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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

miércoles, 12 de abril de 2017

Valley Of The Dolls

“You've got to climb Mount Everest to reach the Valley of the Dolls.
It's a brutal climb to reach that peak.
You stand there.
Waiting for the rush of exhilaration; but, it doesn't come.
You're alone and the feeling of loneliness is overpowering”

La fama, el éxito o el dinero, son algunas de las cosas por las que muchas personas estarían dispuestas a sacrificar su vida entera.
Pero no está claro que todo sea maravilloso en el momento en que se alcanza notoriedad social, artística o económica.
Eso lo vivió Jacqueline Susann, y plasmó su experiencia en su novela “Valley Of The Dolls” (1966)
Como perfecto “román-a-clef” de su época, galicismo que define una novela en clave, inspirada en personajes y hechos reales; parte de su éxito consistía en un “quién es quién de la alta sociedad neoyorquina y el mundo del cine de la época”
Porque sus protagonistas son 3 jóvenes que llegan a Manhattan en busca de fama:
Una es Anne, secretaria que se convierte en la popular imagen de un champú; otra es Jennifer, actriz sin talento, que se presta a enseñar más de lo que desea para cuidar de su novio enfermo; y la tercera es Neely, cantante vivaz y talentosa en el primer acto, y estrella insufrible y manejada por los estudios y los hombres, en el tercero.
Las 3 mujeres riegan su desgracia con alcohol, tranquilizantes para dormir y estimulantes para despertarse; y aprenden que los placeres, casi siempre duelen.
Todas ellas son un trasunto de estrellas como Marilyn Monroe, Judy Garland o Ethel Merman; y sobre todo, lo son de la propia Susann quien, de forma consciente o no, estaba contando su propia vida a más de 30 millones de lectores.
Y es que a lo largo de su juventud, Susann intentó ser modelo, actriz, cantante y escritora teatral; y fracasó en todo.
Sin embargo, hizo 2 cosas que la salvarían años después:
La primera fue escuchar tras las puertas de los camerinos.
La segunda, casarse con Irving Mansfield, reputado agente teatral de Manhattan.
Ella lo engañó a menudo con hombres y mujeres, una de ellas, la propia Ethel Merman; pero Mansfield, que veneraba a su mujer como a un tótem, siempre la perdonó y dedicó su vida a intentar hacer célebre a su esposa.
Y lo consiguió en 1967; pero la historia comienza en 1956, cuando a Susann ni se le pasa por la cabeza escribir una novela.
Una tal, Grace Metalious, madre de familia humilde de New Hampshire, con un marido adúltero, había escrito “Peyton Place”, relato en clave de ficción, de las miserias de sus vecinos; el cual vendió 12 millones de ejemplares; se hizo rica, y dejó a su familia para coquetear con Cary Grant en el Hotel Plaza de New York; muriendo de cirrosis a los 39 años...
Jacqueline, no se parecía a Grace:
Nacida en una buena familia judía de Philadelphia, que sobrellevó con comodidad La Gran Depresión, tuvo una infancia sin mácula, con la excepción de haber sorprendido a su padre en pleno adulterio...
Bob Susann, era un afamado retratista que solía celebrar la última pincelada de cada lienzo, en la cama con su modelo.
De su padre, aprendería lo que es la infidelidad, y lo pondría en práctica a menudo durante su propio matrimonio; y de sus amantes, las drogas.
Su pasión por los clásicos y el teatro, en los que se volcaba más que en los estudios, hizo que le permitiesen mudarse a New York a los 18 años, dejando atrás a su familia, y a un muchacho fiel, Herman Robinson, dispuesto a casarse con ella.
A finales de los 50, tras decenas de obras de teatro fallidas, y establecida como una “socialité” de Manhattan gracias a su matrimonio con Irving, Jackie encontró un trabajo estable en la televisión.
Allí, su estatura y su voz grave, al contrario que en el teatro, eran bienvenidas; y la convirtieron, en 1957, en la imagen del champú Schiffli.
Y en 1962, justo cuando le diagnosticaron un primer tumor maligno de pecho, que le extirparon en una cirugía que mantuvo en secreto, se lanzó a la tarea de escribir un libro sobre lo que vivió, oyó y le contaron del mundo del espectáculo.
En 1966, antes de publicarse “Valley Of The Dolls”, Jacqueline ya gozaba de cierto eco dentro de la industria editorial, que hizo que Fox comprase por $200.000 los derechos para su adaptación cinematográfica.
