Нелюбовь (Loveless)
Terminando de ver “Нелюбовь (Loveless)” (2016) de Andrey Zvyagintsev con Maryana Spivak, Aleksey Rozin, Matvey Novikov, Marina Vasilyeva, Andris Keishs, Alexey Fateev, entre otros.
Drama ruso ganador del Premio del Jurado en El Festival Internacional de Cine de Cannes, y nominado al Premio OSCAR en la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa, sigue a 2 padres que viven separados, cuyo relación se ha convirtió en el desamor del título, y viven llenos de amargas pretensiones y sueños incumplidos; y se reúnen después que su único hijo, no deseado, desaparece… el resto es el proceso de búsqueda, y las historias paralelas de ambos padres en su intento por rehacer sus vidas. La ironía es que ellos se detestan, y buscan a un niño que nunca han amado.
Aquí hay mucho vacío, impotencia, rabia y reproches, se añaden elementos sobrenaturales e imágenes de gran significado simbólico y artístico sobre una Rusia deshumanizada y sin alma, llena de familias egoístas, que sólo piensan en sí mismos, rindiendo culto a la personalidad que tanto combatieron en el pasado.
Al tiempo que muestra una sociedad ahogada en superficialidades como el sexo, la belleza, el dinero y el trabajo.
Es como un reflejo de la vida rusa, la sociedad rusa y la angustia rusa, pero es posible relacionarla con otros países; pues la historia refleja que a la policía moderna no le importan las personas.
El año de la historia no es casual, pues en octubre de 2012, el pueblo ruso se sentía optimista acerca de una reforma política beneficiosa, y terminó en una decepción en 2015; y se diría que en la Rusia de Putin, la del neocapitalismo salvaje, las personas pierden el tiempo en tecnologías que aparentemente sirven para unir y encontrarse, pero que no sirven ni para hallar a un niño, y que por tanto son totalmente indiferentes de lo que ocurre a su alrededor.
Es curioso que la historia empiece con imágenes invernales, y luego pase al otoño, para acabar otra vez en invierno.
Es una idea clara del gran impacto emocional que aporta la ausencia constante del niño, o la relación enfermiza que los unía, y que no han podido seguir con sus vidas:
La madre corriendo sin ir a ningún lado, como la Rusia actual que no prospera en lo social, y que sólo toma interés en la guerra, olvidándose de la gente; y el padre, que le da igual si pierde un hijo, tampoco desea más...
Del reparto, los debutantes Aleksey Rozin y Maryana Spivak como los padres brindan un avasallador “tour de forcé” que no da lugar alguna a la sobreactuación.
El final es desolador, un vacío que ahoga al espectador.
“Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”
RECOMENDADA
Drama ruso ganador del Premio del Jurado en El Festival Internacional de Cine de Cannes, y nominado al Premio OSCAR en la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa, sigue a 2 padres que viven separados, cuyo relación se ha convirtió en el desamor del título, y viven llenos de amargas pretensiones y sueños incumplidos; y se reúnen después que su único hijo, no deseado, desaparece… el resto es el proceso de búsqueda, y las historias paralelas de ambos padres en su intento por rehacer sus vidas. La ironía es que ellos se detestan, y buscan a un niño que nunca han amado.
Aquí hay mucho vacío, impotencia, rabia y reproches, se añaden elementos sobrenaturales e imágenes de gran significado simbólico y artístico sobre una Rusia deshumanizada y sin alma, llena de familias egoístas, que sólo piensan en sí mismos, rindiendo culto a la personalidad que tanto combatieron en el pasado.
Al tiempo que muestra una sociedad ahogada en superficialidades como el sexo, la belleza, el dinero y el trabajo.
Es como un reflejo de la vida rusa, la sociedad rusa y la angustia rusa, pero es posible relacionarla con otros países; pues la historia refleja que a la policía moderna no le importan las personas.
El año de la historia no es casual, pues en octubre de 2012, el pueblo ruso se sentía optimista acerca de una reforma política beneficiosa, y terminó en una decepción en 2015; y se diría que en la Rusia de Putin, la del neocapitalismo salvaje, las personas pierden el tiempo en tecnologías que aparentemente sirven para unir y encontrarse, pero que no sirven ni para hallar a un niño, y que por tanto son totalmente indiferentes de lo que ocurre a su alrededor.
Es curioso que la historia empiece con imágenes invernales, y luego pase al otoño, para acabar otra vez en invierno.
Es una idea clara del gran impacto emocional que aporta la ausencia constante del niño, o la relación enfermiza que los unía, y que no han podido seguir con sus vidas:
La madre corriendo sin ir a ningún lado, como la Rusia actual que no prospera en lo social, y que sólo toma interés en la guerra, olvidándose de la gente; y el padre, que le da igual si pierde un hijo, tampoco desea más...
Del reparto, los debutantes Aleksey Rozin y Maryana Spivak como los padres brindan un avasallador “tour de forcé” que no da lugar alguna a la sobreactuación.
El final es desolador, un vacío que ahoga al espectador.
“Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”
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