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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

viernes, 14 de abril de 2017

Whoever Slew Auntie Roo?

“Nightmares come true in the house of Auntie Roo”

En el mundo moderno, está muy extendida la noción de que los niños no pueden ser malos, y no tienen ningún tipo de maldad inherente.
Los niños no son vistos como humanos en desarrollo, sino como la personificación de “ángeles”
Eso no era así en el pasado…
Los pueblos de La Antigüedad, consideraban que los infantes eran inherentemente malos, salvajes, torpes, blasfemos, egoístas, mentirosos y crueles.
La única manera de convertir al niño en un miembro útil de la sociedad, era torciendo su naturaleza con una crianza enérgica que, en ocasiones, incluía agresiones físicas.
De hecho, La Biblia es específica en recomendarle a los israelitas antiguos que golpearan con palos a los niños para corregirlos, que mataran a pedradas a los que no se dejaran corregir y fueran rebeldes; y asesinar sin piedad a los niños de países enemigos, para que no se contaminaran con ellos.
De hecho, es la misma Biblia, que indica que todos los seres humanos, incluyendo a los bebés de pecho, son seres manchados por El Pecado Original.
Para La Iglesia Católica entonces, todos los niños nacen siendo malos, y es mediante El Bautismo, que entran a “La Familia de Dios”, de modo que si un niño muere sin bautizar, irá a parar a un sitio llamado “El Limbo”, donde su alma vagará sin descanso.
Hoy en día, la genética nos dice que, si bien no todos los niños son inherentemente malignos, algunos, por su cóctel genético, están predispuestos a desarrollar personalidades que no son de hecho muy agradables.
Cuando un adulto comete un asesinato, resulta estremecedor; pero cuando un niño mata, no sólo causa un conflicto moral, también resulta impensable.
La tradición oral de los cuentos, por ejemplo, ya saben, esa imagen entrañable y evocadora del abuelo, padre o madre, contando un cuento a los niños para dormir, está siendo lentamente olvidada y absorbida por los nuevos avances electrónicos que prometen funcionalidades, sin fin, sin las cuales es imposible vivir.
Es una lástima, pues los cuentos no son más que una extensión de los mitos y leyendas que siempre han rodeado al ser humano, convenientemente sazonados con una desbordante fantasía e imaginación.
Estas pequeñas historias, destilan en su gran mayoría, el saber popular y la moraleja instructiva, a la par que consiguen sembrar los amplios, y habitualmente yermos, campos de nuestro cerebro de ilusión, magia y, por qué no… miedo.
El particular imaginario de los cuentos, alberga lobos, brujas malvadas, ogros, enanos, “trolls”, Princesas ávidas de rescate, niños aparentemente inocentes, robos, venganzas y, en bastantes casos, muertes y violencia; no una violencia explosiva y expansiva, pero sí efectiva que funciona como moraleja final de la historia.
¿Pero en los cuentos, siempre los niños fueron las víctimas?
“The hand that rocks the cradle has no flesh on it!”
Whoever Slew Auntie Roo? es una película de terror y suspense, del año 1972, dirigida por Curtis Harrington.
Protagonizada por Shelley Winters, Mark Lester, Chloe Franks, Ralph Richardson, Lionel Jeffries, Rosalie Crutchley, Hugh Griffith, Pat Heywood, Judy Cornwell, Michael Gothard, Jacqueline Cowper, Richard Beaumont, entre otros.
El guión es de Robert Blees, Jimmy Sangster y Gavin Lambert; y es una libre adaptación del popular cuento “Hansel & Gretel” (1812) de los hermanos Grimm.
El proyecto de Whoever Slew Auntie Roo?, nació en el contexto de una ambiciosa iniciativa de la productora independiente, American International Pictures (AIP), que a finales de los años 60, decidió cruzar el charco en busca de nuevas aventuras cinematográficas.
Además de los presumibles motivos económicos que podía haber detrás de una descentralización de sus actividades, lo que La AIP pretendía, era evolucionar y decirle al mundo:
“El cine Pop es nuestro, nos ha hecho crecer y ganar dinero, pero ahora queremos también un toque europeo, un poco de qualité”
Esta operación, pasaba por levantar proyectos en suelo europeo, a menudo basados en textos de prestigiosos autores europeos, con un equipo técnico/artístico mayoritariamente europeo, pero eso sí, con una figura de Hollywood encabezando el reparto.
Whoever Slew Auntie Roo? se filmó en unos estudios londinenses, y aunque la presencia estelar corresponde a la actriz de Hollywood, Shelley Winters, el reparto es eminentemente británico.
El director Curtis Harrington, volvía a encontrarse con Shelley Winters, con la que había tenido dificultades en el rodaje de “What’s The Matter With Helen” (1971), derivados del intenso método interpretativo de la actriz.
