Frenzy

“I don't know if you know it, Babs, but you're my type of woman”

Alfred Hitchcock, decidió regresar a su Inglaterra natal, después de 25 años de ausencia.
Y Frenzy, es un regreso, en gran forma, al estilo que fuera la marca de fábrica del Maestro del Suspense; si bien no es tan original, pues parece un reciclado de sus trucos y temas habituales, es sin dudas, el mejor filme de la última etapa de su carrera.
Frenzy, fue la 3ª película que Hitchcock hizo en Gran Bretaña, después de que él se mudara a Hollywood en 1939.
Los otros 2 trabajos fueron:
“Under Capricorn” (1949) y “Stage Fright” (1950)
Y es que Frenzy, fue el gran retorno de Hitchcock, después de una de las mayores crisis creativas de su carrera.
Para entender lo que supuso una película como ésta, en su momento, hace falta remontarnos a principios de los 60, cuando el director británico, se encontraba en la cima de su trayectoria, había abandonado el género policial que tantas satisfacciones le había deparado, y se había embarcado en un par de desastrosos flirteos con el cine de espionaje, que estaba de moda, a partir del éxito de la saga de “James Bond”
Por lo que Frenzy significó, el retorno a las raíces del Maestro del Suspense.
“You can inform Mrs. Blaney that one of her less successful exercises in matrimony has come to see her”
Frenzy es una película británica de 1972, del género de suspense, dirigida por Alfred Hitchcock.
Protagonizada por Jon Finch, Barry Foster, Alec McCowen, Anna Massey, Barbara Leigh-Hunt, Billie Whitelaw, Bernard Cribbins, Vivien Merchant, Jean Marsh, Michael Bates, Clive Swift, entre otros.
El guión es de Anthony Shaffer, basado en la novela “Goodbye Piccadilly, Farewell Leicester Square” (1966) de Arthur La Bern; que cuenta la historia de Bob Rusk, un asesino en serie de Londres, que viola y estrangula a las mujeres.
Debido a las pruebas circunstanciales, sin embargo, la policía llega a sospechar del amigo de Rusk, Richard Blamey.
El título de la novela, está tomado de una línea de una canción de “music hall” llamada:
“It's a Long Way to Tipperary” compuesta por Jack Judge y Harry Williams, como homenaje a la ciudad irlandesa de Tipperary, de donde Jack Judge, era originario.
El germen de Frenzy, sin embargo, se encuentra en un proyecto anterior, conocido como “Kaleidoscope”
Éste, data de mediados de los 60, y es tristemente famoso, por ser uno de los proyectos de película, no realizados, más famosos de la historia del cine.
En aquel contexto, Hitchcock estaba fascinado por las nuevas corrientes cinematográficas europeas, y se había propuesto realizar la película más transgresora y radical de su carrera:
Un crudo retrato de un psicópata sexual, que contendría escenas con desnudos, y violencia explícita, y que además, él pretendía realizar con un estilo muy moderno, en la línea de lo que se hacía en Europa.
Hitchcock luchó durante varios años por llevarlo adelante, poniendo en juego su carrera, y su reputación, ya que tal y como estaba concebida, era una película tan brutal, que los productores temían que el público fuera incapaz de aceptarla.
El director, llegó incluso a ofrecerse a realizarla, con un presupuesto bajísimo, y actores desconocidos, renunciando a su sueldo si hacía falta, pero la continua negativa de los productores, le hizo rendirse...
A principios de los 70, llegó a sus manos, una novela llamada “Goodbye Piccadilly, Farewell Leicester Square” (1966), cuyo argumento le hizo recordar ese antiguo proyecto frustrado.
Rápidamente reconoció en ella, todos los ingredientes necesarios para hacer una gran película “hitchcockiana”, y aunque ya había descartado por completo, el realizar una obra tan brutal como “Kaleidoscope”, Frenzy acabó siendo, la versión menos brutal, y más comercial de ese proyecto fracasado.
