Get Out
Terminando de ver “Get Out” (2017) de Jordan Peele con Daniel Kaluuya, Catherine Keener, Allison Williams, Bradley Whitford, Caleb Landry Jones, entre otros.
Película de fantasía, terror y ciencia ficción, una producción de $4,5 millones que lleva recaudados $275 en todo el mundo, posee claras referencias a “The Stepford Wives” (1975), y a Hitchcock; así como muchas críticas sociales y raciales, ofreciendo una visión aterradora presente en los EEUU, donde se pone de relieve diversas formas de esclavitud:
Un negro va a la casa de su novia blanca, y pasa algo que termina mal, y con un título así, nunca hay spoiler; y a medida que pasan las horas, una serie de descubrimientos cada vez más inquietantes, llevan al protagonista a descubrir una verdad inimaginable:
Los negros están de moda, y en la ciencia ficción y el terror, se monta un oscuro negocio, ya que ven una supuesta superioridad física en los negros, nunca intelectual, y se creen con derecho a utilizarles a su antojo, y beneficiarse de ellos sin escrúpulos.
Como dato, el grupo está formado por liberales blancos, que “no son racistas”, pues alaban exageradamente a los negros que sobresalen en la sociedad, y en el fondo siguen siendo una panda de burgueses hipócritas, tan racistas como sus antecesores tratantes y compradores de esclavos.
La obra es el debut del director, que también escribió la historia, y no deja muñeco sin cabeza, menos al tratarse de negros como él, pues todos los afroamericanos aquí se comportan de manera errática, generando cierta polémica en EEUU, donde estos temas todavía generan revuelo… pero desaprovecha la oportunidad de sorprender con una explicación que no esperas, o con un gran giro de los acontecimientos; donde el poder la hipnosis y el procedimiento médico son pasados por alto, por lo que el director se decanta en realizar una incisiva, cáustica e inquietante reflexión en torno al choque de razas en los EEUU de hoy, cuyo mensaje es que una minoría puede convertirse en una moda, y se nota actualmente en la música, con cantantes que se han ubicado en los primeros lugares de las lista musicales, por apropiarse de un estilo musical que le pertenece a los afrodescendientes, o en la moda misma, o en el deporte... por eso, el “Sunken Place” significa que los negros están marginados, no importa lo mucho que griten, el sistema los silencia; y deja a la policía, de color, como inoperante siguiendo el sistema.
Destaca la elección de presentar un héroe afroamericano, que es bastante raro en el género, pues como se dice, “el terror es cosa de blancos”, y cuestiona la percepción y el discurso relacionado con el racismo en Daniel Kaluuya, que sostiene toda la película de manera convincente, junto a Lil Rel Howery como Rod, el toque cómico en el simpático guardia de seguridad que, además de convertirse en su mejor consejero, posee toda la gracia y el carisma de una persona de barrio en su impagable lenguaje; mientras Allison Williams es la perra loca, tan loca como una cabra que no es necesario tener 2 dedos de frente. Bradley Whitford como el padre, no tiene mucha fuerza como villano, ni la misma Catherine Keener, que solo hace poses, sin jamás revelar su terapia… un gran hoyo de la trama, junto con el cirujano… y Caleb Landry Jones, cada vez más ido de la raya, un actor que ha aprovechado su raro aspecto en filmes con personajes extraños.
Como dato, hay un final alternativo, disponible en el Blu-Ray, con Chris siendo detenido por la policía por el asesinato de Rose y su familia.
La intención de la escena era reflejar las realidades de racismo; sin embargo, cuando la producción había comenzado, varios incidentes de la policía de alto perfil, con personas de raza negra tuvieron lugar en EEUU, que hizo que la película necesitara un final feliz.
¿Acaso también el director se hundió en esa zona oscura que él mismo explora?
Y para variar, la banda sonora mantiene el cliché con motivo de vudú.
La película tiene buenas ideas, pero nunca se explican de manera satisfactoria, con un inicio perturbador, un desarrollo inquietante, pero un final demasiado fantasioso.
