The Navigator: A Medieval Odyssey

Terminando de ver “The Navigator: A Medieval Odyssey” (1988) de Vincent Ward con Bruce Lyons, Chris Haywood, Hamish McFarlane, Marshall Napier, Noel Appleby, Paul Livingston, entre otros.
Película neozelandesa de fantasía y aventuras, sobre un niño con visiones, que encabeza un viaje al centro de La Tierra para salvar a su poblado de La Peste.
El filme es un intento de ver la vida moderna de una manera que parezca nueva y extraña, por lo que tiende a ser una apología de que sin fe y sin Dios, estamos sin remedio, varados y sin rumbo; o que realmente somos unos ignorantes devotos; así como mostrar la política nuclear de Nueva Zelanda, reflexiona sobre la necesidad de la muerte, para la creación del mito.
Técnicamente, es interesante la ambientación y la fotografía en blanco y negro, sobre todo al captar los primeros planos; y el cambio que utiliza el cineasta para la segunda mitad del metraje a color, para diferenciar los mundos.
Del reparto, sobresale Bruce Lyons como Connor, y Hamish McFarlane como Griffin, el niño vidente, sus actuaciones de héroes son bastante planas y convencionales; y la historia queda con muchas lagunas argumentales, que lastran la propuesta y la premisa misma del filme, que es el viaje en el tiempo, pues las expectativas hacen pensar, que el espectador se va a encontrar referencias ante la colisión entre mundos tan diferentes para encontrar una solución a lo inevitable, pero lo cierto es que el filme decae enormemente, precisamente por entrar en unos esoterismos que son realmente incomprensibles.
Ese cripticismo no tiene un respaldo realmente interesante detrás, y cae en una frustración general ante lo que podría haber sido, y no es finalmente.
Un final brutal, que pudo ahorrarse todo el viaje al otro mundo.
NO RECOMENDADA.



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