Con ese dinero, se llevó a cabo una de las campañas publicitarias más agresivas que se recuerdan.
A los medios de comunicación se les enviaron 15.000 ejemplares del libro, y un kit de prensa en un formato habitual hoy, pero inédito en 1966:
Un bote de pastillas, que en realidad eran golosinas, junto a una receta que decía:
“Estas pastillas son de imitación.
¡Pero Valley Of The Dolls no es una imitación de nada!”
El libro se vendió tanto, que un día, literalmente, se acabó el papel.
Berney Geis llamó a la planta de impresión y chilló:
“¡Usen cualquier cosa que tengan!”
El resultado, es la edición conocida como “el pastel de mármol”, una joya de coleccionista, cuyas páginas son de distinto color.
Ningún comprador se quejó de la anomalía.
Por aquel entonces, según el Saturday Evening Post, se vendían mil copias de “Valley Of The Dolls” cada día.
El éxito de una vida de derroches, por la luz cegadora de la fama, le queda grande a cualquiera, y suele acabar con la normalidad en la vida de las personas.
Eso puede llegar a convertir la existencia, en un vertedero.
“Success is too big for you”
Valley Of The Dolls es un drama del año 1967, dirigido por Mark Robson.
Protagonizado por Barbara Parkins, Patty Duke, Paul Burke, Sharon Tate, Susan Hayward, Tony Scotti, Martin Milner, Charles Drake, Alexander Davion, Lee Grant, entre otros.
El guión es de Helen Deutsch y Dorothy Kingsley, basadas en la novela homónima de 1966 escrita por Jacqueline Susann, con tintes autobiográficos de su experiencia como actriz desde finales de 1930 a finales de 1950, y que cuenta la historia de 3 jóvenes amigas, muy diferentes entre sí, a lo largo de 20 años, de 1945 a 1965; que solo tienen en común sus ansías de triunfo en la vida, y su extraordinaria belleza; en medio de su paso por la vida, y finalmente su triunfo económico; donde habrán personajes extravagantes, pastillas para dormir, hombres que no las comprenden, amores fallidos, fama, dinero, y muchas traiciones que las llevarán a la soledad y la desilusión.
La novela, fue inicialmente rechazada por numerosas editoriales; pues el tema y el uso del lenguaje, se consideraban inapropiados para buena parte del público de la época, y mezclaba un estilo narrativo similar al de un serial televisivo, con personajes audaces, no tradicionales.
La historia, era una novela “en clave”, es decir, con personajes supuestamente basados en celebridades de la vida real como Judy Garland, Carole Landis, Dean Martin, y Ethel Merman.
Como dato, la palabra del título, “Dolls” era un término del argot en el momento para la dolofina.
Ese nombre surgió tras La Segunda Guerra Mundial, aunque más tarde fue conocida como “adolfina”, imagino por quién…
Esencialmente, es lo que hoy en día conocemos como metadona, un opioide sintético, utilizado para tratar el dolor, y como terapia de mantenimiento, además de, como fármaco para ayudar en la desintoxicación de personas dependientes de otros opioides u opiáceos.
Por su parte, Jacqueline Susann, con el libro, se consagró como la escritora pionera de la cultura pop, dando paso a un nuevo género de ficción de masas; un libro que rompió récords de ventas, y que dio origen al film de 1967 con el mismo título, así como a una serie televisiva.
Sin embargo, la película tuvo malas críticas, y la misma Susann estaba descontenta con ella, en especial, por el cambio que en la película hacen del final original del libro.
También, de poco sirvieron las críticas literarias de otros autores, hombres por supuesto, que pusieron a la novela de Susann, a la altura del barro.
Las mujeres de todo el país, tenían en sus manos aquella historia de triunfo, amor, traiciones y drogas, protagonizada por 3 amigas bellas y modernas, y poco les importó lo que Truman Capote o Gore Vidal, 2 homosexuales, pudiesen opinar.
Además, en su defensa, salieron nada más y nada menos que Nora Ephron, Helen Gurley y Gloria Steinem, adalides del feminismo moderno, cada una a su manera.
No obstante, Valley Of The Dolls ha ganado un seguimiento “de culto” en los años siguientes; que en su momento, la película obtuvo una nominación al Oscar a la mejor banda sonora/adaptada para John Williams; siendo esta la primera nominación del compositor, y persona viva más nominada al Premio de La Academia.
