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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

miércoles, 19 de abril de 2017

Tess

“She was a poor man's daughter, an aristocrat's mistress and a gentleman's wife.
She was Tess, a victim of her own provocative beauty”

“Tess Of The d'Urbervilles: A Pure Woman Faithfully Presented”, traducido literalmente “Tess de Los d'Urberville: Una Mujer Pura Fielmente Presentada”, es una novela del autor inglés, Thomas Hardy, publicada por vez primera en 1891; que inicialmente apareció en una versión censurada, y por entregas, publicada por el periódico ilustrado británico, The Graphic.
Se trata de la penúltima novela de Hardy; la cual está dividida en 7 “fases”:
La Doncella; Nunca Más Doncella; La Recuperación; La Consecuencia; La Mujer Paga, El Converso; y Culminación.
La narrativa de Hardy obtuvo cierto éxito, si bien la crítica se encarnizó con él por la ideología materialista, naturalista y pesimista implícita en sus tristísimas y deprimentes últimas novelas; la acción de todas ellas, se desarrolla en el campo inglés, en una región bautizada por el novelista como “Wessex”, y que es en realidad su Dorset natal; donde hay intensas descripciones de los campos, montañas, estaciones y clima de Wessex, que reflejan como un espejo el interior sombrío de unos personajes sumidos en la desdicha.
En este mundo, se producen todos los acontecimientos de sus obras, si bien la obra de Hardy desborda todo posible costumbrismo, en tanto que ese paisaje resulta simbólico de un pensamiento muy definido; utiliza el dialecto de Dorset, como ejemplo de inglés antiguo y noble, en trance de desaparición por el destino de la modernidad.
La cosmovisión de Hardy es atea, y de un radical y obsesivo pesimismo, de invasora negrura.
Sus personajes, luchan una y otra vez contra un destino hostil; las mediatizaciones sociales y morales, les extravían irremediablemente y, aunque hacen lo que pueden por sobrevivir, se ven envueltos en el ciego determinismo de un universo dominado por la selección natural de Charles Darwin, y la social de Herbert Spencer, y por la filosofía pesimista de Arthur Schopenhauer.
Aunque hoy, esta novela está considerada una obra importante de la literatura en inglés, tanto que el libro recibió críticas diversas cuando apareció por vez primera, en parte debido a que desafiaba las costumbres sexuales de la época.
La escritura de Hardy, a menudo ilustra “el dolor del modernismo”, y este tema es notable, como un crítico ha señalado, retrata “la energía de las formas de vida tradicionales y las fuerzas que las están destrozando”
Hardy, describe la maquinaria de granja moderna con infernal imaginería; también, en la lechería, señala que “la leche enviada a la ciudad, debe ser aguada porque la gente de ciudad no puede tolerar la leche entera”
El comportamiento quisquilloso de clase media de Angel, uno de los protagonistas, le hace rechazar a Tess, una mujer a la que Hardy a menudo retrata como una especie de Eva de Wessex, en armonía con el mundo natural.
Cuando se aleja de ella, y se marcha a Brasil, el guapo joven enferma tanto que se ve reducido a un “mero esqueleto amarillo”
Todos estos acontecimientos, son típicamente interpretados como indicativo de las consecuencias negativas de la separación del hombre de la naturaleza, tanto en la creación de maquinaria destructiva, y en la incapacidad para disfrutar en la pura naturaleza.
En Hardy, los “personajes más amables, son aquellos que han vivido lejos de las ciudades, en medio de una apacible vida rural, y negándose a desafiar a los espíritus coléricos que destruyen la vida”
Sin embargo, el crítico marxista Raymond Williams, en “The English Novel From Dickens to Lawrence”, cuestiona la identificación de Tess con un campesinado destruido por el industrialismo.
Porque Tess no es campesina, es un miembro educado en la escuela de la clase trabajadora rural:
Ella sufre una tragedia al ser frustrada, en sus aspiraciones de superación social y su deseo para una vida buena, en la cual hay amor y sexo, no por el “industrialismo”, sino por la burguesía terrateniente en Alec; el idealismo liberal en Angel, y el moralismo cristiano en el pueblo de su familia.
También, Robert Barnard ha señalado que en Hardy, no es sólo la ciudad, personificada en Alec d'Urberville, quien provoca los desastres, sino igualmente “las corrientes intelectuales del momento”, encarnadas en Angel Clare, “que también influye perniciosamente en la vida de Tess”
Otro tema importante de la novela, es la doble moral sexual del que Tess es víctima; a pesar de ser, desde el punto de vista de Hardy, verdaderamente una buena mujer, la sociedad la desprecia después de haber perdido la virginidad sin casarse.
