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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

viernes, 21 de abril de 2017

Vredens Dag

“Jeg ser gennem mine tårer, men ingen kommer til at tørre dem væk”
(Veo a través de mis lágrimas, pero nadie viene a borrarlas)

Mientras en Europa de los años 1940, el movimiento cinematográfico de moda era el neorrealismo italiano, hijo de su momento histórico, que nos ha legado algunas grandes obras, y otras que no han aguantado bien el paso del tiempo, en Dinamarca, Carl Theodor Dreyer, construía un monumento fílmico atemporal, alejado de movimientos y modas, que aún hoy se mantiene firme, porque no necesita de mensajes sociales o políticos explícitos para sostenerse:
Cine en estado puro, y utilizó como tema, un himno religioso para sus fines.
“Dies Irae” o “Día de La Ira”, es danés “Vredens Dag”, es un famoso himno latino del siglo XIII, atribuido al franciscano Tomás de Celano, amigo y biógrafo de San Francisco de Asís; el cual suele considerarse, el mejor poema en latín medieval.
El poema describe “El Día del Juicio Final”, con la última trompeta llamando a los muertos ante El Trono Divino, donde los elegidos se salvarán, y los condenados serán arrojados a las llamas eternas.
Este himno, se usaba como secuencia en La Misa de Réquiem del rito romano hasta 1970, pues El Papa Pablo VI, suprimió toda la secuencia conforme a la reforma litúrgica expresada en El Concilio Vaticano II, a través del documento “Sacrosantum Concilium”
“Der er intet så stille som et hjerte, der er ophørt med at slå”
(No hay nada tan tranquilo como un corazón que ha dejado de batir)
Vredens Dag es un drama danés, del año 1943, dirigido por Carl Theodor Dreyer.
Protagonizado por Thorkild Roose, Lisbeth Movin, Sigrid Neiiendam, Preben Lerdorff Rye, Anna Svierkier, Albert Hoeberg, entre otros.
El guión es de Carl Theodor Dreyer, Poul Knudsen, y Mogens Skot-Hansen, basados en la obra teatral titulada “Anne Pedersdotter” (1908) de Hans Wiers-Jenssen, inspirada en hechos ocurridos en una aldea danesa a finales del XVI; cuando Anne Pedersdotter, la viuda del sacerdote Absalon Pederssøn Beyer, fue acusada de brujería, y quemada viva en la ciudad de Bergen.
Su caso fue uno de los más documentados de los muchos juicios de brujas en Noruega, en los siglos XVI y XVII; siendo junto a Lisbeth Nypan, la más famosa víctima de acusación por brujería en Noruega; tanto que su caso es considerado como el punto de partida de los muchos juicios de brujas en Noruega en el siglo XVII, especialmente en Finnmark, y Los Juicios de Vardø en 1621.
Hans Wiers-Jenssen, era un noruego novelista, dramaturgo, productor de teatro, e historiador cinematográfico; y creó un drama desarrollado en un universo cerrado, que se concentra en un difícil triángulo amoroso, sumergiéndose de pleno en sus incertezas anímicas y morales; planteando algunas dicotomías entre mística y razón, espíritu y carnalidad; y arremete contra el fanatismo religioso, la intolerancia, y la represión de los instintos individuales.
Para el director:
“El artista debe describir la vida interior, no la exterior.
La abstracción es esencial para el creador; pues permite al realizador, franquear las barreras que el naturalismo impone; y permite a sus filmes, ser no solamente visuales, sino espirituales”
Vredens Dag es una de las 5 películas sonoras de Dreyer; y aquí profundiza en temas como el fanatismo religioso, la superstición, la intolerancia o la represión, incidiéndose en este último, desde una perspectiva social y sexual, y sobre todo, a su represión brutal, mediante el fuego, sin obviar su evidente lectura política, ya que Vredens Dag se realizó en medio de la ocupación nazi sobre Dinamarca.
