sino que emplean modelos de los años 70, y se inspira en persecuciones de esos años, y de los 80.
Todo lo que Tarantino parece que pierde como guionista, lo está ganando como director, y el cuidado visual de Death Proof, se extiende bastante más allá de simular que la cinta es vieja.
Death Proof, cuida hasta el último de sus detalles, tanto a nivel estético como técnico, y deja obra sello Tarantino que se lo pasa de miedo jugando con sus pasiones.
Por cierto, tampoco descuida en absoluto la elección de la banda sonora, totalmente acertada; siendo Death Proof, la única película de Quentin Tarantino, que se lleva a cabo completamente en orden cronológico, sin “flashbacks”, y aun así, mantiene sus marcas registradas:
Tomas largas, diálogos horripilantes y absurdos; la hamburguesa “Big Kahuna”, los cigarrillos “Red Apple”, tomas de pies descalzos, y planos desde la perspectiva del maletero; así como múltiples relaciones con otras películas del universo “tarantiniano”; y aquí, como elemento propio, la película se rascó físicamente para lograr su aspecto sucio, en lugar de rascarse digitalmente la cantidad de la película.
Como suele ser norma en cada una de sus películas, Tarantino recupera para el gran público, a una vieja gloria en decadencia.
Aquí se trata de Kurt Russell, espléndido en su personaje de demente cáustico, especialista obsesionado por aniquilar a jóvenes de buen ver.
Rodeado de actrices muy convincentes, de entre el reparto destacan por encima de todas, Zoë Bell.
Bell no sólo cumple de sobra con las proezas físicas que se le asignan, sino que además actúa.
Rosario Dawson, no tiene demasiado que hacer en Death Proof, pero sale en bastantes escenas, y eso es algo que siempre se agradece.
En cuanto a sus defectos, a la película le sobra un exceso de palabrería autocomplaciente, la reiteración en la puesta en escena, el cameo de rigor del propio director, que es un pésimo actor; y sobre todo, la dependencia del mero tributo en la construcción de la historia, y de su filmografía en general.
Hay un montón de diálogos estúpidos, muy al estilo “tarantiniano”, que no solo aburren sino que exasperan.
Una cosa interesante, y que resuena en las películas de terror de los 70, es que los psicópatas tenían tendencia a atacar jovencitas que pendoneaban y enseñaban las bragas, y se cepillaban a sus novios en los cines al aire libre...
Mientras que el psicópata de Death Proof, parece empeñado en liquidarse a seductoras calenturientas, que ni enseñan carne, ni profundizan sus relaciones.
En Death Proof, se procesa desde la feminidad, y su tratamiento del sexo.
Es como si Tarantino quisiera brindar su momento de venganza a la mujer, tradicional carne de cañón como receptáculo gratuito para la violencia y el sadismo en el añejo y raído cine de serie Z, hermanándose con las violentas y voluptuosas justicieras de “Faster, Pussycat! Kill! Kill!” (1965); a la vez que añade la figura de la mujer contemporánea, independiente, dura y peligrosa, en un género en el que lo normal era que aparecieran chicas con poca ropa, o semidesnudas, que iban siendo asesinadas una por una.
De hecho, la “chica final”, un personaje arquetipo, relacionado con las películas “slasher”, tiene una finalidad inesperada, antes de que aparezcan los títulos de crédito finales.
Viéndolo desde lo técnico, si en la primera mitad, las bobinas se llenan de manchas, fallos de raccord “scorsesianos”, solapamiento de sonido, y saltos de fotogramas; en su segunda parte, la imagen está más definida, pero comienza decolorada, para ser interrumpida gratuitamente, como relato censurado de ese último acto epílogo.
No es de extrañar, que estas contraposiciones se reflejen en muchos aspectos, desde las protagonistas del primer segmento, colocadas, salidas y borrachas, indefensas por culpa de sus obnubilados sentidos, y victimas propicias; a las mujeres modernas, feministas, liberadas y fuertes, donde 2 de ellas son especialistas de cine, que no se amedrentan ni se dejan seducir, esto es, las mujeres que James Cameron popularizó entre el público mayoritario para demostrar que las heroínas también se la saben jugar con tipos duros.
Quizás, la interpretación más obvia de Death Proof, sea la sexual:
Mujeres contra hombre, pero sobre todo, mujeres contra hombre viejo y cansado.
El propio Michael Parks, en su eterno papel del sheriff McGraw, teoriza sobre la obsesión de “Stuntman” Mike por los accidentes, y sus implicaciones sexuales, de poder, de penetración de un coche sobre otro, de velocidad, y de sesgar vidas en un instante, mientras él sale ileso.
Esta parafilia, añade un nuevo componente de morbosidad a una película que entra directamente en el “sexploitation” más descarado:
El primer plano de la cinta, son unos pies femeninos; en el segundo, un “culo descomunal de negra”
No es hasta su segunda mitad, cuando esa predisposición sexual se convierte en un alegato feminista contra la violencia de sexo, con las bromas sobre el tamaño del pene de “Stuntman” Mike, o este mismo, en un ingenioso plano, sentado sobre el capó de su icónico coche, donde la entrepierna de Mike, coincide con el pato que adornaba el camión de Convoy de Sam Peckinpah.
Que en los posteriores embistes, Mike y las chicas se refieran a su persecución y golpes con términos similares al coito, y el especialista se justifique diciendo que “solo tonteaba”, evidencia lo aquí expuesto.