La acción tiene lugar en New York, a partir del año 1945.
Anne Welles (Barbara Parkins), es una joven de provincia, que llega a La Gran Manzana con su maleta cargada de sueños, y la esperanza de encontrar un trabajo, y al amor de su vida.
Allí conocerá a Neely O'Hara (Paty Duke), una actriz de segunda, con suficiente talento para convertirse en estrella.
Ella es una talentosa mujer, que es altamente admirada por su voz y su carisma en el escenario.
Muy a pesar de su gran esfuerzo para alcanzar todos sus sueños, Nelly parece nunca tener suficiente, convirtiéndose en un gran monstruo del estrellato; que al final recae completamente en el mundo de las drogas, como salida a la presión de Hollywood, un lugar que la empuja a los límites de la egolatría y las desilusiones amorosas.
Así, a través de todo este relato, nos damos cuenta cómo unas pastillas de dormir, empujan a 3 hermosas y exitosas mujeres, a condenar su propia existencia atrapadas en una ciudad, donde la perfección lo es todo.
Y de perfección, tenemos a Jennifer North (Sharon Tate), una espectacular belleza rubia, siempre colgada del brazo de ricos y famosos, y cuyo objetivo es abrirse camino en el mundo del espectáculo.
Ella es una hermosa mujer, admirada por sus atributos físicos, pero constantemente rechazada por su supuesta “falta de talento”
Decidida a salir adelante por su familia, Jennifer intenta triunfar en el cine francés, como actriz pornográfica; y con el pasar del tiempo, consiente que su atractivo físico no es eterno, su gran deseo como toda mujer, era ser amada; pero la tragedia le llegará en forma de cáncer terminal, que con las pastillas, acabará con su vida más rápido que con la enfermedad.
En realidad, las 3 no son más que preciosas muñecas, que han de atravesar un valle lleno de espejismos; pues las 3 amigas tienen en común sus sueños y ambiciones por llegar a lo más alto, además de su tendencia a sentirse atraídas por el hombre equivocado.
En definitiva, Valley Of The Dolls es un drama sobre mujeres, viviendo la cara nada glamurosa del “show business”
Pero también conoceremos a Helen Lawson (Susan Hayward), una “vieja gloria” que se resiste al paso del tiempo.
En realidad todas llegan a tocar fondo, donde algunas quedan y otras, lamentablemente sucumben.
Éste es el punto de partida que toma Valley Of The Dolls, para mostrarnos, a lo largo de 20 años, la vida de estas mujeres, en un apasionante relato sobre el mundo del espectáculo de Broadway y Hollywood, sobre la excitante vida nocturna de New York y París, y sobre el mundo de las drogas, el sexo y el alcohol.
El retrato de toda una época, en un mundo donde la belleza y la juventud son un arma de doble filo, y en el que la fama y la fortuna, no siempre son suficientes para conseguir la felicidad.
La historia de 4 mujeres, centrándose en las 3 jóvenes especialmente, que se embarcarán en una vertiginosa carrera camino del estrellato, aun a costa de su propia destrucción.
Una película muy adelantada a la época, y valiente al mostrar sin tapujos muchos temas que tanto entonces como hoy, siguen siendo noticia:
Las drogas, el alcoholismo, la prostitución, la fama a cualquier precio, la falta de dignidad, etc.; pero sobre todo, nos muestra de forma cruda y directa, el terrible drama y la tragedia que se ocultan detrás del telón de los escenarios y de la gran pantalla, un explosivo cóctel repleto de vodka, Bencedrina y sexo, que raramente tiene que ver con la imagen de “cuento de hadas” que nos hacen llegar los estudios cinematográficos.
“Nothing can destroy her talent; but, she'll destroy herself”
Valley Of The Dolls es la historia del ascenso y el descenso a los infiernos de grandes artistas; centrándose sobre todo en el descenso, el morbo que pide el público; la competencia que se da en la fama, y los seres humanos que hay detrás.
Se centra en el mundo del espectáculo, aunque es toda la sociedad la que se ve reflejada en una película tan intensa como cruda en su exposición.
El realizador, Mark Robson, demuestra que el éxito está al alcance de unos pocos, que es envidiado por muchos; aunque es un territorio desconocido y hostil que termina triturando a las personas.
Por supuesto, el camino hasta la fama es terrible y, en sus cunetas, quedan miles de personas cada año con la vida destrozada, vacía, y sin posibilidad de retorno.