Al respecto, el papel que desempeñó Dinamarca en La Segunda Guerra Mundial, que como en los países del Norte de Europa, fue objeto de los nazis, por su temida presencia, provocaron una aurea de miedo e indiferencia, muy propio de los tiempos de ocupación y guerra que sacudieron Europa durante la primera mitad del siglo XX.
Sin ser un ejercicio de crítica hacia su país, el maestro danés dejaba reflejar ese miedo paliado por la inquietud de sus compatriotas durante la invasión alemana, y más si tenemos en cuenta que el año de producción de la película, es 1943.
Aunque la película es exteriormente una crónica de una caza de brujas religiosa, que contenía muchas comparaciones más sutiles que el comportamiento de los nazis, en la tortura e el interrogatorio; Carl Theodor Dreyer huyó de Dinamarca a Suecia, donde permaneció hasta que la guerra terminó; y con este film, Dreyer fijó el estilo que habría de distinguir sus posteriores obras sonoras:
Composiciones muy cuidadas, cruda fotografía en blanco y negro, y tomas muy largas.
Y es que Dreyer siempre mostró interés por las cuestiones trascendentales y metafísicas, alejándose del dogmatismo religioso y, por influencia del filósofo y teólogo danés, Søren Kierkegaard, dando primacía a la subjetividad personal en la relación entre el hombre y Dios.
De ahí la crítica más o menos latente que se manifiesta en muchas de sus películas hacia la llamada “religión oficial”
El título entonces, alude al himno latino incluido en El Réquiem, que aquí acompaña a los condenados a la hoguera, cuyo texto es citado en la apertura y cierre del film.
La acción de Vredens Dag, tiene lugar en una localidad danesa, a partir de 1623.
En plena caza de brujas, Absalon Pederssøn (Thorkild Roose), es un viejo sacerdote, que promete a Herlofs Marte (Anna Svierkier), una mujer condenada a muerte, que salvará a su hija Anne (Lisbeth Movin) de la hoguera, si la joven accede a casarse con él.
Según la ley, las descendientes de las brujas, también deben arder en una pira.
Merete (Sigrid Neiiendam), la anciana madre de Absalon, desaprueba desde el principio el matrimonio.
Cuando Martin (Preben Lerdorff Rye), el hijo de Absalon, regresa a casa para conocer a su madrastra, se enamorará de ella, y ambos compartirán una relación prohibida que tendrá inesperadas consecuencias.
Todas estas intrigas, se suceden bajo la atenta vigilancia de la sobreprotectora madre de Absalon, Merete, la cual aborrece a su segunda nuera.
Vredens Dag, trata del poder de la sugestión inherente a la actividad del ser humano, y mezcla la religión, los mitos y el amor, todos ellos ámbitos de la fe, donde la interpretación de la realidad, es moldeada por el poder de la autosugestión.
El terror afecta a todas las mujeres, mayores y jóvenes, que por capricho, envidia o deseos de venganza, pueden ser acusadas impunemente de brujería, y condenadas a la hoguera.
Afecta a los inquisidores, sobre los que recaen las maldiciones y los conjuros mortales de las presuntas brujas.
Afecta a los poderosos, que se sienten amenazados por los presuntos poderes de las brujas, con facultades diabólicas de matar con el deseo, enamorar con la voluntad, seducir con la mirada, y propagar el mal al servicio de Satán.
Afecta a los débiles, que se defienden mediante la delación, la traición y la mentira.
El terror, genera espirales imparables de venganza, represión y muerte.
Por tanto, Vredens Dag denuncia la espiral que se teje entre represión y venganza.
Apuesta por la libertad y la paz; y el director lo plantea metafóricamente bajo la dominación nazi, asumiendo riesgos incalculables para su carrera y vida, inclusive.
“Når jeg ser disse to sammen, føler jeg for første gang, hvor gammel jeg er...”
