Acerca de mí

Mi foto

Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

sábado, 15 de abril de 2017

Faster, Pussycat! Kill! Kill!

“I never try anything.
I just do it.
And I don't beat clocks, just people!
Wanna try me?”

El cine de explotación o “exploitation”, es una categoría cinematográfica en la que se agrupan las películas cuya temática aborda temas o detalles de interés lascivo, propios de la ficción de explotación, género de la ficción que basa su atractivo en los temas moralmente inaceptables, y socialmente escandalosos, como el comportamiento sexual humano, el erotismo, la violencia, el crimen, o el consumo de drogas.
El término “explotación”, hace referencia a la recurrencia de un tema o corriente en un grupo de producciones cinematográficas, generalmente de bajo presupuesto, que pretenden obtener éxito comercial, y colocarse dentro del culto popular con sus temáticas escabrosas, más que con su calidad estética nudista, que se caracteriza por incluir un contexto erótico definido por escenas simples, que involucran el desnudo, el semidesnudo o el sexo explícito en la construcción de su argumento.
El “sexploitation” por tanto, presenta argumentos sencillos o absurdos, que son opacados por la presencia de escenas eróticas de la pornografía “softcore”, en las que normalmente participan los personajes femeninos.
Como su nombre lo indica, el objetivo de este género, surgido en los 60’s, es el de explotar temas de violencia; ésta puede ser física, sexual, crimen, etc.
Toda temática morbosa, capaz de captar la atención del espectador, con temas escandalosos, ofensivos para algunos, pero te imposibilitan dejar de mirar.
Ese es el cine de explotación, lleno de escenas violentas, en ocasiones sin sentido, y con diálogos ininteligibles, que a veces resultan un total absurdo, eso sí, recargado de acción.
Como dato, existen diversas variantes del “sexploitation” adaptadas al mercado nacional de distintos países; pero normalmente son películas de baja producción, que muestran escenas eróticas en las que es posible apreciar el desnudo total o parcial de los personajes; y rara vez se muestra sexo explícito.
Russell Albion “Russ” Meyer, fue un camarógrafo, fotógrafo, guionista, y director de cine estadounidense; y es principalmente conocido por escribir y dirigir una serie de exitosas películas de bajo presupuesto, de tipo porno “softcore” o “sexploitation”, con una carga de humor y estética “camp”, soslayada sátira y actrices de bustos generosos.
“Faster, Pussycat! Kill! Kill!” (1965), se considera como una de sus películas más grandes, o al menos la más representativa del estilo.
“Ladies and gentlemen.
Welcome to violence!”
Faster, Pussycat! Kill! Kill! es una película erótica y de acción, del año 1965, dirigida por Russ Meyer.
Protagonizada por Tura Satana, Haji, Lori Williams, Susan Bernard, Stuart Lancaster, Paul Trinka, Dennis Busch, y Ray Barlow.
El guión es de Russ Meyer y Jack Moran
El director Russ Meyer es para muchos, el mejor creador del cine erótico, y en esta película mezcla los elementos básicos en su cine, los cuales son:
Coches, sexo, violencia, y chicas de cintura de avispa con grandes pechos.
Meyer, era un reconocido camarógrafo, pionero del “grindhouse”, y fotógrafo del “Playboy” de la época, quien se especializó en filmar películas “sexploitation”, en las que se encargó de realzar el protagonismo erótico de la figura femenina, y las mujeres de grandes pechos, que bien podrían ser “misiles tierra-aire”
Por lo que se nos ofrece mucha violencia física y verbal, sexualidad, roles de género provocativos, y diálogos y encuadres de doble sentido a vulgares; pero la ha convertido en una película de referencia en la cultura pop.
Faster, Pussycat! Kill! Kill! es una de las películas más provocativas de Meyer, aunque a diferencia de la mayoría de sus películas, no contiene desnudos explícitos; y mantiene una trama simple, entretenida y fantasiosa, casi un comic.
Sobre el título, Meyer afirma que es debido a que la película contiene de todo:
Velocidad, más rápida “faster”; sexo, “gatita” o “Pussycat”; y violencia… ¡Matar, matar!
