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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

lunes, 17 de abril de 2017

Ordet

“Jeg tror, en masse små mirakler ske i hemmelighed”
(Creo que un montón de pequeños milagros ocurren en secreto)

La Fe, del latín “fides”, es la seguridad o confianza en una persona, cosa, deidad, opinión, doctrinas o enseñanzas de una religión; también puede definirse como la creencia que no está sustentada en pruebas, además de la seguridad, producto en algún grado de una promesa.
La Fe en El Cristianismo, se basa en la obra y enseñanzas de Jesús de Nazaret; y declara no caracterizarse por La Fe, sino por el objetivo de La Fe.
En lugar de ser pasiva, La Fe conduce una vida activa, alineada con los ideales y ejemplo de vida de Jesús.
“Es, pues La Fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, según reza Hebreos 11:1.
La actitud de la voluntad en La Fe, la describe San Agustín de la siguiente forma:
“Credere non potest nisi volens”, o “No se puede creer si no se quiere”
Y Santo Tomás hace énfasis en la unión entre voluntad y pensamiento, al decir:
“La Fe es retener por seguramente verdaderas ciertas afirmaciones intelectuales, bajo el influjo y la adhesión de la voluntad”
Para La Iglesia Católica, no hay confrontación excluyente entre Fe y Ciencia, ya que, aunque La Fe esté en plano superior al de La Razón, el Dios mismo que ha hecho tener al espíritu humano la luz de La Razón, es el mismo que ha revelado los misterios.
Por eso, la investigación metódica, cuando se actúa de una forma realmente científica, y siguiendo una normativa moral, no estará nunca en oposición con La Fe, ya que las realidades de Fe y las profanas, tienen su mismo origen:
Dios.
Tener Fe en algo o en alguien, es necesario para vivir.
En ocasiones, es necesario buscar ayuda externa para ayudarnos a recuperar esa Fe, sobre todo en nosotros mismos.
La Fe, el convencimiento de que las cosas mejorarán y estaremos mejor en un futuro, es lo que nos hace seguir, lo que nos hace poner en marcha los recursos necesarios para seguir caminando en busca de La Felicidad y del bienestar.
¿Consiste la verdadera Fe, en seguir al pie de la letra ciertas ceremonias, satisfaciendo así a un Dios del que apenas sabemos nada; o más bien consistirá en intentar llevar una vida plena en todos los sentidos, queriendo a los demás como a uno mismo?
Personalmente, hace años que no me defino precisamente por mi religiosidad, sino más bien al contrario, pero sí espiritual.
No creo que unas instituciones tan atadas a un ceremonial absurdo, y con tanta ambición de poder terrenal, representen a ningún Dios, y mucho menos al personaje histórico de Cristo.
Pero cuando uno se sumerge en una buena historia, sea en forma de libro o de cine, en cierto modo deja su vida de lado durante un rato, y comparte la de unos personajes de cuya existencia nada sabíamos hasta ese momento, pero que de vez en cuando se quedan con nosotros largo tiempo, algunos incluso para siempre.
El problema de La Fe, que ocupara buena parte de la reflexión danesa durante el siglo XIX, y que diera a luz al filósofo de la religión, Søren Kierkegaard, es también una de las principales fuentes de inspiración del cine nórdico.
Sólo existe una posibilidad para que La Fe se convierta en algo racional y natural, para que su camino se aleje de las tinieblas:
El Milagro.
“Fordi der blandt troende, enhver mand, der tror?”
(¿Porque no hay entre los creyentes, alguno que crea?)
Ordet es un drama danés, del año 1955, dirigido por Carl Theodor Dreyer.
Protagonizado por Henrik Malberg, Emil Hass Christensen, Preben Lerdorff Rye, Cay Kristiansen, Brigitte Federspiel, Ann Elizabeth, Ejner Federspiel, Sylvia Eckhausen, entre otros.
El guión es una adaptación de la obra teatral “Ordet” (1925) de Kaj Munk, dramaturgo y pastor luterano danés, conocido por su compromiso cultural y su condición de Mártir durante La Ocupación de Dinamarca en La Segunda Guerra Mundial.
Pese al laicismo presente en estos países en la actualidad, se podría decir que dejan en ridículo a países tradicionalmente religiosos como España o Italia, si echamos una ojeada a su historia.
Durante el siglo XIX, en concreto en Dinamarca, la reflexión religiosa es un tema capital, y lo que conocemos como los “puritanos” estadounidenses, son directos descendientes de los emigrantes de estas naciones.
Aquí bien hay influencia de Shakespeare en los diálogos, e incluso la temática recuerda al conflicto entre 2 familias, abordado en “Romeo y Julieta”
La diferencia radica, en que estas 2 familias viven en un pequeño pueblo de Dinamarca, y no son precisamente acaudaladas.
La razón de su enemistad, es de índole religioso:
Un granjero luterano y un sastre que predica las antiguas escrituras.
El director Carl Theordor Dreyer, hizo cambios en la obra original, tales como la adición de la escena de la película de apertura, que fue inspirado por un pasaje de memorias publicadas de Munk; omitiendo el anterior romance de Johannes, como contribuyentes a su enfermedad mental; y el corte de 2/3 de diálogo inicial de Munk.
A pesar de que tuvo la precaución de mantenerse fiel a la intención del escritor, se mantiene el mensaje de la obra, y lo que resultó fue una película minimalista.
Gran parte de la obra del escritor, es una contribución al debate de la filosofía de la vida:
Religión, marxismo y darwinismo, que marcó profundamente la vida cultural danesa durante este período.
Su teatro muestra ante todo, la admiración por el esfuerzo humano, y el papel de los héroes a lo largo de la historia, poniendo en los débiles, la iluminación religiosa de La Fe y la justicia.
