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Analista Cinematográfico y de Música Clásica.

jueves, 15 de junio de 2017

Orlacs Hände

“Tote Hände, die leben... und lieben... und töten!”
(Las manos muertas que viven... aman... ¡y matan!)

En la segunda década del siglo pasado, la corriente artística conocida como “expresionismo alemán”, sentó las bases de lo que después llegaría a ser el cine policíaco y fantástico de la actualidad.
En dicho periodo se crearon numerosas obras que han permanecido grabadas en la retina de varias generaciones.
Sin duda alguna, la fuerza de éstos clásicos del cine, es su original argumento.
En 1920, el escritor francés, Maurice Renard, escribió su novela más conocida, “Les Mains d’Orlac”, mientras Robert Wiene filmaba “Das Kabinett des Dr. Caligari”
Y 3 años después, Sigmund Freud publicaba “Das Ich und das Es” o “El yo y el ello” mientras Louis Nerz preparaba el guión para la adaptación cinematográfica de la novela de Renard.
La proximidad de estas obras, no es casual, y revela el esfuerzo del arte, y de la ciencia, en adentrarse en las profundidades del inconsciente humano.
El horror del cuerpo, el horror biológico, el horror orgánico o el horror visceral, es la ficción de horror en la que el horror se deriva principalmente de la degeneración gráfica o la destrucción del cuerpo físico.
Tales trabajos pueden tratar la descomposición, enfermedad, parasitismo, mutación o mutilación.
Otros tipos de horror corporal, incluyen movimientos antinaturales o la colocación anatómicamente incorrecta de extremidades para crear “monstruos” de partes del cuerpo humano.
El trasplante de órganos, es un tema común en la ciencia ficción y la ficción de terror.
Numerosas películas de terror presentan el tema de las partes del cuerpo trasplantadas, que son malvadas o dan poderes sobrenaturales, con ejemplos que incluyen partes del cuerpo:
Manos de un extraño, y el ojo.
Los trasplantes de órganos de donantes que no quieren oponerse a la eliminación de sus órganos, son un tema recurrente en la ficción distópica.
Esto es el eje central del horror corporal:
El terror de ver nuestra humanidad desmoronarse a un nivel tanto físico como intelectual, o emocional, el morbo de observar a uno de nuestros pares sucumbir ante ese lado predatorio, animal y primitivo de una criatura sin una inteligencia “humana”
Así, el horror corporal inyecta un elemento más dramático al género del terror.
Un elemento de angustia, donde un ser humano normal, deja de serlo mientras nos plantea que nosotros no seríamos mejores en esas circunstancias.
“Melodie... oder Mord in diesen Händen?”
(¿Melodía... o asesinato en estas manos?)
Orlacs Hände es una película de terror austriaca, del año 1924, dirigida por Robert Wiene.
Protagonizada por Conrad Veidt, Alexandra Sorina, Fritz Kortner, Carmen Cartellieri, Fritz Strassny, Paul Askonas, entre otros.
El guión es de Louis Nerz, basado en la novela “Les Mains d’Orlac” (1920) de Maurice Renard.
Renard fue un escritor francés, especializado en la fantasía, la ciencia ficción y la novela policíaca; y esta novela es un ejemplo temprano del tema del horror del cuerpo en la ficción.
En la novela, el pianista Stephen Orlac, sufre un accidente ferroviario que le da graves lesiones en la cabeza, y le priva de sus manos.
El famoso y controvertido Doctor Cerral, le entrega nuevas manos, trasplantadas de un asesino recién guillotinado.
Posteriormente, Orlac comienza a preguntarse, si se ha convertido en un Mr. Hyde, que ha heredado las proclividades criminales de su donante a través de sus manos; pues parece que sufre de alucinaciones, y se hunde en la depresión.
Su esposa intenta salvarlo, pero la pareja está atrapada en una espiral de conspiración, misterio y crimen.
Orlacs Hände fue una de las primeras películas en presentar el motivo, a menudo recurrente en películas posteriores, de manos con voluntad propia, vinculada o no a un cuerpo, así como los temores populares alrededor del tema de los trasplantes quirúrgicos, en los días antes de que tales procedimientos fueran posibles.
El director de origen alemán, Robert Wiene, tuvo a bien dirigir esta surrealista producción; donde la paranoia y la traición, sumergen al espectador en un mar de sentimientos contradictorios.
No es difícil imaginar la conmoción que generaban este tipo de producciones en la estricta sociedad de la época; con frecuencia, eran censuradas, e incluso destruidas obras de gran calidad.