La palabra y el acto en sí se relacionan, porque la violencia se oculta a sí misma tras muchos disfraces, y su manto favorito permanece:
El sexo; mientras la violencia devora todo lo que toca, un voraz apetito que raramente se llena, y no sólo destruye, sino también crea y moldea.
Examinemos entonces de cerca, esta peligrosa y maligna creación, esta nueva especie aprisionada y contenida en la flexible piel femenina.
Porque la suavidad está ahí, en el inconfundible aroma de mujer, en la superficie, brillante y sedosa, en el cuerpo dócil, pero perverso, en una película de “exploitation”, filmada en blanco y negro, cuyo narrador, John Furlong, nos cuenta la historia de 3 chicas malas:
El mismo diablo hecho mujer, Varla (Tura Satana), jefa experta en pelea, manipulación y problemas.
La acompañan:
Rosie (Haji), una lesbiana rusa; y Billie (Lori Williams), una rubia provocadora y calentorra.
Son 3 “strippers” a las que les gusta coger sus coches, e ir a buscar problemas.
Un día, encuentran a una joven pareja en el desierto…
Estos les retan a una carrera, en la que en medio de esta, el novio, Tommy (Ray Barlow), acaba muerto; y Linda (Susan Bernard) es secuestrada.
Más tarde, en una gasolinera, las protagonistas se enteran que cerca del desierto, vive un viejo (Stuart Lancaster), con sus 2 hijos, en una casa en la que se esconde una gran fortuna…
El hombre mayor, es paralítico y abusivo, que vive con sus hijos:
Uno llamado “El Vegetal” (Dennis Busch), torpe y musculoso; y su hermano, Kirk (Paul Trinka), el más cuerdo de todos los personajes.
Entre ellos se desatara la violencia, la intimidación, la lucha de los sexos, etc.
Faster, Pussycat! Kill! Kill! es un filme de culto por excelencia, pues de aquí salieron grandes películas posteriores, como algunas de Quentin Tarantino y George Miller; en una combinación letal de mujeres violentas, sexis, y con grandes neumáticos, en plena lucha contra hombres que tienen mucho musculo, nada de virilidad, y sentido común.
Las lecturas cinematográficas a desarrollar, son muchas; pues estamos hablando de uno de los máximos exponentes del cine “exploitation” y de serie B hollywoodense, es más, me arriesgaría a decir que Faster, Pussycat! Kill! Kill! es la madre del “exploitation” en todo sentido, yendo más allá del formato cinematográfico.
“Women!
They let 'em vote, smoke and drive; even put 'em in pants!
And what happens?
A Democrat for president!
A bunch of smoke up your chimney!
Russian roulette on the highways!
Can't even tell brother from sister, unless you meet 'em up close”
En los años 60, la proliferación de “nudies” sería vista como una forma de libertad de expresión, y sería el paso previo a la legalización de la pornografía a principios de los 70, que la hizo “chic”
Si bien, el director Russ Meyer nunca filmó pornografía pura y dura, su material habitual, eran las películas “softcore”, con tramas “naif”, con abundancia de desnudos y escenas de sexo simulado.
Lo que convertiría a la carrera de Meyer en un éxito comercial, era su habilidad para encontrar modelos de generosas proporciones, no por algo Meyer fue uno de los más exitosos fotógrafos de la revista “Playboy” de aquella época; y ponerlas al frente de sus filmes “exploitation”, recaudando verdaderas fortunas.
La formidable capacidad de sus filmes para generar ganancias, deslumbraría a Hollywood, quien lo tentaría para acometer algunas películas dentro de la chapa de los estudios “Major” con un resultado nada satisfactorio.
Pero entre toda su obra, encontramos Faster, Pussycat! Kill, Kill!, que es una película inusual para el estilo de Meyer; ya que aquí no hay desnudos ni escenas “softcore”; aunque el sexo juega un rol importante en la trama.