No es raro que la obra de Munk sea religiosa, siendo un sacerdote, y no es extraño que Dreyer sintiera interés por esta historia, pues hay en este director danés, una atracción recurrente por el estudio del alma humana, que en los países nórdicos acostumbraba a tener forma de disquisición sobre La Fe.
Y este es uno de los 2 grandes temas de este realizador, junto con el del amor, también presente aquí.
El rodaje de Ordet, duró 4 meses, repartidos 2 meses en estudio y 2 meses en Vedersø, un pueblo en el oeste de Jutlandia, donde Munk había servido como pastor luterano.
Ordet, como título, que se traduce como “El Verbo” o “El Logos” que significa “La Palabra”
Y El Verbo/Logos Divino, “se hizo carne y habitó entre nosotros” dice Juan 1:14.
Es decir, El Hijo de Dios, la 2ª persona de La Trinidad, es El Verbo.
En otros términos, Jesús es El Verbo de Dios, quien representa a Dios ante los creyentes, y a los creyentes ante Dios.
Como obra, Ordet es una investigación de los milagros desde el punto de vista único de alguien que no estaba listo para subestimarlos.
El proyecto se remontaba a 1920; y en ella combina una fervorosa historia de amor en el medio campesino con un examen acerca del destino.
El personaje central, un teólogo enloquecido por sus lecturas de Søren Kierkegaard, padre del existencialismo, por hacer filosofía de la condición de la existencia humana, por centrar su filosofía en el individuo y la subjetividad, en la libertad y la responsabilidad, en la desesperación y la angustia; se cree ser Jesús reencarnado, y pone en entredicho la presunta Fe religiosa de su familia ante la muerte.
Por su parte, Søren Kierkegaard, sentía afecto por El Obispo Jakob P. Mynster, pero consideraba que su concepción del cristianismo era propia del interés del hombre, más que del interés del Dios, y para él, de ningún modo era la vida de Mynster, comparable a aquella de un “testigo de la verdad”
Los puntos principales del ataque de Kierkegaard hacia La Iglesia, incluían:
Las congregaciones de La Iglesia, no tienen sentido:
La idea de las congregaciones, hace que los individuos sean como niños, ya que los cristianos son reacios a tomar la iniciativa a la hora de asumir la responsabilidad de su propia relación con Dios.
Kierkegaard resaltó que “el cristianismo es el individuo, aquí, el propio individuo”
Que El Cristianismo se había secularizado y politizado, puesto que La Iglesia estaba controlada por El Estado.
Kierkegaard creyó, que la misión burocrática del Estado, era aumentar el número de miembros y supervisar el bienestar de estos.
Más miembros, significaría más poder para el clero, un ideal corrupto.
Esta misión, parecería contraria a la verdadera doctrina cristiana, que destaca la importancia del individuo, no del conjunto.
Y que El Cristianismo se convierte en una religión vacía:
De esta manera, la estructura de Estado confesional es ofensiva y perjudicial para los individuos, puesto que cada uno de ellos, se ha convertido en “cristiano” sin saber lo que ello significa.
También, es perjudicial para la propia religión, puesto que reduce El Cristianismo a una tradición de moda, a la que se adhieren “creyentes” que no creen.
En Ordet, destaca el ritmo pausado, la práctica ausencia de montaje por corte entre escenas, en las que Dreyer deja que los actores entren y salgan de encuadre al estilo del montaje teatral; y de la propia ausencia de banda sonora/música; pues para no distraer, es una obra cargada de preocupaciones religiosas, pero asimismo, exaltadora de la vida; tanto que es considerada Obra Capital del cine de autor europeo, de gran influencia posterior en otros cineastas, y que aparece en numerosas listas de Las Mejores Películas de La Historia del Cine.
Dreyer, con cierto halo cristiano, reconoció que mucho de su cine, se había preocupado por la intolerancia, como obsesión personal; y contando con la impresión que le causó precisamente “Intolerance” (1916) de D.W. Griffith; más cercano a las artes plásticas que a la pura narración de historias, Dreyer plantea esta película, como un torrente de espiritualidad, rodeándola de un ambiente místico, en el que se interesa por tratar, por encima de todo, la inseguridad del individuo ante los caprichos de La Fe y La Razón.
Ordet supone la culminación del lenguaje cinematográfico de Dreyer, distanciado de un cine convencional, que nunca entendió.
Estamos pues en la década de 1920, en un pequeño pueblo de Jutlandia occidental, donde vive el viejo granjero, Morten Borgen (Henrik Malberg)
Él es viudo y tiene 3 hijos:
Mikkel (Emil Hass Christensen), Johannes (Preben Lerdorff Rye), y Anders (Cay Kristiansen)
El primero está casado con Inger (Birgitte Federspiel), y tienen 2 hijas pequeñas; y espera el nacimiento de su tercer hijo.
Pero Johannes, es un antiguo estudiante de Teología que, por haberse imbuido de las ideas de Kierkegaard, e identificarse con la figura de Jesucristo, es considerado por todos como un “loco”
Si se mira bien, esto es bastante similar al caso del verdadero Jesús, quien, como se sabe, en la antigüedad fue tildado de mentiroso, embustero, extravagante, y loco, y al final fue cruelmente sacrificado...
Pero es el tercero, Anders, quien está enamorado de la hija del sastre, líder intransigente de un sector religioso rival, o antagónico.
Tal circunstancia, revitaliza la discordia que siempre ha existido entre las 2 familias religiosas, ya que ninguna ve con muy buenos ojos, que sus hijos contraigan matrimonio.
Ordet, es un drama danés, sobre 2 familias de 2 religiones diferentes, sobre sus roces, y cómo “la tragedia” hace que sus preceptos sean puestos a prueba; donde cada uno de los 3 hermanos, personifica una postura diferente con respecto a La Fe:
El mayor, Mikkel, es un hombre bueno, pero incapaz de creer en Dios.