Orlacs Hände no fue para menos, y tampoco se salvó de la implacable cercena.
Desde que se dio por finalizada, tuvieron que pasar varios meses de dificultades burocráticas para poder ser distribuida con normalidad.
Las Juntas de Censura en Alemania y Austria, prohibieron a los adolescentes ver la película, a pesar de no mencionar los elementos sólo para adultos en su revisión; y fue retirada poco después de su estreno en Berlín, por la autoridad de censura de la ciudad.
El Ministerio del Interior de Sajonia, presentó una solicitud el 10 de enero de 1925, solicitando que la película sea censurada, ya que “...es probable que ponga en peligro la seguridad pública y el orden...
Basado en una evaluación realizada por La Oficina del Fiscal Provincial de Dresde, El Gobierno de Sajonia no considera oportuno dar a conocer públicamente las disposiciones y los instrumentos internos de la policía criminal, en particular en relación con la toma de huellas digitales, ya que ello dificultaría la lucha contra la delincuencia.
La representación de los medios que permiten al criminal aniquilar sus impresiones, y engañar a la policía, es altamente inadecuado”
La solicitud de censura fue rechazada por La Inspección Superior, ya que un experto de la sede de la policía en Berlín, cuando interrogado por ello, describió el contenido “especialista” como poco realista.
Hasta ahora, no había experiencias en toda Europa de la falsificación de huellas digitales por el uso de impresiones de cera, o técnicas similares, dejando a un lado cualquier otro método de falsificación de estampados.
La Inspección admitió que, si Orlacs Hände hubiera mostrado un método realista de forjar huellas dactilares, si alguna hubiera existido, habría planteado cuestiones de seguridad pública, pero concluyó que lo que se mostró en la película, era pura fantasía.
Orlacs Hände finalmente se liberó para su estreno general poco después; y fue lanzada en los Estados Unidos durante los 3 años después de su estreno original en Austria y Alemania.
Un carrete entero, fue editado para su importación a los EEUU, incitando una recepción crítica mezclada en el país.
Comercialmente, y con éxito crítico,  Orlacs Hände continúa siendo una de las películas producidas en Austria, más aclamadas críticamente.
Sin embargo estuvo incompleta durante décadas, debido a que hubo imágenes que nunca llegaron a ser montadas, y grabaciones estadounidenses que habían sido cortadas, debido a la censura de los grabados alemanes.
La versión original, tenía 2.507 metros de largo, el equivalente a 92 minutos.
La versión reconstruida, es de 2.357 metros de largo, lo que corresponde a unos 90 minutos.
El 11 de enero de 2001, ARTE publicó una versión reconstruida en 1995, por el Bundesarchiv-Filmarchiv de Berlín, Friedrich-Wilhelm-Murnau-Stiftung, y el Deutsches Filminstitut, con la cooperación de Jugoslovenska Kinoteka en Belgrado.
Esta versión, tenía nueva música de Henning Lohner, y también se le dio ruidos de fondo y los efectos sonoros de una escena de interrogatorio, que no fue universalmente aprobado.
Desde entonces, la película se ha mostrado en muchos festivales del cine por todo el mundo.
Otra versión fue lanzada en DVD por Kino Lorber, en 2008, basada en la reconstrucción de 1995, y restaurada por Bret Wood, con una partitura del compositor Paul Mercer, y otras imágenes cortesía de The Raymond Rohauer Collection en Columbus, Ohio.
Filmarchiv Austria, ha restaurado la película con material de sus archivos; y se estrenó en Konzerthaus Wien, el 13 de junio de 2013, como parte del Festival de Música de Viena, con una nueva partitura del compositor estadounidense Donald Sosin, interpretada por el compositor al piano, y Dennis James en el órgano Rieger.
La película restaurada a su longitud original, es la de 1995, hecha por F.W. Murnau Stiftung.
En 1996, fue reevaluada en su clasificación, y restrenada, pero aún con un límite de edad.
Orlacs Hände fue filmada en los estudios de Listo-Film en Viena, por la productora Pan-Film.
Los escenarios fueron construidos por los arquitectos cinematográficos y constructores de conjuntos y decorados:
Hans Rouc, Karl Exner y Stefan Wessely.
Ésta es, pues, una película que indaga en un terror no tanto físico, fantástico o sobrenatural, del que renuncia en su desenlace final; sino de un terror que surge del interior de la mente, el único lugar donde puede alojarse el verdadero infierno.
La acción sigue a Paul Orlac (Conrad Veidt), un pianista famoso, felizmente casado, y potencialmente exitoso, cuando pierde ambas manos en un accidente ferroviario.