(Cuando veo a esos dos juntos, siento por primera vez cuantos años tengo...)
A Vredens Dag se le cita a menudo en Dinamarca, como “la más grande película danesa hecha jamás”; y es de hecho, la primera película de Dreyer desde 1932.
Habían pasado los 11 años desde que trabajaba como periodista, e intentaba sin éxito poner en marcha este tipo de proyectos de cine, como una adaptación de “Madame Bovary”, un documental sobre África, y una película sobre Mary Stuart.
Ya como cineasta, y muchos años sin dirigir ningún largometraje, Carl Theodor Dreyer, llevó a la pantalla la obra teatral “Anne Pedersdotter”, del autor noruego Hans Wiers-Jenssen; inspirado en personajes y acontecimientos reales, que tuvieron lugar en una pequeña parroquia danesa a finales del siglo XVI.
Dreyer, había visto por primera vez la obra en 1925, y había querido adaptarlo a la pantalla durante varios años.
Sin embargo, en el proyecto, hizo algunos cambios sustanciales que marcan diferencias ligeramente de la obra original, como la escena en la que Anne y Martin se encuentran por primera vez y se besan.
En la obra de Wiers-Jenssen, no se atreven por timidez, mientras que en la película de Dreyer, la atracción es abiertamente sexual.
El film, fue estrenado en Copenhague, el 13 de noviembre de 1943, en el momento más oscuro de la ocupación alemana de Dinamarca, y estuvo pocos días en cartelera.
En estos momentos de crisis y convulsiones, la afluencia de público a las salas cinematográficas era altísima; pues la gente quería divertirse y olvidar.
A pesar de ello, Dreyer se encontraba plenamente satisfecho con su trabajo, y con el resultado final, su coherencia artística y su honestidad personal, estaban nuevamente por encima de todo.
Ambientada en un poblado danés en el siglo XVII, Vredens Dag se inicia con una acusación de brujería hacia la anciana Herlofs Marte.
Ésta, para protegerse, se intenta esconder en la casa del Reverendo Absalon, y pide protección argumentando que conoce el pasado oscuro de la segunda esposa del Reverendo, la joven Anne.
Según dice, la madre de Anne, fue acusada de brujería, pero Absalon usó su influencia para salvarla, y así proteger a su hija, con la que luego se casó.
Mas sus intentos de huir son en vano, y Marte es pronto atrapada y encarcelada.
Paralelamente, Martin, el hijo del primer matrimonio de Absalon, vuelve al hogar paterno, e inicia un romance secreto con su joven y bella madrastra...
A partir de aquí, Vredens Dag se concentra en el que es el principal tema de la película:
El difícil triángulo amoroso que tiene lugar entre Absalon, Anne y Martin, así como sus crisis morales.
Por un lado, Absalon sufre una crisis espiritual, puesto que la confidencia de Herlofs Marte, le ha hecho recordar que salvó a una acusada de brujería, simplemente para tomar a su hija como esposa, aun siendo ella mucho más joven que él.
Este hecho que permanecía acallado en su interior, vuelve a su conciencia, y le hace plantearse su comportamiento como cristiano.
Por otro lado, su hijo Martin, está profundamente enamorado de Anne, y es feliz con ella, pero sabe que aunque no es su madre, está cometiendo un incesto:
La mujer a la que pretende, es la esposa de su padre.
Además, es una relación profana, porque supone engañar a su padre, pero también porque es demasiado carnal.
El cuadro familiar se oscurece a medida que aumenta la tensión autoritaria, representada por la rígida abuela, la que más se acerca a una bruja literal, en contraposición con la primera, y la bondadosa anciana que es condenada a la hoguera; y como recurso, destaca también la utilización de los elementos naturales, como la ventisca del atardecer como preludio de la muerte que se acerca, o los apacibles momentos bajo los abedules, entre madrastra e hijastro.
