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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

martes, 4 de abril de 2017

春光乍泄 (Happy Together)

“原來,孤獨的人都是一樣的”
(Resulta que las personas solitarias son todas iguales)

Wong Kar-wai, es innegablemente un autor de cine llamativo y sobresaliente, el cual se encuentra estrechamente ligado con la nueva ola de directores que iniciaron un movimiento de renovación estética y técnica en el cine de Hong Kong a finales de la década de los ochenta.
La innovación de este grupo de realizadores, está íntimamente ligada con acontecimientos de tipo social y político que han surgido a partir de 1984 en Hong Kong, donde los residentes y directores cinematográficos han tenido que examinar su relación cultural con China, lo que ha llevado al cine hongkonés, a un nuevo nivel de madurez y de reflexión acerca de su propia identidad.
Las películas de Kar-wai nos presentan una identidad en constante fusión entre Oriente y Occidente, además de que actualiza y moderniza la relación entre lo tradicional y lo moderno, lo viejo y lo nuevo.
Así pues, el carácter de colonia británica de Hong Kong, dio a su industria cinematográfica, un desarrollo y una fortaleza económica única en el sudeste asiático, a excepción de la japonesa.
Por lo que este director se desarrolla dentro de esa industria, pero construye su obra por fuera de la tradición cinematográfica hongkonesa, definida por el cine de género, “yakuza” o de artes marciales.
Su cine, es por definición un cine de autor, donde lo que prima es su marca de identidad en el encuadre, en la imagen, y en la banda sonora, tanto como en la temática.
La occidentalización de Hong Kong, y por ende de la cultura en la que se formó Wong, es parte de los climas y situaciones de sus películas, el bolero y la música latinoamericana en general, el rock californiano de los 70, el cine clásico de Hollywood, y particularmente el melodrama, “la nouvelle vague”, y su ímpetu de ruptura formal.
Las películas de Wong Kar-wai en definitiva no son directamente políticas, pero no obstante, existe una relación indirecta entre el acontecimiento político y la transposición de una experiencia particularmente intensa y dolorosa de los personajes en el periodo tratado.
Una situación que nos indica un espacio cultural evasivo y ambivalente entre las situaciones, los personajes, y los ambientes.
Temáticamente, el director es un cronista del desamor y de la soledad, de la búsqueda de sus personajes por adaptarse a la ciudad contemporánea; del intento de regresar a la memoria y al recuerdo, como una forma continua de estar vivos.
Sus personajes buscan o esperan, o peor aún, dejan pasar sin darse cuenta el amor frente a ellos, debido a que viven en el aislamiento, la incomunicación o la soledad.
La ciudad, por tanto, se presenta con una estética elaborada en sus imágenes para combatir la carencia, la pérdida y el dolor del objeto perdido, casi siempre de una pareja.
Wong Kar-wai es, sin duda, uno de los grandes coloristas del cine; pues sus películas son famosas por su característico estilo, donde los colores fluyen y se confunden entre sí; siendo uno de los elementos más poderosos en la construcción psicológica, y es cierto, así como un gran recurso para cautivar, emocionar y aportar información al espectador, conectándole con los personajes de manera íntima y silenciosa.
Dicen algunos críticos, que Wong Kar-wai lleva haciendo la misma película desde 1988, que su cine está formado por bocetos y ensayos de esa película inacabada, y es que lo que es importante en el cine del realizador hongkonés, es el camino al que cuesta poner un final.
Romántico y manierista, acostumbrado a mezclar los géneros, y a presentarnos historias de alienación y soledad bajo la apariencia de films policíacos o de aventuras, Wong transmite siempre mucha verdad en un producto fílmico que funciona más como espejo o eco, que como discurso.
Un cine, que ya no se hace hoy, pues es Obra de Arte.
“你後悔跟我在一起嗎?”
(¿Te arrepientes de estar conmigo?)
春光乍泄 (Happy Together) es un drama hongkonés del año 1997, escrito y dirigido por Wong Kar-wai.
Protagonizado por Leslie Cheung, Tony Leung, Gregory Dayton, Chang Chen, Shirley Kwan, entre otros.
El guión está basado en el relato “The Buenos Aires Affair” (1973) del escritor argentino Manuel Puig; que además de la prohibición oficial de entonces, Puig recibió una amenaza telefónica del grupo parapolicial conocido como Triple A.