Hardy, hace el papel de único amigo y abogado de Tess, y por ello subtitula el libro:
“Una Mujer Pura Fielmente Presentada”, y con un prefacio de las palabras de Shakespeare de “Los Dos Hidalgos de Verona”:
“¡Pobre nombre herido!
¡Mi pecho es como una cama/Te alojará”
Sin embargo, aunque Hardy claramente pretende criticar las nociones victorianas de pureza femenina, el doble estándar también hace posible la tragedia de la heroína, y así sirve como un mecanismo del destino más amplio de Tess.
Hardy apunta variadamente, que Tess debe sufrir bien, para expiar los malos comportamientos de sus antepasados, o para proporcionar un entretenimiento temporal a los dioses, o porque ella posee algún pequeño pero letal defecto de carácter, heredado del antiguo clan místico…
De numerosas referencias paganas, y neo-bíblicas realizadas sobre ella, Tess ha sido considerada diversamente como una diosa de La Tierra, o como una víctima sacrificial.
Al principio de la novela, participa en una fiesta por Ceres, la diosa de la cosecha, y cuando ella imparte un bautismo, elige un pasaje del Génesis, El Libro de La Creación, en lugar de los versos más tradicionales del Antiguo Testamento.
Al final, cuando Tess y Angel llegan a Stonehenge, que en época de Hardy se creía que era un templo pagano, ella voluntariamente se tumba en el altar, completando así su destino como un sacrificio humano.
Este simbolismo, puede ayudar a explicar a Tess como una personificación de la naturaleza, encantadora, fecunda, y explotable; mientras que la imaginería animal a lo largo de la novela, fortalece la asociación.
Y es que son numerosos los ejemplos:
Los infortunios de Tess empiezan cuando ella se duerme mientras lleva a Prince al mercado, causando así la muerte del caballo; en Trantridge, se convierte en guardadora de aves de corral; ella y Angel se enamoran entre vacas en el fértil valle de Froom; y en la carretera a Flintcombe-Ashe, mata a algunos faisanes heridos, para poner fin a su sufrimiento.
En cualquier caso, Tess emerge como un personaje, no porque tenga un simbolismo, sino porque “los sentimientos de Hardy por Tess, fueron fuertes, quizás más que ninguno de sus otros personajes inventados”
El próximo diálogo entre Tess y su madre, muestra la dimensión del tabú del tema sexual para con las mujeres, cómo se mantenía a las jóvenes en la ignorancia del tema, y la moral de la sociedad.
Tess:
“¿Por qué no me dijiste que era peligroso?
¿Por qué no me lo advertiste?”
La Madre:
“Las mujeres no tienen de qué protegerse porque leen libros que les dicen cómo”
Todo un revuelo para la época.
El manuscrito original de esta novela, se encuentra expuesto en La Biblioteca Británica, mostrando que en origen se titulaba:
“Daughter Of The d'Urbervilles”, esto es:
“Hija de Los d'Urberville”
“She was born into a world where they called it seduction, not rape”
Tess es un drama del año 1979, dirigido por Roman Polanski.
Protagonizado por Nastassja Kinski, Peter Firth, Leigh Lawson, John Collins, Richard Pearson, John Bett, Rosemary Matin, entre otros.
El guión es de Gérard Brach, John Brownjohn y Roman Polanski; basados en la novela de 1891, de Thomas Hardy: “Tess Of The d’Urbervilles”
Tess supuso un cambio total de registro para el realizador polaco, Roman Polanski, al ser su primer film de época, y el primero que hizo tras su huida de Estados Unidos, a causa de un escándalo sexual.
Acostumbrado a dirigir películas a contracorriente respecto a las convenciones de su época, el firmar un film tan clasicista como lo es Tess, sí que resulta novedoso, aunque quizá “Chinatown” como homenaje al cine negro, ya planteaba una adopción de formas más convencionales, en las antípodas de películas como
“Repulsion” o “Rosemary's Baby”
Tess, es una de las mejores obras de Roman Polanski, un profundo drama con tintes feministas, que nos lleva a cuestionar los presupuestos machistas y clasistas sobre los que se asentaba La Sociedad Victoriana, y que aún perviven hoy.
Polanski hizo esta película, porque fue la última vez que vio a su esposa Sharon Tate, antes de que la banda de Charles Manson la asesinase el 9 de Agosto 1969; ella le había dado una copia de “Tess Of The d'Urbervilles”, y le había dicho que se podría hacer una buena película de ello.
La dedicatoria al principio de la película, reza simplemente como sigue:
“To Sharon”
A pesar de que Tess está ambientada en Inglaterra, fue filmada en Francia.