Los médicos deciden trasplantarle las manos de Vasseur, un asesino condenado a muerte.
La operación es un éxito, pero desde ese momento, el pianista comienza a verse embargado por impulsos criminales:
Tiene pesadillas, y ve el rostro de un hombre que cree que es Vasseur...
El protagonista entra entonces en posesión de ese “otro” que ahora es parte de él mismo; y es torturado por la presencia de un cuchillo que encuentra en su casa, similar al utilizado por el asesino, y cree que junto con sus manos, también ha adquirido su predisposición para la violencia; por lo que comienzan los ataques de pánico, miedos irracionales, y temores a dañar todo lo que toca, desde el piano hasta su esposa.
Objetos extraños y cartas amenazantes aparecen en su casa, lo cual acrecienta su creencia de haberse convertido en una persona predispuesta a matar.
Todo se complica, cuando su padre (Fritz Strassny) es asesinado, y supuestas pistas conducen a que fueron sus manos, las autoras del crimen…
Orlacs Hände es un “thriller” psicológico con elementos de “body horror” sobre la confusión del yo, y del otro.
La precariedad psicológica de Orlac, es el resultado de percibir la transformación física de su propio cuerpo.
El trastorno neurológico que padece el protagonista, conocido hoy en día como “Síndrome de La Mano Ajena” ejerce una terrible fuerza que lo orilla a descuidar su mayor pasión:
El piano.
Esta impresionante película, transmite una tensión muy fuerte que pocas cintas hoy logran, ya sea porque representa las cosas muy realistas, y de paso la fotografía y el “silencio”, le da una sensación terrible de pesadilla.
Una película indispensable del expresionismo alemán, que sirve para completar la cosmovisión de este cineasta que luego debió exiliarse ante el avance del nazismo, que truncó en parte sus años maduros, definitivamente terminó el 1938, cuando murió de cáncer.
Y no solo es un clásico del expresionismo, si no parte de la historia del cine.
Muy en el fondo, Orlacs Hände aborda el fenómeno al que Sigmund Freud había denominado como “lo siniestro”
Para él, el “Umheimlich” o “lo siniestro”, es una presencia inexplicable, ajena y terrorífica, en tanto que invade nuestra “intimidad”; es decir, su presencia se nos hace familiar, aunque no es parte de nosotros.
Orlacs Hände es pues, una reflexión sobre el papel del inconsciente, de los deseos y del arte en la sociedad surgida tras el desastre de La Primera Guerra Mundial.
“Um dir so nah zu sein, ist mehr Glück, als ich je gewusst habe”
(Estar cerca de ti de esta manera es la mayor felicidad que he conocido)
La novela “Frankenstein; or, The Modern Prometheus” (1818) de Mary Shelley, marcó un antes y un después en La Literatura Universal, y por qué no decirlo, también en el imaginario colectivo.
Esta novela fue la primera que abordó desde una perspectiva que podríamos llamar “moderna”, “científica”, el tema de la bioética.
A partir de entonces, llovieron las novelas sobre científicos locos, malvados o simplemente pasados de la raya, dedicados a monstruosos experimentos que juegan con el cuerpo humano, traspasando los límites de lo que el hombre debería saber, y en última instancia, son una amenaza contra la humanidad.
A una escala mayor, se trata también del miedo atávico que la sociedad siente contra los científicos, habida cuenta de que cada nuevo invento, pareciera cortar oportunidades de trabajo, y aún negar nuestra propia esencia.
Es un temor bastante explicable, por cierto, porque es cosa de ver todo lo que ha conseguido la ciencia en un par de siglos, para ponerse a retemblar acerca de qué pasa si todo eso cae en malas manos.
Pero volviendo al tema de la bioética, resulta que un novelista retrofuturista llamado Maurice Renard, que escribía ciencia ficción cuando el engendro literario ni siquiera pensaba en llamarse así, escribió una novela en la que se hace un pequeño experimento “frankensteniano”, metiéndole las manos de un asesino en serie muerto, a un pianista vivo, y entonces, el pianista empieza a identificarse cada vez más con el asesino.
Porque sabemos que las dichosas manos no son sólo un conjunto de células que en otro término estarían muertas, pero que aquí portan consigo la esencia del mal, del mismo modo a la creencia que si le tomas la fotografía a un nativo, le succionas el alma, etc.
Pero en esos tiempos, la idea causaba espanto y pavor.
Lo suficiente como para que Robert Wiener, director bien instalado en El Olimpo del cine mudo, se interesara en su adaptación.
