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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

lunes, 5 de junio de 2017

2046

“你還在戀愛的心情嗎?”
(¿Todavía estás de humor para el amor?)

¿Por qué contamos historias de amor?
Para sentirnos un poco… mejor; para desahogarnos; para concretar algún objetivo/amor pendiente…
Para resolver ese final que nos dejó con la respiración entrecortada.
Los films de Wong Kar-wai, hablan de amor.
No del amor de hollywoodense, donde siempre hay finales felices…
Los de este director, hablan de ese desgarro casi eclíptico que aparece ante el despecho, de ese amor que no se puede tocar, y de esas palabras que tanto anhelamos y no podemos decir.
Nos habla de ese amor, ese que vivimos día a día, el que es de verdad, el que a veces no tiene un final feliz, y no, por culpa de terceros, sino por la nuestra.
Y ese amor, nos lo muestra de diversas formas, pero de una manera tan antinatural, que nos hace sentir un deja vu, como si al mirar la pantalla en donde se ruedan sus películas, recreáramos pequeños trozos de nuestra biografía amorosa, al compás de música clásica, cumbia, y ritmos sudamericanos.
Wong Kar-wai, no es un director, es un observador maravillado que juega con los giros de las relaciones humanas, siempre en detalle, describiendo cada movimiento de los personajes, sin ponerse en el lugar de ninguno, con planos cortos que sofocan y rozan el alma.
Cada uno de esos encuadres, sutiles e implícitos, nos llena de dudas, y a la vez nos despeja muchas preguntas.
Porque el poder que posee Wong Kar-wai para acercarse con sus films, suele ser impactante y enigmático.
Y es irónico, cómo un director tan personal e imprevisible como él, haya confesado que hace películas para el público.
Pero como dije antes, Wong Kar-wai es un enamorado, y al fin y al cabo:
¿Quién no lo fue, al menos, en una época de su vida?
¿Y de qué hablamos cuando hablamos de amor?
En 129 minutos, podemos responder esta pregunta, pero eso no significa que todos vayan a quedar satisfechos con las respuestas...
El más apocalíptico y negativo, dirá que los silencios tientan dejar la butaca.
El otro público, el que espera otra cosa, el que se conmueve con planos y colores, y etcéteras de índole cinéfila, ese público celebrará la nueva producción del misterioso director.
Así, el mundo del cine, ha reconocido que Wong Kar-wai, constituye la punta de lanza del celuloide de este siglo, mezcla de riesgo y velocidad visual, con un fondo de humanista sensibilidad, que el director se resiste a sacrificar en ninguno de sus filmes.
“如果他出生在另一個時間,我的生活會有所不同”
(Si hubiera nacido en otra época, mi vida hubiera sido diferente)
2046 es un drama de ciencia ficción hongkonés, del año 2004, escrito y dirigido por Wong Kar-wai.
Protagonizado por Tony Leung, Zhang Ziyi, Faye Wong, Gong Li, Kimura Takuya, Lau Ka Ling, Chang Chen, Maggie Cheung, Ah Ping, entre otros.
2046 es la secuela de “阿飛正傳” (Days of Being Wild - 1991), y “花樣年華” (In The Mood for Love - 2000)
El argumento, crea una metáfora sobre las formas de superar los desamores del pasado, y el miedo a volver a enamorarse.
Es una historia de ciencia ficción, que permite al espectador, viajar al futuro en búsqueda de recuerdos del pasado, verdadera paradoja que destruye cualquier idea romántica del mundo occidental.
El título, “2046”, hace referencia al año en el que concluye la promesa de China a Hong Kong, de 50 años sin cambios tras su devolución en 1997.
El título también se supone que se dice como, “Dos Oh Cuatro Seis”, y no como un año.
Como dato, además de cantonés y mandarín, se habla japonés, y la banda sonora cuenta con temas en español; siendo esta la primera película de Wong Kar-Wai, en ser fotografiada en pantalla ancha, relación de aspecto proyectada de 2.39: 1; y la primera fotografiada con lentes anamórficos.
La película, sigue la línea estética de las anteriores, destacando el uso de iluminaciones singulares, encuadres muy estudiados, y movimientos de cámara hiperlentos, junto con una devoción por interiorismos de glamour decadente.
Se estrenó en El Festival Internacional de Cine de Cannes, y participó en La Sección Oficial a concurso; pero recordemos que llegó al Festival, 3 horas antes de su proyección, pues el director no había terminado de montarla, siendo escoltado por la policía; y es a la vez, la primera película en la historia de Cannes, en llegar tan tarde, tanto que se hizo necesario reprogramarla; siendo la primera película que produce este tipo de incidente en este Festival.