Esto puede deberse al hecho de que Polanski era buscado por las autoridades debido al caso de estupro en los Estados Unidos, y podría haber sido extraditado al Reino Unido.
Como fuere el caso, todavía no muy esclarecido, Tess ganó 3 premios Oscar:
Mejor Dirección de Arte, Mejor Fotografía y Vestuario; y estuvo nominada a:
Mejor película, director y banda sonora.
Injustamente, Nastassja Kinski no recibió ni siquiera la nominación para mejor actriz, como si el drama de Tess se hubiera cumplido también en ella, y fuera de la pantalla, siendo el de una hermosa flor menospreciada.
Como dato, la película estrenada en Francia en 1979, tiene una longitud de 186 minutos.
Polanski escribe en su autobiografía, que él sentía que corte era incompleto, que se precipitó al conocer la fecha del estreno.
Por tanto, para el estreno de EEUU, en 1980, se re-editó a 170 minutos.
Las versiones posteriores de ultramar de la película, tanto en el cine y en video, llegaron a los 136 minutos; pero la versión de 170 minutos, es la versión aprobada de Polanski de la película.
Esta versión, fue restaurada recientemente en 4K, a partir del negativo original, bajo la misma supervisión de Polanski, la cual se estrenó en El Festival Internacional de Cine de Cannes de 2012.
La acción de Tess tiene lugar en Inglaterra, a finales del siglo XIX.
La humilde Familia Durbeyfield, descubre que en realidad desciende del ilustre clan de los d'Urberville.
Por tanto, la hermosa y joven hija Durbeyfield, Tess (Nastassja Kinski), es enviada a la cercana mansión de Los d'Urberville, para retomar la relación con sus ricos parientes.
Así comienza la entrada de la inocente Tess, en un juego de ilusiones y seducciones, en el que podría encontrar al amor de su vida.
En cuanto Tess pone un pie en la casa, el oscuro Alec d’Urberville (Leigh Lawson), se fija en ella, e intenta seducirla.
Pero cuando la joven le rechaza, él no duda en violarla, y echarla a la calle.
Embarazada y sola, Tess tratará de iniciar una nueva vida, pero el pasado siempre regresa, y en su caso, puede costarle el cariño del que será el amor de su vida, Angel Clare (Peter Firth)
El ambiente se va haciendo cada vez más opresivo alrededor de Tess, y ella es como uno de los pájaros encerrados en la jaula de la señora d'Urberville.
La desgracia de la joven, su pobreza, y su incapacidad para librarse de ellas, es patente durante todo el metraje.
Incluso en sus momentos de mayor felicidad, se cierne sobre ella una oscura sombra:
Vemos momentos llenos de patetismo, como cuando ha de aceptar la muerte de su bebé, y además, el hecho de que haya de ser enterrado fuera del camposanto por tratarse de un hijo ilegítimo; el sacrificio que ha de realizar a cambio de que su madre y hermanos puedan vivir dignamente...
No es que ella no trate de conseguir ayuda de una forma digna, sino que ésta le es negada repetidas veces.
Todo se lleva a cabo sin su aprobación, pero ella lo acepta como si se tratara de su deber, en cierto modo.
Y de esta forma, llegamos al trágico final, desencadenado no sólo por Tess, sino por todo el cúmulo de circunstancias que le ha tocado vivir, y que ella acepta una vez más con resignación, pues nadie tiene en cuenta esas circunstancias para librarla de la muerte.
Sólo la muerte, conseguirá liberarla de una existencia indigna y miserable.
Entonces ella podrá finalmente ser libre.
Tess, es la historia de una joven campesina, se ve envuelta en eventos que superan su autodeterminación, convirtiéndose en un ser manipulado, que oscila entre la alegría y la tristeza, algo que probablemente haya sido común y corriente entre las mujeres campesinas de Inglaterra y Francia en La Época Victoriana.
Sin embargo, hay en ella una promesa, una distinción, una rebeldía, que trasciende la simpleza y perturba a todos los que la conocen.
La actriz, Nastassja Kinski, es ideal en este papel, con sus miradas misteriosas, su cara, a la vez inocente y maliciosa, y su cuerpo perfecto, insinuante, pero recatado y oculto tras las vestimentas de la época, lleva sobre sus hombros, la historia de muchas mujeres a través de la historia de la humanidad.
“What she did would shatter that world forever”
Tess es una película preciosista, cada escena parece una pintura, un cuadro de época digno de estar en una pinacoteca, pero al igual que la bella Tess, su belleza es su perdición.