NO RECOMENDADA.
Película de fantasía, terror y ciencia ficción, una producción de $4,5 millones que lleva recaudados $275 en todo el mundo, posee claras referencias a “The Stepford Wives” (1975), y a Hitchcock; así como muchas críticas sociales y raciales, ofreciendo una visión aterradora presente en los EEUU, donde se pone de relieve diversas formas de esclavitud:
Un negro va a la casa de su novia blanca, y pasa algo que termina mal, y con un título así, nunca hay spoiler; y a medida que pasan las horas, una serie de descubrimientos cada vez más inquietantes, llevan al protagonista a descubrir una verdad inimaginable:
Los negros están de moda, y en la ciencia ficción y el terror, se monta un oscuro negocio, ya que ven una supuesta superioridad física en los negros, nunca intelectual, y se creen con derecho a utilizarles a su antojo, y beneficiarse de ellos sin escrúpulos.
Como dato, el grupo está formado por liberales blancos, que “no son racistas”, pues alaban exageradamente a los negros que sobresalen en la sociedad, y en el fondo siguen siendo una panda de burgueses hipócritas, tan racistas como sus antecesores tratantes y compradores de esclavos.
La obra es el debut del director, que también escribió la historia, y no deja muñeco sin cabeza, menos al tratarse de negros como él, pues todos los afroamericanos aquí se comportan de manera errática, generando cierta polémica en EEUU, donde estos temas todavía generan revuelo… pero desaprovecha la oportunidad de sorprender con una explicación que no esperas, o con un gran giro de los acontecimientos; donde el poder la hipnosis y el procedimiento médico son pasados por alto, por lo que el director se decanta en realizar una incisiva, cáustica e inquietante reflexión en torno al choque de razas en los EEUU de hoy, cuyo mensaje es que una minoría puede convertirse en una moda, y se nota actualmente en la música, con cantantes que se han ubicado en los primeros lugares de las lista musicales, por apropiarse de un estilo musical que le pertenece a los afrodescendientes, o en la moda misma, o en el deporte... por eso, el “Sunken Place” significa que los negros están marginados, no importa lo mucho que griten, el sistema los silencia; y deja a la policía, de color, como inoperante siguiendo el sistema.
Destaca la elección de presentar un héroe afroamericano, que es bastante raro en el género, pues como se dice, “el terror es cosa de blancos”, y cuestiona la percepción y el discurso relacionado con el racismo en Daniel Kaluuya, que sostiene toda la película de manera convincente, junto a Lil Rel Howery como Rod, el toque cómico en el simpático guardia de seguridad que, además de convertirse en su mejor consejero, posee toda la gracia y el carisma de una persona de barrio en su impagable lenguaje; mientras Allison Williams es la perra loca, tan loca como una cabra que no es necesario tener 2 dedos de frente. Bradley Whitford como el padre, no tiene mucha fuerza como villano, ni la misma Catherine Keener, que solo hace poses, sin jamás revelar su terapia… un gran hoyo de la trama, junto con el cirujano… y Caleb Landry Jones, cada vez más ido de la raya, un actor que ha aprovechado su raro aspecto en filmes con personajes extraños.
Como dato, hay un final alternativo, disponible en el Blu-Ray, con Chris siendo detenido por la policía por el asesinato de Rose y su familia.
La intención de la escena era reflejar las realidades de racismo; sin embargo, cuando la producción había comenzado, varios incidentes de la policía de alto perfil, con personas de raza negra tuvieron lugar en EEUU, que hizo que la película necesitara un final feliz.
¿Acaso también el director se hundió en esa zona oscura que él mismo explora?
Y para variar, la banda sonora mantiene el cliché con motivo de vudú.
La película tiene buenas ideas, pero nunca se explican de manera satisfactoria, con un inicio perturbador, un desarrollo inquietante, pero un final demasiado fantasioso.
NO RECOMENDADA.



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