Por tanto, nunca veremos esa proyección, porque fue destruida para confeccionar la versión final que hoy vemos en los cines.
El rodaje, intermitente, se vio afectado por la neumonía asiática que tuvo lugar en junio de 2000 en Corea del Sur; en septiembre de 2001, y enero de 2003 en Hong Kong; en marzo de 2002 y en septiembre de 2002 en Shanghái.
El cineasta hongkonés, retoma al personaje principal masculino de su anterior filme, “花樣年華” (In The Mood for Love - 2000), el cual es necesario ver con anterioridad al que ahora nos ocupa; para crear una enigmática, barroca y embelesante oda al amor perdido; cuya historia se divide en 10 partes:
1. 2047, parte I
2. “Todas las memorias son rastros de lágrimas”
3. Wang Jing-wen y Wang Jie-wen, parte I
4. Bai Ling, parte I
5. Wang Jing-wen, parte II
6. 2047, parte II
7. Wang Jing-wen, parte III
8. Bai Ling, parte II
9. Su Li-zhen
10. Bai Ling, parte III
Y sigue las consecuencias de Chow Mo-wan (Tony Leung), sin consumar el asunto con Su Li-zhen en la década de 1960, en Hong Kong, pero también incluye algunos elementos de ciencia ficción, y hace referencias frecuentes a la fecha del 24 de diciembre o “Nochebuena”, en la que muchos eventos significativos en la película se producen.
La acción gira alrededor del periodista y escritor “free lance”, Chow Mo-wan, cuando se aloja en el cuarto 2046 de un hotel, en el cual reflexionará sobre los significados y misterios de su vida amorosa, todo eso relacionado con una novela de ciencia ficción que escribirá, titulada “2046”
Las relaciones que el personaje tiene a lo largo de la película con 4 mujeres, se alternan con imágenes de la novela que él mismo escribe, una novela futurista de ciencia ficción, que oculta rasgos autobiográficos.
En su novela, un misterioso tren, salía de cuando en cuando con dirección al año 2046.
Todos los que subían a él, lo hacían con el mismo propósito:
Recobrar los recuerdos perdidos.
Se decía que en 2046, nada cambiaba...
Nadie sabía a ciencia cierta, si eso era verdad, porque ninguno de los que viajaron regresó jamás.
Con una excepción:
Él estuvo allí.
Se marchó voluntariamente; porque quería cambiar.
La trama, representa una metáfora sobre las diferentes maneras de superar los amores imposibles del pasado, y el miedo al amor futuro, a través de diferentes historias con el nexo común del protagonista.
En esta ocasión, Chow abandona la timidez y el recato, en pos de un cinismo que esconde las terribles heridas emocionales de su pasado.
Jugador y bebedor, renuncia al compromiso, pues ha decidido no volver a sufrir, y sustituye los relatos de artes marciales, por los de sexo.
A través de la búsqueda infructuosa de una mujer que reemplace los recuerdos del amor de su vida, 2016 es el viaje emocional de su protagonista, al que veremos sucesivamente primero, ser abandonado por una misteriosa mujer, que no por azar, tiene el mismo nombre:
Su Li-zhen (Maggie Cheung) protagonista de “花樣年華” (In The Mood for Love - 2000)
Una jugadora profesional, del mismo nombre (Gong Li), que no es sino la manifestación más cerebral de la identidad femenina, que se dará perfecta cuenta de que representa el fantasma de lo recientemente perdido por Mo-wan.
Recuperar brevemente una antigua relación amorosa con la bailarina Lulu/Mimi (Carina Lau), que ya hacía este personaje en “阿飛正傳” (Days of Being Wild - 1991), en la que también aparecía por primera vez Chow Mo-wan.
Vivir en el presente, una inten¬sa pasión sexual con la ocupante de la habitación 2046, de su hotel, contigua a la suya:
Bai Ling (Zhang Ziyi), que se enamorará perdidamente de él.
Y ayudar a la hija del dueño de ese hotel donde se aloja:
Wang Jing-wen (Faye Wong), a cumplir su sueño romántico, de encontrarse con su enamorado japonés y, de paso, servir de inspiración para ese relato futurista, directamente inspirado en ellos, donde descubriremos a la androide más humana vista en una pantalla desde los tiempos de “Blade Runner” (1982)
Y sobre el desarrollo de sus relaciones con estas 4 mujeres, planea siempre la pesada sombra de la ausencia de aquella relación pasada con la primera Su Li-zhen.