El polaco Roman Polanski, por vez primera, quizás, comienza a alejarse de sus elementos indispensables del pasado:
Su bizarría, su sordidez, sus turbulentos y complejos personajes; y demuestra aquí el realizador, que también es capaz de generar y producir secuencias de sensibilidad, y sin ser lo suyo, puede hacerlo bien, remarcando algunas muy agradables secuencias e imágenes de los verdes prados ingleses, los dorados tallos de la seca paja, todo bajo la imponente presencia de un cielo azul.
Son las primeras imágenes rodadas por Polanski, de esta naturaleza, que por vez primera es un trabajo más convencional, casi sublimado, comparado a sus anteriores obras.
Tess es una película larga, para verla lógicamente sin prisas, para apreciarla, y para fijarse en los numerosos detalles y sutilezas, que hacen de Polanski, uno de los mejores directores en activo.
Los decorados interiores, a pesar de lo destacado de los exteriores rurales, tienen un gran protagonismo, y son muy detallistas.
Así entramos en la Inglaterra del siglo XIX, en una pradera, una banda pasa haciendo música, acompañada por danzarinas, lugar por el que pocos instantes después, pasa John Durbeyfield (John Collin), a quien un sacerdote indica que, debido a una confusión, no se enteró que pertenece a un muy fino abolengo, dueño hasta de un título de Sir.
Su hija, Tess, que estaba entre las bailarinas, ante la alegría de sus progenitores, es enviada con sus nuevos parientes, su supuesta “nueva familia”, a pedir ayuda económica.
Va, pero no encuentra a la dueña de casa, sino a Alec d'Urberville, su nuevo primo, y poco después reciben en su casa, una escueta carta donde se les dice que serán ayudados.
Tess se marcha de casa, a La Residencia d'Urberville, a trabajar con Alec, que todo el tiempo está tratando de seducirla.
En una ocasión, tras defenderla de otros sujetos, la lleva a un bosque, donde se le declara, le roba un beso, y fluye un sexo forzado, tras lo cual, pasan tiempo juntos, dan paseos, pero ella no está cómoda.
No pasa mucho antes que se vaya…
Sin embargo, al pasar el tiempo, un hijo ha nacido, que por alguna razón fenece pronto, y regresa luego a su antigua granja.
Allí conoce a Angel Clare, un personaje que atrae mucho a todas las jovencitas del lugar, pero a él solo le gusta Tess, y se besan.
Angel está feliz, anuncia matrimonio, pero ella rechaza la oferta.
Poco después, ella le cuenta parte de sus oscuras vivencias pasadas, tras lo cual, acepta su aún vigente propuesta de matrimonio, y aunque está algo insegura, se casan.
Ya casados, Angel le cuenta una banal experiencia propia, y ella cuenta toda la historia pasada con Alec; y Angel, sorprendido, afirma que ella ya no es la mujer con la que se casó, solo tiene su forma.
No soportándolo, decide marcharse, y la abandonada Tess deambula recibiendo eventuales ayudas de conmovidas personas.
De pronto aparece Alec, la ha encontrado, se ha enterado de lo que sucedió con su hijo, y está enfadado, pero pese a todo, le ofrece ayuda 2 veces, quiere volver con ella, pero recibe sendas negativas.
Tess extraña a Angel, y no tiene dinero, es ahora una pordiosera vagabunda.
En su casa familiar, todo ha empeorado:
Su padre murió, y sin dinero, la casa fue embargada.
Pasa otra vez el tiempo, es ahora Angel quien la busca, y consigue ubicarla, solo para encontrarla con Alec otra vez, triste e insatisfecha, pero viviendo con él.
Estando yéndose Angel, Tess lo alcanza, porque ha matado a Alec, y se quedan clandestinamente juntos.
Huyen a casas abandonadas, incluso se refugian en Stonehenge, donde finalmente la policía los captura…
Las novelas de Thomas Hardy, suelen denotar críticas a la sociedad de su tiempo, pero eso es algo que Polanski deja de lado en esta ocasión.
Al director polaco le interesa más el narrar las aventuras y desventuras de una serie de personajes que luchan por su supervivencia, tanto a un nivel físico como emocional.
La protagonista, es una joven sin grandes pretensiones en la vida, que más de una vez deja patentes sus deseos de morir, que confía en el amor como redentor, pero sin mucha convicción.
El amante de Tess, Angel, es un pobre diablo que pasa de las convenciones sociales, pero que repudia a la chica cuando descubre su pasado, en el que tiene mucho que ver el infame Alec, un rico con pretensiones de señor.
De este modo, Polanski nos ofrece un mosaico de pasiones contenidas, rodado con gran exquisitez y sensibilidad, sin caer en lo zalamero y pasteloso.