El resultado es una de las joyas del cine expresionismo alemán.
La impecable dirección de Wiene, una fotografía oscura y una lograda y ominosa ambientación de pesadilla, con considerable onirismo, provoca la inquietud en el espectador.
Mención especial merece la excelente fotografía a cargo de Hans Androschin y Günter Krampf.
Avanzados a su momento en varios lustros, muestran un nivel de calidad superior a lo acostumbrado en aquel periodo.
Es destacable la atmosfera que crea la utilización de algunos escenarios acusadamente góticos, como la casa del padre de Orlac, o la taberna que sirve de encuentro con el asesino devuelto de la tumba.
La austeridad de los interiores, favorece considerablemente a esta cuestión, porque incrementa la soledad de los personajes… en fin, es precisamente en ellos y en sus tragedias o alegrías, en los que se concentra en esta ocasión el director.
Y sobre todo, son las manos, las que se convierten en el principal protagonista de la obra, incluso por encima de quien las lleva consigo.
El filme juega con el claroscuro, para crear las tensiones psicológicas, inundando de sombras cuando es necesario.
Además, introduce numerosos elementos que tienen relación con el mundo esotérico, y que eran bastante habituales en los cineastas expresionistas del cine alemán de los años 20.
No es casual la inclusión de numerosos elementos que aparecen en la película con una importancia llamativa, caso más claro, el de la estatua clásica en una importante secuencia.
Así pues, 4 años después de “Das Kabinett des Dr. Caligari” (1920), Robert Wiene vuelve al expresionismo, no tan acusado, y nos conduce por un viaje al interior de una mente intelectualmente avanzada, como es la de un genio del piano, que se vuelve paranoica y psicótica, hasta el punto de incapacitarlo por completo, y llegar a arruinar su vida.
El argumento nos presenta a un músico, pianista de reconocido prestigio, Paul Orlac, quien tras volver de un concierto, acaba perdiendo la herramienta de trabajo más valiosa que posee, sus manos.
En una operación quirúrgica, el Dr. Serral (Hans Homma), decide trasplantarle unas manos de un cadáver, aquí aparece la figura del científico loco, que se irá repitiendo con fuerza en los filmes de género posteriores.
Desgraciadamente, este cadáver es en realidad un asesino ejecutado pocos días antes, y al enterarse, Orlac empezará a obsesionarse con la posibilidad de convertirse él mismo, en uno de ellos.
Evidentemente, esto revertirá en su situación familiar, y la relación con su esposa, Yvonne (Alexandra Sorina), se verá afectada de la manera trágica.
Cometeríamos un error, si tratáramos de analizar la película desde una perspectiva racional.
Evidentemente es absurdo pensar que por tener las manos de otra persona, esto pueda inducirnos a cometer crímenes, y transferir la personalidad del otro.
Pero la propia película se aleja de la ciencia, para acercarse a la fantasía y al terror.
De hecho, es el personaje quien se empieza a preocuparse, una vez que se ha enterado a quien pertenecían las manos, es decir, se sugestiona a sí mismo.
El proceso que emprende la película, mostrando su locura y decaimiento, es aterrador, y alcanza cotas de gran calidad, donde el proceso irá “in crescendo”
Orlacs Hände está considerada como una de las prototípicas del cine expresionista alemán, y ciertamente reúne numerosas características que nos permiten aseverar tal afirmación, como el tema del doble, una constante en el expresionismo alemán; una estética esquizofrénica, que juega con los contrastes de luz y sombra; y un argumento delirante, que toca el terror en numerosos momentos.
El realizador, Robert Wiene, emplea primeros planos para resaltar la importancia del cuerpo en la ejecución de la música:
Primero, es una visión, por momentos fetichista, de las manos del virtuoso pianista; después, las manos del asesino son mostradas para distraer al espectador, para hacernos pensar que el origen de los malévolos deseos de Orlac, provienen de la carne muerta que le fue añadida a su cuerpo, cuando en realidad, la maldad proviene de la mente enferma del pianista.
Wiene, ensambla lo que sería uno de los pilares del “thriller” psicológico, alcanzando cotas muy vanguardistas para la época, las mismas que serían explotadas más adelante con Hitchcock, Stanley Kubrick, Martin Scorsese, David Lynch y Roman Polanski, entre otros.
En esta ocasión, son las manos, pero en otras, hasta los artefactos más triviales son capaces de trastornar por completo la capacidad mental y emocional de los seres humanos.
El tema del doble, simbolizado con las manos trasplantadas, convierte a nuestro personaje, poco a poco, en un sociópata.