Todo esto, que así narrado parece un maldito embrollo, está plasmado con tal inteligencia, elegancia y sensibilidad, que el espectador no puede sino dejarse seducir por el fascinante universo de los sentimientos que Wong Kar-wai pinta en la pantalla con su reconocible, y sin embargo inimitable estilo.
2046, es un estado de felicidad, también es el número de la habitación donde Chow fue feliz; y es el lugar donde las citas se concretan y los músculos se cansan.
A su vez, las mujeres con las que el escritor se encuentra, son las protagonistas de su novela:
Prostitutas, androides que no sienten, jugadoras profesionales… es un desfile de intrigantes y hermosas mujeres, que revolotean alrededor de él, para que éste solo las disfrute, las haga sentir especiales, pero las deseche como un “tissue” por ese miedo a algo que tuvo, y sabe, supone que no va a volver a encontrar.
2046, es real y onírica, es actual y pasada, es el cine postmoderno en su estado más puro, y a la vez, el desamor en ese mismo estado, ese que nos hace preguntarnos si, era la persona correcta, el “para toda la vida” o si fue el tiempo el que nos jugó una broma pesada, al hacernos creer que, en el momento adecuado de nuestra vida, teníamos a la persona indicada, y en realidad solo era “el” momento adecuado, en nosotros, y nada más… o al revés.
Además de constituir una melancólica reflexión sobre el tiempo y sus heridas, 2046 también profundiza en la génesis y desarrollo del proceso creativo, a partir de su interacción con la realidad.
Este es un cine no narrativo, lírico y abstracto hasta niveles inimaginables, con el que Kar-wai se confirma como uno de los realizadores más valientes y misteriosos del cine actual, enamorado de su oficio y del cine, capaz de contar miles de cosas sin trama, y casi sin personajes, haciendo de la imagen, algo absoluto, y del sonido y de la música, un motivo para que el espectador sea capaz de construir su propia película en el interior.
“它並不能幫助找到合適的人選,如果時機不對”
(No sirve de nada encontrar a la persona indicada, si el momento no es el adecuado)
El nuevo trabajo de este autor irreemplazable, de talento intuitivo y meticulosidad enfermiza, puede ser entendido como una continuación, temporal y evolutiva, de su anterior film, la excepcional “花樣年華” (In The Mood for Love - 2000), cuya filmación discurrió en paralelo a ésta; en realidad, 2 manos cuyos dedos se entrelazan para complementarse hasta la disolución de las fronteras, por lo que no resulta recomendable acercarse a la más reciente, sin conocer sus precedentes.
Aquí volvemos a encontrarnos algunos de los recursos estilísticos propios de Wong Kar-wai, que nos recuerdan que estamos ante una obra compleja de un cineasta único:
La cámara lenta, la elección de la música, el uso de los espejos como una especie de plano/contraplano, la utilización de la lluvia para representar el estado anímico de los personajes, etc.
Aunque también aparecen nuevos recursos propios, emergiendo de esta forma lo heterogéneo dentro de la homogeneidad de la trilogía; y vuelven también los temas recurrentes del cineasta, que no son tratados únicamente en las películas de la trilogía, sino en toda su filmografía.
Regresan los espejos y sus reflejos, los bordes que cortan y esconden las figuras, los personajes de espaldas, las paredes imperfectas, los movimientos al ralentí, el humo que asciende de las bocas que fuman, la voz “en off”, la música de una época ya ida…
Al de Hong Kong, le gustan los pasillos estrechos llenos de puertas de las casas de huéspedes, que propician el cruce de desconocidos; los espejos y marcos que ejercen de guillotina; los callejones nocturnos con esquinas de paredes desconchadas que invitan a apoyar la espalda; la lluvia que parece precipitarse desde las farolas; las volutas de humo ascendiendo hasta perderse contra el techo; los pies femeninos que danzan como si tuvieran vida propia...
Gestos, roces, retales; coreografías y espacios con los que levanta una arquitectura de lo efí¬mero, caricia sobre la herida cotidiana con guantes de seda.
La historia de 2046, se desarrollaba en Hong Kong, en 1962, pasaba a Singapur el siguiente año, y terminaba en Camboya.
Pero:
¿Qué fue del señor Chow y la señora Chan?
Parece que 5 años tardó Wong Kar-wai en resolvernos el interrogante.
La respuesta, la obtuvimos en El Festival de Cannes de 2004, en el que presentó su octavo filme, 2046, concluido a marchas forzadas para la ocasión.