A ello ayuda no poco la excelente labor del director de fotografía, que capta las tonalidades de la naturaleza según la estación, así como el compositor, autor de una lírica partitura, para nada barroca y recargada.
Polanski narra con sencillez y ritmo pausado, para poco a poco ir desgranando los sucesos, que curiosamente se desencadenan a través de coincidencias poco afortunadas.
Así pues, el director nos brinda todo un tratado sobre la predestinación y el fatalismo, en el que brilla con luz propia su protagonista, la actriz alemana Nastassja Kinski, que pocas veces lució la teutona tan bella en una pantalla, dotando de humanidad a su personaje por medio de una gran economía gestual, ya que por su expresión, o las variaciones en la caída de sus ojos, adivinamos sus estados de ánimo.
En el apartado de defectos, hay que reprocharle un final algo artificioso y teatral, que rompe algo con el tono más realista del resto de la cinta, pero se le perdona.
En el fondo, todo comienza de forma inocente, cuando su padre se entera, por boca del párroco del lugar, que pertenece a una familia de viejo abolengo.
Tess, no está muy convencida, pero se convierte en instrumento de sus padres, en una desafortunada búsqueda que la conduce hacia la violación, el desamor, el abandono, y la frustración maternal.
Los duros golpes, la llevan de nuevo a la tierra, donde deposita a su hijo muerto, y a la cual se entrega con pasión, con la idea de olvidar, de alejarse de la fantasía y la ilusión… hasta que se enamora.
Es un segundo comienzo, una nueva ilusión que termina, casi de inmediato, en frustración ante la ceguera y la incapacidad de perdón de su enamorado.
Aquí Polanski pinta bien la injusticia que experimenta Tess, y el espectador puede sentir el dolor, cercano y lacerante, y la cercanía y la inclinación de Tess hacia el sentido común, hacia el amor verdadero y la justicia, todo lo cual, se rompe ante la terquedad y la falta de aprecio de un hombre bueno y sensible, pero torpe, orgulloso y machista.
Es interesante que Polanski haya trabajado estos temas con alto respeto y consideración por la mujer, dado que en la época, y por muchos años, estuvo bajo acusaciones de abuso sexual de una menor...
Naturalmente que se trata de un guión y del cine, pero seguramente fue también una ocasión para elaborar su propio duelo personal, y para perdonarse a sí mismo, a modo de catarsis, ante la pérdida de su propia esposa asesinada/ahorcada cruel e injustamente como Tess.
En el segundo tramo, cae de nuevo Tess, pero ya la tierra no la acoge, y esta vez se ve obligada a aceptar la más terrible de las manipulaciones, esa que la lleva a perder su esencia rebelde e inteligente, y a convertirse en una mujer urbana, de hábiles apariencias, de amores fríos y fingidos, los mismos que culminarán en tragedia, matizada por el reencuentro y por el perdón, en una fugaz cita con el amor perdido.
Las escenas finales, son enteramente simbólicas de esa fuerza telúrica que experimenta Tess:
Transcurren en las míticas ruinas de Stonehenge, formadas por grandes bloques de piedra, construidos por ignotos habitantes místicos de tiempos remotos, un templo consagrado a la diosa Tierra.
Allí, ella y su enamorado, esperan el desenlace fatal, con la vana esperanza de que ese sea un refugio inviolable, un retorno a la inocencia original; la última de las síntesis de la vida de Tess, de nuevo, entre la alegría y la tristeza.
Más allá de su propia configuración histórica, melodramática y crítica con la sociedad que retrata, Tess se ofrece cinematográficamente como la lucha de un personaje perfectamente integrado y criado en un entorno natural, por evadirse de las convenciones sociales que de una forma o de otra, quieren anular su personalidad.
Es así como el personaje que encarna Nastassja Kinski, es mostrado a través de una caligrafía fílmica caracterizada por un carácter telúrico.
En este universo, Polanski nos retrata a sus personajes, el más patético retrato de unos desgastados y desclasados aristócratas, que de esa condición solo tienen un quimérico apellido, que nunca pertenecieron realmente a ningún sitio, y que acaban mendigando.
Y ella, Tess, es la más humillada y atormentada de todos, la que es expuesta a las peores ordalías, ella es la que más representa a esa rancia y falsa aristocracia, falsos nobles, sin valor, decadentes.
Tess, atormentada, infeliz, enterarse de su abolengo, solo le traerá desgracias, primero con el gandul bueno para nada, su falso primo; un farsante, que mintió para pertenecer a la distinguida familia, que se aprovecha de ella, quitándole la honra, y dejándole la impronta del bastardo que da a luz, condenado a la muerte.
Por otro lado, el paisaje es fundamental.
