For Min Brors Skyld
Terminando de ver “For Min Brors Skyld” (2014) de Brian Bang con Elias Munk, Christopher Friis Jensen, Allan Karlsen, Frank Schiellerup, Oliver Bjørnholdt Spottag, entre otros.
Drama de terror danés, cuyo título se traduce “Por el bien de mi hermano” o “Tomo el abuso de mi hermano”; y es una descripción desgarradora del abuso sexual infantil sistemático de un padre con sus hijos, la red de pedofilia, y la pobreza en una sociedad tan cerrada como la escandinava.
Como si se tratara de una ópera, el drama lo vive un joven que desde los 12 años lo rodea el miedo y la violencia, donde su relación fuerte y cercana con su hermano de 7 años, lo es todo.
Su lucha por supervivir, significa que tiene que atender las necesidades sexuales de su padre, de los sádicos clientes que pagan por satisfacer sus perversidades; y del “amigo” del padre, que tiene muchos contactos en el entorno pedófilo.
La tarea de Aske (Elias Munk) será evitar que su hermano viva su infierno; pero su huida tendrá consecuencias fatales.
El filme es el debut del director, que produjo, escribió el guión, editó, y fotografió la película, atención a que contiene escenas gráficas de abuso sexual y violación, así como situaciones explícitas de incesto, que son atrevidas y restringen fuertemente la visualización; y a menudo hay una inmersión precipitada en el sensacionalismo, pero el director nos mantiene enraizados en la experiencia de los niños, y esto es lo diferente de proyectos similares.
A pesar de ello, muestra especial inmersión psicológica en la perspectiva del hermano mayor, Aske, en una trama que logra mantener el interés, y seguir observando aun cuando todo se vuelve más desagradable.
Vale decir que el cine no está para “disfrutar”, sino para experimentar emociones y llamar a la reflexión, por lo que nadie se sentaría con palomitas y refresco para ver escenas de violación sexual en niños; pero atención, que la historia no es “explotadora”, sino que es una declaración audaz para traer la atención en un problema real, y ese esfuerzo se aprecia; donde la desnudez no es gratuita, ya que se encuentra en el corazón de la vulnerabilidad del niño; sin embargo, se remarca lo sombría que es, donde solo hay ligeros destellos de esperanza, como el hermoso alarde de lo que es la amistad.
Pero toda la película tiene una sensación de inevitabilidad, como si no hubiera forma de cambiar las circunstancias, esa sensación de ahogo y enfermedad está bien lograda, porque el filme es incómodo, crudo y real; es cine que trabaja en la psicología del espectador, desgarrándolo emocionalmente, y también con su realidad, asume el rol de mostrar a los espectadores, cuán desesperanzado y horroroso es vivir el abuso sexual, pues al estar enfocado en niños, el sentimiento ineludible del maltrato se siente hasta después del visionado; y no solo por el hecho en sí, sino porque es tu propio padre quien ataca; de ahí el sentimiento de vergüenza de los hermanos, de permanecer en silencio.
Del reparto, Elias Munk hace un trabajo fantástico, en un papel extremadamente difícil de desempeñar, sin caer en el melodrama, que junto con el estilo ultra realista de la dirección, hace que el personaje se sienta real y cercano:
Un joven acomplejado y torturado, pero también acorde a su edad, por lo que verlo lidiar con la vida brutal que su padre le impone, es conmovedor, y lo interpreta de manera vanguardista y resistente, con gracia y poder.
Frank Schiellerup como el horrible y pervertido amigo del padre, es básicamente el villano de la película, junto al padre, por supuesto.
Pero éste sobrevuela todo el filme como un ave de presa, que domina al padre, y el actor lo convierte en un verdadero monstruo.
También hay que reconocer a Christopher Friis Jensen, como el hermanito que hace un trabajo conmovedor en su único crédito como actor, y a Oliver Bjørnholdt Spottag, como el amigo…
El tema del filme es difícil, y a pesar de su maldad, fácilmente pudo haber sido más desagradable, pero el director no cubre con azúcar ninguno de sus temas; y tampoco ofrece ninguna esperanza.
Aunque es notablemente admirable para una película, tratar de encabezar una descripción cruda y honesta del abuso infantil, hay muchos elementos que podrían haberse ejecutado mejor, como un mejor guión y una mejor dirección de cámara; pero Brian Bang lo hace bastante bien para ser su primer largometraje, y nuevamente, es recomendable abordar un tema tan polémico y difícil como lo hace; porque aquí están las miradas más difíciles en los rincones duros de la vida.
Por tanto, se le achaca su formato de serie B, al estilo del Movimiento Dogma, con la calidad de producción mala, el bajo presupuesto, y el trabajo de cámara demasiado inestable, que parecía que fue filmado con una videocámara casera… pero esto puede tener una justificación, más allá del Dogma; que es el uso metafórico:
Todo lo que sucede es tan caótico, frustrante e inestable, y la cámara hace sentir de esa manera, en el interior; lo que ayuda al espectador a conectarse con lo que sienten los personajes; como las escenas de belleza natural y tranquila, que transmiten la sensación de aislamiento y claustrofobia; contrastando muy bien con la fealdad y la violencia caóticas, que pasan desapercibidas, como si a nadie le importara…
Esto nuevamente le da un sentido de compasión, y ayuda a comprender cómo se sienten las víctimas.
Porque si esto es el destino de los niños inocentes en las familias de clase más baja de la nación del Primer Mundo, entonces imagine, qué pasa con El Segundo y El Tercer Mundo.