Pareciera entonces que Meyer quiso hacer su propia versión del “cine de pandillas”, algo que se había comenzado a poner de moda en los 50, pero con una vuelta de tuerca, y poner mujeres como protagonistas en un mundo enfrentándose a hombres en “La América Profunda”
Y es que ya en los años 60, el género comenzaría a abrirse en infinidad de variantes; y no hay ningún elemento en Faster, Pussycat! Kill, Kill!, que no se haya visto antes, así  como la idea de los forajidos que planean un golpe, y les sale mal tampoco es nueva.
Y tal como está ejecutado en el film de Meyer, tampoco es una obra maestra que digamos…
Pero terminó resultando un hito con el paso del tiempo, y se transformó en objeto de culto.
Con 3 “strippers” voluptuosas y desfasadas a la búsqueda de emociones fuertes, se encuentran con una pareja de jóvenes inocentes en pleno desierto.
Atención a las características de cada una:
Varla es como una araña peligrosa, Rosie es ambigua en todo sentido, y Billie es la rubia tonta calenturienta.
Después de deshacerse del chico, típico joven estadounidense, casi un universitario; toman a la chica como rehén, que es casi la representación de “la chica de al lado” o a la “Californian Girl”, obvio en traje de baño… y planean dar un golpe en la casa de un anciano que vive con sus 2 hijos cerca de donde se encuentran, dado que saben que allí se esconde una buena cantidad de dinero.
El anciano, es un paralítico, que en el fondo, utiliza a su hijo musculoso para que lo movilice.
El viejo, curiosamente es un abusador sexual, la ironía es que es paralítico, que pretende a la joven y virginal Linda, y para ello utiliza a “The Vegetal”, que como su nombre lo indica, es puro musculo y nada de cerebro, pero si es realmente sexualmente atractivo, tanto que deslumbra a Billie.
Mientras Kirk, el otro hijo, es el más cuerdo de todos, la razón, y el sentido común.
Así, utilizando las malas artes, el trío de chicas consigue que el hombre en silla de ruedas, las invite a la casa.
Una vez dentro, intentan seducir a los hijos, para averiguar dónde está escondido el dinero.
Pero no tardarán en descubrir, que las intenciones del, no tan desvalido dueño del lugar, son quizás tan siniestras y perversas como las de ellas... sólo que en ese caso, les toca asumir el papel de víctimas.
La sangre, empezará a correr en ambas direcciones, donde los enfrentamientos, la seducción, y la violencia hará que se desate la inevitable tragedia.
El relato, se vertebra entonces en el seguimiento de los momentos de ociosidad de 3 “strippers” de generosos bustos, que sin dudarlo, cuando terminan de trabajar, salen a recorrer kilómetros de asfalto y polvo en sus coches deportivos, en busca de reyertas, aquí inicialmente en forma de joven pareja de enamorados, y de familia desestructurada después; y libertad.
Podremos observar con regocijo o con frustración, que al igual que ocurre en todas las películas que forman el universo “meyeriano”, en ella se muestra una ferviente admiración por la figura femenina, tanto en lo que se refiere al físico como al intelecto, que no dudará en aprovechar sus espléndidos atributos para sacar tajada en un mundo dónde el hombre no es más que un títere sin cabeza, pervertido en el sentido más sexual de la palabra, y de dudosa integridad intelectual.
Ello se nos muestra desde las primeras imágenes, en que el movimiento de caderas de nuestras 3 entrañables protagonistas, obnubilan a los presentes, en un ejercicio de montaje muy reivindicable; atención a los contrapicados, que revelan los diosas que son estas mujeres, o bien en los encuadres que muestran lo más femenino de su anatomía, las tetas; o en cualquier contacto con hombres durante el metraje, donde ellas brillan en el encuadre, y donde éstos nunca pueden resistirse a los encantos de un generoso escote.
Salvo, “The Vegetable”, a los demás no les vemos el atractivo, pues con el musculoso, hasta tenemos escenas muy bien tomadas de su belleza, hasta sin camisa, o en ese enfrentamiento “carro contra pene” simbólico de Varla contra él.
