La Tregua
Terminando de ver “La Tregua” (1997) de Francesco Rosi con John Turturro, Rade Serbedzija, Massimo Ghini, Roberto Citran, Andy Luotto, Stefano Dionisi, entre otros.
Drama bélico que relata el regreso a casa de Primo Levi, tras sobrevivir al Campo de Concentración en Auschwitz, y el comienzo de su etapa como autor de memorias por los 10 meses que estuvo prisionero.
La acción es más una aventura de su regreso tras la liberación rusa, su estadía en ese país, y su relación con diversas personas.
Su libro, “La Tregua” (1963), en la que se basa la película, debe contener relatos más explícitos, que muy probablemente fueron objeto de recorte editorial, para hacer la película más comercial, hablada en inglés, cuando debió ser en italiano y ruso, así como demasiados episodios mostrados en el recorrido de regreso, que no hacen creíble la propuesta.
Técnicamente está muy bien rodada, hermosos escenarios naturales y reales, con uso poético de la luz y un adecuado vestuario.
De los actores, la mayoría europeos algo desdibujados, a modo sólo de retazos: el ladrón, el donjuán, la enfermera, el músico… siendo John Turturro la apuesta hollywoodense que hace muy bien el trabajo retratando a Levi.
No es culpa del director, y menos de actor, que se mostrase a su personaje como un simple espectador de lo sucede en las diversas etapas del metraje; no me hubiera molestado, si se hubiera o recortado algunas escenas, o se hubiera extendido mucho más, para acercar y cerrar mejor las viñetas.
Estoy seguro que ese regreso tuvo que ser más crudo; pero muy probable se deba a lo que el escritor italiano Ferdinando Camon dijo de Levi: “él no gritaba, no insultaba, no acusaba, porque no quería gritar; quería mucho más que eso: quería hacer gritar.
Renunciaba a su propia reacción, para dar lugar a la reacción de todos nosotros. Su razonamiento era de largo aliento. Su moderación, su suavidad, su sonrisa, que tenía algo de tímido, casi infantil, eran en realidad sus armas”; no es raro que la película terminase con el prefacio de su primera obra:
“Se questo è un uomo” (1947):
“Ustedes que viven seguros en sus cálidas casas, que regresan por la noche para encontrar comida caliente y caras amistosas.
Consideren que este fue un hombre que trabajó en el barro, que no conoce la paz, que luchó por un pedazo de pan, que pudo morir por un sí o un no.
Medita que esto ocurrió”
Una escena muy fuerte y directa, mirando a la cámara.
Si de algo estoy seguro, es que no hemos superado La Segunda Guerra Mundial, hay demasiadas historias por contar.
Dios no pudo existir, si existió Auschwitz.
RECOMENDADA
Drama bélico que relata el regreso a casa de Primo Levi, tras sobrevivir al Campo de Concentración en Auschwitz, y el comienzo de su etapa como autor de memorias por los 10 meses que estuvo prisionero.
La acción es más una aventura de su regreso tras la liberación rusa, su estadía en ese país, y su relación con diversas personas.
Su libro, “La Tregua” (1963), en la que se basa la película, debe contener relatos más explícitos, que muy probablemente fueron objeto de recorte editorial, para hacer la película más comercial, hablada en inglés, cuando debió ser en italiano y ruso, así como demasiados episodios mostrados en el recorrido de regreso, que no hacen creíble la propuesta.
Técnicamente está muy bien rodada, hermosos escenarios naturales y reales, con uso poético de la luz y un adecuado vestuario.
De los actores, la mayoría europeos algo desdibujados, a modo sólo de retazos: el ladrón, el donjuán, la enfermera, el músico… siendo John Turturro la apuesta hollywoodense que hace muy bien el trabajo retratando a Levi.
No es culpa del director, y menos de actor, que se mostrase a su personaje como un simple espectador de lo sucede en las diversas etapas del metraje; no me hubiera molestado, si se hubiera o recortado algunas escenas, o se hubiera extendido mucho más, para acercar y cerrar mejor las viñetas.
Estoy seguro que ese regreso tuvo que ser más crudo; pero muy probable se deba a lo que el escritor italiano Ferdinando Camon dijo de Levi: “él no gritaba, no insultaba, no acusaba, porque no quería gritar; quería mucho más que eso: quería hacer gritar.
Renunciaba a su propia reacción, para dar lugar a la reacción de todos nosotros. Su razonamiento era de largo aliento. Su moderación, su suavidad, su sonrisa, que tenía algo de tímido, casi infantil, eran en realidad sus armas”; no es raro que la película terminase con el prefacio de su primera obra:
“Se questo è un uomo” (1947):
“Ustedes que viven seguros en sus cálidas casas, que regresan por la noche para encontrar comida caliente y caras amistosas.
Consideren que este fue un hombre que trabajó en el barro, que no conoce la paz, que luchó por un pedazo de pan, que pudo morir por un sí o un no.
Medita que esto ocurrió”
Una escena muy fuerte y directa, mirando a la cámara.
Si de algo estoy seguro, es que no hemos superado La Segunda Guerra Mundial, hay demasiadas historias por contar.
Dios no pudo existir, si existió Auschwitz.
RECOMENDADA



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