Johannes simboliza La Fe por encima de La Razón.
Y para Anders, el amor supera las diferencias religiosas.
En otros personajes, vemos más perspectivas:
El pastor que representa La Fe desde la teología; Inger, la esposa de Mikkel, desde la bondad; y una de sus hijas, desde la inocencia de los niños.
Para el médico, la ciencia está por encima de la religión.
Ordet muestra las convicciones religiosas, no como algo superficial, sino como un elemento trascendental para los protagonistas, e inseparable de sus vidas.
Invita a cultivar la espiritualidad como parte fundamental que es del ser humano, y no como un complemento.
Es una enorme película, tanto que si hay una que hay que ver de pie, es esta; un filme elegante, con una factura técnica teatral exquisita, con un mensaje arrollador.
Hacía tiempo, una película no me sacudía tanto… aquí, el director muy directamente nos hace ver cuánto hemos perdido en cuestiones de fe, pues nos señala la realidad:
Una Iglesia aristócrata, pedante y acomplejada en su superioridad; una ciencia arrogante; la religiosidad de la conveniencia y su hipocresía…
Pero también hay Fe, mucha fe, en que los milagros existen por medio de La Fe, así como la importancia de la inocencia y la bondad.
Nunca un “loco” tuvo tanto poder como acá, para mostrarnos lo equivocados que estamos por la soberbia.
Ahora comprendo, cómo Ordet nunca será parte de la programación habitual de Semana Santa… que irónicamente fue seleccionada por El Vaticano, en la categoría “religión”, de su lista de “45 Grandes Películas”
Porque este es un visionado imprescindible, una reflexión sobre el amor, contra la intolerancia, a favor del riesgo de vivir con pasión y Fe en la vida; al tiempo que es una bomba de relojería contra la ñoñez, contra las normas establecidas, contra la falta de imaginación, contra la ausencia de riesgo existencial…
Sus lecturas cinematográficas son múltiples:
Política, religiosa, social…
Pero al final, siempre está el amor, la palabra, la fuerza, la pasión, la pulsión que devuelve siempre a la vida, aunque sea de forma metafórica.
Esa es la palabra en imágenes que comparte con nosotros Dreyer.
“Jeg forlader og du er nødt til at finde mig, men hvor du går, kan du ikke komme ind - John 13:33”
(Me marcho y tendrán que buscarme, pero allá donde voy, no podrán entrar – Juan 13:33)
Esta Gran Obra Maestra, ha sido fruto de varias especulaciones y conclusiones, a parte de los estudiosos de la filmografía de Carl Theodor Dreyer.
Mientras que los más afanosos a la religión la han considerado como una reliquia e instrumento teológico para entender el verdadero significado de La Fe; los más agnósticos se han decidido por un tratamiento fantástico y sobrenatural.
Pero no hay nada que pueda decantarse a un extremo o en el otro.
Porque es verdad que Ordet está ambientada en una época difícil para Europa, en la primera mitad del siglo XX, y es en los momentos de más debilidad que muchos entendieron la lectura del film, en el tratamiento místico que brilla cuando la vieron por primera vez.
Y es que algunas obras de arte están por encima de cualquier tipo de juicio o valoración que se pueda emitir acerca de ellas.
Tal es el caso de Ordet, una de las películas más hermosas y complejas jamás rodadas; considerada una las cumbres del cine europeo de todos los tiempos, que resuena como un sufrido eco humano ante el temor siempre inquebrantable de la presencia de la muerte, con la oración como bálsamo y la desesperación, siempre humana, en no afrontar lo imposible.
“La palabra” se hace milagro, según la voluntad de los hombres, ofreciendo la libre opción de si algún elemento externo de carácter divino o no, ha intervenido o no en el drama.
El argumento gira en torno a La Familia Borgen, en la Dinamarca rural de la década de 1920.
El devoto viudo Borgen, es el patriarca de la familia, prominente miembro de la comunidad, y párroco de La Iglesia Luterana; tiene 3 hijos:
Mikkel, el mayor, está casado con Inger, y esperan el nacimiento de su tercer hijo.
Johannes, quien “perdió la cordura” al estudiar la obra de Søren Kierkegaard, delira ser Cristo, y condena la falta de Fe que observa en su época, incluyendo a su familia, y las ideas modernas del pastor del pueblo.
El hijo más joven, Anders, está enamorado de la hija del líder Cristiano...
Anders, les confiesa a Mikkel e Inger, su amor por Anne (Gerda Nielsen), la hija del sastre Peter Petersen (Ejner Federspiel)
Inger, intenta convencer a Morten, de respaldar la unión, y permitir el matrimonio de Anders y Anne.
Pero Morten se niega molesto, pero cambia de parecer cuando descubre que Peter ha rechazado la propuesta de su hijo.
Morten discute con Peter, para que permita el compromiso, a cambio, Peter intenta adoctrinar en su Fe a Morten.
Mientras la discusión se obstaculiza, Morten recibe una llamada, anunciando que Inger ha entrado en trabajo de parto, y su vida está en riesgo.
Peter argumenta, que las complicaciones médicas son un castigo de Dios hacia La Familia Borgen, por no cambiar de religión.
Anders y Morten, vuelven a su hogar, mientras el doctor aborta el parto, y con esto, logra salvar la vida de Inger.
Una vez que el doctor se ha marchado, Johannes, con su delirio, hace enojar a su padre, al decirle que la muerte se acerca, y se llevará a Inger…
Morten se rehúsa a escuchar, pero tal como dijo Johannes, Inger muere esa misma noche.
Comienzan los preparativos para el funeral de Inger, y Peter se arrepiente por haber deseado la muerte de Inger, y ofrece aceptar el matrimonio de su hija como gesto de reconciliación.