Al respecto, el erotismo presente durante todo el metraje, con la lucha inicial entre 2 de las protagonistas en la arena; la aparición de una cándida chiquilla con una vestimenta muy veraniega; los sensuales bailes de las muchachas al son de la mezcla de temas jazzísticos con puro surf rock; eso sí, decepcionará a aquél que buscara, como en muchas obras de Meyer, “ver más carne”; todo ello tolerable viendo el festival de violencia que se nos muestra en pantalla, y la lucha de estas 3 reinas del desierto, contra un destino teñido de sangre.
Es pues, Faster, Pussycat! Kill! Kill!, un grito a favor de lo inmoral, un gamberro ejercicio de estilo, que a buen seguro saciará la sed de sangre y sexo que muchos amantes del cine marginal y maldito andan buscando.
Pero los hombres, después de conocerlas, fraguan planes propios.
Meyer no busca sucumbir antes los clichés de una tradicional guerra de sexos al uso.
Estamos aquí ante un campo de batalla de gente equitativamente detestable, donde la única “víctima”, es la chica raptada, interpretada por la hermosa Sue Bernard, por lo que no podemos considerar aptamente a “Pussycat” como una cinta misógina.
Podríamos decir, que Meyer aglutina una cantidad alarmante de elementos que, sobre el papel, darían la sensación de desestabilizar cualquier historia, hacerla añicos por la improbabilidad de unirlos, no en vano, podemos encontrar situaciones prototípicas del “far west”, de las “road movies”, del “serial killer”, incluso de la comedia más ácida y negra.
Sin embargo, uno de los aciertos y encantos más aplaudibles, es el de saber conjugar con mucho oficio y descaro estos elementos, y crear un microcosmos pop de lo más harmónico y disfrutable.
Y en el fondo, aquí no hay moral, no hay ley, solo 3 strippers que actúan con pasión, desenfreno y sin medir consecuencias.
Con una violencia de género a la inversa, 3 mujeres sembrando el caos y la destrucción a su paso, en la casa de un hombre sin mujer, desparecida/muerta, sin olvidarnos de ese especial sentido del humor característico de Russ Meyer, que apunta filoso en el diálogo.
La historia en sí, no es ninguna maravilla, y quizás peca de simplona en algunos momentos.
Seguramente muchos la resumirían en una palabra, “tetas”, pero cabe resaltar la época en la que este film fue rodado, 1965, un tiempo donde los derechos de la mujer, todavía no eran muy asimilados por la sociedad de EEUU, una época en la que no existía el cine de violencia y sexo explícito; y aquí tenemos una película extremadamente física, pero de formas cinematográficas tan abstractas como surreales.
Desde lo técnico, por el fondo se le perdonan muchos errores, pero mantiene una factura elevada, a pesar del escaso presupuesto, gracias a la hermosa fotografía en blanco y negro, bien iluminada en exteriores; y un buen uso de la acción y el suspense.
Para el espectador moderno, hay detalles que le puede parecer inverosímiles en cuanto a la historia, o incluso hay recursos como los planos de los conductores filmados con los autos detenidos, donde no se mueve un pelo, y se supone conduce en altas velocidades; que los puede distanciar de la obra, pero en el conjunto resiste cualquier tipo de análisis; tanto que alcanza un giro muy interesante, cuando estos 2 rivales, llenos de maldad, se disputan además de la supervivencia sobre el otro, a una inocente y atractiva víctima:
Linda.
A excepción de los planos que sólo se encargan de resaltar las virtudes físicas de las protagonistas, en general, tiene una puesta en escena bastante clásica, y muy efectiva.
Vanguardista resulta, si se me permite, el darle un tratamiento formal y narrativo, clásico, serio, y tan bien cuidado a una historia cuyas situaciones y protagonistas transgredían los usos y costumbres del “establishment” cinematográfico, sometido al horripilante Código Hays de censura.
Del reparto, Russ Meyer trabajaba con actores que no eran profesionales, por eso las actuaciones resultan un poco acartonadas, pero aun así funcionan bastante bien.
Los intérpretes comparten un código en común entre ellos, y no hay diferencias de nivel en el registro de los actores, lo cual es todo un logro, más aun teniendo en cuenta que los diálogos están cargados de una poética poco frecuente en el cine, y hasta los actores más experimentados, suelen hacer agua con líneas tan complicadas de enunciar y seguir, sonando verosímil.
