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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

miércoles, 19 de abril de 2017

The Flying Man

“Comes a superhero, but with its own rules.
Will he still be considered a superhero?”

Carl Sagan dijo en su momento:
“Si no somos capaces de pensar con nosotros mismos, si no estamos dispuestos a cuestionar la autoridad, entonces nos dejamos caer en manos de aquellos que detenten el poder.
Pero si los ciudadanos son educados, y son capaces de formar sus propias opiniones, los que detenten el poder trabajarán para nosotros”
La Ley y sus agentes, ya sean judiciales o policiales, tienen su contrapartida en el crimen y el infractor.
La percepción que la sociedad tiene de los encargados de hacer prevalecer La Ley, varía según la concepción que se tenga de éstos.
Si bien, su cometido primigenio fue el de “hacer respetar la ley y los preceptos legislativos”, su evolución lo acerca a un servicio ciudadano y, en ocasiones, asistencial, traspasando la clásica barrera de actuación, que limitaba a la policía, a neutralizar aquello o aquellos que violaran las leyes.
El papel del policía, pasó del deber de mantener el orden público, al de mantener la seguridad pública como concepto de seguridad integral.
Finalmente, el papel de la policía en un Estado democrático y de Derecho, es el de preservar la seguridad ciudadana.
La seguridad pública se desarrolla con el fin de sobrepasar el concepto de orden público, abarcando múltiples variables, y no se circunscribe solamente al “mantenimiento del orden y la tranquilidad”, pues su objetivo es el de establecer, mantener y eventualmente restaurar las condiciones de un estado de convivencia que permita el efectivo ejercicio de los derechos y las libertades.
Sin embargo, el paulatino aumento de los delitos, indica que no bastaba con un incremento de la vigilancia, con cámaras y puntos focales; debía existir algún elemento dinámico que mantuviera el riesgo del delito bajo mínimos.
Así nació el fenómeno social del “vigilantismo”
Se trataba de civiles que, agrupados y organizados, patrullaban al margen de la ley, con el objetivo de reducir la delincuencia, y proteger a sus conciudadanos.
El vigilantismo entonces, es el fenómeno por el cual, personas ajenas a las instituciones securitarias, y al aparato legislativo, llevan a cabo tareas de patrulla y represión de delitos y presuntos delincuentes, siguiendo 3 elementos definidores:
1. Lucha contra comportamientos anti normativos, y contra la delincuencia.
2. Lucha desmarcada de La Ley y de los cauces institucionales.
3. Base comunitaria o popular.
En base a los 3 preceptos anteriores, el vigilantismo parte de la idea de que el sistema encargado legalmente de prevenir y contrarrestar las injusticias, no funciona.
Así entonces, el término “tomarse la justicia por la propia mano”, encuentra su razón de ser en llevar a cabo acciones definitivas como “justas” que, siendo éstas competencia de órganos o agentes autorizados, se realizan por parte de personas o grupos ajenos a las instituciones oficiales; y la sofisticación de la para-justicia, tiene un antecedente histórico conocido como “juicios sumarios”
Por tanto, el fenómeno del vigilantismo, es el síntoma de una crisis institucional.
Cuando la justicia no funciona, el inmovilismo tiene fecha de caducidad.
Para prevenir esta clase de problemas, es necesario tender puentes mejor elaborados que acerquen la ciudadanía a aquellas estructuras que, al fin y al cabo, están a su servicio, y volver a convertir la red pública en eso, algo público.
El género de los superhéroes, siempre ha jugado con el concepto de vigilantismo, aunque por lo general, muy ligeramente.
Superman, Spiderman y Batman, siempre fueron pensados como agentes de la sociedad, pero que en el fondo son locos renegados, que toman la ley en sus propias manos.
Por supuesto, Batman en realidad no trabaja con la policía constantemente, y todos se disputan la resolución del crimen, con la intención expresa de enviar a los malhechores a la policía, a la espera de un juicio justo.