El inicio mismo de la película, es el texto de una apasionada carta donde Orlac, que se encuentra lejos dando un recital de piano, recuerda a su esposa que falta apenas un día para el reencuentro, en el que subraya el deseo de tocarla con sus manos.
Mientras ella espera las caricias prometidas, y llena de flores los espacios sombríos, nos enteramos a través del montaje paralelo, de que ha ocurrido un choque de trenes.
El drama se desencadena al comprobar que uno de los pasajeros es Orlac, y sus manos han quedado destrozadas.
Ante la desesperación de su mujer, el cirujano decide trasplantarle las manos de alguien que acaba de morir, Vasseur, un asesino.
El dilema del protagonista, es doblemente abismal:
La parte fundamental para el ejercicio de su arte, ha sido reemplazada por la de un extraño.
Pero lo peor no es eso, sino que esas manos han cometido un abominable crimen.
Los dilemas morales y la angustia, siguen “in crescendo” pero el desarrollo del guión reserva sorpresas que cambiarán radicalmente la perspectiva.
Esto se consigue sin apelar a la magia, sino a un discurso racional, donde se justifica cada una de las nuevas e inesperadas líneas argumentales.
Estos argumentos funcionan como en los cuentos de Edgard Allan Poe:
El horror es menos horrible si se puede entender, explicar, es una de las formas por las que Wiener se inclina para atenuar tanto dolor y escepticismo.
No expliquemos lo inexplicable...
Es mucho más atractivo, y aquí es aterrador.
Otro punto substancial que se discute inherentemente en esta obra, es el de los trasplantes, una cirugía que en aquellos tiempos se encontraba en pañales, y que recién se experimentaba con animales.
Era lógico entonces, que se tejieran mitos e historias de terror referentes a las posibles consecuencias que entrañaría este tipo de operaciones; y no tardarían en surgir cuantiosos temas literarios y cinematográficos que hicieran referencia a los peligros ficticios que la gente comenzaba a imaginarse.
¿Acaso las manos del homicida siguen vivas en su cuerpo, y actúan por voluntad propia fuera de su consciencia?
Orlacs Hände en el fondo, representa el pánico a la castración; o sea que para el pianista, perder sus manos, equivale perder su hombría.
Las manos, son fuente de inspiración para plasmar el arte musical, son fuente de expresión de ternura del esposo para con su esposa, pero a la vez, son fuente de temor y terror por tratarse de algo que no le pertenece.
De este modo, Wiene aborda el tema psicológico que tan de moda se hallaba en sus tiempos:
El Hombre es capaz de verse afectado negativamente por un elemento netamente material, que en su mente lo convierte en algo traumático.
Las dudas torturan a Orlac, tanto despierto como dormido; quiere a toda costa averiguar las incidencias acerca de la ejecución de aquel criminal, y él solo se perjudica haciéndose la idea que es incapaz de tocar nuevamente el piano, que su grafía está cambiando sola, o que si acaricia a su mujer, le producirá algún daño.
Espeluznante y a la vez radiante, es la escena en la que vemos a Orlac entrando como un sonámbulo en la sala de su casa, con los brazos alzados horizontalmente, y las manos que aparentemente lo están jalando y obligando a desviarse del piano.
Es quizás en este punto, en el que Wiene quiso equiparar a Orlac con el Cesare del Dr. Caligari con mayor énfasis; ambos manipulados por el miedo, y obligados por una fuerza que ellos mismos han creado, a cometer actos de los cuales están destinados a arrepentirse, si bien el sino del pianista es más reconfortante.
Pocas veces queda tan bien revelado un argumento, sin mediar ningún tipo de diálogo; y resulta sorprendente la claridad comunicativa y el innovador trabajo técnico, que atesora la cinta de Robert Wiene.
El director, sorprende al elegir este sendero, basándose en la intensidad de los primeros planos de los actores, convenientemente maquillados, y teniendo para ello, un aliado de excepción en la intensa labor realizada por un admirable Conrad Veidt, que vive en carne propia la tortura interior de sentir que sus manos no solo no le pueden permitir prolongar su andadura musical, sino que ante todo, están revestidas del mal que provenía de su auténtico propietario, el asesino Vasseur, de quien fueron amputadas tras su ejecución, y trasplantadas a este tras el accidente.
Ya desde el momento en que el pianista se reencuentra con su esposa en la cama del hospital, en una secuencia extraña y sutilmente de carácter sexual; comprobándose la mejora de su estado físico, la visión de un siniestro rostro, atormentará ese instante de felicidad.
