Happy End

Terminando de ver “Happy End” (2017) de Michael Haneke con Isabelle Huppert, Jean-Louis Trintignant, Mathieu Kassovitz, Fantine Harduin, Toby Jones, Franz Rogowski, entre otros.
Drama seleccionado para concursar por La Palme d’Or en El Festival Internacional de Cine de Cannes; y presentación de Austria al Premio OSCAR a la mejor película extranjera, que no fue seleccionada, es la espera más larga para una película de Michael Haneke, 5 años, y obra menor de un director brillante, que muestra la crisis migratoria europea como telón de fondo, en una familia burguesa que vive al margen de los problemas cotidianos de sus conciudadanos, hasta que estos les afectan directamente, debido a un accidente laboral.
A todo ello se une la mirada de una niña que les observa e intenta comprender el porqué de tanta frivolidad, frente a un mundo que se muere por culpa de sus acciones.
Haneke deja en evidencia una vez más, a esa Europa sin fronteras que, en realidad, ha construido inmensos muros, el que evita a los refugiados, y el que margina a la clase trabajadora.
Es un relato más de la hipocresía de la burguesía y de la maldad oculta que reside en su tranquilo seno.
Y para narrarlo, hace uso de la tecnología, las redes sociales y a los nuevos lenguajes de Internet, empezando con planos rodados con iPhone4, a modo de un comentario mordaz sobre el tipo de mundo en el que vivimos, donde lo único que importa es la celebridad, y donde los problemas nos distancian; por lo que el cineasta los usa para revelar gradualmente un mundo en el que la ira y el resentimiento, se convierten en la única arma que cualquiera de estas personas sabe cómo manejar.
De los personajes, puede decirse que es un “collage” de personajes de sus filmes anteriores, por ejemplo:
La niña que mata a su madre, y la graba, también asesina a un hámster, “por probar”, es como la prima no muy lejana del protagonista del “Benny’s Video” (1992); y la “hanekiana” Isabelle Huppert, en su 4ª colaboración con Haneke”; aunque aparecen algunas conversaciones filmadas en la distancia sin que sepamos de qué se trata, otro tópico “hanekiano”, y la sensación de “déjà vu”, llega a su paroxismo cuando Jean-Louis Trintignant, cuyo personaje también se llama Georges, como el de “Amour” donde asfixió a su mujer, curiosamente aquí también mató a su esposa hace 4 años, sofocándola, aparentemente para liberarla de circunstancias insoportables…
Y es que el motivo recurrente de matar a un familiar querido, a pedido en las obras de Haneke, tiene una referencia autobiográfica:
Según él, cuando era joven, su tía que sufría, una vez le habló acerca de la eutanasia.
Y ahora, aunque Jean-Louis Trintignant está retirado desde 2003, solo vuelve a trabajar en películas si Michael Haneke está dirigiendo; pues lo considera “el mejor director vivo”, y actuaría para él en cualquier película, sean papeles grandes como pequeños.
Y de hecho, Michael Haneke también considera a Trintignant, “uno de sus actores favoritos de todos los tiempos”, junto con Marlon Brando… y el hijo tonto de la Huppert en la película, es casi una réplica del de “Elle” (2016) de Paul Verhoeven, que nos gratifica con una escena de karaoke pasada de vueltas, una persona mentalmente enajenada, pero empática.
En definitiva, Haneke muestra que Europa se va al traste porque las élites lo han decidido, porque no quieren mojarse en las mismas costas en la que llega gente pidiendo auxilio.
La ironía es que ese “Final Feliz” del filme es una ilusión.
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