Así son los superhéroes que a todos fascinan, más allá de sus historias, sea porque en ellos vemos proyectadas aquellas fantasías en las que los límites de nuestra aburrida realidad ya no son obstáculo, o porque los observamos como referencia ficticia del ideal de justicia y bondad.
Sean extraterrestres, mutantes, seres interdimensionales, personas víctimas de accidentes radioactivos, individuos de naturaleza mística, o simplemente humanos ordinarios con capacidades y voluntad extraordinarias, los héroes de comic, están bien anclados en nuestro subconsciente, y forman parte ya no solamente de la cultura pop, sino de la cultura general contemporánea.
Conocemos a la perfección el escenario prototípico:
Una ciudad azotada por el crimen, o por alguna fuerza maligna de escala sobrehumana, siempre tendrá su esperanza y confianza depositadas en el superhéroe titular del comic en cuestión, porque saben que este jamás sería capaz de defraudar, y sostendrá un esfuerzo inaudito con tal de erradicar la amenaza que sea.
Superman, por excelencia, se nos ha presentado como la representación más pura de la lucha por los ideales estadounidenses.
Sin embargo, la única verdad es que su existencia real, implicaría un caos de escala global.
“Repeating criminals will be a thing of the past if this new watchman keeps the streets clean.
But would you approve of the way he ends the crime?”
The Flying Man es un cortometraje de acción real y comic, del año 2013, dirigido por Marcus Alqueres.
Protagonizado por Nick Smyth , Rick Cordeiro y Justin T. Lee
El guión es de Marcus Alqueres y Henry Grazinoli sobre un nuevo superhéroe que llega a la ciudad, pero bajo sus propias reglas, y surge la cuestión:
¿Será considerado un héroe?
El artista brasileño, Marcus Alqueres, especialista de efectos especiales de Hollywood, en películas como:
“300”, “Rise Of The Planet Of The Apes”, “Source Code”, y otras películas de gran presupuesto, planteó la génesis del proyecto:
“Desde el principio no quería que los efectos visuales fueran el centro de atención.
Quería usarlo como una herramienta para ayudar a contar historias que no se pueden contar sin ello”
The Flying Man, fue posible gracias a la ayuda de amigos y colegas del director, que no solo aportaron recursos financieros, sino también su talento en el cine, entre ellos, el veterano de efectos visuales, Soao Sita que trabajó en “Avatar” y “R.I.P.D.”
Este sueño de Alqueres, de crear un nuevo superhéroe, fue bien recibido por el estudio y el público, que tras su estreno y publicación en diferentes sitios en Internet, ha sido elogiado por varios sectores y personas notables, entre ellos, el jefe creativo de Marvel, Joe Quesada.
Alqueres ha dicho, que ha considerado continuar la historia, que en 2013 tuvo más de 6 millones de visitas en la red; este es un corto de 10 minutos, basado sólo en 3 personajes, de los cuales, solo 2 tienen diálogos, con una trama alrededor del tráfico ilegal de drogas/armas, y corrupción policial, pero destaca sobre el fondo, el estilo y la sensación de acoso constante.
El cortometraje The Flying Man, cuenta la historia de un nuevo superhéroe, que llega a la ciudad con el poder de volar, pero con unos valores y maneras de actuar un poco distantes a los superhéroes convencionales.
¿Agradará a la ciudad, o producirá recelo entre los ciudadanos?
¿Le adorarán, le odiarán, incluso, le temerán?
Allí vemos a Mike (Nick Smyth) y Rob (Rick Cordeiro), un traficante y un policía corrupto, “por problemas económicos” se enfrentarán a ese ser sobrenatural; pero ese nuevo superhéroe, parece ser un vigilante que busca delincuentes y criminales para matarlos públicamente, de manera horrorosa, dejándolos caer desde el aire, o en frente de los trenes, etc., todo captado por la TV y cámaras varias.
Pronto, se hace evidente que su objetivo es acabar con los criminales que, aunque no actúa moralmente correcto, hace que la comunidad se ponga nerviosa, al no saber el grado de legalidad en la que actúa, y en este caso, el dúo protagonista, será ajusticiado de acuerdo a sus parámetros.