Por esta situación, Puig decidió trasladarse a México, abandonando definitivamente la Argentina.
El título que en castellano sería “Felices Juntos”, proviene de una canción del grupo estadounidense de pop de los 60, The Turtles.
Con esta canción, en versión de Danny Chung, finaliza 春光乍泄 (Happy Together)
Aquí, el sentido de la felicidad que produce el estar junto a la pareja, no se realiza en la vida real, sino sólo en el recuerdo:
Como la pareja bailando en la cocina, o el robo de la fotografía del amigo apreciado…
Por tanto, el título resulta un tanto irónico.
Se trata pues de una historia de amor entre 2 jóvenes homosexuales, donde no faltan las infidelidades, los celos, el deseo, etc.
Desde sus inicios como cineasta, Wong Kar-wai ha intentado transmitirle al público sentimientos.
Pero eso en el mundo artístico, no es ninguna novedad.
Muchos sino todos los artistas anhelan la sincera emoción de sus receptores, sea cual fuere el campo en el que se desenvuelven.
Lo que lo diferencia de sus colegas realizadores, es cómo pretende sensibilizarnos, la forma con la que acomete tan delicada empresa.
“Siempre me ha encantado este género de películas.
Quería rodar una historia de sexualidad pura y dura, antes de que fuese demasiado tarde.
Se trata de una forma de hacerle cosquillas a la censura.
También quería chinchar un poco al público.
A menudo, la homosexualidad es tratada en el cine de una forma suave e indirecta, para que el público la acepte.
La mayoría de las veces, a través de la comedia”, dijo el director.
Pero técnicamente, Wong Kar-wai filma imágenes y sentimientos.
Lo que sostiene su cine, no son las historias, no son los guiones, no son las palabras.
El cine del hongkonés, es de imágenes, de búsqueda expresiva y de experimentación en la dimensión plástica.
Filmada con el característico estilo nervioso y espasmódico, hecho de luces saturadas, neones explosivos, barridos de cámara, encuadres desestabilizados, ralentíes intermitentes, y un cromatismo promiscuo que oscila entre el color y el blanco y negro, Wong Kar-wai elabora un impositivo “tour de forcé” esteticista que logró otorgarle a 春光乍泄 (Happy Together), el premio a La Mejor Dirección en El Festival Internacional de Cine de Cannes, y la nominación a La Palme d’Or.
春光乍泄 (Happy Together) se rodó con un presupuesto modesto y sin permisos oficiales, en el barrio La Boca, de Buenos Aires, y en Taiwán, entre setiembre y diciembre de 1996.
La acción tiene lugar en Hong Kong, Buenos Aires, Iguazú, y Taiwán, entre el 12 de mayo de 1995 y el 20 de febrero de 1997.
Ho Po-wing (Leslie Cheung) y Lai Yiu-fai (Tony Leung), viven una apasionada relación.
Viajan desde Hong Kong a Argentina, pero la llegada al nuevo país parece transformar las cosas, y Ho, de repente, abandona a Lai.
Por lo que éste comienza a trabajar como portero de un bar, con el único afán de reunir el dinero suficiente para volver a su país.
Pero un día Ho reaparece, y las cosas ya no serán iguales...
Uno de los aspectos argumentales más repetidos en la filmografía de Kar-wai, es el desamor, la frialdad amorosa que obsequia el paso del tiempo, y en 春光乍泄 (Happy Together) observamos miradas, sentimientos, sensaciones, pasiones profundas que se transmiten emocionalmente, sin palabras de por medio.
Así el director narra una historia sencilla, una historia sobre 2 amantes que se quieren, pero el paso del tiempo distorsiona ese afecto y pasión en aversión y hostilidad.
Una historia tan sencilla, con personajes profundamente complejos, ardorosos de sentimientos, que esconden sus penurias al resto del mundo, y que vociferan ante la brusquedad y opresión narrativa con la que soportan el día a día en un reducido piso de Buenos Aires, unos personajes que conviven con el sufrimiento de la tortura emocional que provoca la nostalgia.
Y ante todo ello, nosotros, los espectadores, que adoptamos la figura de “voyeurs” empedernidos durante todo el metraje para observar allá donde el director coloca la cámara, detrás de ventanas, puertas o cristaleras, para disfrutar del deleite de un cineasta diferente, especial, que nos ofrece una película melancólica en todo su espectro, y que destila poesía visual por todos sus poros.