Por su parte, el autor Arthur La Bern, expresó su descontento con la adaptación de su novela, en una carta al editor de The Times; más significativamente, porque mientras Hitchcock la ambientó en la década de 1970, la novela original, tiene lugar poco después de La Segunda Guerra Mundial.
Frenzy se rueda en Inglaterra, en exteriores del Covent Garden, Oxford Street, Puente de Londres, etc., y en los platós de los Pinewood Studios, en Londres.
La acción inicia en las aguas del Támesis, cuando aparece el cadáver de una mujer desnuda, y estrangulada con una corbata a rayas.
La mujer presenta, además, síntomas de violación, y otras señales que hacen sospechar, que el asesino es un maníaco sexual.
Luego vemos a Richard Ian “Dick” Blaney (Jon Finch), un antiguo oficial del Royal Air Force (RAF), veterano de La Segunda Guerra Mundial, pero que es un bueno para nada, que ha sido despedido de su trabajo; por lo que decide acudir a su ex esposa, Brenda Margaret Blaney(Barbara Leigh-Hunt), en busca de algún auxilio económico.
Pero después de irse de la agencia matrimonial que regentea su mujer, Robert “Bob” Rusk (Barry Foster), amigo de Richard, llega al lugar, y estrangula a la mujer con una corbata.
Las sospechas recaen rápidamente sobre Richard Blaney, acusándolo de ser el psicópata serial, conocido como “el asesino de la corbata”
Ahora Richard, deberá huir de la policía, mientras intenta probar su inocencia; pero Bob Rusk, ha decidido tenderle un cerco de pruebas falsas, que lo incriminan sin lugar a dudas.
Hitchcock consiguió un gran film con Frenzy, donde mostraba la psicología de un psicópata sexual, un hombre impotente, que adoraba y amaba a las mujeres, y que la única forma de conseguir el placer, era estrangularlas.
Además, el director muestra su placer por la comida, ya que parte de la historia, está basado en el mercado de Covent Garden, lugar donde iba de pequeño a comprar.
También, el tratamiento de esta, y la relación del detective Oxford (Alec McCowen) con su esposa (Vivien Merchant), la señora que no cocina muy bien, recuerda a la pareja de Hitchcock y señora, así la comida está presente en todo el metraje.
Hitchcock, más que ningún otro director del cine clásico de Hollywood, conversa con el espectador, y no sólo nos hace partícipe, como piezas fundamental para elaborar pensamiento dentro de Frenzy, sino que construye un salón de espejos, en el que entramos para enfrentarnos con nuestros reflejos.
“Mr. Rusk, you're not wearing your tie”
Frenzy consiguió resucitar al Maestro del Suspense, y volver a deleitar a su público, con una obra genial, y que además, fuera auténticamente “hitchcockiana”
La clave fue, ni más ni menos, que servirse de sus temas preferidos, y adaptarlos a un estilo moderno.
Con un reparto, y un equipo técnico felices de poder trabajar para una leyenda viva, el rodaje discurrió relajado, y lleno de cordialidad.
La trama se centra en un asesino en serie, en el Londres contemporáneo.
Sin embargo, en una escena, muy al inicio, hay un diálogo que menciona 2 casos reales, de asesinatos en serie de Londres:
Los asesinatos de John Reginald Halliday Christie, en la década de 1950; y los asesinatos de “Jack, The Ripper” en 1888.
Con Frenzy, Hitchcock volvería a las temáticas, que más lo habían definido, las que habían sacado lo mejor de él, y que tanto éxito y reconocimiento de público le dio, y ahora parecía que gracias a los cinéfilos europeos, también de crítica, le habían proporcionado:
El falso culpable, y el asesino en serie; pero ahora con un deseo de ser explícito, y brutal; quería mostrar sin cortapisas, toda la violencia de los crímenes; y sin dejar de lado ese tercer factor común a muchas de sus películas:
Su exacerbado, y formidable sentido del humor.
Durante los primeros minutos, el director juega con el espectador, al que trata de confundir, mostrándole al protagonista, como un tipo fácilmente irritable, y con problemas económicos, que bien podría ser el asesino.