Este corto es una película ambiciosa, que tiene como objetivo, el mercado de superhéroes lleno de gente; y tiene su cuota de originalidad:
Vemos al vigilante súper poderoso, a través de vídeos de noticias, con comentarios sobre su actuar, que da a la película un gran realismo.
A partir de unos minutos, entramos en el coche con Mike y Rob, y ahora la acción es impulsada por el diálogo, solamente a la espera que “el hombre que vuela”, del título, aparezca para hacer cumplir su ley y justicia.
La conclusión, deja algunas preguntas abiertas, como todo lo referente a la mitología del “héroe”, y espacio para más.
Pero agrada sobremanera el enfoque en darle más protagonismo a Mike, que al “hombre volador”, ya que esto hace que el corto sea algo más que una serie de tomas de efectos especiales visuales, aunque, por supuesto, todavía es fácil verlo como tal; pero vale la pena apreciar el borde oscuro, y la atmósfera tensa que tiene en todas partes; y muy en el fondo, nos presenta el típico dilema moral de:
¿Qué pasaría si una sola persona fuera la encargada de ser juez y verdugo?
Es un tema excelente en estos tiempos en los que los superhéroes son un poco más realistas, y reinan en la pantalla grande.
La originalidad aquí, no es sobre una película de un superhéroe, o una persona con súper poderes; es una película sobre la sociedad que vive en el miedo a ser juzgada.
¿Cuán pequeño debe ser un crimen para este súper héroe, como para asesinarlos; y a cuántos de ellos matará; será necesario ajusticiarlos en público?
Pero súper héroes similares hay en la fauna del comic como Punisher, que es un vigilante en cuestión, que escoge sus objetivos y los mata; pero en su mayoría, son seres humanos, sin poderes sobrenaturales, y no generan miedo, pánico o sentimiento de impotencia.
Porque los humanos pueden morir, este ente volador, sea lo que sea, parece ser ciertamente “no humano”
Al mismo tiempo, es mucho más visible.
A diferencia de los otros, donde sólo se encuentran los cuerpos o un mensaje que dejan atrás; este tipo está ahí fuera, volando todo el tiempo, en el ojo público.
No necesita esconderse para matar.
Eso trae el factor del miedo psicológico, a una nueva magnitud de histeria colectiva.
“What if superheroes were psychotic?”
Alguna vez te has preguntado:
¿Cómo sería de espeluznante, ver un súper héroe volador, como Superman, que aparece para patrullar nuestros cielos, pero nunca dice una palabra, y no tiene ninguna “brújula” moral?
La respuesta es realmente espeluznante y aterradora.
Esa es la premisa muy singular, explorada con escalofriante eficacia, por el artista de efectos especiales, Marcus Alqueres en su cortometraje, The Flying Man.
Combinando elementos de una película de terror, con el género de superhéroes, The Flying Man presenta un escenario en el que un misterioso héroe silencioso, aparece en el cielo, y pronto comienza a matar a los criminales de horribles maneras, como dejarlos caer desde grandes alturas, o arrebatarlos y arrojarlos frente a un tren de alta velocidad.
¡¿Qué demonios?!
Es bastante increíble, donde  este inquietante “hombre volador”, un poderoso “Übermensch” real, toma para sí mismo, ser juez, jurado y ejecutor.
A diferencia de otros superhéroes habituales del comic, donde el público tiene la intención de racionalizar su funcionamiento, casualmente fuera del Estado de Derecho, se nos deja completamente frío, cómo aquí, el justiciero arroja gente de alturas vertiginosas para causarles la muerte, una terrible resolución de una mente sádica.
Él, es de ninguna manera el protagonista, o incluso un anti-héroe, él es un terrorista que trae el caos a la ciudad.
Las autoridades, no están seguras de sus motivos u orígenes, o incluso qué métrica es la que usa el vigilante, para juzgar a los culpables.
La gente está aterrorizada, y el director se muestra “distante”, para darle una disociación realista al terror.