Recibe un tratamiento exquisito, con base en planos profundos, muy bien cuidados, íntimamente armonizado con la historia.
La dirección artística, emplea para estos, unos vestuarios y caracterizaciones sugestivas de la época, y el personaje según su condición social, en una excelente tarea que junto con los decorados y los exteriores, te transportan al momento y lugar en cuestión.
Como dato, el 28 de octubre de 1978, el cinematógrafo, Geoffrey Unsworth, murió de un infarto de miocardio durante la 3ª semana de rodaje.
La mayoría de las escenas que él rodó, fueron exteriores del principio de la película, y se pueden distinguir por el uso de la niebla y una leve difuminación.
Siendo sustituido por Ghislain Cloquet, que filmó el resto de la película, incluyendo la mayoría de las escenas de interior sin difuminación.
Se rumorea que entre las escenas filmadas por Geoffrey Unsworth, antes de su muerte, eran:
La seducción nublada de la noche en el bosque, en la carpa y en las fresas; y cuando Tess está en La Mansión de d’Urberville, al ordeñar a las grandes vacas, las chicas al observar a Angel durante el amanecer, y Angel llevando a las chicas a través del riachuelo.
Y es que Polanski logra con la plasmación visual de esta película, una de sus más altas cotas de su filmografía.
Con un perfecto y reposado sentido del ritmo, las más de 2 horas y media de duración, se hacen cortas, puesto que prácticamente no sobra un solo plano en su metraje.
Tal es el poder de condensación, la presencia reiterada de ese caballo blanco para recordar en determinados momentos al ausente padre de Tess en la parte final del film; composición en sus planos, la relación de los actores dentro del encuadre; un ejemplo al azar, en el primer encuentro entre Tess y Alec, cuanto estos se declaran como supuestos familiares, se abandona el plano/contraplano, y ambos se incorporan juntos en un mismo plano; o la presencia de esa elipsis, que en ningún momento nos muestran en pantalla, las diversas muertes que se suceden, proporcionando una mayor fuerza dramática en su ausencia.
Prácticamente todos los momentos de esta hermosa película, aparecen tamizados por la bella impronta y sabiduría narrativa de Polanski, que otorga la debida modulación, planificación, y composición plástica, siempre destacados por su extrema sensualidad.
Tess, es un personaje terrenal, aunque místico por ser mujer, que se unta de suelo en sus oficios, en sus andanzas, en sus ensueños.
La lluvia, el viento, los bosques, los matorrales, los caminos, los establos, los animales, son escenarios muy bien logrados de sus devenires, y confieren a la cinta, una sensación mítica, casi mágica.
Más que bucólica, perturbadora y misteriosa, por todo lo que se adivina detrás de la belleza serena:
Las duras labores, la explotación de los trabajadores, la simpleza y la ignorancia, el alcoholismo y la indisciplina, el machismo desbordado, y los amores frustrados de las mujeres que sueñan con ideales que saben imposibles.
Las costumbres y los ritos de la época, están magníficamente descritos.
Como los tiempos son lentos, el espectador puede degustar en su totalidad las labores del campo, las faenas del ordeño y de la lechería, las danzas y las fiestas populares, la vida en los hogares y en las iglesias, el tránsito de los coches y los caballos por los caminos, la sensación que ofrecen los pueblos campesinos y las pequeñas ciudades.
La elaboración de estos finos retratos, ha sido bien reconocida por la crítica, que ha concedido importantes premios a Tess, como los premios Oscar recibidos.
Del reparto, la actuación de La Kinski, hermosa, seria y profunda, con todo el dolor que se transmite en sus gestos y sus ojos, que comienza como una niña casi, pero que las experiencias imponen forzosos cambios en su persona, una solvencia actoral que no he vuelto a ver en otras cintas de esta mujer de ilustre apellido; interpreta uno de los personajes más poéticos, bellos, melancólicos y tristes que he contemplado en una pantalla de cine.
Transmitiendo una empatía con el espectador, que va mucho más allá de la sublime divinidad de su rostro:
Injusticia, destino, orgullo, amor, esperanza, resignación, melancolía, tristeza...
Todos ellos pasan por el filtro de esta maravillosa película, por medio de la misma actriz, de una manera exquisita, apartándose de lo pomposo, burdo y vulgar que ofrecen infinidad de obras.
Porque de eso va Tess, del corazón humano, de una chica de admirable orgullo, y enorme valentía espiritual, de un corazón que intenta apartar su propia ignorancia, para poder hacerle frente a toda la crueldad, la injusticia y la desgracia que su denostada existencia tiene que sufrir.
Como dato, Roman Polanski y Nastassja Kinski, estaban en una relación romántica antes de la filmación; pero la misma terminó al finalizar el rodaje de la película.
