Wedding Wars

“Equal righst NOW!”

En la actualidad, el debate sobre la legalidad y los alcances del matrimonio entre personas del mismo sexo es uno de los más agitados y dinámicos del mundo occidental.
Los opositores a la reforma del Código Civil opinan que la unión de un hombre y de una mujer es la única definición de matrimonio (argumento semántico), en tanto que es la base para la procreación (argumento procreativo)
Arguyen que esta definición ha existido por milenios (argumento tradicionalista) y corresponde a su esencia objetiva, distinguiéndola del resto de pactos de protección mutua con carácter indefinido.
Alegan que alterar los fundamentos del matrimonio basándose en casos límites equivale a convertir la excepción (v.g., la esterilidad, aunque esto sería discutible en el caso de las lesbianas) a la regla; mientras que equiparar uniones heterosexuales y uniones homosexuales en cuanto a su fundamento sentimental y amoroso (subjetivo) permitiría luego extender la institucionalización estatal del matrimonio a cualquier otro tipo de relación de pareja, tal como ya se hizo con los matrimonios interraciales o interreligiosos.
En contrapartida, incorporar a los derechos económicos y sociales, nuevas libertades positivas ('derechos a') emanadas de este tipo particular de uniones actuaría en contra del bien común, esto es, obligar a los individuos a subsidiar a las parejas del mismo sexo, que de este modo, adquieren un privilegio especial, ya que el matrimonio heterosexual tiene el potencial de procrear, lo que afecta directamente a la sociedad.
El límite, por tanto, se halla desde el punto de votar el argumento iusnaturalista liberal, en un principio de Orden Natural; es decir, que la reproducción posibilita la continuidad de la especie y que esto es, sin duda, bueno para la sociedad.
Por lo tanto, instituir nuevos subsidios sociales es retrasar la perspectiva de la definitiva liberación de los individuos.
Los sectores que apoyan el matrimonio del mismo sexo, impugnan dichas críticas, al tiempo que sostienen que no existen razones suficientes que justifiquen privar de la protección que brindan el sistema jurídico o el aparato estatal, a los matrimonios entre personas del mismo sexo, sin incurrir en una forma de discriminación; esto es, la diferenciación injustificada.
Éstos rechazan el argumento semántico, por su circularidad o tautología, el argumento procreativo, por su parcialidad, ya que las leyes que prohíben el matrimonio entre personas del mismo sexo no prohíben el matrimonio entre ancianos o personas estériles, y el argumento tradicionalista, por su desconexión con los principios sociales y éticos admitidos, e indican que la reforma sobre el matrimonio para incluir los derechos de los homosexuales es una cuestión de igualdad ante la ley.
Se cree que la única tradición que sostiene actualmente la discriminación es la religiosa, puesto que todas las ideologías políticas parten del principio de igualdad ante la ley; además, impedir el acceso al matrimonio de cualquier persona supone abrir una brecha entre los derechos que posee como nacional de un Estado, que son todos, y sus derechos ciudadanos, que en ese caso se verían reducidos.
Posiblemente por esa distorsión, una considerable parte de la sociedad occidental opina que es necesario que se permita casar a los gays y lesbianas, de modo que tengan los mismos derechos que las parejas heterosexuales.
La idea de que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un privilegio al tratarse de realidades diferentes es refutada por los que argumentan que en derecho la simple diferencia no es válida si no se demuestra que ésta es relevante para ameritar un trato jurídico diferente.
Ya que todos somos iguales o diferentes a los demás, en alguna dimensión.
Generalmente, el matrimonio otorga muchos derechos que las parejas de hecho no reciben, incluso cuando esta institución de las parejas de hecho figura regulada por el ordenamiento jurídico positivo.
Según los países, esta diferencia de derechos abarca materias tales como inmigración, seguridad social, impuestos, herencia, y la adopción de niños.
Además, separar a las parejas en dos tipos de instituciones, una para las uniones de distinto sexo, matrimonio, y otra para las uniones del mismo sexo, parejas de hecho, se considera, por quienes defienden la institución del matrimonio homosexual, discriminatoria, ya que estiman que está en línea con el general rechazo que provocan las fórmulas «separate but equal», que en el pasado justificaron la segregación por razón de raza.
Wedding Wars es una película estadounidense del género comedia con tintes dramáticos para televisión del año 2006 dirigida por Jim Fall.
El guion está escrito por Stephen Mazur.
Protagonizada por John Stamos, Eric Dane, Bonnie Somerville, Sean Maher, James Brolin, entre otros.
Wedding Wars es una producción realizada para la televisión, y que fue estrenada en “Arts & Entertainment Network” en Diciembre de 2006.