Harrington, un hombre de cine culto, con buena mano para la dirección de actores, y un personal sentido de la estética, fue el candidato perfecto para dirigir el proyecto.
Sin duda, La AIP tuvo también en cuenta su capacidad para manejarse con un presupuesto ajustado, y un apretado calendario de rodaje, algo habitual en las películas de la productora.
Y es que la carrera de Harrington tiene algunos puntos verdaderamente motivadores para el aficionado, en films como:
“Night Tide” (1961) o la famosa “Queens Of Blood” (1966), son muestras ineludibles del trabajo y talento de este realizador, que sin grandes alardes técnicos, pero escudándose en el saber del artesano cinematográfico, consigue resultados verdaderamente excepcionales.
Así pues, tenemos aquí un entretenido film de terror psicológico, imbuido de la mejor atmósfera setentera, con una excelente fotografía e iluminación.
En Whoever Slew Auntie Roo?, la coartada cultural que debía darle a la película una pátina de calidad, era el célebre cuento infantil, “Hansel & Gretel”
Sobre el papel, la película era una relectura del clásico infantil, enrevesado, y ambientada en la Inglaterra de los años 20.
Porque para los niños del orfanato, la Mrs. Rosie Forrest (Shelley Winters), conocida como “Tía Roo”, es una amable viuda estadounidense de un famoso mago británico, que cada año celebra una gran fiesta de Navidad en su mansión de Forrest Grange; a la que invita a un grupo seleccionado de huérfanos.
Y 2 hermanos Coombs:
Christopher (Mark Lester) y Katy (Chloe Franks), deciden escapar del orfanato en el que siempre son fuente de problemas, y asistir por su cuenta, con los demás niños a la fastuosa Cena de Navidad que cada año celebra en su casa La Tía Roo.
En esa Navidad específicamente, Roo se fija en Katy, que le recuerda a su hija fallecida... Katharine.
La identificación entre Katy y su hija muerta, lleva a la perturbada Mrs. Forrest, a retener en la casa a la niña huérfana, prometiéndole una vida nueva, llena de dulces y bonitas muñecas.
Pero su hermano, que cela a su hermana, es aficionado a las historias truculentas y cuentos de terror, y desconfía desde el principio de las intenciones de Mrs. Forrest, y sospecha que detrás de su imagen de bondad y de amor por los niños, se esconde en realidad, una mujer peligrosa, tan malvada como la bruja del cuento “Hansel & Gretel”
Whoever Slew Auntie Roo? es brillante en lo que tiene de vuelta de tuerca al célebre cuento de los hermanos Grimm, ya que aun conteniendo las claves infantiles de la historia, acaba subvirtiéndola de forma brillante, con esa presentación a lo “Psycho” (1960), y el “modus operandi” de los “angelitos”, dando como resultado, una función que tanto tiene de entretenida e inquietante, como de patológica y terrorífica.
Whoever Slew Auntie Roo? puede clasificarse como un mini clásico del cine de suspense con atmósfera, es también un digno representante del cine que se hacía en los 70, y es sobre todo, un ejemplo perfecto de trabajo bien realizado.
“You said she was going to eat us”
Whoever Slew Auntie Roo?, fue dirigida por Curtis Harrington, director estadounidense que, al igual que en otras de sus películas, vuelve a impartir una magistral lección de destreza y dominio del espacio y la atmósfera, logrando que del film emane un aura de cuento perverso y desbocado, que sienta como anillo al dedo a la producción.
La fotografía y la dirección artística, son 2 de los aspectos más cuidados en el cine de Harrington, que están exquisitamente tratados aquí.
Desmond Dickinson, uno de los mejores directores de fotografía, no ya de Las Islas Británicas, sino de la historia del cine, era el operador perfecto para la película, y juntos recrearon la estética barroca, manierista, llena de los matices que gustaban a Harrington.
Lo mismo puede decirse de la suntuosa casa de Mrs. Forrest, repleta de viejos recuerdos del mundo del espectáculo…
El director, infunde así un sentido lúdico de misterio y suspenso, que se ve aumentada por la banda sonora traviesa de Kenneth V. Jones.
Los sustos sutiles, y los sentimientos primordiales en la fantasía de niño, se sirven aquí para agitar al espectador.
Ya desde la primera escena, nos damos cuenta de que La Tía Roo no es una persona muy equilibrada…
Ella es una madura estadounidense, que canta canciones de desengaño amoroso a una cuna en la que ella cree ver a una niña dormida, pero nosotros vemos un cadáver infantil momificado…
Y que también cree oír a esa difunta y llorada hija, en una sesión espiritista, acompañada por Albie (Michael Gothard), el joven mayordomo con el que vive; y oficiada por un viejo borrachín llamado Mr. Benton (Ralph Richardson)
También, La Tía Roo acostumbra dar una Fiesta de Navidad a un grupo de niños de un orfanato de la zona...