Del resto de actores:
Peter Firth está íntegro y señalado en su tarea, y Leigh Lawson está insensible y apático en su personaje, siendo notables los acompañamientos de:
John Collins, Richard Pearson, John Bett y Rosemary Matin.
Pero aquí también hay 2 aspectos narrativos del libro que, sorprendentemente, no están en la película, y ambos parecen importantes:
El primero, la reaparición de Alec d’Urberville en la novela es gloriosa, ya que Tess lo descubre en un pueblo como Predicador arrepentido de sus muchos pecados.
Un hombre que ha abrazado la fe religiosa, gracias al padre de Angel Clare, una fe que abandonará cuando se reencuentra con Tess, a quien acusará cínicamente de suponer una tentación demasiado fuerte para él…
En la película, no hay referencia a este asunto.
El segundo, el final del libro es espléndido, pues mientras oímos, cómo a la pobre Tess la han ajusticiado por su crimen, leemos que Angel Clare sale del pueblo a pie, acompañado por la hermana de Tess… quizás su futura esposa.
En la película, se nos ha hurtado este pletórico final.
Por último, la banda sonora de la película, fue compuesta por Philippe Sarde.
La melodía que toca con la flauta dulce Angel Clare, un inglés de la época victoriana, es de hecho una canción folk polaca llamada “Laura i Filon”
Dado que es poco probable que el siglo XIX en Inglaterra se conozca esta melodía, es seguro asumir, que esto es algo que Polanski, de origen polaco, utilizó como una “marca registrada” de clases.
“Tess Of The d'Urbervilles was hanged in the city of Wintoncester aforetime capital of Wessex”
Algunas personas nacen ya condenados a sufrir desgracias por el resto de sus días…
Las infinitas leyendas de depravaciones y torturas psicológicas que rodean a las musas del director más fugitivo de todos, tienen su cumbre en el rodaje de sus películas más célebres.
“Un mundo de crueldad repleto de mujeres de corazón frío”, diría Leo Robson, crítico de cine de The Guardian, una vez.
Y razón no le faltaba.
Ellas, que no otras, son las mujeres de la vida de Roman Polanski.
El controvertido, turbio y prófugo director de cine, acusado de no entender a las mujeres, y torturar a sus personajes hasta el desequilibrio mental, siendo la única realidad, que el mundo femenino de toda su filmografía, ha pasado a la historia del cine, como uno de los más apasionantes e interesantes.
Ellas, que no otras, son las mujeres que sobrevivieron a los infernales y psicosexuales rodajes de Roman Polanski.
Ellas, que no son de este mundo:
Barbara Kwiatokowska-Lass, en la etapa polaca, de 19 años, congenió con el director durante el rodaje de una película, se liaron y acabaron casándose al poco tiempo; hasta que se divorciaron en 1961.
Jolanta Umecka en “Knife In The Water” (1962); obsesionado con ella, pero con nula experiencia como actriz, optaría por empezar a tirar bengalas sin previo aviso para provocar gestos dramáticos en su cara, imposibles de conseguir de otra manera.
Catherine Deneuve en “Repulsion” (1965), donde el descalabro psicológico y esquizofrénico de Catherine Deneuve, por su asco contra los hombres y el sexo, podría haber caído en una burla de la represión sexual, si no fuera por la extrema sensualidad marca de la casa francesa.
Deneuve, optaría por dejar bien claro que, después del aislamiento sexual al que había sido sometida por Polanski, para hacer creíble la obsesión, necesitaba fiesta.
Con Luis Buñuel, se lanzaría al sexo pagado en la locura magna de “Belle de Jour”, 2 años después.
Sharon Tate en “The Fearless Vampire Killers/Dance Of The Vampires” (1967):
“Vale, el papel es tuyo”, entonaría Polanski después de que en la 2ª cita con Sharon, ésta gritara a todo pulmón, tras ver a Roman con una careta de Frankenstein.
Sharon sobreviviría a sus obsesiones, pues al acabar el rodaje, se terminarían casando por todo lo alto, pero a lo que no sobreviviría, sería a La Familia Manson.
Para el líder de la banda, esa lujosa casa de Cielo Drive, en Los Angeles, representaba su rechazo contra el “show bussiness”; pues Sharon moría embarazada, y asesinada el 9 de agosto de 1969.
Ruth Gordon en “Rosemary's Baby” (1968), que estaba tan por encima de todo, y de todos, sería la única en volver a la secuela televisiva de 1976.
A la reina de este aquelarre de brujas, del Upper East Side de New York, le daba igual, pues el asesinato de una embarazada Sharon Tate, igual que Mia Farrow en la película, había alimentado una larga leyenda de ritos satánicos.