Robson, presenta el mundo del espectáculo como una montaña rusa peligrosa, casi grotesca.
Esa cara amable a la que tiene acceso todo aquel que observa, no es más que estética inestable y falsa.
Sobre ella, se llega a lo mejor y a lo peor, sin apenas notarlo, en un mínimo instante; de esa zona que llamamos “éxito”, y que tanto envidiamos, a la del fracaso más absoluto que nadie quiere; se pasa sin tiempo para comprender, qué es lo que sucede.
Todo es un reto tremendo.
Por ejemplo, las relaciones de pareja, el mismo amor, se convierten en un impedimento para lograr las cotas más deseadas de fama o triunfo; como un obstáculo, y como algo incierto.
Valley Of The Dolls, nos muestra también lo que supone el talento de un artista, para lo que sirve, la suerte que llega y se va, la importancia de un buen padrino, y de los que te rodean o abandonan; el fracaso, la emoción que provoca subir a un escenario, la fama, la soledad en el declive...
El glamour, el mundo del espectáculo o la fama, son mataderos del que sólo salen ilesos unos pocos que no olvidan nunca la zona más oscura del ser humano, y se refugian en ellos, para salir del paso.
Se puede ser vanidoso, bello, atractivo, lo que sea; pero en el terreno del espectáculo, eso no puede funcionar sin una cabeza fría, y una buena dosis de maldad.
Robson, no se anda por las ramas, y presenta su tesis con claridad y contundencia, 100% directa, en una película de, y sobre mujeres, pues aunque el director sea un hombre; el argumento es el “best seller” escrito por Jacqueline Susann, el guión está escrito por 2 mujeres, Helen Deutsch y Dorothy Kingsley; y en el reparto, el peso lo llevan sin duda, actrices con gran carga dramática, como la muy atractiva Barbara Parkins, la comedia y lo patético en Patty Duke, la tragedia, literal, en Sharon Tate; y el saber ser y estar que solo lo da la experiencia, en Susan Hayward, en un papel secundario, pero llamativo.
Los actores masculinos, por su parte, son mucho más anodinos, y están al servicio de las actrices.
En especial el personaje de Tate, tan trágico, tiene aquí algo de premonición sobre el triste final de esta bella actriz.
El tema de la fama y sus peligros, tan viejo en el cine de Hollywood, casi como el mismo cine estadounidense, sirve como astuta coartada para exhibir un melodrama atrevido y sensacionalista, que trata de actualizar a los tiempos, que corrían entonces, cada vez más liberados, las viejas historias de amor y lujo de toda la vida.
Nos encontramos pues, ante un producto típicamente “sixties”, que retrata una época muy concreta, finales de los 60, y que adolece de algunos “tics” muy de la época, desde el montaje, la música, los diálogos, y las reflexiones que se plantean, aunque el mensaje sigue a día de hoy con plena vigencia.
“Solo si se tiene auténtico talento, y se sabe trabajar aprovechando las oportunidades que el destino te brinda, la fama es perdurable; siempre y cuando uno no se lo crea, ni viva obsesionado por ello”
¡Tremenda línea de diálogo!
Así las cosas, Valley Of The Dolls está estructurada en 3 historias entrecruzadas de 3 chicas que se conocen entre sí, y con destinos muy diferentes para cada una de ellas:
Anne, se incorpora al excitante mundo de la farándula, a través de un despacho de abogados para el que trabaja.
Es su punto de vista, el que prevalece durante buena parte del metraje.
Ella, que no pertenece a los escenarios ni a las cámaras, ni a los micrófonos; se verá afectada por ellos, del mismo modo que las artistas.
Su vida termina siendo un remolino incontrolado… pero es la que mejor termina, pues queda viva.
Nelly es una artista de fama que sucumbe ante el éxito, ante su soberbia, las drogas y el alcohol.
El contraste, entre lo que es y lo que quisiera haber sido, es brutal.
Y Jennifer encarna al personaje que no dispone de talento alguno...
Pero es guapa, atractiva, pero sin nada que ofrecer a la cámara salvo un físico espectacular; y termina rodando películas pornográficas, profundamente perturbada por lo poco que consigue en la vida.
Muy curiosamente, Sharon Tate era un símbolo sexual en Hollywood, y sus condiciones como actriz, no fueron nada del otro mundo.