Cabe destacar también, la excelente fotografía en blanco y negro, que juega muy sabiamente con las sombras y la oscuridad en el interior de la casa del Reverendo, y con la luz en las escenas que suceden en la naturaleza.
Visualizada también de manera pictórica, con un empleo prodigioso de la luz y la sombra, tiene a Rembrandt y la escuela flamenca como influjo.
La fotografía ofrece composiciones de gran belleza plástica, inspiradas en la pintura de Vermeer y Frans Hals.
La escena del Tomento de Marte, semidesnuda, en presencia de los inquisidores, reproduce la iconografía y la estética de “La lección de anatomía” de Rembrandt.
La narración, de ritmo sosegado, se articula a través de elaboradas y largas tomas, las cuales se conjugan con una puesta en escena muy cuidada, y capaz de generar un aura de implacable austeridad que remite a los interiores pintados por Wilhelm Hammershøi.
Y es que en la Dinamarca del siglo XVII, La Inquisición persigue a cualquiera que invoque o perjudique La Palabra de Dios, con ademán de atraer o poseer a segundos, mediante posibles hechizos; por lo que las sospechas de brujería recayeron sobre muchas personas que fueran condenadas injustamente a la hoguera, ya que se las acusaba directamente de implicaciones o relaciones con Satán.
Los ministerios religiosos, en ese caso, los protestantes, hicieron suya una ley única con el derecho de ajusticiar a toda aquella persona que se entrometiera en su contra, poniendo en duda la moralidad de La Iglesia.
Con eso, ya era suficiente para que las brasas de la hoguera se incendiaran sobre las ideas de aquellos que contrariaban a La Palabra de Dios.
Vredens Dag empieza pues con un magnífico plano de la casa de la anciana Marte, mientras ésta vende una especie de brebaje a una mujer…
Inmediatamente después, oímos a una multitud que grita su nombre, acusándola de bruja, por lo que la cliente se escabulle, y Herlofs Marte huye muerta de miedo.
La sensación de claustrofobia que imprime el director aquí, dota a la escena de más angustia, filmando todo en un solo plano de seguimiento del personaje que no nos da el respiro de ver a los perseguidores para saber si están cerca, sólo los oímos.
Nos sentimos tan angustiosamente atrapados como ella.
Espectacular muestra de los ingredientes típicos de Dreyer:
Personajes que navegan entre las tinieblas, religión opresiva y claustrofóbica, presencia casi obsesiva de la muerte, y estilo introspectivo; y el “tictac” del reloj como paso del tiempo, tensión ante los acontecimientos y señal de que la hora se aproxima...
Aquí encontramos a una serie de caracteres convincentes, y de psicología perfectamente trazada que, ante su incapacidad para afrontar sus impulsos y sentimientos de un modo racional y consecuente, acabarán por imbuirse del turbio e intransigente clima de creencias que preside la comunidad en que viven, tratando así de justificar y aliviar sus pecados y pesares.
Todo el proceso de tortura y condena del personaje, es cruel, pero sin caer en los excesos.
No vemos cómo torturan a Marte, pero sus simples gritos de horror nos son suficientes para entender su sufrimiento.
En estas escenas, contrasta la humanidad de la anciana, que parece inofensiva y resulta conmovedora cuando afirma suplicante que teme a la muerte, e implora por su salvación; con la frialdad de los inquisidores, que en nombre de Dios la torturan sin inmutarse, e incluso le dan consejos morales:
“No debes suplicar por tu vida, sino por tu alma”
O que libremente confesó y aceptó su muerte...
Su humanidad bondadosa, queda aún más patente en el hecho de que aunque ella chantajea al Reverendo Absalon para salvar su vida, y nunca llega a cumplir sus amenazas, y en la hoguera, simplemente maldecirá a sus ejecutores, pero sin desvelar el secreto que se esconde tras la segunda esposa de Absalon.