Y que aparentemente es, para nuestra sorpresa, una prolongación de la historia de “花樣年華” (In The Mood for Love - 2000)
Lo que no sabíamos, era que esta película se rodó paralelamente a su predecesora, sabiendo que iba a ser utilizada para una continuación, si es posible llamarla así, de su exitosa cinta de 2000.
“Esto se nos ocurrió alrededor de 1997, durante el traspaso de Hong Kong a manos de China, porque en ese momento, el gobierno chino prometió que durante 50 años, Hong Kong no cambiaría.
2046, es el último año de esta promesa, y pensé que sería interesante usar estos números para hacer una película acerca de las promesas.
Al principio intentamos hacer el filme como una ópera, con 3 historias cortas, basadas en la ópera occidental.
Cuando por fin conseguimos financiación, y juntamos el equipo de producción, ya era casi fines de 1999.
Pero hubo contratiempos importantes, debido a que los actores estaban muy ocupados, tuvimos que trabajar de nuevo con atrasos de calendario, pero también tuvimos otros problemas...
Al principio queríamos rodar en Shanghái, pero necesitamos esperar los permisos, y cuando por fin los conseguimos, construimos los platós y alistamos el reparto, tuvimos problemas con la epidemia de SARS”, aclaraba Wong Kar-wai.
De la señora Chan, nada sabremos, pues 2046 se centra en la vida del protagonista masculino, interpretado de nuevo por Tony Leung, actor habitual de su cine.
El señor Chow, regresa a Hong Kong a fines de 1966, tal como vimos brevemente en “花樣年華” (In The Mood for Love - 2000), donde vamos a seguirlo durante 3 navidades consecutivas.
De la película previa, tendremos referencia sólo tangencialmente, pero siempre que se menciona algo relacionado con lo que en ella ocurrió, la nostalgia invade y vampiriza un relato que es de por sí nostálgico.
El mismo director aclara el asunto:
“Para mí, “花樣年華” (In The Mood for Love - 2000), es un capítulo de 2046.
Es como si 2046 fuera una gran sinfonía y “花樣年華” (In The Mood for Love - 2000), fuera uno de sus movimientos”
Imaginemos, con la venia del director, a ambos filmes como un todo.
La primera parte, es el pasado.
La segunda, es el presente y el futuro.
Aunque no parezca, son inseparables:
Quizá el pasado sea algo que “se puede ver pero no tocar” pero, en el mundo fílmico de Kar-wai, explica lo que va a ser el futuro, definiéndolo como aquel momento en el tiempo dedicado a lo imposible:
A intentar recuperar los recuerdos perdidos, en un movimiento circular arqueado sobre sí mismo, como si fuera un tren que se desliza hacia el futuro, para reunirse con el pasado, en una metáfora que no es tal, como ya descubriremos...
Wong Kar-Wai, se sirve de la estética futurista para hablar del pasado, reflexionando sobre los amores pasados, que no siempre se pueden olvidar.
Para ello, el cineasta toma de nuevo al personaje de Chow Mo Wang, quién, tras su fracaso amoroso con Su Li Zhen, parece incapaz de volver a amar.
Chow Mo-wan, plasma en su relato que escribe, “2046” esta frustración, personificando el amor no correspondido en un androide que, debido a su naturaleza, no puede amar; para intentar comprender lo sucedido en el pasado.
Por tanto, Wong Kar-Wai retoma en esta película, el conflicto de “花樣年華” (In The Mood for Love - 2000), a través de la huella imborrable que Su Li Zhen dejó en Chow Mo Wang, que todavía busca una respuesta a la imposibilidad del amor entre ellos.
“El amor es cuestión de oportunidad”, dice el protagonista de 2046.
Se trata de un hombre que ha dejado escapar al amor de su vida, y reflexiona sobre su pérdida en un hotel de Hong Kong.
¿Y por qué una cuestión de oportunidad?
Porque muchas veces, uno quiere amar, y la otra persona no, y viceversa.
Excepcionalmente los 2 deseos coinciden, pero de resto el amor consiste en buscar sin encontrar.
El escritor, Chow Mo-wan, compone así una novela que nunca consigue terminar, mientras se ve rodeado de mujeres de belleza extraordinaria, las cuales nunca sabemos si son producto de su imaginación, o mujeres reales, y con tan exiguo material “dramático”, el eminente cineasta asiático no aspira a un cine convencional, narrativo, sino a uno de otra clase, onírico, hipnótico, en el cada luz, cada color, cada reflejo, cada movimiento y cada corte de montaje buscan mover algo muy profundo de cada uno, que se acerque a sus imágenes.