Una vez retorne a su vivienda, Orlac sentirá que con sus manos no podrá tocar a nadie y, muy especialmente, a su amada esposa.
Es a partir de esos momentos, cuando de manera muy sutil, el entramado dramático aparece con un trasfondo, mostrando la imposibilidad del accidentado, de poder prolongar la normalidad de las relaciones con su esposa, entre ellas por supuesto, la sexual.
Y se da sobre todo tras la operación, cuando Orlac le pregunta al doctor:
“¿Cree usted doctor, que mis manos podrán volver a tocar?”
Sin ánimo de hacer el típico chiste… estableciendo una metáfora entre las manos y el órgano sexual masculino; y es cuando se recrudece el drama que atenazará al protagonista, que será mostrado con un sentido del tempo notable por su realizador.
Producida en Viena, la cuna del psicoanálisis, Orlacs Hände nos plantea el conflicto freudiano entre “el ello”, representado por las manos de Paul Orlac, y “el superego”, simbolizado en la conciencia del reconocido pianista.
También, encontramos otras referencias freudianas, como la figura represora y dominadora del padre, los lapsus, los actos fallidos, y los sueños.
Orlac desciende a los infiernos, en la búsqueda de su “yo”, intentando resolver ese doloroso conflicto freudiano, en el que sus manos parecen dominar a su mente, y ese infierno está representado por las sombras angulosas e irreales del expresionismo alemán con algunos destellos de lo que posteriormente será el Kammerspielfilm.
Tras el accidente, la vida de Paul Orlac cambia radicalmente:
Sus dificultades para volver a tocar el piano, para triunfar de nuevo en la sociedad, representan así mismo, otro concepto freudiano, la imposibilidad de sublimación de los deseos reprimidos, a través del arte.
Ese componente dramático, primordial en la película, irá acompañado de forma progresiva de un aspecto de suspense, e incluso pinceladas “fantastiques”, que muy pronto se irían incorporando a la película; la progresiva aparición de ese extraño ser, que en un momento determinado, trabará contacto con el pianista, la escenografía y la propia descripción que ofrecen tanto el criado y el propio padre de Orlac, cuando su esposa acuda allí, desesperada para implorar ayuda económica, ya que la ausencia de conciertos de su marido, los ha llevado a la ruina, la secuencia de los acreedores detrás de esta, es sin duda reveladora de un modo de narrar bastante singular, desmarcándose del resto del film.
Poco a poco, se irá formando una maraña de casi irrespirable presencia, que Wiene sabrá dominar, sino con mano maestra, si con un considerable sentido de la progresión, propiciando una densidad al relato que en última instancia, se erige como una de sus cualidades más destacables.
A partir de esa querencia por el uso del primer plano, la expresividad en la gestualidad esgrimida por Conrad Veidt, o el alcance bizarro que proporciona la presencia de ese extraño ser, que supuestamente es el asesinado Vasseur, y que se presentará tras el criminal asesinato del padre de Orlac...
Todo irá confluyendo en una extraña maraña de acontecimientos y sensaciones que sobrepasarán la capacidad de comprensión de su protagonista, llegando este a entregarse, y relatar tanto el asesinato que ha descubierto, como sobre todo, el encuentro con ese extraño ser, que se define como Vasseur.
Es a partir de este instante, y cuando uno de los responsables policiales le da la oportunidad de volver a reunirse con dicho misterioso ser que porta una especie de protección en sus brazos, y una ostentosa cicatriz en la garganta, señales de la amputación de sus manos y de la guillotina a la que ha sido sometido; cuando Orlacs Hände se inclina por el relato policíaco, perdiendo el atractivo fantástico, y la intensidad que hasta entonces había adquirido, y terminando de manera fácil y abrupta.
Esos recorridos por las estancias en decorados caracterizados tanto por su sobriedad, como por el uso de sombras y contraluces, la inquietud que se ha encontrado presente en el sufrimiento vivido por el pianista y su esposa, perderán un cierto grado de fuerza, al descubrirse la patraña que había vivido este por parte de un conocido delincuente, que lo quería extorsionar, llegando no solo a ser el criminal del padre del pianista, sino a implicar en su momento al propio Vasseur, que fue ejecutado siendo inocente, un aspecto de enorme calado sobre el que la película pasa de puntillas, la justicia fallida.
Del reparto, para el personaje de Orlac, la productora contó con Conrad Veidt, un curtido actor poseedor de una prolífera carrera de marcada relevancia internacional; y aquí repitió colaboración con Wiene.