Técnicamente, la dirección es muy buena, pues en 2 horas cuenta mucho sobre la vida de estas 4 mujeres; por lo que el realizador utiliza diferentes registros narrativos, para ir contando una historia que afecta, sobre todo, a sus 3 personajes principales:
Anne Welles, Neely O’Hara, y Jennifer North.
Barbara Parkins, Patty Duke y Sharon Tate, respectivamente; y procura romper la linealidad narrativa, utilizando elipsis amplias, e insertando imágenes a distintas velocidades, y de otros tiempos distintos al presente del relato.
El ritmo de la película, es excelente, y va del desenfreno absoluto, mientras se incide sobre la actividad del mundo del espectáculo; a la narración pausada de la intimidad de los personajes.
Y todo para enviar un mensaje muy claro:
La única forma de sobrevivir, es mantener intactas las raíces personales.
La ambientación, los decorados y el vestuario, están a la altura de una gran producción, épica si se quiere, y una banda sonora que recuerda la comodidad del hogar, y la belleza de la simplicidad.
La estética pop, con una feroz crítica al “esnobismo” más estúpido, con grandes cantidades de sustancias estupefacientes, la infidelidad en cada esquina, o la falsa amistad, forman parte de la trama de fondo.
A destacar los diseños de William Travilla, o simplemente Travilla, que son espectaculares.
La presencia de Travilla, es omnipresente durante casi todas las escenas.
La fotografía sería muy distinta sin sus mini vestidos, sus magníficos trajes, y sus impresionantes diseños para cabeza; y consigue contextualizar el glamour y el exceso del “showbiz” de los 60, y plasmar la personalidad de las protagonistas.
La selección de sus vestuarios, supone un análisis muy acertado de sus papeles, complementando el carácter del personaje en cuestión.
En particular, gracias a la belleza de Sharon Tate, se convirtió en el centro de la película desde el punto de vista de la moda; y hoy día se siguen comercializando los vestidos de la película que lucía la actriz.
Algo que no nos debe extrañar, pues el experto de diseño y lucidez de Travilla, convierte casi todas las piezas en atemporales.
Y es que Valley Of The Dolls estuvo protagonizada por rostros más o menos emergentes:
Patty Duke, era conocida por la adaptación televisiva de “Peyton Place”; y la malograda Sharon Tate, tenía un currículum más centrado en la serie B.
Esto resultó ser una gran oportunidad para Sharon Tate, a pesar de que no estaba en absoluto interesada en el libro o en la película resultante, pues logró ser el reemplazo de Rachel Welch; por lo que siempre impacta ver filmes con Sharon Tate, actriz asesinada brutalmente.
Como dato, la única estrella era Susan Hayward, que sustituyó a la inicialmente prevista Judy Garland, que solo duraría unos cuantos días en el rodaje.
La Garland fue propuesta originalmente en el papel de Helen Lawson; pero fue despedida a causa de su bebida y mala conducta, siendo reemplazada por  Susan Hayward.
El personaje de Hayward, Helen Lawson, curiosamente es el único personaje principal femenino, que no toma píldoras en la trama; aunque si se le ve bebiendo y fumando.
Por otra parte, conviene echar un vistazo cuidadoso al personaje encarnado por Susan Hayward:
Experiencia, carácter, egocentrismo controlado; todo ello fundamental para sobrevivir, sin tener que utilizar drogas para soportar la presión.
Es el personaje que no levanta los pies del suelo.
Vivir la normalidad es tan duro como experimentar lo extraordinario, pero tal vez, la única forma de no renunciar a serlo.
El personaje de Helen Lawson, se basa libremente en Ethel Merman; mientras el de Neely O'Hara, es una mezcla de Betty Hutton, Judy Garland, y Frances Farmer.
Patty Duke, tomó el papel de Neely O'Hara, como una oportunidad para la transición a papeles más adultos en el cine, y porque ella vio el papel como el más dinámico en el guión, lo que le permitió actuar, cantar y bailar.
Pero cuando supo que, a pesar de sus preparativos, sus voces fueron dobladas para la película, estaba furiosa.
La ironía era que Duke, en la vida real, se había convertido en adicta a las drogas, debido a sus tutores la había impulsado para ayudarla con su actuación.
Mientras el personaje de Jennifer North, se basa en gran medida en Marilyn Monroe, y también en Carole Landis.