Por eso, 2046 es una búsqueda constante de amor en el que se entrelaza la vivencia con el juego literario, en una amalgama feliz donde la primera nutre al segundo, y donde éste brinda soluciones que la vida real no puede ofrecer.
El escritor que hay en el señor Chow, libera su imaginación, y en el relato novelesco de ciencia ficción que se dedica a hacer, imagina un mundo futuro donde hay un sitio en el que es posible rescatar para siempre los recuerdos, e impedir que se fuguen cubiertos de olvido.
Como la atmósfera gris y sórdida en la que vive, no le ofrece solución a sus necesidades afectivas, que sea la literatura la llamada a aliviarlo.
Su mundo de ficción, lo protagonizan los seres a su alrededor:
Wang Jing-wen, la hija mayor del dueño del Hotel Oriental, está obsesionada por el amor de un japonés, a pesar de la renuencia de su padre, a aceptar esa relación.
Chow, imagina al japonés como a un pasajero de un tren futurista que se dirige a un extraño lugar en el año 2046, donde nada cambia, y hay la posibilidad de recuperar los recuerdos perdidos.
Es, en realidad, un viaje al pasado.
El pasajero, se enamora en el tren de un androide, la hija del hotelero, que tiene retardadas las reacciones, y no hace sino ignorarlo.
El amor, es asunto también de sincronías, de una coordinación de trayectorias físicas y emocionales, de estar en el momento justo, con la persona adecuada.
Pensando siempre en el pasado e imaginando el futuro, Chow no vive su presente.
Su relación con las mujeres que conoce, refleja esta curiosa dicotomía:
Una tahúr, una bailarina que es a la vez “call girl”, y una estudiante y escritora aficionada, serán las mujeres con las que pretende exorcizar el recuerdo de la señora Chan, pero paradójicamente, ellas se encargarán de hacérsela recordar siempre.
Las 3 a su vez, representan el pasado, el presente y el futuro, y de igual forma son el nombre, el cuerpo y la mente de su amada ex vecina.
La tahúr, la magnífica Gong Li, es el pasado:
La conoció en Singapur en 1963, y se llama, sorpresivamente, también Su Li-zhen, nombre del que parece no podrá huir; y es apodada “La Araña Negra”, quizás la más consciente de su ingrato papel en la función.
Bai Ling (Zhang Ziyi), es la hermosa prostituta de la habitación contigua, es el presente y el cuerpo.
Con ella vive un romance apasionadamente físico, que a ella llena de ilusión, y a él de hastío.
No es con el sexo con el que vaya a olvidar o a reemplazar a la señora Chan.
¿Será con la mente, entonces?
Wang Jing-wen (Faye Wong), la joven hija del dueño del hotel, es el futuro y la mente; escritora aficionada, a la que Chow ayuda en su relación con un novio japonés, que cuenta con la oposición del padre, como si con ello expiara culpas y saldara cuentas pendientes.
A ella convierte en protagonista de su historia futurista, pero tampoco en su relación platónica encuentra alivio.
La soledad de un cigarrillo nocturno, parece ser su única compañía duradera y fiel.
Todas ellas, marcadas por la fatalidad, y ninguna de las cuales logrará satisfacer lo imposible, que Chow recupere aquello que quedó tan atrás.
Son 3 capítulos, al que cabe agregar el estelarizado por la madura bailarina Lulu/Mimi (Carina Lau), pautados por La Nochebuena de años consecutivos, fechas éstas de las Navidades que, como bien sabe Charles Dickens, se prestan mejor que ninguna otra, a la visita de fantasmas pretéritos que ahuyenten la soledad.
Las 4 historias que contienen 2046, más que contarse a fragmentos o en paralelo, parecen inmiscuirse unas en el interior de las otras, como una matrioska rusa, que se abre y se cierra a conveniencia, que nunca explica su contenido de un modo obvio, literario o directo, sino que insinúa, se desliza, fluye con vehemencia entre sus personajes, ofreciendo poquísimas pistas al espectador, para que se oriente en este laberinto.
Pero lejos de inducir a la confusión, la estructura de 2046, su arquitectura interior, se arma en base a los vericuetos emocionales de sus personajes, y por eso convoca la intuición del espectador, para que este arme su propia película en su imaginación.
Para entendernos, su aparentemente caótica estructura, es una invitación a que sea el espectador el que ordene los episodios, estableciendo su propia estructura y cadencia.