春光乍泄 (Happy Together) sirve también para reflexionar acerca de este tipo de situaciones, que si bien los protagonistas son gay, también pueden suceder a demás personas cosas como estas,  y sobre cómo superarse a uno mismo a pesar de los problemas, a pesar de que la persona que quieras en el fondo, sea horrible; y como estar en otro lugar y en distinta cultura, puede hacerte sentir muy distinto, como tienen que adaptarse a su situación, son tantas cosas… pero el único fracaso que hay, es el aquel que no se intenta.
Lo mismo podría haber sucedido con la heterosexualidad de personajes imaginarios en la misma película, dado el contexto que hace referencia a 2 seres humanos enamorados, más que a una cuestión puramente homosexual.
“我們可以重新開始”
(Podríamos empezar de nuevo)
¿Se puede filmar la soledad?
En realidad, todo el cine de Wong Kar-wai gira en torno a la soledad, al deseo de amar, y a la imposibilidad de transformarlo en una relación amorosa.
Sea por los limites morales de las épocas que habitan, por sus pobrezas afectivas o porque aún no es el momento, los personajes de Wong, terminan encarnando variaciones de la soledad.
Pero de una soledad que es vivida incómodamente, a la que no hay que pensarla como falta de pasión, como sinónimo de abulia; por el contrario, lo que le sobra a los personajes y a las películas de Wong, es intensidad y deseo.
春光乍泄 (Happy Together) es una historia que contiene todos los rasgos que caracterizan tanto el cine estético y profundamente visual como el mundo desgarrado de sensaciones y sentimientos sutiles que afloran en cada plano de Wong Kar-wai.
Aquí mezcla una fotografía pulcra y refinada en blanco y negro, con una fotografía llamativa, vitalista, intensa y expresionista en color.
Toda esa amalgama de tonalidades y gamas se derrite y moldea con suavidad con la música latinoamericana, que se asienta esplendorosamente en el film, ante la presencia de los sensuales tangos argentinos.
El montaje en discontinuidad, que evidencia el salto entre plano y plano, provoca en el espectador una permanente desubicación de los ejes de espacio y tiempo, compartiendo el desarraigo afectivo y geográfico de los personajes.
La diversidad de la duración de los planos, genera una variabilidad de la velocidad narrativa que introduce al espectador en la subjetividad de los personajes.
En general, las películas de Wong, y 春光乍泄 (Happy Together) es ejemplo de ello, son películas de personajes, donde la historia es subsidiaria, y se construye a partir de los actos cotidianos, de las elecciones y de los conflictos que los personajes se generan.
El relato como sumatoria, como construcción a partir de lo pequeño, del detalle de la vida, y las imágenes.
Y esta es posiblemente, su primera gran obra maestra, y la producción con la que logró por fin ser reconocido internacionalmente, más allá de la cinefilia más reducida.
El cineasta de Hong Kong, vuelve a adentrarse en los laberintos del deseo y del amor, y sobre todo del desamor, alrededor de 2 jóvenes homosexuales que llegan a Buenos Aires, y allí su relación se rompe.
Ho Po-wing y Lai Yiu-fai, son una pareja gay de Hong Kong, que mantienen una relación tormentosa.
Deciden viajar a la Argentina, para visitar Las Cataratas del Iguazú.
Lai, es un personaje precavido, sensato, con los pies en la tierra, como un sujeto normal, y como los opuestos se atraen, Ho es básicamente lo contrario, y además es más sexualmente activo que lo hace promiscuo, de cierta forma manipulador, celoso, y hasta ingrato, pero siempre buscando lo que quiere, siendo Lai exactamente su constante objetivo.
Una vez en Argentina, tras otra de sus frecuentes discusiones, ambos deciden separarse; por lo que Lai Yiu-fai comienza a trabajar de portero de una sala nocturna.
Al poco tiempo, Ho Po-wing reaparece, después de recibir una dura paliza.
Todo parece indicar que se ha dedicado a la prostitución…
Yiu-fai lo acoge en su minúscula habitación alquilada, e intentan retomar una relación que pronto se verá de nuevo alterada por constantes suspicacias, celos y peleas, incluso violentas.
Mientras tanto, Yiu-fai, que ahora trabaja de cocinero en un restaurante oriental, ha trabado amistad con Chang (Chen Chang), un joven compañero de trabajo taiwanés, de Taipéi.