Además de ese seleccionado grupo de 10 niños privilegiados, y muy ilusionados, se encuentran este año, los hermanos Christopher y Katy Coombs, los cuales, pese a no haber sido elegidos, se las han ingeniado para merodear alrededor de la casa, donde son descubiertos, y gracias a la magnanimidad de Mrs. Forrest, que a estas alturas ya sabemos que la gusta ser llamada por los niños “Tía Roo”, serán invitados a sumarse a la fiesta.
Pero la historia tiene un giro, cuando tras varias sesiones espiritistas arregladas por los usureros del borrachín y el servicio, La Tía Roo cree que Katy es su hija renacida, y la secuestra para sustituirla por la desmejorada momia de su hija.
Pero sabíamos que su hermano Christopher la cuidaba “demasiado”, él no está entre los planes de adopción de Roo…
Por tanto, Christopher se entera del cadáver de la niña, y cree que Roo es una bruja que se come a los niños… y acude a rescatarla; mientras la policía no logra relacionar a Mrs. Forrest con la desaparición de la niña, a pesar de tener sospechas de que pudiera estar implicada.
A partir de ese momento, todo se complica… y descubrimos que, al contrario que en dicho cuento, ni la bruja es tan mala, ni los niños son tan buenos e inocentes…
Al contrario de lo que puede parecer en un principio, estamos ante una película con un guión muy elaborado, que no se queda en la superficie, y que desprende una considerable maldad.
Es obvio que Whoever Slew Auntie Roo? gira en torno al desequilibrio mental de La Tía Roo; suyo es el núcleo, y suyas son las escenas más recordadas, pero es curioso observar, que el tratamiento dado al personaje, también lo presenta como una víctima de las circunstancias, perdida en los recuerdos y los remordimientos.
La Tía Roo, es presa fácil de su entorno, que explota sin conciencia sus debilidades y manías; a esta situación, se suma como detonante para su atormentada mente, la aparición de Katy, que tanto le recuerda a su hija y, sobre todo del hermano mayor, que narra pasajes en “voz off”, la historia de “Hansen & Gretel”, pues él es el que descubre el secreto de la mujer, y él es el que distorsiona la realidad, acomodándola al cuento.
De esta manera, una mujer sensible y atormentada, se convierte en una bruja dispuesta a engordar y devorar a los niños, que no es tal.
Este tratamiento tan particular, es el que regala al film los mejores momentos, pues presenta a los niños sin la máscara de la inocencia, vertiendo las dudas necesarias para jugar en todo momento con las situaciones:
Christopher, es perverso, pues actúa en todo momento con premeditación, solo hace falta ver el final del film… encuentra un secreto y lo explota en su provecho, manipulando a su hermana menor, y llevando a una horrible muerte a la pobre mujer, y tras de eso, llevándose un motín con joyas valiosas:
¿Maldad en estado puro?
El director Curtis Harrington, prepara su relato bajo muchos de los estandartes claves de su cine, como es aquí, la etiqueta de bajo presupuesto, para construir un “thriller” de claro tinte atmosférico; no se obvian otros logros como esa puesta en escena que parece revertir de siniestra perversidad un cuento de claros trazos de inocente infancia, aquí soterrados bajo los ingeniosos caminos hacia la supervivencia de la pareja de niños, que han de huir de los catastrofistas planes que La Tía Roo “tiene preparados para ellos”
Curiosa, metódica y estudiada concepción del género, para la que Harrington vuelve a solicitar los servicios de una estrella en decadencia, para protagonizar el relato.
Aquí, una Shelley Winters, cuya entrada en la década de los 70, estuvo marcada por un declive, tanto físico como artístico, y que destaca poderosamente en la función, con una de sus habitualmente desmesuradas interpretaciones de la época.
Algo muy de agradecer, es el progresivo y lógico deterioro mental de La Tía Roo.
A medida que avanza la historia, la adorable Shelley Winters nos regala una entrañable, exagerada y, hasta cierto punto, cómica interpretación; y se nos muestra su maldad por lo que un mocoso cuenta “en off”; al contrario que en muchas películas de hoy en día, en que los personajes “locos” esperan al clímax final para mostrar todos los tics de rigor.
Ella se convierte en la personificación del aura fatalista, ingenuamente plasmada por Harrington, con un toque ambiental que sugiere más que muestra, las cándidas postales que nos regala del hogar de La Tía Roo, insinúan un barroquismo exquisito; y que regala momentos muy destacables, como el “flashback” en poderoso y blanco y negro, de la muerte de la hija de La Tía Roo; las connotaciones de su paranoica personalidad, cuando acune sin contemplaciones su cadáver momificado; o el entero acto final, con la dulce venganza de los infantes malvados, o sería El infante malvado y la niña manipulada.