Como los grandes artistas, Kar-wai quiere que el espectador se convierta en coautor de la película.
De tal modo que los episodios parecen inconclusos, cercenados casi, como si fueran a prolongarse en una aventura mayor que nunca llega.
Varias películas dentro de la película, y todas ellas quedan vivas en nuestro interior, y es nuestra decisión decidir, qué ocurrirá con ellos.
De todas las amantes que Chow Mo-wan ha tenido, hubo una que amo de verdad, pero ella no le correspondió, mas sin embargo, hubo una de ellas que lo amo apasionadamente, pero estaba vez, fue él quien no le correspondió.
El personaje interpretado por Tony Leung, que tampoco dejará indiferente a nadie, suscitará las peores apreciaciones y críticas, sobretodo del público femenino:
Es un engreído playboy, que parece tratar a las mujeres como mercancía para su disfrute.
Sin alejarse de esta consideración, ciertamente se trata de un canalla.
Chow es perfectamente consciente, y sobretodo consecuente con su forma de actuar:
Así, ni se justifica ni se disculpa su comportamiento.
Su forma de ser, es consecuencia directa de su pasado.
Simplemente, Chow ha renunciado al amor, si esto lo entendemos como dedicar exclusivamente el tiempo alguien a quien se ama, de manera desinteresada.
Esta es la reflexión sobre la que girará el mundo de Chow, a lo largo de la película, sobre las mujeres que aparecen en su vida, recogidas en su libro futurista “2046”, que no es otra cosa, sino una recapitulación de su pasado, y una búsqueda de la identidad personal.
Los que van a 2046, van huyendo de su pasado a un futuro donde no hay dolor, pues no hay secretos, ya que nada cambia.
Chow quiere cambiar, e inicia el viaje en el tren hacia 2046, para recuperar la memoria perdida, pero:
¿Logrará volver, si nadie lo ha conseguido hasta ahora?
Asimismo, “2046” es el título del relato futurista que Chow está escribiendo, cuya acción transcurre, precisamente, en ese mismo año.
En esta segunda ficción, trasunto de la primera, los protagonistas viajan sin retorno, a bordo de un tren ultramoderno, hacia un tiempo que promete haber conservado intacta la memoria, caso de ese joven nipón (Takuya Kimura) que persigue en una androide de reacciones retar¬dadas, lo mismo que anhela Chow, con idénticos resultados.
De este modo paralelo, va cobrando forma la paradoja que empuja a los personajes a huir hacia el futuro, para reencontrar un pasado idealizado que nunca volverá.
Amor y tiempo, como 2 coordenadas invisibles que marcan el destino:
Uno, determinado e irrepetible, y se cruzan en ese número mágico, estancia de hotel, emplazamiento en la ficción literaria, morada de recuerdos.
Toda esta maraña de episodios vitales y tormentas sentimentales, llevados con parejo tacto y expresión por los actores principales, se transforma, a efectos prácticos, en un puzle argumental de círculo cerrado, conducido por la voz “en off” de su protagonista masculino, que a menudo se desliza atrás y adelante en el tiempo, y donde el plano real convive con la fabulación.
No es difícil presentir, que en ese cuarto 2046, ocurrieron cosas mucho más íntimas que las que el señor Chow pretendió que pasaron.
Por eso, al volver a ver el número, no puede resistir la tentación de alojarse en las cercanías, como si, por ventura, por físico e imposible azar, la señora Chan llegara a ocupar ese cuarto, y la historia que ambos protagonizaron, volviera a empezar.
Una vez coincidieron:
¿No era posible que ocurriera otra vez?
Pero no, ella no aparece.
Wong Kar-wai, nos presenta sucedáneos, imágenes de mujeres que no son ella, pero en las que el señor Chow va a sumergirse, buscándola, esclavo de lo que pudo pasar, y nunca fue, para salir de nuevo a la superficie, y darse cuenta de que sigue estando solo.
Quizás ahora más que antes.
Desde lo técnico, la película está filmada con una obsesiva manía en los planos, y una puesta en escena indescriptible, que juega constantemente con el fuera de campo, superpone unas historias con otras, mezcla planos ralentizados con otros, en los que se nos escamotean los rostros de los protagonistas, tomados de espaldas a la cámara, o marginados en una esquina del encuadre.
Por encima de todo, Kar-wai mantiene una endiablada habilidad para mantener la atención del espectador sobre el más mínimo detalle, de cuanto está desarrollándose delante de sus ojos, que hacen de este film, una poesía en movimiento:
Transcurre en 1963, aunque visualizamos el pasado y el futuro.