Conformadas por juegos de palabras de doble sentido, sin caer en el mal gusto y con una métrica cuasi musical, esta poesía es otra de las claves del éxito de Russ Meyer.
El resto, de factura pop y alucinógena, e influenciado como siempre por el comic y por los dibujos animados, se compone de acción a raudales, violencia brutal, y que duele de verdad, en un montaje y narrativa crudos y creativos, ángulos y planos atrevidos, que resaltan las proporciones de sus protagonistas, diálogos delirantes y bruscos, libres de todo prejuicio, homenajes al jazz, a esa música rebelde y “diabólica”, alusiones sexuales constantes, y retratos satíricos de todo lo oscuro que guarda “La América Profunda”, que queda retratada en un esplendoroso blanco y negro.
Una obra inimitable, injustamente dejada de lado en su día por la crítica “seria”, con actores estereotipados pero carismáticos, y de buen ver.
Los personajes, son de cartón pintado; los villanos son malos porque sí, y las víctimas no son tan puras como parecen.
Del lado de los hombres, todos los personajes masculinos, a excepción del viejo verde, están escritos como “inocentes y fácilmente manipulables por el sexo”
Kirk, es controlado por la bragueta, como Varla quiere; “The Vegetable” es un bruto sin maldad; y el viejo, es un perverso que bien puede ser la contraparte masculina de Varla.
Una de las razones por las cuales Faster, Pussycat! Kill! Kill! resulta memorable, es la presencia salvaje de Tura Satana.
La biografía de Satana, merece no un capítulo, sino un libro aparte, y toda una película.
De ascendencia japonesa y estadounidense, ya asomaba su impresionante figura en plena adolescencia; pero su generosa silueta provocaría un incidente que culminaría en su violación por parte de una pandilla cuando tenía 10 años.
Satana aprendería artes marciales, y se dedicaría durante los 15 años siguientes, a rastrear a los violadores, y vengarse de ellos…
¿Les suena la trama de “Kill Bill: Vol. 1” (2003)?
A la vez que se hacía líder de una pandilla, Satana trabajaba como bailarina exótica, y modelo de “nudies”; cantaría, trabajaría en cine, estaría a punto de casarse con Elvis Presley, sería baleada por un ex amante, y tendría un serio accidente de auto, que la mantendría años postrada en la cama de un hospital.
Lo que se dice, una vida de historieta, que la obligó a retirarse y ser noticia solo hasta el día de su muerte en 2011.
Y aquí, Tura Satana es la que comanda el show, con su naturaleza salvaje a flor de piel.
Si en otros filmes, el centro de atención son los efectos especiales, aquí los efectos especiales son la presencia de esta mujer:
Es una bestia sexual, malvada, violenta y expeditiva.
Es una auténtica villana en la pantalla y, como dicen, una figura “larger than life”
Las otras 2 chicas, Haji y Lori Williams, son más ordinarias, o apenas adecuadas a sus roles de cómplices:
Haji, haciendo de lesbiana y enamorada de Satana; mientras Williams más dada al sexo y a la diversión.
Pero Satana comanda la escena con un carisma único e irrepetible.
Y en el medio está el personaje de Linda, criatura tonta si las hay, que grita, corre y rebota en todos lados, como pelota de “ping pong”
El por qué Linda sigue viva hasta el final del relato, es completamente inexplicable.
Tal vez por su carácter “puro” se queda con el hombre menos malo.
Por otro lado, los actos del trio de anti heroínas, escandalosos para el público de su momento, se contraponen a los predecibles de otra mujer débil y dependiente de los hombres, interpretada por la “playmate” Sue Bernard, a la que la propia Satana provocaba durante el rodaje para que el clima de odio entre ellas fuese más real.
Y es que Meyer retrata al género masculino, como seres idiotas, débiles e indefensos ante la silueta femenina; sin embargo, durante el rodaje, se sabe que el estilo de dirección de Meyer, y las reglas que imponía al reparto y al equipo de producción, causaron enfrentamientos con su estrella, Satana, igualmente de carácter fuerte.