La relación entre Absalon y Anne, muestra a la perfección el enfrentamiento que existe entre 2 formas totalmente diferentes de vivir:
Ella es pura vida, sensualidad y amor, representa la juventud, y la frescura; mientras que su anciano marido, Absalon, es más serio, aburrido y deprimente.
Cuando ella pide leer en la mesa unos salmos que hablan sobre el amor, su suegra furiosa, le ordena que deje de leer, en esa casa, su comportamiento tan vital y alegre, fruto de estar por primera vez con un hombre que ama, están mal visto.
El amor además, ha hecho que deje de someterse a su tiránica suegra, y le da fuerzas para enfrentarse a ella.
Anne, casi ha resucitado.
Esa idea se refuerza aún más con el hecho de que Martin y Anne siempre salgan de casa para tener sus encuentros amorosos en la naturaleza.
El contraste entre la deprimente casa oscura y austera donde viven, respecto a la preciosa naturaleza donde se aman libremente, hace que notemos aún más ese enfrentamiento.
Los planos de los amantes, son contrapuestos por Dreyer con otros de árboles y bellos paisajes naturales, que nos muestran, cómo la feliz pareja está en armonía con este entorno puro, alejado de las perversas intrigas humanas.
En uno de esos paseos, la pareja mira un árbol inclinado sobre el agua, y mientras ella lo entiende como que “el árbol es tan feliz que se inclina para ver su imagen”, él extrae una interpretación negativa.
Este momento anecdótico, refleja en un simple diálogo, las diferentes formas de pensar de cada personaje, y en cierta manera, presagia que su relación no puede tener un final feliz, ya que aunque se aman, él ha sido educado bajo la mentalidad represora y religiosa de su padre.
Puede que este enamoramiento le haga sentirse feliz, pero en el fondo, no puede huir de sí mismo.
Absalon, por su parte, se encuentra con un difícil conflicto:
Sabe que hay motivos de sobras para denunciar a Anne, pero la ama.
Y lo más doloroso de todo, es ver con qué sinceridad la ama, hasta el punto de traicionar sus profundas creencias religiosas por salvar su vida.
Éste es uno de los mayores sacrificios de la película, que pocos cineastas habrían sabido retratar con tanta sinceridad como Dreyer:
El traicionar algo en lo que se cree, y en lo que ha basado su vida por el amor sincero hacia su mujer, aunque también resulta chocante que haga un sacrificio tan hermoso, la misma persona que minutos antes vimos como torturaba sin remordimiento a una anciana…
Es conmovedor ver, lo ciego que está ante el idilio que tienen su hijo y su esposa, afirmando alegremente que por fin su mujer se ha llenado de vida, pero sin saber el verdadero motivo.
Ama tanto a los 2, que es incapaz de creerles capaces de cometer un pecado como ése.
En cierto sentido, este pequeño martirio, es su forma de expiar su gran pecado:
El adueñarse de una inocente joven, y tomarla como esposa, algo que aún pesa sobre su conciencia, y por lo que acabará pagando.
Al final, Absalon va perdiendo poco a poco la esperanza en la humanidad, al haberla perdido en sí mismo.
La muerte de uno de los inquisidores, es interpretada como la maldición de la bruja Herlofs Marte, y su propia muerte parecerá ser fruto de las dotes de bruja de Anne, cuya madre dicen que tenía la capacidad de hacer morir a quien quisiera…
Sin embargo, lo que mata a Absalon del todo, es el saber que ella y su hijo son amantes, lo cual viene a ser un fruto del pecado que él mismo cometió al querer casarse con una mujer mucho más joven, que en realidad nunca le quiso.
¿Es realmente Anne una bruja?
Dreyer nunca lo deja del todo claro, pero tal y como nos muestra la historia, parece que lo importante no es si ella realmente es una bruja o no, sino si el resto de personajes, y especialmente Absalon y la propia Anne, lo creen.