Es decir, es una película con tiempos sugeridos, no con un tiempo determinado.
Porque el director se empeña en recordarnos, que estamos en la década del 60, por el vestuario y por los grises escenarios donde Chow va determinando el relato.
Pero también se empeña, con menos aciertos, en mostrar un futuro tecno/color/inteligente, no sentimental.
En apariencia, el tiempo avanza, pero quizás no sea exactamente así, si tenemos en cuenta que sus personajes no aprenden, y vuelven a sufrir los mismos desengaños:
Parece que olvidan con mayor facilidad, cuanto más intensamente aman, como esos androides ideados para dar amor a los viajeros del 2046, pero que no pueden satisfacer los anhelos más profundos que éstos precisan.
Como ellos mismas, los viajeros ya no creen en el amor, y lloran por una felicidad inalcanzable.
La película alterna la estética “noir”, con otra propia de la ciencia ficción, ofreciéndonos imágenes de singular y noqueante belleza, ensalzadas por la sublime fotografía de Christopher Doyle.
Esta mezcla de clasicismo y modernidad, deudora tanto del cine negro de los años 40, como de las manifestaciones publicitarias de finales del pasado siglo, es muy habitual en el realizador, que vuelve a mostrar su gusto por el ritmo aletargado y musical, el ralentí y el recargamiento y sobre encuadre de cada plano.
La imposibilidad de continuar en el amor, de concretar objetivos, objetivos/amores, es el leitmotiv en el cual Wong Kar-wai se sumerge lúcido, sin tropezar, y cuidadoso.
Porque la idea de la trama comenzó en 1997, cuando Hong Kong pasó de manos británicas a la soberanía de La China Comunista.
Durante 50 años, prometió China, nada cambiaría en estructura política y económica.
Esto lo llevó al realizador, a pensar el 2046, como un objeto para analizar, deducir, y opinar.
De la idea original, a lo que hoy vemos en pantalla, quizás no quedó nada, quizás está todo...
Porque pasaron muchos años, muchos actores, mucho montaje, y muchos países que actúan como fondo de esta obra que, seguramente, en el futuro será considerada un clásico del cine mundial.
El mayor logro de 2046, es la forma en la que rompe con la concepción convencional y absoluta del tiempo cinematográfico.
Se diría que Kar-wai comparte el pensamiento filosófico de Henri Bergson, al plantear un tiempo relativo que se deriva de la experiencia subjetiva del yo.
Es decir, no existen pasado, presente y futuro, como estadios sucesivos y yuxtapuestos, sino como un todo que se funde en nuestra conciencia.
El contacto físico con el espacio estático y concreto, es lo que nos lleva a parcelar y diferenciar los distintos tiempos, cuando en realidad se tratan de uno solo.
Este planteamiento, es captado y plasmado a la perfección por el director, mediante la reiteración visual y narrativa de motivos a modo de bucle:
Chow, vive anclado en un solo tiempo; un pasado que se proyecta hacia su presente y futuro.
Por cierto, otro detalle particular, es la utilización de distintas lenguas originales, cantonés, mandarín y japonés en los mismos diálogos.
Esto demuestra, una vez más, que el amor no conoce de fronteras ni de tiempo, ni de realidad.
Es pura fantasía.
Como saber qué pasará en el futuro, o qué pasó realmente en el pasado...
Cada personaje, habla su propio idioma:
Chow habla cantonés, Bai Ling habla mandarín, y Tak habla japonés, incluso cuando se habla entre sí; y aun así, parecen entenderse a la perfección.
Tony Leung, es el hombre maldito; Gong Li, el misterio; Faye Wong, la humana; Zhang Ziyi, la belleza encarnada, subyugante, y fascinante.
Pero son las interpretaciones del trío protagonista las que levantan aplausos, con una Gong Li en creciente notoriedad en el mundo de Hollywood, y una crecida Zhang Ziyi que no tienen desperdicio.
Tony Leung, está tan bien como de costumbre, con este personaje destructor y autodestructivo, como seductor en las cuestiones del amor, con un miedo al compromiso tan grande, que no logra salir nunca de 2046.
Pero ojo que 2046 es un homenaje a la mujer, y sobre todo esa mujer de la vieja guardia, que usa tacones, que se pinta los labios de rojo, a los que luego veremos chorreados tras un beso, y que llora por un hombre que no es uno.
2046, es de mujeres que lloran.