Aquí no hay primeros planos de sangre, pero no las necesitan para mostrar completamente el horror de su actuar.
Aquí no vemos qué hizo el malhechor, solo “sabemos que son delincuentes”
Realmente, el personaje no llega a verse muy de cerca, pero sí es cierto que parece más aterrador que amistoso.
Aquí también tenemos toda esa suposición de que el gobierno está implicado; pues después de una semana o dos, el hombre sigue matando a gente…
El intento de Alqueres por la realidad, sale a relucir de inmediato, pues la policía ni siquiera interviene.
Lo más importante de este corto, es su negativa a convertir a su superhéroe en una personalidad.
Donde normalmente la historia de origen del héroe es “la trama”, la figura gris y flotante que ha adornado la ciudad con su vigilantismo, es un gigantesco signo de interrogación que se cierne sobre el horizonte.
El “hombre” no habla, no presenta un “ethos” particular de lucha contra el crimen, no se aleja de atacar a los criminales.
En lugar de eso, es una prueba de fuego para una discusión sobre las libertades civiles, donde el drone paralelo es su referencia más clara; y como una razón para que los malos permanezcan en el interior.
El justiciero, está dispuesto a violar el procedimiento, cuando obedecer sea perjudicial para la aplicación de la justicia natural que está diseñada para proteger.
Los justicieros reconocen el valor instrumental de la ley, y por tanto, la desestiman en los momentos en los que parece improbable que sea efectiva.
Prefieren los resultados, por encima del proceso burocrático, caro y engorroso.
Y es que a lo largo de Eras, los seres humanos hemos convertido nuestra existencia en un absurdo enmarañado de leyes, recelos, políticas, nacionalismos, doctrinas, dogmas y flujos económicos que han permeado de un sentido cuadrado y demasiado obtuso, la concepción que tenemos del mundo.
El sentido poético que hay detrás de la existencia de un superhombre entre nosotros, se ve reducido a cenizas cuando trasladamos ese escenario al mundo actual.
El diario acontecer del ser humano, estaría inmerso en un estado de parálisis indefinida, si de repente viéramos las noticias inundadas con imágenes de un individuo surcando por los aires a voluntad.
Ciencia y fe, se verían las primeras puestas en tela de juicio como consecuencia de una variante que jamás se hubiesen atrevido a contemplar en sus respectivas ecuaciones.
El conocimiento y creencias del hombre, están tan bien delimitados, que simplemente están construidos para rechazar cualquier agente externo.
Y de hecho, ni siquiera es necesario pensar en un individuo que se ubique más allá de la comprensión humana, para reflexionar acerca de los efectos que tendría un encapotado de comic, en una sociedad de facto.
Piensa en el vigilantismo, y en la posición de jaque en que pondría a una comunidad en caso de radicalizarse.
¿Por qué posición de jaque?
Porque el vigilantismo legalmente implica violación desmesurada de normas, pero en caso de encontrar aceptación social masiva, comenzaría entonces un proceso de imitación, e inclusive de institucionalización a nivel local.
El Estado, podría quedarse de brazos cruzados, por un tiempo, pero finalmente las presiones nacionales e internacionales lo orillarían a tomar cartas en el asunto, provocando un enfrentamiento encarnizado, entre el gobierno y ese nicho social que ya confía devotamente en el método vigilante.
Quizá, los 2 trabajos definitivos en este apartado, sean “The Dark Knight Returns” de Frank Miller, y “Watchmen” de Alan Moore, novelas gráficas, cuyas propuestas son más bien profundos estudios sociopolíticos, que inteligentemente utilizan la fachada de trama de héroes encapotados, para sembrar en el lector, reflexiones que con seguridad le durarán toda la vida.
En estas historias, no hay conceptos afines a la mentalidad comic, y que involuntariamente resultan irrisorios, tales como:
El Sindicato del Crimen, y tienen asambleas ordinarias para revisar las condiciones generales de trabajo de sus agremiados delincuentes; sino una lucidez intelectual visionaria, que trata con inquietudes políticas, mediáticas y culturales.