Chang, es heterosexual, pero cuyos sentimientos hacia Yiu-fai parecen ambiguos, es una persona amable y cariñosa, que supone para Yiu-fai, un contrapunto a su cada vez más difícil relación con Po-wing.
Allí, conversando en un bar sobre la ciudad de éste, tocan el tema del fin del mundo, Ushuaia, y en especial, de un lugar llamado Taipéi, donde según la leyenda, las personas que van con problemas sentimentales, los dejan allí para siempre, los olvidan.
Hay un momento en que Chang le dice a Yiu-fai, que en un casete de su grabadora deje todas sus penas para que cuando él vaya a Taipéi pueda dejar todos sus pesares en el olvido, Lai Yiu-Fai solo solloza.
Así, todo lo que para Ho y Lai era imposible, ellos lo consiguen, porque la amistad es más fácil, y permite la tolerancia, solidaridad y equilibro que saca lo mejor de las personas.
Tras una gran discusión, a causa de la negativa de Yiu-fai a devolver a Po-wing su pasaporte, estos vuelven a separarse.
El dolor de Lai, tratará de aliviarse en la figura de Chang, poseedor de un gran corazón.
Pero jamás dará el paso.
Sólo le quedará volver a Hong Kong; levantarse recordando lo triste que fue mientras contemplaba sólo el espectáculo de la naturaleza, al tiempo que Ho, sin él saberlo, lloraba de tristeza en una habitación cochambrosa de Buenos Aires.
Poco tiempo después de que Chang decida volver a Taiwán con su familia, Yiu-fai viajará finalmente a Las Cataratas del Iguazú, solo.
Regresará a Hong Kong, después de hacer escala en Taipéi, en un intento de encontrar a Chang.
Casualmente, acabará cenando en el puesto de comidas de la familia de este, aunque él no estará allí, tras lo cual volverá a su ciudad.
Wong Kar-wai da forma a una película esencialmente postmoderna y melancólica que sigue creando, con ayuda de Doyle en la fotografía, y Danny Chung en la música, una sinfonía visual en la que imagen y música crean una comunión insoslayable de una potencia emocional apasionante.
春光乍泄 (Happy Together) es una historia aún más seca y triste que las milongas instrumentales y adormecidas de Astor Piazzola, que Kar-wai utiliza a modo de puntuación dramática.
Nunca en un film de su director, que por lo general ha preferido en materia amorosa y corporal, o bien lo muy explícito o lo muy introvertido, el amor y el sexo, y la imposibilidad de ambos, han estado plasmados de una manera tan cruda como acontece en la pequeña y sucia habitación de la pensión donde viven Ho y Lai.
Entre las virtudes de春光乍泄 (Happy Together) encontramos la dimensión estrictamente humanista de la historia, que en ningún momento se plantea como una película sobre la homosexualidad, y la confirmación del estilo personal de un autor más allá de las raíces locales, que alimentaban sus trabajos anteriores.
Así Wong Kar-wai se va a Buenos Aires, donde el idioma, el ritmo de vida, los grandes paisajes, y las enormes distancias es lo más alejado que uno pueda imaginar de Hong Kong.
Lo que le proporciona un espacio de reflexión en el que situar la historia de desamor entre 2 amigos que empiezan siendo amantes, y acaban separados en un mundo distinto.
Mientras uno consigue superar la prueba y reunir el valor suficiente para volver a su ciudad y aceptar la nueva situación; el otro es incapaz de enfrentarse con la contradicción en que vive, y se sumerge cada vez más en un círculo infernal.
Wong, en cuanto a la interpretación de la película dijo:
“En 春光乍泄 (Happy Together), algunas audiencias dirán que el título parece ser muy cínico, porque se trata de 2 personas que viven juntas, y al final se separan.
Pero para mí, 春光乍泄 (Happy Together) puede aplicar a 2 personas, o a una persona y su pasado, y creo que a veces cuando una persona está en paz consigo mismo y con su pasado, creo que es el comienzo de una relación que puede ser feliz, y también puede estar más abierta a más posibilidades en el futuro con otras personas”
Como simbolismo más claro, tenemos el agua como el elemento constantemente presente en el entorno de los protagonistas, así como las expectativas frustradas, los neones, la noche, las pensiones, los restaurantes y bares de comida rápida.