De hecho, en su primera aparición, lo vemos frente a un espejo, anudándose una corbata, idéntica a la que portaba la mujer hallada en el río.
La duda permanecerá, hasta que asistamos a uno de los crímenes.
Curiosamente, el que entonces se nos revela como el verdadero psicópata, es un personaje que, con anterioridad, había sido presentado como un zalamero y próspero hombre de negocios, que vive junto con su madre; así pues, bien sabía el director, que las apariencias engañan…
Un falso culpable, un psicópata sexual, que además resulta ser una persona simpática, y mucho humor negro.
Estaba claro que éste era un material para Hitchcock, y el maestro no decepcionó.
Lo interesante de Frenzy, está en que, en esta ocasión, el director británico se atrevió a tratar estos 3 temas típicos en él, hasta extremos inimaginables, comenzando por un protagonista, que es el antihéroe personificado, no solo es un perdedor, sino que cae mal al espectador:
A los pocos minutos, le vemos sucumbiendo a varios accesos de rabia, e incluso discutiendo, irritado con su exmujer Brenda, cuando ésta le trata con suma amabilidad.
De hecho, todos los actores, en Frenzy, eran actores de teatro; como dato curioso:
Michael Caine fue la primera opción de Hitchcock, para el papel de Rusk, el antagonista principal, pero Caine pensó, que el personaje era asqueroso y dijo:
“No quiero ser asociado con él”
Vanessa Redgrave, rechazó el papel de Brenda, y Helen Mirren rechazó el papel de Babs Milligan, que años más tarde, se arrepentiría.
El clásico cameo de Alfred Hitchcock, siempre presente en sus películas, ocurre al inicio, como un transeúnte que se detiene a la orilla del Támesis, para ver el rescate de un cuerpo.
Sin embargo, el momento que llama más la atención en Frenzy, por su increíble crudeza, es el asesinato de Brenda:
Durante esta escena, conocemos que Bob Rusk es “el asesino de la corbata”, y si la revelación de por sí es impactante, más lo es, el que Hitchcock no dude en mostrar la violación, y su posterior estrangulamiento, sin concesiones.
La brutalidad del momento, se complementa con una puesta en escena, y un montaje magistral, que resuelven un momento bastante delicado, en cuanto a tratamiento.
La escena se detiene en el tiempo y en el espacio.
Vemos a la secretaria subir al despacho, esperamos su grito que no llega… y por fin, cuando aparecen en pantalla los testigos, y no antes, se oye el esperado, y desgarrador grito, que estremece al espectador, a pesar de estar esperándolo.
Y es que Frenzy, fue la primera en toda la historia del cine, en mostrar escenas violentas, macabras, horrendas, de lo que es una violación sexual; siendo además, la única película del director, donde aparecen desnudos; excepto en la escena final, ya que a todas las actrices se les dobló.
El dato más curioso de Frenzy, es el exceso de desnudez que contiene:
Es como si Hitchcock hubiese querido ponerse a la moda con el destape que estaba comenzando en el cine de Hollywood, rompiendo los tabúes del horripilante Código Hays, un proceso que había comenzado con “Bonnie & Clyde” de Arthur Penn, en 1967.
Y Hitchcock consigue que entendamos que, incluso la mayor atrocidad, puede suceder a nuestro lado, sin que no demos cuenta…
El desarrollo del asesino, es interesante, el planteamiento desde la esencia del mismo, desde el punto de vista de estudio, es un personaje que actúa por instinto, por un odio incalculable al sexo opuesto, por “el frenesí” de sentir a alguien morir entre sus manos, de que la maldad crece por reacción y acción, pero que a veces, es simplemente una psicopatía natural, como para indicar que la maldad viene del hombre naturalmente.
Por ello, y debido a la lógica relajación de la censura en los años 70, Hitchcock se muestra más explícito que nunca, en las escenas de sexo, y violencia.