También hubo fricción entre Susan Bernard y su director, y coestrellas; gran parte se lo que atribuyeron a la presencia de su madre en el equipo, necesario, porque Bernard era una adolescente de 16 años de edad.
Por su parte, Susan ha dicho en entrevistas, que ella era realmente tenía miedo de Satana, y algunos han pensado, que esto contribuyó a su actuación, como una víctima real de secuestro.
Otro dato, es que la actriz principal, Tura Satana, tenía propiedad legal sobre su imagen y semejanza.
Así que cada vez que Russ Meyer quería cambiar la obra, o volver a rodar, tuvo que obtener su permiso y, a veces tuvo que pagarle honorarios extras.
A Faster, Pussycat! Kill! Kill! se le puede achacar muchas cosas, desde la trama simple a ya visto, al diálogo absolutamente incoherente, en términos mayúsculos, y a los personajes que hablan como si estuvieran drogados.
Por momentos, el guionista cree estar poniendo en boca de estos caracteres, frases que son de un lirismo increíble, cuando en realidad terminan recitando enormes cantidades de bazofia.
Pero todo es perdonable… menos un error visible, que sucede después que Rosie y Varla atropellas al viejo con el Porsche, pues la placa de la matrícula delantera, se muestra colgando hacia abajo.
Más tarde, cuando el Porsche está atacando a “The Vegetable”, la matrícula está de puesta en su lugar.
Sin escrúpulos, Meyer ofrece un magnífico retrato de “La América Profunda”, de los personajes esquinados, de las extrañas familias, dónde el polvo del desierto se pega con sudor desde el primer fotograma, para salir violentados, excitados y reconfortados con este espectáculo de sangre, polvo y sexo.
Faster, Pussycat! Kill! Kill!, también es política, y tira sus dardos al Partido Demócrata y al Comunismo, así como al Feminismo y la lucha eterna por la igualdad, literalmente.
Porque en el cine de entonces, era la damisela bonita y dócil en peligro de muerte, que el joven apuesto llegaba a salvar…
Recién estaba de moda en el mundo, el asunto de la liberación femenina, donde más mujeres decían:
“Tenemos derecho a trabajar al igual que los hombres”, pero Russ Meyer dijo, no solo tienen derecho a trabajar… también tienen derecho emborracharse, a pelear, a correr en autos deportivos, a tomar a cualquier hombre, y follárselo a la fuerza… eso era, para él, la liberación de la mujer, imagínense, Russ Meyer plasmó en el celuloide, hace más de 60 años, situaciones y actitudes femeninas que aún hoy y machistamente, son mal vistas en ellas, y no en ellos.
La idea de presentar a una mujer fría y frívola con el sexo masculino, no se reduce a los grandes pechos de sus protagonistas, que más que pechos parecen puños de boxeo, sino que también se destapa a través de una historia de venganza, con el sexo femenino por parte del padre y dueño del rancho donde acontece la segunda mitad del filme.
Ideas que sugieren el enorme poder que puede llegar a tener una mujer sobre un hombre.
Aquí presenciamos, en definitiva, cómo el apicultor es atacado y vencido por 3 avispas.
Faster, Pussycat! Kill, Kill!, posee una razón para verse y es contemplar la violencia, que es bastante inusitada para un film de esa época:
Varla atropella a medio mundo con su Porsche, o mata a los hombres con sus propias manos.
Pero es una de esas películas que funcionan más como generadores de íconos, y de buenos posters para cuartos de adolescentes que por otra cosa, con escenas para la posteridad:
La pelea entre Haji y Lori Williams en el agua, continuada en la orilla, con la arena pegándose a sus húmedas ropas, bajo la divertida mirada de Tura Satana.
El desafío entre las chicas, para ver quien aparta antes su coche del camino.
La competición automovilística con una joven e inocente pareja, a la que han encontrado.
El musculoso cuerpo del retrasado hijo del dueño de la granja, quien esconde un tesoro en algún lugar del desierto.
Incluso la apariencia de las 3 turgentes protagonistas, supone un catálogo de variedad femenina:
Tura Satana, con su cuerpo enfundado de negro, y sus guantes de igual color, puro fetichismo andante de rasgos orientales y escote infinito.