Ambos trabajos, publicados originalmente en 1986, hoy más que nunca disfrutan de una vigencia brutalmente fascinante, y presumen océanos de temas entre líneas, que invitan a los lectores a realizar ejercicios mentales de comparación entre su realidad y la sociedad que esas viñetas proponen.
Aquí entramos a un apartado verdaderamente interesante.
¿Tendrían razón de ser nuestras leyes, emprendimientos políticos y recelos económicos, si un ente con capacidades más allá de nuestra comprensión, coexistiera con nosotros?
¡Por supuesto que ya no tendrían caso!
Sería inminente una desestabilización total, sin vuelta de retorno.
¿Y si además de todo, se trata de un ser alienígena?
¡Olvidémonos de la vigencia de toda estructura que como raza hemos asimilado!
¿Qué pasaría con las devociones religiosas?
¿Qué sucedería con los de por sí absurdos conflictos armados?
¿Y qué decir del destino que le depara a la territorialidad del hombre?
¿Estos seres todopoderosos, adoptarían una postura ideológico-política?
“Watchmen” con El Dr. Manhattan; y “The Dark Knight Returns” con Superman, hacen un claro enfoque afirmativo en torno a que el gobierno estadounidense utilizaría a estos seres para su conveniencia, convirtiéndolos en meras armas de subyugación política, pero sinceramente dudo mucho que en términos reales, ellos mismos reduzcan su existencia a estar bajo el mandato de la nación que sea.
No es novedad, que gran parte de la diplomacia entre potencias mundiales, se debe a que cada una cuenta con tropas armadas y tecnología armamentista de punta, por lo que cualquier mal paso en relaciones internacionales, puede ser motivo para sacar el as bajo la manga, y amenazar con un ataque frontal.
Por si fuera poco, aquella variable que todos tememos, el empleo de armas nucleares, tiene una presencia permanente.
Vivir bajo amenaza, es el motor de la convivencia pacífica entre países.
Pero pensemos en que nuestro ser todopoderoso es inmune al daño que provoque nuestra tecnología de guerra, y pudiera en cuestión de segundos, destruir por completo y sin problema alguno, los ejércitos enteros de 2 o más naciones en conflicto.
¿Qué pasaría con el modelo de economía de guerra?
¿Qué hay de la seguridad interior y exterior de los países que fundan su tranquilidad en las capacidades de sus armas?
Ahí les dejo las reflexiones.
The Flying Man, en lo técnico, se apoya un poco en la muleta del noticiero para mostrarlos los efectos del “héroe”, como exposición, pero hay algunas ideas sólidas aquí, una gran fotografía, y un infierno de un clímax; así como una reflexión en torno a la reacción que como sociedad tendríamos ante un misterioso ser capaz de volar, y poseedor de una fuerza inmensurable, que inesperadamente aparece para emprender una sanguinaria cruzada vigilante.
Como consecuencia del éxito del cortometraje, The Flying Man será adaptado a largometraje, gracias a la productora 20th Century Fox, que ha conseguido los derechos del cortometraje.
Eventualmente, el productor de esta adaptación, será Scott Glassgold, y el guión vendrá de la mano de Chris Collins.
El futuro largometraje, se basará en la misma premisa que el corto de Alqueres, un anti-héroe llega a una nueva ciudad, y empieza a tomarse la justicia por su mano.
Por último, resaltar la banda sonora y el sonido, a cargo de Roger Lima de White Noise Lab.
“A new superhero is coming, only this time it's on his terms”
The Flying Man tiene bajo su simplicidad, temas muy interesantes y actuales, tomando de base la ficción más popular.
Dejando de lado que Batman y Superman son quizás los superhéroes más ubicados dentro del imaginario colectivo, ambos sirven de manera perfecta para ejemplificar los 2 supuestos que pondrían su existencia a una sociedad caótica y en crisis.
Olvidémonos de los nombres y pensemos abstractamente.