Johannes interrumpe el velorio, y proclama que Inger puede resucitar, si la familia lo pide a Dios.
La hija de Inger, toma la mano de Johannes, y le pide impaciente que resucite a su madre.
Johannes alaba su inmaculada Fe infantil, y le pide a Dios que despierte a Inger de entre los muertos.
Inger comienza a respirar y mover los dedos, y finalmente abre los ojos.
Ante el milagro, Morten y Peter olvidan sus diferencias religiosas.
Inger y Mikkel se abrazan, y él menciona haber encontrado su Fe.
Ordet toma lugar en un hermético mundo de inamovible temor de Dios.
Allí chocan las diferentes actitudes ante La Fe, liberándose conjuntamente al producirse el hecho milagroso del final; pues reflexiona sobre La Fe y sobre los distintos posicionamientos del individuo frente a ella.
Cada uno de los personajes representa, en cierto modo, una forma de Fe o una determinada actitud ante la misma:
Mikkel, el mayor de los hermanos, es un ateo convencido.
Johannes, el loco, es La Fe personificada, ya que ha abandonado su identidad para adoptar la de Cristo.
Anders, el más joven, no parece preocuparse demasiado por las cuestiones teológicas.
Inger, esposa de Mikkel, es una mujer sencilla, que se entrega por completo a sus semejantes, ejemplificando con sus actos, el más puro amor, a mi juicio, se trata del personaje clave para entender lo que Dreyer nos quiere transmitir.
Tanto el viejo Morten como su rival, el sastre, deben ser identificados con la intransigente y vieja religión.
Mientras que la hija de Inger y Mikkel, representa, como niña, un estado de candorosa inocencia.
Así, a través de la comprensión y bondad de Inger, Dreyer sugiere que lo más importante no es tener Fe, sino tener corazón, y que a partir de ello, podremos llegar a La Fe.
Esto se expresa a lo largo de todo el metraje, recordemos la brillante escena en la que los 2 padres de familia pelean en casa del sastre, hasta el punto de que éste confiesa desear la muerte de Inger.
Esto contrasta con la visión de Mikkel, en la que La Fe no tiene gran importancia, e incluso en la muerte de Inger, pregunta a su padre, donde está su fe entonces...
Por otra parte, tenemos a Johannes, que quizás exprese las creencias más arraigadas, y las niñas que no comprenden muy bien lo que está ocurriendo, pero tienen fe en su tío, que saben, representa a Cristo en La Tierra.
Dreyer, va desmenuzando este complicado entramado de creencias y relaciones sociales, hasta que la luz aparece ante nosotros, y ya no podemos dudar, los milagros, aquí, existen.
En efecto, todos los personajes en la película son radicalmente creyentes, salvo el hombre que pierde a su mujer, quien siempre ha sido un tanto escéptico, y esa pérdida, le hace abandonar casi por completo cualquier posible Fe en Dios, en la vida, en sí mismo, en su familia, en lo establecido...
Pero la mirada de Dreyer sobre ese personaje, es profundamente afectuosa, pues comprende esa actitud que le hacer ser, claro, tan rabiosamente humano.
El resto de la comunidad que le rodea, sí, son creyentes, pero sobre ellos, Dreyer lanza una mirada bastante reprobatoria, pues no son “creyentes” de verdad, no creen en la posibilidad del milagro final, por ejemplo; sino sólo fanáticos, gente domesticada, con una vida plana y desapasionada.
Gente que se aferra con uñas y dientes a unas estrictas normas religiosas que les marcan un camino; camino que, sumisamente, fanáticamente, aceptan y siguen.
Su vida no tiene riesgos, todo lo dejan en manos de una providencia que a su vez está en manos de un Dios hierático e impositivo, bajo cuya protección nadie toma realmente decisiones, no hay libre albedrío, todo en la vida viene establecido en una especie de libro de instrucciones, que hay que aceptar con resignación cristiana.
Dreyer, no está en modo alguno con ellos; mira y hace mirar de otra manera a los personajes que sí son dolorosamente “humanos”:
Al esposo desconsolado por la muerte de su amor; a la pareja de jóvenes novios que están dispuestos a cambiar de Fe por entregarse al amor; a la mujer que muere, e intuyes que ha sacrificado todo por amor a su marido y a su familia; incluso tolera con paciencia y sonrisas las intolerancias evidentes de su suegro; los niños que creen a ciegas que su tío resucitará pronto a su madre...
Dreyer, es obvio, piensa en un Jesús que no es ni justiciero ni impone estrictas normas de conducta.
En ese Jesús-Dios hierático, sólo creen los fanáticos porque les conviene, porque ese Dios les ofrece una vida egoísta, perfectamente enmarcada y reglada, sin tener que amar, sin tener que pensar, sin tener que esforzarse, sin tener que imaginar, sin tener que apasionarse, sin que “la locura” tenga cabida alguna en sus vidas.
De ahí, el personaje del “loco” que se cree Jesucristo.
Evidentemente es una copia de Don Quijote:
Ha perdido la razón de tanto leer sobre religión, sobre la religión dogmática en la que los demás, su propio padre y comunidad, sí creen, o hacen pensar que creen, porque sólo creen de verdad en el cultivo de sus tierras, en sus dineros bien guardados, en dormir calientes, y en respetar las normas y reglas que posibilitan que todo siga igual.
Pero las lecturas que le han convertido en “loco” para los demás, salvo para los niños, claro, le han dado por completo la vuelta como ser, al igual que le sucedió a Don Quijote.
Le han hecho un ser del espíritu y la poesía, alguien que ha dinamitado con su forma de actuar y pensar, la vida reglamentada hasta el espasmo y la arcada de su comunidad.