En cualquier caso, en ningún momento abusa de ello, optando casi siempre por “mostrar” lo que acontece “en off”
Para el segundo asesinato, opta por el efecto justamente contrario:
Una de las elipsis más hermosas, por su desarrollo, y al mismo tiempo, horribles por lo que oculta; del cine.
Rusk, sube al apartamento con la que será su siguiente víctima, y justo antes de entrar, le dice la fatídica frase que pronunció antes de violar a Brenda:
“¿Sabes?
Eres mi tipo de chica”
Y la cámara, en lugar de seguirles hasta el interior del piso, se retira discretamente, y baja lentamente por las escaleras, hasta llegar a la calle.
No es necesario que nos muestre lo que está sucediendo, porque lo sabemos perfectamente.
Mientras la vida sigue su curso en el exterior, en el interior de esa casa, una inocente está perdiendo su vida.
El contraste entre el tenebroso silencio del interior del edificio, con el bullicio de la calle, no hace más que remarcar la fatalidad del destino de esa nueva víctima.
No hemos visto nada, pero el escalofrío que provoca, es mucho mayor que si lo hubiésemos hecho.
Porque sobre eso gira uno de los 2 discursos más importantes de Frenzy, del monstruo mimetizado entre la masa.
Y para transmitir más y mejor esa asociación de cotidianeidad y atrocidad, nada mejor que las fantásticas, y descojonantes sesiones de cocina francesa del inspector y su esposa, en las que marido y mujer, debaten sobre la investigación del crimen.
Otro elemento típicamente “hitchcockiano”, su característico sentido del humor, especialmente el humor negro, que en plenos años 70, puede permitirse explotar hasta niveles antes no permitidos:
Los oficinistas, comentando los crímenes con la misma sencillez y sentido del humor, que si estuvieran hablando del partido del día anterior.
Rusk peleándose con el cadáver en el camión de patatas, viéndose obligado a romperle los dedos para recuperar su alfiler.
El político del inicio, que anuncia que limpiará el río de desechos, momentos antes de que aparezca un cadáver…
Sin embargo, los elementos humorísticos, están especialmente concentrados en unas deliciosas escenas, que fueron añadidas expresamente por el director, en que el inspector Oxford de Scotland Yard, comenta los avances de la investigación a su esposa, mientras come.
En realidad, la inclusión de estos momentos, que no aparecen en la novela, sirve para hacer avanzar más cómodamente la trama, y tener al espectador informado sobre los pasos de la policía.
Hitchcock, fue lo suficientemente inteligente como para utilizarlos, también para crear una pequeña y divertida subtrama, en que el inspector Oxford, debe enfrentarse a los incomibles platos que cocina su esposa, quien está haciendo un curso de cocina sofisticada…
Por supuesto, esto nos lleva a una de las claves de Frenzy:
La comida, que está íntimamente relacionada con el sexo, y la muerte.
Continuamente, los crímenes del “asesino de la corbata” giran alrededor de la comida:
Rusk hace continuas referencias a la escasa comida de la señora Blaney, antes de asesinarla y, después de cometer el crimen, devora la fruta que ha quedado en la mesa.
El inspector Oxford, hace referencia a la necesidad de cazar al asesino, “antes de que se le abra el apetito”
Rusk, esconde uno de sus cadáveres, en un camión de patatas.
Y todas las deliberaciones sobre el proceso de investigación, se hacen en la mesa de los Oxford, mientras el inspector intenta comer a duras penas, las “exquisiteces” de su mujer.
Es interesante, la relación entre comida y sexo, a la que se hace alusión continuamente durante todo el metraje:
El mismo asesino trabaja con la fruta, se desenvuelve entre fruta y verdura en algunos de sus crímenes, grita la palabra “delicioso” varias veces durante el acto, y su primer gesto tras cada asesinato, es comerse una manzana, símbolo del pecado original.