Este personaje, nos resulta muy perturbador, puesto que aunque sabemos que no es una bruja, sí que tiene algo especial que le da un aire misterioso:
Esos ojos en los que su suegra ve fuego, y su esposo ve claridad.
O la sinceridad con que le pide a Martin que vivan juntos, abandonando a Absalon, una frase que tiene cierto punto de inocencia, por la forma como está dicha, pero también algo de maldad por lo que supone.
Anne será siempre un misterio, tanto para los personajes como para nosotros.
En la escena final, la implacable Merete, acusará públicamente a Anne de bruja, y ésta acabará “confesando”
Pero aunque a ojos de ellos, Absalon fue asesinado por sus dotes de brujería, y Anne será ajusticiada por ser bruja, nosotros sabemos la verdad:
Absalon murió por el pecado que le estaba remordiendo la conciencia, y ella por sus ansias de vivir y amar libremente en una época en que algo así podía llegar a ser un pecado.
Tanto el uno como el otro, pagarán con su vida, por haber cometido el pecado de amar a su manera.
Aunque en un principio podría parecer una película sobre brujería, Vredens Dag es mucho más que eso:
La trama relacionada con el proceso de Herlofs Marte, en realidad acaba siendo relegada a un plano secundario al morir el personaje en la mitad del film.
En realidad, es más bien el detonante del conflicto central, además de servir como reflejo de la fortísima presión religiosa que afecta a todos los protagonistas del film, que viven subyugados por Dios:
Un pastor que podría haber salvado a la mujer que fue quemada en la hoguera, pero no quiso, porque esa mujer era la que sabía que la madre de la joven esposa del pastor, era también una bruja, y por tanto, su joven esposa debería haber sido también quemada.
Vemos la injusticia del acto, pero la conciencia va matando al pastor, en ciertos momentos llegamos a pensar que era un hombre bueno, bondadoso y piadoso, pero no era así, se apoderó de una jovencita sin pensar en sus propios sentimientos, solamente en los suyos, ese acto se le volverá en contra al final.
Una joven esposa que vive encadenada a su esposo mucho mayor, y que éste no le puede satisfacer las necesidades que la joven esposa necesita, nunca pensó si ésta estaba enamorada.
La joven esposa actúa de una manera muy cruel, pero también lógica, es mala, pero debemos ponernos en su lugar, y pensar hasta cuando pueda la mujer vivir tal frustración.
El hijo del pastor, es un pobre inocente que vive manipulado por la joven esposa de su padre, no se le pueden juzgar sus actos, es lógico ver cómo actúa sin darse cuenta del mal que está haciendo a su alrededor.
La madre del pastor, es la típica mujer de la época que vive en su fervor religioso, y contiene su frustración en servicio de Dios, una mujer muy desgraciada.
La pobre mujer que muere en la hoguera, es la única que habla con sinceridad, no tiene miedo ni de Dios ni del diablo, solo tiene miedo a la muerte, es quizás la más sincera de todas, y la víctima de la ignorancia de una época.
Dreyer, en ningún momento dramatiza en exceso los acontecimientos, por muy brutales que sean, y todo lo que rodea al proceso y la ejecución de Herlofs Marte, nos es mostrado con distanciamiento y respeto, pero sin enfatizar su sufrimiento.
El mundo perverso de la muerte, tiene su contrapunto en Anne, la protagonista, joven, hermosa, apasionada, alegre, amante de la vida, soñadora.
Ríe, juguetea y ama en un mundo impregnado de tristeza, miedo y sangre.
Algunos autores la consideran el símbolo de Dinamarca en los años oscuros de la ocupación nazi.
Para el director:
“No hay nada en el mundo que pueda compararse con un rostro humano.
Es una tierra que uno no se cansa jamás de explorar, un paisaje, ya sea árido o apacible, de una belleza única.