Sólo tengamos en cuenta, que un caso corresponde al vigilantismo, y otro a una situación realmente de miedo:
Un ser todopoderoso.
Las historias que giran en torno a estos individuos que decidieron salir a las calles para hacer justicia con mano propia, son fascinantes, pues nuestra mente opta por indicarnos que son supuestos que bien podrían figurar en la vida real, sin dificultad alguna.
Los psicólogos concuerdan en que los seres humanos, forzosamente necesitamos figuras públicas que funjan como faro de playa, indicándonos el buen rumbo que hemos de tomar, o que en su caso, otorguen esa sensación de esperanza ante un escenario adverso.
Respaldados en estas nociones, los comics nos han dicho que un vigilante sería objeto de idolatría, y resaltan su papel de símbolo motivador para esas masas que han sido golpeadas por el crimen.
¿Será factible esto en un plano real?
Recordar que somos contradictorios por naturaleza.
Quitémonos de la cabeza la noción de un vigilante, cuya regla de oro es, “no asesinar”, pues es un pensamiento demasiado romántico, y sin apego a la lógica más básica sobre comportamiento de seres humanos.
Los criminólogos puntualizan, que cuando un escenario así detona, lo que en realidad sucedería es que ese alguien que adoptó el papel de vigilante, comenzaría sistemáticamente a arrancar la vida a las escorias delincuenciales.
¿Cuál sería nuestra reacción, al enterarnos a través de nuestro medio predilecto de noticias, que durante el transcurso de la noche anterior, en el vecindario en el que vivimos, fueron encontrados varios cuerpos sin vida con evidentes huellas de tortura?
¿Y si esto se repite durante los 7 días de la semana, o un mes, o un año?
¿Lo toleraríamos?
Aun cuando los medios informativos difundieran que esos muertos pertenecían a grupos criminales, naturalmente estaríamos demandando a las autoridades, el esclarecimiento de estas misteriosas acciones.
La paranoia y el temor, invadirían el sentir colectivo.
La gente no tendría la seguridad de salir a la calle tranquila.
La comunidad estaría en alerta máxima.
Rechazaríamos tajantemente, que un individuo ande suelto, decidiendo quién es escoria, y quién no.
Estaríamos haciendo de todo, menos considerar a este vigilante, un símbolo de esperanza.
Sin duda, el fenómeno del vigilantismo, merecería una tesis doctoral debido a las múltiples esferas que operan en su gestión y desarrollo, como trasfondo psicológico, sociológico, jurídico, etc., sobre todo porque sería posible agrupar bajo este nombre, múltiples acciones y comportamientos que tienen en común la siguiente premisa:
Se lleva a cabo una para-justicia.
Si bien éste fenómeno ha encontrado popularidad en diversas expresiones artísticas, en la vida cotidiana ha presentado diversos incidentes, poniendo en peligro la integridad tanto de la población civil, como de la policía o de los mismos héroes.
El más lamentable ejemplo, se halla en la contrapartida ideológica que supone la palabra justicia, cuando ésta es empuñada por grupos violentos, como han sido los terribles linchamientos a hombres y mujeres negros en los Estados Unidos de América, ataques contra personas acusadas de colaborar con diversos estados o regímenes, como ocurrió en la Francia de Vichy, o en España durante la infame Guerra Civil, o masacres contemporáneas contra personas consideradas inmorales, como ISIS, según la idiosincrasia del grupo ofensor.
En otros casos, algunas de las personas declaradas vigilantes o justicieras, desarrollan labores de asistencia a las fuerzas del orden, no aprobadas por la policía, poniendo en riesgo su integridad y, en ocasiones, perdiendo la vida en ello.
¿Hay algo que no quepa en la definición de vigilantismo?
La respuesta es el terrorismo, sino vean a ISIS.
La etiología de la palabra, se encuentra en el contexto histórico de la Francia Jacobina, cuyo control social y político, mediante métodos extremadamente coercitivos, le otorgó el nombre de “Terror”
Ahora, ya no hay discusión sobre el derecho a la intimidad del ciudadano en lugares públicos y, prácticamente, todos los privados cuyos propietarios lo deseen.
