Atomic Blonde

Terminando de ver “Atomic Blonde” (2017) de David Leitch con Charlize Theron, James McAvoy, Sofia Boutella, John Goodman, Eddie Marsan, Toby Jones, Bill Skarsgård, Roland Møller, entre otros.
Película de acción y suspense, basada en la novela gráfica “The Coldest City” de Antony Johnston y Sam Hart, sobre una espía que tiene que encontrar una lista de agentes dobles que están siendo introducidos clandestinamente en Occidente.
La producción es un proyecto personal de Charlize Theron, que pasó 5 años desarrollándolo a través de su productora Denver and Delilah Productions, la misma que la hizo acreedora del OSCAR por “Monster” (2003), pero en este caso, es evidente que Theron tomó impulso de su Imperator Furiosa de “Mad Max: Fury Road” (2015), ayudándole a guiar el desarrollo del filme; y como no podía ser de otra manera, la obra está hecha para su lucimiento exclusivo y excesivo, tanto que ella tuvo 8 entrenadores personales para ayudarla a dominar su intenso rendimiento físico en las escenas de acción, sin importar que en el camino se quebrara 2 dientes…
El filme es el primer crédito en solitario de David Leitch como director, y aquí hace un buen uso de la cámara en las escenas de pelea, por ejemplo, en el edificio donde tiene al personaje de Eddie Marsan herido, todo el montaje, de una secuencia larga de puros golpes, está bien construida; así como cualquier encuadre donde aparezca la sudafricana vendiendo al menos el vestuario que lleva puesto.
De hecho, todo el filme parece un spot publicitario, con cada fotograma perfectamente rodado. Sobre la narrativa, es un largo “flashback” donde se reconstruyen los hechos, sin embargo es una película de acción de espía convencional, con traiciones, giros, golpes y sorpresas; el villano de la función, y el villano a la sombra, no tienen mucha fuerza, sobre todo Roland Møller, totalmente desaprovechado.
Todos los actores hacen muy bien su papel, son sin duda de primera línea, pero la labor de dirección es mala, solo se despierta del letargo en las escenas de acción, donde la trama romántica no tiene pies ni cabeza, la relación de la espía con los agentes de La CÍA y el MI6 es tan forzosa que no resulta convincente.
Aunque pareciera, la película no es misógina, es una espía que recibe golpes y no se deja, por lo que el machismo vendría en la trama lésbica, que no está en el libro original.
¿Acaso una mujer no puede ser MALA si no es machorra?
En ese sentido, la gran “GLORIA” (1980) Gena Rowlands es ATÓMICA con mayúsculas.
La película ambientada al final de La Guerra Fría, peca en anacronismos, por ejemplo, la moda y accesorios de Tom Ford de su colección 2004; o el mismo cabello en las mujeres, es propio de finales de los 90.
Pero lo que más cansó fue la excesiva, intrusiva e inoperante banda sonora, que utiliza una lista interminable de canciones de los años 80, tan desacertada, que vemos cada escena con una canción, que en muchas ocasiones ni se desarrolla el coro, ni ayuda a la trama, ni queda como recuerdo de la acción; algo que hubiera hecho con maestría Nicolas Winding Refn o Baz Luhrmann, pero sería demasiado esperado, y lo más IMPERDONABLE, a pesar del título y la configuración de los años 80, la canción “Atomic” de la banda Blondie, NO APARECE en la banda sonora; y eso señores es SACRILEGIO.
¡Blasfemia si comparan “Atomic Blonde” como una James Bond “femenina”!
El Agente 007 es hombre.
¡PUNTO!
Horripilante corrección política de Hollywood.
“Ah, oh your hair is beautiful.
Ah, tonight… Atomic”
GRACIAS Debbie Harry.
NO RECOMENDADA



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