Die Entführung aus dem Serail
Terminando de ver “Die Entführung aus dem Serail, KV 384” (1782), una comedia en III actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart, y libreto en alemán de Gottlieb Stephanie, quien adaptó otro libreto de Christoph Friedrich Bretzner; la obra está cantada en “singspiel”, lo que significa que gran parte de la acción progresa a través del diálogo hablado, de manera que la música carece de recitativos, y está formada totalmente de números. Mozart desarrolló en esta obra el tema “turquesco”, tópico en tierras de habla alemana, y especialmente en Austria; y ese “toque turco” lo consigue utilizando instrumentos propios de la música militar turca, como címbalos, platillos, triángulos... a Mozart todo esto le divertía muchísimo, y su ópera recibió con esta “música turca” un cierto sabor especial, y muy buen recibimiento.
La acción tiene lugar en El Palacio del Pachá Selim, en algún lugar de la costa mediterránea de Turquía, hacia el siglo XVIII; donde el héroe hará todo lo posible por rescatar a su amada del Serrallo; gracias a la ayuda de un aliado, que también buscar rescatar a su amor. Ambos vivirán muchas peripecias en el camino.
Esta producción es de 2002, con Eva Mei, Rainer Trost, Kurt Rydl, Patrizia Ciofi, Mehrzad Montazeri, Markus John, entre otros. Zubin Mehta dirige la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino, y el coro lo dirige José Luis Basso; grabada en vivo en el Teatro della Pergola de Florencia, Italia, por George Blume; y creada a raíz del 9/11, donde se nota que el director de la obra, Eike Gramss, manipula delicadamente los sentimientos anti-musulmanes de su libreto:
Para los personajes nobles, se centra en la interioridad, usando el silencio, miradas matizadas, y una reflexión trágica para dar profundidad a su caracterización; y para los personajes sirvientes, desvía los resbalones del diálogo con la fisicalidad.
Sobre los cantantes, notar que los personajes cantan según su origen social:
La pareja noble canta de modo serio; Blonde y Pedrillo tienen una música más popular; y finalmente, por la mezcla de música occidental con momentos “a la turca”; donde las presentaciones vocales son una delicia.
Trost tiene una voz ágilmente agradable y ligera, y es un tenor musical muy capaz. La encantadora Ciofi cautivó, y Mei está ciertamente en la cima de su arte, diabólicamente difícil, y gloriosamente canta su espectacular aria de coloratura.
El veterano Rydl se divierte como Osmín, y qué grande que es en escena, tanto que se roba la mayoría de las escenas descaradamente, y con todo derecho, es una delicia; y se debe mencionar la actuación autoritaria de Markus John como Pachá Selim; sin olvidarme del glorioso cocodrilo, una adición bienvenida, ya que ayuda a controlar cualquier dificultad en la trama, por ser tan obviamente, un dispositivo de pantomima, donde el bicho se mueve, abre y cierra sus mandíbulas, y termina sentado frente al coro, inmóvil en ese punto, ya que no hay nada más que decir cuando el final feliz está a la vista.
Como producción, grabada en vivo, el diseño del escenario es un triunfo, con todas esa hermosas y coloridas pantallas que hacen que te sientas realmente en Turquía; y en el fondo sugiere con claridad y economía un entorno árabe al margen del mar; incluso tenemos la perspectiva artificial de una vista al mar con la luz de La Luna brillando sobre las olas, y un barco navegando a lo largo del horizonte.
Notar que el sonido es bueno, y la cámara funciona de forma inteligente, pero no intrusiva ni exigente.
La mejor noticia es que las 2 horas y 15 minutos se van rápido, porque la obra es una gozada gracias a los actores en una producción muy actual, que celebra ese elemento del “vaudeville”, a modo de un entretenimiento cómico desenfrenado con ese decorado que se compone de grandes paneles deslizantes que cambian de posición y patrones, para proporcionar un flujo eficaz y sin problemas de ubicaciones estilizadas; tanto que están fuertemente modelados con coloridos cuadros y mosaicos, dando un recordatorio omnipresente del tema turco; sin olvidarse del vestuario, tan hermoso como detallado, son apropiadamente extravagantes.
En el fondo, se sabe que El Emperador de Austria, mecenas de Mozart le dijo:
“Escríbanos una ópera alemana propia, Herr Mozart”, en un intento por romper el monopolio de “las baratijas italianas”; y el resultado fue de hecho un “singspiel” verdaderamente alemán, pero uno mezclado con la locura que barría Viena en ese momento, por todas las cosas turcas; y con esta obra, Mozart pudo demostrar, cómo los grandes temas universales del amor y el perdón, podían presentarse en un estilo cómico, que atraería a las masas; y así ha sido en 236 años.