Las cómicas y satíricas escenas del matrimonio, y la “alta cocina francesa”; o el continuo movimiento de cajas y camiones de fruta y verdura, que se da a cada momento, donde muchos de los productos, no son otra cosa que zanahorias, pepinos, manzanas... todo ello se combina con una recurrente atención al desnudo femenino, algo que no se había podido hacer en sus otros films, debido entre otras cosas, a la censura de la época.
Cabe destacar, en la producción, que en la primera escena, tuvieron problemas para coordinar que el helicóptero, desde donde se grabó el inicio de Frenzy, pasase por debajo del Tower Bridge, pues por lo visto, hay una prohibición; y se tuvo que trucar el final de la escena, aparentando mediante un zoom, la sensación de pasar por debajo.
Lo que no gustó a muchos de Frenzy, son los primeros planos de las muertas, que resultaron ser muy exagerados, y dan un poco la risa…
Pero hay que destacar, ese conseguido ambiente de vida cotidiana, de una autenticidad insuperable, que desde “Rear Window” (1954), Hitchcock no había hecho.
Destacar también, como el movimiento de cámara, tan bien trabajado, demuestra y contrasta la tragedia de un crimen, con el alegre fluir de la vida en la calle.
También, en ese mismo sentido de lo cotidiano, destaca la corbata, como ese objeto cotidiano, que pasa a ser objeto de suspense.
Muy propio de Hitchcock eso, como ya hizo por ejemplo, con una caja de cerillas en “North by Northwest” (1959), o el vaso de leche en “Suspicion” (1941)
“These days, ladies abandon their honor far more readily than their clothes”
Frenzy fue el gran retorno de Hitchcock, a su Londres natal, donde no había rodado íntegramente una película, desde “Stage Fright” (1950); y no solo fue un retorno a su ciudad, sino que además, el director se esmeró en retratar el aroma, auténticamente londinense, o más exactamente, el aroma de un Londres, que en realidad ya no existía.
Más que un retrato fiel de su época, es la visión personal y nostálgica de un Londres que, por aquel entonces, el director había comprobado que estaba desapareciendo.
Este era el contexto en el que Hitchcock, el hijo pródigo, el director “poco serio” de los 40s, regresó a su tierra natal.
Ese mismo año de 1971, mientras filmaba Frenzy, Hitchcock y su esposa, serían recibidos con bombos y platillos, en el mismísimo Covent Garden, donde el pueblo británico, echaría la casa por la ventana, para celebrar los 50 años de trabajo artístico, de su ahora hijo predilecto.
Hay que suponer, que Hitchcock estaba muy consciente de esta situación, y que entusiasmado, y halagado por tantas alabanzas y homenajes, se dejó tentar por la idea de participar en el acto, la tentación de todo pervertido, y hacer de Frenzy, otra pieza de coleccionar para su egolario.
Y es que tan solo el inicio de Frenzy, parece ser la mejor manera de interpretar esa regreso triunfal, ese saludo majestuoso, que anuncia el regreso del Maestro del Suspense a su hogar, y a sus orígenes.
Así pues también, Frenzy fue en muchos sentidos, la gran despedida de Alfred Hitchcock.
Aunque aún rodaría una película más, la notable y curiosa “Family Plot” (1976), es en Frenzy, donde encontramos “el canto del cisne” del director, una obra en que vuelve a su tierra natal, y recopila los temas de su filmografía, poniéndolos al día en cuanto a estilo, demostrando que a sus más de 70 años, seguía siendo uno de los más grandes cineastas del mundo.
Pocas veces en la historia del cine, un director de tan avanzada edad, ha conseguido facturar un retorno, con todas estas características, de una forma tan acertada, como lo hizo Alfred Hitchcock en Frenzy, y por tanto, es uno de los últimos golpes que dio un director que moriría 8 años más tarde; que a pesar de encontrarse en el invierno de su carrera, logró salir adelante con una película que atribuiríamos a un ambicioso director, de no más de 30 años.
Así las cosas, Frenzy es la justa mezcla de ímpetu, y más de 40 años de experiencia, en tener a la audiencia, al borde de su asiento.

“Do I look like a sex murderer to you?”



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