Y es que Ho y Lai desean llegar hasta Las Cataras de Iguazú, pero no culminan juntos esta aventura, y la separación les lleva a ambos a Buenos Aires, donde también llueve incesantemente, como en Hong Kong, y les obliga a resguardarse en otro espacio cerrado, claustrofóbico, siempre limitado, el de la habitación de un hotel de ínfima categoría con cocina compartida.
Aunque siempre están solos, los personajes de Wong Kar-wai tienen gente que les rodea, y los espacios compartidos alcanzan siempre una enorme relevancia.
Como dato, los nombres de los 2 personajes principales, son los nombres de los asistentes de los directores de fotografía de la película.
Inconmensurables las actuaciones del trio protagonista, pero hay que destacar que Tony Leung estuvo de acuerdo en hacer la película tras leer un guión falso, y sólo se enteró de que tenía que rodar una escena de sexo gay, después de llegar a Argentina para el rodaje.
De hecho, cuando Wong y su equipo llegaron a Buenos Aires, el director solo tenía en mente a 2 personajes que se amaban desenfrenadamente, pero no podían estar juntos.
Habían encontrado un lugar en el que situar ese amor, pero nada más.
“A los actores les dije que empezaríamos el rodaje con esta escena inicial:
Inmediatamente se dieron cuenta de que no estaba bromeando.
Ya había trabajado bastante con Leslie Cheung y Tony Leung, y veía que entre ellos funcionaba una química tan fuerte, que me daban ganas de convertirles en amantes.
Ellos no me tomaron en serio.
Sobre todo Tony.
Después del rodaje de la escena, se quedó postrado en la habitación del hotel durante 3 días.
Lo único que decía era:
“¿Qué va a pensar mi madre?”
Es un actor tan seguro de sí mismo, que le desestabilicé y, de esta forma, consiguió superarse a sí mismo.
Después, pudimos trabajar sobre las emociones, porque no he rodado una película gay, sino una historia de amor”, dijo el director.
Y recalco el compromiso de los actores, y de hacer sus escenas con tanta naturalidad, de hecho Leslie Cheung era bisexual, lástima que se suicidó en 2003 a los 46 años, toda una promesa del cine; pues era uno de los pocos actores de Hong Kong que se atrevían hacer papeles gay.
Siendo Tony el protagonista de la historia, la calidad de los sentimientos aportados a este personaje, que sólo él con lenguaje corporal, sin decir una palabra, puede lograr conmover, y es increíble lo que puede llegar a hacer.
Si bien el personaje de Cheung es más carismático por momentos, es Tony quien más tiene que esforzare y tomar decisiones difíciles, sin duda, un actor maravilloso.
Otro solitario pero la contrafigura de Cheung, es Chang, que se define como el que escucha, o sea como el que da lugar al otro, el que oculta el interior de Tony.
Entre los personajes de Chang y Tony no hay deseo pero si comunicación, reconocimiento del otro como un ser autónomo, atracción y afecto.
Son 3 hombres, 2 tipos de relación, la misma soledad y la misma búsqueda.
Todo en un Buenos Aires extraño a la mirada local, que ve imágenes que denotan la extrañeza de una mirada externa, asombrada por una ciudad potente en sus contrastes.
Pero la extrañeza local, también está construida por el circuito que la película recorre de Buenos Aires, el de la doble marginalidad de Lai, y el de la prostitución gay de Ho.
Es en general, un relato introspectivo y existencial que narra la descomposición anímica de Lai Yiu-Fai ante la incompatible forma de entender el amor frente a su pareja Ho Po-wing, que le hiere más que le quiere.
Precisamente el ser doliente, que sufre paralizado y anclado frente a sus recuerdos, siendo incapaz de vivir el presente, y sin poder ver que tiene frente a él una nueva oportunidad ante el amor a través de su compañero de cocina, Chang.
El de Wong, es un amor aún más trágico que el del surrealista “amor fou buñueliano”, porque su putrefacción es interior, porque su virus se inocula con cariño, porque se desangra sin que nadie, sino el objeto amado, sea quien fomente la hemorragia.
Para él, el amor está enfrascado en una dialéctica de víctimas y victimarios, de afectuosos e indiferentes, de románticos y hedonistas, de crédulos y escépticos.
Son seres que se aman y se repelen con igual intensidad, y que, a pesar de todo, coinciden en su melancolía.
La verdadera tragedia de sus vidas, radica en esa condición de parias afectivos que los aísla del mundo, de ahí que luzcan apagados, pese a las luces de neón que lo circundan.