Es un “loco”, todos le creen un loco, pero simplemente es un ser con luz propia, con personalidad, un ser misterioso, que sólo es tolerado por los demás, y que desaparece, se volatiliza peregrino… para reaparecer en la emocionante y alucinatoria escena final, pero transformado en “la normalidad” social que le permita su credibilidad.
Y es que la sociedad bien pensante, le trata como a un “loco”, se ríen de él.
Igual le sucedió a Don Quijote, que sufre las burlas de las clases altas, de las bajas, del médico, del cura, del barbero… pero él continúa en su fe inquebrantable en la caballería, Fe en sí mismo que lo convierte, finalmente, en alguien resplandeciente:
El payaso se convierte en caballero en la obra de Cervantes; mientras en la de Dreyer, el payaso es un santo, el único creyente de verdad, pues es el único que tiene verdadera Fe:
Fe en un Jesús, en un Dios, que es el del amor, el que no va a permitir el sufrimiento del marido, el que va a devolver a la vida a la mujer, el que da esperanzas a los niños.
“Dejad que los niños se acerquen a mí”, dijo Jesús a sus discípulos.
En este sentido, la escena de la conversación del tío con su sobrina, mientras la cámara gira lenta a su alrededor describiendo un círculo perfecto, es sin duda una de las más hermosas de toda la historia del cine.
Todos los personajes humanos, capaces de amor de la película, son recompensados con La Fe:
Los niños recuperan a su madre; el marido a su mujer; la mujer la vida; los novios forman pareja…
Todos ellos han sufrido, claro, todos han experimentado los vaivenes de la existencia, la crueldad de las reglas sociales y naturales, todos han sufrido pérdidas que les han angustiado y hecho sufrir hasta las lágrimas… pero todos tenían una pasión, un por qué vivir, una Fe en el amor, tomando éste multitud de formas:
Madre, pareja, mujer, amistad, Jesucristo...
Es el amor, La Fe en el amor, lo que hace que resucite la mujer.
Un amor que para unos lo encarna Jesús, para otros lo puede encarnar una mujer o un hombre, para otros los hijos…
“El que crea en mí se salvará”, dice Jesús en Los Evangelios.
¿Y qué es Jesús?
También lo dice con claridad El Libro Sagrado:
“Yo soy el amor”
Porque Ordet es una historia de amor, una de las más grandes historias de amor jamás filmadas, del amor en abstracto, una reflexión sobre el amor como fuerza capaz de mover montañas, de dar sentido final a la vida, de devolverla incluso en forma de milagros.
Por otra parte, considero que Ordet deja totalmente clara la futilidad del esfuerzo humano ante la voluntad de Dios.
La muerte de la esposa, justo cuando el médico/la ciencia acaba de confirmar que vivirá, resulta especialmente significativa:
No importa lo que hagas, no puedes influir en lo que debe suceder, la voluntad de Dios.
De hecho, la única forma de influir en los acontecimientos, es a través de La Fe en Dios, de esa forma puedes conseguir cualquier cosa, pero ni se te ocurra confiar en la medicina…
Es cierto que los 2 jóvenes podrán casarse, pero no es menos cierto que son los personajes más anodinos de toda la película; de hecho, su matrimonio sirve para dignificar el personaje del sastre.
El sastre, protagonista de una de una de las escenas de maldad más pura y fanática que he podido presenciar, queda redimido sin el más mínimo asomo de arrepentimiento o  castigo, sin haberse disculpado nunca por haber deseado, casi invocado, la muerte de la mujer y el niño.
Pero Dreyer nos permite saber, que el sastre cambia de postura ante la lectura de La Biblia, y no por reconsiderar su fanatismo asesino, en voluntad y pensamiento, sino por no haber puesto la otra mejilla.
Su maldad, ¿hay otra palabra?, queda redimida y olvidada.
De hecho, me parece profundamente anti-cristiano.
Dios envío a su hijo a sufrir por nosotros, dicen, pero no exigió a nadie que sacrificara al suyo.
El Dios de Ordet, parece más bien el Dios del Antiguo Testamento, impone el sufrimiento y la muerte a una persona buena por no creer en él.
Cristo, con su sacrificio, el suyo propio, puso fin a ese tipo de relación de Dios con los hombres.
Efectivamente, es el Dios de Elías, el que se adivina en Ordet.
Cristo no impone el sufrimiento, lo asume para él, y por nosotros.
Es muy distinto.
Tampoco puedo considerar inocente, en una historia contada con la mágica sobriedad de Ordet, la absoluta ausencia de juicio posterior sobre la maldad, el deseo de muerte, del sastre…
Todo ello sin que medie ni tan siquiera un indicio de arrepentimiento.
No veo ni motivo ni explicación a esta omisión.
Es otro orden de cosas, es destacable la técnica que Dreyer utiliza en Ordet:
Hay sólo 114 disparos en toda la película, cada toma tiene un promedio de más de 1 minuto, y sólo hay 3 primeros planos en toda la película.
Dreyer filma la acción como si estuvieran en un teatro, de forma que el espectador puede ver toda la escena; y además de estos planos generales, el director nos permite seguir las acciones de los personajes cuando está ocurriendo algo decisivo, sobre esto, los barridos que utiliza cuando la familia busca desesperadamente a Johannes, que muestran el paso del tiempo; donde aquí podemos ver de nuevo esa oscuridad del paisaje, ese cielo lleno de nubes que representa la confusión, el drama que se vive en la historia.
Con una composición de cada imagen cuidadísima, lo vemos por ejemplo, en la secuencia en la que el médico, que representa el laicismo de la ciencia; y el pastor, que representa la religión oficial; ambos enfrente de la auténtica Fe, están hablando con Borgen, y éste se traslada de un lado al otro del plano frontal por detrás de la cámara, lo cual hace que el punto de vista del espectador esté totalmente inmerso en la acción.