Mia Farrow en “Rosemary's Baby” (1968), donde se dijo:
“Ganarás El Oscar, ganarás El Oscar”, repetía Polanski sin parar a su nueva musa; donde la tortura psicológica a la que fue sometida, le costaría su matrimonio con Frank Sinatra, el cual no se cortaría en las repetidas y violentas discusiones en mitad del rodaje.
Cuando llegaron los papeles de divorcio, Polanski aprovecharía tal descalabro emocional, para seguir rodando.
Y aunque El Oscar no llegó, Farrow conseguiría algo mucho más importante que un premio:
Un legado.
Faye Dunaway en “Chinatown” (1974), donde “dirigir a Mia Farrow y Catherine Deneuve fue una maravilla, pero luego me topé con Faye Dunaway, cuando rodé Chinatown, fue una pesadilla”, dijo el director.
A juzgar por la forma de hilo extremo de las cejas de Faye Dunaway, podemos averiguar cómo de turbulento fue el rodaje de la que sería su última película en Estados Unidos.
Polanski, se convertiría en fugitivo de por vida, al no presentarse al juicio que le acusaba de violación de una menor, mientras que aquí sí, Faye Dunaway ganaría su Oscar 2 años después por “Network”
Isabelle Adjani en “The Tenant” (1976), última parte de “la trilogía del apartamento asfixiante”, completada por “Repulsion” y “Rosemary's Baby”
Polanski sacrificaría la presencia hipnotizadora de Adjani, y ésta devolvería la jugada de un personaje de relleno, al abandonar el rodaje de “The Double”, en 1996, después de una discusión entre John Travolta, quien iba a protagonizar la película, y Roman:
“Con Travolta o con nadie”
Con nadie, después de 15 millones invertidos, Polanski cancelaría el proyecto.
Nastassja Kinski en “Tess” (1979), mucho antes de que aquella “girlband” homónima de principios de siglo, gritara al mundo que las drogas eran olas que te ahogan, la primera película después del escándalo de la violación, es la de una Nastassja Kinski de 19 años, que se acostaba con su director, a la vez que éste le dedicaba la película a Sharon Tate.
Las últimas palabras de su esposa fueron:
“Podemos hacer una película fascinante con este libro”
Y la hizo.
Emmanuelle Seigner en “Frantic” (1988), entre el exilio francés y la larga depresión después del asesinato de Tate, frenético fue su nuevo romance como el título de la primera película juntos.
Con Seigner, Polanski sigue casado desde 1989, en una relación turbulenta de malos y mutuos tratos de amor-odio, que también se han encargado de mostrar en otros filmes.
Sigourney Weaver en “Death and The Maiden” (1994), entre Alien y Alien, Roman Polanski le haría las maletas hasta El Faro de Meirás, en Ferrol, para que se asomara desde el acantilado, y pusiera caras de vértigo:
“Es el trabajo más interesante de mi carrera”, diría a los medios.
Olivia Williams en “The Ghost Writer” (2010), que sobreviviría tanto a las obsesiones de Roman Polanski, en el rodaje del “thriller” político, que hasta su personaje de amargada, inestable y manipuladora esposa, del Primer Ministro de Reino Unido, sería plagiado sin piedad por Robin Wright, en realidad por sus guionistas, en House of Cards.
Así pues, se ha escrito tanto sobre las perversiones del director, y sobre las derivas perversas de las parejas de sus películas, que cualquiera diría que el tema “Polanski y el sexo” es complejísimo.
Pues resulta que es sencillísimo, tan sencillo y tan arquetípico que asusta:
Roman Polanski se lía con sus actrices.
Fin del misterio de su vida, y del misterio de su cine.
En efecto, si lo ceñimos a los gustos sexuales/sentimentales de Polanski, el tema no tiene vuelta de hoja:
Polanski se enamora de sus actrices durante el proceso de elaboración de sus películas; y ya.
Otra cosa es que sea un tema con tantas capas que el director lo ha podido tratar una y otra vez en sus filmes con distintos enfoques.
Porque la biografía amorosa de Polanski, es también su biografía cinematográfica.
El solapamiento entre su vida sentimental y su obra, es de libro.
Los “castings” de sus películas, parecen agencias matrimoniales encubiertas.
Si de veras Polanski sintiera auténtica piedad por su protagonista Tess, habría corrido a entregarse a la policía nada más acabar el rodaje, en vez de pasar más de 30 largos años huyendo de sus responsabilidades, oculto en un lujoso chalet suizo, tras el sedoso y postizo bigote de Alec d’Urberville.

“She's sleeping.
Just a little longer?”



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