El debate sobre el vigilantismo, ha dejado de ser de izquierdas o derechas:
Ambas ideas, emplean los medios técnicos o humamos que exige mantener el sistema político.
En tiempos de vandalismo y delincuencia masivos, y de terrorismo, la video-vigilancia, ayuda a que nuestra vida en democracia sea menos peligrosa.
Las cámaras y teléfonos con cámara, son el ojo divino en las cúpulas de las catedrales, que todo lo ve, todo lo juzga, y castiga al pecador.
Así que, cuidado, porque si delinquimos, seguramente nos mandarán a un desagradable infierno.
En definitiva, la humanidad, nunca podría estar preparada para la aparición de súper seres, a menos que sea por orden de algún gobierno poderoso, como los súper soldados; ahora bien, la idea de que exista alguien como Batman o Punisher, serían igual un problema:
Primero, el miedo público; segundo, llegado un momento, este personaje haría algo que molestaría a los gobernantes, matar a un influyente político corrupto, o desenmascarar algún acto ilegal de alguien importante, lo cual lo pondrían en jaque, siendo un vigilante humano, se vería en la necesidad de enfrentarse con la policía o el ejército, lo cual pondría en riesgo su vida, y la de sus seres queridos, bien podría nombrar el ejemplo que dio “Kick-ass”, una persona que no tendría el entrenamiento que tuvo Batman, o el dinero y el conocimiento que tuvo Iron Man, un simple humano que quizás tenga agallas, pero sucumbiría ante el crimen mucho antes de volverse un símbolo o una amenaza.
Un estudio realizado por un psicólogo social de la Northwestern University de Chicago, ha demostrado que la mayoría de las personas terminarían convirtiéndose en un villano, si les dieran súper poderes.
De acuerdo con Adam Galinsky, una persona promedio, se corrompe con el poder, pero unos pocos ven al poder, como una responsabilidad.
Su investigación propone que, en muchos casos, el poder muestra cómo sería la persona en realidad, reflejando su lado de supervillano o superhéroe.
Según Galinsky, el poder es relativo, y está influenciado por la posición de una persona en la sociedad.
Todo tiene que ver con la percepción que tiene uno de sí mismo, pero generalmente, las personas se ven mejor de lo que realmente son, y esto puede conducir a la corrupción.
La idea de que el poder corrompe, fue resumida por el filósofo griego, Platón, en la historia del Anillo de Giges, en el libro 2 de “La República”, en donde dicho objeto mágico, podía hacer invisible a voluntad a su portador, como en “The Lord Of The Rings” de Tolkien.
Platón decía, que “ninguna persona sin importar la moral, puede resistir a la tentación”, el poder tiene la capacidad de cambiar a una persona, y en el mayor de los casos, la verdadera identidad de una persona, se pone de manifiesto cuando se ha ganado mucho poder.
Las personas que se sienten el derecho de su poder, se convierten en hipócritas morales, como Comedian en “Watchmen”
Sin embargo, no todo el mundo es así.
Galinsky encontró, que las personas que tienen el poder, y creen no merecerlo, se juzgan así mismos fuertemente por sus acciones, a diferencia de otras personas, algo contrario a la hipocresía que denominó “hipercresía”
Por otro lado, si una persona tiene el prestigio social y la riqueza de Tony Stark, o Bruce Wayne, es mucho más fácil querer hacer el bien; mientras que una persona pobre, podría tener una razón legítima para centrarse primero en sus necesidades.
Con esta lógica, una recesión económica podría hacer una gran diferencia entre un superhéroe y un supervillano.
Los superhéroes más poderosos, probablemente tendrían que hacer un esfuerzo sobrehumano para actuar moralmente, no sólo para ellos, sino también para quienes confía en ellos como defensores de la justicia.

“How creepy would it be if a flying, Superman-like being showed up to patrol our skies, but never said a word and had absolutely no moral compass?”



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