Hablamos de un mundo tecnificado y pragmático, donde las relaciones están atravesadas por la conveniencia, donde vale reprimir al corazón para salvaguardar las apariencias, o para preservar el “status quo”, donde la mente es el único refugio para aquellos con ánimo de amar.
Por ello, con el transcurrir de los minutos, caemos en cuenta de que estos amantes no solo son fogosos y apasionados, sino también conflictivos.
Se encuentran encerrados en un círculo vicioso que los lleva a terminar y a volver constantemente.
Ambos darán por finiquitada su relación por primera vez en territorio gaucho, luego de una pelea aparentemente trivial que se produce mientras se encontraban camino a Iguazú.
Terminada la escena de la ruptura, un plano aéreo que sobrevuela la mentada cascada, es insertado de súbito, al compás del nunca más pertinente tema de Caetano Veloso, como metáfora de un amor maldito, que forma parte de la naturaleza, y que se precipita al vacío, un amor que parece ser bello, esplendoroso y vital, pero que alberga en su corriente, una violencia capaz de llevarlos a la muerte.
春光乍泄 (Happy Together) no establece maniqueísmos, porque no sitúa a ninguno por encima del otro.
Sólo muestra la problematización de los sentimientos, cuando el amor se disuelve con el dolor que provoca no poder conciliar formas de amar opuestas.
Otra novedad, es que se trata de un amor homosexual.
Esto es relevante y no lo es:
La pasión recibe el trato certero que merece, sin las acostumbradas etnografías coloristas de un mundo gay que, por otra parte, tampoco se pretende “normalizar” mediante la negación de una serie de códigos propios.
Por otra parte, el homoerotismo aquí se suma a la extranjería del relato.
Los 2 amantes han huido de la isla, y se encuentran en tierra extraña.
No se trata de un afuera como cualquier otro:
Buenos Aires es un arrabal de cafés, tugurios, hostales de mala muerte, zonas portuarias que huelen a grasa.
Un mundo viril.
Más allá, hay una inmensidad en forma de carretera que conduce hacia uno de esos lugares míticos que se desean conocer, sin que haya otra razón que el estar ahí, ante algo que no requiere motivos ni pretextos:
Las Cataratas de Iguazú.
Pero 春光乍泄 (Happy Together) no es precisamente El Vía Crucis perpetuo de 2 amantes imposibles, sino una historia acerca de la reconciliación filial.
Por ello, cuando los corazones sanan, vuelve el color, y con ello la ternura, los mimos, y el cariño indiscriminado.
De ahí que los días del amor sean saturados al rojo, días en los que Lai se sintió el hombre más feliz de la tierra, a expensas de la salud de Ho, a costa de esa fierecilla que aparenta estar dormida, pero anda hambrienta de libertad.
Sin embargo, la reconciliación de las que nos habla la obra, no solo tiene que ver con sus protagonistas, sino también con la historia personal de su director, y con las condiciones de su filmación.
En más de una ocasión, el cineasta ha manifestado que en un comienzo le costó mucho adaptarse al nuevo estilo de vida del puerto chino, en especial por el hecho de que casi nadie hablaba el mismo dialecto que él y su familia.
Esa misma situación de extravío, se hace patente en el argumento de ésta, su 6ª película, y en las situaciones que vivió el equipo de filmación durante su estadía en Argentina.
Planificada originalmente para ser grabada en 2 semanas, el rodaje se prolongó alrededor de 2 meses, tiempo durante el cual no solo tuvieron problemas en la selección de las locaciones, el alquiler de las mismas, excedía el presupuesto con el que contaban; y para contratar personal técnico suficiente, sino que cuando finalmente lo hicieron, sufrieron amenazas anónimas que buscaban ahuyentarlos del peligroso barrio de la boca, lugar donde se llevó a cabo la filmación.
Por otro lado, es evidente que el proceso de gestación de la película, evocó en Wong, aquella etapa de su infancia, en la cual se sentía expatriado.
Extrañamente para el caos que transmite la película, Wong fecha con precisión el tiempo de inicio:
El 12 de Mayo de 1995, y el de finalización de la acción:
El 20 de Febrero de 1997, el día posterior a la muerte del líder chino, Deng Xiao Ping, dato que la película contiene, y 72 días antes de que Hong Kong dejara de pertenecer a La Colonia Británica, para transformarse en la 2ª Región Administrativa Especial de La república Popular China.