No hay experiencia más noble, en un estudio, que la de constatar cómo la expresión de un rostro sensible, bajo la fuerza misteriosa de la inspiración, se anima desde el interior, y se transforma en poesía”
La actriz, Lisbeth Movin, realiza un trabajo excepcional, componiendo el personaje de joven esposa con una mezcla de inocencia y sensualidad, que sintetiza a la perfección las contradicciones ideológicas y sociales de ese momento.
Desde que Anne, la joven esposa del Reverendo, cree que puede haber heredado de su madre ese poder, su aspecto físico se transforma, en portentoso trabajo de la actriz.
Curiosamente, solo el personaje de “la bruja” Marte, interpretado soberbiamente por Anna Svierkier, resulta ser el alma más cándida y fuerte de todas las que aparecen en escena.
Otros personajes tienen también valor de símbolos:
Absalon encarna la hipocresía aliada con el propio interés; su madre, la severa Merete Preben, la envidia, y detesta los arrebatos de la juventud; Martin es un hombre débil y cobarde; el inquisidor Laurentius (Olaf Ussing), encarna la intransigencia deshumanizada; y Marte es la víctima inocente.
El título, Vredens Dag, rectifica el acta de defunción de Marte, que habla del día feliz de su muerte en la hoguera.
Como dato, el actor Preben Lerdorff Rye, volvería a protagonizar una película de Dreyer, en “Ordet”, donde interpretará el papel de Johannes, un hombre desesperado y dolorosamente marcado por la fe.
Para alguien que cuida tanto la simbología, resulta un misterio que Vredens Dag acabe con la sombra de una cruz, que luego es coronada con una pirámide.
El monolito de Kubrick, iba a ser una pirámide, que luego se desestimó por problemas de iluminación.
La pirámide con la cruz, sale también en las escenas donde se quema a la bruja...
¿Conocía Dreyer, el gran secreto?
En Vredens Dag destacan secuencias memorables, como:
La captura de la anciana, fuera de campo, para ver las reacciones de los demás personajes; también las de los jóvenes amantes en el bosque, que recuerdan al gran Renoir en “Una partida de campo”; y sobre todo la de la hoguera, donde al mismo tiempo, los niños de un coro cantan el “Dies Irae”, que dice que “Dios ha hecho justicia”
La belleza de la escena, y lo terrible de la situación, hacen que se te pongan los pelos de punta, y que no olvides nunca esta maravillosa secuencia; o la confesión final de Anne, mintiendo cuando reconoce su condición de bruja, porque se ha quedado sola, porque ya no le importa morir, en uno de los suicidios más estremecedores del cine:
“Veo a través de mis lágrimas, pero ya nadie viene a secármelas”
El final es asombroso, pues nos explica lo inevitable que pasará, sin necesidad de mostrarlo.
Ya sabemos lo que le espera.
Aquí fracasó el amor por acusaciones absurdas, y la joven impía, la “súcubo”, la única que desea vivir su vida amando, se ve obligado a rendirse, y a seguir la corriente a la mentalidad absurda de un momento en la historia donde existían muchos “días de ira” y estupidez.
La declaración de culpabilidad bajo tortura de la anciana del principio, contrasta soberanamente con la auto-inculpación de Anne al final, pues el aturdimiento provocado por la traición de su amado, es la causa principal para que se declare como bruja.
Y aquí es donde aparece ese factor diferencial que me parece el núcleo central de la historia:
La facilidad con que una mujer podía ser acusada de brujería, y la no menos facilidad de no tener que recurrir necesariamente a métodos violentos para que aquélla reconociera su culpa.
Y aun así, antes y después de la historia, se nos sigue anunciando la futura llegada del divino “día de la ira”, cuando nos dejan bien claro que todo lo que acontece en la trama, es exclusivamente debido a la mano del hombre.
Golpe bajo a La Iglesia, y al exacerbado machismo dimanante desde la misma durante siglos.
Por último, la banda sonora reproduce una partitura que combina melodías idílicas en torno a Anne y Martin, con otras inspiradas en la cadencia gregoriana del canto del “Dies Irae”
“Skal vi nogensinde finde hinanden igen?”