Y es que “Stuntman” Mike, es sin duda el personaje más triste del universo “tarantiniano”, objeto de burla y mofa durante toda la cinta, está lejos de ser un personaje icónico, que mire por encima del hombro; sino un pobre anciano que pretende dar miedo, mientras el colirio le hace llorar, venido a menos en series de televisión que ya nadie recuerda, apaliado por la sangre nueva del cine.
Mientras que en el primer segmento, la victoria es la de la nostalgia de los tipos duros y malos; el segundo, es una lucha a muerte entre el pasado y futuro del cine, algo que, realizado en una película presente, que emula los fallos de las películas pasadas, es una ironía ciertamente curiosa, pero también donde la mujer puede llegar a ser muy, muy peligrosa.
Tarantino enfatiza el brutal choque de la primera parte, y sus terribles consecuencias, ralentizando la imagen, para que podamos “disfrutar” plenamente del descuartizamiento y deformación de los cuerpos bellos de las ninfas indolentes, ofreciendo la escena 4 veces, a fin de deleitarse en el final truculento de cada una de las 4 ocupantes del vehículo.
Y el final, en la persecución, finaliza con la captura de Mike, que se ha mostrado como un llorón, que no soporta el dolor, que pide ayuda gimoteando como una “mujercita”, y al que le propinan una tremenda paliza, al modo de los prolíficos y sonoros golpes de las películas de artes marciales, paliza que culmina con la ejecución del verdugo, ahora víctima, a través de una patada ejecutora por parte de Abernathy con su bota voladora… brutal.
No deja de ser una metáfora de la trayectoria que ha seguido el punto de vista del propio Tarantino, desde la óptica exclusivamente masculina en su ópera prima, “Reservoir Dogs”, hasta el papel predominante de las mujeres en su cine actual.
Hay que ver cómo ha cambiado Tarantino… de misógino a feminista.
¿Y qué pasó con la 4ª chica, se la cepilló el dueño de carro blanco?
RIP
En cualquier caso, lamento no haber podido vivir la experiencia “Grindhouse”, y haber tenido que ver las 2 películas por separado, en vez de tal y cómo fueron concebidas por sus autores.
Es como si quisieses ver una escultura en un museo, y la dirección del mismo decide partir en 2 la obra, y cobrar entrada por ver cada parte en 2 secciones diferentes.
¡Gran error!
Yo tengo claro, que inicialmente el experimento “Grindhouse” debían ser 2 episodios de una hora cada uno, pero al final, se animaron a estirar los montajes, y así poder estrenarlos por separado fuera de EEUU, para duplicar beneficios.
Por último, la banda sonora es de colección, y se engrandece con unos cuantos momentos musicales para recordar, como “Down in Mexico” y “Hold Tight”
“So where's the maniac?”
El ejercicio de estilo “tarantiniano” que es Death Proof, persigue pues, mediante una inversión del camino seguido en los años 70, dotar de aura intelectual, de estatuto cinematográfico, a aquellos productos que nacieron como un rechazo o repulsa a lo establecido, como síntoma de un malestar que explosionó en todo el mundo occidental, y particularmente en los EEUU.
Lo que en su momento fue una secuela/consecuencia en el cuerpo social y cultural, ahora se convierte en un simulacro de diseño, al que se le ha desactivado cualquier resorte de representación social, en aras de una estilización representativa narcisista, y autoindulgente, tributaria de un onanismo fílmico, que se regodea en el propio placer, incapaz de engendrar algún fruto productivo autónomo.
Eso es Tarantino, sin hacer una vista al pasado, es incapaz de crear algo de la nada, pero usa la técnica para homenajear y le resulta bien, bien interesante, pero nada más.
El cine de acción, por su parte, sólo se situaba en ese umbral entre el ser y el no ser, entre la vida y la muerte.
¿Qué acción podría tener lugar entre actores, se entiende, no dobles de riesgo?
En realidad, los actores sólo hacen que actúan entre ellos.
Los actores fingen, juegan como juegan los niños a imitar la realidad; aunque con una salvedad:
Todo lo que arriesga el niño cuando juega, es mucho más de lo que arriesga el actor; pues el niño encarna en un sentido más fuerte su papel.
Los niños determinan qué vale, y qué no vale; mientras que al actor, en principio, le viene determinado, tal vez el buen actor sea precisamente el que más se parece a un niño, el que es capaz de jugar con la determinación que le viene dada.
Y muy curiosamente, frente al actor corriente, el único que verdaderamente está actuando, es el doble de riesgo.
Si es “de riesgo”, es porque ha sobrepasado el límite de la vida no arriesgada del actor, que sólo juega a hacer que actúa.
El riesgo es el umbral entre la vida y la muerte.
Es difícil vivir ahí, pero es el único lugar en el que se puede vivir, en el que se puede actuar.
Cuando un actor de riesgo interviene, el tiempo, el rodaje se detiene de alguna manera, y mientras se finge que sigue sin pasar nada de verdad, entra en escena una persona que está poniendo en juego su vida.
¿Acaso lo único de verdad que tiene?
Si un actor es “de riesgo”, es porque ha pasado del jugar, al actuar; y en ese sentido, está lo original de Tarantino, un homenaje al actor de riesgo... aunque sea letal.

“Look, I don't know what futuristic utopia you live in, but the world I live in, a bitch need a gun”



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