Otro dato aportado por Jacqueline Susann, es que admitió que Tony Polar (Tony Scotti), fue inspirado en Dean Martin .
Otro dato de producción, informa que la misma escritora, Jacqueline Susann, hizo un cameo en el film, como reportera en la escena del suicidio de Jennifer North; y esta fue la primera película de Richard Dreyfuss, aunque sale como extra y muy brevemente.
A diferencia de la película, la novela comienza durante una ola de calor en la ciudad de New York, al final de La Segunda Guerra Mundial; mientras que la película se abre en el medio del invierno con mucha nieve.
Esto ocurrió debido a que los productores estaban ansiosos de rodar, y no querían esperar un clima más cálido; un hecho que enfureció a Jacqueline Susann.
Además, el final de la película fue cambiado drásticamente.
En la novela, Anne y Lyon Burke (Paul Burke) se casan, y tienen un hijo juntos; por el contrario, en la película ella se va, y regresa a Lawrenceville, que se describe como “el único lugar donde encontró la verdadera felicidad”
Lyon, por su parte, más tarde la visita, y se le proponer, pero ella se niega.
Estos cambios de última hora, datos bien conocidos por millones de lectores; impulsaron al guionista original, Harlan Ellison, que quería mantener el final pesimista original, eliminar su nombre y crédito en la película.
Otra gran diferencia importante, es que la película está claramente establecida a mediados y finales de los años 1960; mientras que en el libro, la historia comenzó en 1945, y se desarrolló a lo largo de 2 décadas.
Gran diferencia en la película, donde se desarrollaron los hechos en el transcurso de unos pocos años.
Por su parte, para el estreno, las restricciones de la censura en el momento, impidieron que algunos de los casos más coloridos del libreto fueran vistos en la película, como la experimentación de Jennifer con el lesbianismo, la homosexualidad de Ted Casablanca (Alexander Davion), y la predilección de Tony por el sexo anal.
Por último, la banda sonora compuesta por el matrimonio André y Dory Previn, e interpretada por Dionne Warwick, que grabó el tema principal a toda prisa tras el despido de Garland; es realmente conmovedora.
El tema “Come Live With Me”, escrito por André Previn, se inspiró en el poema de Christopher Marlowe del mismo nombre.
“Mother, I know I don't have any talent, and I know all I have is a body, and I am doing my bust exercises.
Goodbye, Mother.
I'll wire you the money first thing in the morning.
Goodbye”
Valley Of The Dolls es una historia que critica esencialmente, cómo se crean y se destruyen las actrices en Hollywood, partiendo del teatro en Broadway, haciéndose famosas, y luego cayendo en las drogas y el alcohol.
Es una historia que incluso hoy en día se sigue repitiendo:
Algunos artistas consiguen salir y sobreponerse, incluso triunfar; y otros simplemente desaparecen…
Un dato que acompañará a Valley Of The Dolls para siempre, es que a la escritora se le pidió que escribiese el guión para una secuela; pero Jackie prefirió centrarse en su siguiente novela, que fue otro éxito, aunque nunca alcanzó a “Valley Of The Dolls”
Cuando ella estaba en plena promoción en Los Angeles, el 8 de agosto de 1969, Jackie recibió una llamada de Sharon Tate…
Las 2 habían cosechado cierta amistad en el rodaje de Valley Of The Dolls, aunque Roman Polanski, el marido de Tate, disgustaba profundamente a Jacqueline.
El motivo de la llamada era que Sharon la había invitado a cenar en su casa de Cielo Drive.
Mientras se estaba vistiendo para acudir, llegó un amigo, el crítico y presentador Rex Reed, y le dijo que estaba cansado para salir a cenar... por lo que Susann rechazó la invitación a última hora.
Esa noche, Tate y 4 amigos, fueron brutalmente asesinados por 4 emisarios de Charles Manson, en plena operación “Helter Skelter”, el resto es historia.
Ese hecho que aterrorizo a todo un barrio, y a toda la industria del cine, nos impide saber, qué hubiese sido de la carrera de Sharon Tate.
Al día siguiente Valley Of The Dolls, película y libro, volvía a gozar de una enorme popularidad.
Posiblemente, la primera que a Susann no agradó en absoluto.
Han pasado muchos años desde que se rodó Valley Of The Dolls; y sin embargo, es un trabajo que se puede ver hoy, puesto que lo que trata es de absoluta actualidad.

“Honey, listen, it's a rotten business”



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