Realmente le debemos a esas víctimas silenciosas, ver esta película, y entender lo que está sucediendo en nuestra sociedad:
“Cuando crezca, no golpearé a mis hijos”
RECOMENDADA
Drama de terror danés, cuyo título se traduce “Por el bien de mi hermano” o “Tomo el abuso de mi hermano”; y es una descripción desgarradora del abuso sexual infantil sistemático de un padre con sus hijos, la red de pedofilia, y la pobreza en una sociedad tan cerrada como la escandinava.
Como si se tratara de una ópera, el drama lo vive un joven que desde los 12 años lo rodea el miedo y la violencia, donde su relación fuerte y cercana con su hermano de 7 años, lo es todo.
Su lucha por supervivir, significa que tiene que atender las necesidades sexuales de su padre, de los sádicos clientes que pagan por satisfacer sus perversidades; y del “amigo” del padre, que tiene muchos contactos en el entorno pedófilo.
La tarea de Aske (Elias Munk) será evitar que su hermano viva su infierno; pero su huida tendrá consecuencias fatales.
El filme es el debut del director, que produjo, escribió el guión, editó, y fotografió la película, atención a que contiene escenas gráficas de abuso sexual y violación, así como situaciones explícitas de incesto, que son atrevidas y restringen fuertemente la visualización; y a menudo hay una inmersión precipitada en el sensacionalismo, pero el director nos mantiene enraizados en la experiencia de los niños, y esto es lo diferente de proyectos similares.
A pesar de ello, muestra especial inmersión psicológica en la perspectiva del hermano mayor, Aske, en una trama que logra mantener el interés, y seguir observando aun cuando todo se vuelve más desagradable.
Vale decir que el cine no está para “disfrutar”, sino para experimentar emociones y llamar a la reflexión, por lo que nadie se sentaría con palomitas y refresco para ver escenas de violación sexual en niños; pero atención, que la historia no es “explotadora”, sino que es una declaración audaz para traer la atención en un problema real, y ese esfuerzo se aprecia; donde la desnudez no es gratuita, ya que se encuentra en el corazón de la vulnerabilidad del niño; sin embargo, se remarca lo sombría que es, donde solo hay ligeros destellos de esperanza, como el hermoso alarde de lo que es la amistad.
Pero toda la película tiene una sensación de inevitabilidad, como si no hubiera forma de cambiar las circunstancias, esa sensación de ahogo y enfermedad está bien lograda, porque el filme es incómodo, crudo y real; es cine que trabaja en la psicología del espectador, desgarrándolo emocionalmente, y también con su realidad, asume el rol de mostrar a los espectadores, cuán desesperanzado y horroroso es vivir el abuso sexual, pues al estar enfocado en niños, el sentimiento ineludible del maltrato se siente hasta después del visionado; y no solo por el hecho en sí, sino porque es tu propio padre quien ataca; de ahí el sentimiento de vergüenza de los hermanos, de permanecer en silencio.
Del reparto, Elias Munk hace un trabajo fantástico, en un papel extremadamente difícil de desempeñar, sin caer en el melodrama, que junto con el estilo ultra realista de la dirección, hace que el personaje se sienta real y cercano:
Un joven acomplejado y torturado, pero también acorde a su edad, por lo que verlo lidiar con la vida brutal que su padre le impone, es conmovedor, y lo interpreta de manera vanguardista y resistente, con gracia y poder.
Frank Schiellerup como el horrible y pervertido amigo del padre, es básicamente el villano de la película, junto al padre, por supuesto.
Pero éste sobrevuela todo el filme como un ave de presa, que domina al padre, y el actor lo convierte en un verdadero monstruo.
También hay que reconocer a Christopher Friis Jensen, como el hermanito que hace un trabajo conmovedor en su único crédito como actor, y a Oliver Bjørnholdt Spottag, como el amigo…
El tema del filme es difícil, y a pesar de su maldad, fácilmente pudo haber sido más desagradable, pero el director no cubre con azúcar ninguno de sus temas; y tampoco ofrece ninguna esperanza.
Aunque es notablemente admirable para una película, tratar de encabezar una descripción cruda y honesta del abuso infantil, hay muchos elementos que podrían haberse ejecutado mejor, como un mejor guión y una mejor dirección de cámara; pero Brian Bang lo hace bastante bien para ser su primer largometraje, y nuevamente, es recomendable abordar un tema tan polémico y difícil como lo hace; porque aquí están las miradas más difíciles en los rincones duros de la vida.
Por tanto, se le achaca su formato de serie B, al estilo del Movimiento Dogma, con la calidad de producción mala, el bajo presupuesto, y el trabajo de cámara demasiado inestable, que parecía que fue filmado con una videocámara casera… pero esto puede tener una justificación, más allá del Dogma; que es el uso metafórico:
Todo lo que sucede es tan caótico, frustrante e inestable, y la cámara hace sentir de esa manera, en el interior; lo que ayuda al espectador a conectarse con lo que sienten los personajes; como las escenas de belleza natural y tranquila, que transmiten la sensación de aislamiento y claustrofobia; contrastando muy bien con la fealdad y la violencia caóticas, que pasan desapercibidas, como si a nadie le importara…
Esto nuevamente le da un sentido de compasión, y ayuda a comprender cómo se sienten las víctimas.
Porque si esto es el destino de los niños inocentes en las familias de clase más baja de la nación del Primer Mundo, entonces imagine, qué pasa con El Segundo y El Tercer Mundo.
Realmente le debemos a esas víctimas silenciosas, ver esta película, y entender lo que está sucediendo en nuestra sociedad:
“Cuando crezca, no golpearé a mis hijos”
RECOMENDADA



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