(¿Nos volveremos a encontrar alguna vez?)
Se nos olvida muchas veces, que hace no tanto tiempo, la civilizada Europa se veía también golpeada por ese cáncer que es el fanatismo religioso.
En este caso era La Santa Inquisición y sus posteriores ramificaciones, la que se encargaba de sembrar el terror entre los ciudadanos bajo el parapeto de la defensa de la pureza de la religión.
Se calcula que en toda Europa, alrededor de 50.000 personas, un 80% mujeres, perecieron en la hoguera entre 1500 y 1750, sobre todo en los países protestantes, pero también en las regiones católicas alemanas, tras verse acusadas de comercio con el diablo.
El Juicio de Anne Pedersdotter, es uno de los más dramáticos de la historia de Noruega, entre otras cosas, porque la víctima pertenecía a la alta sociedad de Bergen.
La leyenda es una historia de brujas, que si bien no es realmente espeluznante, al menos es muy particular e interesante, pues si vida estuvo marcada por distintos sucesos, que si se los mira con el ojo de la época medieval, si pueden despertar sospechas que vinculen a esta mujer con el mundo de las brujerías, o bien con demasiada casualidad favorable para ella.
Todo comienza cuando se casa con el sobrino del Obispo, Gjeble Pedersson, tiempo después, y de manera por demás casual, El Obispo muere, dejándole una gran fortuna, y un importantísimo cargo al marido de Anne.
Esto despertó las sospechas de muchos, que no dudaron ni un instante en acusarla de asesinato, alegaron que la mujer había utilizado la brujería para lograr una posición acomodada para su marido.
Por su parte, la justicia comenzó a investigar el caso, sin embargo, al poco tiempo, el tema fue olvidado, debido a que el marido de Anne poseía contactos con El Rey, y pudo así ganarse su favor para que los cargos fueran desestimados.
Podría pensarse que la leyenda concluye con esta salvación de la hoguera, sin embargo, al año de haber salvado a su esposa de los cargos de brujería, el marido de Anne muere prematuramente...
En este caso, la gran mayoría de los bienes y honor de su esposo, fueron a parar directamente a manos de esta mujer, que de pronto se vio establecida dentro de la alta sociedad noruega, sin ningún hombre al cual responder.
Nuevamente esto despertó las sospechas de todas las personas que la conocían, sin embargo, la mujer respondió a estas acusaciones con una reclusión voluntaria en sus propiedades, se volvió ermitaña, y nunca se la veía en público.
Así paso 15 años de su vida, hasta que finalmente fue acusada de asesinar a 6 personas, incluyendo niños, todos los que la conocían, fueron testigos en el juicio, y la mayoría argumentó que le tenían miedo a la mujer, que realizaba rituales extraños, y que había amenazado con quitarle la vida, y quemar a todos en más de una oportunidad.
Finalmente, Anne Pedersdotter, fue condenada a la hoguera en 1590, aunque el misterio de las convenientes muertes que la rodearon, nunca fue resuelto.
Vredens Dag nos hace platearnos el porqué de aquellos dantescos juicios que coartaban la libertad de muchas mujeres con algo tan cruel y dantesco como la muerte en la hoguera.

“Guds dag.
Dag for sorg.
Se opfyldt profetens advarsel.
Himmel og jord i aske brændende.
Åh, hvad frygter mands sjæl gør.
Når fra himlen nedkommer dommeren.
På hvis sætning alt afhænger.
Wonderlig lyder trompeten synger...”
(Día de ira.
Día de luto.
Verán cumplidas la advertencia del profeta.
Cielo y Tierra en cenizas ardiendo.
Oh, lo que rinde el miedo del alma del hombre.
Cuando desde El Cielo descienda.
En cuya oración todo depende.
Sonidos maravillosos que la trompeta canta...)



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