Veidt, realiza una interpretación de acentuada profundidad psicológica, y consigue que el bueno de Orlac, sea un personaje creado para perdurar en el tiempo.
Para reflejar todo el tormento interior, se nos muestran unas interpretaciones especialmente descarnadas y teatralmente exageradas, el trabajo de Conrad Veidt es espectacular, pues se especializó durante el cine mudo, en parte a interpretar estos personajes mentalmente inestables, y cumple a la perfección con el papel, siendo terrorífico, y a la vez empatizando con el espectador, que se compadece de su suerte.
Grandísimo trabajo, donde sus gestos tan expresivos, no necesitan si quiera subtítulos, y su personaje, que termina poseído por el miedo y la pena, es de órdago.
Así como Alexandra Sorina, como la devota esposa que parece seguir el mismo camino que su marido, pero por otros motivos, precipitándose hacia la tragedia.
La trama alquímica con ese final tan bien resuelto, deja a uno muy buen sabor de boca, aunado a la gran química de sus actores principales.
De las escenas impresionantes, están sin duda alguna:
El choque de trenes, con error, ya que no editaron bien, y se ve que pasan de lado, pero lo que vale es verlos acercarse rápido; y las pesadillas de Orlac que no quedan muy lejos de la realidad cuando alguien delira, con ese brazo gigante que hostiga al hombre en sus pesadillas…
A resaltar la escena en la que Orlac regresa a casa para volver tocar inútilmente el piano, y en la que acude de nuevo al médico mostrando sus manos, y suplicándole que se las arranque.
Algo para criticarle al film, es que es demasiado largo para lo que nos quiere contar, pero es entendible, ya que se basa en lo gestual y en el desarrollo de la locura.
El cine mudo, no es para cualquiera, pero para incursionar en este, hay que ver Orlacs Hände.
Así, por encima de algunas de sus debilidades, lo importante es valorarlo y apreciarlo como ese intenso drama psicológico de implicaciones incluso freudianas, que propone en cuanto a la imposibilidad de la continuidad de la sexualidad en la pareja protagonista, antes que en esa historia de terror.
“Der erschreckende Alptraum eines Mannes, der sich mit Händen fühlt, die er nicht kontrollieren kann!”
(¡La pesadilla aterradora de un hombre que se encuentra con las manos que él no puede controlar!)
¿Pueden las manos dominar a la mente, al corazón?
¿Qué haríamos sin las manos?
Probablemente muy poco o nada.
Quizás fueron nuestros grandes y jugosos cerebros, los que nos permitieron salir de la sabana africana, inventar la civilización, y conquistar el mundo, pero esos grandes y jugosos cerebros, no hubieran servido de nada sin buenos manipuladores capaces de crear herramientas, hundir espadas en el pecho de otros, y apretar botones rojos conectados a silos de misiles balísticos intercontinentales...
¿Qué pasaría, si la relación se invirtiera, si las manos se apoderaran de la mente, y la dominaran?
Y más interesantemente aún:
¿Qué pasaría si eres una persona de buen vivir, bien apegado a las costumbres sociales, que de pronto tuviera la ocasión de liberar sus más bajos instintos, porque tus manipuladores no te responden?
Orlacs Hände no sólo es pionera en tratar este tema, sino que también le da probablemente el mejor acabado sobre el tema que vemos en el cine.
En la realidad, en 2016, en El Reino Unido, un hombre de 57 años se convirtió en la primera persona en recibir un trasplante de manos.
Chris King, había perdido estas extremidades en un accidente laborar hacía 3 años.
El paciente, que en el accidente laboral perdió sus manos con excepción de los pulgares, afirmó que ya experimenta algo de movimiento, y calificó la donación de “formidable”
La cirugía se realizó en el hospital Leeds General Infirmary, en el norte de Inglaterra.
El médico, Simon Kay, experto en cirugía plástica del centro médico de Leeds, fue el responsable de esta operación, la primera en que se trasplantan 2 manos a un solo paciente.
De momento, solamente 85 personas en el mundo han recibido trasplantes de manos y brazos, por lo que sigue siendo una intervención poco común; al tiempo que son cirugías complicadas, pues como un trasplante común, no producen un resultado uniforme en todo el mundo.
Sin embargo, en los últimos años ha habido avances científicos y tecnológicos en esta área.
Por otra parte, El Síndrome de La Mano Extraña o Síndrome de La Mano Ajena (SMA), también llamado Síndrome de La Mano Alienígena o Síndrome del Dr. Strangelove, debido al personaje homónimo del filme “Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” (1964); es un trastorno neurológico poco frecuente, que se caracteriza por la presencia de movimientos involuntarios e incontrolables en uno de los miembros superiores, además de una sensación de “personificación”, o al menos de extrañeza con relación al mismo.