O el celebérrimo momento en el que Johannes habla con su sobrina mayor, sobre la falta de Fe en Dios de los hombres, acompañado el discurso por un movimiento circular de la cámara, que le da un aire casi irreal a la secuencia.
Así, adornado en un bellísimo blanco y negro, la luz y el detalle en los rostros y los objetos, juegan un papel básico en los espacios y los encuadres, recordándonos la pintura flamenca, y al pintor danés Vilhelm Hammershøi, conocido por su manejo de la luz, grandemente admirado por Dreyer, con el que comparte el convencimiento de que, en los interiores, se consigue mayor dramatismo, y en ambos, la quietud de su figuración nos enfrenta inevitablemente a la idea de la muerte.
Atención al sonido del viento, el reloj, las sombras… y El Rey de Reyes reencarnado en Johannes, que curiosamente en danés suena a “Your Highness” “Su Alteza”, en representación del Cristo más humano, terrenal y hermoso visto jamás.
En Ordet, sólo hay un protagonista principal:
La sociedad en la que tiene lugar la trama.
La sociedad que es la de Dreyer, la de Europa.
En esa sociedad, Dreyer presenta esencialmente 2 tipos de personajes:
Por un lado, los fuertes, capaces, seguros de su Fe, de su religión, de sus posturas y creencias, los hay creyentes como el sastre, el párroco y el abuelo; y los hay descreídos o ateos, como el médico.
Estos personajes son resolutivos, férreos, de una sola pieza, dogmáticos, defienden con solidez su visión de la vida, y se la tratan de imponer a los demás, porque están convencidos de que es la correcta.
Lo que ocurre es que estos personajes no son simpáticos.
Y por otro lado, están los personajes que, por unas u otras circunstancias y razones, son o están, desvalidos.
El “loco” porque está “loco” y se cree Jesucristo; el marido porque se ha quedado sin su mujer, sin su amor y, en efecto piensa en el suicidio; los niños porque se han quedado completamente huérfanos, su padre “no está” y su madre ha muerto; y la pareja de enamorados jóvenes, porque no les permiten estar juntos.
Estos son los personajes que me parecen más humanos, que más me emocionan, con los que más me identifico.
Curiosamente resulta “simpático” el abuelo, mientras el medico es un insufrible y pedante, un pobre diablo sin nada que aportar; y el párroco, vestido aristocráticamente, más parecido a un vampiro hipnotizador, es el representante de la religión que en su callado, se mueve sigilosamente como serpiente, y que cree “loco” al único personaje con la visión clara de La Fe; y la auténtica encarnación del fanatismo, es el sastre.
Así pues, los personajes son ambivalentes.
De entre los “desvalidos”, la simpatía por el padre, es apreciable por su dolor, y me hace apreciar que el autor maltrata al personaje; por lo que resultan bastante desdibujados, los jóvenes enamorados, como un pretexto para la acción, pero no llegan a desarrollarse de ninguna forma; y no puedo considerar tan “desvalido” en forma alguna al “loco”, que tan loco como está, conoce el futuro, es capaz de ver a la muerte… y de burlarla, ni a las niñas que, pese a serlo de forma objetiva, son presentadas de una forma tan ajena al drama, total, el tío va a resucitar a mamá,  que más que impresión de debilidad, la dan de fortaleza y ejemplo.
Otro hecho importante es la blancura de Dreyer, la cual se refleja claramente en Ordet, cuando la enferma está agonizando.
La imagen se nos presenta con una claridad asombrosa, sin embargo; Dreyer juega con las luces de forma que, cuando llegan al monte en el que Johannes profetiza la escena, se presenta oscura, al igual que cuando los 2 hermanos y su padre salen en se búsqueda.
Cuando Johannes se pronuncia, es como si todo se volviese gris, confuso, Dreyer consigue transmitirnos esa sensación de prudencia o miedo que sienten todos aquellos que se acercan a Johannes.
Pero la actitud de la hija menor de la pareja, es distinta, es el pilar sobre el que se apoya “Cristo”, es en realidad su Fe, según Johannes, lo que salva a su madre.
Esta importancia que Dreyer otorga a la niña, supone una debilidad en la película.
Dreyer, no presenta a las 2 hijas de los Borgen durante todo el filme, no tienen importancia como personajes; sin embargo, al final, se comprueba que la hija menor es la verdadera protagonista de la acción, parece como si Dreyer las introdujera para justificar el milagro de Cristo.
Desde otro punto de vista, es posible que Dreyer marginara la actuación de las jóvenes, precisamente para crear ese paralelismo en el que los niños, a los que no se les hace mucho caso, son los que poseen la verdadera Fe al igual que Johannes, que no es tenido en cuenta.
De nuevo aquí, Inger sería el nexo entre “la familia”, por un lado, y las 2 niñas y Johannes por otro.
Inger comprende al “loco”, y siente compasión por él en todo momento.
Otro personaje no explotado, es Anne, la amada de Anders, no está definida.
Dreyer, no nos permite conocerla, puede querer reflejar la sociedad de la época, aun así, ni en el momento final, en el que tiene lugar la reconciliación de los 2 patriarcas, Anne se nos muestra, no comprendemos cómo Anders pudo enamorarse de una persona sin personalidad y tan callada...
Por otro lado, llama la atención el hecho de que el carácter de los protagonistas varíe:
Johannes no se nos presenta tan amenazador, Inger ya no es tan débil como lo era, y en Morten, se ve menos la huella del paso de los años.
Inger aparece retratada durante todo el filme como una esposa y nuera perfecta, dulce, cariñosa, preocupada y responsable en sus tareas; pese a este retrato de la mujer de una sociedad anclada en el pasado, Dreyer nos invita a contemplar la otra cara:
Ella es el verdadero bastión sobre el que se sustenta toda la familia, representa la estabilidad, tanto de sus creencias como de su unidad, es la luz que guía a los desconcertados Borgen.