La inseguridad que manifiesta Lai, acerca de su futuro, de la recepción que su padre le brindara luego de estos años de distanciamiento, y de las diferencias que han construido, corre paralela a la de Hong Kong, respecto de su reinserción en la grande y distante China “comunista”
春光乍泄 (Happy Together) se cierra tendiendo un puente entre el espacio de la intimidad en el que se ha desarrollado la película, y lo social histórico, guiño bastante habitual en la filmografía de Wong Kar-wai.
Y si bien deja varias preguntas sin resolver, dejándolo a la imaginación y la interpretación del espectador, la mayoría problemas centrales, son resueltos, dándonos un final al modo de estilo del director, donde aunque todo termina, nada parece haber acabado.
El triunfo en 春光乍泄 (Happy Together) se individualiza en un final abierto, en el que la inmovilidad y el tren como símbolo de tiempo y transición, nos permite visualizar la esperanza, a través de una luz de ensoñación.
Así, la usencia y la búsqueda de la felicidad, se amalgaman en un espacio y tiempo suspendido, que fusiona lo viejo y lo nuevo, como un neo barroquismo propuesto a la innovación de la imagen cinematográfica.
Un filme que más allá de narrar una historia trágica de una pareja homosexual, llega a demostrar el humanismo y el fracaso, desde un lente puro y hermoso:
“Hay que seguir mirando”
Una vuelta de regreso al Hong Kong invertido desde Argentina, en la que se buscó lo otro.
La banda sonora siempre ha sido un factor interesante de Wong Kar-wai, y se nota que tiene un buen nivel de conocimiento cultural, y además de cierta admiración hacia la cultura latinoamericana; por lo que podemos escuchar a varios tipos de músicos en este filme, como el brasileño Caetano Veloso, o el virtuoso músico estadounidense, Frank Zappa, o cierto acordeón de Astor Pataleon Piazolla, que no podía faltar, y además, contando con cierto “cover” muy especial de The Turtles, en manos del músico Danny Chung.
“我終於明白了他如何能夠快樂地運行如此自由
這是因為他有一個他總能回來的地方”
(Finalmente entendí cómo él podía ser feliz corriendo tan libre.
Es porque tiene un lugar al que siempre puede regresar)
La pareja es uno de los temas más importantes de la obra de Wong Kar-wai, pues en casi todas sus películas, los personajes llegan a enamorarse, pero existen factores externos que les impiden desarrollarse plenamente.
Sin lugar a dudas, lo primero que hay que dar, es un aplauso a 春光乍泄 (Happy Together) por exponer el tema de la homosexualidad.
Es una película que sorprende, al estar producida por un país con unas tradiciones tan arraigadas.
Así que dejando de lado la opinión final que se tenga sobre el film, es de agradecer el tremendo riesgo de haber rodado esta película.
Y dado que es una película realizada por un director heterosexual, no comparte con el “cine queer” esa voluntad política de visualización frontal y rebelde de la homosexualidad, para escocer las mentes bien pensantes.
No hay compromiso con una comunidad de la que evidentemente no forma parte, ni idea de comercialización como Ang Lee.
Pero es consciente del riesgo que conlleva centrar su largometraje en una relación tormentosa homosexual, ya que reduce su público potencial.
Por ello, de forma valiente, Wong Kar-wai decide enfocar su película sobre el exilio, a través de la mirada de unos personajes homosexuales.
Pero también es un cine que duele en el corazón de quien no ve la sexualidad sino el amor puro.
A nadie le gusta la soledad.
No nos gusta sentirnos solos, necesitamos compartir unas vivencias personales que busquen acomodo con el prójimo, sin que sintamos gestos de perplejidad, de callada extrañeza, o en el peor de los casos, de desprecio.
Por ello, Wong Kar-wai siempre habla del amor honradamente despiadado:
De un imposible, no se puede amar con piel de cordero, se ama con instinto feroz del que sabe que va a morir, y no le importa perderlo todo, con tal de tener el derecho a equivocarse.
春光乍泄 (Happy Together) es la sensación de viaje, del aliento feroz ante una lucha perdida, pero el regocijo de haber descubierto el amor sin haber amado.
El camino recorrido es mejor que el final del viaje, y amar es infinito.

“直到我遇到你才對我沒有遺憾
現在我的遺憾可能會殺了我”
(No me arrepentí hasta que te conocí.
Ahora mis arrepentimientos podrían matarme)



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