Tystnaden

Terminando de ver “Tystnaden” (1963) de Ingmar Bergman con Ingrid Thulin, Gunnel Lindblom, Jörgen Lindström, Haakan Jahnberg, Leif Forstenberg, Birger Malmsten, entre otros.
Drama sueco sobre un par de mujeres y un niño que en su regreso a casa hacen una parada en un Hotel que decidirá el destino de los 3.
Esta es la 3ª parte de la llamada trilogía “El Silencio de Dios” junto a “Såsom i en spegel” (Como en un espejo – 1961) y “Nattvardsgästerna” (Los Comulgantes - 1963) que se exhibió con censura, siendo prohibida en algunos países por ser “sexualmente explícita”, provocando una audiencia mucho más grande que la mayoría de las películas de Bergman; pero para el director, eso “atrajo a los espectadores más indeseados”; y adquirió la reputación de ser la primera película de censura sexual en Suecia.
El título se traduce como “El Silencio” y viene por la falta de comunicación entre los personajes; además, Bergman dijo que quiso hacer una película con el menor diálogo posible, porque “había hecho muchas películas con muchas conversaciones”, y quería que el silencio fuera una experiencia cinematográfica pura, y que las imágenes hablaran por sí solas.
Y de hecho así es este duro estudio de las relaciones humanas, de la envidia, el amor, el sexo y la desesperación; pero también habla sobre el incesto, la autodestrucción y la ninfomanía; y por ello resulta espléndida la plasmación que hace El Maestro sueco de la relación amor/odio, atracción/repulsión, dejadez/dependencia entre las mujeres, con el niño en medio del eje.
Como es de esperar, es un filme que levanta muchas interpretaciones sexuales, psicológicas, sociales, económicas y políticas; pero las obsesiones del director se cierran aquí con la constatación del silencio que nos rodea:
La incomunicación. Cabe destacar la profundidad de los temas, y una puesta en escena funcional y ajustada, al estilo teatral, pero con un manejo de la cámara magistral; y la narración engrandece los profundos y los tensos silencios en cuanto a los temas citados; por ello es importante la actuación escasa de diálogos, y la técnica formal, depurada y experimentalista con el uso constante del sonido para ambientar las situaciones en vez del diálogo; y por su reflexión sobre el hecho religioso inexistente ¿?
Del reparto, no hay actrices malas en los filmes de Bergman, y la postura del niño, como el niño Dios de una “virgen” en exploración, llama a la reflexión como el eje en que su inocencia es puesta a prueba.
No obstante, para algunos el filme puede resultar harto aburrido.
“Hablar de la soledad es una pérdida de tiempo”
RECOMENDADA.



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