Splendor
Terminando de ver “Splendor” (1999) de Gregg Araki con Kathleen Robertson, Johnathon Schaech, Matt Keeslar, Kelly Macdonald, Eric Mabius, entre otros.
Comedia romántica de temática LGBT, sobre un triángulo amoroso de una joven y sus 2 amantes diametralmente opuestos: Abel, el romántico y apasionado; y Zed, el inocente y viril.
Todo va bien hasta que aparece Ernst, el dinero y el éxito, además de reunir lo mejor de los 2 mundos.
Primeramente llama la atención el simbolismo en el nombre de los personajes, sobre todo en los hombres, la pareja de amantes cubren el abecedario, de la A, a la Z; y el tercero en casi un homenaje a Wilde; así como el nombre de Mike, un nombre masculino para la mejor amiga de Verónica, que no me extraña que en su exploración, ella haya pasado por su etapa lésbica, porque viendo el guión, aquí todo vale, “explora tus posibilidades…” así, el director muestra a la juventud de finales de siglo, cómo tratan de vivir bajo sus propias reglas, y lograr la felicidad de una manera poco convencional; aunque aquí la lucha social por la diversidad sexual no existe ni se menciona, ni siquiera hay conflicto más allá del índole privado, a puerta cerrada que desconocemos.
El formato televisivo, narrado de manera testimonial, a la cámara, y el bajísimo presupuesto le cobran factura, pues tenemos ante todo, a un cuarteto de actores de buen ver, que solo sostienen la película por su tiempo en pantalla, cuya cámara enamora, y NO como actores, pues todos son pésimos en el desarrollo de sus personajes.
Sin embargo, se agradece que no caiga en el cliché de la drogadicción, ni en la pluma homosexual, en este caso “bisexual”… que por cierto, con el giro final… es IMPOSIBLE que se mantengan juntos por mucho tiempo, este es un comentario personal respecto a la bisexualidad que aún no logro comprender.
Y es que el director de origen japonés, se ha dedicado a producir filmes en la corriente del cine independiente, en la línea del “New Queer Cinema”, cuyos argumentos están centrados en personas homosexuales, descuidando la historia, y aquí pretende actualizar a modo de homenaje a las “screwball comedies” del Hollywood de los años 40 y 50; pero en el fondo queda la visión de una mujer que no sabe lo que desea, siendo muy riguroso, hasta puede decirse que juega con los sentimientos de los hombres, y más con ese final tan absurdo. Mejor hubiera sido que ella se hubiera casado con el hombre que le llenaba sus expectativas, al tiempo que hizo surgir el romance entre sus amantes… pero para eso tendríamos que esperar el descaro del nuevo siglo y sus enrevesadas historias.
NO RECOMENDADA.
Comedia romántica de temática LGBT, sobre un triángulo amoroso de una joven y sus 2 amantes diametralmente opuestos: Abel, el romántico y apasionado; y Zed, el inocente y viril.
Todo va bien hasta que aparece Ernst, el dinero y el éxito, además de reunir lo mejor de los 2 mundos.
Primeramente llama la atención el simbolismo en el nombre de los personajes, sobre todo en los hombres, la pareja de amantes cubren el abecedario, de la A, a la Z; y el tercero en casi un homenaje a Wilde; así como el nombre de Mike, un nombre masculino para la mejor amiga de Verónica, que no me extraña que en su exploración, ella haya pasado por su etapa lésbica, porque viendo el guión, aquí todo vale, “explora tus posibilidades…” así, el director muestra a la juventud de finales de siglo, cómo tratan de vivir bajo sus propias reglas, y lograr la felicidad de una manera poco convencional; aunque aquí la lucha social por la diversidad sexual no existe ni se menciona, ni siquiera hay conflicto más allá del índole privado, a puerta cerrada que desconocemos.
El formato televisivo, narrado de manera testimonial, a la cámara, y el bajísimo presupuesto le cobran factura, pues tenemos ante todo, a un cuarteto de actores de buen ver, que solo sostienen la película por su tiempo en pantalla, cuya cámara enamora, y NO como actores, pues todos son pésimos en el desarrollo de sus personajes.
Sin embargo, se agradece que no caiga en el cliché de la drogadicción, ni en la pluma homosexual, en este caso “bisexual”… que por cierto, con el giro final… es IMPOSIBLE que se mantengan juntos por mucho tiempo, este es un comentario personal respecto a la bisexualidad que aún no logro comprender.
Y es que el director de origen japonés, se ha dedicado a producir filmes en la corriente del cine independiente, en la línea del “New Queer Cinema”, cuyos argumentos están centrados en personas homosexuales, descuidando la historia, y aquí pretende actualizar a modo de homenaje a las “screwball comedies” del Hollywood de los años 40 y 50; pero en el fondo queda la visión de una mujer que no sabe lo que desea, siendo muy riguroso, hasta puede decirse que juega con los sentimientos de los hombres, y más con ese final tan absurdo. Mejor hubiera sido que ella se hubiera casado con el hombre que le llenaba sus expectativas, al tiempo que hizo surgir el romance entre sus amantes… pero para eso tendríamos que esperar el descaro del nuevo siglo y sus enrevesadas historias.
NO RECOMENDADA.



Comentarios
Publicar un comentario