A Quiet Place

Terminando de ver “A Quiet Place” (2018) de John Krasinski con Emily Blunt, John Krasinski, Millicent Simmonds, Noah Jupe, Cade Woodward, Leon Russom y Doris McCarthy.
Película de terror sobrenatural y de supervivencia, sobre una familia que debe de enfrentar a seres de otro mundo que cazan por el sonido.
Con $17 millones de presupuesto, ha recaudado más de $300 millones en taquilla, con una premisa muy buena, que obliga al espectador a enfrentarse a una nueva forma de terror, y a poner atención al ruido que resulta fatal; contiene demasiados hechos que se pasan por alto durante el desarrollo de la historia, como los ruidos naturales del cuerpo humano, la misma respiración agitada, y el latido del corazón; o bien la misma electricidad, etc., más allá de las referencias notorias a películas de terror similares, donde lo que aterroriza no se ve, llama la atención el papel de los padres que hacen lo que sea por cuidar de sus hijos, o bien, la parte feminista, que ante el peligro, una mujer decide tener un hijo cuando el mínimo ruido le puede costar la vida a ambos, o el papel del niño “feminista”, que al final es el encargado de proteger al bebé, cuando las mujeres son las que dan batalla.
Técnicamente novedosa, con el actor tirado a director en su tercer proyecto, donde casi no hay dialogo, con el uso del sonido para generar terror, aun cuando los sustos están diseñados para tales efectos, el filme se deja ver con la reflexión que, aún contra todas las probabilidades, hay que hacerse sentir, y eso puede relacionarse perfectamente con la política. Sin pocos elementos, no obstante la trama deja muchos incógnitas que no le importa resolver, es decir, las criaturas…
Del reparto, todos destacan la manera en que tratan de expresarse a través del lenguaje de señas, pasando por muchos registros; y como curiosidad, la actriz Millicent Simmonds es sorda desde la infancia debido a una sobredosis de medicamentos; y el dispositivo que usa, no es un audífono, sino un implante coclear, es decir, ella tiene una pérdida auditiva neurosensorial, lo que significa que su oído interno ha sufrido algún tipo de daño; por tanto, el implante traduce vibraciones en el aire en impulsos nerviosos que el cerebro percibe como sonido.
Eso me parece muy interesante desde el punto de vista científico, pero hubiera funcionado mejor sin subtítulos, que sea el espectador quien viva una experiencia más inmersiva.
Lo peor es que viene secuela, evidentemente “no se mata la gallina de los huevos de oro” y hay que darle pelea a los bichos.
En definitiva, este es un experimento no visto desde la OBRA MAESTRA “Плем'я” (The Tribe – 2014) o la misma “Hush” (2016) solo que aquí, “si te oyen, te cazan”
RECOMENDADA.



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