¿Alguien vio algo de incesto aquí?
Es necesario remarcar nuevamente la actuación de Shelley Winters:
Ella solita aguanta toda la historia, logrando que su personaje pase por toda clase de registros, emociones y situaciones, y sea, sin embargo, completamente creíble.
La Tía Roo, por momentos es patética, por momentos da un miedo… para a continuación, emocionar por su debilidad y desorientación; todo ello regado con algún momento de socarrón humor negro, que sienta muy bien al entorno global y macabro de un filme ambiguo y manipulador.
Destaca la presencia del excelente Ralph Richardson, en el papel de un médium borrachín; y del niño Mark Lester, muy popular en la época, por haber sido el “Oliver!” (1968) en la adaptación que Carol Reed hizo del clásico de Dickens, y que se llevó El Oscar a La Mejor Película del Año.
Así tenemos el coctel de obsesión, esquizofrenia, médiums, mansión misteriosa, fantasía y/o manipulación infantil,  y por momentos, terrorífica, con unos niños que abrazan con toda la “inocencia” el mundo de los adultos, haciéndonos cuestionar la pureza intrínseca en esas edades.
Éste es el crisol que nos ofrece Whoever Slew Auntie Roo?
¿Se puede pedir más a un producto de estas características?
“She's done something to Katy, she's got a mummy in a hidden room”
Pues resulta que no todo cuento es ficción.
“Die Wahrheit über Hänsel und Gretel” o “La Verdad sobre Hansel y Gretel”, es un libro escrito por el alemán caricaturista, Hans Traxler, que fue publicado en 1963.
El libro pretende contar la historia de, cómo el maestro Georg Ossegg, descubrió evidencia arqueológica de “los verdaderos” Hansel y Gretel, en 1962.
Según el libro, Ossegg había determinado que el cuento de hadas, “Hansel & Gretel”, se basó en la historia de un panadero llamado Hanz Metzler, y su esposa Grete.
Según el libro, Los Metzler vivían en un pueblo en El Bosque Negro, un macizo montañoso con una gran densidad forestal, ubicado al suroeste de Alemania, en el estado federado de Baden-Wurtemberg; durante La Guerra de Los Treinta Años, librada en La Europa Central, principalmente El Sacro Imperio Romano Germánico, entre los años 1618 y 1648, en la que intervino la mayoría de las grandes potencias europeas de la época.
Corría el año 1618, fecha en la cual habría nacido Katharina Schraderin, quien se convertiría en una pastelera famosa por sus “Nürnberger Lebkuchen” o “Pan de Jengibre”
Pero no sólo sus clientes andaban tras sus manjares, otro pastelero llamado Hans Metzler, comenzó a cortejarla, pero también a envidiar su éxito...
Katharina, nunca se interesó en Hans, y decidió cambiarse de ciudad, a su pueblo natal, hastiada de las intenciones de su insistente admirador.
Allí, la mujer volvió a hacerse de fama por sus creaciones culinarias, lo cual volvió locos de codicia y desazón al amargado Hans, y la denunció en La Corte por brujería.
Katharina, a quien se le empezó a conocer como “La Pastelera Bruja”, fue más adelante liberada por falta de pruebas, y regresó a su casa escondida en el bosque.
Pero fue seguida por Hans y su hermana Gretel, quienes irrumpieron en su casa, y la asesinaron quemándola en uno de los hornos.
Se supone que en 1962, George Ossegg, un profesor y arqueólogo amateur, juntó las piezas del rompecabezas de esta historia, gracias a los resultados de sus investigaciones.
Su descubrimiento proponía que los hermanos Grimm se inspiraron en este asesinato, originado por la envidia y la rabia de un hombre machista que fue rechazado.
Pero el gran engaño era que, en realidad, Ossegg no existió, y los detalles de la historia, fueron fabricadas por Traxler.
A pesar de su carácter ficticio, el pseudocientífico engaño, convenció a muchos en Alemania en el momento, y sigue teniendo algo de tracción.
Cuando los adultos tienen tendencia a la destrucción o la violencia, debemos asumir que fueron maltratados de pequeños.
La gente no actúa de forma mala o dañina, a menos que haya experimentado un comportamiento doloroso por parte de los otros, o a menos que sus necesidades no hayan sido satisfechas en la niñez.
Los estudios sobre criminales, han mostrado repetidamente la existencia de malos tratos graves y tempranos, en un ambiente que careció de comprensión de sus sentimientos y necesidades.
¿La maldad nace, o se fabrica?

“Hansel and Gretel knew that the wicked witch couldn't hurt anyone anymore, and they also knew with the wicked witch's treasure, they would never be hungry again”



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