Recordemos las disputas entre Mikkel y Morten, a raíz de sus prácticas religiosas en las que Inger actúa como intermediaria.
Estas discusiones, suscitan a la vez enfrentamientos por su distinta visión respecto a la naturaleza de la locura de Johannes.
El sentimiento de ternura que nos produce Morten, está perfectamente logrado, lo vemos corriendo en busca de su hijo, renqueante y esforzándose por combatir con el viento que azota todo su cuerpo al ser muy mayor, etc.
En lo técnico, es impresionante como Dreyer introduce ese silencio en el espacio en el que no se sabe si la muerta va o no a resucitar, y cómo logra que los espectadores estén impacientes ante la incertidumbre del desenlace final.
Deseamos que la muerta vuelva a la vida, como profetizó “el loco” de Johannes.
Durante toda la película, no creemos en La Fe, ni en los milagros, y hasta la temática nos puede resultar un tanto lejana, pero en el final, cuando el director ha conseguido que la dulce Inger nos atrape el corazón, si no creemos, deseamos que ocurra el milagro de Cristo.
Deseamos que los Borgen muestren la suficiente Fe, como para que Cristo, a través de Johannes, tenga piedad.
La frase con la que Johannes recrimina a Mikkel, Anders, y al viejo Morten es abrumadora:
“Inger, debes pudrirte porque nuestro tiempo está podrido”, es aterradora la crudeza que utiliza en sus palabras, la seguridad y firmeza con la que se expresa, como si sus sentencias fueran las únicas reales y ciertas, como si estuviera conducido por una fuerza superior, irrevocablemente poderosa.
En la última secuencia, Inger está dentro del ataúd, está muerta, pero sigue siendo igual de bella, como si se tratara de una virgen.
Dreyer la enfoca en primer plano, parece como si estuviera durmiendo, y se fuera a despertar de un momento a otro.
Esta imagen divina de Inger, contrasta con la escena final, en la que el matrimonio Borgen aparece en un primer plano besándose con pasión.
Nos sorprende ver esta otra cara del amor; el amor divino, y hasta virginal, a pesar de que Inger no lo es, que representa el matrimonio durante todo el filme, se somete aquí a la atracción física de los 2 esposos, carnal, por ello, nos impresiona esta pasión que se manifiesta en el beso final.
Dreyer, después de ascendernos al cielo, nos devuelve súbitamente a La Tierra de manera poética.
Atención al momento en que vemos cómo Morten se opone a la unión de su hijo con Anne, y Mikel afirma que lo que su padre teme, es que La Fe de Anne acabe por imponerse a La Fe de Anders.
Se representa aquí, la confrontación de ambas religiones, cristianas, pero que difieren en sus formas.
Pero Morten, al enterarse por Anders que el sastre Peter, considera al joven Borgen, no lo bastante bueno para su hija, va personalmente a enmendar la situación, llena de soberbia y complejo de superioridad.
Tiene lugar allí, una secuencia de las más importantes:
Cuando Morten visita al sastre Petersen, y lo encuentra impartiendo una ceremonia religiosa, donde nuevamente se encienden las flamas de La Razón y La Fe, y donde los creyentes visten todos de negro.
Tras ese momento litúrgico, Morten y Peter sostienen una conversación sobre sus hijos, su relación; y Peter afirma, imposible la unión, las diferencias de religiones son insalvables, y se va acalorando la discusión.
Mientras tanto, Inger cae terriblemente enferma, y el enfrentamiento se tensa al máximo, cuando Petersen llega a afirmar, que desea que Inger muera, si con eso puede cambiar la forma de pensar de Morten; muy significativas sus palabras, pues así se expresa su religión, buscando imponerse a otros, aún si ello conlleva una muerte.
Producto del parto, el hijo de Inger muere abortado, es extraído, despedazado de su vientre, hecho horroroso que produce la ruptura de La Fe en el desesperado Mikel, que pregunta a su padre por Dios:
¿Dónde está Dios?
El silencio de Dios…
Johannes aparece, y recuerda a todos que su falta de Fe es lo que los condena, su padre, atormentado, ya ni distingue entre locura y razón, y Johannes le contesta “que se está acercando a Dios”
Finalmente vemos en las últimas secuencias, que Johannes regresa tras su huida, “lúcido”, pero con la “lucidez” convencional de su familia, ha cambiado su forma de vestir, y hasta de hablar, el viejo caballero Hidalgo Don Quijote de La Mancha, ha “recuperado” la razón, culminó su proceso de “sanchificación”
En un hecho bastante simbólico, el otra vez consciente, Johannes, en su lúcida condición, pretende realizar el milagro de resucitar a Inger, algo que tiene escépticos a los demás, excepto a los niños, quienes siempre creyeron que ese milagro sería realizado por su tío.
El milagro termina siendo materializado, e Inger, primero durmiente en el ataúd, mueve las manos, abre los ojos, se levanta… ha resucitado.
Todos están maravillados y encantados, y Mikel, el menos creyente, abraza a su resucitada esposa, es un momento celestial, que luego es impregnado por la carnalidad de lo humano, cuando el ex viudo besa con pasión a su mujer.
Dreyer, primero nos transporta al mundo mágico místico, donde todo es posible, donde los milagros pueden ser realizados, para después devolvernos al mundo real, al mundo de la carne, al mundo de los humanos.
La escena final es considerada de antología, lo celestial y lo humano están juntos, es el final perfecto para una película de ensueño, hermosa, espiritual, que llama a la reflexión, pero dentro de todo, es una estupenda obra artística.
El milagro de la resurrección de Inger, sólo se produce después de que las 2 familias se hayan reconciliado.
Esto es, para Dreyer, que La Fe está por encima de las religiones, de las organizaciones religiosas.