Descrito por primera vez en 1908, por el médico alemán, Kurt Goldstein, el síndrome es común en pacientes sometidos a una comisurotomía.
La comisurotomía, es una operación quirúrgica consistente en la sección del cuerpo calloso de un sujeto, normalmente dejando otras comisuras más pequeñas intactas, de forma que se impida la comunicación entre los 2 hemisferios cerebrales.
Esta operación, produce el fenómeno conocido como “cerebro dividido”, en el que cada hemisferio actúa de forma más o menos autónoma, aunque sigue habiendo entre ellos señalización cruzada.
También puede ocurrir luego de neurocirugías, en personas con accidente cerebrovascular, infecciones, neoplasias, aneurismas o en pacientes con enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Creutzfeldt-Jakob.
El paciente del SMA, puede sentir tacto en la mano, pero cree que no es parte de su cuerpo, y que no posee control sobre sus movimientos.
Las “manos extrañas” pueden realizar actos complicados, como abotonar y desabotonar una camisa.
A menudo, el paciente no es consciente de lo que su mano realiza, hasta que llama su atención…
Los pacientes del SMA, a menudo personifican el miembro independiente, por ejemplo, creyendo que se encuentra “poseído” por algún espíritu, y puede pelear o castigarlo en su intento por controlarlo.
Los movimientos involuntarios, aparentemente intencionados, de la mano afectada, pueden llegar a entrar en conflicto con el miembro opuesto, y en ocasiones, pueden incluir el uso inadecuado de un objeto; puede que el miembro ajeno intente causar algún daño al propio individuo, o a otros.
Los movimientos del miembro ajeno, que en ocasiones pueden llegar a ser controlados, se ven incrementados en situaciones de fatiga o ansiedad, así como en situaciones en las que el sujeto presta una menor atención.
Existen diversos subtipos de SMA, asociados con tipos específicos de daño cerebral.
El daño al cuerpo calloso, puede producir acciones involuntarias e inteligentes en la mano no dominante del paciente, por ejemplo, en el caso de una persona diestra, su mano izquierda aparentará cobrar vida propia; mientras que un daño en el lóbulo frontal, puede provocar acciones involuntarias e inteligentes en la mano dominante.
Daños en la corteza cerebral, pueden provocar movimientos involuntarios, aunque descontrolados, de cualquiera de las manos del paciente, y movimientos más complejos de la mano extraña, son generalmente asociados a tumores cerebrales, aneurisma o golpes.
Se cree que el SMA, resulta de la desconexión entre las distintas partes del cerebro con control sobre el cuerpo.
Como resultado, diferentes regiones del cerebro, son capaces de controlar los movimientos corporales sin ser conscientes de lo que están haciendo las otras partes del cerebro.
No existe actualmente, ningún tratamiento conocido para el SMA, aunque los síntomas pueden ser reducidos ocupando “la mano extraña” con alguna tarea, por ejemplo, sosteniendo con ella algún objeto.
En el cine, la historia de Orlac y sus manos injertadas, han sido objeto de múltiples “remakes” a lo largo de los años; y ha tenido 2 “remakes” directos:
“Mad Love” (1935) con Colin Clive y Peter Lorre, dirigida por Karl Freund; y “Les Mains d'Orlac” (1960) con Mel Ferrer y Christopher Lee, dirigida por Edmond T. Gréville.
Además de esto, ha inspirado otras películas:
“Hands of a Stranger” (1962) más directamente; “The Beast with Five Fingers” (1946), “The Hand” (1981), dirigida por Oliver Stone; y “Les Mains de Roxana” (2012), dirigida por Philippe Setbon, y protagonizada por Sylvie Testud como Roxana Orlac, violinista que recibe las manos de un criminal que se suicidó.
También inspiró un segmento de la antología de películas de terror de 1965, “Dr. Terror's House of Horrors”, y un episodio de la serie de televisión de Rod Serling, “Night Gallery”
La película de 1960, también inspiró varias secuelas; sin olvidar que Orlacs Hände se rodó 27 años antes del primer trasplante de órganos realizado en el mundo.
Por aquel entonces, todo lo relacionado con este tipo de operaciones era muy misterioso y sobrenatural, por tanto, no es insólito el enorme impacto mediático que obtuvo.

“Eine neue, eine seltsame, eine begabte Persönlichkeit!”
(¡Una personalidad nueva, extraña, dotada!)



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