Al final, El Emperador cuando oyó la obra, se quejó a Mozart diciéndole:
“Demasiado refinada para nuestros oídos, y demasiadas notas, mi querido Mozart”
Mozart replicó:
“Sólo las precisas, Majestad”
La acción tiene lugar en El Palacio del Pachá Selim, en algún lugar de la costa mediterránea de Turquía, hacia el siglo XVIII; donde el héroe hará todo lo posible por rescatar a su amada del Serrallo; gracias a la ayuda de un aliado, que también buscar rescatar a su amor. Ambos vivirán muchas peripecias en el camino.
Esta producción es de 2002, con Eva Mei, Rainer Trost, Kurt Rydl, Patrizia Ciofi, Mehrzad Montazeri, Markus John, entre otros. Zubin Mehta dirige la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino, y el coro lo dirige José Luis Basso; grabada en vivo en el Teatro della Pergola de Florencia, Italia, por George Blume; y creada a raíz del 9/11, donde se nota que el director de la obra, Eike Gramss, manipula delicadamente los sentimientos anti-musulmanes de su libreto:
Para los personajes nobles, se centra en la interioridad, usando el silencio, miradas matizadas, y una reflexión trágica para dar profundidad a su caracterización; y para los personajes sirvientes, desvía los resbalones del diálogo con la fisicalidad.
Sobre los cantantes, notar que los personajes cantan según su origen social:
La pareja noble canta de modo serio; Blonde y Pedrillo tienen una música más popular; y finalmente, por la mezcla de música occidental con momentos “a la turca”; donde las presentaciones vocales son una delicia.
Trost tiene una voz ágilmente agradable y ligera, y es un tenor musical muy capaz. La encantadora Ciofi cautivó, y Mei está ciertamente en la cima de su arte, diabólicamente difícil, y gloriosamente canta su espectacular aria de coloratura.
El veterano Rydl se divierte como Osmín, y qué grande que es en escena, tanto que se roba la mayoría de las escenas descaradamente, y con todo derecho, es una delicia; y se debe mencionar la actuación autoritaria de Markus John como Pachá Selim; sin olvidarme del glorioso cocodrilo, una adición bienvenida, ya que ayuda a controlar cualquier dificultad en la trama, por ser tan obviamente, un dispositivo de pantomima, donde el bicho se mueve, abre y cierra sus mandíbulas, y termina sentado frente al coro, inmóvil en ese punto, ya que no hay nada más que decir cuando el final feliz está a la vista.
Como producción, grabada en vivo, el diseño del escenario es un triunfo, con todas esa hermosas y coloridas pantallas que hacen que te sientas realmente en Turquía; y en el fondo sugiere con claridad y economía un entorno árabe al margen del mar; incluso tenemos la perspectiva artificial de una vista al mar con la luz de La Luna brillando sobre las olas, y un barco navegando a lo largo del horizonte.
Notar que el sonido es bueno, y la cámara funciona de forma inteligente, pero no intrusiva ni exigente.
La mejor noticia es que las 2 horas y 15 minutos se van rápido, porque la obra es una gozada gracias a los actores en una producción muy actual, que celebra ese elemento del “vaudeville”, a modo de un entretenimiento cómico desenfrenado con ese decorado que se compone de grandes paneles deslizantes que cambian de posición y patrones, para proporcionar un flujo eficaz y sin problemas de ubicaciones estilizadas; tanto que están fuertemente modelados con coloridos cuadros y mosaicos, dando un recordatorio omnipresente del tema turco; sin olvidarse del vestuario, tan hermoso como detallado, son apropiadamente extravagantes.
En el fondo, se sabe que El Emperador de Austria, mecenas de Mozart le dijo:
“Escríbanos una ópera alemana propia, Herr Mozart”, en un intento por romper el monopolio de “las baratijas italianas”; y el resultado fue de hecho un “singspiel” verdaderamente alemán, pero uno mezclado con la locura que barría Viena en ese momento, por todas las cosas turcas; y con esta obra, Mozart pudo demostrar, cómo los grandes temas universales del amor y el perdón, podían presentarse en un estilo cómico, que atraería a las masas; y así ha sido en 236 años.
Al final, El Emperador cuando oyó la obra, se quejó a Mozart diciéndole:
“Demasiado refinada para nuestros oídos, y demasiadas notas, mi querido Mozart”
Mozart replicó:
“Sólo las precisas, Majestad”



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