Wedding Wars recibió gran cantidad de publicidad previa anunciando que dentro del estilo de una comedia serviría como reivindicación a favor de las bodas del mismo sexo.
El director Jim Fall declaró que la intención, a la hora de escribir el guión, había sido el estrenar la película en cine, pero que “Arts & Entertainment” se había hecho con los derechos de distribución considerando que Wedding Wars no encajaría demasiado bien en la gran pantalla debido al estilo de su cinematografía.
Al mismo tiempo se consideró que contando con dos actores conocidos como John Stamos, a punto de comenzar su trabajo en “ER”, y Eric Dane que había comenzado a trabajar en “Anatomía de Grey”
Por su parte Jim Fall había adquirido fama por su película independiente “Trick”, estrenada en 1999.
La idea de Fall era humanizar la cuestión de igualdad de derechos, pero teniendo bien claro que su propósito era entretener, intentando ganar a la audiencia a través del humor y la humanidad.
La producción adquirió especial sentido para Fall, ya que se casó con su pareja Juan King, en una de las localizaciones del rodaje en Canadá.
Wedding Wars tuvo una recepción positiva, y Stamos llegó a aparecer en la portada de “The Advocate” para promocionar la película.
Cabe destacar que Wedding Wars fue una de las primeras películas televisivas en tratar el tema del matrimonio gay.
La trama gira en torno a Shel Grandy (John Stamos), quien se dedica a organizar fiestas, por tanto acepta organizar la boda de su hermano Ben Grandy (Eric Dane) con Maggie Welling (Bonnie Somerville), hija del gobernador de Maine Conrad Welling (James Brolin)
Pero cuando Shel descubre que su hermano, quien es el director de la campaña de reelección del gobernador, está detrás del discurso del gobernador contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, decide declararse en huelga por la igualdad de derechos.
La huelga de Shel va ganando adeptos a lo largo y ancho del país y la boda de su hermano queda en manos de una organizadora de fiestas que convierte todo en un desastre, lo que hace que la boda esté a punto de suspenderse.
Wedding Wars mantiene determinadas virtudes, como el saber enviar un mensaje de tolerancia a un público heterosexual.
Para ello hace uso de actores populares que consiguen convencer en su vena más humorística.
Cabe destacar a John Stamos que hace grande su papel de homosexual, no porque sea un excelente actor, sino por la creíble actuación que hace de su situación.
John Stamos realiza una buena labor cómica al mismo tiempo que construye un personaje con el que dicha audiencia, bien sea homosexual o heterosexual, pueda identificarse, y hacia el cual pueda sentir simpatía.
Por otro lado Wedding Wars tiene sus dosis de momentos hilarantes, que consiguen despertar la sonrisa de este espectador.
La temática me pareció original pues pocas veces he visto películas que traten el tema del matrimonio homosexual, y menos siendo producidas para un estreno en televisión con la intención de captar la comprensión de una audiencia diferente.
El problema con Wedding Wars es que el humor comienza siendo inteligente, pero a medida que avanza se torna más bien basado en clichés que para el año de estreno están más bien obsoletos.
No me gustaron las referencias a una comunidad gay “estereotipada” que se pone en huelga, siendo está compuesta por floristas, peluqueros, o diseñadores.
Varios aspectos como la relación de los hermanos, o la cruzada a favor del matrimonio homosexual, me parecieron poco desarrollado, incluso si consideramos que se trata de una comedia.
También cabe señalar que decidido a reconciliar a su hermano y su prometida, Shel irrumpe en las preparaciones de la nueva coordinadora de boda para arreglar sus estilismos estereotipadamente gays, reconciliándose con su pareja en el proceso y tras eso, nuevamente, catalogan a floristas, maquilladores, etc. señalando q los gays son más q simplemente eso...!!!
Bueno, el ser fiscal…
La mayoría de gays son abogados, médicos o lo mas queer…
Todo lo anterior.
En fin, lo que importa es que la postura basada en la "democracia directa" entiende que el matrimonio homosexual es nulo e ilegal a no ser que haya sido aceptado por una mayoría simple de votantes o por sus representantes electos, o sea por la vía legislativa.
Por contra, desde el punto de vista de los derechos civiles se mantiene que, tras examinar detenidamente ambos lados de la controversia, un poder judicial imparcial, en confirmación de sus deberes constitucionales, debería decidir si el derecho al matrimonio independientemente del género de los contrayentes es una cuestión garantizada constitucionalmente.
En general, las consecuencias legales que el matrimonio tiene en las parejas del mismo sexo cuando obtienen las licencias de matrimonio y son respetadas por el estado en el que viven son indistinguibles de las consecuencias legales que el matrimonio tiene en cualquier otra pareja bajo la ley estatal.

“Gays On Strike!”


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