Inger llora, se da cuenta de que su marido finalmente ha encontrado La Fe.
Inger besa la mejilla de Mikkel, como si quisiera morderla.
Y el reloj de pared vuelve de nuevo a hacer “tic tac”
Para el espectador ordinario, y me incluyo a mí mismo, Ordet es una película en la que es difícil entrar, aunque quizás eso sea lo que busca el director, para transmitirnos esa sensación de dormidera espiritual de toda la película.
Pero una vez que estás dentro, es imposible escapar.
No obstante, creo que nunca volveré a ver Ordet.
Lo que de ella me parece un misterio, deseo que así permanezca.
Todas las sensaciones que me hizo sentir, desde el aburrimiento, las ganas de quitarla, hasta las lágrimas y la desolación, pero después la alegría, con ninguna otra película jamás me había pasado.
Es esta, una película de un ritmo atemperado y lento, que en principio puede parecer el simple drama costumbrista de una familia campesina.
Pero hay algo de mágico en ella, además de las siguientes curiosidades:
La madre de Dreyer, murió al darle a luz, para agravar la desgracia, el matrimonio que le adoptó, era así:
Desde niño, le anunciaban que tendría que ganar dinero cuanto antes para devolverles lo gastado en criarle.
En 2 ocasiones, Morten y Anders conducen hacia la casa de Peter el sastre, y en el camino vemos una cruz rugosa, la cual fue erigida en el lugar donde el cuerpo de Kaj Munk, autor de la obra de teatro, fue encontrado.
Munk, fue asesinado en 1944, durante La Ocupación Nazi de Dinamarca, por predicar abiertamente en contra de colaboración con El Régimen Nazi.
Cada uno de los actores, da un particular recital interpretativo como pocas veces se han visto.
Birgitte Federspiel, que interpreta a Inger, es hija de Ejner Federspiel, que interpreta a Peter Petersen.
Al igual que su personaje, Federspiel estaba realmente embarazada durante la producción de la película, y se puso de parto hacia el final del rodaje.
Ella accedió a permitir a la cinta Dreyer, registrar los dolores de parto mientras estaba dando a luz, y luego usar más adelante la grabación, como un efecto de sonido en la película terminada.
La maravillosa interpretación de Preben Lerdorff Rye, logra uno de los personajes más impresionantes del cine europeo, y se basó en el estudio directo de un frágil místico recluido en un asilo mental, de quien copió su habla autista, ahogada y remota, y su moverse lento y escorado, que fija la mirada en otra dimensión.
Su Johannes, denuncia al cristiano que suscribe con puntos y comas el mito del Jesús, que ascendió a los cielos, pero que es incapaz de creer en que algo semejante pueda volver a repetirse; el cristiano que, por tanto, mantiene una fe dudosa en Dios.
El maestro de cine danés, nos sitúa entonces en un contexto histórico, en el que encontramos no pocos elementos que se contraponen como consecuencia de la llegada de la modernidad:
Un relato costumbrista, que contrapone los tiempos pretéritos con el futuro, en La Razón frente a La Fe, la ciencia, en el personaje del médico; frente al dogma del personaje del sacerdote; la tolerancia frente al fanatismo, el humanismo de Kierkegaard, frente al idealismo de Hegel; el automóvil, frente a la tradicional carreta…
Dreyer, nos comunica que la falta de Fe de la gente común, y más aún, la falta de auténtica Fe de aquellos que se creen perfectos pastores de Dios, ha desvirtuado con sus disputas y roces, el mensaje primigenio.
Lo cierto e indiscutible, es que Ordet es una película sobre La Fe.
Una Fe que quiere aparecer desnuda e inocente, y que por ello se refugia en los brazos de una niña y de un “loco”
Una Fe que actúa siempre como motor vital del ser humano, coincida o no con su forma religiosa, y una Fe que en numerosas ocasiones, se pierde más que por el positivismo o cientifismo, por un desencanto existencial que va minando a los hombres.
Una historia que clama por la vivencia auténtica del valor moral, más allá de su forma institucional u oficial.
Ordet es una vuelta al origen.
Al final, la pureza de la religión, o de la bondad, para los que no somos religiosos, estriba no tanto en las palabras pronunciadas, como en la sencillez de nuestros actos.
Quizás, al buen cine le suceda lo mismo.
El estilo de Dreyer, hace que sus historias sigan perdurando dentro del espectador.
Sencillez en las formas, complejidad infinita en el fondo.
“Inger, skal du rådne, fordi tiderne er råddent”
(Inger, debes pudrirte, porque los tiempos están podridos)
Ordet, es una obra maestra del arte fílmico, de la cual se afirma, “una de las más altas cimas de la espiritualidad contemporánea y, casi con toda seguridad, la película más profundamente religiosa de la historia del cine”, y pone sobre la mesa, la importancia que posee La Fe como componente esencial de aquellos seres humanos que rigen su vida terrenal, temporal, y repleta de dolor, por el misterio de la divinidad, esa que promete desde el cielo, vida eterna, paz y la más grande bienaventuranza para aquel que crea en Dios con toda la sinceridad de su corazón.
No interesa si se es creyente o no; es mucho más válido recalcar el hecho innegable de la piedra angular que representa la doctrina cristiana para la historia de la humanidad; y cuando tal razonamiento se efectúa a través de un ejercicio estético, tan logrado como el de Dreyer, no hay excusa para dejar de asombrarse ante la titánica calidad de Ordet.
¿Está loco el personaje de Dreyer?
Sí, no es Jesús claro, aunque todos somos Jesús, claro.
Pero es que eso no importa nada, nada en absoluto.

“Og resten af os, alle resten af os, vi gå lige ned til helvede til evige pinsler”
(Y el resto de nosotros, todos los demás, vamos directamente al infierno a tormentos eternos)



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