The Big Lift

Terminando de ver “The Big Lift” (1950) de George Seaton con Montgomery Clift, Paul Douglas, Cornell Borchers, Bruni Löbel, O.E. Hasse, entre otros.
Película bélica de propaganda y documental “para promover el entendimiento internacional”, cuyo título se traduce como “El Gran Estímulo”; trata sobre 2 soldados de La Fuerza Aérea de EEUU, y su relación con 2 mujeres alemanas, justo después de la rendición y partición de Alemania; muy al estilo “buddy movie” donde uno tiene un sentimiento anti-alemán pues vivió y sufrió la guerra; y el otro es un joven inexperto, idealista y romántico.
La película tiene sus méritos históricos, pero con una visión estadounidense; de hecho, esta fue una oportunidad de 20th Century Fox para utilizar algunos de sus fondos que habían sido congelados en Alemania durante la guerra; y fue un tema inusualmente valiente para el director George Seaton, cuyas películas anteriores fueron en gran parte musicales y fantasías caprichosas; siendo estrenada menos de 1 año después de que se levantara el bloqueo soviético de Berlín, y cesara “La Operación Vittles”, donde se cortaron las comunicaciones por carretera, de modo que las zonas ocupadas por los aliados, se quedaron sin alimentos y provisiones; a lo que EEUU respondió estableciendo un puente aéreo que hizo posible el abastecimiento de la ciudad durante 1 año.
El filme es claro en su objetivo, desde el prólogo dice: “Esta película fue hecha en la Alemania ocupada.
Todas las escenas fueron fotografiadas en el lugar exacto asociado con la historia, incluidos los episodios en los sectores de EEUU, Francia, Reino Unido y Rusia, en Berlín.
Con la excepción de Montgomery Clift y Paul Douglas, todo el personal militar que aparece en esta película, son miembros reales de Las Fuerzas Armadas de los EEUU, que están de servicio en Alemania”
Por ello, la película ofrece una visión contemporánea del estado de la posguerra, mientras la gente luchaba por recuperarse de la devastación provocada por La Segunda Guerra Mundial, por lo que vemos cómo quedó realmente la ciudad tras los bombardeos, y las necesidades que sufrió la población civil, donde muchos hombres, mujeres y niños aparecieron en el filme por el pago de $500... y solo a quienes tienen diálogos, mientras otros nunca fueron pagados.
La factura viene por la duración, con metraje de 2 horas, se hace muy larga y cansada la trama romántica, al tiempo que el tema político contiene muchos elementos americanistas y anticomunistas que roza el periodo macartista que derivó en La Caza de Brujas de Hollywood; pero sobresale en el manejo honesto y fiel a la realidad de un país destrozado, empobrecido y dividido, a causa del reciente desenlace de la guerra, con mucho suspenso, al situarse en medio de 2 bloques otrora aliados, y ahora, todavía antagónicos e irreconciliables, que derivó en La Guerra Fría.
Ahí radica el principal mérito, al mostrar la difícil vida cotidiana de los más de 2 millones de ciudadanos berlineses, que trabajaron en las labores obligatorias de desescombro, el racionamiento y el mercado negro, los registros, las redadas y los salvoconductos, las relaciones entre ocupantes y ocupados, e incluso el espionaje, con el ensalzamiento directo hacia la democracia, aun tratando de ignorantes y de “malas personas” a las mujeres y a los alemanes en general.
Técnicamente, el filme contiene muchas secuencias reales del puente aéreo que se tomaron deliberadamente en malas condiciones climáticas, justo para resaltar la dedicación del personal militar involucrado; pues algunos perdieron sus vidas en accidentes, transportando en sus aviones, miles de toneladas de alimentos, carbón y medicinas.
Del reparto, se dijo que hubo problemas en el set, pues Monty Clift llegó a tener sus arranques de “divo” y no se habló fuera del rodaje con Paul Douglas; irónicamente, ambos muestren cierta química en pantalla; mientras la parte femenina acierta muy bien:
La alemana Cornell Borchers como la ambigua Frederica, y la pobre y sufrida Bruni Löbel, como el objeto de burla e interés de Douglas.
Al final de la película, las verdaderas “estrellas de Hollywood” no son las acreditadas, sino que, en una coda panorámica, se acreditan a los principales miembros del servicio militar que se retrataron a sí mismos en la película, y se los muestra de pie frente a un C-54, con sus nombres y rangos desplazándose.
Nos queda que “de las ruinas, vino la esperanza y la desesperación”
RECOMENDADA.



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