Lágrimas por amantes en la lejanía, con la vista en un punto perdido.
Hay 2 tipos de frases que se repiten toda la película, en distintas situaciones:
“Quédate conmigo” o “Ven conmigo”, petición condenada de antemano a recibir una negativa que ni siquiera necesita ser expresada.
Y “Duró poco”; “Ojalá hubiera durado más”, etc.
2046, es la tragedia de la precariedad del tiempo, de cómo el tiempo se nos va como arena de las manos, de cómo no podemos aprehender lo memorable en nuestras existencias.
Sólo queda vivir, y recordar.
Como también hay algo de fetichismo.
No puedo dejar de pensar en esos primeros planos de delicadísimos pies femeninos, con las uñas pintadas de rojo oscuro.
Hay fetichismo, deleite y a amor infinito a lo femenino en esos pies tan cuidados, en esos corsé armados y apretujados, en esos vestidos de tela metalizada, en esa maravillosa diversidad y colorido del vestuario de las mujeres.
Si podemos achacarle algo, es la historia, que la narrativa no es para cualquiera.
La banda sonora, es hermosa, además de las inevitables y suntuosas composiciones del habitual Shigeru Umebayashi, que crea otro tema central inolvidable de gran belleza; piezas de Zbigniew Preisner, como “Decision” de “Thou shalt not kill” de Krzysztof Kieślowski en “The Decalogue”; de Georges Delerue, “Julien et Barbara” de François Truffaut en “Vivement Dimanche!” (1983); o de Peer Raben, “Dark Chariot” de Rainer Werner Fassbinder en “Querelle” (1982); y “Sisyphos At Work” del film de Fassbinder “The Third Generation” (1979); mezcladas con los temas clásicos que forman parte de la memoria histórica del propio Wong Kar-wai, como “The Christmas Song” de Nat King Cole, “Perfidia” de Xavier Cugat, “Sway” de Dean Martin; el Adagio de Secret Garden, o la mara¬villosa aria “Casta Diva” de la ópera Norma, y la escena de la ópera Il Pirata, ambos de Vincenzo Bellini, una sinfonía de sonidos que se adaptan como un guante al lenguaje cinematográfico del director, hasta hacerse indisoluble de sus imágenes.
A destacar el matiz dado a las canciones en castellano, que parecen contener algo misterioso dentro de películas habladas en otro idioma.
Los 2 cover de la canción cubana “Siboney”:
El primero interpretado por Connie Francis, es intenso y pasional; y el segundo por Xavier Cugat, es elegante y distante.
Y en esta segunda interpretación, encontramos la definición de 2046:
Historias necesitas de alma y pasión, rodadas con una elegancia distanciadora de todos sus personajes.
Porque el cine de Wong Kar-wai, se proyecta en la memoria del espectador, siempre acompañado de su inseparable banda sonora.
“也許有一天,你逃避你的過去
如果你這樣做,找我”
(Tal vez un día escaparás de tu pasado.
Si lo haces, búscame)
El masoquismo del ser humano, es insorteable.
Durante toda la vida, somos esclavos de lo que pudo ocurrir, y nunca fue, tan mendigos de los recuerdos, como vasallos del olvido.
No es extraño que 2046 hable del amor, por supuesto, pero más que del amor, habla de la memoria, de la necesidad de tener un lugar donde guardar o esconder recuerdos, pensamientos, frustraciones, deseos inconfesables, sueños y esperanzas.
También podría decirse, que 2046 es una película sobre las promesas, sobre cómo podemos, en nuestra vana ilusión, pretender que las cosas puedan permanecer invariables, sin cambios, durante toda una vida, ese deseo tan humano de capturar un momento imborrable, y tratar de preservarlo para siempre.
Podrían decirse tantas cosas… como ser una película sobre promesas incumplidas, sobre amores imposibles, y sobre vidas destrozadas... en el presente vivido, en el futuro imaginado, o en el pasado recordado.
El eterno retorno, la fatalidad o el amor idealizado y no correspondido, hacen que la historia se repita, una y otra vez.
Y mientras más trates de olvidar algo, más se quedará en tu memoria.
Una vez oí que alguien dijo que, “si vas a perder a una persona, la mejor forma de conservarla, es mantenerla en tu memoria”
Esa persistencia de los recuerdos, nos atrapa y condena, impidiéndonos ser felices.
Nada cambia en la vida, porque seguimos siendo los mismos.
Y siguen sonando esos mismos boleros…

“愛是遲早的事”
(El amor es una cuestión de tiempo)



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