Lori Williams, prototipo de la rubia pizpireta, cuyo cuerpo no se cansa de pedir fiesta.
Y Haji, cuyo marcado acento resulta más excitante que sus desafiantes movimientos de cadera.
Y el final, terrible con Satana muerta y tirada como un perro…
Atención a la banda sonora, que conjuga imágenes con acción, como pocas veces se compagina en el cine.
“You girls a bunch of nudists or are you just short of clothes?”
Faster, Pussycat! Kill! Kill! es una película fundamental para los amantes del “camp”, como para los revivalistas del rock de los 50, los fanáticos de los 60s, y los estudiosos del punk; porque supone la sublimación definitiva del cine “sexploitation”, al que el propio Russ Meyer aportó varias de sus piezas más valiosas.
Pero el grueso del film, se construye acudiendo a todos los lugares comunes del subgénero; de la mano de un autor puro, injustamente menospreciado por ciertos círculos, que supo crear una filmografía única en su especie, y en su momento que se enfrentó a los valores y tabúes de su tiempo, de una manera en la que ninguna otra lo había hecho hasta la fecha; porque mezcla explosivamente comedias que van sin problemas de lo irónico a lo zafio, de cine negro, de cine de acción, de película erótica, que roza la pornografía…
Sus obras, a veces completamente surrealistas, y en ocasiones parodias unas de las otras, resultan tremendamente provocativas, irreverentes y turbadoras, y se mofaron de todo y de todos, como él mismo siempre hizo en su vida diaria.
Su estilo, tiene un toque de dibujo animado clásico, un aura alucinógena y un montaje y una factura crudísimos; y sus personajes, destinados a enfrentarse los unos contra los otros, en parajes naturales, abruptos y hostiles de “La América Profunda”, son estrambóticos, monstruosos, malhablados y agresivos, tremendamente sexuales y brutales, mientras que la violencia que destilan es tan terrible como delirante y cómica.
Sus creaciones han de ser tomadas tan en broma como en serio:
Ellas mismas son una burla de ellas mismas, aunque también Meyer las use para retratar con su agudísimo e inmisericorde ojo satírico, lo peor y lo mejor del ser humano, y la parte oscura de la sociedad en la que le tocó vivir.
Gran director de actrices, y amante del cuerpo femenino, grande, voluptuoso, cargado de curvas y de enormísimos pechos, descubrió e hizo famosas a muchas de las que con él trabajaron; y aportó un retrato de mujer totalmente revolucionario en su momento, que le hizo ser considerado como uno de los esenciales cineastas feministas:
La mujer total y absolutamente independiente y valiente, que no sólo se enfrenta al hombre, sino que además le gana, y hasta le humilla, y que se contrapone con otras mujeres débiles, que son utilizadas como objetos.
Lo que realmente distingue a Faster, Pussycat! Kill! Kill! de otros metrajes, es el uso de simbolismos, tanto de estratos bajos como altos.
Meyer se inspiraba desde la tragedia griega hasta el “softcore”
Su visión de la mujer como la figura del forajido moderno, historias paradójicas, y cargadas de erotismo, es única.
Faster, Pussycat! Kill! Kill! es la única película de Meyer, donde no hay escenas de desnudos, ni sexo explícito, pero sí es el precursor para la liberación del “nudie” y más adelante, de la legalización de la pornografía.
Para cerrar con lo anecdótico, cabe destacar que Faster, Pussycat! Kill! Kill! fue realizada y estrenada en 1965, cuando todavía estaba implementado El Código Hays de censura, el código de producción que contenía una serie de reglas que limitaba lo que se podía ver o no en una película.
Como muestra, uno de sus 3 principios generales:
“No se autorizará ningún film que pueda rebajar el nivel moral de los espectadores.
Nunca se conducirá al espectador a tomar partido por el crimen, el mal, o el pecado”
Así se cocinó:
Faster, Pussycat!
Kill!
Kill!

“We don't like anything soft.
Everything we do is hard”


No hay comentarios.:

Publicar un comentario